Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a lazyhappylucky.

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Sasuke sacudió su cabeza, las mujeres eran tan confusas para él. Aquí estaban, a solo unos minutos de que partiera su vuelo y Hinata todavía llenaba su maleta con ropa que probablemente no usaría. Sasuke había notado que recientemente ella compraba ropa nueva, en el pasado solía ser muy indecisa cuando se trataba de ir de compras, no gastaba demasiado dinero, pero ahora siempre estaba comprando cosas que realmente no necesitaba. Especialmente suministros de emergencia, eran cosas prácticas y necesarias, pero no cuando se las compraba en exceso.

—Hinata, ya es suficiente. No nos dejarán subir al avión si llevas más ropa —se apoyó en el marco de la puerta e intentó razonar con su esposa. Se sintió terriblemente perturbado cuando vio cómo ella empacaba furiosamente artículos al azar en su nueva maleta.

—Señor Uchiha, el chofer los está esperando. Su vuelo sale en veinte minutos—una de las criadas más jóvenes entró en la habitación para darles el mensaje y para llevarse la ropa sucia.

Sasuke tamborileo sus dedos contra la puerta y le dedico su mejor mirada de: "Te lo dije".

—Nos estamos quedando sin tiempo. No quieres perderte la boda de tu prima, ¿verdad? —instó ya de mal humor. Lamentablemente ahora ella le mostraba toda su terquedad y hacía falta más una palabra para que ella hiciera lo que él quería. Pero, aun así, se sentía contento de verla reír llena de felicidad y alegría, así es como debía ser y verse la esposa de un príncipe.

—Sasuke, ya casi termino, ten un poco de paciencia —afirmó mientras intentaba cerrar la maleta.

El Uchiha se quedó viendo como ella luchaba con los botones de uno de los bolsillos de la maleta. Él podía notar que algo estaba rondando en su mente, si tan solo supiera el problema que se gestaba dentro de su cabeza, pero ella le prometió que no volvería a ser como antes, indecisa y pesimista, ni a estar triste. Ella también lo había perdonado. Aun así, tenía cierta intuición, el monstruo de la duda crecía dentro de ella hasta volverla loca.

—¡Señor Uchiha, su vuelo sale en dieciocho minutos! —la misma criada les avisó una vez más antes de volver a desaparecer, como si estuviera haciendo algo importante. Sasuke solo podía pensar en la diversión que tendrían todos sus empleados durante su fin de semana libre. Soltó un suspiro de alivio cuando vio a su hermosa esposa de pie, mientras trataba de arrastrar su maleta de dos toneladas. Al menos ella había terminado.

—¡Espera! Una cosa más. —Hinata saltó, dejando caer la maleta y corrió fuera de la habitación.

Sasuke exhaló, todavía no había terminado. Se estremeció al pensar qué otra cosa inútil trataría de meter en su ya repleta maleta. A los pocos minutos Hinata regresó corriendo a la habitación, con su peludo felino acurrucado entre sus brazos.

—¿Por qué vamos a llevar al gato? —Sasuke gimió.

—No podemos dejar a Tom aquí solo. —Hinata dijo mientras ataba el delgado collar al peludo cuello de Tom.

«¿Acaso importa?» Sasuke rodó los ojos, tenía la sensación de que este sufrimiento seria eterno. Ya habían pasado dos horas, viéndola empacar sus cosas. Lo que más le molestaba era el hecho de que desde hace dos meses ella sabía que tenía que preparar sus maletas, pero desde que encontró la invitación, había hecho de todo, menos empacar.

—Está bien, ahora podemos irnos. —Hinata suspiró como si estuviera aliviada y no como la fuente de toda la pérdida de tiempo. Dio media vuelta, arrastrando su bolso de dos toneladas por el suelo con facilidad, de no haber tenido ruedas, probablemente habría sido difícil. Palmeó el hombro de su esposo mientras salía por la puerta con una sonrisa—. Vamos, vamos, o harás que llegamos tarde.

Ella soltó una risita y se mordió el labio inferior mientras intentaba superar el creciente dolor en su estómago, en tan solo media hora más podía estar cómodamente acurrucada frente a un retrete.

—¿No será este un viaje encantador? —Sasuke se estremeció por el sarcasmo. Se arrodilló para agarrar rápidamente su propia maleta y se dirigió hacia la puerta. No tenía idea de cómo Hinata ya estaba a mitad de camino, pero supuso que la energía había llegado a ella.

