Resumen

Harco, slash (boy/boy), Draco Hufflepuff.

Es la primera noche en Hogwarts de Harry, y no entiende las lágrimas del niño rubio que acaba de ser seleccionado a Hufflepuff.

Disclaimer

La siguiente historia compartida tiene como único fin estimular y proveer de diversión a los lectores de fanfiction, toda información dentro de la misma es de propiedad intelectual de J.K Rowling y asociados.

De ser usado de manera lucrativa las personas responsables deben asumir su responsabilidad ante las autoridades pertinentes.


Harry Potter y el tejón valiente I: La piedra filosofal.

1. Capítulo 1: El gran banquete.

El director, Albus Dumbledore, se había puesto de pie, su estrafalaria túnica hizo que los ojos de Draco dolieran aún más, de seguro a su madre le daría un especie de shock nervioso ante tanta falta de sentido de la moda.

Al menos el estilo destartalado del director sirvió para sacarle de su profunda pena y desespero.

—¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!

Draco casi se ahoga con su saliva ante tal desplante de elocuencia.

Cuando el director tomó asiento todos aplaudieron y vitorearon, como si aquellas palabras fueran el secreto del universo o una cosa parecida.

—Creo que lo chiflado viene de la mano con la grandeza —comentó Draco en voz bajita a su compañera, Hannah ahogó una risita entre sus manos, aunque la preocupación y ansiedad no se esfumaba de sus ojos almendrados.

—Me sorprende que insinúes que Dumbledore es "grande", Malfoy, considerando tu antecedente familiar —comentó un chiquillo regordete y de cabellos rubios como la paja, Draco le reconoció como uno de los Macmillan.

—¡Shht! Eso no importa ahora —calló con un chistido uno de los prefectos de la casa, el que había llevado a Draco a su asiento, él no evitó dedicarle una sonrisa temblorosa, que el prefecto devolvió con mucha más emoción y firmeza. —Ahora todos somos Hufflepuffs, y como Hufflepuffs debemos defendernos entre nosotros de la torpeza de otras casas, siempre justos y leales, muchachos. Soy Cedric Diggory, por cierto.

Draco habría querido agradecerle pero la comida apareció con un leve ¡pop! y las charlas se tornaron elevadas en aquel momento.

Hannah, al ver como Draco no hacía amago de mover sus manos para probar bocado, acomodó algunos emparedados sobre el plato del niño, además de algunas patatas y le sirvió jugo de calabaza, contenta con el resultado se enfocó en su propio plato.

Al parecer Draco estaba acostumbrado a ser servido, por lo que no protestó ante su accionar, solo se limitó a murmurarle un suave "gracias" antes de comenzar a comer, algo conmovido al haber encontrado una persona que se preocupase tanto por él en un terreno que había considerado hostil.

Y sólo era su primera noche, soltó un suspiro dramático.


Harry no le perdía mirada al rubio querubín, al parecer había hecho migas con una de las niñas de primer año y algo se removió en su estómago, aunque no entendió del todo a qué se debía.

Quizá porque a él le hubiese gustado poder confortarle, como cuando tía Petunia abrazaba a Dudley al oírle llorar. Harry se mordió el labio inferior, fijándose en la mesa, entonces se sobresaltó… ¡había mucha comida! Y aunque los Dursley nunca le habían matado de hambre nunca le habían permitido comer tanto, por ello Harry es mucho más pequeño que lo normal.

Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los gustos que uno se pudiera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, relámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos borrachos, fresas, jalea, arroz con leche...

Mientras Harry comía un trozo de tarta de melaza la conversación de los muchachos se concentraba en sus infancias. Algo de lo que a Harry no le apetecía hablar, por lo que se quedó en silencio, imaginándose como habría sido la infancia del rubio querubín y el por qué habría llorado tanto ante su selección en Hufflepuff, no se veían como malas personas, aunque no debía juzgar tan rápido.

