Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a lazyhappylucky.

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—Pensé que me odiabas.

Murmuró él cuando sus miradas rápidamente rompieron el contacto visual. Siendo consciente de donde estaban, pero los jóvenes no les prestaban atención, la mayoría de ellos no estaban lo suficientemente interesados como para reconocerlos a ninguno de ellos.

Era tan poco característico de él apreciar si tenía sentimientos negativos hacia él o no. Era la situación, solo eso. Su sonrisa reflejaba el poder de su vanidad. Ella le importaba un poco, pero no lo suficiente como para darle una mirada sincera. Todo en él era un gran montaje, él nunca se atrevería a hablarle tan gratamente.

—¿Cómo lo supiste?

Estaba sorprendida. Eso era bastante malo, concluyo, prefería no exponer su debilidad, especialmente no delante de él.

—Tú me lo dijiste.

Su sonrisa se convirtió en un ceño fruncido rápidamente, luego recuperó la compostura y se convirtió en su habitual expresión de desinterés. «Era mejor que verlo fruncir el ceño.» Ella pensó eso hace ya casi seis meses, cuando estuvieron frente a frente en su habitación, mientras sus ojos se nublaban de ira y decepción. «¿Cómo pudo haber pensado alguna vez eso?»

—Oh —ella ofreció como respuesta, mirando hacia sus pies. No lo recordaba tan claramente como Sasuke, pero fue un momento embarazoso para ella. Un momento en el que dejó fluir sus sentimientos, y esos se hicieron cargo, por lo que dijo cosas de lo que se arrepentiría más tarde. Y ella realmente lamentó lo que sucedió ese día.

—Pero ese no parece ser el caso. —Suspiró sarcásticamente, rodando los ojos, para luego fijarlos en su rostro. Se sentía un tanto confundido, humillado y furioso.

Sus ojos entrecerraron cuando el rubor cubrió sus mejillas y continuó mirando hacia abajo, decidiendo que no justificaría las locas teoría de Sasuke al darle una respuesta.

—Parecías muy emocionada de verme.

—Sasuke por favor. —Cerró los ojos bajo su escrutinio, odiaba cuando hacía eso. Él la miraría fijamente hasta que ella se hiciera añicos y terminaba diciendo todo lo que él quería que dijera.

—Puedo estar equivocado, solo lo asumí, ya que nunca me has besado voluntariamente antes-

—Tengo que irme. —Chilló, ignorando por completo lo que Sasuke iba a decir para degradarla. Se dio la media vuelta y se dirigió hacia la salida, que parecía alejarse cada vez más a medida que caminaba.

—Hinata espera. —Él iba detrás de ella, agarrando su hombro lo más suavemente posible—. ¿No podemos hablar de esto?

—¿Qué estás haciendo, mi señor?

Los ojos de Hinata se clavaron en la esbelta mujer que se acercaba a él. Ahora era ella quien estaba confundida. Sasuke se volvió hacia la chica. Ella le acarició el hombro, mientras que él le lanzaba una de las miradas más mortíferas que tenía. El lenguaje corporal no era importante para Hinata, peo lo que ella estaba usando si lo era. Rápidamente reconoció el anillo que la chica lucia en su dedo medio y no pasó mucho tiempo para que Sasuke notara que Hinata ya se había percatado de ello.

Podía sentir el calor subiendo a su rostro, la humedad en sus ojos.

—Bastardo. —Escupió, casi sin aliento. Sasuke puso una mano sobre su rostro, no creía que esta mujer pudiera arruinar su noche aún más—. No puedo creer que pensé en razonar contigo. No eres más que un mentiroso. No te sientes mal por lo que sucedió. Mientras yo oculto mi rostro sin razón aparente, tu vienes a los clubes nocturnos con putas. —Regaño, sus ojos se dirigieron a la joven mujer a su lado por un momento.

—¡Oye! ¡No soy una puta! —Chilló ofendida, mirando al hombre que tenía al lado, esperando que él tomara represalias y dijera algo en respuesta al insulto de Hinata. Él solo estaba ligeramente perturbado de que ella eligiera justo este momento para tener un ataque emocional.

