Mocos
.
—¡Qué asco! —se quejó Hana, viendo el hilo viscoso y verde entre los dedos.
Kiba no comprendió realmente de qué iba todo aquello, pero Tsume le había limpiado las manos con un pañuelo luego de regañarle. El moquillo con el que había estado jugando fue desechado junto con aquel trozo suave de papel en un bote de basura.
No tardó demasiado en aprender que hurgarse la nariz no era bien visto, y que Hana lo aborrecía con todo su ser, pero era una extraña costumbre, que siempre realizaba de manera distraída. A veces lo hacía por aburrimiento, otras por no saber qué hacer con sus manos y pocas veces porque fuera necesario. No sabía cuándo había tomado esa costumbre, tampoco entendía porque, pero sus manos viajaban a su rostro sin que él lo notara.
Observó a Hana, con el dedo hundido en su nariz y, al sacarlo, se lo acercó al rostro. —¿Lo quieres?
—¡No! —espetó, alejándose de él y viendo el moco con pánico. —¡Mamá!
~oOo~
Agotado, con la espalda recargada contra la de Shino, contempló un amanecer que se sentía ajeno. Su cabeza aún no se recobraba del sopor causado por aquella ilusión que se había anunciado eterna, mostrándole una felicidad que no le correspondía y que no pensaba aceptar, pero aún provocaba sonrisas soñadoras que no se traducían en sus labios.
Un palmetazo lo obligó a salir de su ensimismamiento y por el sobresalto empujó a su mejor amigo, que no pareció molestarse por ello.
Agredido, se frotó la mano lastimada, y al levantar la mirada, su gesto agresivo, aunque no se tranquilizó, cambió ligeramente al encontrarse con los ojos severos de Hana, cuyo rostro lleno de suciedad y sangre seca no le perdonaba a pesar de las circunstancias.
—¡¿Qué quieres, Hana?! —gruñó, cansado y fastidiado. —¡No me dejas ni saborear el fin de la guerra, caray!
—¿Con guerra te refieres a tus mocos? ¡No cambias, Kiba! —excalmó, molesta.
Bajó la mirada, casi sin querer, observando su mano, en su uña había diminutos trozos secos que había rascado de su nariz sin darse cuenta. Apretó ligeramente los labios y enarcó la mirada, fastidiado, y cuando se disponía a acercarle el dedo para fingir que lo limpiaba en sus ropas, vio a la muchacha caer de rodillas frente a él.
—Oye…
Los brazos que rodearon sus hombros lo silenciaron. Exhaló el fastidio y correspondió el abrazo.
—Tu chaleco es un buen pañuelo —murmuró, sin soltarla.
Hana endureció el rostro, a pesar de su propio cansancio, y no dudó en apretar aún más el abrazo, sofocando a Kiba unos momentos.
Bien, mi vida está un poco caótica últimamente: sigo buscando dónde vivir, pienso renunciar a mi trabajo (obviamente necesito otro), además estoy terminando con 'Al otro lado del espejo' y 'Binario', estoy re-escribiendo 'Nocivo para la salud' y editando 'Sufre conmigo'... y aparte voy a empezar un canal en youtube (se muere de vergüenza)... voy a interrumpir las actualizaciones acá un tiempo, sirve que puedo juntar unas cuantas viñetitas para no andarme pasando cada venida de obispo jajaja. Quizá podría llamarse una segunda temporada(?) xD Espero no haya ningún inconveniente. Gracias por leerme y por su comprensión :)
Viernes, 03 de mayo de 2019
