Resumen
Harco, slash (boy/boy), Draco Hufflepuff.
Es la primera noche en Hogwarts de Harry, y no entiende las lágrimas del niño rubio que acaba de ser seleccionado a Hufflepuff.
Disclaimer
La siguiente historia compartida tiene como único fin estimular y proveer de diversión a los lectores de fanfiction, toda información dentro de la misma es de propiedad intelectual de J.K Rowling y asociados.
De ser usado de manera lucrativa las personas responsables deben asumir su responsabilidad ante las autoridades pertinentes.
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Harry Potter y el tejón valiente I: La piedra filosofal
5. Capítulo 5: Mentores.
—No lo creo —dijo Hermione—supongo que solo está desmayado.
Harry se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris—: Puaj... qué asco.
La limpió en la piel del trol.
Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los cuatro se sobresaltaran.
No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol.
Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la marcha.
Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.
Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Draco, Harry y Hermione. Nunca la habían visto tan enfadada.
Tenía los labios blancos. Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Harry.
—¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Draco, todavía con la varita levantada—tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en sus dormitorios?
Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la vista en el suelo. Deseó que Draco pudiera esconder la varita.
Entonces, una voz surgió de las sombras.
—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.
—¡Ron Weasley!
Ron finalmente se había puesto de pie.
—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, quería probar mi valía como Gryffindor, para que Harry me admirase más que a Malfoy.
Draco dejó caer su varita. ¿Ron Weasley diciendo una mentira para salvarlos de un castigo?
—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerto. Harry le clavó su varita en la nariz, Malfoy lo hizo golpearse con su propio bastón y Granger trató de ayudarme a escapar mientras los chicos lo distraían. No tuvieron tiempo de ir a buscar ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.
Harry y Hermione trataron de no poner cara de asombro.
—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres niños—... Ron Weasley; eres un tonto. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú solo? En todos estos años... ¡Ni tus hermanos hicieron algo tan peligroso!
Ron bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Después de todas las palabras de Ron, era el menos probable para decir algo como aquello, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a ellos del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas.
—Ron Weasley, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.
Ron se marchó.
La profesora McGonagall se volvió hacia Harry, Hermione y Draco.
—Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada uno para Gryffindor, y cinco puntos para Hufflepuff. El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis iros.
Salieron rápidamente y no hablaron hasta pasar algunos cuadros. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, además del resto.
—Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos—se quejó Harry, deseando haber recibido esos cincuenta puntos por heroísmo.
—Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Weasley. —añadió Draco, sonriendo con algo de burla, él había salido ganando.
—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Hermione— Claro que nosotros lo salvamos.
—No habría necesitado que lo salváramos si no hubiéramos encerrado esa cosa con él —le recordó Harry.
Habían llegado a la intersección de pasillos, por lo que Draco debía ir por el otro pasillo. Se despidió con un beso en la mejilla a cada uno y una dulce sonrisa que hizo sonrojar a Harry y activar la suspicacia de Hermione.
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—Señor Malfoy, acompáñeme... —siseó Severus, que le esperaba dando la vuelta, Draco pegó un respingo, entonces se sobó uno de sus brazos con clara vergüenza, debió suponer que al verle en la escena del crimen ocasionaría una reprimenda.
Siguió a Severus hasta las mazmorras, donde entró cabizbajo a su despacho, escuchó un sonido de joyas y levantó la vista, ahí estaba su madre, tan elegante como siempre, cubriéndose los labios con una mano y tensa, parecía insegura.
Draco se arrojó a sus brazos sin dudar, hundiendo su rostro en su vientre.
—...Mami. —ronroneó el pequeño rubio, sin perder su sonrisa temblorosa.
—Dragón, Severus ya me comentó todas tus aventuras y nuevas actividades... estoy muy orgullosa de ti, pero preocupada ¿como es eso que te enfrentas a fantasmas y a trols? ¡Puedes salir herido!
Draco enrojeció—: Lo siento por preocuparte, mami... ¿padre está enfadado?
—Sí, está enojado y herido. Pensaba que le tenias más confianza y estima, yo también lo pensaba. Aunque se sintió bastante orgulloso al enterarse que eres el mejor en tus clases y que estás haciendo una pasantía en la enfermería, eso no significa que estás perdonado por él... Es difícil. Aunque yo nunca podría estar enfadada contigo, Dragón... ven, vamos a sentarnos.
Ambos se sentaron en uno de los sillones amplios del despacho, Severus les observaba conmovido detrás de su escritorio.
