—Usted señor Andrew, le ha hecho mucho daño a esta comunidad, pervirtió a esta hermosa joven con sus zalamerías y ella le cedió su inocencia, la pobre ahora está embarazada. La tuvieron que disciplinar en la congregación por su conducta reprochable; no conforme con eso, usted arma todo este escándalo en un lugar donde se hospeda gente respetable —, lo acusó el juez.
Albert iba a abrir la boca en su defensa, pero el abogado llegó a tiempo para sacarlo del aprieto, tenía que evitar a toda costa que lo procesaran por tercera vez.
—Señor juez, mi cliente tenía el derecho de manifestarse contra las feminazis.
—No me venga con ese cuento, abogado, leí el informe de su aprehensión, y está acusado de que estuvo espiando a una pareja mientras intimaba ¡si se nota a simple vista que es un pervertido!
—Señor Juez, creo que es incorrecto que exprese sus prejuicios en contra de mi cliente —intervino el abogado.
—¡Yo hago aquí, lo que se me da la gana! Que para eso soy el juez.
A Albert se le ocurrió una idea y dijo: No creo que usted pueda obligarme a casar con esta joven, y hacer que reparare el daño que hice, no le veo la facultad de lograrlo —dijo retándolo.
Candy se quedó estupefacta, de inmediato se dio cuenta de sus intenciones. El juez lo vio como un desafío y cayó redondito en la trampa — ¿Así que piensa que no puedo casarlo?
—No creo que se atreva —afirmó Albert.
El abogado miró que al juez le temblaba el ojo del coraje.
—¡secretaria! — gritó —, Haga un acta de matrimonio que contenga los nombres de Candy White O´Brien y William Albert Andrew —ordenó el juez
Albert trató de contener su júbilo, miró a Candy furtivamente, Stear vio las intenciones de su tío y dijo: Es cierto, el juez de este pueblito bicicletero, no tiene la facultad de oficiar la boda de los Andrew, así que no puede casarte tío, tampoco lo puede hacer conmigo.
—¿Ah no? ¡A las pruebas me remito! Secretaria —volvió a gritar —, haga otra acta que incluya los nombres Patricia O'Brien y Alistair Cornwell.
Candy al ver la manipulación que le hicieron al juez, intervino: Yo no me quiero casar con el señor Andrew, ¿Qué no ve que lo está manipulando?
—No permitiré que les des malos ejemplos a mis nietos, muchachita, tú eras su niñera, capaz y quieran seguir tus malos pasos, no quiero que seas madre soltera, en el pecado llevarás la penitencia ¿Quién te mandó a fijarte en semejante pelafustán?; aquí los que tienen hijos deben estar casados, ya que este hombre se vino a entregar solito, no desperdiciaré la oportunidad de hacerlo pagar por su error.
El abogado se acercó a Albert y le preguntó al oído —señor Andrew ¿Usted quiere casarse o protesto?
—Si quiero casarme, por eso provoqué al juez.
El abogado no hizo ninguna replica, dejó que avanzara el proceso.
—Acérquese señorita White, y póngase a lado del pervertido.
Albert la miró sonriente y le agarró la mano, ella volteó la cara, estaba molesta que el padre de sus hijos se saliera con la suya.
—Señor William, pero debe ser por bienes separados, si surge algún divorcio… —intervino el abogado.
—Así está bien, todo lo mío será de ella y de mis hijos.
El juez dijo unas palabras alusivas, Candy y Paty no creían los que estaba pasando, cuando terminaron de firmar las actas, ambas se desmayaron al mismo tiempo.
Hola chicas subiré el final pronto si me dan su punto de vista sobre el fic, saludoooos
