Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a lazyhappylucky.
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Capítulo de flashback
—Hinata, no pareces estar feliz, como debería estarlo una mujer que se va a casar en cuestión de minutos.
Los deslumbrantes recuerdos de días cuando todo eran dulce y simple regresaron. Estaba de pie frente a un espejo, vestida de blanco y encaje. Odiaba mirar su propio reflejo, esto era algo impuesto y no significaba nada para ella. Aun así, sabía que debería estar feliz, por lo que fingió por el bien de las personas a su alrededor, sabiendo que pronto se convertiría en parte de su vida. Su madre le pasó las finas y enfermizas manos por el cabello, si tan solo hubiera sabido que esa sería una de las últimas veces en las que sentiría el contacto frío y distante de su madre.
No era algo que normalmente disfrutara, odiaba que su madre estuviera enferma, no era su culpa, pero le causaba tanta miseria. Pero esto la obligó a buscar consuelo en los brazos de un hombre solitario. La conexión que sentían entre ellos, era solo gracias al dolor que ambos experimentaron a lo largo de sus vidas. Se recordaban silenciosamente cada detalle agrio y mórbido de sus vidas y se consolaban mutuamente.
Ahora ella se iba a casar con él. ¿Quién tenía la culpa? Ninguno. El reloj marcaba su sentencia y el tiempo de esos escasos momentos compartidos entre una niña y su madre se reducían.
—Estoy muy feliz. —Ella respondió después de una larga pausa, sin desear estresarla más.
Sentía que su estómago se revolvía. Ella no sabía si se lamentaría, o si todo esto le haría las cosas más simples. Seguía preguntándose cómo sucedió todo. El día anterior ella estaba sola y miserable. Ahora estaba siendo asfixiada con la atención, pero se sentía dos veces más miserable.
—No pareces feliz.
Repitió esa misma oración muchas veces los días previos a su matrimonio. Cada palabra estaba vacía y llenaba de soledad su alma con vehemencia. Parecía incluso que el mismo príncipe intentaba complacerla de la peor manera. Parecía querer algo más, era eso, o no deseaba que ella se aburriera de sus gestos excesivos y sin sentido. De repente, quería que ella estuviera más cerca de él y mostraba su desilusión claramente cada vez que Hinata se alejaba. Mirando al suelo, tratando de ver si había algún dispositivo que retrocediera el tiempo para ir y dejar a Sasuke junto a los neandertales.
—Madre, por favor. Estoy feliz. Amo a Sasuke.
Incluso ahora, esas palabras no tenían sentido. Quería convencerse a sí misma que no importaba lo que sintiera. Sasuke Uchiha estaba encaprichado con ella, y él siempre obtenía lo que quería, incluso si ese algo era una persona. Hubiera preferido casarse con Kiba o Naruto. Pero, de todas formas, preferiría estar con Sasuke, a quedarse completamente sola.
—Mi pequeña niña, va a casarse con un príncipe.
La mujer mayor rió para sí misma. Estaba abrazándola.
Pero los príncipes nacían con sangre real, independientemente de sus cualidades. Sasuke no era nada parecido a un príncipe, pero era reverenciado como uno. Personas de todo el mundo, que no sabían nada aparte de su nombre, venían a verlo casarse con una mujer sin importancia. Mientras que muchas chicas la odiaban por ello, otras personas también llegaron a envidiarla, otras se dedicaban a especular sobre cómo sería la vida de la esposa bellamente perfecta del Príncipe Uchiha.
—Madre. —Ella empezó. Tragó el exceso de saliva que tenía en la boca. Quería decirle algo, cualquier cosa para disuadir esta falsa emoción que le estaba mostrando a su madre, pero no, no lo haría. La hacía tan feliz, feliz por primera vez en mucho tiempo. A su padre no parecía importarle que su esposa estuviera mortalmente enferma, él todavía la cuidaba y permanecía a su lado durante las noches más difíciles. Todavía sufría con ella y disfrutaba pasar a su lado esos últimos días, pero comenzó a demostrar que sabía que su muerte estaba cerca y que no podía hacer nada al respecto, por lo que dejó de comprar esas costosas pastillas que tenían efectos secundarios horribles y duraderos, y dejó de contratar médicos extranjeros. De experimentar con procedimientos no probados. Contrató a un fisioterapeuta para que la ayudara a lidiar con el dolor y, ocasionalmente, le suministraba analgésicos, mientras le preguntaba una y otra vez qué era lo que más deseaba en el mundo.
