6 capítulo

Resumen

Harco, slash (boy/boy), Draco Hufflepuff.

Es la primera noche en Hogwarts de Harry, y no entiende las lágrimas del niño rubio que acaba de ser seleccionado a Hufflepuff.

Disclaimer

La siguiente historia compartida tiene como único fin estimular y proveer de diversión a los lectores de fanfiction, toda información dentro de la misma es de propiedad intelectual de J.K Rowling y asociados.

De ser usado de manera lucrativa las personas responsables deben asumir su responsabilidad ante las autoridades pertinentes.


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Harry Potter y el tejón valiente I: La piedra filosofal

6. Capítulo 6: Deseos de tu corazón.

Se acercaba la Navidad. Una mañana de mediados de diciembre Hogwarts se descubrió cubierto por dos metros de nieve. El lago estaba sólidamente congelado y los gemelos Weasley fueron castigados por hechizar varias bolas de nieve para que siguieran a Quirrell y lo golpearan en la parte de atrás de su turbante.

Las pocas lechuzas que habían podido llegar a través del cielo tormentoso para dejar el correo tuvieron que quedar al cuidado de Hagrid hasta recuperarse, antes de volar otra vez.

Todos estaban impacientes de que empezaran las vacaciones. Mientras que la sala común de Gryffindor, la de Hufflepuff y el Gran Comedor tenían las chimeneas encendidas, los pasillos, llenos de corrientes de aire, se habían vuelto helados, y un viento cruel golpeaba las ventanas de las aulas.

Lo peor de todo eran las clases del profesor Snape, abajo en las mazmorras, en donde la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo más cerca posible de sus calderos calientes. Al menos el profesor tenía piedad de Harry al dejar las puertas abiertas.

—Me da mucha lástima —dijo Draco mientras caminaba por el pasillo junto a Hannah, realmente sentía lo que estaba diciendo— toda esa gente que tendrá que quedarse a pasar la Navidad acá... Bueno, al menos Harry se viene conmigo, me alegra mucho que el abuelo Dumbledore lo permitiese.

Era verdad que Harry no iría a Privet Drive para las fiestas. La profesora McGonagall había pasado la semana antes, haciendo una lista de los alumnos que iban a quedarse allí para Navidad, evitando que Harry escribiese su nombre de inmediato, Narcisa Malfoy ya había enviado una carta anteriormente extendiendo una invitación al muchacho, habría una gran cena de Navidad e incluso la familia Weasley estaba invitada.

Harry no se sentía triste, ya que probablemente ésa sería la mejor Navidad de su vida. Draco había sugerido que compartieran su habitación, pese a la magnitud de la mansión Malfoy.

Cuando Harry, Ron, Hermione y Neville abandonaron los calabozos, al finalizar la clase de Pociones, encontraron un gran abeto que ocupaba el extremo del pasillo.

Dos enormes pies aparecían por debajo del árbol y un gran resoplido les indicó que Hagrid estaba detrás de él.

—Hola, Hagrid. ¿Necesitas ayuda? —preguntó Ron, metiendo la cabeza entre las ramas.

—No, va todo bien. Gracias, Ron.

—¿Te importaría quitarte de en medio? —La voz fría y gangosa de Pansy Parkinson llegó desde atrás—¿Estás tratando de ganar algún dinero extra, Weasley? Supongo que quieres ser guardabosques cuando salgas de Hogwarts... Esa choza de Hagrid debe de parecerte un palacio, comparada con la casa de tu familia.

Ron se lanzó contra Pansy justo cuando aparecían Snape, Draco y Hannah en lo alto de las escaleras.

—¡WEASLEY!

Ron soltó el cuello de la túnica de Parkinson.

—Lo han provocado, profesor Snape —dijo Hagrid, sacando su gran cabeza peluda por encima del árbol—La señorita estaba insultando a su familia.

—Lo que sea, pero pelear está contra las reglas de Hogwarts, Hagrid, y mucho menos es tolerable el ataque a una señorita —dijo Snape con voz amable—Cinco puntos menos para Gryffindor; Weasley, y agradece que no sean más. Y ahora marchaos todos.

Pansy y sus amigas pasaron bruscamente, sonriendo con presunción.

—Voy a atraparla —dijo Ron, sacando los dientes ante la espalda de la chica—. Uno de estos días la atraparé...

Goyle y Crabble se acercaron a Draco, desplazando a Hannah unos pasos. Harry les observó con interés.

