Titulo alternativo: Como sobrevivir a tu primer trabajo y no envenenar a los clientes en el proceso.


En casa las cosas no fueron mejores, todavía podía escuchar los gritos furiosos de su padre al llegar del hospital, podía soportarlo lo merecía, pero al ver el rostro preocupado de su madre y sus ojos enrojecidos de tanto llorar, no pudo resistirlo. Incluso su hermana menor se mantuvo abrazada a su cintura desde que llego a casa, amenazando con no soltarlo nunca.

El sentimiento de la culpa, cayó sobre sus adoloridos hombros.

Paso las siguientes horas consolando a su madre y asegurándole que él estaba bien, no entendió por qué su madre estaba tan preocupada, hasta que vio el estado en el que termino la motocicleta. Si no hubiera caído de la moto, en esos momentos seguiría en el hospital o peor.

El fuerte golpe que recibió la motocicleta del otro conductor la dejo casi inservible. Cuando llego la policía a revisar el accidente, se percataron de que hombre que conducía el auto no solo iba a exceso de velocidad, si no también, estaba alcoholizado. Una buena noticia dentro de todas las malas fue, que al manejar ebrio el hombre no podía levantar cargos por daños a su vehículo.

Bien, con eso aclarado, solo faltaba la parte que le correspondía a Kevin, cumplir con su castigo.

-Trabajaras medio tiempo después de la escuela – sentencio su padre

-Qué, pero no puedo trabajar medio tiempo, que pasara con mi puesto en el equipo

-Tendrá que esperar

-Pero papá se acercan los partidos para las finales estatales

-Lo siento hijo, pero debiste pensar eso antes de tomar la motocicleta sin permiso – secundo su madre

-Pero saben lo mucho que me esforcé para ser aceptado en el equipo – tenía razón, tuvo que pasar varias pruebas para poder ser integrado al equipo

-Tendrás un trabajo, al que iras y te harás responsable de pagar lo que costara reparar la motocicleta, que tú destruiste – dijo con un tono de voz firme, que no dejaba lugar para algún tipo de queja

El pelirrojo se dejó caer derrotado sobre su cama, cuando sus padres salieron de la habitación.


Nunca pensó que tendría que hacer algo así, tener que renunciar al equipo de futbol americano, desechar todo el esfuerzo que ponía en cada entrenamiento.

-Solo será por un semestre – le aseguro su madre para animarlo

Un largo semestre, lejos del centro de atención, las porristas y las buenas fiestas después de los partidos. Kevin se sentía socialmente rechazado en ese momento. Desde las gradas vio como sus compañeros de equipo comenzaban su entrenamiento como todos los días después de clases. Kevin quería estar junto a ellos en el campo, pero no podía. Su padre se acercó a él después de conversar con su entrenador, bien ya era un hecho, estaba oficialmente fuera del equipo.

-Vamos, no quiero que llegues tarde a tu primer día de trabajo –lo apresuro su padre, caminando sin detenerse a esperarlo

Solo esperaba que su padre se apiadara un poco de su pobre alma y no le hubiera conseguido un trabajo vendiendo comida rápida o algo así, aunque a estas alturas, duda de su buena suerte.


Esto, tenía que ser una broma.

-Y aquí tienes tu uniforme, debes usar el delantal cuando te toque llevar las órdenes – dijo la gerente del local – Y no olvides usar tu identificación, tiene que estar siempre visible para que los clientes puedan verla

Una broma, de MUY mal gusto.

-Gracias por todo, le aseguro que mi hijo hará un gran trabajo – dijo su padre antes de estrechar la mano de su nueva jefa

De todos los lugares donde podía conseguir un trabajo de medio tiempo, nunca pensó en la posibilidad de trabajar en esa cafetería. Servir café y pastelitos no era tan malo, lo desastroso de la situación era que a ese lugar iban la mayoría de las chicas de su escuela. Que iba hacer cuando lo vieran usando ese ridículo uniforme de rayas. Kevin solo quería enterrar su cabeza bajo tierra igual que una avestruz, en ese momento.

De repente la idea de servir hamburguesas y papas fritas en el McDonal's, ya no le parecía tan mala.

Contra su voluntad, fue obligado a portar el uniforme del local, que constaba de una camisa a rayas blancas y amarillas, un delantal café claro equipado con una pequeña libreta y pluma, y unos pantalones negros. Con esa ropa parecía que llevaba puesto un letrero que decía "Por favor, patéame" en letras mayúsculas.

-Muy bien, ahora te mostrare las instalaciones – la gerente lo condujo a la parte trasera del local – Te presentare a tu compañero de práctica, él te ayudara a integrarte

Y solo para aumentar más su sufrimiento, tenía que encontrarse con él en este lugar.

-Te presento a Eddward, espero que logren trabajar bien juntos

-….

Si la muerte social existía, Kevin estaba a punto de descubrirlo.