Esto la hacía realmente feliz, si no podía para ver a sus dos hijas casadas, al menos, a la mayor si podría verla.
—¿Sí? —después de una larga pausa, su madre estaba impaciente.
—Nada. Creo... que puede que ya sea el momento. —Habló, mientras recogía los extremos de su vestido para no arrastrarlo por el suelo—. Estoy lista. —Comenzó a caminar mientras su madre se sentaba en el borde de la cama, admirando a su hija mientras se alejaba. Hinata simplemente miró por el pasillo, cada ama de llaves, mucama, chef y jardinero se voltearon. Todos pensaban que lucía hermosa, lo creería más si algún conocido se lo decía, pero eso ya no importaba.
Su boda fue tradicional. Sasuke no quería una boda grande para recordarle ese día. Solo porque era un Uchiha, la boda si era elegante, exclusiva y llamativa. La ceremonia principal tuvo lugar dentro de la oficina que Hiashi Hyūga compartía con los doce ancianos del consejo Hyūga. Tenía que encontrarse con él antes de las dos de la tarde. Aún era temprano, pero no quería dejar que esta sensación se alargara. Después, organizarían una ceremonia grande, para que los espectadores se convencieran de que estaban locamente enamorados. Sasuke no creía en esas tonterías y mitos de boda televisadas.
Él eligió el vestido que ella usaría, cada detalle de la boda fue diseñado y escogido por él. Incluso los platos para la cena tenían el símbolo de la familia Uchiha impreso en ellos. Ella obviamente creía que él era un dios.
La mucama más anciana ayudó a Hinata a bajar las escaleras, y también la llevaría a la habitación de esa enorme casa que tenía su familia. No llegó al final de las escaleras, cuando vio al Uchiha. Estaba de pie allí, derecho y altivo, parecía casi muerto. ¿Casi? Él estaba muerto. Todos estaban muertos después de todo. Parecía como si hubiera estado allí todo el día. Ella no le hablo, solo siguió su camino, hasta estar a su lado y lo miró a los ojos. Él era delgado, solitario y engreído. No tenía nada agradable para decirle al respecto. Aun así, lo miró para mostrarle que no le tenía miedo.
Ella no tenía miedo de convertirse en una concubina para él, no tenía miedo de tener un bebé, no le tenía miedo a nada. Las cosas reales no lastiman a los hombres muertos. Pero ella quería hacerlo, quería decirle lo que pensaba, decirle lo que necesitaba para herirle los sentimientos y que la dejara seguir su camino. El silencio entre ellos era denso y agobiante. El sonido de su respiración la sobresaltó y ella podía sentir su disgusto.
—Sasuke. —Finalmente ella lo llamó con voz suave. Él ni siquiera la miró, continuó mirando hacia adelante como una estatua. Sabía que la había escuchado, así que no se molestó en repetirse. Cuando hablaba con él, sentía como si estuviera hablando con una pared de ladrillos, esto solo hacía que las cosas parecieran un poco más realistas—. ¿Qué pasa si... nuestro hijo nace sordo? ¿Qué pasa si él... o ella... no es un heredero exitoso?
Su mente vagaba y ella no podría evitar decir sus pensamientos en voz alta. Normalmente no le hubiera dicho nada, pero sabía que debían hablar de esto por el bien de los niños que vendrían a futuro. Ellos eran como el oro para Sasuke. Si hubiera alguna manera de que él pudiera casarse con sus óvulos no fertilizados y no con ella, estaba segura de que él lo haría. El Uchiha no le respondió. Y Hinata pensaba que no le importaba, pero a ella sí. Reflexionaba siempre sobre esta idea, y esos pensamientos la hacían sentir enferma. La idea de que todo lo que hizo por tener esos hijos no valdría nada. Se había casado con un hombre, para él que ella no significaba nada y que era una constante molestia, todo esto era con el propósito de procrear a unos herederos perfectos.
—Sasuke. —Lo llamó nuevamente.
