Resumen
Harco, slash (boy/boy), Draco Hufflepuff.
Es la primera noche en Hogwarts de Harry, y no entiende las lágrimas del niño rubio que acaba de ser seleccionado a Hufflepuff.
Disclaimer
La siguiente historia compartida tiene como único fin estimular y proveer de diversión a los lectores de fanfiction, toda información dentro de la misma es de propiedad intelectual de J.K Rowling y asociados.
De ser usado de manera lucrativa las personas responsables deben asumir su responsabilidad ante las autoridades pertinentes.
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Harry Potter y el tejón valiente I: La piedra filosofal.
4. Capítulo 4: Enemigos.
Harry no pensaba que hubiera nada peor que la clase de Pociones o, al menos, así era hasta que apareció una noticia en la sala común de Gryffindor; que los hizo protestar a todos. Las lecciones de vuelo comenzarían el jueves... y las cuatro casas aprenderían juntas.
—Perfecto —dijo Harry con clara pesadumbres— Justo lo que había deseado, hacer el ridículo frente a Draco.
Harry deseaba aprender a volar más que cualquier cosa.
—No sabes aún si vas a hacer un papelón —dijo razonablemente Ron—De todos modos, probablemente Malfoy no ha tomado una escoba en su vida... Válganos Merlín si se arruina su manicura.
Harry frunció el ceño, sin querer volver a discutir con Ron ante sus negativos comentarios sobre su rubio querubín. Draco había manifestado su deseo de que todos convivieran en paz y siendo buenos amigos, es un chico tan dulce... Pensar en él llena de cosquillas el estomago de Harry, sus brillantes ojitos grises le hacen llegar al paraíso.
Un lechuzón entregó a Neville un paquetito de parte de su abuela, sacando a Harry de su ensimismamiento. Lo abrió excitado y les enseñó una bola de cristal, del tamaño de una gran canica, que parecía llena de humo blanco.
—¡Es una Recordadora! —explicó—. La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que te has olvidado de hacer. Mirad, uno la sujeta así, con fuerza, y si se vuelve roja... oh... —se puso pálido, porque la Recordadora súbitamente se tiñó de un brillo escarlata—... es que has olvidado algo...
Mientras Neville explicaba sobre su reciente adquisición, Draco y Hannah se acercaban a la mesa de Gryffindor, dispuestos a compartir su desayuno en la mesa de los leones.
—¡Harry! —exclamó lanzándose a los brazos del moreno, que enrojeció de golpe ante el abrupto contacto con el pequeño angelito. No se esperaba que Draco fuese de contactos físicos en público, si bien ya habían compartido abrazos y uno que otro beso en la mejilla, no se sentía del todo suficiente para estar al lado del rubio.
Hannah observó con curiosidad la recordadora de Neville, entonces le vio fijamente y se sonrió al encontrar el detalle.
—Buenos días, soy Hannah Abbot, y el rubio que está abrazando a su amigo es Draco Malfoy... ¿Eres Neville, verdad? Te falta la corbata —Hannah tenía un aura maternal que pese a su corta edad era bastante confortable y tranquilizante. Neville pareció embobado por unos instantes, entonces enrojeció de golpe y balbuceando una despedida se fue corriendo a la torre Gryffindor para buscar su corbata.
—Hermione Granger. —se presentó la castaña de cabello rizado, una sonrisa amable mientras despegaba la nariz de su libro Quidditch a través de los tiempos, ella estaba realmente nerviosa, volar no era algo que se aprendiera leyendo, aún así había recorrido cada libro de la biblioteca.
Draco se acomodó junto a Harry, y Hannah entre el rubio y Hermione.
Ron les observaba ceñudo, llenándose la boca de comida a velocidades extrañas para un mago normal. Draco se contuvo de hacer alguna mueca, aunque Hermione estaba en las mismas condiciones.
—...¿Hola? —saludó Draco, dirigiéndole una sonrisa tensa al pelirrojo—¿Tú eres...? Yo soy Draco Malfoy, pero puedes decirme simplemente Draco.
Ron soltó un bufido en forma de risa.
