Primera vez
.
Kankuro y Temari reñían con frecuencia, la mayoría de las veces era confuso atribuirle la culpa a uno, pero el resto podían repartirse la responsabilidad por partes iguales. No eran como el agua y el aceite, pero por alguna razón no podían mantenerse en la misma habitación sin terminar enredados en una estúpida disputa. Aquella mañana discutían sobre el desayuno y Gaara los miraba, como siempre, esta vez desde la mesa, mientras terminaba sus alimentos.
—Ponle un huevo —ordenó Temari, deteniéndole el plato a Kankuro.
—No quiero ponerle huevo —gruñó, tirando de su plato.
—Necesitas las proteínas.
Suspiró y dejó el plato en la mesa, era muy temprano para eso. —Temari…
La muchacha tomó un huevo del canasto y se dirigió al plato del muchacho, Kankuro detuvo la mano de Temari a tiempo y con demasiada fuerza; el huevo resbaló, inevitablemente, de los dedos de la muchacha. Empezaron a discutir de nuevo, ignorando el paradero del huevo, hasta que escucharon dónde impactaba. Sus ojos se desviaron del menor y luego se miraron el uno al otro.
Gaara se llevó la mano a la cabeza, tomó la sustancia y la observó unos momentos.
—Gaara… no fue mi intención…
—¡Claro que fue tu intensión, lo tenías planeado desde el principio!
Temari miró a Kankuro, sorprendida por el atrevimiento. —¿Disculpa?
—Tus juegos mentales servirán con tu novio el cabeza de piña, pero a mí no me engañas, Temari.
El rostro se coloreó ligeramente. —¿Qué dijiste?
Involuntariamente, empujó su manga, apretando su puño y mirando a Kankuro; él simplemente tomó a Gaara por los hombros y lo obligó a levantarse, empujándolo de un lado a otro y usándolo como escudo, Temari no se atrevería a golpearlo.
El menor miró el puño de Temari detenerse a milímetros de su cuerpo, entre las sacudidas que le daba Kankuro. Por alguna razón fue incapaz de imponerse y dejó que sus hermanos lo hicieran girar dos veces, antes de que Kankuro burlara a Temari y lo arrojara contra ella, para salir corriendo de la cocina; Temari apenas pudo detener a Gaara para que no sucediera una catástrofe.
—¡Sí, corre, Kankuro! —gritó, sin ir detrás de él. —¡Que si te alcanzo…!
Miró a Gaara, sin deshacerse del gesto amenazante, aún tenía el coraje de momentos antes bulléndole la sangre... y él, por alguna razón, se sintió pequeño ante la mirada de su hermana mayor.
—¿Qué?
—Nada —murmuró, genuinamente asustado.
Temari no dijo más, solo salió de la cocina. Gaara miró hacia la puerta, una espesa gota amarillenta escurrió de su cabello y una pequeña sonrisa se asomaba, tímida, por sus labios.
Esa era la primera vez que se sentía incluido.
Publicación original: Miércoles, 01 de marzo de 2017
Re-publicado: Jueves, 15 de noviembre de 2018
