Una vez llegados al pórtico del viejo chalet de Jack, no pudieron contenerse. Echaron a reír como si hubiesen visto una divertida pantomima. Las mejillas de Meimi estaban coloradas y ebullentes mientras el estómago le dolía. Jack se habría puesto ligeramente rosado, su piel pálida no daba el mismo tono que la de la chica. Jack invitó a la joven a entrar a su casa, y los ladrones cruzaron la puerta hacia un salón con paredes de papel tapiz floral, y sillones forrados de terciopelo azul rey. La joven tomo asiento mientras sus risas seguían retumbando en la sala. Tras unos momentos más de carcajadas, Meimi miró compulsivamente el reloj. No sabía cuanto tiempo se había tardado ayudando a Jack a recuperar su reliquia familiar. Por fortuna, las manecillas del reloj en la sala de Jack indicaban que solo habían pasando una hora y treinta minutos. Ambos habían dejado de reìr. El hombre de edad madura se dirigió a la cocina no sin antes preguntarle a la joven:
-Saint Tail, te apetece una taza de té?¿ Te gusta el té de naranja?- Meimi lo miró abochornada.-
-Eh...sí.- masculló. Por alguna razón, le incomodaba que el hombre se refiriera a ella por su alter ego de ladrona. - Solo quiero pedirte algo -insistió-...puedes llamarme Meimi. Pero no le digas a nadie mas como me llamo. Recuerda que mi identidad es secreta...- el hombre asintió de forma benévola, mientras desaparecía tras la puerta de la cocina. Mirando la elegante decoración del hogar de Jack, la chica no pudo evitar reparar en el enorme retrato de la hija de Jack, que sonreía dulcemente en el grano fotográfico sobre el papel amarillento y desgastado. La chica, de rubios cabellos, finas facciones, ojos azules , piel pálida y vestido blanco, sostenía a un conejo gris en sus brazos. La flor de Lancaster también estaba en esta foto colgando del cuello de la chica, mientras la reliquia verdadera ya reposaba con su brillo platinado en una repisa bajo el cuadro. Meimi se sintió conmovida por aquella bella fotografía.
-Margaret amaba a los conejos...-susurró jack detrás de Meimi, haciéndola pegar un brinco de sorpresa.- Por eso adopté a Vincent. Le encantaría saber que tengo un nuevo amigo para ella, cuando la encuentre...Su voz se volvió un siseo lleno de melancolía.- La joven tomó la taza que le tendía el ladrón. Le dió un sorbo al té , que estaba delicioso. Una duda afloró en las palabras de la pelirroja.
-Disculpa Jack, si no es molestia, puedo saber...¿Cuál es la historia de la flor de Lancaster? ¿Por qué era importante para tu familia?- Jack le lanzo una mirada muy seria, que no había hecho hasta ese momento. Meimi tragó saliva, pensando que quizás su pregunta había sido inapropiada. El semblante de Jack cambió. Su expresión habitual de sujeto excéntrico, flamboyante y desparpajado se desvaneció para dejar ver una mirada muy seria, meditativa y reflexiva. Era como si otro hombre hubiese emergido de pronto. Atónita. La pelirroja lo escuchó:
-Mi familia es la casa de Lancaster, Inglaterra. Mis ancestros escogieron emigrar a Francia durante las Guerras Napoleónicas, y apoyaron activamente a Napoleón, ya que los Lancaster tuvieron relación con la corona francesa desde que los normandos conquistaron Gran Bretaña. Sentían que pertenecían a Francia y que no le debían lealtad a la corona británica. La nobleza de Inglaterra no tomo bien ello y persiguió a mi familia. Por ello es que mi abuelo, el conde de Lancaster y todos sus descendientes fueron desheredados y se les excluyó de la nobleza británica. La flor se quedó en manos de los Kendall, que fueron una rama de los Lancaster que siempre fue leal a la Corona. Traté de recuperar la flor como el digno heredero que fui de Gilles de Lancaster,pero me fue negado acceder a ella. Solo cuando me casé con Aileen, mi esposa, que estaba emparentada a los Kendall, fue que pude tomar prestada la flor. Le tomé esa foto a mi hija con la Flor. Esperaba que uniendo nuestras familias pudiéramos zanjar el asunto, pero no fue así...-
"Los Kendall se enfurecieron cuando supieron que consulté mi predicamento en la Cámara de los Lores. Nos persiguieron a mi y a mi familia. No volví a ver a Aileen, ni a la Flor de Lancaster pero pude escapar con Margaret. Afortunadamente, un coronel de la Fuerza Aérea con el que mi abuelo tuvo amistad, me ayudó a huir a Estados Unidos, donde viví con Margaret hasta que acabó la guerra."
-Años después, cuando regresé a Inglaterra, descubrí que mi mujer se suicidó, para hacer pagar a su familia por su obstinación. Esto los llenó de remordimiento, y pensaron en darme la flor, sin embargo, no pudieron hacerlo ya que los nazis la robaron poco después de que mi esposa murió. Los Kendall actuales no están interesados en la flor, ya que les trae malos recuerdos de aquella situación. Desconocía el paradero de esta flor y la busque en Japón y Europa, junto con mi hija...Meimi estaba fascinada y sorprendida. Pero algo en ella aún la hizo dudar. Se desconcertó. ¿Era posible aquello? La Segunda Guerra había sido hace unos cincuenta años ¿Un hombre de mas de sesenta años con esa velocidad y reflejos, que había luchado en la Segunda Guerra Mundial y sobrevivido casi intacto? Algo más tenía que existir en el pasado de Jack, que explicase sus extraordinarias habilidades...
-Poco después, me llamaron para ser parte de las brigadas que reconstruirían Japón y Margaret me acompañó ya que le parecía bastante interesante vivir en este país...-susurró.-Ahí fue donde jamás la volví a ver. Una noche, su ventana estaba abierta y ella no estaba en su cama. No había ninguna pista que indicara lo que le pasó, pero recuerdo que , vivíamos cerca del muelle y vi zarpar un barco a esa hora de la madrugada. Pensé que quizás algún rufián la había secuestrado y la había forzado a subir al barco. La busqué por toda la villa, y regresé a Europa para localizarla, pero nada, nada...-murmuraba el hombre. Parecía haber entrado en un trance ya que su mirada era más ausente y abstracta que nunca. Había regresado a ser el sujeto excéntrico y chiflado que era normalmente, después de aquella dolorosa confesión que hizo con una racionalidad y lucidez anómalas.- La joven ladrona suspiró mientras Jack lanzaba una mirada triste hacia el retrato de su hija. No sabía como podía ayudar al veterano de guerra, sabiendo que era muy posible que su hija estuviera muerta. El hombre se quedo mirando como catatónico el retrato de Margaret. Tras un breve y titubeante despedida, donde la joven ladrona prometió visitar de vez en cuando al hombre, Meimi volvió a su casa, colmada de una sensación de compasión y melancolía hacia su extraño amigo. Quiso preguntarle más sobre sus habilidades sobrehumanas, pero infirió que no era el momento adecuado. Ojalá y pronto Jack tuviese paz, pensó para si misma la chica mientras rezaba al pie de su cama.