—Oh... Ellos son Vincent y Gregory, son mis mejores amigos desde los tres años. —los presentó Draco con una sonrisa cálida, ambos niños le miraban con adoración, aún ante el ceño fruncido del Weasley.

—Vamos, arriba el ánimo, ya es casi Navidad —dijo Hagrid—Os voy a decir qué haremos: venid conmigo al Gran Comedor; está precioso.

Así que todos siguieron a Hagrid y su abeto hasta el Gran Comedor, donde la profesora McGonagall y el profesor Flitwick estaban ocupados en la decoración.

El salón estaba espectacular. Guirnaldas de muérdago y acebo colgaban de las paredes, y no menos de doce árboles de Navidad estaban distribuidos por el lugar, algunos brillando con pequeños carámbanos, otros con cientos de velas.

—¿Cuántos días os quedan para las vacaciones? —preguntó Hagrid.

—Sólo uno —respondió Hermione, algo expectante ante todos los libros que debía leer sobre etiqueta—... ¡Chicos! Debemos ir a la biblioteca, Ron, Harry... ¿Nos ayudarán, Draco y Neville?

Ambos muchachos habían crecido bajo las leyes sangre pura, por lo que se manejaban bastante bien en las cenas de gala.

—Sí, claro, tienes razón —dijo Ron, obligándose a apartar la vista del profesor Flitwick, que sacaba burbujas doradas de su varita, para ponerlas en las ramas del árbol nuevo.

—¿La biblioteca? —preguntó Hagrid, acompañándolos hasta la puerta—¿Justo antes de las fiestas? Un poco triste, ¿no creéis?

—Oh, no es un trabajo —explicó alegremente Harry—La familia Malfoy nos invitó a una fiesta de gala el día de nochevieja, por lo que estamos un tanto nerviosos en como comportarnos.

—¿Qué? —Hagrid parecía sorprendido—Bueno, eso no me lo esperaba...

Dejaron a Hagrid intrigado y fueron rápidamente a la biblioteca.

Hermione sacó una lista de títulos y temas que había decidido eran importantes; mientras Ron se paseaba entre una fila de libros y los sacaba al azar. Harry se apoyó contra uno de los hombros de Draco, Crabbe y Goyle estaban divertidos con la recordadora de Neville.

Cinco minutos más tarde, Ron y Hermione aparecieron con varios tomos en los brazos y se marcharon a almorzar.


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Cuando comenzaron las vacaciones, Harry pudo observar cómo era realmente la mansión Malfoy, habían pavos reales albinos y todo era tan brillante y pulcro que parecía que nadie vivía ahí, a Harry le daba temor ensuciar tanta majestuosidad con su presencia simple.

En la víspera de Navidad, Harry estaba frente al espejo realmente nervioso, Draco estaba sentado en la cama atándose las botas, el rubio se veía tan hermoso que Harry casi pierde el aliento más de una vez, como si fuera un verdadero ángel.

La túnica de Draco es blanca, con detalles dorados de dragones que se entrelazan en las mangas, y en los bordes también le cubren hilos de oros, su broche es la cabeza de un dragón, probablemente de material precioso, los ojos de la criatura parecen de diamante. Bajo ésta un chaleco que enmarca su pequeña cintura de color blanco e iguales hilos dorados. Pantalones blancos dentro de unas botas de piel de dragón negras.

Solo le faltaban las alas y Harry se sentiría en el paraíso.

La túnica de Harry es verde esmeralda con detalles en plata. En vez de dragones, las mangas terminaban en forma de serpientes, y el broche era también la cabeza de una, los ojos del reptil probablemente eran dos rubíes. Abajo de la túnica un chaleco, que le apretaba bastante, de un tono más oscuro acompañado de una camisa que parecía ahorcarle con cada movimiento. Los pantalones eran negros y las botas eran idénticas a las de Draco.

Él no entendía como su querubín podía lucir con tanta entereza un vestuario tan incomodo.

Draco se le acercó desde atrás con un peine y unas pociones entre las manos.

—Ya lo he intentado, este pelo no se aplaca con nada... —admitió Harry con pesimismo, aunque Draco no se acobardó, tomándole de un brazo le acercó a la silla frente al tocador y se puso manos a la obra.

Aplicó las pociones con cuidado en el cuero cabelludo, dando masajes circulares, entonces esperó unos minutos y el cabello de Harry comenzó a crecer y amoldarse a su rostro, cayendo en suaves ondas. Harry parecía sorprendido, lo estaba y mucho, eso no hacía más que subir el ego de estilista de Draco.

