Toma la flor. No la quiero. Es falsa.- Saint Tail tiritó de frío. Aquel jardín estaba más fresco que el techo del museo. - Vincent, vincent, conejo saltarín, juega y corre por el bello jardín...canturreó distraídamente Jack, con una melodía atonal, olvidándose de pronto de Meimi.
-Pero, por que la robaste...?- preguntó la chica. Jack no contestó. Avanzó ignorando a Meimi hacia un arbusto floreado. Cortó con enorme delicadeza y cariño un ramo de flores recién nacidas. Eran flores de un vivo color azul rey. Se las tendió a la chica, que aceptó apenada.
-Del color de tus ojos, querida niña...- habló Jack dulcemente. Meimi se sintió extrañamente reconfortada. Si ese era el hombre que había acosado a Rina, ciertamente no parecía un violador ni un pervertido. El tono de voz del hombre no sonaba como el de un degenerado, sino como el de un padre recordando a su hija...-
-Si solo pudiera...esa maldita flor...Margaret...- farfulló el sujeto. Ah, mira! Lo hemos despertado...- rió juguetonamente el hombre. Es un pequeño rufián, pero es mi único amigo!- Meimi se acercó hacia una conejera de madera que estaba junto a la puerta trasera de la casa. Encendiendo una primitiva luz de aceite, Meimi vio al conejo gris avanzar desde su nido de heno en la conejera hasta la puerta, y mordisquear un racimo de flores que Jack le tendía. La ternura y la simpatía del animal cautivaron a la chica, justo como había sucedido con Rina.
-Siempre busca un tentempié de medianoche...- nO ME PUEDO NEGAR...-SUSURRÓ EL HOMBRE RIENDO por lo bajo.
-eh...-farfulló la pelirroja-. ¿Cómo sabes que esa flor no es la verdadera?. La chica se acerco para acariciar al noble mamífero, que seguía mascando las flores. El animal inclinó la cabeza para recibir los mimos de la joven. Era bastante cariñoso.
-Le has caído bien a Vincent.- rió el hombre.- Se que esa flor es una baratija porque la original perteneció a mi familia...- gruñó con un tono muy sombrío e intempestivo, que le erizó los pelos de la nuca a Meimi. Ese maldito Hamasaki seguro la consiguió en el mercado negro. Y prefirió exhibir una baratija en el museo. Sabe que lo estoy siguiendo, por ello esconde la original. La busque tanto, y en una coincidencia del destino, apareció en este país. También la busqué a ella. Regresé a mi ciudad natal para buscar...buscarla...-el hombre perdió el hilo de la conversación y se quedo mirando a la nada con un rostro resignado. -No estaba allí...-
-Ah, quien es ella?- la confundida Saint Tail aventuró.- Dime, ¿puedo ayudarte en algo?- El sujeto no respondió. Empezó a murmurar algo en inglés.
-God Save the Queen...Britannia Rule the Waves...They're getting closer, those pesky bastards. They shall not hurt me again with their evil mustard... Bollocks!-
-¿Señor? ¿Jack?- insistió Meimi. El hombre pareció salir de su trance. Una mirada vacía y perdida, como alejada en lontananza, apareció en los ojos de Jack. Meimi le tomo el brazo suavemente y el sujeto pareció reaccionar. -¿Se encuentra bien?-
-Disculpa, niña, disculpa...-No me pasa nada...-musitó. Son...solo unos viejos recuerdos...-
Meimi vaciló. Le dirigió una mirada compasiva al peculiar hombre, que parecía aún aturullado por aquella retrospectiva que había salido de la nada en su mente.
-Eh..Jack, puedo ayudarte a recuperar la flor, si eso quieres. Soy Saint Tail...recupero aquello que les fue robado injustamente a las personas. Por ello estaba hoy en el museo...- Pero, aún quiero saber algo.- El tono de voz de la joven se endureció. Dime..porqué acosas a las chicas?¿Que buscas de ellas?- le increpó.
