Mira, Seira...-Meimi caminaba al lado de su amiga. Era la hora del receso y había sido un día tan ajetreado que no habían tenido tiempo de hablar en el salòn. La novicia alzó las cejas al ver el entusiasmo desmedido de la pelirroja.

-Que es lo que pasa, Meimi?- inquirió Seira con interés. Meimi puso de un golpe sobre la banca del patio escolar la vianda que le enviaba su madre con el almuerzo, y sacó la calatea. La flor aún tenía un brillo del rocío en sus pétalos.

-Wow...-Que bella flor...donde la encontraste?- Meimi se sonrojó.

Ah...-farfulló presa del bochorno.- Me la encontré...- Seira le creyó. Por alguna razón, Meimi no había podido confesar lo que había pasado el día anterior. Su experiencia parecía completamente irreal y onírica. Seguìa sin creer lo que había pasado en aquel sucio callejón. Mientras tanto, cerca de ellas, Daiki charlaba airadamente con un grupo de chicos que lo escuchaban muy atento. Parecía muy inmerso en su perorata.

Otras dos chicas adolescentes se han quejado de que un sujeto les regala flores y les dice que son bellas, les hace halagos y luego se va...- Que demonios tramará ese sujeto?- bufaba Daiki a Manato. El chico rubio lo miró inexpresivo. Daiki hizo un mohín de molestia.

-Si no quiere agredirlas sexualmente, para que hacer ese ritual?- insistió el detective novato. - Y no solo es eso. Las chicas dicen que el hombre no parece humano. Es muy ágil y escurridizo. Nadie ha logrado ver como llega ni como se va de los lugares donde acorrala a sus víctimas...- Me suena a que quizás tiene algo que ver con la Ladrona. Ella también es una atleta excepcional. Y para colmo de males, la flor de Lancaster sigue extraviada. Voy a atraparlos a ambos, cueste lo que cueste! -gruñó el joven. Meimi estaba pasando muy cerca de ellos. Seira, a su lado, como siempre. Al escuchar la conversación que sostenían sus compañeros, la joven se acercó discretamente a Daiki. Manato hizo sus aspavientos presumidos como era costumbre, pero la pelirroja lo ignoró. El resto de chicos perdieron interés en la conversación, ya que conocían las explosivas discusiones entre la joven y el detective. Se alejaron de inmediato. Solo se quedaron Seira y Manato.

-¿Qué quieres, Haneoka?- espetó el chico de pelo ébano. Meimi hizo un gesto de hartazgo.- Espero que no vengas con tus discusiones ridículas sobre la Ladrona, como te encanta hacer...- refunfuñó.

-Bobo.- resopló la pelirroja. -No vengo a hablar de eso. Quizás te interese saber, que yo también fui sorprendida por el sujeto raro del que hablas...- Daiki hizo una sonrisa incrédula.- Tampoco me hizo nada, solo me regaló...-

-No te creo, Haneoka...- replicó burlonamente.- Solo quieres llamar la atención. No eres linda, ni femenina, ni tierna como las otras chicas. ¿Por que ese individuo se iba a interesar en ti?- Soltó una risa socarrona. La chica se puso de color granate. Seira se alejó de puntillas, al igual que Manato.

-¿Y como explicas esto?- chirrió la pelirroja con los dientes apretados, haciendo un esfuerzo colosal para no ofenderse por la puya del chico.- Tomando aire con dificultad, se saco de la vianda la flor que el sujeto le había regalado. Ninguno de los dos lo esperaba, pero lo que vieron al examinar la flor los dejó con los ojos como platos. La calatea color naranja seguía fresquísima y perfectamente conservada a pesar de haber sido recogida días atras por Meimi en aquel callejón.

-Vaya...- susurró Daiki sobrecogido. Es...el mismo patrón de las otras chicas. Las flores no parecen marchitarse ni perder su vitalidad...-Haneoka, dame esta flor. La necesito. Es evidencia. Algo surgió dentro de Meimi. Un sentimiento de ensueño que no pudo explicar. Se quedo catatónica mirando aquella flor que Daiki le había quitado de la mano.

-No.- contestó Meimi casi en trance, sin racionalizar demasiado su respuesta. El joven gruñó de inmediato:

-Haneoka, deja de jugar y dame esa flor! Podría ser una pista crucial para resolver el caso!- La pelirroja lo ignoró, arrebatándole la calatea de la mano al detective. Se dió la vuelta sin decir palabra. No sabía que la había orillado a no entregarle la flor a Daiki. Mientras el joven gritaba y maldecía en contra de Meimi a través del patio del receso, la chica guardó de nuevo la flor , con sumo cuidado y delicadeza, en su vianda. Un sonido de pasos atribulados la sacó del trance. Daiki le había cerrado el paso.

¿A donde crees que vas? ¡Más te vale que me hagas caso y me des esa flor de una buena vez!- berreó el chico fuera de sí. Meimi no pudo más y le dió un puñetazo al joven, sin inmutarse. Echando chispas, la chica caminó hacia donde la esperaba Seira, quien de inmediato hizo un gesto desaprobatorio.

-Meimi...- la monja novata se preparaba para uno de sus tradicionales sermones para su temperamental amiga. Esta soltó un resoplido de hastío y se sentó a regadientes al lado de Seira.

-¿Qué?- replicó la joven Haneoka de muy mala gana.

-Dale la flor.- soltó escuetamente Seira. Estaba muy seria y su expresión era bastante severa. - Y pídele una disculpa. Eso ha estado muy mal.- La joven ladrona abrió los ojos, incrédula. La novicia endureció el gesto. - Quieres resolver este caso o no, Meimi?- sentenció.

-Estas loca Seira...!- graznó Meimi. -¡No le daré nada! Es una flor tan especial que...no puedo explicar que me pasa...su belleza me ha cautivado...- susurró extasiada al tiempo que estrujaba su vianda con aprensión. Seira levantó una ceja desaprobatoriamente. La pelirroja bufó de ira, y se levantó caminando con paso parsimonioso hacia Daiki, que se había sentado en una banca a varios metros de ellos, aun sobándose el sitio donde Meimi le había pegado.

Colorada de vergüenza, le entregó la flor al joven, quien la recibió sin dejar de mirar con desprecio a la chica. Se disculpó balbuceando y se alejó lo más rápido que pudo. Daiki solo pudo suspirar, molesto.

Meimi.- habló Seira a la chica, que estaba con la mirada clavada en el suelo y sin ganas de hablar...-se que era muy importante para ti esa flor, pero parece que este caso es mucho más serio de lo que parece. Por favor...- Meimi cambió el gesto adusto y miró compungida a su amiga.-

-Disculpame Seira...- chilló la joven sin aliento...- Tienes razón, debemos seguir alerta.- Meimi seguía sin explicarse la reacción que había tenido con la calatea. Era tan curioso...Al recordar a aquel hombre extraño que se la había dado, no sintió miedo, sino todo lo contrario. ¿Y si aquel sujeto en realidad no era un villano? ¿Y si solo fuera un sujeto excéntrico que gustaba de alegrarle el día a las chicas jóvenes? Pero la confusión al final, volvía a inundar su mente mientras mordisqueaba distraídamente el sandwich de jamón que su madre le había dado esa misma mañana...