Disclarmer: Los personajes y el universo de este fanfic no me pertenecen a mí, sino a la querida y adorada Rumiko Takahashi. Esta historia fue escrita para divertir y entretener.
He aquí un pequeño oneshot (en dos partes) sobre mi personaje preferido del anime/manga de Rumiko Takahashi Inuyasha: Koga, el líder de los demonios lobo del Oeste. Espero que os guste ^^
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-.-El Corazón de un lobo-.-
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2.
Finalmente la lluvia se detuvo. No de golpe, fue poco a poco.
La intensidad de las ráfagas se había ido deteniendo hasta silenciarse del todo hacía tan solo unos minutos; más o menos, al mismo tiempo que Kagome había caído dormida por tercera vez en esa noche.
Su cabeza reposaba sobre el brazo de Koga, su cuerpo se acurrucaba contra él que, tumbado de lado, la observaba y la sostenía cerca de su pecho. Su cuerpo ya no desprendía tanto calor, aun así, acercó su frente a la de ella de nuevo y lo comprobó. Al fin, pudo respirar aliviado.
—La fiebre se ha ido —susurró. Ella no le oía, estaba ya profundamente dormida. Su rostro, no obstante, seguía ribeteado de escarlata, especialmente a la altura de sus mejillas. Su expresión era tranquila, incluso sus labios sonreían levemente.
¿Era… feliz con lo que había pasado? Koga quiso creer que sí, al menos por el momento. Pero era consciente de que tal vez, cuando despertara y recordara lo que habían hecho, cambiaría de opinión. Ese pensamiento amenazó con arruinar la felicidad que sentía así que lo alejó de él de un zarpazo. Ni siquiera había amanecido aún, ¿por qué pensaba en ello? Todo era distinto a la luz del día, él ya lo sabía. No era un estúpido cachorro recién salido de la manada.
Lo sabía bien.
Pero al menos le quedaba el consuelo de que había sido su nombre el que ella había pronunciado todo el tiempo mientras se amaban. Sabía que era él quien la tocaba, no había sido el sustituto de ningún otro cuyo fantasma llenaba los pensamientos de Kagome.
No. Ella lo había mirado todo el tiempo. Había dicho su nombre. Había estado con él, y con nadie más. Durante ese tiempo, esa noche que habían compartido, ella había sido totalmente suya.
Así que debía estar feliz.
Aunque había algo en lo que no podía dejar de pensar mientras miraba el dulce rostro de Kagome, pegado a su pecho y sentía su respiración acariciando su piel.
—En mi tribu, cuando elegimos a nuestra mujer nunca la dejamos atrás —Le susurró, mientras acariciaba su pelo completamente seco—. Ni por otra mujer, ni durante una batalla… forma parte de nuestras leyes.
Por eso era habitual escoger mujeres fuertes, con valor. Casi siempre, eran escogidas de tribus amigas, demonios lobo del este o de otros lugares. Pero casi nunca se buscaba una esposa entre los humanos. Los humanos son débiles y necesitan ser protegidos a cada instante.
—A mí nunca me preocupó que fueras humana —susurró Koga—. Al fin y al cabo, soy el líder de la tribu. Y nadie puede decirme nada al respecto.
Sin embargo ser el líder no le eximía del sometimiento a las tradiciones ancestrales que ataban el comportamiento de su tribu, y que habían sido así desde los albores del tiempo. Cuando los primeros demonios lobo poblaban la tierra y conquistaban los territorios que a él le habían sido legados.
Según las leyes de su tribu, cuando un lobo se entregaba a una mujer como él lo había hecho con Kagome hacia unas horas, estaba obligado a hacerla su esposa. No tenía por qué ser inmediatamente, nadie esperaba que el matrimonio se llevara a cabo a la mañana siguiente pero… Esa unión que se había realizado entre sus cuerpos, debía ser para siempre.
Por supuesto, alguno de los dos podía no consentir en esa unión si es que realmente no estaban enamorados. Pero si se daba el caso, y el matrimonio no se producía; el lobo debía presentarse ante su tribu y aceptar el resto de su vida en soledad, pues no podría casarse con ninguna otra. Ni unir su vida a nadie más que no fuera ella.
