Comida
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Hinata recibía los rayos del sol, alegremente, una mañana temprano, antes de comenzar sus lecciones de caligrafía. A lado de ella, su madre se encontraba sentada, conteniendo en su regazo a una enérgica Hanabi, cuyas manitas rechonchas se estiraban para tomarlo todo. La nodriza había dejado un pequeño refrigerio momentos antes y en esos instantes Hinata tomaba el pan de leche y se lo llevaba a la boca.
—¡Am!
Los ojos blancos se desviaron hacia las manos que se abrían y se cerraban, los ojos de Hanabi estaban clavados en el panecillo.
—¿Quieres darle? —preguntó su madre.
Asintió y su madre sentó a Hanabi en medio de ellas. Hinata partió el pan a la mitad y le dio el trozo a la pequeña, que sonrió, lo tomó de inmediato y comenzó a babearlo, sin dejar de mirar a Hinata y sonriendo, con las mejillas rosadas.
~oOo~
Hinata y Neji descansaban luego de un arduo entrenamiento, en esos momentos bebían una refrescante agua de frutas que un sirviente había dispuesto para ellos, junto a unos cuantos bocadillos; comían en silencio, mirando el jardín. Hanabi salía del dojo en esos momentos, agotada por un extenuante y fructífero entrenamiento con su padre; caminó hacia los mayores en completo silencio y se sentó a lado de ellos.
Tomó del plato de Hinata la última bolita de arroz y se lo llevó a la boca, bajo la atenta y discreta mirada de su hermana, que solo reprimió una sonrisa y bebió en silencio su agua de frutas.
~oOo~
Hinata tejía, tejía y tejía… se le podría ir la vida tejiendo y Natsu se encargaba de mantenerla nutrida e hidratada, pues había notado que la muchacha se olvidaba de comer luego de entrenar, con tal de terminar su tejido. En esos momentos un pequeño plato de cerdo agridulce con piña se mantenía humeante sobre la mesa y Hinata comía de él, de manera distraía, sin interrumpir demasiado su labor.
Hanabi deslizó la puerta, sin anunciarse, y se sentó al otro lado de la mesilla, mirando las madejas de estambre y el interminable hilo azul que salía de algún punto de la cesta. Hinata le dedicó una sola mirada y siguió tejiendo, luego extendió la mano y tomó los palillos, para llevarse un bocado. Los ojos blancos de Hanabi miraron el plato y cuando Hinata volvió a su tejido, estiró una mano, tomando un trozo de carne y llevándoselo de inmediato a la boca.
—Te vi —murmuró Hinata sin dejar de tejer. —Consigue el tuyo.
Hanabi acercó la mano al plato y tomó un trozo de piña, no dejó de mirarla mientras lo comía. Hinata suspiró y negó, ¿qué remedio?
Creí que no podría actualizar, ¡estas últimas semanas han sido de locooooos! Se supone que estoy de descanso, pero ya quiero volver a la oficina porque no he descansado jajajaja ;-;
Publicación original: Lunes, 20 de marzo de 2017
Re-publicado: Jueves, 22 de noviembre de 2018