Aunque estaba cubierta con un espeso velo, la escuchaba, pero nunca le respondería. No quería que ella supiera que si le importaba. Que pensaba que ella era hermosa. Que cuando le sonreía, el odio en su corazón comenzaba a desvanecerse. Que cada vez que ella le hablaba, su corazón latía con fuerza. Que la miraba con el ceño fruncido simplemente por la emoción de ver su rostro decepcionado, para ver como sus labios realizaban el puchero más hermoso que vio en su vida.
—Sasuke, por favor respóndeme. —Su voz sonaba más suplicante esta vez y él todavía no entendía lo que ella quería que dijera. Sabía exactamente lo que ella sentía, se sentía abandonada y aislada, y una vez más, sola. Y él se empapaba de esos sentimientos. Ella sabía lo que era ser abandonada y él se alimentaba de eso, como si del más dulce néctar se tratara—. Sasuke por favor. Necesito saber... sí esto, es más que-
—Hinata, vamos a casarnos, al menos trata de no ser una molestia. —Su lengua era tan aguda, pero era su forma de calmarla y dejarle saber que él se preocupaba por su bienestar. Simplemente no quería discutirlo en este momento. Las únicas cosas en su mente eran la boda, la firma de los documentos, sus padres, y finalmente desflorar a la hermosa virgen.
La última vez que tuvo relaciones sexuales, fue cuando aún estaba en la academia, antes de que él decidiera que aquellas chicas inmaduras e idiotas, eran inútiles para él. Pasó casi una década antes de que pusiera su mirada sobre Hinata.
La puerta frente a ellos se abrió, Hinata trato de mantener las lágrimas dentro de sus ojos. No quería que su padre la viera llorar, la llamaría débil e inútil y odiaba eso más que a nada. Hiashi les permitió entrar a la oficina. Los doce ancianos del consejo Hyūgas estaban sentados detrás del escritorio, mientras Hiashi estaba detrás de su hija y de su yerno. Esperaron las duras palabras de los ancianos. Eran las únicas personas a las que su padre temía. Él estaba indignado con Sasuke, él era engreído y no le importaba para nada el potencial que poseían los Hyūga. Sin embargo, igualmente le temía, el Uchiha podía engrandecer o romper su linaje y podría destruirlo a él también.
—Sasuke Uchiha, nacido el veintitrés de julio, de veintiséis años. Del clan Uchiha, hijo de Fugaku y Mikoto Uchiha. Poseedor de la sangre Uchiha. Esta aquí para contraer matrimonio con la hija mayor del líder del clan Hyūga. Y para transmitir su semilla a nuestro gran clan. Hinata Hyūga, nacida el veintisiete de diciembre, de dieciocho años. Hija de Hiashi y Hitomi del clan Hyūga. Sera entregada al señor, Sasuke Uchiha. —Hiaro, el mayor de los ancianos habló.
Ella no pudo evitar pensar que era estúpido, decir todas esas cosas no eran del todo necesarias. «¿Iban a decirle a los invitados el tamaño de su zapato también?» Eso la hizo gruñir internamente y quedó atónita cuando el alto y melancólico hombre a su lado gimió en voz alta. Ella lo miró, tenía un ligero sonrojo en las mejillas, ya que se había dado cuenta de que lo había hecho en voz alta. Mirándola, ambos intercambiaron silenciosamente una perezosa sonrisa, antes de dirigir su atención hacia el hombre que estaba hablando.
—Ahora firmaremos los rollos sagrados, cada uno de los clanes, para que esta unión quede registrada para siempre. Sasuke Uchiha, ¿tienes tu pergamino? —preguntó el hombre.
Asintiendo Sasuke rápidamente sacó el pergamino del interior del bolsillo de su traje. Él era el guardián del pergamino Uchiha desde que sus padres fallecieron. Estaba limpio y cuidado, realmente se encargó de proteger ese pergamino. Se lo entregó al anciano mayor, quien lo extendió sobre la mesa, junto al pergamino Hyūga. Ambos miraron los colores que chocaban, verde suave contra azul profundo. Esto representaba sus mundos mezclándose.