Por eso la mayoría de matrimonios en sus tribus eran concertados en la niñez de los involucrados. Cuando la elección era libre y el amor entraba a formar parte de la decisión, el resultado podía no ser del todo exitoso. Y por encima de todo, estaba la continuidad del linaje de los demonios lobo. Su raza no podía desaparecer así como había sucedido con tantas otras.
Visto desde esa perspectiva, estando aún imbuido en esa alegría que todavía recorría su cuerpo, Koga no podía dejar de pensar que había cometido una estupidez que podría condenarle a la soledad para el resto de sus días.
—Bah, no me importa —determinó, bajando el rostro hasta rozar con la barbilla el cabello de Kagome.
El futuro… era incierto en aquellos tiempos, ¿verdad? Quien sabía lo que podía pasar en su misión de encontrar y acabar con el miserable de Naraku. Podía tener éxito o podía acabar como sus camaradas caídos. Pero él era feliz en esos momentos, con la mujer que quería con todo su corazón dormida entre sus brazos, después de haberla amado, de haber acariciado y besado cada parte de su cuerpo.
¿Y qué importancia tenía si no podía aspirar a casarse con ninguna otra cuando en su tribu se enteraran de lo que había hecho? Tampoco pensaba aceptar a nadie más que no fuera ella.
Y no pensaba ocultarlo, no era un cobarde. Tenía honor y no se arrepentía de lo que había hecho. Era el líder de la tribu y no se doblegaría ante los juicios de nadie más.
—Esto está bien, lo sé —susurró, cerrando los ojos. Sintiendo aquel cuerpo tibio junto a él. Seguiría siendo feliz todo lo que pudiera… al menos, hasta que el sol saliera y la noche acabara.
No era mucho tiempo, pero era todo lo que tenía.
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Huelo el bosque pensó Kagome saliendo poco a poco de su sueño.
Sus párpados se crisparon y su cuerpo se estiró, involuntario. La suavidad de las pieles y aquel olor la rodeaban todavía. Abrió los ojos y lo primero que vio fue que, finalmente, el fuego de la hoguera se había consumido. Bostezó sonoramente y al volverse sobre el suelo de la roca se encontró con su ropa seca a la altura de su rostro.
La vio porque, desde el túnel que conducía a la entrada de la cueva entraba una potente luminosidad. Se había hecho de día por fin; pero ya no oía la lluvia ni el viento, sino el suave trino de algún pajarillo que debía tener el nido cerca de la entrada.
Se incorporó sosteniendo las pieles contra su pecho y poco a poco, las deslizó hacia abajo. Todavía notaba ese olor por todas partes, el olor del bosque provenía de ella, de su piel… el olor de Koga.
¡Koga! Pensó de repente. El corazón se le disparó, y las manos le temblaron al llevárselas a la cara. Se acordó de todo de golpe y cada centímetro de su cuerpo enrojeció. Miró a su alrededor buscando al lobo pero no le vio.
¿Se había ido?
—No, no seas boba… él no se iría —se dijo, muy segura. Alargó la mano hasta su uniforme y comenzó a vestirse sin pensar en nada en concreto. Se pasó los dedos por el pelo intentando peinarlo un poco y se dio cuenta de que se encontraba mucho mejor.
La fiebre se había ido y su cabeza volvía a estar en su sitio. Se rozó la frente con una mano y suspiró.
—Vaya…
Al cabo de unos minutos se atrevió a salir de la cueva. Dobló con cuidado las pieles de Koga y las llevó consigo, apretándolas contra sí recorrió el pequeño túnel siguiendo la luz y accedió al exterior.
Por supuesto, la luz pálida e intensa de la mañana la cegó con dolor y tuvo que levantar una mano para proteger sus ojos. Todo estaba mojado, la humedad cabalgaba sobre la brisa y le rozaba la piel. Escuchaba gotas caer al suelo en todas direcciones, cada rincón de aquella estampa que se presentaba ante sus ojos brillaba a causa del rocío y el sol.