—Ese es Draco Malfoy —comentó Ron al ver como miraba con tanta atención al niño rubio, Harry pasó su mirada hasta su amigo, quién tenía la boca llena de tarta y comía como si fuera lo más importante del mundo, Harry no sabía si reír o no. —Su padre fue un mortífago, ya sabes, de los que seguían a quien-tú-sabes… Alegó que fue presa de la maldición imperio… Papá dijo que eran puras patrañas, que raro que haya terminado en Hufflepuff, quizá lloraba porque su padre lo desheredará por ser Hufflepuff, debe ser todo un pijo.

Harry arrugó la nariz ante las palabras de Ron, no, no creía que Draco, paladeó su nombre, fuese así, llevó sus manos a su regazo, la tarta ya no se le antojaba como antes.

Cuando volvió a levantar la vista, se dirigió sin querer a la mesa de los profesores. Ahí un profesor vestido completamente de negro y con el cabello cayéndole como espesas cortinas negras sobre el rostro no dejaba de mirarle por encima del turbante del profesor Quirrell.

Un dolor le atravesó la frente.

—¡Ay! —Harry se llevó una mano a la cabeza.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Percy, que se encontraba junto a Hermione, a quién había conocido en el tren unas horas antes.

—N-nada.

El dolor desapareció tan súbitamente como había aparecido. Era difícil olvidar la sensación que tuvo Harry cuando el profesor lo miró, una sensación que no le gustó en absoluto.

—¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell? —preguntó a Percy.

—Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.

Harry vigiló a Snape durante un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo.

Por último, también desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.

—Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año.

Los de primer año debéis tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo.

Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.

—El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuerde que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos.

Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch.

Y por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.

Harry le observó con alarma, aunque algunos habían reído ante esas palabras.

—¿Lo decía en serio? —murmuró a Percy.

—Eso creo —dijo Percy, mirando ceñudo a Dumbledore—. Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al menos, debió avisarnos a nosotros, los prefectos.

—¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore.

Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas. Dumbledore agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.

—¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dumbledore—. ¡Y allá vamos!

Y todo el colegio vociferó:

Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,

enseñanos algo por favor.

Aunque seamos viejos y calvos,

o jóvenes con rodillas sucias,

nuestras mentes pueden ser llenadas

con algunas materias interesantes.

Porque ahora están vacías y llenas de aire,

pulgas muertas y un poco de pelusa.

Así que enséñanos cosas que valgan la pena saber,

haz que recordemos lo que olvidamos,

haz lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto,

y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.

Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Harry la entonó al ritmo de Smells Like Teen Spirit de Nirvana, que había sido una de las pocas canciones que había podido rescatar entre las cosas desechadas de Dudley.

Al final, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melodía de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.

—¡Ah, la música! —dijo el director, enjuagándose los ojos— ¡Y ya! ¡Es hora de irse a la cama! ¡Trotando!


Draco siguió a Cedric sin perderle de vista, éste en conjunto de la otra prefecta, que aún no se presentaba a ellos, les guiaban a través de los corredores, un zig-zag que a Draco le mareaba a ratos, a veces subían pasillos y otra veces bajaban, se preguntó si no se habrían perdido.

Pasaron junto a un cuadro que a Draco se le antojó de mal gusto, pero que al parecer escondía mucho más, nada para su interés pese a la mirada divertida de los más mayores. Se detuvieron frente a una gran pila de barriles. Cedric les dedicó una mirada antes de señalar los barriles, se detuvo en el segundo barril de abajo y comenzó a golpear al ritmo de una tonada que Draco desconocía, pero que logró hacer que Hannah zapateará a su ritmo.

—Es la tonada de Helga Hufflepuff. —le comentó la niña por lo bajo, logrando que Draco asintiera, la había memorizado rápidamente.

—Como oyeron, esta es la tonada de Helga Hufflepuff, para acceder a nuestra sala común deben golpear este barril, si se equivocan serán castigados por el sistema de seguridad de la casa… ¡Y no es muy agradable! —dijo Cedric, las risas les rodearon rápidamente, los mayores les refugiaban las espaldas.

