-Deben haberme visto venir hacia acá...-farfulló la pelirroja. -¡Diablos! ¿Qué haremos ahora?-

-Seguramente te vieron desde ayer entrar en el museo...- gruñó Jack- Estaban siguiendo tu rastro desde anoche.- El hombre se levantó en un suspiro. Tenía una mirada muy seria y llena de determinación.- Meimi, voy a distraer a la policía. Mientras, escapa lo más rápido que puedas. No uses tus globos. No te preocupes por mí- La chica tragó saliva, aprensiva.-

-P-p-pero...-chilló Meimi- debes saber algo antes...- Jack se dió la vuelta hacia ella- La sobrina del alcalde...es una de las chicas a las que les regalaste flores... Ha mentido. Dijo que la violaste. Y piensa matarte si tiene la oportunidad... Es muy atlética y fuerte, además está recibiendo entrenamiento para ser policía...- de nuevo los ojos azules de la joven estaban colmados de lágrimas. - ¿Y si te disparan?- concluyó con un gemido similar al de un ratoncillo.

-No te preocupes por mi Meimi. Ha hecho tanto por mí que te debo mucho. Anda, llévate a Vincent y cuídalo bien.- sonrió el hombre haciendo un gesto resignado.- Sin mi pequeña Margaret, no me quedan motivos para vivir más. Ya viví más años de los que me correspondían. También llévate eso.- señaló hacia un grueso libro de tapa forrada en cuero, sobre una repisa. Es el almanaque de la familia. Quizás haya algo de tu interés en él. Ahora, por favor guarda silencio mientras empieza el show.- se carcajeó el sujeto y desapareció de la vista de Saint Tail que se agazapó tratando de no delatar su presencia mirando a la ventana.

Keiji y Daiki esperaban mientras los oficiales rodeaban la cerca del chalet. El joven detective se mordía los labios.

-Esperemos que el aviso haya alertado al dueño de la vivienda. Sólo así podremos entrar en la casa con su permiso.- masculló Keiji escupiendo una humareda. Y si previo aviso, Jack estaba en el techo del chalet, asiéndose de la veleta de hierro.-

-¡Buenas noches, señores policías!¡No van a encontrar a la ladrona aquí. Sólo estoy yo, un humilde servidor al que han perseguido injustamente. Pago mis impuestos y voto por los políticos que me dicen que vote, no tiro basura y así me pagan? Bah!- se rió socarronamente el hombre.-

-Señor, déjenos entrar por favor en su casa!- gritó Keiji- ¿O es que esta encubriendo a Saint Tail?- terminó la frase, mientras Jack veia con el rabillo del ojo como Meimi escapaba entre los árboles del jardín de la casa adyacente, llevando el libro y la jaula con Vincent dentro.

-Esta bién, entren, pero si le hacen daño a mis flores, se las verán conmigo- vociferó sin cambiar el tono burlón.-Keiji , Daiki y los oficiales bufaron, mientras entraban por la vereda del jardín. Meimi los observaba en la distancia a través de los prismáticos, mientras soltaba un gemido de preocupación. No podía ayudar a Jack. Y era mejor que se mantuviese lo más alejada posible para no llamar la atención.

Daiki avanzó entre las flores, examinándo el jardín con su lámpara mientras los demas oficiales escudriñaban en la casa. Jack los miraba con desprecio burlón desde el techo. Una calatea, una azucena, una bugambilia...Daiki cayó en cuenta. El alma se le cayó a los pies.

-Papá...- susurró...este hombre...- Miró a Jack sacudiendo la cabeza violentamente...- conque eras tú! .gritó el joven mientras su padre se acercaba diligentemente.-

Papá, ¡este sujeto es quién estaba acosando a las chicas! Pero...¿que debemos hacer? - Jack se ocultó lo más pronto que pudo entre las paredes de dos casas vecinas. No contaba conque fueran a descubrirlo justo en ese instante.

-Qué bonito, Asuka...- espetó una voz conocida que al chico le heló la sangre.- Hay operativo para buscar a la Ladrona y nadie me llama?- refunfuñó.

-Ri-ri-rina...- borboteó Daiki.- ¡Qué sorpresa verte, jajaja!- Rina hizo un mohín de desagrado. Cargaba entre sus manos un rifle de precisión. - Ah!- estalló el joven al darse cuenta del arma que traía entre los brazos la chica rubia.- ¿Qué demonios? ¿Está loco el alcalde? No tienes edad para manejar esa arma!- El detective novato se puso rojo de frustración.-

-Tonto, cierra la boca.- le soltó amenazadora la joven- Recuerda que ya manejé un lanzagranadas de gas lacrimógeno. Necesito practicar mi puntería para cuando atrape a la ladrona...o a ese...a ese...- se apretó los puños. Mejor dime, que les estabas diciendo a tu padre cuando estaba llegando? Algo de un sujeto acosador...-los ojos de la rubia se convirtieron en dos rendijas que escrutaron a Daiki y su padre, quienes se encogían , sobrecogidos y avasallados por la impotencia.-

-Ah, ¿fuiste tu quien dijo que soy un violador?- gritó atronadoramente una voz grave desde las alturas.- Rina dió un salto tan pronunciado que, habría sido la envidia de Vicent el conejo.- Se puso pálida de terror al mirar a Jack alzado sobre el techo de su casa, como un murciélago gigante. Se veía más temible y tenebroso que nunca, extendiendo sus alas de cuero. - Yo no te toqué, mocosa.- habló despectivo.- Solo buscaba a mi hija, y cometí un error.- Los policías estaban completamente atónitos, sin saber que hacer. Rina se tiñó púrpura de ira en un parpadeo, y recuperando su valentía, soltó un berrido destemplado que asustó a los demás oficiales.-

-¡No me importa! ¡Tu eres un delincuente y voy a acabar contigo!- Daiki y su padre se acercaron para tratar de calmarla. ¡y ustedes!- les gritó a los oficiales. Ignoren a los inútiles Asuka y vayan por el, lo quiero vivo!. Los policías miraron apenados a Keiji, quien se encogía de vergüenza y humillación en el sitio donde estaba de pie. Jack ya no estaba en el techo. Mirando a todos lados el hombre parecía haberse esfumado. Rina sacudía violentamente la cabeza mientras un rictus aparecía en sus labios. Y justo frente a ella, en el capó del auto policiaco mas cercano, un sonido seco la distrajo. Jack estaba frente a ella con una sonrisa macabra. Tras atusarse los bigotes murmuró.

-Atrápame si puedes-

Meimi solo oyó el barullo y las luces de las patrullas en la distancia, mientras una conocida figura negra saltaba sobre los techos bajo la luz de la luna. Tenía que seguirlos. No podía dejar solo a Jack. Se apresuró a casa de Seira, que quedaba muy cerca, para dejar allí a Vincent. No tenía más tiempo que perder.