¿Ya te enteraste del robo de anoche?
-No, ¿que sucedió?
-Una pieza muy valiosa fue sustraída del museo de arte clásico...-
-Seguro fue Siniestra, espero que esta vez puedan atraparla...
Los chicos de la secundaria católica de Santa Paula cuchicheaban como era su costumbre, sobre los robos ocurridos en aquella ciudad con inusitada frecuencia. Meimi escuchaba atentamente la conversación del corro de compañeros en el aula, mientras Seira leía el periódico de aquella mañana. Rina llegaba a clases, esta vez sin el gesto altivo que la definía habitualmente. Se le veía huidiza y nerviosa.
Ah!- Meimi se cruzó de cerca con Rina, quien la ignoró como hacía desde hace varias semanas. Daiki llegaba a la clase con un gesto aprensivo, que era ya conocido para la pelirroja, quien sintió un vuelco en el corazón. Sabía que esta vez, ella no había cometido ningún robo, y según lo que reportaba el diario del día, Saint Tail era considerada sospechosa aunque no había ninguna nota o pista que apuntara conclusivamente a la escurridiza ladrona. Al contrario, el modus operandi era totalmente distinto al de Siniestra.
Según la nota periodística, los vidrios del alto ventanal habían sido rotos con gran violencia, como si algún objeto hubiera caído del cielo como un meteorito, pero la altura del techo, según las investigación, habría matado a cualquier persona normal si hubiese sido arrojada desde una aeronave hacia los ventanales. En la sala cuyos vidrios habían sido vandalizados, estaba la Flor de Lancaster, una vieja pieza de decoración hecha en oro y plata pura, que representaba una flor de lis, traída desde Inglaterra para su exhibición exclusiva en Seika. Pero había algo más que había dejado perplejos a los oficiales del departamento de Policía.
Los guardias de museo juraban haber visto un ser alado de gran tamaño dar un salto descomunal del piso del museo a los ventanales, tras oír las alarmas activarse y encontrarse con el pedestal vacío y cubierto de restos de vidrio donde descansaba hasta esa noche la Flor de Lancaster . Los vigilantes del recinto habían tratado de seguir al ser, pero solo lo vieron perderse en la negrura de la vegetación del parque cercano, que era el mismo que Rina había visitado el día anterior. La búsqueda de la policía en el parque había resultado infructífera, la misteriosa criatura no había dejado ninguna huella notoria en el lugar.
Meimi se mordía los labios. Tenía un mal presentimiento de aquella situación tan inusual. Seira le devolvió la misma mirada de confusión y desaliento cuando volteó hacia ella. Las distrajo un momento después, la discusión silenciosa que sostenían Daiki y Rina. La rubia se estaba alterando cada vez más, mientras Daiki hacía enormes esfuerzos por bajar la voz. Ambos parecían sumamente tensos y secretistas, cosa que a Meimi le preocupó. Se acerco discretamente y escuchó la diatriba de sus compañeros:
...-pero no tienes pruebas, el medico legista te examinó y no tienes nada! No puedes inventarte un reporte de violación o de acoso sexual!-
-¿Cómo puedes decirme eso?- rugió la chica mientras se levantaba de la silla, haciendo un esfuerzo gigantesco por no desbordar de ira...- Tu no estuviste allí ni sabes lo que es ser mujer y que un pervertido...-
-La ley es la ley, si no hay pruebas, no podemos hacer nada, ni siquiera efectuar una investigación. A lo mucho lo anotaremos en el expediente. Y si resultase ser un incidente aislado?...- siseó el joven mientras le temblaba la mandíbula. Rina se pusó colorada de golpe.
-ESTúPIDO!- la rubia no pudo mas y le dio una sonora bofetada a Daiki, mientras salía corriendo hacia la puerta del aula ante la mirada atónita de la profesora y los alumnos que se disponían a iniciar la clase... El detective novato se puso una mano en la mejilla inflamada, hecho presa de la confusión.
-Señorita Takamiya, le ruego que guarde la compostura y regrese a su asiento...- exigió la maestra sin alterarse al comprender el altercado. Como respuesta de Rina, quien se volteó con los ojos enrojecidos y la cara hinchada, anegada en lágrimas, obtuvo una palabra obscena que dejó hecho un glaciar a todo el salón. La hermana, sin alterarse, dio un paso hacia la airada adolescente.
-Te quedarás en detención después de clase por usar ese lenguaje tan grotesco, jovencita!- Y nada de quejarse. Estoy decepcionada de ti, Takamiya. No me esperaba que la sobrina del alcalde tuviera esa clase de modales!- Rina no le hizo caso. Ya había salido del salón dando un azote a la puerta y chillando de manera ininteligible. Meimi y Seira se quedaron petrificadas, mientras contemplaban la escena. Daiki tenía un gesto de seriedad y resignación en el rostro.
La pelirroja reflexionó. Rina había sido atacada y esa agresión, la había trastornado bastante. A decir verdad, la misma Meimi tampoco había entendido que había pasado exactamente, pero si pudo entender una cosa. No pudo evitar sentir compasión por ella, en un país en que las mujeres recibían piropos y señalamientos obscenos en la calle por parte de muchos hombres en cuanto entraban a la adolescencia. La clase comenzó, y Meimi se concentró en las labores que la profesora les encomendó a los alumnos. El resto del día pasó sin mayores incidentes, hasta la hora del recreo.
En cuanto sonó la chicharra, Daiki salió lo más veloz que pudo del salón. Meimi quiso preguntarle algo, pero no pudo detenerlo mientras se perdía entre el tumulto de chicos que se lanzaban en estampida hacia la puerta, gritando y riendo. Seira la siguió en su persecución inútil hacia el joven detective entre la marejada de adolescentes. Cuando por fin lograron salir de jaleo, ya era tarde. Daiki ya no estaba. Suspirando, Meimi habló:
-Uff. Me preocupa lo que ha pasado con Rina. Aunque Daiki tiene razón, sin pruebas no pueden hacer nada...-
-Meimi, creo que también estamos con otro problema, y sabes a lo que me refiero...- espetó Seira muy seria.
-Claro...- farfulló la chica ojiazul.- Ese robo es muy peculiar. Ten por seguro que investigaré lo que hay detrás. Creo que nunca había visto nada parecido...-
-Estaré al pendiente en la capilla al salir de la escuela. Alguien debe saber algo...- murmuró Seira.- Pero lo que creo, es que podrías tener algun rival o competidor ahora. Debes tener cuidado, Meimi.- insistió la novicia- Que la persona que robo la flor de Lancaster tenga esas habilidades atléticas excepcionales, no me da buena espina...-
-Y seguro que Daiki también ira detrás de este nuevo ladrón-bufó Meimi.- Es arriesgado, pero lo haré. Esta misma noche.- sonrió la pelirroja.
-Confío en ti Meimi. Rezaré por que obtengamos una respuesta...- asintió Seira
Meimi y su amiga avanzaron por el pasillo hacia el patio escolar. No dejaba de pensar en el suplicio de Rina, y en que tenía una sensación amarga respecto a ello. Pero tarde o temprano, lo averiguaría..
