Mimos frustrados
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—¡Ya llegué!
Hana se anunciaba, antes de abrir la puerta, como era ya la costumbre y los hermanos Haimaru, pequeños y esponjosos, comenzaron a sacudir sus colas, pero se mantenían sentaditos frente a la puerta, a una distancia prudente. La puerta se abrió entonces y la niña sonrió al verlos, ellos agitaron sus colas con más ganas y sus patitas delanteras se levantaban en el aire por la emoción de volver a verla y la frustración de mantenerse sentados.
—¡Hola! —les saludo con voz emocionada que se iba tornando melosa. —¡¿Me extrañaron?!
Los tres aullaron, amenazando con llorar de la emoción. Hana dejó caer entonces su mochila y abrió los brazos, al tiempo que se arrodillaba. Aquella era la señal más ansiada por los cuatro, cuando ella abría los brazos ellos eran libres de romper su formación y saltar desesperados y emocionados a darle lengüetazos al rostro.
—¡Ay! ¡Yo también los extrañé! —aseguró, repartiendo caricias y recibiendo lengüetazos a cambio. —¡Sí, sí, sí! Los extrañé mu...
Las palabras murieron en su garganta y miró, primero por el rabillo del ojo, a Kiba, que la miraba desde uno de los sillones y disimulaba muy mal la risa.
—¿Qué me ves, pulga?
—Son perros ninja. ¿Tienes idea de lo tonta que te ves?
Hana se mantuvo en silencio, ligeramente avergonzada, aun con los hermanos Haimaru encima de ella… ellos no perdían la emoción de verla a pesar de su cambio de humor.
—¡Piérdete!
Kiba corrió, esquivando los objetos que Hana le arrojaba, con algo de dificultad, y sin parar de reír.
Publicación original: Jueves, 1° de marzo de 2018
Re-publicado: Viernes, 22 de febrero de 2019