—Cuéntame todo con lujo de detalles... y más tu amistad con este niño... Harry Potter.
Severus trató de no sonreír burlón, Narcisa pensaba exactamente que él, era la forma de redención de la familia Malfoy.
Draco le contó cada una de sus recientes aventuras, sus mejillas sonrojándose al hablar de Harry, Narcisa arqueó las cejas, así que era el primer amor de su pequeño... lastima que el primer amor nunca funciona, pero era mejor que Draco no lo supiera.
—¿Y tus amigos de Slytherin? La señorita Pansy me escribió muy ofendida sobre que solo te acercas a los señores Goyle y Crabble, y en la biblioteca... —ella sonrió cálidamente, acariciando las mejillas de su pequeño.
Es tan hermoso como Lucius, pero tiene la suavidad de ella.
—Oh... ¡Pero Pansy es aburrida! Solo habla de moda y ropa, me gusta eso, pero ahora quiero concentrarme en mis estudios y ayudar a los demás, Hermione es divertida, es inteligente y suspicaz, de no ser sangremuggle hubiese sido una perfecta Slytherin, Hannah también, es muy lista y siempre está preocupada de que tengamos todo al día.
Narcisa le vio con interés. Era exactamente lo que ella deseaba para Draco, que tuviera todas sus posibilidades a la mano y no despreciase a nadie, aunque la conducta del Weasley menor la hizo sentir algo angustiada por su niño, debería hablar con Lucius del asunto y organizar una cena con la familia.
Cuando Draco se retiró a sus habitaciones Narcisa se permitió dirigirse a Severus.
—¿Eres uno de los mentores de Harry Potter, verdad? —inquirió ella con cierta duda, Severus suavizó sus facciones y se llevó una mano al puente de la nariz, sobándoselo con irritabilidad.
—Sí, Minerva también... Dumbledore quiere que sirvamos de padres para el mocoso. Merlín, de seguro quiere matarme.
—Ambos sabemos que hubieses amado ser el padre de Harry, o haber ocupado mi lugar con Lucius, Severus... Ambos son especiales para ti, cuídalos, presiento que grandes horrores vienen. —ella rodeó el escritorio y con ambas manos tomó el rostro del maestro para presionar sus labios contra su frente.
—Gracias por mantener a salvo a mi hijo, cuando yo no esté... Morgana, mi dragón no podrá ni respirar, cuídalo, Severus... también al pequeño que viene en camino.
Ella se llevó una mano al vientre, apenas se notaba su embarazo de dos meses, de alto riesgo según su edad y su delicada salud, probablemente fallecería al dar a luz, pero no le importaba si ese bebé podía sobrevivir, sabía que Severus y Lucius lo criarían bien en su ausencia.
Narcisa ama a Lucius, y Lucius la ama también, pero su corazón siempre perteneció a Severus, y aunque ambos no son amantes ella sabe que en el brillo de sus ojos existe algo más allá de la pasión. Lucius siempre la respetará, quizá hasta después de su muerte.
Severus pareció conmocionado... ¿otro niño? Lucius debería estar feliz, después de todo el concebir a Draco les fue bastante difícil.
—Los cuidaré con mi vida, a los hijos de mis dos grandes amores. —prometió el profesor sin ningún atisbo de mentira o vergüenza.
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Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió muy frío. Las montañas cercanas al colegio adquirieron un tono gris de hielo y el lago parecía de acero congelado. Cada mañana, el parque aparecía cubierto de escarcha. Por las ventanas de arriba veían a Hagrid descongelando las escobas en el campo de quidditch, enfundado en un enorme abrigo de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor.
Iba a comenzar la temporada de quidditch.
Aquel sábado, Harry jugaría su primer partido, después de semanas de entrenamiento: Gryffindor contra Slytherin. Si Gryffindor ganaba, pasarían a ser segundos en el campeonato de las casas.
Casi nadie había visto jugar a Harry, porque Wood había decidido que sería su arma secreta. Harry también debía mantenerlo en secreto. Pero la noticia de que iba a jugar como buscador se había filtrado, y Harry no sabía qué era peor: que le dijeran que lo haría muy bien o que sería un desastre.
Era realmente una suerte que Harry tuviera a Hermione y Draco como amigos. No sabía cómo habría terminado todos sus deberes sin la ayuda de ellos, con todo el entrenamiento de quidditch que Wood le exigía. Hermione también le había prestado Quidditch a través de los tiempos, que resultó ser un libro muy interesante.