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En los pasillos del aeropuerto todos los ojos se dirigieron a ellos. Les sonreían, los señalaban y susurraban lo perfectos y enamorados que lucían; al menos sus opiniones eran correctas en esta ocasión. Incluso personas de otros países sabían quiénes eran.

Sasuke estaba preocupado por verse ridículo al tener que llevar su propio equipaje, para él era vergonzoso el tener que realizar tales tareas serviles. Al menos estaban a mitad de camino.

Hinata sonrió y saludó a sus espectadores, Sasuke solo observó su comportamiento, en la última semana ella había cambiado. Antes era dulce, pero ahora era distante, siempre estaba haciendo observaciones o expresando sus opiniones y mantenían una distancia emocional de su marido. Eso a Sasuke le molestaba mucho, porque sentía que ella lo estaban castigando por la forma en que él la había tratado durante los últimos años de su matrimonio.

—Bienvenidos Lord Uchiha y Lady Uchiha —la azafata que supuestamente les asignaron se inclinó respetuosamente y dos hombres que estaban detrás de ella tomaran sus maletas. La aeromoza era joven, rubia y poseía una sonrisa que le causaba incomodidad a Hinata. Sasuke por otro lado se frotaba la frente, aliviado de que finalmente estaba recibiendo el servicio apropiado que se merecía—. Ahora por favor, aborden el avión —la azafata insistió, señalando a la puerta.

—¿No vas a revisar el equipaje? —Hinata inclinó la cabeza con confusión, la seguridad era algo importante. Si ella tuviera que hacer una lista de posibles psicópatas que atacarían en un avión, su esposo Sasuke fácilmente se quedaría en de dicha lista.

—Oh, no es necesario, hemos estado esperando su visita durante mucho tiempo. Mi asistente tomará su animal, él se lo devolverá cuando aterrice el avión. —La azafata muy emocionada se rió cuando otro hombre levantó a Tom de las manos de Hinata. La Hyūga asintió mientras subía las escaleras del avión, observando la sospechosa expresión de la aeromoza mientras les hacía señas a los dos hombres que cargaban sus maletas. Y tan pronto como escaparon de la sonriente y amable azafata, se encontraron con la otra chica rubia y joven de cara brillante con una sonrisa enfermiza.

—Permítanme mostrarles sus asientos. —La mujer tomó la mano de Hinata, lo que la hizo retroceder con sorpresa y disgusto. La Hyūga no pudo evitar ver su perfecto trasero y las femeninas de la mujer. En su aturdimiento, se preguntó si Sasuke estaba pensando lo mismo que ella, era este el tipo de chicas en las que no confiaba—. Aquí estamos —la azafata sonrió, mostrándoles su lugar. Hinata aprovechó para examinar a fondo el físico de la aeromoza, mientras Sasuke se sentaba frente a su esposa. Finalmente decidió que esa chica no era tan amenazante como había pensado y tomó su lugar al lado de Sasuke. Ella no necesitaba hacer o decir nada que arruinara su matrimonio.

—Por favor, siga las instrucciones de seguridad que se muestran en la pantalla y abrochen sus cinturones de seguridad, el avión despegara en cuatro minutos. —Sonó una voz en el intercomunicador. Hinata y Sasuke ya sabían qué hacer, así que no prestaron atención.

Hinata se retorcía incómoda en su asiento. Sasuke continuamente le daba pequeñas miradas de preocupación, trataba de imaginar que podría estar causando el descontento de su esposa, pero su mente solo podía pensar en qué hacer para que ella se detuviera.

La Hyūga cruzó las piernas y se cubrió el rostro con las manos, continuamente miraba su reloj, «tres minutos y doce segundos». Ella exhaló, tratando de mantener a raya su estómago.

Sasuke se mordió el interior de su mejilla, no podía evitar sentir la sensación de que algo estaba terriblemente mal con su esposa. Pasaron unos minutos, las cosas parecieron calmarse, pero los suaves sonidos de la respiración acelerada de Hinata eran innecesariamente fuertes para él.

—Hinata, ¿sucede algo? —Sasuke se rascó la parte posterior de la cabeza.

—¡Nada en absoluto, Sasuke! ¡Estoy tan emocionada por la boda! —Su cuerpo se animó de repente, pasando de marchito y miserable a enérgico.

