Niño llorón

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Hana era primeriza en eso de ser hermana mayor y en esos momentos hacía gala de su increíble don de la paciencia, el cuál Kiba tenía la capacidad de hacer desaparecer. Lloraba por todo. Lloraba cuando tenía hambre, lloraba cuando tenía sueño, lloraba cuando lo dejaban solo, lloraba cuando había hecho del baño, lloraba cuando estaba aburrido, lloraba cuando estaba enojado, lloraba cuando estaba triste, lloraba cuando se le caía algo…

Lloraba por llorar.

En esos momentos Kiba dormía en su cuna y Hana no podía evitar montar guardia al sueño de su hermanito, porque sabía que en cuanto aquella cosa rosada y cachetona abriera los ojos, comenzaría a llorar; entrecerró ligeramente los ojos cuando el bultillo se removió y dejó salir un pequeño quejido, pero se relajó al escuchar el silencio que procedió aquel ruidito. El bultillo volvió a removerse y Hana se acercó a la cuna, mirando el rostro contraerse; los labios de Kiba se abrieron y los ojos se apretaron.

Hana estiró la mano y le metió un dedo en la boca, cuando sintió las encías y la lengua enredar su dedo, vio el gesto de Kiba relajarse lentamente, hasta volver a aquel del plácido sueño.

Sonrió ampliamente y le acarició suavemente la cabeza.


Publicación original: Lunes, 01 de mayo de 2017

Re-publicado: Jueves, 10 de enero de 2019