Lo que provocó que el ojo derecho de Draco se crispará un poco, pero no borró su amigable sonrisa.
—Ron Weasley. —masculló el pecoso llevándose un muslo de pollo a la boca.
Un revuelo se alzó en el Gran Comedor al ver a ambos Hufflepuff en la mesa de Gryffindor, y al notar que ningún profesor se oponía, poco a poco la mayoría se fue cambiando de mesa, a excepción de Slytherin, quienes observaban con enojo a Harry Potter... ¡Les estaba robando a Draco! Todas sus lindas sonrisas eran para él y su séquito de Hufflepuff.
Pansy apretaba con fuerza su tenedor. Crabbe y Goyle se miraban confundidos... ¿Deberían ellos cambiarse con Draco también? El rubio seguía visitándoles, y hasta se tomaba el tiempo de ayudarles con sus deberes, y la niña Abbot también era bastante agradable y paciente con ambos grandulones.
Mientras el bullicio crecía en el Gran Comedor, la ira de Ron crecía en tamaño, entonces se levantó de golpe, apoyando sus manos sobre la mesa, dirigiéndole una mirada llena de desprecio al rubio.
—No entiendo qué haces en esta mesa, cría oscura pija. —gruñó el pelirrojo, ocasionando jadeos en la mesa y un silencio sepulcral de todos los leones.
Los ojos de Draco se fueron llenando de lagrimas poco a poco, ante las miradas pasmadas de Hermione, Harry y Hannah.
Harry fue el primero en salir de su estupor y dirigiéndole una mirada envenenada a Ron tomó una de las manitas de Draco.
—Cállate, Weasley. —siseó llevándose al rubio con cuidado y clara preocupación.
Hermione se levantó también, una mirada llena de desprecio y decepción.
—Pensé que eras mejor que eso, Weasley. —Hannah la secundó.
—Vete a cagar, sabelotodo molesta. —gruñó Ron, ambas niñas le observaron con mayor sorpresa y se fueron tras sus amigos.
—Está vez si te pasaste, compañero. —murmuró Seamus Finnigan tomando un sorbo de su jugo de calabaza, Dean Thomas le siguió con un asentimiento de cabeza.
Ron gruñó, sin más hambre, se levantó furioso, las lagrimas amenazando en sus orbes azuladas... ¡Él no quería decir todo eso! Era solo la bestia llena de celos y la necesidad de ser importante, Harry había sido su primer amigo, SU amigo, lo primero que no tenía que compartir con otros seis hermanos. Harry nunca le había visto con la preocupación y devoción con la que ve al Malfoy.
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Aquella tarde, a las tres y media, Harry, Hermione y los otros Gryffindors bajaron corriendo los escalones delanteros, hacia el parque, para asistir a su primera clase de vuelo. Era un día claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia.
Los alumnos de las otras casasya estaban allí, y también las casi cuarenta escobas, cuidadosamente alineadas en el suelo. Harry había oído a Fred y a George Weasley quejarse de las escobas del colegio, diciendo que algunas comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto, o que siempre volaban ligeramente torcidas hacia la izquierda.
Entonces llegó la profesora, la señora Hooch. Era baja, de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón.
—Bueno ¿qué estáis esperando? —bramó—Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.
Harry intercambio una dulce mirada con Draco, quien parecía darle ánimos con la bonita sonrisa que rondaba sus facciones delicadas. Cada vez que Harry lo ve sonreír siente que puede hacer cualquier cosa en el mundo.
Entonces miró su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja sobresalían formando ángulos extraños.
—Extended la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch— y decid «arriba».
—¡Arriba! —gritaron todos los niños.
La escoba de Harry saltó de inmediato en sus manos, pero fue uno de los pocos que lo consiguió. La de Hermione Granger no hizo más que rodar por el suelo y la de Neville no se movió en absoluto. «A lo mejor las escobas saben, como los caballos, cuándo tienes miedo», pensó Harry, y había un temblor en la voz de Neville que indicaba, demasiado claramente, que deseaba mantener sus pies en la tierra.