Avanzó unos cuantos pasos y se internó entre los primeros árboles que vio, mirando a todas partes y aguzando el oído por si descubría algo, pero aparte del revoloteo de los pájaros y el viento, todo estaba en calma y en silencio.
Llegó hasta un claro y se detuvo a observar el azul del cielo. Sin poder resistirse, bajó la cabeza y hundió la nariz en las pieles para aspirar de nuevo ese olor. Esa vez no le hizo pensar en el bosque… solo pensó en Koga. Era su olor.
Y pensó también en todo lo que había pasado entre ellos.
Aún no se explicaba lo que le había pasado para hacer algo así. ¿Había sido cosa de la fiebre? ¡No podía echarle la culpa solo a eso! Aunque sus recuerdos eran extraños y un poco borrosos, sabía que ella había hecho lo que había querido, consciente de ello.
Pero, ¿por qué? Si ella amaba a Inuyasha. Estaba segura de cuáles eran sus sentimientos por el medio demonio. Pero… ya no estaba tan segura de lo que sentía por el lobo.
No se sentía arrepentida de haberlo hecho. Incluso ahora, ¿acaso no estaba sonriendo mientras aspiraba ese olor? ¡¿Qué le pasaba?! ¿Cómo había sido capaz de…? ¡Todo había sido tan natural, tan sencillo y agradable! Como si debiera ser así… pero, ¿por qué? Ni siquiera se había atrevido nunca a besar a Inuyasha, pero con Koga…
Pervertida se riñó, enrojeciendo de nuevo y ocultando la cara en las pieles.
—Kagome.
El corazón le dio un vuelco. Muy despacio se dio la vuelta y en mitad de aquel claro, se encontró con la imponente figura de Koga, justo frente a ella.
—Ho… hola —saludó, nerviosa. Quiso apartar la mirada al instante, pero se dio cuenta de que la expresión del chico era increíblemente seria y eso la intrigó. Sus ojos azules de pronto parecían incluso un poco fríos—. ¡Toma! —Exclamó, tendiéndole sus pieles—. Gracias…
El chico las cogió y con gran habilidad se las ató a la cintura. También llevaba su armadura y la espada de vuelta en su sitio, así que al fin se veía como siempre. Los fragmentos de la esfera de su cuerpo despedían destellos luminosos con cada uno de sus movimientos. Kagome apretó los labios y trató de pensar en algo que decir, pero no se le ocurría nada dada la situación tan extraña en la que estaban.
Justo cuando abría la boca para, al fin, decir algo, fue Koga quien carraspeó y habló:
—He encontrado el rastro de tus amigos —Le informó. Se dio la vuelta, inclinándose un poco y le ofreció su espalda—. Sube, te llevaré con ellos.
—Ahm… vale —murmuró ella.
Con bastantes nervios, se acercó al lobo y se cogió a sus hombros, casi al instante él la levantó sujetándola por las piernas y se puso en pie.
—¿Te encuentras mejor? —preguntó de repente.
—Ah… sí. Mucho mejor.
Y en cuanto Kagome dijo esas palabras, Koga saltó y comenzó a correr a toda velocidad en una dirección muy concreta. El impulso y la velocidad cogieron desprevenida a la chica, que tuvo que apretarse con más fuerza contra él y unir sus manos a la altura de su pecho para no temer caerse. El viento le golpeó la cara, así que cerró los ojos y ocultó el rostro en el hombro del chico; al aspirar volvió a captar ese olor y su cuerpo se estremeció sin querer.
Empezó a ser consciente de lo cerca que estaban de nuevo y de la fuerza con que los dedos de Koga apretaban sus piernas para sujetarla. El corazón le daba tumbos en el pecho ¿podría sentirlo él también?
¿Por qué estaba tan serio de repente? No lo entendía…
Oh… tal vez lo de anoche… ¿le había decepcionado? ¡Podía ser eso! La expresión de Kagome se contrajo por la vergüenza.
¡Bueno, era esperable! Ella no sabía lo que tenía que hacer. Jamás había hecho nada parecido y encima, la fiebre la tenía un poco atontada, ¡no era algo de lo que debiera avergonzarse! pero… ¿tan malo había sido como para que ahora él estuviera tan frío con ella? A Kagome le había parecido que todo estuvo bastante bien…
¡Era una tonta! Koga debía haberlo hecho muchas veces antes y tal vez esperaba algo más de ella. ¡Qué desastre!
