Fría venganza
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Atsui era el energético e incontrolable; Samui recatada e inalterable… en cierta medida, pues sus manos aun temblaban con una furia fría al recordar la última broma de que había sido víctima y, a pesar de que todos esos años a lado de Atsui no le habían enseñado demasiado del arte de ser un engendro engorroso y nefasto, de pronto tuvo una idea.
Observó al rubio indolente, que corría bajo el sol con su enorme sonrisa y rodeado de sus estridentes carcajadas, y miró el reloj.
Más tarde, cuando Atsui entró a casa luego de entrenar, no le extrañó encontrar a Samui sentada en el comedor con un libro entre sus manos. Con una fuerza desmedida, precisamente calculada, empujó la cabeza de la niña, que no pudo detener el impulso y solo pudo mirarlo con las cejas juntas, y los cabellos revueltos, luego de soltarle un manotazo que apenas le rozó un hombro.
—¡Huy, caliente, casi te quemas! —se burló, enseñándole la lengua.
—Casi te quemas —murmuró malhumorada, volviendo la mirada a su libro... pendiente de los pasos de su hermano.
Como había calculado, el rechinar del grifo de la ducha le llegó, lejano.
Samui pegó un brinquillo para bajar de la silla. Burlando con inocencia la vigilia de su madre, llegó al pequeño cuarto donde se mantenía la caldera y luego de contemplar las tuberías unos segundos, sin dudarlo, giró la llave.
El grito de Atsui aún le retumbaba en los oídos y el niño aún se quejaba cuando ella volvía a ocupar su sitio en la mesa. Abrió el libro, pero se permitió desviar la mirada cuando su hermano apareció envuelto en una toalla, tiritando de frío y con el cabello escurriendo, aún.
—M-Mami… —tartamudeó, entre el castañeteo de sus dientes. —N-No… hay agua calien-te…
—¿Qué? —preguntó su madre, alejándose. —Pero si yo encendí la caldera… quizá se apagó…
Su madre aún murmuraba cosas cuando notó que Samui, que leía en la mesa, estaba demasiado contenta.
Viernes, 19 de abril de 2019