Draco tomó el cabello con cuidado entre sus manos y lo ató en una cola baja. Luego quitó los feos lentes de Harry y le entregó un vial.

—Es de efecto de veinticuatro horas, pero te permitirá ir por ahí sin estas feas gafas. —Draco hizo un mohín, al menos el regalo que había comprado sería permanente aunque costoso.

Harry soltó un resoplido burlón y se bebió de golpe la poción, entonces le entregó su lugar al rubio querubín, observando con curiosidad como se aplicaba la misma poción que a él, aunque el cabello de Draco creció hasta por debajo de los hombros y lo acomodó con un broche bastante bonito en forma de mariposa.

A Harry se le antojó que Draco era lo más bonito entre niños y niñas.

Se inclinó delante de él y pegó sus labios contra la suave boquita del querubín. Draco pareció algo ido al principio pero cuando Harry se separó de él le sonrió como si le hubieran dado el regalo más genial e impresionante del mundo.

—...¿Otro? —pidió Draco, sus ojitos ilusionados y sus mejillas coloradas.

Harry negó con la cabeza pero le cumplió la petición, no había cosa en el mundo que Harry pudiera negarle a Draco, incluso había aprendido a tolerar a Snape.

Su sesión de suaves besos fue interrumpida por el golpeteo de la puerta.

—Harry, Draco... Debéis bajar, los invitados ya van a llegar. —la voz de la señora Malfoy era melodiosa y cálida, llenaba el pecho de Harry con un sentimiento similar al cariño.

—Luego seguimos. —prometió el moreno, dejándole un último beso en los labios a un ilusionado Draco.

—Promesa de honor. —logró balbucear el rubio, entonces se levantó, acomodándose el largo cabello y entregando una de sus manos a Harry, quien la aceptó gustoso.

La mansión Malfoy se veía tan esplendorosa como Hogwarts, grandes árboles como postes entre las mesas del salón. Guirnaldas, hadas y muérdago rodeando cada esquina y ventanal. Incluso habían luces navideñas y Harry pensó que eran en honor a su presencia y la de Hermione.

Los primeros en llegar fueron la profesora McGonnagall, el director y el profesor Snape.

El director había saludado jovial a los tres Malfoy y a Harry, deteniéndose en Draco y acomodando un broche con la forma de un fénix en el otro lado de su cabello, Harry no podía ver más que embobado lo hermoso que se veía de esa forma el rubio.

Lucius estaba tenso, pero no por eso menos satisfecho al notar aquel gesto del director, los estaba reconociendo como parte de la orden, ese broche en el cabello de Draco lo probaba.

Neville Longbottom llegó luego, en compañía de su abuela, quien miraba con ojo crítico cada detalle, pero al notar a Harry y la presencia del rubio no hizo más que ablandarse su gesto.

Al igual que Dumbledore se detuvo frente al pequeño Malfoy y tomando sus manos entre las propias se pronunció—: La casta Longbottom está en deuda contigo, pequeño. Acepta esto como parte de nuestra protección.

Al soltarle las manos se llevó las manos al cuello y retiró un viejo medallón, a Draco se le antojó como una reliquia bastante bonita. En el centro había un rubí, y era rodeado por pequeños diamantes, la cadena es de plata y destila magia que se siente cálida y protectora.

Narcisa ahogó un jadeó en una mano, ocasionando una mirada divertida de Augusta.

—Es el medallón de protección de los Longbottom, es reconocida como una de las siete reliquias más sagradas entre los sangrepura, se supone que se heredaría a Neville, pero al salvar su vida estamos en deuda contigo, pequeño Malfoy. Nuestra gratitud y fe van contigo.

Harry observaba confundido el intercambio, al ver la expresión de profunda conmoción de Narcisa y la satisfecha de Lucius Malfoy pudo suponer que era algo bueno.

Draco parecía en otro lugar, hasta que al fin pudo pronunciar, medio conmovido y emocionado—: Muchas gracias, mi lady, su tesoro estará a salvo conmigo, también este medallón lo estará.

Augusta parecía satisfecha cuando fue a reunirse con Dumbledore, Neville y Harry se perdieron a una de las mesas de dulces ante la mirada celosa del Malfoy, él igual quiere una galleta de jengibre, pero las obligaciones de un anfitrión son fijas e ineludibles.

