Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, sino a Rowling.
* * *
Draco
Muchas veces me eh preguntado si alguna vez me cansaré de Hermione, al parecer no porque cada que la veo mi corazón late con fuerza y hasta me pongo de los nervios. Esa bruja me tiene hechizado. La miro disimuladamente en el comedor y en clase, ¡es inevitable! Salí con varias chicas creyendo que de esa manera me olvidaría de mi pequeña obsesión pero no funcionó, lo único que sirvió un poco fue molestarla a ella y a sus amigos, pero si seguía con eso, sólo conseguiría que aumentara su desagrado por mí.
Tenía un rato esperándola, ya me había abastecido de dulces, comprando suficientes como para dos semanas. Y cuando apareció valió la pena, lucía radiante con lo que sea que usara, para mí rodo le quedaba bien, era linda sin siquiera intentarlo.
—Al fin llegas, creo que los demás ya han comenzado —la acusé, tratando de controlar mi tono de voz para no delatarme.
—No importa, traes el pergamino, supongo —me miró expectante.
Saqué el pergamino de uno de los bolsillos al interior de mi túnica y se lo ofrecí —Aquí está.
Ella lo tomó y nuestros dedos rozaron, retiró la mano sin tener idea de lo que provoca en mí ese gesto despreocupado. La contemplé mientras leía el pergamino y luego me preguntó algo que por supuesto no alcancé a escuchar.
Sacudí la cabeza saliendo del trance —Lo siento, me distraje, ¿podrías repetirlo? —admití a lo que ella frunció encantadoramente el ceño.
—Ponme atención, Malfoy —pidió, eso es lo que hacía—. Decía que por lo que entendí, nuestra siguiente nota está en la casa de los gritos, mira —me pasó el pergamino y leí la nota.
—Coincido contigo, vamos —dije y la automáticamente la tomé del brazo alejándonos de la dulcería.
Buscamos por un par de horas, talvez en parte fue mi culpa al hacerla dudar en la traducción de unas runas, todo para pasar más tiempo con ella. Cuando terminamos estábamos tan cansados de caminar por todo el pueblo sin detenernos, que nos sentamos en un tronco junto a la calle principal para tomar un breve descanso.
—Espero que la dichosa recompensa de la que hablaba la profesora sea buena —expresé, quejándome por el entumecimiento de los músculos de mis piernas.
—No creo que sea la gran cosa —opinó ella encogiéndose de hombros.
—Tal vez tengas razón —reconocí y me miró con curiosidad— ¿Qué?
Se quedó en silencio unos segundos y luego preguntó lo que rondaba por su cabeza —¿Por qué de repente te comportas bien? Es decir, prefiero que seas de esta manera pero es extraño, un Malfoy medianamente agradable.
—Entonces, ¿Prefieres que te siga molestando? —pregunté desconcertado.
—No —respondió apresuradamente—, definitivamente es mejor así… regresemos, les avisé a Harry, Ron y Ginny que los vería pronto y talvez prefieras estar con tus amigos ahora mismo.
—Pueden sobrevivir sin nosotros, no me molesta estar contigo, creo que ya me acostumbre— le guiñé.
—¿Eliges quedarte conmigo y no estar con tus amigos o en otro caso, unas chicas? —preguntó entrecerrando los ojos.
—Ya habrá otras salidas, además los veo todos los días, si agregamos el hecho de que incluso dormimos juntos —le resté importancia—. Y ya compré todos los dulces que necesito.
—Yo si me tengo que ir, hasta luego —comentó poniéndose de pie.
—Espera —le di una rana de chocolate y sonreí—, para el camino.
La tomó, asintió como agradecimiento y se alejó por la calle principal. Yo esperé un poco y me dirigí a donde supuse que estrían Nott y Zabini.
_
Hermione
Ingresé a Las Tres Escobas en busca de mis amigos, pero los únicos estudiantes de Gryffindor en el bar eran Neville, Dean y Seamus. Me acerqué a paso tranquilo a su mesa, quizá se hayan encontrado con los demás.
