Tormenta

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Un rayo surcó el cielo y bañó la ciudad con su luz blanca por un segundo; las luces en el exterior parpadearon unos momentos, antes de morir por completo y dejar la ciudad sumida en una oscuridad asfixiante. Un extraño sonido le llegó a los oídos y abrió los ojos; al otro lado del pasillo, su hermano menor parecía hacerse el valiente. Suspiró, se levantó de la cama, caminó hacia la puerta y la deslizó con cuidado, despacio, para que sus padres no fueran a escucharles.

Los ojos negros miraron la oscuridad del pasillo.

Otro rayo retumbó con fuerza y un nuevo quejido se escuchó; cruzó el pasillo, en silencio, y deslizó la otra puerta, apenas lo suficiente para asomar la cabeza. En la cama se podía ver un bulto, cubierto por las cobijas, que se agitaba en momentos; una sonrisa se formó en su rostro.

—Puedes dormir conmigo, si quieres —susurró.

El bulto no tardó en bajar de su cama, correr a la otra habitación y meterse bajo las cobijas. Los ojillos negros brillaban en la oscuridad y le miraban, suplicantes. Miró al pasillo, asegurándose que sus padres siguieran dormidos y cerró la puerta suavemente. El cielo volvió a retumbar y al meterse en la cama pudo sentir los bracitos enredarse a su cuerpo, impidiéndole acomodarse bien.

Hana le revolvió los cabellos a Kiba.

Itachi frotó la espalda de Sasuke.


Lunes, 13 de marzo de 2017

Jueves, 01 de noviembre de 2018