Jovencita Takamiya, ya le dijimos que no puede proceder legalmente si no hay pruebas. Y de que atrapáramos al sujeto, no puede cumplir una condena de violación porque no la hubo. - sentenciaba un cansado Aoyama a Rina, que había llegado esa misma tarde a la estación de policía.

-Esta bromeando oficial?- borborteó la rubia.- No puede dejarme aquí sin hacer caso de mi mi denuncia! ¿Le recuerdo algo? Soy la sobrina del alcalde y puedo hacer que lo despidan de inmediato!- berreó la joven. Aún tenía los ojos rojos y la voz se le quebraba de haberla usado tanto. Aoyama no se alteró ante la adolescente y su gesto feroz. Daiki venía llegando de la escuela y contemplaba la escena a través del pasillo con un gesto de aprensión.

-Rina, ven.- los cortó el joven detective. Vamos a hablar con mi padre.- Tomándola del brazo, la ruda adolescente se dejó guíar a regañadientes por Asuka Jr hasta la oficina del detective veterano.

Unos 15 minutos después, Rina le dirigía una mirada de amargura a Keiji Asuka, sentada en la silla frente a el, en el escritorio del despacho del detective senior.

-Ya saben que hacer...- murmuró con desprecio la chica.- Si no hace caso de mi denuncia, se las verán con mi tío...- Keiji parecía más preocupado que Aoyama. No era de extrañarse, el era el sargento de los detectives, un grado más arriba que Aoyama, por lo que tenía que responder al capitán , al comisionado y por último, al alcalde.

-Vaya a casa, señorita Takamiya. Por ser quién es, tendrá protección asegurada.- suspiró Keiji sin ganas de buscar un conflicto con la airada joven.- ya investigaremos que es lo que ha sucedido.- Rina le lanzó otra mirada de soslayo y salió de la oficina sin decir palabra. Daiki bufó, ocupando el asiento que la rubia dejó vació. Keiji le dió un trago a su vaso de agua.

-Tenía que hacerlo hijo. El alcalde es sumamente quisquilloso. Aunque se que no hay ninguna prueba y solo podemos estar al pendiente de la denuncia de tu amiga, por si hay alguna situación similar con otras chicas, no creo que le haga gracia que su querida sobrina esta preocupada por sus seguridad...- farfulló.- Si no le hacemos caso, podemos quedar fuera del departamento...- Se secó el sudor con un pañuelo.

-No pasa nada papá...-habló el resignado Daiki mirándose los pies. Padre e hijo fueron interrumpidos por un oficial novato, que irrumpió en el despacho.

-Ah detectives, hubo un problema! Creo que la sobrina de su señoría tenía razón, un degenerado esta acosando a las chicás jóvenes. Hay una joven en el vestíbulo que dice que fue atacada por un sujeto muy similar al que tuvo un encuentro con la señorita Takamiya!- jadeo el policía sin aliento. Keiji y Daiki lo siguierón hacia el vestíbulo. Una muy pálida y encogida de miedo Ryoko esperaba sentada en las butacas de cuero caqui, aún vistiendo su uniforme escolar. Tenía en sus manos temblorosas una azucena bellísima, aún cubierta de gotas de rocío. Daiki soltó un gruñido de hartazgo. La chica y los detectives avanzaron de regreso a la oficina de Asuka Sr.

Y bien, señorita Mishima? Quiere decirnos que pasó?- Keiji le dió una calada a su cigarro, mirando entre las persianas de la ventana de su oficina.

-Pues...iba caminando por una vereda en la calle Kyoto, cerca del centro comercial, cuando un hombre muy raro salió de la nada.- gimoteó la chica de moño rojo y pelo castaño...- Me dijo que era hermosa y me regalo esta flor...- concluyó con un hilo de voz...-

-No te tocó de manera indecente?- inquirió Daiki con el ceño fruncido.- Ryoko hizo un gesto negativo. Keiji se dió la vuelta y escrutó el rostro de la delicada chica, que se sonrojó. No mentía.