—Hola chicos, ¿han visto a Harry? —pregunté al estar junto a ellos.
Estaba aquí hace un momento —me comentó Dean—, dijo que irían a la tienda de Zonko con los gemelos y allá te esperarían.
—Gracias, nos vemos luego —me despedí y los dejé seguir con su conversación.
Seguí el trayecto hacia la tienda de bromas y a mitad del camino me encontré con Malfoy.
Inevitablemente, se acercó a mí con esa sonrisa de lado surcando su rostro —Granger, ¿tan difícil es estar lejos de mí? —dijo volviendo a su antiguo comportamiento engreído.
Viré los ojos y moví la cabeza negativamente —Ya quisieras —Admito que el cambio fue lindo mientras duró.
—¿A dónde vas, entonces? —inquirió.
—Zonko.
—Que coincidencia, te acompaño —me ofreció su brazo y lo miré interrogante.
—Ni creas que iré colgada de ti —aclaré avanzando hacia la tienda por mi propia cuenta.
Ahogó una exclamación —Eres la primera que me rechaza —escuché detrás de mí en un tono de voz bajo.
Alcancé a ver por el rabillo del ojo que seguía parado en el mismo lugar —Pobre de ti.
—Solo trato de ser amable —dijo, apresuró el paso hasta alinearse conmigo.
—¿Qué te ha hecho querer cambiar tan drásticamente? —cuestioné, no he dejado de pensar en eso, ¿en serio, qué pretende?
Él se encogió de hombros y me dedicó una débil sonrisa —Tal vez pronto te lo diga.
Caminamos en silencio y al entrar a la tienda lo primero que vi es un Ron con los ojos abiertos y el rostro de un color parecido al de su cabello. Ni idea de por qué se ha puesto así, pero siempre que lo veo de esa manera me lo imagino echando humo por las orejas, se ve gracioso enojado.
Apenas percibí un ligero peso sobre mi hombro, volteé y comprendí la molestia de Ron.
Malfoy me sonrió y luego miró a Ron de forma burlona.
—Nos vemos luego, Granger —me soltó y se reunió con sus amigos que se encontraban al fondo del establecimiento, ajenos a la presencia de Malfoy y la escenita que estábamos protagonizando.
Yo caminé hacia Ginny, la cual me sonreía con su expresión de "te lo dije", cuando la alcancé nos alejamos de los chicos antes de que empezaran a increparme. Fuimos al lugar donde ellos jamás entrarían ni por una escoba último modelo, el salón de té de Madame Pudipié, ya una vez sentadas dentro del local, me interrogó.
—¿Por qué venían tan juntos? —Increíblemente, Ginny seguía sonriendo. Sinceramente espero que le ardan las mejillas por la constante contracción de sus músculos.
—Tengo la sospecha de que lo hizo para molestar a los chicos, porque estaba a una distancia considerable de él –bufé.
Ginny soltó una risa traviesa —Y vaya que funcionó, Ron debe estar muy celoso.
—Además yo venía de Las Tres Escobas y me lo encontré de camino hacia acá, él se ofreció a acompañarme, eso es todo lo que pasó —añadí ignorando su comentario.
Frunció el ceño, extrañada —¿No intentó nada?
—¿A qué te refieres, exactamente?
—Ya sabes, hacer como si fuera una cita… —Ah, Ginny iba a seguir con eso, después de todo.
—No fue una cita, y lo único amable que hizo además de ayudarme con el trabajo, fue regalarme una rana de chocolate —me vi tentada a mostrarle la rana de chocolate como prueba, sin embargo me contuve y no lo hice.
Ella asintió comprensiva —Deberíamos volver ya al colegio, antes de que vengan mi hermano y Harry a hacer preguntas sobre tu cita.
—¡Basta con eso Ginny! —Repliqué fastidiada por esa palabra y ella sonrió con fingida inocencia, dándome a entender que lo había dicho intencionalmente— Antes acompáñame a la Casa de las Plumas, necesito tinta y pergaminos —pedí con las manos unidas en un gesto de súplica.