Harry se enteró de que había setecientas formas de cometer una falta y de que todas se habían consignado durante los Mundiales de 1473; que los buscadores eran habitualmente los jugadores más pequeños y veloces, y que los accidentes más graves les sucedían a ellos; que, aunque la gente no moría jugando al quidditch, se sabía de árbitros que habían desaparecido, para reaparecer meses después en el desierto del Sahara.
Ron se había vuelto un poco más flexible en lo que se refería a soportar la presencia de Draco, desde que Harry, Hermione y el rubio lo salvaron del monstruo, y era mucho más agradable.
El día anterior al primer partido de Harry los cinco estaban fuera, en el patio helado, durante un recreo, y la muchacha había hecho aparecer un brillante fuego azul, que podían llevar con ellos, en un frasco de mermelada. Estaban de espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruzó el patio.
De inmediato, Harry se dio cuenta de que Snape cojeaba. Los chicos se apiñaron para tapar el fuego, ya que no estaban seguros de que aquello estuviera permitido.
Por desgracia, algo en sus rostros culpables hizo detener a Snape. Se dio la vuelta, arrastrando la pierna. No había visto el fuego, pero parecía buscar una razón para regañarlos.
—¿Qué tienes ahí, Potter?
Era el libro sobre quidditch. Harry se lo enseñó.
—Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio —dijo Snape—Dámelo. Cinco puntos menos para Gryffindor.
—Seguro que se ha inventado esa regla —murmuró Harry con furia, mientras Snape se alejaba cojeando—me pregunto qué le pasa en la pierna.
Ron iba a soltar algún amargo comentario, pero se lo aguardó al notar la expresión de penumbra del Malfoy.
—Lo recuperaré, no te preocupes... También debo cambiar los vendajes de su pierna. —Draco se despidió de un beso en la mejilla de Harry y Hermione, un ademán de la mano del Weasley y partió junto a Hannah, Harry sintió que ambos ocultaban algo.
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—Sabes que no es necesario que me cambies las vendas cada día, dragón... puedo ir con Madame Pomfrey.
Draco negó varias veces, entonces desinfecto la herida y moviendo su varita con suma delicadeza comenzó a cerrar aún más la herida, al ser una criatura mágica Fluffy había hecho daño que no podía ser reparado en varios días o corría riesgo de infección.
—Deberías decirle al director tus sospechas, Severus... He visto varias veces al profesor hablando solo, o susurrando que tiene miedo de algo. —Draco arrugó su respingada naricita, no confiaba para nada en Quirrell, menos en ese turbante extraño.
Severus negó varias veces con la cabeza pese al claro descontento de Draco, no entendía esa necesidad que tiene su padrino para probarse a sí mismo, si la cosa se sale de control nuevamente tomará las riendas por sí solo e irá con el director a poner en evidencia al tartamudo, Draco no soporta la ineficiencia.
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La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las salchichas fritas y las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de quidditch.
—Tienes que comer algo para el desayuno—pronunció Draco con los labios fruncidos.
—No quiero nada.
—Aunque sea un pedazo de tostada —suplicó Hermione.
—No tengo hambre.
Harry se sentía muy mal. En cualquier momento echaría a andar hacia el terreno de juego.
—Harry, necesitas fuerza —dijo Hannah—. Los únicos que el otro equipo marca son los buscadores.
—Gracias, Hannah —respondió Harry, observando cómo llenaba su vaso de jugo de calabaza.
A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch. Muchos alumnos tenían prismáticos. Los asientos podían elevarse pero, incluso así, a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo.
Ron y Hermione se reunieron con Draco y Hannah en la grada más alta. Para darle una sorpresa a Harry, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers había estropeado. Decía: «Potter; presidente», y Dean, que dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego Hermione había realizado un pequeño hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color.
Mientras tanto, en los vestuarios, Harry y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las túnicas color escarlata de quidditch (Slytherin jugaba de verde).
Wood se aclaró la garganta para pedir silencio.
—Bueno, chicos —dijo.
—Y chicas —añadió la cazadora Angelina Johnson.
—Y chicas —dijo Wood—. Éste es...
—El grande —dijo Fred Weasley
—El que estábamos esperando —dijo George.
—Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver —dijo Fred a Harry—. Estábamos en el equipo el año pasado.
—Callaos los dos —ordenó Wood—. Éste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos años. Y vamos a ganar.
Les lanzó una mirada que parecía decir: «Si no...».
—Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos.
Harry siguió a Fred y George fuera del vestuario y, esperando que las rodillas no le temblaran, pisó el terreno de juego entre vítores y aplausos.
La señora Hooch hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.
—Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos —dijo cuando estuvieron reunidos a su alrededor.
Harry notó que parecía dirigirse especialmente al capitán de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto año.
Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando sobre la muchedumbre: «Potter; presidente». Se le aceleró el corazón. Se sintió más valiente.
—Montad en vuestras escobas, por favor.
Harry subió a su Nimbus 2.000. Draco se mordió el labio inferior, apretando con mucha más fuerza sus prismáticos, no deseaba que Harry se lesionara, aún cuando él podía curarlo.
La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y estaban muy lejos.
Harry volaba sobre el juego, esperando alguna señal de la snitch. Eso era parte del plan que tenían con Wood.
—Manténte apartado hasta que veas la snitch —le había dicho Wood—No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo.
Cuando Angelina anotó un punto, Harry dio unas volteretas para aflojar la tensión, y volvió a vigilar la llegada de la snitch.
En un momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley; en otro, una bludger decidió perseguirlo, como si fuera una bala de cañón, pero Harry la esquivó y Fred Weasley salió a atraparla.
—¿Está todo bien, Harry? —tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la bludger con furia hacia Flint.
Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pucey dejaba caer la quaffle, demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el relámpago dorado, que había pasado al lado de su oreja izquierda.
Harry la vio. En un arrebato de excitación se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado. El buscador de Slytherin, Terence Higgs, también la había visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la snitch... Todos los cazadores parecían haber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.
Draco no perdía vista de la escoba de Harry, apretujando la mano de Hannah, Neville estaba a su otro lado y junto a él Hermione y Weasley. Los cinco niños tenían expresiones similares, aunque Draco era el más asustado ante las peligrosas maniobras.
Harry era más veloz que Higgs. Podía ver la pequeña pelota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aumentó su velocidad y...
¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Harry, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferraba para no caer.
—¡Falta! —gritaron los Gryffindors.
La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego ordenó tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol. Pero con toda la confusión, la snitch dorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.
Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.
—¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!
—Esto no es el fútbol, Dean —le recordó Ron—No se puede echar a los jugadores en quidditch... ¿Y qué es una tarjeta roja?
Pero Hannah estaba de parte de Dean.
—Deberían cambiar las reglas. Marcus Flint ha podido derribar a Harry en el aire.
Cuando Harry esquivó otra bludger, que pasó peligrosamente cerca de su cabeza, ocurrió. Su escoba dio una súbita y aterradora sacudida.
Durante un segundo pensó que iba a caer.
Se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Nunca había experimentado nada semejante.
Sucedió de nuevo. Era como si la escoba intentara derribarlo. Pero las Nimbus 2.000 no decidían súbitamente tirar a sus jinetes. Harry trató de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensión del partido, y entonces se dio cuenta de que su escoba estaba completamente fuera de control.
No podía dar la vuelta. No podía dirigirla de ninguna manera. Iba en zigzag por el aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo hacían caer.
El partido seguía, sin embargo.
Los de Slytherin vitoreaban. Nadie parecía haberse dado cuenta de la conducta extraña de la escoba de Harry.
Lo llevaba cada vez más alto, lejos del juego, sacudiéndose y retorciéndose.
—No sé qué está haciendo Harry —murmuró Draco mirando con los prismáticos.
—Si no lo conociera bien, diría que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser... —Weasley alzó la voz, tratando de que no sonase temblorosa.
De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Harry por encima de las gradas. Su escoba había comenzado a dar vueltas y él apenas podía sujetarse.
Entonces la multitud jadeó. La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry quedó colgando, sujeto sólo con una mano.
—¿Le sucedió algo cuando Flint le cerró el paso? —susurró Hermione.
—No puede ser —dijo Draco, con voz temblorosa, al punto del llanto—Nada puede interferir en una escoba, a excepción de las artes oscuras. Ningún otro alumno le puede hacer eso a una Nimbus 2.000.
Ante esas palabras, Hermione cogió los prismáticos de Draco, pero en lugar de enfocar a Harry comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud.
—¿Qué haces? —gimió Ron, con el rostro grisáceo.
—Lo sabía —resopló Hermione—. Snape... Mira.
Ron cogió los prismáticos. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos.
Tenía los ojos clavados en Harry y murmuraba algo sin detenerse.