Jack le dirigió a Meimi una mirada agotada y resignada. ¿De sincero arrepentimiento quizás?
-No...no sabía que les molestara tanto...-susurró. Sólo estaba buscándola, a mi pequeña, a mi hermosa niña, mi hija... debe tener tu edad... si es que esta en este país-. El corazón de la pelirroja se cayó a sus pies. - Lamento haber asustado a esas chicas...- musitó sin mirar a los ojos a Meimi. Se había encogido en su lugar, de modo que parecía extraña la visión de aquel sujeto, de casi dos metros de alto, reducirse como un niño reprendido por su madre.
-Espera aquí, Saint Tail...- soltó de golpe el hombre a la desconcertada Meimi.- Ahora vuelvo.- Vincent el conejo había vuelto a dormir. Esta hecho un ovillo en su cama de heno. Unos momentos después, el hombre enciendó la luz del pórtico. Haciendo una seña a Meimi, le pidió que subiese con él. La chica obedeció no sin tener la mente fría y clara por si el sujeto hacia algo impredecible. Al llegar bajo la luz de neón, el hombre le tendió una vieja fotografía. Una chica de la edad de Meimi, vestida a la moda de la década de los años cuarenta, sonreía en la foto. Y justo en su pecho colgaba la flor de Lancaster...- Meimi se quedó muda. No entendía nada de lo que pasaba. Con toda seguridad Margaret ya había fallecido hace bastantes años. ¿Por qué Jack le mostraba aquella foto vieja? Quizás tendría algún motivo oculto, pensó Meimi. O quizás se había vuelto loco. Miró de nuevo al hombre. Sus ropas eran bastante inusuales. Muy ajustadas y flexibles, de color negro. El peinado que llevaba, con el cabello gris, alisado y brillante, se curvaba a la mitad en dos tupes que parecían un par de cuernos. Su cara, huesuda y pálida, con esas cejas pronunciadas, el bigote fino, la barbita de chivo y la nariz afiladas le recordaba a la de un demonio cristiano. El pensamiento del parecido del hombre con un diablillo le estremeció la piel. No sabía si razonar con el hombre o huir.
-Por favor pequeña. Se que ella esta por aquí. Se que esta viva. Ayúdame a encontrar a Margaret.-insistió el hombre. Siniestra no supo que responder, así que decidió desviar el tema. Quizás podría ayudar al sujeto de otra manera.
-Dices que la verdadera flor la tiene Hamasaki?- aventuró la chica. El hombre asintió vehementemente. - Te ayudaré a recuperarla esta misma noche. Pero debes prometerme una cosa. - su tono de voz se hizo más serio.- Prométeme que no volveras a sorprender asi a ninguan chica. Se que no lo estas haciendo quizás con intención de lastimarlas, pero las estas asustando. Entiendes?- el sujeto asintió tragando saliva. Estaba arrepentido sinceramente, o eso parecía.
-¿Me ayudarás a buscar a Margaret?- espetó el hombre sin no supo que responder. Solo pudo asentir brevemente. No sabía ni como haría para resolver el misterio de la hija de Jack, pero quiso ayudarlo.
-Bien, Saint Tail.¿Te gusta saltar?- habló ávidamente el hombre abriendo mucho los ojos, como un niño entusiasmado. Meimi soltó una risa amable.
-Eh, prefiero volar...- respondió recordando las náuseas de cuando Jack la había llevado hasta su casa.- Bien.- contestó Jack. Y en un segundo, sin que Meimi pudiera preveerlo, el hombre salto del pórtico al jardín. La chica pudo ver como desde sus mangas salían un par de alas de tela negra, brillante y lisa. El hombre dio un salto increíble, que lo puso en la copa de un pino, del doble de la altura de su hogar, que estaba junto a la fuente de piedra. La pelirroja lo miró con la boca abierta. Ni siquiera ella era capaz de saltar a esa altura. Sacó de inmediato sus globos, y elevandose a la altura de Jack, lo siguió mientras veía admirada las extraordinarias cabriolas y planeos del hombre sobre los techos de Seika...
