Chica, eres increíble...-gritó Jack mientras el veloz aire frío nocturno ahogaba su voz, en medio de un salto sorprendente...- Nunca había conocido a alguien como tú... ¡tus habilidades son extraordinarias! ¡Te vi llegar al museo y esquivar a los guardias!-
-¡Gracias!- berreó Meimi abochornada mientras lo seguía, a bordo de su racimo de globos.- Me da curiosidad...-masculló.- ¿Donde, o como...es que sabes saltar así?- Jack soltó una risa estentórea que la inmensidad del cielo apagó...
-¡Puedo enseñarte a saltar así si quieres! Ah, casi hemos llegado!-Estaban acercándose al barrio más lujoso y adinerado de Seika. Jack descendió tan bruscamente que la pelirroja pensó que se había caído. Con el corazón en un puño, hizo a sus globos bajar lo más rápido que pudo. Habían llegado a una glorieta donde yacía una fuente de cantera, con una estatua de Cupido en el pilar más alto.
-¿Jack, estas bién?- chilló Meimi sin aliento desde las alturas. El hombre se estiraba y hacia flexiones. Al fin descendió al lado del ladrón saltarín.
-Recuérdame de no descender así...-gruñó Jack.- Sólo fue una ligera torcedura.- Meimi se quedo de piedra mientras Jack se retorcía el tronco de una manera que le habría roto los huesos. Los reflejos de aquel hombre no parecían humanos. Su flexibilidad y elasticidad eran insólitas para un hombre de edad madura. Aturrullada, solo pudo inquirir:
-Eh...¿donde dices que vive Hamasaki?-
-Justo en aquella casa de fachada color verde claro.- señaló una casa al final de la calle, justo encima del hombro de Meimi.- Debemos tener muchas alarmas. Y perros de ataque. Demasiados factores a tomar en cuenta, una distracción es fatal, por ello no había decidido dar el golpe...hasta hoy...-susurró- Me viene bien tener una aliada, muchachita...-Vamos.- cortó de un tirón y dando un grácil y ligero salto, avanzó a 5 metros de distancia de Saint Tail hasta aterrizar detrás de unos arbustos. La chica lo siguió con todo el sigilo que le era posible. Avanzando entre las paredes traseras de las casas y los jardines, los dos ladrones no fueron detectados en medio de las luces doradas y el tedio nocturno del barrio lujoso. Al fin, estaban llegando a la casa del deshonesto curador. Efectivamente, estaba parapetado bajo un dispositivo muy riguroso. Había no solo cámaras de seguridad y alarmas, sino también una malla electrificada que le puso los pelos de punta a la pelirroja. Los perros habían despertado, notando el olor de los intrusos, aún no habían ladrado pero se movían amenazadoramente al otro lado de las paredes del jardín de Hamasaki.
-Yo me encargo de las alarmas y la valla, tu entretén a los perros.- indicó Meimi a Jack, quien ni tardo ni perezoso, saltó al árbol más cercano. La joven tragó saliva. Si bien desactivar las alarmas y la valla era fácil, honestamente le daban miedo aquellos enormes mastines de aspecto brutal y salvaje. Subió por las altas paredes de la casa de Hamasaki ayudada por su cuerda, donde logro cortar los cables de las alarmas y la valla. Había oí a los perros gruñir brevemente, pero fuera de ello, el silencio nocturno seguía reinando. Al fin llegó hasta al jardín al lado de Jack, quien había conseguido domar a los canes. Meimi soltó una risa juguetona cuando vio a los perros acercarse mansamente, mover la cola y tumbarse al piso junto a Jack, que reía por lo bajo. Jack le hizo una señal a la joven. Ambos avanzaron hasta el portón trasero del jardín. Una vez dentro de la lujosa mansión , y asegurándose de que no habían dejado ninguna huella incriminatoria detrás. Meimi y Jack encendieron sus lámparas de mano, caminando lenta y cuidadosamente a través del pasillo.
-Sabes donde guarda la flor ?- susrró Meimi- Jack hizo una mueca de desaprobación
-Honestamente, no.- gruñó por lo bajo.- Ya libramos los obstaculos más peligrosos, solo nos queda registrar la casa entera.-
-Va a ser mas trabajo del que creía.- bufó la joven.- Solo nos queda separarnos. No tengo un walkie talkie...- murmuró- pero podemos vernos en el vestíbulo en quince minutos para informarnos de nuestros avances...- Meimi apunto hacia el lejano vestíbulo que apenas se veía, iluminado débilmente por los reflejos de las luces callejeras proyectadas por el enorme candelabro de cristal.
-Bien...- Jack se dió la media vuelta, perdiéndose entre las sombras del pasillo. Meimi vaciló. No sabía si esta era la mejor idea, pero era la única que se le ocurría. Siguió avanzando entre las tinieblas del pasillo, hasta que una puerta de madera blanca y aspecto barroco llamó su atención. La abrió con sigilo. Era un dormitorio vacío. Resoplando de molestia, se dió cuenta de que recorrer cada habitación de la enorme casona iba a ser una labor bastante molesta y tediosa.
Tras revisar unas cuantas habitaciones vacías en la planta baja, el tiempo acordado llegó. Caminando al vestíbulo, espero a Jack, quien no daba ninguna señal de estar cerca. La tensión aumentaba en medio del silencio en aquella mansión. Y justo encima de ella, oyó un tumbo y un grito. Salió disparada a toda velocidad hacia la escalera, subiendo hasta el tercer piso con el corazón en un puño. Jack sostenía la flor de Lancaster en una mano, mientras Hamasaki lo perseguía armado con un revolver. Sacando de su sombrero de trucos una mano de naipes, los arrojó al curador del museo. Las cartas golpearon y cortaron al hombre, quien no se daba cuenta de lo que sucedía. Y horrorizado, reparo en que Jack se había escapado. Meimi siguió a jack resollando y jadeando, mientras Hamasaki regresaba a su habitación y descolgaba el teléfono. Oyeron como llamaba a gritos a la policía y les comunicaba que un ladrón había entrado a su hogar. Meimi y Jack ya estaban fuera de la mansión. La chica casi se queda sin aire y se tropieza, de no ser porque Jack la tomó por la cintura y saltó con ella al árbol mas cercano en el jardín. Desde las alturas, vieron como aparecían a través de la calle las patrullas de la policía de Seika.
-Vámonos- rugió Jack. Meimi lo obedeció, sacando sus globos y emprendiendo el vuelo lo más rápido que pudo, mientras Jack la seguía con sus acrobacias sobre los techos de Seika.