—Bueno, está bien que te subas en tu altar todo el tiempo, pero también estás en un club nocturno, y vestida así —sus palabras brotaron con ímpetu.

—Pero no estoy con otro hombre. —Se quedó boquiabierta, era algo simple que cualquier idiota común entendería.

—Tampoco estoy con un hombre.

¿Cómo podía bromear justo ahora? ¿Cómo podría siquiera decir bromas? Esto era solo una de las cien cosas que Hinata silenciosamente odiaba de él. El Uchiha era como una daga, que disfrutaba al verla retorcerse y torturándola al decir exactamente lo contrario de lo que cualquier persona normal diría. Él tenía una lengua realmente filosa.

—Hinata, si te vas a quejar, al menos puedes decir cosas con sentido.

—Eso... solo me lleva de vuelta a lo de bastardo. —Comenzó antes de mirar alrededor, viendo que ella y su ingenioso de marido estaban haciendo una escena.

Todos en esas oscuras cuatro paredes los miraban a los dos, bueno a los tres. La mayoría permanecía en silencio, otros reían y los señalaban. Casi trecientas personas se detuvieron en seco, con la boca abierta y bebidas en sus manos.

—Mi señor, creo que deberíamos salir. —Hinata habló lo suficientemente alto como para que la mayoría de las personas pudiera escucharla mientras tiraba de la mano de Sasuke.

—¿Por qué irnos? ¿Qué podemos decirnos estando a solas que no podamos decir frente a cientos de personas? —él le acarició la mano, ella lo miró con una expresión desgarradora, mientras su desafiante sonrisa permanecía en sus labios—. Pero si sientes que deberíamos irnos, probablemente deberíamos hacerlo, respeto tu opinión.

Hinata finalmente soltó un suspiro, desfrunciendo el ceño.

—Mia.

—Es Mina. —La mujer a su lado corrigió, poniendo énfasis en el N.

Hinata sintió pena por ella, ¿cuándo aprenderían? ¿Por qué las chicas siempre se enamoraban de chicos a quienes les importa una mierda las mujeres?

—Misa, ve a arrancar el auto, ¿quieres?

Siguió sonriendo, sacando las llaves de su bolsillo y colgándolas frente a su rostro. La chica que fue su acompañante esta noche, fácilmente se convirtió en su asistente personal, esa era la forma en la que él operaba.

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El viaje fue accidentado y lento, Hinata miraba por la ventana en un desesperado intento por ignorar al hombre sentado a su lado. La hizo sentirse un poco inquieta, no del todo, pero ahora tenía solo la mitad de la confianza que tenía cuando entró en el automóvil. Fue una pequeña derrota para ella. además, el que Sasuke nunca perdiera su confianza, tampoco ayudaba. Sólo porque Hinata había ganado algo, no significa que lo vencería. Después de todo, todavía era más pequeña, más dulce, y menos cínica. Ella también era muy buena y en su caso, eso era una desventaja. Él la atacaba por ese lado. Ese día, mientras yacían en su cama, pensando en la vida que él arruino, el Uchiha lanzó su ataque. Ella era su novia y por el resto de su vida ella temería serlo. Esa noche se quedaron juntos, vestidos como reyes y reinas, y silenciosamente la forzó a confesarle amor eterno, el cual no existía. Ese día mientras estaban sentados juntos en una mesa con su padre y él sigilosamente deposito esa —carga— en sus manos. Él la atacaba. Él siempre la atacaría a ella.

Ella sintió sus ojos en su espalda y se retorció. Parecía que no habían avanzado sino a unas pocas millas por la ciudad, la casa de Naruto no estaba muy lejos. —Sasuke, detente. —Ella habló, sin mostrar signos de debilidad en sus palabras.

—¿Detener qué? —él respondió.

Lo vio venir, quería comenzar algo con ella. Quería que conversaran para poder beber el néctar de su descontento. Había pasado tanto tiempo y él estaba tan sediento.

