Debería haber imaginado que Steve tramaba algo. Quedaba claro, en retrospectiva. Había algo en su sonrisa cuando dejó su oficina, una sonrisa que a Danny no le gustaba avistar en situaciones problemáticas —usualmente envolvía situaciones poco beneficiosas para su salud— pero que todavía no estaba seguro de qué significaba a nivel personal. También había una suavidad en él que Danny no asociaba con nadie más que Mary, y era una idea que igualmente amenazaba con generar un sinnúmero de preguntas en la privacidad de su mente al sentirse afectado por ello. La combinación era desconcertante.

Cuando Steve le dijo que tenía que salir a hacer unos recados, con ese gesto tierno y esa sonrisa peligrosa, Danny debió haber imaginado que no era inocente.

No pensó que terminaría en su oficina preguntándose por qué tardaba tanto y por qué demonios no había insistido en ir con él.

Chin y Kono habían salido para buscar algo para comer justo antes que Steve se marchara —los cuatro se turnaban para comprar la comida en los días que estaban en la oficina— y, todavía no habían vuelto. No era una sorpresa, sabiendo que a Kono le gustaba comprar comida en la Costa Norte y siempre se tardaba un buen tiempo en volver sino tenían un caso activo, pero a Danny le sabía a conspiración.

Sí, "conspiración" era la palabra.

El silencio en el cuartel general parecía hacer eco de pensamientos innecesarios, además. Hasta que su teléfono sonó.

El ringtone le avisó de quién se trataba.

—¿En qué problema estás metido ahora?

Steve se tomó un segundo antes de responder. Danny se preocupaba por el hecho que podía imaginar con claridad abrumadora qué expresión estaba pintándose en su estúpidamente atractivo rostro. —No estoy metido en ningún problema, Daniel. Llamaba solo para que me hicieras un favor.

No se sintió mal por suponer que había algún problema oculto.

Con Steve casi siempre había algún problema oculto.

Era la clase de suerte que tenía.

—¿Es algo que pone en riesgo mi seguridad?

Steve hizo un ruido de incredulidad ofendida que le provocó una sonrisa. No tenía terreno para sentirse agraviado por ello, en opinión de Danny. —¿Esa es tu primera pregunta? ¿Qué clase de pregunta es esa?

Danny bufó, se tiró hacia atrás en la silla. —Piensa en nuestra historia compartida hasta ahora.

Una pausa.

—Buen punto —respondió Steve, sonando más impaciente e igualmente ofendido—. Te prometo que no. No habrá riesgo para tu seguridad. De hecho, no tienes que hacer mucho más que ir hasta el ascensor y esperar.

—¿Por qué?

—Me llamó Chin diciendo que está esperando una nueva actualización para la computadora principal.

Danny frunció el ceño. —¿Otra vez?

—Eso es lo curioso de la tecnología, Danno. Se actualiza regularmente. Y la última vez fue hace meses. La edad te está afectando, viejo.

Danny puso los ojos en blanco.

Aún no sabía cómo se había enterado Steve que era su cumpleaños —él rara vez mencionaba la fecha— pero tras el corto saludo inicial, no había habido cambios en la rutina.

Algo que, ciertamente, apreciaba.

No tenía nada contra los festejos pero este era su primer cumpleaños en Oahu —para el anterior la había estado pasando en el aeropuerto, renegando con su vida y con Rachel y el mundo— y realmente no sabía cómo sentirse. Estaba en un lugar mejor, emocional y físicamente, pero todavía echaba de menos muchas cosas de su casa. La cena que su madre prepararía, su pastel de cumpleaños favorito, y la mera idea de tener un momento con su gente. Se había despertado con humor ambivalente.

Miró su reloj de pulsera. —¿A qué hora?

—Probablemente en veinte minutos estarán allí. No te olvides que esto es una isla y no podemos ir a muchos lugares… Todo está cerca.

—Sí, sí.

—Ve a esperar al técnico.

—Lo haré, lo haré. No tienes que repetirme las cosas. ¿Estás muy lejos?

—¿Eso es que me extrañas o no quieres quedarte con una pieza tecnológica por temor a destruirla?

—No soy tecnófobo, Steve.

—Claro que no. Mi preocupación es que las máquinas no sean inmunes y no soporten quedarse en tu presencia-

—No sé por qué te tolero.

—Es la pregunta que me hago cada día desde que te contraté.

.


.

—¡Sorpresa!

Danny parpadeó torpemente mientras que una lluvia de papelitos picados caía a su alrededor. Una parte de él, la parte que insistía en que debió haberlo visto venir a kilómetros, se mofaba de su propia ingenuidad.