Los Weasley llegaron unos momentos después, como una manada, inclusive Charlie y Bill Weasley estaban presentes.

—Weasley. —saludó Lucius, tenso.

—Malfoy. —Arthur Weasley no parecía de mejor carácter y predisposición.

Aunque ambas mujeres se saludaron con afecto, como viejas amigas.

Los niños se fueron presentando de a uno, siendo Charlie Weasley el que más llamó la atención de Draco, ante una mirada ceñuda de Ron y la tensa de Harry.

Hannah y sus padres llegaron con túnicas bastante lindas y elegantes, en compañía de Hermione Granger y sus curiosos padres de origen muggle.

Luego de eso se sumó la presencia del profesor Lupin y la profesora Sprout. Llegó el ministro de magia y muchas más eminencias del mundo mágico inglés.

Inclusive Diggory había sido invitado, llamando la atención de las jóvenes señoritas.

Parkinson, Nott, Goyle, Crabble y Zabini fueron la guinda del pastel. Aunque todos fueron cordiales entre ellos se podía sentir lo espeso que estaba el ambiente.

Y mientras Draco bailaba con un apuesto Charlie Weasley, riendo de quién sabe que cosa, Ron y Harry se llenaban la boca con amargura.

—El genial Charlie. —masculló Ron.

Harry solo gruñó.

—Ustedes solo están...

—...celosos del...

—... gran Charlie y sus...

—...maneras de coquetear a...

—...lindos dragones.

Lo gemelos Weasley rodearon a ambos niños con sendas sonrisas traviesas, al parecer ya habían hecho de las suyas.

Eso solo aumentaba el malhumor de Harry, Charlie Weasley parecía alguien genial, trabajaba con dragones... ¡Draco amaba los dragones! Bufó.

Metros más allá Hermione, Hannah y, extrañamente, Pansy Parkinson, comentaban lo lindos que se veían el pelirrojo y el pequeño rubio bailando juntos.

—Aunque Harry está que bota humo por las orejas. —comentó una divertida Hermione, dando un sorbo a su jugo de calabaza.

—Potter no es nada un buen partido para mi Dragón, válgame Merlín, sus hijos nacerían cuatro-ojos... que hoy luzca bien no significa nada, sólo es Draco y su buen gusto. —Pansy no cedía terreno.

—Aunque Charlie se vea genial no creo que capture del todo a Draco, es mayor y dragón parece hasta los huesos por Harry... Y por lo que se puede ver, es mutuo. —Hannah tampoco cedía terreno, no le gustaba tanto el Weasley para Draco.

Cuando al fin la pieza terminó, el rubio se reunió con sus amigos, las chicas se unieron al grupo rápidamente, con sendas sonrisas.

Aunque la presencia de Pansy era resentida aún por Ron, ella lo ignoraba categóricamente.

—Se ven muy lindas, chicas. —dijo Draco, sonriéndoles de esa forma que hacía derretir a todos, más a un Harry Potter celoso.

—... No sé bailar pero podemos si quieres... —Harry empezó, torpe, ocasionando risas enternecidas de Hannah y Hermione, y el ceño fruncido de Ron y Pansy.

Draco le tomó de la mano y se lo llevó a la pista de baile.

Mientras un tímido Neville le pedía bailar a una alegre Hannah y Hermione era invitada a bailar por Cedric Diggory, ocasionando un tierno sonrojo en la castaña.

Pansy sacó a bailar a Zabini, y los gemelos se reían de un solitario Ron, que al menos tenía comida y la compañía de unos callados Crabble y Goyle.


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—Son solo niños, Minerva. —comentó Dumbledore, sus ojos brillando con una profunda pena.

Verlos disfrutar sin distinción de sus casas le hacía sentirse cansado y viejo, eran niños con una responsabilidad sobre sus hombros bastante grande.

—Albus... —la profesora iba a comenzar pero fue interrumpida por la presencia de Lucius y Narcisa Malfoy.

—Director... Profesora McGonagall... —Lucius les dedicó un asentimiento con la cabeza a ambos.

Narcisa no se contuvo a saludarlos a ambos con un abrazo y un beso en la mejilla, pese a la mirada de reprobación de Lucius, las hormonas del embarazo hacían a su esposa mucho más demostrativa y sensible.

—Señores Malfoy... Gracias por su invitación, fue una sorpresa muy bien recibida, aunque el profesor Flitwick tuvo que servir de mi reemplazo por esta agradable noche. —el director no dejaba atrás su sonrisa, tan afable como sus viejas facciones.