—Está haciendo algo... Mal de ojo a la escoba —dijo Hermione. —¿Qué podemos hacer?
Draco dudó, entonces recuperó los prismáticos, apuntando hacia el profesor del turbante, que caminaba entre las tribunas sin dejar de murmurar.
—No es Severus, es Quirrell, Granger... Te lo encargo.
Antes de que Weasley pudiera decir algo más, Hermione había desaparecido.
Draco volvió a enfocar a Harry. La escoba vibraba tanto que era casi imposible que pudiera seguir colgado durante mucho más tiempo.
Todos miraban aterrorizados, mientras los Weasley volaban hacía él, tratando de poner a salvo a Harry en una de las escobas. Pero aquello fue peor: cada vez que se le acercaban, la escoba saltaba más alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caía.
Marcus Flint cogió la quaffle y marcó cinco tantos sin que nadie lo advirtiera.
—Vamos, Granger... —suplicaba bajito Draco, sin perderse de vista el espectáculo que Harry entregaba.
Hermione había cruzado las gradas hacia donde se encontraba Quirrell y en aquel momento corría por la fila de abajo. Ni se detuvo para disculparse cuando atropelló a uno de los alumnos y, cuando llegó donde estaba Quirrell, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras.
Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la túnica de Quirrell. El profesor tardó unos treinta segundos en darse cuenta de que se incendiaba. Un súbito aullido le indicó a la chica que había hecho su trabajo. Atrajo el fuego, lo guardó en un frasco dentro de su bolsillo y se alejó gateando por la tribuna. Quirrell nunca sabría lo que le había sucedido.
Fue suficiente. Allí arriba, súbitamente, Harry pudo subir de nuevo a su escoba.
—¡Neville, Hannah ya pueden mirar! —dijo Draco. Neville había estado llorando contra el hombro de Hannah aquellos últimos cinco minutos, la niña igual se había cubierto el rostro con ambas manitas.
Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse.
Tosió y algo dorado cayó en su mano.
—¡Tengo la snitch! —gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.
—No es que la haya atrapado, es que casi se la traga —todavía gritaba Flint veinte minutos más tarde.
Pero aquello no cambió nada.
Harry no había faltado a ninguna regla y Gryffindor seguía proclamando alegremente el resultado.
Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesenta.
Pero Harry no oía nada.
Tomaba una taza de té fuerte, en las cocinas, con Draco, Hannah y Hermione.
—Era Quirrell —comenzó Draco—Granger y yo lo vimos. Estaba maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te quitaba los ojos de encima mientras se movía, caminaba para alejar la atención.
—¿Y Snape? —preguntó Hermione, con algo de duda, el profesor de pociones igual estaba murmurando.
—Severus estaba tratando el contra hechizo... —buscó en su túnica y les enseñó un memo.
"Explícale al mocoso que algunos estamos de su lado.
S.S."
—Bueno, eso le libra de sospechas—agregó Harry antes de que Hermione agregará algún comentario adicional debido a sus sospechas.
—Pero... ¿Por qué Quirrell? —la voz bajita de Hannah llamó la atención de los otros tres niños.
—Lo del trol es un indicio... Está tratando de llegar a algo. Aparte ya tenía mis sospechas sobre él hace tiempo. Se supone que era un historiador y alguien afamado por su entereza y conocimiento sobre las artes oscuras, por lo que mi padre me comentó después de un encuentro con un vampiro en Rumanía quedó así de chalado, sus clases ya me dan suficiente dolor de cabeza, pero es obvio que oculta algo tras esa tartamudearía y carácter débil. A mí no me engaña. —Draco dio un sorbo a su chocolate caliente al finalizar su pequeño monólogo.
Hermione se llevó una mano al mentón.
—Tiene sentido... ¿Pero qué quiere obtener? Atacando a Harry y ocasionando el incidente del trol. —Hermione parecía pensar a toda máquina, estrujando el mesón con algo de urgencia.
Al menos había olvidado el tema de la esclavitud de los elfos por el momento. Apenas había notado que no recibían paga y eran vinculados a familias mágicas que los maltrataban se había revolucionado, pese a que Hannah y Draco le explicaron que ellos eran felices sirviendo.
Hannah suspiró sonoramente, mordisqueando una de sus tantas magdalenas.
—Uhm... Pero ganamos. —la voz tímida de Harry les sacó de sus cavilaciones, Draco le dedicó una sonrisa brillante y se inclinó para dejarle un besito sobre su mejilla izquierda. Hermione soltó un bufido cómico al notar como las mejillas del más pequeño del grupo se coloreaban.