Ambos sabían qué hacer, ya lo habían ensayado una y otra vez. Sasuke silenciosamente firmó los dos antes de entregarle el bolígrafo a Hinata quien también los firmó. Mientras ella dejaba el bolígrafo sobre la mesa. Parpadeó. Todo había terminado. Levantó la vista hacia su esposo, que parecía saber lo que ocurriría después, se lo recordaba mentalmente todo el tiempo. El rollo de papel obviamente fue devuelto al su bolsillo del que salió. Esto debió ser algún tipo de ritual que esas famosas familias de clase alta tenían.
A través de los ruidos fuertes, gritos, sollozos y música clamorosa. Una puerta se cerró de golpe y los ojos de Hinata se abrieron ante la habitación oscura. Era su habitación, la habitación en la que se había estado hospedando durante meses junto con su prometido, pero no estaba preparada para esto, nunca podría estar preparada para lo que vendría. Él entró a la habitación. Apenas podía ver su rostro, pero sabía que era él quien estaba allí merodeando, deseándola.
Ella estaba expuesta, no intentó alejarse ni cubrirse, quería que sucediera. Él no vio su vacilación, por lo que llevó a cabo su plan. Ella era tan hermosa, tan impresionante. Tan sensual, que él quería hacerle de todo y luego verla retorcerse. Si tan solo pudiera ver su expresión cuando ella llegara al orgasmo, esa expresión con la que había soñado tantas veces antes. Si tan solo…
Este sería su gran día, él recorrería su cuerpo con sus húmedos labios, exploraría todo de ella y al principio Hinata estaría disgustada, pero lentamente se excitarían con sus habilidosas caricias. Él era un gran amante. Al final, sus compañeras siempre terminaban muy satisfechas, y cuanto más pensaba en lo increíble que él era, más quería demostrárselo. Hinata sabía que era un hombre rudo, con sangre caliente y bestial corriendo por sus fuertes venas. Pero quería mostrarle que era mucho más que eso.
Era un amante agradable, su lengua era hábil en formas que nunca podría comprender y sus caderas se movían de manera que la llevarían a lo más alto del cielo. La llevaría tan rápido y golpearía su cuerpo contra el suyo una y otra vez, mientras le regalaba el orgasmo más intenso y emocionante de su vida. Sus gemidos serían rugidos y ella chillaría de placer. Sus piernas se separarían firmemente mientras sus dedos trabajaban en su interior. Sabía cómo burlarse de ella para que siguiera suplicándole por más y le gritara palabras sucias que ni siquiera sabía que conocía. Él se reiría de lo apasionada que era y la torturaría recordándoselo.
Al final, rodaría hacia un lado solo para dejarla respirar. Dejando que rememorara todo lo que le había hecho, él tomaría su virginidad, haría suyo ese cuerpo, por su propia conveniencia. Ella gemiría, si pudiera hacerla llegar una y otra vez, esa era su resolución, hacerla su mujer.
Él no lo pensó dos veces. Corrió hacia ella y estrello sus labios contra los de ella. Hinata nunca había sentido esa ferocidad en él. Sus labios eran tan cálidos y húmedos, hundiendo profundamente su lengua entre sus labios. Ella estaba sorprendida, no tenía idea de lo que estaba pasando. No fue hasta que se separaron y él comenzara a destrozar su vestido de boda de un millón de dólares, que se dio cuenta de que él era atractivo para ella, como ella lo era para él. Todo lo que pensó sobre haberse casado con él, con ese hombre de piedra, se fue al carajo.
Cuando ella era más joven, no podía evitar que sus ojos de vez en cuando vagaran por su cuerpo, pero ahora se daba cuenta de cómo había cambiado. Su pecho estaba mucho más marcado y su trasero era perfecto. Ella lo deseaba y ahora podía dar rienda suelta a ese deseo oculto. Finalmente estaban juntos y ese chico, del que una vez pensó era encantador y que tenía un cuerpo aún más encantador, estaba a punto de penetrar los confines de su alma. Ella quería disfrutar esto tanto como él lo haría.
Sus pechos eran grandes y sus pezones estaban duros, el aire en la habitación era frío y se estremeció bajo el toque de Sasuke.