Por fin, llegaron al final de aquel bosque y Koga aterrizó justo al inicio de un sendero que se abría paso hacia una zona, aparentemente, más poblada. La soltó en el suelo con cuidado y le indicó una dirección.
—Están por allí, a unos cuantos metros —le explicó, rehuyendo su mirada—. Puedes ir sola desde aquí.
De repente, Kagome se preguntó si Inuyasha estaría con los demás. ¿Había vuelto de su búsqueda? Quizás había tenido éxito encontrando a Kikyo y aún estaba con ella. En cualquier caso, no tenía intención de preguntárselo a Koga. A fin de cuentas él tampoco había dicho nada al respecto.
—Gracias —dijo ella. ¿Cuántas veces le había dado ya las gracias? ¡Parecía tonta! Se volvió hacia él, un tanto temblorosa y vaciló cuando se dio cuenta de que la mirada de Koga seguía fija en el suelo—. Esto… Koga… yo, lo de anoche… quiero que sepas que…
—No hace falta que lo digas —La cortó él. Al fin la miró, al tiempo que bajaba los puños ligeramente apretados—. Me imagino lo que sientes ahora y… no hace falta que volvamos a hablar de ello si es que te sientes… avergonzada.
¿Qué… estaba diciendo? Kagome frunció el ceño, confusa unos instantes hasta que por fin su lento cerebro le ofreció una explicación, no solo a esas palabras tan extrañas, sino también al comportamiento despegado del chico y a la seriedad en su semblante.
—¡Oh, no! ¡No quería decir eso! —Se apresuró a aclarar—. Yo solo… intentaba decirte que… lo de anoche, ¿sabes? Yo… nunca… lo había hecho… antes.
Los ojos del lobo se abrieron de golpe, al tiempo que echaba la espalda hacia atrás.
—¡Ah! ¡Ya! —exclamó, sorprendido—. Bueno, yo tampoco…
—¿Qué? ¿Ah… no? Vaya, yo pensé…
Los dos enmudecieron a la vez, con los semblantes de nuevo enrojecidos, desviaron la mirada a la vez. Kagome incluso se llevó las manos a la cara, como queriendo ocultarla. Entonces, Koga volvió a enderezarse.
—Tus amigos se mueven —Le dijo, tras olfatear lo que traía el viento—. Deberías irte o los perderás de nuevo.
—Sí, supongo… —afirmó ella. Le miró una vez más y alzó los brazos para abrazarle. Alcanzó su cuello poniéndose de puntillas y al instante sintió los brazos de él estrujándola con fuerza—. Gracias por todo, Koga. Si no hubiese sido por ti…
—Siempre estaré para ti, Kagome.
—Lo sé.
Al apartarse de él, bajó la cabeza y le besó en la mejilla, cerrando los ojos. Las manos de Koga sostuvieron su cintura. Pero cuando ella dio un paso atrás, atrapó sus manos y las elevó hasta su rostro. Koga las miró como si fueran algo increíblemente valioso y después las besó.
—Koga… —murmuró ella conmovida. Sonrió de nuevo cuando él la miró—. ¿Nos veremos?
—Muy pronto —Se despidió él, soltándola.
Kagome asintió, alegre y comenzó a alejarse por el sendero. Aunque no se volvió, él supo que siguió sonriendo al andar su camino.
La observó marchar y siguió mirando el lugar por el que el sendero continuaba hasta que supuso, ella habría alcanzado a sus amigos. Por suerte, el aroma del chucho no estaba entre ellos, aunque lo había captado no muy lejos de allí. Probablemente los alcanzaría en unas cuantas horas.
Esa idea hizo le pinchó en el corazón, pero se giró y empezó a caminar en la dirección opuesta.
Según se alejaba del sendero, de la cueva y el bosque se lo iba tragando, Koga notó que la presión de su pecho comenzaba a aligerarse; el aire de la mañana que respiraba le parecía más fresco y a menudo dejaba de caminar para observar algo nuevo que despertaba en ese lugar y llamaba su atención. Le costó un buen rato identificar qué lo que le pasaba era simple alegría.
