Quiero invitarlos a Italia para Noche Buena- comentó Fabricio
Albert contestó: Lo siento Pavarotti, pero Candy y yo tenemos planes para ir a Chicago, todos los Andrew nos reunimos en Noche Buena,y es hora que presente a mi novia con mi familia.
Candy se ilusionó pero se puso nerviosa, ya había conocido a la señora Elroy pero a los demás Andrew no ¿Y si me ven poca cosa?-pensaba Candy
En ese momento de planeación llegó Sofía a la casa de Candy, pues ella la había invitado para que Fabricio tuviera con quien platicar.
-Hola Candy, gracias por tu invitación-saludó Sofía mirando a Fabricio con una gran sonrisa-Buenas tardes a todos.
-Buenas tardes-contestaron al unísono
-¡Me alegra que estés aquí Sofía!-Así Fabricio no estará solo ahora que todos tenemos pareja-pensó Candy
Albert le dijo a Candy: No hay que hacerla de cupido, luego van a recordar que tú fuiste la culpable de su unión cuando cumplan aniversario de bodas y odien sus vidas, te retumbaran los oídos cada vez que te nombren.
-¡Eres pesimista Albert! verás que si se enamoraran.
- Candy, me encantó la decoración navideña de tu casa, todo luce hermoso salvo aquellos muñecos de nieve, ¡se ven temibles!-comentó Sofía.
-Esos muñecos son obra de Fabricio-contestó Albert sonriente.
-Yo los dejé bonitos pero unos delincuentes hicieron desmanes y ese fue el resultado-trataba de justificarse Fabricio
-¡Por favor Fabricio ¿A quién quieres engañar? tu Pusiste esos espantapájaros para asustar a los niños-comentó Albert.
Candy negó con la cabeza pues se imaginaba que tal acto vandálico lo había hecho su novio.
-Sí, Fabricio me decoró la casa con sus hombres, le estoy muy agradecida.
-¿En serio? ¡Me encantaría que también me decores la mía!- dijo Sofía mirando a Fabricio.
Él se sintió comprometido y dijo: Claro, luego nos ponemos de acuerdo.
Pusieron películas en la sala, mientras Albert y Candy acomodaban la mesa y afinaban los detalles para el almuerzo.
-Más al rato me ayudaras a elegir los juguetes para los niños, le haré el pedido a George por internet, usaremos la computadora de tu habitación-dijo Albert con voz seductora, se imaginaba que estarían solos haciendo travesuras.
En el almuerzo cada chica atendía a su pareja, menos Annie, Archie era el que la atendía a ella, Sofía se esmeraba por quedar bien con Fabricio, se metió a la cocina y eligió las mejores piezas de pollo frito para él.
Albert fue siguiendo a Candy a la cocina cuando vio que se levantó.
-¿Para que invitaste a esa doctora? ¡Agarró mi pechuga para dársela a Fabricio!-le reclamó.
-Ya Albert, bien puedes comer las alitas.
-Algo tienes que hacer para compensarme- la abrazó y le hacía cosquillas en el cuello.
-Ok, ya pensaremos en algo-decía Candy riéndose
Después de Almorzar Paty y Stear lavaron los trastes, Candy y Albert fueron a la habitación para elegir los juguetes pero se les pegaron Fabricio y Sofía.
-¡Mira una edición del Chucky el muñeco diabólico! ¡De seguro a los niños les encantará!-comentó Albert.
-¿Cómo crees Albert? –lo reprendió Candy.
-Mejor algo que ellos puedan armar-sugirió Fabricio
-No, porque luego las piezas las dejan por todas partes-comentó Candy.
-Mejor regalen ese kit de ciencia, hasta viene una rana incluida sumergida en alcohol para practicar disección-sugirió Sofía.
-¡Pobre ranita!-se lamentó Candy- mejor vayan a ver películas, entre Albert y yo elegiremos los juguetes-indicó Candy
Después que salieron de la habitación los médicos, Albert comentó:
-Vamos a regalarle una Barbie a las niñas y a los niños unos kits de Beisbol y carros eléctricos, no me quiero complicar, mejor dime como me compensaras que haya comido las alitas solamente.
-Así- Candy se sentó en las piernas de Albert y se besaron enamorados, el empezó a recorrer las piernas de Candy con sus manos y ella lo detuvo.