Luego, la señora Hooch les enseñó cómo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla. Harry sintió algo de pena cuando la profesora dijo a Ron que lo había estado haciendo mal durante todos esos años.
—Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada —dijo la señora Hooch—Mantened las escobas firmes, elevaos un metro o dos y luego bajad inclinándoos suavemente. Preparados... tres... dos...
Pero Neville, nervioso y temeroso de quedarse en tierra, dio la patada antes de que sonara el silbato.
—¡Vuelve, muchacho! —gritó, pero Neville subía en línea recta, como el corcho de una botella... Cuatro metros... seis metros... Harry le vio la cara pálida y asustada, mirando hacia el terreno que se alejaba, lo vio jadear; deslizarse hacia un lado de la escoba y...
Draco contuvo un jadeo y Hannah se cubrió el rostro con las manos, soltando su escoba.
¡BUM!
Un ruido horrible y Neville quedó tirado en la hierba. Su escoba seguía subiendo, cada vez más alto, hasta que comenzó a torcer hacia el bosque prohibido y desapareció de la vista.
La señora Hooch se inclinó sobre Neville, con el rostro tan blanco como el del chico.
Draco reaccionó con algo de alarma, entonces corrió hasta el lado de la profesora, entonces se arrodilló junto al cuerpo del caído Gryffindor.
—Profesora, por favor espere... Si le mueve probablemente puede ocasionar daño, no sabe si tiene alguna contusión grave... Puede ocasionar sangrados internos... —su vista se detuvo en el brazo peligrosamente doblado, Neville sudaba y tenía una mueca de dolor, aunque sus ojos se veían adormilados y confusos.
La profesora le dejo proceder, encontrando la razón en sus palabras.
—Longbottom, trata de mantenerte despierto... ¿Si? Conozco unos hechizos de diagnóstico, servirá para ver si podemos moverlo —Draco movió su varita sobre el cuerpo de Neville, todos le observaban conmocionados, una luz rojiza brilló en la zona posterior de la cabeza, el brazo y una de las piernas del león, Draco frunció el ceño, moviendo su varita de forma distintas y pronunciando otras difíciles palabras en latín.
—Tiene un esguince de muñeca y fracturada la pierna derecha... Un leve traumatismo, si le hubiese movido hubiese ocasionado una hemorragia... ¿Puede usar un Petrificus Totalus y un Levicorpus, profesora? No creo tener la habilidad para hacerlos correctamente.
La profesora, con clara preocupación, hizo lo dicho por el pequeño Malfoy, entonces con el cuerpo de Neville levitando a su lado tieso como una tabla, se dirigió a los otros alumnos—: No debéis moveros mientras llevo a este chico a la enfermería. Dejad las escobas donde están o estaréis fuera de Hogwarts más rápido de lo que tardéis en decir quidditch. Vamos, señor Malfoy.
Draco le dirigió una mirada de aprehensión hacia Harry, quién le alzó ambos pulgares en forma de apoyo. Draco le sonrió para después trotar en dirección a la enfermería, siguiendo de cerca a la señora Hooch y al apenas consciente Longbottom.
Ron observó el intercambio con clara ira. Los celos crecían como una bestia hambrienta en su pecho.
—¿Habéis visto la cara de ese gran zoquete? No merece estar en Gryffindor con nosotros. —Ron sonrió con burla.
Seamus y Dean le observaron con duda, su expresión tan tensa como la de los demás Gryffindor.
Aunque los Slytherins le hicieron coro con risas maliciosas.
—¡Cierra la boca, Weasley! —dijo Hermione, claramente enojada.
—Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? —dijo Ron, jocoso—Nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Granger.
—¡Miren! —dijo de pronto el pelirrojo, agachándose y recogiendo algo de la hierba—Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.
La Recordadora brillaba al sol cuando la cogió.
—Trae eso aquí, Ron —dijo Harry con calma. Todos dejaron de hablar para observarlos.
El Weasley sonrió con malignidad.
—Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque... ¿Qué os parece... en la copa de un árbol?
—¡Tráela aquí! —rugió Harry, pero Ron había subido a su escoba y se alejaba. No había mentido, sabía volar pese a haber sido regañado.