—¿No tienes suficientes?
—No, vamos —salimos de nuestro escondite dentro del establecimiento sin ordenar nada y tiré de ella hacia la otra tienda.
Después de cenar, Ron y Harry me detuvieron en la sala común para sermonearme y Ginny se quedó a mi lado a manera de apoyo, por si me llegaba a sentir hostigada o perdía la paciencia, ella intervendría. Seguramente sería lo segundo.
—¿Qué te traes con Malfoy? —preguntó Ron sin rodeos.
Abrí una de las tontas revistas para chicas que seguramente eran de Lavender —En realidad, nada —aseguré con tranquilidad mientras pasaba las páginas con lentitud sin leerla realmente.
—Si tú lo dices yo te creo —comentó Harry, provocándome una sonrisa, aun así no levanté la vista de la revista.
—Gracias Harry, que bueno que tu si confías en mi —miré con recelo al pelirrojo.
Ron se levantó de un salto e hizo amago de abandonar la sala —Pues yo no creo que "nada" —dijo agriamente.
—Creí que ésta sería una larga conversación —comenté un poco confundida al verlo dar la vuelta.
—Puedes tenerla con tu novio Malfoy —casi gritó Ron antes de desaparecer por las escaleras a los dormitorios, Dean Thomas acababa de entrar a la Sala Común y se me quedó mirando al escuchar lo que salió de la boca de Ron.
—¿Qué le pasa? Tu hermano es todo un dramático Ginny —le comenté a mi amiga.
—Solo está celoso —dijo ella.
—No tendría por qué —opinó Harry—, ni siquiera se atreve a confesar sus sentimientos.
Me horroricé al escucharlo de mi propio mejor amigo —Ay, no, ¿también tú, Harry? —agradecí que no haya comprendido a qué me refería.
—Hermione, mi hermano es un tonto, no le hagas caso —habló de nuevo Ginny—, ya se le pasará.
Opté por cambiar el tema antes de que entre los dos intentaran convencerme de que supuestamente Ron estaba enamorado de mi —¿Qué hicieron en mi ausencia?
—Lo de siempre, ya sabes, tomar cervezas de mantequilla y charlar, ¿Cómo te fue con Malfoy? —Preguntó Harry con su intensa mirada fija en mí.
—Nos fue bien, aunque tardamos más de lo que creí, y no hubo peleas si es lo que crees que pasó —respondí con voz cansada.
—Me cuesta creerlo —confesó. A mi también.
—Deberías, desde que comenzó del ciclo escolar no me ha molestado ni una sola vez —admití, Harry siempre había sido el más comprensivo de los dos chicos.
—Te lo he dicho Hermione, Malfoy se trae algo contigo pero por más inteligente que seas no conoces a los chicos y sus intenciones —explicó Ginny—. Yo tengo 6 hermanos, sé lo que te digo.
—¡Oye! No puedo gustarle a todos con quienes hablo, Ginny, ¿quién podría fijarse en mí? Ni que fuera bonita o especial —protesté encogiéndome de hombros—, soy solo… yo.
—¿Cómo puedes decir eso de ti, Hermione? Estás tan ciega —me animó Harry para luego mirar a su novia con ternura—. Eres tan hermosa como Ginny.
—Aww, eres tan buen amigo —dijo la chica pegando la frente con la de su novio—, que tierno, Harry.
Tuve que interrumpir el momento con un carraspeo —Sigo aquí, ¿quieren que me vaya para que puedan besarse? —ellos se sonrojaron.
—Después hablamos, me iré a dormir —se despidió el chico.
—Vamos nosotras también, Ginny, me adelantaré —indiqué—. Hasta mañana Harry.
Me hizo una seña de despedida y subí a mi dormitorio, me acosté en la cama y al cabo de un rato entré al mundo de los sueños.
Por la mañana desperté con cara de horror, había soñado con Draco Malfoy.
Ahora sí creo que ya quedó un poco mejor, no sé cuándo subiré el 4, espero no tardar mucho.
Hasta la próxima,
Nia.