-Casémonos Candy, nos iremos a Chicago, allá tus hermanas terminaran sus estudios y tú serás mi amada esposa, yo volveré a mi trabajo y haremos muñequitos de carne y hueso.
Candy no le contestó nada-ella pensaba: Creo que esta no es la manera de pedírmelo, pensé que sería algo romántico, mejor que interprete mi silencio, ni anillo de compromiso me ha dado.
El camión de los juguetes arribó a la ciudad, entre todos los separaron conforme a su género para los niños y para las niñas respectivamente, un sábado antes que fuera navidad, Albert se vistió de Santa Claus, los niños del lugar se tomaban fotos en el Trineo con él, sus sobrinos junto a sus novias estaban vestidos como duendes del taller de Santa entregando los juguetes, Fabricio y Sofía también se habían ofrecido para apoyarlos pero sólo quedaba el traje del Grinch para que Fabricio se disfrazara.
Flavio estaba acechando en el lugar mandó a sus hombres que quemaran pirotecnia para que los Renos se asustaran y arrastrara el trineo.
Cuando se bajó el último niño, Los Andrew y sus novias, Fabricio y Sofía se subieron al Trineo junto con Candy y Albert para tomarse la foto del recuerdo, cabían todos pues era un trineo de verdad, los hombres de Flavio lanzaron cohetes por los pies de los Renos y estos se desbocaron, todo estaban asustados pues no podían controlarlo.
Todos los presentes aplaudieron, pensaron que era parte del espectáculo que Santa se fuera en su trineo.
-Mamita ¿A qué horas volará el trineo de Santa y sus amigos? –preguntaban los niños.
Los hombres de Flavio dijeron: Muy pronto, ya los verán que saldrán volando Santa Claus y sus amigos por los aires, ja,ja,ja,ja
-¡Albert detenlos! Nos vamos a matar-gritaba Candy
Sofía se agarraba de Fabricio aterrada, el alcalde se dio cuenta que no era algo planeado y que los Andrew estaban en peligro, mandó a sus hombres que le taparan el paso a los renos con las patrullas, ellos fueron siguiéndolos, Flavio gozaba del espectáculo, en realidad antes que fuera el evento mandó a cortar algunos cintos para que en cualquier momento el trineo tuviera un accidente, Albert miró a Candy y temió que le sucediera algo, los guardaespaldas de Fabricio y de los Andrew arrancaron sus autos para seguirlos antes que salieran las patrullas.
Albert quiso pasarse de Reno en Reno hasta llegar a los que guiaban el Trineo, pero se soltó una de las correas. Se separaron los dos primeros Renos Albert iba montado en uno de ellos, los otros renos ya no siguieron corriendo por lo que estaban a salvo los demás,
-¡Que alguien los detenga! ¡Albert mi amor! ¡Ten cuidado!-gritaba Candy
Varios metros después y alejados de la vista de los demás, los hombres de Albert lograron taparle el paso a los renos donde él iba montado. Los Renos se detuvieron, Albert se bajó y se desmayó, los hombres lo llevaron al hospital. Se detuvieron para avisarle a los Andrew que lo llevarían para que lo reanimaran. Todos fueron siguiendo el auto donde llevaban a Albert.
Candy entró corriendo al hospital ya lo estaban revisando.
-No te preocupes Candy, no le pasó nada, ya vimos que no tiene golpes.
-¿Pero porque está desmayado?-le preguntó Candy a sus compañeros médicos.
Fabricio comentó: El miedo no monta en Reno
Uno de sus hombres lo corrigió: Será el miedo no monta en burro.
-En Reno iba montado Andrew.
Albert despertó al siguiente día, vio que Candy estaba acostada en el sofá.
Se bajó de la cama sin hacer ruido y salió de la habitación.
El vio que dos de los guardaespaldas que había mandado George estaban afuera de la habitación.
-¿Quién tiró pirotecnia? ¿Por qué no estuvieron atentos? Esas correas se soltaron.
-Señor William, usted tiene razón alguien cortó las correas y no estaba programado que tiraran pirotecnia, alguien quiso dañarlos.
-Esto no fue un atentado contra mí sino a Pavarotti, empiecen a Investigar quien quiere muerto a Pavarotti, hablaré con George que me mande otros hombres ya veo que ustedes no son de fiar.