—Sabes lo que estás haciendo, deja de mirarme así. —Respondió.

—¿Te molesta que te desvista con los ojos?

—Vete al infierno.

—Ouch. Te has vuelto tan traviesa. —Raramente actuaba así. Y aquello le disgustaba. Ni siquiera cuando tenían sexo le decía cosas tan repugnantes. Lo único que podía oír mientras la sofocaba con su pecho musculoso y su perfume, eran fuertes gemidos y el ocasional —te amo— que le susurraba secamente en el oído cada vez que ella comenzaba a moverse demasiado.

—¿Puede esta mujer conducir más despacio? —Ignoró las inmaduras tácticas de Sasuke para instar a la joven a conducir más rápido.

—Tengo un nombre, sabes. —Chilló, Hinata estaba comenzando a odiar su aguda voz. Ella tenía que estar en la escuela secundaria, Sasuke se iba a por las jóvenes.

—¿Me veo como si me importara? —refuto venenosamente.

—¿De eso se trata? ¿Quieres un anillo también? —Él pregunto como si ella fuera una niña pequeña.

—Sabes qué, quiero mi anillo y quiero la mitad de la casa, la mitad de las mucamas, la mitad de las propiedades, la mitad de la cuenta bancaria, la mitad de los autos, la mitad de la línea de ropa, la mitad de las casas vacacionales y quiero la mitad de los muebles. Tienes suerte de que no tenemos hijos o estarías en problemas, así que quiero la mitad de todo. —Le soltó, poniendo los ojos en blanco y contando sus activos con los dedos. Su expresión se redujo al instante cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo.

—¿Te refieres a un divorcio? —la miró en estado de shock. Ella se alejó de él y asintió con los brazos cruzados. Sintió como si estuviera a punto de tener un ataque cardiaco, pero mantuvo su mirada severa—. Me temo que no puedes hacer eso. —Se mantuvo firme mientras el color se escapaba de su rostro, y volviéndolo de un blanco fantasmal.

—Oh, ¿no quieres que tu preciosa posición de Hokage se arruine? Has pasado seis meses sin mí, estoy segura de que ser Hokage será te fácil. —Ella se burló.

—No Hinata. ¿Por qué es tan difícil creer que me preocupo por ti? —tocó su hombro.

—¿Tratas a las personas que te importan así? Me mantienes encerrada en una casa a oscuras por tres años, me haces renunciar a mis amigos, luego te paseas con tus amiguitas y esperas que tenga sexo con tu Hermano. ¿Y ahora te veo tratando a una chica al azar mejor de lo que tratas a tu propia esposa? —ella lo miró a los ojos, que no mostraban ninguna emoción—. ¡Y tú! ¡No eres mejor! —le gritó a la chica que conducía, quien hizo contacto visual con ella a través del espejo—. ¿No ves que te trata como a una puta común? Simplemente te está usando, él no te ama, de hecho, no le gustas. Para ser honesta, incluso podría odiarte. Eres su chica de turno, solo duraran una semana, y una vez que termine contigo, te rechazará y serás marcada como la puta de la ciudad por el resto de tu vida. Vete ahora mientras todavía tienes algo de dignidad.

—Ocho meses. —Esas fueron sus únicas palabras mientras miraba hacia sus propias manos.

—¿Ocho meses? ¿Qué va a pasar en ocho meses? —Hinata le espetó. Ella no tenía tiempo para sus adivinanzas.

—Ese era el tiempo que te quedaba en Konoha antes que yo llegara. Ese era el tiempo que tu padre iba a mantenerte cerca hasta que pudiera casarte con un tipo viejo y rico. No podías pelear. No podrías tener hijos. No podías bailar, ni cantar, ni hacer nada a lo que sacarle provecho, ni siquiera querías ser enfermera o algo así. Casarte era lo único para lo que pensaba que eras buena.

Ella no sabía por qué él estaba diciendo eso, ¿era para herir sus sentimientos? —Así que supongo que también fallé en eso. —Ella murmuró.