Estaba alegre. Aún se sentía feliz.
Incluso al pensar de nuevo en su tribu y sus condenadas leyes, sintió que el corazón se le alzaba y palpitaba con fuerza, casi con impaciencia. Entonces, una idea apareció en su mente con fuerza.
Kagome será mi esposa algún día.
Siguió caminando y la idea no se desvaneció, persistía en sus pensamientos como si se estuviera convirtiendo en una realidad.
Estaremos juntos hasta el fin de los días.
Sí, estaba lleno de una seguridad casi demoledora. Era cierto, casi como si ya hubiese ocurrido.
Estaba seguro por esa última sonrisa. Cuando la había besado las manos, al alzar los ojos hacia el rostro de la chica, Koga esperaba encontrar, aunque fuera, un atisbo de arrepentimiento en su mirada pero no había sido así. Kagome le había sonreído, ruborizada y tímida… de un modo encantador, como si…
¿Nos veremos? le había dicho.
Koga sonrió. Por supuesto que se verían. Ahora ya no tenía dudas, estaba más seguro que nunca de que algún día Kagome aceptaría ser su esposa, algún día le amaría tanto como él la amaba a ella. Y se olvidaría de ese chucho pulgoso…
El chucho… recordó Koga. Notaba su apestoso olor acercándose cada vez más a Kagome y sus amigos. El olor, ¿eh? En esos momentos, Kagome todavía olía a él. Después de haber pasado toda la noche en sus brazos, su olor debía haber impregnado cada centímetro del cuerpo de la chica.
¿Cuánto tardara ese chucho estúpido en notarlo? Se preguntó Koga, con una sonrisilla.
¡Ay, cuánto le gustaría estar delante cuando la narizota de ese perro rabioso captara su olor sobre Kagome!
Tendría que contentarse con imaginársela… Y solo con eso, se le escapó una risotada que retumbó por todo el bosque y terminó de aligerar su corazón de lobo.
-FIN-
Aquí está el final de este oneshot. Era una historia bastante corta pero espero que os haya gustado a todos ^^ y a pesar de eso, os haya dejado un buen sabor de boca.
La primera vez que imaginé esta historia yo era aún muy pequeña, y el desarrollo de los hechos era mucho más inocente (jejeje), seguramente tenía la idea de que Kagome siempre amaría a Inuyasha y Koga tendría que aceptarlo. Pero cuando al fin me animé a escribir este oneshot (muchos años después), no pude evitar hacer algunos cambios. Finalmente me decidí a dejar que Koga conservara sus esperanzas, jajaja. Y más allá de eso, realmente quería que Kagome valorará los sentimientos del lobo y aunque fuera por una noche, los correspondiera. Lo que pasaría a partir de aquí… es un misterio.
En fin, hasta aquí mi pequeño tributo a Koga, líder de los demonios lobo del Oeste. Espero que os haya gustado. Esta es, a día de hoy, la única historia que he escrito sobre Inuyasha aunque es uno de mis animes favoritos. Y quería compartirla con otros fans de este anime ^^
Quiero dar las gracias a las personas maravillosas que me habéis dejado algunas review:
Elena79: ¡Gracias por tu review! Y por darle una oportunidad a Koga. Al final es un personaje que se hace querer, jaja. Espero que te haya gustado el final. Besotes ^^
Nena Taisho: Gracias a ti por tomarte un momento y escribirme. Tus palabras me animaron el día. ¡Hasta pronto!
Serenity Usagi: Jajaja, ¡gracias! Ahí tienes la continuación, espero que te haya gustado. ¡Un abrazo!
Maria Espinoza: ¡Genial! Ya somos dos fans de esta hermosa pareja que por lo que he visto no tiene muchos fanfics (casi ninguno), espero que te haya gustado el desenlace y que lo hayas disfrutado. ¡Gracias por escribir! ¡Te mando un besazo!
Gracias a todos, las palabras de los que leen son lo que más anima y motiva a seguir escribiendo a personas como yo.
Nos vemos pronto.
=)
