Titulo alternativo: oh de cuando Kevin descubrió su incapacidad para conseguir el libro correcto

Se sentía exhausto. La pantalla frente a él mostraba el olvidado archivo de word, que continuaba en blanco. El primer trabajo de una larga lista de tareas por terminar, tenía hambre, sueño y por más que lo intentara no lograba concentrarse.

Kevin se dio finalmente por vencido y abandono su intento inútil por continuar sus tareas. Se acercó a la ventana de la sala y miro atrás vez de ella con expresión aburrida, busco a su hermana localizándola rápidamente al otro lado de la calle, junto a otras niñas jugando con una colorida pelota.

Apoyo los brazos sobre el marco de la ventana y descanso su barbilla sobre ellas. En la casa justo enfrente de la suya, vislumbro un extraño reflejo de luz brillante que duro apenas un parpadeo, la figura delgada de Edd apareció en el jardín contrario, traía una lupa en la mano (la culpable de ese extraño brillo) y unos guantes amarillos, que parecía demasiado grandes para sus manos.

El señorito perfección examinaba las plantas de su jardín, seguramente el renacuajo ya había terminado todas sus tareas y añadido material extra a cada una de ellas, solo porque podía y porque le encantaba presumir, Kevin frunció el ceño, repentinamente molesto consigo mismo, alejándose de la ventana y volviendo a sus tareas.

Odiaba a las parejitas crisis.

-¿Desean ordenar algo? – Pregunto por tercera vez, elevando un poco la voz

Funciono. La pareja de enamorados dejo de hacerse caras ridículas entre si y voltearon a verlo apenados. Garabateo rápidamente el pedido y regreso a la cocina. Esa mañana en particular no le había ido bien en su clase de filosofía, había recibido una nota muy baja, por lo que no se encontraba particularmente de buen humor ese día. Edd pareció notarlo, ya que al verlo llegar, titubeo antes de darle un saludo cordial como siempre lo hacía.

Un saludo que pocas veces Kevin respondía de buena gana.

Los primeros días había decidido simplemente ignorarlo, pero una voz en su cabeza con el mismo tono de voz enojado que su madre usaría lo reprendió, "Es de muy mal educado no responder a un simple saludo kevin", lo sabía, pero pensó que al paso de los días y al no recibir una respuesta a su saludo, el doble tonto dejaría de hablarle, cosa que no ocurrió, apenas cruzaba la puerta principal se encontraba con la cara de Edd mirándolo detrás del mostrador, luciendo su uniforme perfectamente limpio y libre de arrugas. Kevin siempre se preguntaba como lograba llegar tan temprano todos los días, no importaba que tan puntual fuera, Edd siempre estaba ahí antes que él.

Y como todas las tardes, Kevin entro sin detenerse a mirarlo, yendo directamente a la puerta de empleados, escuchando el breve saludo que Edd le ofrecía, con una voz tímida.

El doble tonto y sus buenos modales.

Los movimientos de Kevin eran rápidos y bastante bruscos. Para poder recuperarse de su espantosa mala nota, debía sacar un excelente en su siguiente ensayo, pero primero debía encontrar algún libro que fuera lo suficientemente tolerable, para que no terminara dormido durante el arduo proceso de leerlo. Coloco unas rebanadas de pastel de zanahoria sobre los pequeños platos sin ningún tipo de delicadeza y salió de la cocina.

Por un fugas instante, contemplo la posibilidad de pedirle ayuda al doble idiota detrás del mostrador, idea que rápidamente desecho, no necesitaba su ayuda.

Para cuando volvió a salir, había un par más de esa parejitas cursis ocupando las mesas, suspiro armándose de toda la paciencia que le fue posible reunir y saco su libreta de pedidos del bolsillo.


La escena era tan extraña que ni siquiera resultaba graciosa. Kevin miro hacia ambos lados la larga fila de libreros atiborrados de libros, por qué enserio, había demasiados. Su expresión de confusión total no pasó desapercibida por la maestra que en ese momento hacia guardia, sentada en un escritorio junto a la entrada. Parecía como si ella desconfiara de sus verdaderas intenciones al estar ahí, como si esperara a que de un momento a otro Kevin sacaría un encendedor de su bolsillo y le prendería fuego a todos los libros.

Kevin lamentaba decepcionarla, pero él ni siquiera tenía un encendedor en su bolsillo, no fumaba, o bueno ya no. Un día después de las practicas del futbol, se reunió con algunos de los jugadores detrás del campo a fumar un inofensivo cigarrillo; cuando el entrenador los descubrió, amenazó con hacerlos tragar el paquete entero de cigarrillos si los volvía a encontrarlos fumando esa porquería.

Nadie se atrevió a fumar después de eso.

El pelirrojo se acercó al libreto que tenía más cerca y tomo tres libros al azar. No le gustaba ser el receptor de la mirada acusado de la maestra, por lo que rápidamente abandono la biblioteca, con esos tres libros que no tenía la menor idea de si le servían de ayuda.

Y efectivamente, esos libros no estaban ni remotamente cerca del tema que necesitaba, por lo que se vio obligado a hacer una segunda visita a la biblioteca, pero esta vez se aseguró de llegar a primera hora del día, con un poco de suerte no encontraría a ningún maestro vigilando a esa hora.

Pero a estas alturas Kevin ya debería saber que la suerte no es algo que estuviera de su lado.

Con los tres libros en su mano entro a paso rápido, frenando en seco al encontrarse a la familiar figura de Edd frente a los libreros. Cruzaron miradas por un incómodo par de segundos sin decir nada, Edd empujaba el pequeño carrito que la bibliotecaria usaba transportar los libros, se veía tan genuinamente sorprendido de verlo.

Kevin sintió repentinamente la necesidad de alejarse, por lo que fue directo al librero más alejado que encontró, fingió estar interesado en alguno, solo para no mirar en dirección a donde Edd estaba. Fue en ese momento estando a tan pocos pasos de distancia, que por primera vez Kevin se sintió nervioso en presencia de Edd. Después de un par de minutos se rindió y salió tan rápido como pudo sin mirar atrás, intentaría conseguir el material para su ensayo mañana o quizás nunca, ya no lo sabía.

Y más tarde ese mismo día, vería de nuevo a Edd de pie tras el mostrador de la cafetería, saludándolo como siempre lo hacía...