—Este avión despegará, por favor asegúrese de que sus cinturones de seguridad estén abrochados. —La voz de intercomunicador anunció de nuevo.

«Oh, gracias a Dios». Hinata pensó. Aún se mordía el labio inferior, agarrándose el estómago con fuerza, si solo pudiera soportar cinco minutos más, estaría bien. Su cabeza estaba empezando a latir, por supuesto, ella sabía que un desastre se avecinaba y que ocultarle egoístamente cosas a su marido no era algo bueno, pero esto era un problema personal. La repentina turbulencia en el avión hizo que su estómago hiciera volteretas.

Los otros pasajeros miraban sin comprender por qué el avión parecía estar temblando tanto, sin mencionar los fuertes sonidos. El mismo Sasuke se distrajo lo suficientemente como para dejar de mirar las espantosas muecas que hacia Hinata. Los susurros de los otros snobs solo lograron marearla más. El avión lentamente se deslizo en un vuelo apacible y todos los pasajeros dieron un suspiro. Hinata de inmediato dirigió su atención a la señal sobre su asiento que les indicaba que el cinturón de seguridad ya no era necesario.

—Hinata… —Sasuke intentó hablar, pero su esposa bruscamente se levantó de su asiento.

—Tengo que refrescarme. —Bramó mientras corría hacia el baño al final del pasillo. Sasuke solo la vio escabullirse antes de encogerse de hombros y comenzar a leer el libro que había llevado consigo.

No podía creer que lo estaba haciendo otra vez cuando abrió la puerta del pequeño baño. Cayó de rodillas frente al inodoro y aulló de dolor al golpearse contra la cubierta del asiento. Las lágrimas brotaron de sus ojos por el dolor de la herida, por la estupidez de haberse lastimado y por toda la situación. Lo que alguna vez fue su desayuno abandonó su estómago con tal violencia que la mitad de sus mechones de cabello color ébano estaban cubiertos.

Cuando se detuvo, ella retrocedió. Esta era la segunda vez, la segunda en el día que había hecho esto. Casi la quinta vez en la semana y solo estaba a martes. Ella inhaló, luchando para no derrumbarse en lágrimas. Sabía que estaba haciendo mucho ruido, pero esperaba que todos estuvieran demasiado absortos en sus propios asuntos como para fijarse en ella. Sacudió la cabeza, finalmente apartó su cabello, con un poco de papel higiénico trato de limpiar el desastre que hizo. Justo cuando pensaba que todo había terminado, volvió a vomitar. Ella prefería que todo estuviera fuera de su estómago a que se revolviera dolorosamente dentro de ella.

—Disculpe, señora, ¿está bien? —La azafata abrió la puerta, asomando la cabeza antes de jadear. Ella entró corriendo, cerrando la puerta rápidamente—. Dios mío, ¿se encuentra bien?

—Solo vete, por favor. —Para entonces, la mayor parte de su cabeza estaba dentro del inodoro, por lo que la otra mujer apenas pudo escucharla.

—¿Disculpe? —Ella se acercó, pareciendo asustada y mortificada. Hinata se burló, realmente no tenía nada de qué temer, no tenía una enfermedad contagiosa.

—Solo vete. —Gruñó en voz baja para que la aeromoza la escuchara y le cerró la puerta. Los tacos de la azafata resonaron todo el camino hasta que llegó al asiento de Sasuke. Ella rápidamente se detuvo frente a él.

—¿Sabes que tu esposa está vomitando? —Señaló con el dedo índice en dirección al baño antes de alejarse. Sasuke rápidamente puso su libro sobre el asiento vacío de Hinata, se levantó de su asiento y corrió hacia el baño que estaba convenientemente a solo unos pasos de distancia.

Hinata no esperaba que él la irrumpiera, ella saltó de donde estaba sentada y se encontró con él. Su expresión era de disgusto mientras miraba alrededor del baño una vez limpio que ahora lucía como la sucia cubierta de un barco pirata. Él inspeccionó su rostro y luego cerró tranquilamente la puerta detrás de él.

Él la miró a los ojos y ella tembló en anticipación al su castigo que él le daría por armar tal repugnante episodio. Ella ahora agachó la cabeza avergonzada.

Sasuke abrió y cerró la boca varias veces, pero no decía ninguna palabra, no podía hilar sus pensamientos apropiadamente.

