Disclamer: Los personajes de esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi, yo solo los uso de inspiración.

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Siempre era la misma historia en nuestras rutinarias vidas. Corríamos sobre las solitarias calles de Nerima camino al colegio; tarde como era costumbre. Yo sobre el barandal que separaba la calle al lago y ella atrás de mi regañándome como era su costumbre.

Como cada mañana los locos y lunáticos que estaban obsesionados por el marimacho nos esperaban en la entrada para la lucha de siempre donde al final nosotros éramos los ganadores. Aun no entendía porque seguían con la misma cosa todos los absurdos días, ya habían pasado dos años.

Sus estúpidas mentes no aceptaban lo obvio; esa tonta y yo estábamos comprometidos y no había vuelta atrás. En algún momento nos casaríamos -aunque la verdad no era algo que deseaba, claro que no-.

En la tarde eran las mismas peleas y persecuciones de siempre, mis auto proclamadas prometidas, me seguían para que yo eligiera a una de ellas. Aunque después de tantos acontecimientos vividos "extraños" no se daban por vencidas.

Y como cada atardecer salía herido por el gran martillo de la marimacho, por culpa de esas locas que me perseguían. Esa bruta y poco femenina terminaba mandándome a volar por los cielos de Nerima, porque dice que soy un pervertido.

Todo era lo mismo en nuestras vidas… excepto desde hace unos años….

El único momento donde las cosas eran diferentes, era por las noches. Cuando el silencio inundaba la gran casa Tendo y los entrometidos no buscaban como atacarnos.

Me escabullía por el barandal del pequeño cuarto de Akane para hablar con ella; era el único momento que teníamos esa "privacidad". ¿Por qué lo hacía? Aun no tengo la menor idea., pero hay veces que estoy harto de nuestra complicada y repetitiva vida.

Ella me escuchó, como en pocas veces hacía. Cuando terminaba de hablar, me regalaba esa sincera y dulce sonrisa que volvía loco mi corazón. Dejaba que mi cabeza se recargara en sus hombros y con su tierna voz me cantaba igual como lo haría mi madre.

Todo era lo mismo en nuestras vidas… excepto en esas noches, donde solo subía para verla, sentir su fresco aroma y observar sus ojos que me miraban como una obra de arte, pero sobre todo saber que ella seguía viva.