A Hermione Draco le agradaba mucho, se daba el tiempo de explicarle todo lo que ella no entendía y poco a poco se iba familiarizando a sus tradiciones mágicas.
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—...Bien, me gustaría presentarles a su nuevo profesor de historia, el señor Remus Lupin.
Draco le observó casi sentado en el borde de la silla, con muchísimo interés. Era un hombre bastante cálido y desbordaba un aura que era atrayente para el rubio. Cuando hicieron contacto visual se sonrieron mutuamente con igual energía.
Las clases las había estado dictando Dumbledore mientras buscaba un reemplazo permanente para el profesor Binns y si bien a Draco le gustaba como enseñaba el director prefería que un experto en la materia dictará las clases, así sería más divertido.
Remus Lupin parecía interesante, y a Draco le gusta hacer amigos.
Cuando la clase finalizó Draco se quedó pese a la mirada llena de curiosidad de Hannah, a la que ordenó adelantarse.
—Draco Malfoy. —se presentó, sonriéndole con calidez—Me encantó su clase, profesor... Me gusta mucho la historia y me preguntaba si pudiera enseñarme más sobre eso, el profesor Binns no era exactamente un buen maestro y el abuelo Dumbledore—como le llama cariñosamente el pequeño Malfoy—no es exactamente un experto en la materia...
Remus estaba sorprendido, no se esperaba un Malfoy en Hufflepuff y mucho menos que fuera tan dulce, respetuoso y cariñoso como lo es Draco Malfoy. Se acomodó de mejor manera en su escritorio y le observó con claro afecto.
—¿Te gustaría hacer una maestría, Draco? —inquirió el profesor.
El pequeño negó—: Me gusta aprender, mi sueño es ser sanador, ya estoy en prácticas con Madame Poppy, ella es agradable... ¿Usted tiene alguna otra maestría?
—Sí, en artes oscuras y defensa. Pero me apasiona muchísimo más la historia, es bueno aprender de nuestros errores y si bien el profesor Binns fue bueno en algún momento no estaba trayendo ningún provecho... Fue un buen movimiento, el director me comentó que fuiste tú quien le ayudó a irse.
Draco se avergonzó, asintiendo.
—¿Usted... qué sabe sobre Nicolas Flamel? Sé que fue un reconocido alquimista y creador de la... —Draco quedó en blanco... ¡Eso era!
—De la piedra filosofal, sí. Capaz de alargar la vida y convertir oro, grandioso invento, pero peligroso en las manos equivocadas. Asumo que eso ya lo sabías y que acabas de tener una Epifanía, te recomiendo tengas cuidado, hay cosas que es mejor evitar.
Remus le palmeó los cabellos y le dejó ir, se preguntó si habría hecho mal en dejarle así como así.
Aún no comprende el riesgo que cometió Albus en dejar un objeto tan peligroso en la escuela.
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—¡Lo tengo! Sumado a lo que dijo Hagrid sobre lo que custodia Fluffy ya sabemos que hay en el colegio: La piedra filosofal, la inmortalidad y la riqueza. Claramente Quirrell teme a morir o desea ser asquerosamente rico. —Draco parecía contento, de hecho, chorreaba esa energía vital que hacía sonreír con cariño a Harry.
Hermione parecía feliz de que hubieran resuelto el misterio, ahora quedaba asegurar la piedra, lo que era difícil...
Los tres niños suspiraron, lo peor era que había un profesor anhelando la piedra y aunque fueran con el director él desecharía sus miedos.
TBC
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Notas de autor:
* Los niños se enteran de Fluffy en una incursión siguiendo a Quirrell, interrogan a Hagrid al intuir que él tiene que ver con el perro.
* En este capítulo vemos la adición del nuevo mentor. Remus se ocupará de ayudar a Draco y brindar cariño y atenciones a Harry. En el próximo capítulo se verán sus aproximaciones.
* Las sospechas ya están sobre el individuo y se acercan las navidades. Probablemente ocurrirán hechos que hagan avanzar la historia.
* Lucius aparecerá en el próximo capítulo. Al igual que los Weasley.
* Gracias por seguir comentado, me llenan de felicidad. Aunque me gustaría que cada uno de los lectores dejase su opinión, es mucho pedir, supongo.
* Espero el capítulo este bien, ya que lo escribí en tiempos distintos.
¡Saludos y gracias por comentar!