Él no se molestó en esperar, se arrodilló y rozó sus labios sobre cada pezón. Ella lo miró de cerca, fue increíble ver sus labios acariciar sus pechos. Sin previo aviso, paso la lengua y le dedico una cálida y húmeda caricia a duro pezón. El tacto era tan cálido comparado con el de sus labios. Se quedó sin aliento y pudo sentir su excitación. No había nada que le impidiera sentirlo, pero él quería disfrutar del momento.
—Tienes pechos grandes y redondos. —Declaró.
Eso envió un pulso tan fuerte a través de su área privada, que no tenía idea de lo que estaba pasando. Estaba aturdida, extendió la mano para poder sentir su pecho esculpido a través de su camisa, pero él le negó el acceso. Agarró sus muñecas con las manos y las presionó con fuerza contra la cabecera.
La besó de nuevo, mientras él le mantenía las manos sujetas, ella quería verlo y sentirlo, pero él no permitiría que eso sucediera, tal vez si ella se lo pedía. Tal vez si se arrodillaba y le suplicaba, y le mostraba cuanto lo quería, tal así él la dejaba mirar. Su otra mano se deslizó por su torso, recorriendo su plano estómago, hasta legar a su objetivo. Le movió las bragas blancas de encaje que llevaba. La tocó suavemente, para que las puntas de sus dedos sintiesen la humedad de su sexo. Sus dedos se humedecieron casi al instante, ella era demasiado encantadora. Él maniobró alrededor de sus pliegues, para deslizar su dedo dentro de ella.
Su gemido fue fuerte y ella apretó los dientes, realmente era una virgen. Un pensamiento enfermo cruzó por su mente. Imaginó su expresión de dolor cuando el placer la invadiera mientras se hundía en ella una y otra vez. Lloraría mientras veía cómo su virginidad se desgarraba. Él ya podría sentir esas pequeñas y gruesas gotas de líquido pre-seminal formándose en su miembro, estaba tan a tono con su cuerpo. Y apenas si la estaba tocando.
—Hinata, abre los ojos. —Dijo suavemente mientras jugaba con su cuerpo, con una mano le pellizcaba sus pezones, mientras la otra mano la tenía hundida entre las piernas femeninas. Solo quería ver su rostro cuando se llevará su propio dedo índice entre los labios y probara su sabor, mientras humedecía su dedo para que se deslizara suavemente sin causarle ningún dolor.
Su boca se abrió de par en par, pero no dejo salir ningún sonido, entrecerró los ojos y frunció el ceño mientras lo miraba. Todavía no se había tomado la molestia de hacer algo especial, simplemente lo movió suavemente dentro de ella. Soltó un jadeo y cerró los ojos. Él rió. Esa era la primera vez que lo escuchaba. Él rió en voz alta, pero rápidamente se detuvo.
—¿Lo sabias Hinata? ¿Sabías que tenía el poder de hacerte sentir así todo el tiempo, y sin siquiera esforzarme? —La escuchó gemir y eso lo excitó más allá de la razón. Él presionó sus labios contra su oído y le susurro por lo bajo—. Dime lo que quieres. Puedo hacerte sentir cosas increíbles. Imagínalo, este es solo mi dedo, espera hasta tener mi pene dentro de ti. No sabrás qué hacer. —Sus palabras no la estaban ayudando.
Sacó su dedo y lo empujó hacia adentro, una y otra vez. Sus ojos, a pesar de estar cerrados, se podía apreciar de que estaban viendo maravillas. Ella estaba jadeando, luego hizo algo que nunca pensó que haría, agarró su mano y la empujo dentro de ella y gimió más fuerte. Sasuke estaba seguro de que despertaría a toda la aldea. Él le arrancó la mano, quitándole el dedo que tenía dentro. Ella no protestó, pero vio que quería hacerlo. Así que se lamió el dedo, sin prestar atención a su desesperación. Luego se arrodilló y agarró los extremos de sus bragas con ambas manos y lentamente se la quito. Movió sus ojos sobre su parte más privada, admirando lo limpia que estaba. Se había afeitado, debe haber sido idea de su madre. Ella amaba a Hinata y amaba que estuviera con él. Ella le enseñó a Hinata cómo ser la esposa perfecta y le comento a Hinata exactamente lo que se esperaba que hiciera. Algunas cosas fueron importantes, algunas otras, simplemente fueron deliberadamente ignoradas.