Después de aquellas palabras todos se deslizaron dentro de la sala común, que parecía una madriguera pero era bastante confortable y daba una sensación a hogar, nada que ver con la mansión Malfoy o a como Draco imaginaba la sala común de Slytherin.

La sala común está repleta de armarios y banderines amarillos. Y un enorme pizarrón vacío, probablemente ahí se colocaría información para todos y anuncios.

Habían unas puertas circulares más al fondo, que Draco intuyó eran las entradas a los dormitorios.

—Bien, por aquí las niñas. —llamó la prefecta, Hannah se despidió agitando una de sus manitas y Draco se sintió apesadumbrado… ¿Qué iba a hacer sin ella? ¡Es su única amiga!

—Buenas noches. —le gesticuló Hannah mientras entraba a lo que parecía un túnel en dirección al dormitorio de las señoritas.

Draco, cabizbajo y algo asustado, siguió a Cedric y a los otros niños de Hufflepuff al que sería su dormitorio. Los dejo frente a una puerta igual de circular que la entrada, tenía una placa de oro donde estaban escritos los cinco nombres de los que habitarían desde ese momento la habitación. Draco fue el primero en reaccionar y empujó la puerta.

La vista era bonita.

Cinco camas decoradas con bonitas cortinas amarillas y algunos afiches y banderines de Hufflepuff. Se acercó a la cama que daba contra una de las enormes ventanas que reflejaban una vista artificial, a los pies de la cama ya reposaba su baúl.

Su nuevo cuarto le encanta. Y aunque no es privado como a lo que está acostumbrado será su casa durante los siguientes siete años y no puede ser mejor.

TBC


Nota de autor:

* La historia no está completa aún, voy escribiendo mediante me releo el libro, hay muchas partes que son extractos del libro original de la piedra filosofal, peor habrán muchísimas más que no tendrán nada que ver. El rol de Snape será primordial en este primer libro, ya como padrino de Draco y también como mentor de Harry. Debemos recordar que Harry no es un niño sano, no creció bien alimentado ni con cariño, por lo que necesitará a alguien ahí para él, es apenas un niño.

* Draco también tiene sus problemas, es una contradicción andante. En primer lugar, Narcissa lo educó para ser una buena persona, que es su parte Hufflepuff (y la que predomina en esta historia) pero él no quiere decepcionar a Lucius, quien lo educó para ser su perfecto heredero, a ciegas de que su esposa lo contradecía en secreto.

* Esto no quiere decir que Narcissa no ame a Lucius, ni viceversa, en esta historia se casaron por amor, y ninguno de los dos tiene algún sentimiento negativo por Draco, solo son las circunstancias, por lo que no, Lucius aquí no es malo tampoco, solo quiere lo mejor para su hijo y por eso es estricto o parecerá un verdugo para Draco.

* El rol de Voldemort y Dumbledore también será definitivo, ambos lucharan en el fondo mientras la historia se desarrolla y el Dumbledore de esta historia será más consciente de que Harry es un niño, y como tal, no debe someterle a pruebas que lo lleven a perder su vida. Lo instruirá y tratará de llevarlo por un buen camino, esto no quiere decir que no cometa errores, debemos recordar que el hombre es humano, pero nada de lo que hará será por maldad.

* Voldemort en cambio se mostrará aún más vicioso que en los libros, y más astuto. A mi parecer es indigno el rol que le da J.K en los libros, es poco probable que sea vencido por un niño más de siete veces seguidas. Cometerá errores pero también triunfará sobre los protagonistas en varias ocasiones, por lo que no esperen una historia simple y cursi.

* La familia Weasley y los amigos de Harry se mantendrán, pero en un segundo plano. Si bien son importantes, la historia no deja de ser boy/boy y un Harco, por lo que el protagonismo siempre estará entre Draco y Harry.

* Las actualizaciones serán frecuentes, al menos dos veces por semanas (martes y viernes o lunes y jueves).

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