—Hinata, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás haciendo esto? —Preguntó con tono serio.

—Sasuke, por favor solo déjame tener privacidad. —Se secó el sudor de la frente, esto era más estresante de lo que él pensaba, en cierto modo, estaba agradecida por su ignorancia.

—Te dejaré sola cuando me digas qué te pasa. Nunca quieres hablar conmigo, no comes cuando estoy cerca, pasas horas en la habitación y me ignorarás cuando hablar contigo.

Ella negó con la cabeza, mirando el inodoro mientras lo abrazaba con sus brazos. «¿Era él realmente tan estúpido? ¿Cómo podía ser tan egoísta? ¿Cómo es posible que pensara que era el único molesto con la situación? Era... un bastardo».

No intercambiaron palabras, ella ni siquiera lo miraba, seguía mirando el inodoro. Apenas podía creer que pudiera sentirse tan mal. Suspiró, el ambiente se tornó denso.

Sasuke se mantuvo irritado e histérico, su aspecto reflejaba cada pensamiento que corría por su mente en este momento. Él nunca pensó que la vería hacer este tipo de espectáculos alguna vez.

En su cabeza conecto los puntos y disparó su mirada al rostro de su mujer y a la posición de su cuerpo. La ira repentina hirvió dentro de él.

—¿Estás embarazada? —Susurró ásperamente lleno de molestia e indignación.

—¡Soy bulímica! —Ella contradijo.

—Hinata, no eres bulímica, además se está empezando a notar —él señaló su apenas hinchado vientre. La rabia se estaba acumulando por dentro del Uchiha, ¿estaba ella en negación? Una mujer sabe que cuando está embarazada—. Todavía estoy tratando de descubrir cómo fue posible. ¿Pensaste que podrías esconder esto para siempre?

—Lo siento —ella suspiró—. Estoy tan avergonzada.

—¿Por qué sería eso un problema? —Sasuke preguntó como si fuera obvio. Ella estaba ahogándose en un vaso de agua.

—Sasuke, se supone que soy estéril —ella gimió, él realmente no lo entendía—. Ya hemos abandonado la idea de tener hijos y ahora cuando las cosas finalmente están comenzando a ir bien. Siento que lo estoy arruinando de nuevo.

—No fuiste tú quien lo arruinó la primera vez —él se arrodilló a su lado.

—¿Estás enfadado conmigo? —lo miró apenada.

—Un poco —él se encogió de hombros—. Pero estoy preocupado por ti —eso fue suficiente para permitirle relajarse, aunque sea por un segundo, ella incluso sonrió por un momento—. Solo espero que no engordes demasiado —él se levantó con un gruñido.

—¿Todavía podemos ir a la boda? —Hinata indagó mientras lo miraba.

—No creo que pueda detener el avión —Sasuke aceptó descaradamente, girando la perilla de la puerta del baño—. Por el amor de Dios, límpiate la boca, hueles a cloaca.

Aunque fue grosero, ella no pudo evitar sonreír. Sasuke siempre era tan tranquilo y crítico, pensaba en cada posibilidad a fondo y casi nunca se equivocaba, de alguna manera, la impresionó verlo más relajado. Él se alejó, sabiendo que habían resuelto el problema y que todo estaría bien.

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Llegaron tarde, se habían perdido la ceremonia, pero los Hyūga eran generalmente egoístas y no prestaban mucha atención a aquellos que no eran importantes. Fueron escoltados por una empleada de la familia, que para el agrado de Hinata, era treinta años mayor que Sasuke.

Hinata resplandecía mientras inhalaba el aire fresco. El olor en realidad era bastante diferente, los Hyūga tendían a oler a té verde y pepino, incluso el más masculino de sus parientes poseía ese fresco y agradable aroma. Se sentía como en casa, aunque ella solo había visitado algunos veranos y una navidad el complejo Hyūga del Este.

Sasuke parecía confundido tratando de identificar quién era quién, todos ellos se parecían. Todos tenían cabello largo y ojos blancos. Los hombres eran anormalmente delgados, las mujeres eran pequeñas, los niños pequeños silenciosos y estoicos y los ancianos tenían aspecto severo. Hinata revisó la habitación, encontró e identificó a cada primo, tía y anciano. El sonido de las personas conversando sin parar y disfrutando de la ocasión, todos parecían alegres. Lo cual era extraño en los Hyūga.