Él se puso a trabajar. Primero deslizo la lengua por toda la superficie, luego se centró en el lugar más importante y sintió temblar sus piernas alrededor de su cabeza. La besó y lamió, su nariz se frotaba contra su dulce flor y para ella no podía ser mejor. Su espalda se arqueó contra la cama y se retorció contra las sábanas. Le avergonzaba que hiciera sonidos de succión, estaba segura de que las sabanas baso su trasero estaban ya empapadas con sus fluidos.
Su lengua hizo un excelente reemplazo de sus dedos, aunque así no podía llegar tan lejos, pero sabía que era mejor de esta forma. Tenía que seguir. Su saliva se mezclaba con sus jugos. La mano de Hinata se alzó para acariciar su clítoris, y eso lo sorprendió, pero no le importó. Él siguió lamiendo su sexo con avidez, pero después de unos minutos apartó su mano para que él pudiera ser el único que la probara. Su sabor le recordaba al té verde dulce o a un melocotón maduro. Sus caderas chocaron contra su rostro. Él retrocedió, ella estaba empapada y él tomó esto como la oportunidad perfecta. Rápidamente se bajó la cremallera, se quitó los pantalones y los tiró al suelo, con la ropa interior junto con ellos.
Hinata se tragó el nudo en la garganta y sus ojos se humedecieron y se ensancharon cuando ella lo vio. Su miembro era grande, grueso, estaba duro y la apuntaba directamente. Su boca se hizo agua, no se veía tan atractivo, pero se imaginaba que eso la haría llegar al orgasmo.
—Hinata, mira lo que me has hecho. Has sido tan traviesa, tocándote a ti misma y dejando que tu bonito coño empape mis sábanas.
Ella solo vio como sus labios se movían. Podía sentir su deseo pulsante dentro de ella y sus piernas instintivamente se abrieron de par en par, rogándole que entrara en ella. No necesitaba ninguna otra señal, no le importaría si tuviera una. Él estaba listo y eso es todo lo que importaba. Lentamente se alineaba contra su entrada. Ella gimió cuando empujó contra ella, y sin aviso, estuvo entro. Ella gritó, no jadeo, no gimió, solo pudo gritar. Su cabeza se sacudió violentamente. Se mordió el labio inferior para evitar volver a gritar. Él entraba y salía de ella, sin establecer un ritmo definido. Era rápido, y cada vez entraba más profundo.
Ella ya no gemía, estaba en silencio, en estado de shock. Ya no podía oír sus palabras, solo podía escuchar los latidos de su propio corazón y sentir sus lágrimas corriendo por sus mejillas. Algo salió mal, todo esto salió mal. Fue muy rápido. Demasiado áspero. A ella no le gustó, de hecho, lo odiaba ahora. Era peor que una violación, porque se suponía que debía estar feliz. Se suponía que debía acompañar sus movimientos y rodar en éxtasis. Se suponía que debía estar gimiendo y gritando de placer.
Ella simplemente se quedó allí preguntándose cómo había sucedido esto. ¿Por qué surgió este dolor? ¿Por qué no se detenía? ¿No podría ver sus lágrimas en el medio de la oscuridad? ¿Esto era tener sexo? Lo que Sakura e Ino le chismorreaban en la academia. ¿Era este el Dios del sexo con el que se había casado? ¿Cómo terminaron así? ¿Cómo llegó allí? ¿Por qué? ¿Por qué ella aceptó su propuesta? ¿Por qué dejó que la tomara así? ¿Qué sucedería ahora? ¿Cómo terminaría esto? ¿Qué podía hacer ella?
Todo el tiempo tuvo que escuchar sus gemidos y gruñidos, y aceptar como su enorme miembro desgarraba su cuerpo. Y ella trato de rememorar esos momentos de su vida donde todo era mejor, volviendo a cuando todo parecía estar bien, pero la repugnante realidad del egoísmo de Sasuke la trajo de vuelta. No se molestó en querer saber si la había lastimado intencionalmente, o por qué se negaba a mirarla cuando hacían el amor o por qué había saltado a la penetración sin terminar los juegos previos. A ella no le importaba. No importaba, ya nada importaba. Eso era todo lo que ella podía pensar.
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Fin Capitulo Trece
Naoko Ichigo mother of dogs