Desde las ramas más altas de un roble lo llamó: —¡Ven a buscarla, Potter!
Harry cogió su escoba.
—¡No! —gritó Hermione Granger—. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío.
Harry no le hizo caso. Le ardían las orejas. Se montó en su escoba, pegó una fuerte patada y subió. El aire agitaba su pelo y su túnica, silbando tras él y, en un relámpago de feroz alegría, se dio cuenta de que había descubierto algo que podía hacer sin que se lo enseñaran.
Era fácil, era maravilloso. Empujó su escoba un poquito más, para volar más alto, y oyó los gritos y gemidos de las chicas que lo miraban desde abajo, y una exclamación admirada de Hermione y Hannah.
Dirigió su escoba para enfrentarse a Ron en el aire. Éste lo miró asombrado.
—¡Déjala —gritó Harry— o te bajaré de esa escoba!
—Ah, ¿sí? —dijo el Weasley, tratando de burlarse, pero con tono preocupado.
Harry sabía, de alguna manera, lo que tenía que hacer. Se inclinó hacia delante, cogió la escoba con las dos manos y se lanzó sobre Ron como una jabalina. Aunque Ron pudo apartarse justo a tiempo, Harry dio la vuelta y mantuvo firme la escoba. Abajo, algunos aplaudían.
—No es necesario hacer esto, Ron —exclamó Harry. Parecía que Ron se enfadada con cada maniobra que hacía Harry para llegar hasta él, inclusive en eso era mucho mejor que él.
—¡Atrápala si puedes, entonces! —gritó.
Giró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba.
Harry vio, como si fuera a cámara lenta, que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer. Se inclinó hacia delante y apuntó el mango de la escoba hacia abajo. Al momento siguiente, estaba ganando velocidad en la caída, persiguiendo a la bola, con el viento silbando en sus orejas mezclándose con los gritos de los que miraban. Extendió la mano y, a unos metros del suelo, la atrapó, justo a tiempo para enderezar su escoba y descender suavemente sobre la hierba, con la recordadora a salvo.
—¡HARRY POTTER!
Su corazón latió más rápido que nunca. La profesora McGonagall corría hacia ellos. Se puso de pie, temblando.
—Nunca... en todo mis años en Hogwarts...
La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban de furia.
—¿Cómo te has atrevido...? Has podido romperte el cuello...
—No fue culpa de él, profesora...
—Silencio, señorita Granger.
—Pero Weasley...
—Ya es suficiente, señorita Abbot. Harry Potter, ven conmigo.
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Harry les contó cada detalle de su reunión con la profesora McGonagall, como también su nueva posición en el equipo de Quidditch.
Hermione y Hannah suspiraron aliviadas, y Draco las observó con confusión, entonces dirigió su atención a Harry, interrogándole con la mirada, el hecho de que Harry evitase mirarle le hizo suponer que se lo contaría todo más tarde.
—¡Oh! Yo también tengo algo que contarles —comenzó Draco, atrayendo la atención de los otros tres niños, faltaba Longbottom pero debía pasar toda la noche en reposo— Soy el nuevo ayudante de enfermería, Madame Poppy habló con el director a pedido de la profesora Hooch, tengo que ir cada día en mis horas libres de clase para aprender con ella, así al salir de Hogwarts podré sacar la maestría y ser sanador.
Todos estaban boquiabiertos, no se esperaban aquello, aunque con los vastos conocimientos del rubio a su corta edad era más que lógico. Hermione sintió su orgullo herido y se prometió enfocar sus estudios en la medimagia también.
—¡Felicidades, dragón! —exclamó Hannah, sus ojitos almendrados llenos de lágrimas y sus mejillas rojitas de la pura felicidad.
—Gracias, Hannah. —probablemente ambos tendrían una larga charla luego.
Harry trató de no fruncir el ceño, le hubiese gustado ser el primero en felicitarlo. Y más aún, llamarle de esa forma tan especial.
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Al siguiente día y mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas. Harry estaba tan interesado como los demás en ver qué contenía, y se sorprendió mucho cuando las lechuzas bajaron y dejaron el paquete frente a él, tirando al suelo su tocino. Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó caer una carta sobre el paquete.