Chin, Kono y Steve se mantuvieron al otro lado, con rostros encantadores y sonrientes, felices de que su plan hubiese resultado. Había una cualidad de infantil alegría en los tres, y se preguntó si alguna vez se acostumbraría a la suerte que había tenido al encontrarlos.

—Te dije que lo sorprenderíamos —dijo Kono y se acercó para darle un abrazo. Sus movimientos eran siempre hábiles, gráciles en certera confianza—. Feliz cumpleaños.

Chin, que estaba negando con la cabeza detrás de ella, se acercó también para saludarlo. Tenía una bolsa de papel en uno de sus brazos, de una de sus tiendas favoritas —por lo que Danny imaginaba que en la bolsa estaba su golosina favorita de la isla— y una expresión divertida en su cara.

—Les dije que te habías dado cuenta que los tres desaparecimos para la misma hora y que estarías esperando alguna cosa...

Danny, en algún nivel, lo había sospechado... pero no realmente.

Se rio de buena gana, de todos modos, cuando Chin le extendió un billete a su prima.

—¿Eso no sería para mí? —dudó, señalando la apuesta con su barbilla.

—Oh, no, señor. Esto lo gané con mis increíbles habilidades deductivas —contestó Kono. Tomó una bolsa que estaba en el suelo y se la ofreció a Danny, una sonrisa radiante adornando su semblante—.Pero esto es para ti. De parte mía.

Danny no estaba seguro si debía sonreír cuando leyó la inscripción en la bolsa "Piñas Palaka"

—¿Piñas Palaka?

Kono soltó una risita y la sonrisa de Chin hizo eco con la diversión evidente que relucía en ella. —Tienes que abrirlo para saber que es... pero antes de hacerlo, el regalo más especial no lo tenemos aquí.

Danny le lanzó una mirada curiosa a Steve, que no había dicho una palabra pero que sonreía como el tonto sentimental que era.

—¿Qué regalo?

Eso le valió que sus compañeros sonrieran más ampliamente.

—Está en la oficina, le pedí a alguien que lo llevara mientras bajabas. Vas a tener que subir.

—Si es otro equipo de buceo...

Steve soltó un bufido irritado. —Vas a tener que subir, si quieres saber.

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—¡Danno!

No era un equipo de buceo, para su entera fortuna.

Grace corrió a su encuentro con los brazos abiertos y una sonrisa enorme, como era costumbre en cada reencuentro. Danny sintió que una sonrisa rompía toda la confusión pintada en su rostro mientras levantaba a su hija, atrapándola por el reflejo mismo de la repetición.

—Monito, ¿qué...?

—¡Feliz cumpleaños! —dijo ella, radiante y hermosa.

—¿Tu mamá sabe que estas aquí?

—El tío Steve habló con mamá para que viniera —dijo Grace, estirando su sonrisa. Buscó la mirada de Steve para reírse, complicidad en todos sus gestos.

—Fue idea de Gracie, en realidad —acotó Steve, luciendo exageradamente presuntuoso—. Quería darte una sorpresa.

Danny vio a Kamekona salía de su oficina con una torta en los brazos y otra sonrisa alegre para unirse a ellos.

Un año atrás, cuando apenas llegaba a Hawái, no habría imaginado que podría tener... esto. Su cumpleaños lo había pasado en el aeropuerto, una escala imprevista en el viaje a Hawái y los días tras su llegada no habían mejorado su ánimo ni lo empujaron al festejo. Había estado solo, solo y deprimido y miserable y enojado. A veces sentía todavía remanentes de aquella angustia, pero sabía lo que había encontrado. Lo que significaba.

Era un hombre muy afortunado.

—Es la mejor sorpresa que he tenido —le dijo a Grace pero se aseguró de sonreírle a todos los presentes.

—Y eso que aún no abres todos los regalos.

—¡El mío primero!

.


.

¿Me estás diciendo que hay una tienda que vende corbatas y se llama "Piñas Palaka"?

—¡Sí! ¿No es increíble?

—… No es la palabra que usaría.

—No te habría traído algo con piñas, ya sé cómo te sientes al respecto... Esa clase de cosas deberías esperarla de parte de McGarrett. Chin y yo pensamos en cosas que te gustan.

—Oye.

—Nah, Steve probablemente haría que yo me pague mi propio regalo.

—No seas malo con el tío Steve.

—Tú diles, Gracie.

.


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—Oye, Mary, gracias por llamarme de vuelta.

—No hay problema. Mi tía dijo que querías hablar sobre Steve pero que no era algo malo. ¿Qué sucede?

—No es malo, no, es solo... Me enteré que mañana es el cumpleaños de tu hermano y me gustaría darle una sorpresa-


Notas:

Literalmente olvidé lo que había pensado para este fic.