—No tiene que ser así. Todo lo que tienes que hacer es cooperar conmigo-

—¿Cooperar contigo? ¿Y supongo que eso implica vender mi cuerpo por una referencia comercial de un cuarto de millón de dólares?

—Sabes que no es eso lo que quiero decir.

—No me importa. Nada de eso es verdad, porque la única vez que dices lo que realmente piensas es cuando te beneficia a ti y a tu estúpida compañía, lo cual no me importa. —Lo interrumpió, con una expresión desagradable que le mostró exactamente lo horrible que pensaba que él era—. No quiero escuchar tu voz a menos que estés diciendo lo que realmente sientes.

—Hinata, nunca voy a ser cursi, dulce y amoroso. Las emociones son para los débiles y para aquellos que necesitan ser protegidos, no para aquellos que van a salvar a toda una aldea.

—Soy tu esposa, me mantienes cerca por esa misma razón, para compartir tus pensamientos más íntimos.

—No tengo pensamientos íntimos Hinata. Mi mente consiste en funciones de planificación y el comercio, en resolver problemas y en tácticas de campaña, y el dinero. Siempre en el dinero. Todos los que conozco representan una ventaja, todo lo que poseo es una ventaja, cada colega que tengo es una cuenta en un banco en el exterior. ¿Te das cuenta de lo difícil que es para mí decirte que te amo? Nunca le dije a mi madre que la amaba.

—Por lo tanto, ¿odias a tu madre? —asintió tratando de darle sentido a cualquier tontería que él le decía. Fuera lo que fuera con lo que le estaba intentando de convencer, realmente sabía cómo hacerlo.

—Por lo tanto, te quiero más. Puede que no siempre haga las cosas que haría un hombre común, pero no soy un hombre normal. Y como dije, no importa cuánto signifiques para mí, todavía eres un activo, una herramienta. Si te uso, no tiene nada que ver contigo personalmente. Podría ser cualquiera.

—Pero no un cualquiera, soy yo.

—No volverá a ser así otra vez.

Sus palabras hicieron que su corazón se detuviera, su voz sonaba casi angelical y le llamaba como un imán. Sabía que era un buen mentiroso, debería haber sido un abogado en lugar de un político: «es un excelente mentiroso.» Él podría mentirle al mismísimo Dios y este le creería sin dudarlo. ¿Tal vez no estaba mintiendo? ¿Tal vez honestamente había cambiado para mejor? ¡Diablos no! ¿Por qué lo haría? ¿Ha tenido medio año para saltar de mujer en mujer tantas veces como quisiera frente a sus ojos? ¿Dejaría eso para volverse dulce? Ella lo dudaba.

—Si quieres que sea malhumorado, cursi y romántico, puedo serlo. Puedo llevarte flores cuando vuelva a casa del trabajo, puedo comprarte todo lo que siempre has soñado, y sí, podemos salir a comer de vez en cuando. Solo dime qué es lo que quieres.

Hubo un largo silencio entre los tres, el único sonido que se podía oír era el golpeteo de las rocas en el camino contra los neumáticos. Ambos sentían el incómodo cambio en la velocidad del auto, que comenzó a ir más lento y más lento hasta que Hinata estaba segura de que estaba yendo por terriblemente lento por la carretera.

—Muéstrame. —Ella dijo, rompiendo el silencio—. Demuéstrame que serás una mejor persona. —No lo miró mientras hablaba, él podía notar que estaba librando una batalla intensa dentro de su mente.

—¿Cómo puedo demostrártelo? —preguntó.

—Si eres honesto, debería ser fácil deducirlo. Si no lo eres, no pierdas el tiempo. —Tan simple como eso, se sentía muy arriba en la posición de poder. Ahora era ella quien mandaba, la señora. Ella lo controlaba por una vez y no al revés. Si era amor o lujuria lo que él buscaba, ella tenía el control de ambos e iba a usar bien ese poder. Tomaría todo, todo.

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Fin Capitulo Once

Naoko Ichigo mother of dogs