Harry abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque decía:
NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA
Contiene tu nueva Nimbus 2.000, pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo de quidditch a las siete, para tu primera sesión de entrenamiento.
Profesora McGonagall
Harry tuvo dificultades para ocultar su alegría, mientras le alcanzaba la nota a Draco.
—Una Nimbus 2000, muy buena escoba—murmuró Draco al terminar de leer la nota—No soy tan aficionado al quidditch, me parece barbárico, pero volar es maravilloso... Es una sabia elección de la profesora McGonagall.
Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Ron, Seamus y Dean que les cerraban el camino. Ron le quitó el paquete a Harry y lo examinó.
—Es una escoba —dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara—Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer año no tienen permiso para tener una.
Draco no pudo contenerse.
—No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál dijiste que tenías en casa, Weasley? Ninguna, porque no puedes comprar ni el palo. —gruñó, claramente enfadado.
Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flitwick apareció detrás de Harry y Draco.
—No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —preguntó con voz chillona.
—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rápidamente Ron.
—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, mirando radiante a Harry—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter ¿Y qué modelo es?
—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no angustiarse ante la cara de horror del menor de los Weasley—Y realmente es gracias a Ron que la tengo.
Harry y Draco subieron por la escalera, el primero con una gran pena al estar tan peleado con el pelirrojo, pero toda ofensa hacia Draco es una para él, directo a su corazón.
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Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las prácticas de quidditch, además de todo el trabajo del colegio, la razón por la que Harry se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive.
Sus clases, también, eran cada vez más interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.
En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron cómo hacía volar el sapo de Neville.
El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran. La pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque Neville había tratado de llamar su atención).
Hermione, sin embargo, tuvo que trabajar con Ron: Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos. La muchacha no le hablaba desde el día en que Ron insultó a Draco.
—Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las palabras mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.
Era muy difícil. Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que debía volar hasta el techo no se movía del pupitre.
Seamus se puso tan impaciente que la pinchó con su varita y le prendió fuego, y Harry tuvo que apagarlo con su sombrero.
Ron, en la mesa próxima, no estaba teniendo mucha más suerte.
—¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos brazos como un molino.
—Lo estás diciendo mal. —Harry oyó que Hermione lo reñía—. Es Win- gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.
—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.
Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus cabezas.
—¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo—. ¡Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido!
Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor y Hermione estaba muchísimo peor.
—No es raro que nadie lo soporte, ya ni sus hermanos le hablan —dijo la chica a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo—Es una maleducado y ordinario chico, te lo digo en serio.
Alguien chocó contra ambos, era Ron. Harry pudo ver su cara y le sorprendió ver que estaba rojo de furia y un par de lagrimas surcaban su rostro.
—Creo que te ha oído.
—¿Y qué? —dijo Hermione, aunque parecía un poco incómoda—Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos.
El Weasley no apareció en la clase siguiente y no la vieron en toda la tarde.
De camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, Harry y Hermione oyeron que Seamus le decía a Dean que Ron había estaba llorando y gritando en el cuarto de baño de los niños y que deseaba que lo dejaran solo. Hermione pareció más molesta aún, pero un momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las decoraciones de Halloween les hicieron olvidar al Weasley.
Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, como había ocurrido en el banquete de principio de año.
Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el turbante torcido y cara de terror. Todos lo contemplaron mientras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba—: Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.
Y se desplomó en el suelo.
Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos artificiales de su varita.
—Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato.
Percy estaba en su elemento.
—¡Seguidme! ¡Los de primer año, manteneos juntos! ¡No necesitáis temer al trol si seguís mis órdenes! Ahora, venid conmigo. Haced sitio, tienen que pasar los de primer año. ¡Perdón, soy un prefecto!
—¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry, mientras subían por la escalera.
—No tengo ni idea, parece ser que son de bajo intelecto, según mis libros... —dijo Hermione— Tal vez Peeves lo dejó entrar; como broma de Halloween, no lo podemos saber con certeza.
Pasaron entre varios grupos de alumnos que corrían en distintas direcciones.