-S..s...solo me tomo por los hombros y me dijo que mi cabello era lindo. Que le recordaba a alguien muy especial...y se fue, tan rápido como llegó. No vi por donde se fue...-

Los detectives se miraron. Tal parecía que la paranoia de Rina estaba justificada. Carraspeando con la garganta, Keiji habló caminando hacia la asustada adolescente.

-Si no te molesta, llamaremos a tus padres para que autoricen el análisis del médico legista...- la chica tragó saliva, abochornada.- Y necesitamos que nos des esa flor. Podría ser evidencia importante. Daiki abrió uno de los cajones del escritorio de su padre y sacando un par de guantes de hule, se los enfundó. Tomó después una bolsa de evidencia, cogió la azucena y al colocó con sumo cuidando dentro. La flor seguía tan llena de vida y fresca como minutos atrás, lo que sorprendió al joven. Mientras Ryoko atestiguaba como Keiji Asuka llamaba en el teléfono a sus padres, el detective novato salió de la oficina con rumbo al laboratorio.

Todo aquello comenzaba a hacerlo presa de la intriga. Sus entrañas trataban de decirle algo, pero justo en ese momento las ideas no conectaban entre sí. Más estrés tendrían a partir de ahora, lidiando no solo con un robo importante por el que la embajada inglesa en el país estaba exigiendo una explicación y una resolución inmediata, sino también el prospecto de un nuevo mensaje de Siniestra, que podría llegar en cualquier momento, a cualquier hora y en cualquier lugar...

Mientras tanto, Meimi corría a toda velocidad por la calle. Había ido a jugar videojuegos con Seira y no le había avisado a sus padres que llegaría tarde. Seguramente se llevaría una buena reprimenda. Al doblar la esquina, decidió entrar en un callejón cerca del mercado para cortar camino. La única molestía habría sido el olor a basura, de no ser porque de la nada apareció un hombre de gran altura, bigote largo y fino, piel pálida y nariz afilada, bloqueándole el paso a Meimi quien se quedo helada de terror. El hombre miró con sumo interés a la pelirroja. Sonriendo ampliamente, dió un paso hacia la joven mientras buscaba dentro de su gabardina. La chica gritó para llamar la atención de la gente en las calles adyacentes, causando que el sujeto se fuera tan rápido como apareció.

-Que le pasa, jovencita?- El rechoncho vendedor de pescado había llegado al callejón. Meimi. Unas mujeres mayores haciendo las compras de la comida se asomaban curioseando.

Sudando frío, Meimi balbuceó:

-N-no...nada...Y ese hombre...quien era?...- El pescadero miró con extrañeza a Meimi. Una de las mujeres habló:

-Dejate de bromas pesadas niñita! Nos diste un susto de muerte ! Estos jóvenes, no respetan a nadie!- gruñó.

-Espera un momento Ritsuko. Ya viste que hermosa flor?- hablo embelesada la otra anciana, señalando hacia Meimi.

-Esta mocosa asustándonos y tu pensando en flores? No tienes remedio...-refunfuñó.

El vendedor y las mujeres se alejaron del lugar mientras la avergonzada Meimi salía del callejón hacia la avenida donde estaba el mercado. Justo detrás de ella, había una hermosa calatea de color naranja. Del mismo tono que el pelo de Meimi. La chica se quedo estupefacta mientras tomaba la flor, que parecía recién cortada. La guardo instintivamente en su mochila. El placer estético que le generó el hallazgo había llenado de una neblina de éxtasis su mente Pero en su interior, había también aprensión. No podía creerlo. Había sido sorprendida por el sujeto extraño que Rina había descrito. Sintió escalofríos y corrió lo más rápido que pudo para llegar a casa. Definitivamente, ir a jugar videojuegos aquel día, no había sido buena idea...