El lugar estaba siempre ocupado por las molestas parejitas cursis y grupos de amigas que parecían solo reunirse para sentarse en la misma mesa y no despegar la mirada de sus teléfonos móviles. Bueno era mejor que le pusieron más atención a lo que había en sus manos, a que lo vieran a él desfilar de un lado a otro con ese espantoso uniforme.

-Kevin, podrías por favor limpiar el congelador, no tardaran en traer más helado

-Estaba a punto de hacerlo, doble tonto – contesto de mala gana, yendo por una paño húmedo a la cocina

Desde que comenzó su tortura en esa cafetería, su interacción con Edd se limitaba estrictamente a lo laboral. Sin conversaciones forzadas, ni intentos falsos de amabilidad, solo dos personas normales trabajando en el mismo lugar. El doble tonto pareció estar de acuerdo con eso, ya que tampoco parecía muy dispuesto a hablar con él. Mejor todavía, no es que Kevin muriera porque le hablara de todos modos.

La primera vez que estuvieron que trabajar juntos, fue un desastre, Kevin no tenía ni la más remota idea de lo que hacía, confundiendo los nombres de los pastelillos, las mesas y los clientes. Iba de un lado a otro sin saber exactamente qué hacer.

Edd en su puesto detrás de la caja registradora, observaba todo. En un par de ocasiones parecía que estaba a punto de decirle algo, solo para al segundo siguiente cerrar la boca y no decir nada. Que gran equipo hacían. Kevin termino con dolor de cabeza y a Edd parecía que estaba a punto de darle un ataque de nervios.

Kevin trabajaba en el lugar más cursi del planeta, al lado de Edd, el chico más listo de toda la escuela. Pero nada de eso importaba, porque al final ninguno de los dos parecía dispuesto a dirigirse la palabra.

Por esa razón, al día siguiente fue la misma historia.

Kevin estaba a punto de un colapso nervioso, cuando uno de los maestros lo amenazó con dejarle trabajo extra al no poner atención en su clase. Y pensar que su mal día no terminaba al llegar la última clase, solo iniciaba otro día de equivocaciones en el trabajo. Sentía ganas de llorar.

Pero solo porque Edd era una buena persona y con el paso de los días había reunido el coraje necesario, esa tarde durante su turno se acercó al pelirrojo. Llego justo a tiempo para evitar que Kevin se derramara una taza de café encima. Se miraron mutuamente por un momento.

-Gracias – dijo el pelirrojo, volviendo su atención a la bandeja con pastelillos que tenía que entregar

Edd con la taza aun entre sus manos, la deposito con cuidado junto a los aperitivos dulces.

-No deberías llevar todo al mismo tiempo, podrías terminar tirándolo todo por el exceso de peso – sugirió Edd

-Quieres decir, más trabajo – contesto Kevin sin mucho aprecio

-No, digo que sería mejor el café terminara en las mesas y no sobre el piso… o sobre ti

La mirada de pocos amigos que recibió por su último comentario, hizo que Edd se arrepintiera de inmediato, volviendo a su lugar en la caja registradora. Para su sorpresa al salir de la cocina, Kevin solo llevaba el equivalente de un pedido por mesa en su bandeja. Había tomado su consejo.

Y así comenzó todo.

Eddward noto luego de una semana, que Kevin parecía más dispuesto a escuchar sus "consejos" y él de igual forma se sentía más seguro a la hora de expresar su opinión, al saber que sus palabras eran tomadas en cuenta.

Hasta llegar a esta especie de tregua entre ellos. Un punto bastante cómodo para ambos.


-¡Kevin! – exclamo una voz femenina a su espalda

El pelirrojo reconoció al instante aquella voz que lo llamaba. Se giró asustado, topándose con la mirada color miel de la chica.

-¡Ann! ¿Q-qué haces por aquí? – pregunto nervioso

-Algunos chicos me contaron que estabas trabajando y pues…

Oh mierda. La noticia de que Kevin tenía un trabajo de medio tiempo, no era un secreto. Pero se había asegurado de que nadie, bajo ningún motivo supiera en qué lugar pasaba todas las tarde encerrado. Hasta hoy. Ahora Ann estaba ahí y lo veía vestido con ese estúpido delantal.

-Qué lugar tan… interesante – agrego con dificultad, parecía que la palabra interesante, sustituía la palabra que realmente quería decir

-Es un trabajo temporal – se apresuró a decir, se sentía fatal, la chica de sus sueños, ahora le tenía lastima, que tan bajo podía caer.

Uno de los clientes en ese momento lo llamo, obligándolo a dejar a la chica castaña.

-No te preocupes por mí – dijo ella – Igual ya tengo que irme, solo quería pasar a saludar, así que te veré mañana en clase

Y tan rápido como llego, se fue, llevándose con ella el poco orgullo que a Kevin le quedaba. Estaba seguro que luego de eso, la chica no volvería a hablarle nunca y eso desinflo su ánimo por completo. Ya no podía ir a fiesta, no pertenecía al equipo de futbol y la chica que le gustaba, estaba fuera de su alcance.

Necesitaba tomar un descanso.