Mientras se abrían camino entre un tumulto de confundidos Hufflepuffs, Harry súbitamente se aferró al brazo de Draco y Hermione.
—¡Acabo de acordarme... Ron!
—¿Qué pasa con él? —inquirió el Hufflepuff.
—No sabe nada del trol.
Hermione se mordió el labio.
—Oh, bueno —dijo preocupada—pero que ningún prefecto nos vea.
Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niños. Acababan de doblar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.
—¡Percy! —susurró Hermione, empujando a Harry y a Draco detrás de un gran buitre de piedra.
Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape. Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.
—¿Qué es lo que está haciendo? —murmuró Harry—¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profesores?
—No tengo la menor idea, pero debe ser algo importante... Severus no arriesgaría la seguridad de sus alumnos —Draco dijo, algo molesto ante el tono de sospecha de Harry.
Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.
—Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Hermione levantó la mano.
—¿No sientes un olor raro?
Harry olfateó y un aroma especial llegó a su nariz, una mezcla de calcetines sucios y baño público que nadie limpia.
Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Draco señaló al fondo del pasillo, a la izquierda. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.
Era una visión horrible. Más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada.
Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.
El monstruo se detuvo en una puerta y miró hacia el interior. Agitó sus largas orejas, tomando decisiones con su minúsculo cerebro, y luego entró lentamente en la habitación.
—La llave está en la cerradura —susurró Harry—podemos encerrarlo allí.
—Buena idea —respondió Draco con voz agitada.
Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, rezando para que el trol no decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar la puerta y echarle la llave.
—¡Sí!
Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pasillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: un grito agudo y aterrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con llave.
—Oh, no —dijo Hermione, tan pálida como el Barón Sanguinario.
—¡Es el cuarto de baño de los chicos! —bufó Harry.
—¡Ron! —dijeron al unísono los tres niños.
Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba?
Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, resoplando de miedo. Harry empujó la puerta y entraron corriendo.
El Weasley estaba agazapado contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El personaje deforme avanzaba hacia él, chocando contra los lavamanos.
—¡Distráiganlo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arrojó con toda su fuerza contra la pared.
El trol se detuvo a pocos pasos de Ron. Se balanceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido.
Sus ojitos malignos detectaron a Harry. Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.
—¡Hey, asquerosa e inmunda criatura! —gritó Draco desde el otro extremo, tirándole una cañería de metal. El ser deforme no pareció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hocico hacia Draco y dando tiempo a Harry para correr.
—¡Vamos, corre, corre! —Harry gritó a Ron, tratando de empujarlo hacia la puerta, pero el chiquillo no se podía mover. Seguía agazapado contra la pared, con la boca abierta de miedo.
Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Draco, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.
Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido: corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo. La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía estaba en su mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orificios nasales del trol.
Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo destrozaría, o le daría un golpe terrible con el bastón.
Ron estaba tirado en el suelo, aterrorizado. Draco empuñó su propia varita, pensando a toda máquina su siguiente acción, y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió—: ¡Wingardium leviosa!
El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.
Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Draco estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra con los ojos llorosos.
—¿Lo maté? —inquirió en un hilo de voz.
TBC
Notas de autor:
* Ya vemos como estos niños se van llevando mejor, el suceso del trol sirvió para unir a los cuatro (más Hannah y Neville), probablemente desde este momento Ron admire a Draco y tenga hasta un crush por él.
* Harry en el equipo y Draco de aprendiz, en el siguiente se verá su castigo y las primeras pistas a la piedra filosofal.
* Probablemente el próximo capítulo trate sobre Draco, sus padres y Severus.
* El próximo capítulo se llamará: Mentores.
* Este capítulo viene de regalo por la espera anterior, es el más largo hasta ahora y espero que les de mayor satisfacción, como dije previamente, tiene varios fragmentos del libro, ya que no quiero cambiarlo todo. Solo algunas partes y suprimir otras.
* Sus comentarios no me dan de comer, pero me alegran el día y me motivan a escribir, así que les agradecería que me expresasen sus opiniones y expectativas mediante uno. : )
¡Saludos y gracias por comentar!