—Hinata, intenta parecer menos embarazada —Sasuke se quitó su saco y la uso para cubrir el cuerpo de Hinata. Su vientre en crecimiento no hubiera sido tan notable si ella no estuviera usando un vestido tan ajustado, aunque eso era comprensible, una mujer con su contextura física no poseía mucha ropa holgada, ya que eso no le favorecería—. No necesito que esto se sepa.

—No puedo evitarlo —susurró, tirando de las largas mangas del saco del traje, las puntas de sus dedos apenas se asomaban desde la parte inferior—. Simplemente pensarán que estoy gorda, solía ser regordeta, ¿recuerdas?

—¿De verdad?

—¡Lady Hinata! Estoy tan contenta de que estés aquí, pensé que no vendrías —Hinata se volvió cuando una joven la tomó de la mano. Reconoció al instante a la mujer como una tía y jadeó. Para Sasuke, ella era solo otra más, otra Hyūga alta, delgada, lindos pechos, cabello negro, ojos blancos. No había muchas mujeres Hyūga en Konoha y las que vivían allí eran viejas o muy jóvenes. Esta mujer era solo otra Hinata, pero más alta y de ascendencia china.

—¡Obasan! —Hinata soltó una risita de placer, volteándose hacia Sasuke.

La mujer miró a Sasuke con asombro.

—Y este debe ser Lord Sasuke, pero que muchacho tan guapo. He oído mucho de ti —la mujer dijo efusivamente, frotándole el brazo, lo que lo hizo sospechar de las intenciones de la mujer desconocida. Había estado tratando de mantenerse alejado de las mujeres, especialmente de las que tenían pechos grandes.

—Errr... gracias —él rascó suavemente la parte posterior de su cabeza.

—Oh, no seas tímido —resopló, golpeándolo suavemente. Luego se volvió hacia Hinata e inhaló intensamente—. Debes estar muriendo de calor con ese saco. Vamos muéstranos el bonito vestido que tu adinerado marido te compró —su tía se acercó a ella y tiró de los bordes del saco de Sasuke.

—No, ella está bien así —Sasuke alejó a Hinata de la mujer.

—Solo déjame echar un vistazo —se rió entre dientes, aunque lo que estaba haciendo realmente no era divertido. Rápidamente abrió la chaqueta y Hinata tropezó torpemente hacia atrás.

Ella casi se atragantó con lo que vio. Hinata pensó que las cosas no salieron tan mal, pero el horror estaba por desatarse. La tía Hyūga dejo de respirar mientras miraba el vientre ligeramente hinchado de su sobrina que era apenas notorio, pero lo suficientemente redondo para llamar la atención de la tía más cursi de la familia.

—¡Oh Dios mío! Hinata... ¡estás embarazada! —ella chilló a todo pulmón—. ¡Felicidades! ¿Cuándo nacerá?

Cada cabeza giró, cada conversación se detuvo abruptamente, cada sonrisa se convirtió en risas bajas y después de unos minutos el lugar se llenó de doloroso silencio. Hinata no pudo evitar retorcerse bajo la atenta mirada de todos. Sasuke simplemente se cubrió el rostro sintiéndose humillado, aunque también se sentía profundamente irritado. Habían pasado solo trece minutos de su llegada y la gran noticia ya se extendía por todas partes.

Finalmente, el silencio se rompió. Hinata se ruborizó y escondió su rostro entre sus manos, mientras todos hablaban de ella como si no estuviera en la habitación. Las mujeres susurraban nuevos chismes, los hombres se reían a carcajadas ante el "logro" de Sasuke, los niños todavía trataban de descubrir qué había causado tal alboroto.

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Fin Capitulo Diecisiete

Notas: Y después de mucho tiempo… volví con el emocionante penúltimo capítulo de la historia, hasta a mí me cuesta creer que ya estamos en la recta final, digo eventualmente la historia iba a terminar algún día, es solo que se siente extraño. Supongo que tengo todos estos sentimientos raros porque yo considero a los fics como mis bebes XD creo que, para el próximo capítulo, el cual publicare el próximo mes, voy a tener más sentimientos contradictorios. Solo me resta decirles que espero disfruten de este penúltimo capítulo.

Nos leemos pronto, besos.

Naoko Ichigo