Aunque ni Lucius, ni Narcisa se dejaban engañar por las manipulaciones del director, sabían que atrás de su desvalida apariencia existía alguien tan poderoso como su antiguo señor.

—Sé que él no está muerto, Dumbledore... Por Draco, sé que usted le tiene afecto, concédanos la oportunidad de su protección, trabajaremos y entregaremos nuestras vidas por su causa si eso asegura la protección de Draco y nuestra estirpe. —Lucius no iba a perder esa oportunidad, menos al notar cómo era de cercano Draco al niño-que-vivió.

Dumbledore se llevó una mano a su mentón, rascándolo por encima de la larga barba canosa.

—Lo pensé, el fénix es un traslador en caso de peligro, aún no se lo informaré a Draco, no considero que exista un gran peligro asechándonos por el momento, pero también tiene hechizos de protección, que se extienden a sus cercanos. Les aconsejo que no dejen que se lo quite, tampoco el medallón Longbottom, probablemente él desee venir por lo que le pertenece primero, Draco es muy puro y eso para la maldad es atrayente.

Narcisa se apoyó contra uno de los brazos de su marido, ajena a la intensa mirada de Severus a lo lejos.

—Un trato, entonces. Cualquier información le será traída, señor. En especial con los acontecimientos del próximo año, el mundial de Quidditch es atrayente para todos aquellos que desean hacer mal. —con un último cabeceo Lucius se despidió, llevándose a una ligeramente angustiada Narcisa.

El embarazo la descompensa bastante.


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Cuando Harry se fue a la cama, se encontraba deseoso de que llegara el día siguiente, pensando en toda la diversión y comida que lo aguardaban, pero sin esperar ningún regalo. Cuando al día siguiente se despertó temprano, lo primero que vio fue unos cuantos paquetes a los pies de su cama.

—¡Feliz Navidad! —lo saludó medio dormido Draco, mientras Harry parecía algo ido ante la imagen que proyectaba el rubio, con el largo cabello despeinado y una expresión somnolienta.

—Para ti también —contestó Harry—. ¡Mira esto! ¡Me han enviado regalos!

—¿Qué esperabas, nabos? —dijo Draco con ternura, volviéndose hacia sus propios paquetes, que eran más numerosos que los de Harry

Harry cogió el paquete que estaba más arriba.

Estaba envuelto en papel de embalar y tenía escrito: «Para Harry de Hagrid».

Contenía una flauta de madera, toscamente trabajada. Era evidente que Hagrid la había hecho. Harry sopló y la flauta emitió un sonido parecido al canto de la lechuza.

El segundo, muy pequeño, contenía una nota.

«Recibimos tu mensaje y te mandamos tu regalo de Navidad. De tío Vernon y tía Petunia.»

Pegada a la nota estaba una moneda de cincuenta peniques.

—Qué detalle —comentó Harry.

Draco estaba fascinado con los cincuenta peniques.

—Que raro... —dijo— ¿Esto es dinero?

—Puedes quedarte con ella —dijo Harry, riendo ante el rostro de Draco—. Hagrid, mis tíos... ¿Quién me ha enviado éste?

—Creo que sé de quién es ése —dijo Draco algo rojo y señalando un paquete en forma de cajita—Es de mi parte.

Harry abrió el paquete con sumo cuidado, sorprendido al notar la caja de madera, dentro había un vial con una poción traslúcida y otra cajita finamente envuelta.

—¿Esto es...? —Harry estaba sin palabras, no lograba entender del todo la función de la poción.

—Para tu vista, es correctiva definitivamente y no tiene ninguna contraindicación, se va acostumbrando según tu medio ambiente. —le explicó el rubio con su voz de sabelotodo que hacía que Harry deseara escucharle hablar todo el día.

Al salir de su estupor se bebió de golpe la poción, era el mejor regalo que le habían dado hasta ahora. Aunque su atención se dirigió a la cajita que descansaba dentro de la de madera. Quitó la envoltura y sonrió con ternura al encontrar un medallón con forma de león dentro. Realmente precioso.

—Gracias, Draco... Yo, espero te guste el mío. —Harry había pedido ayuda a la profesora McGonagall para poder comprar sus regalos de Navidad.

Draco tomó el paquete que Harry le indicó, con algo de ansiedad removió el empaque, quedó maravillado con lo que era su regalo... ¡una caja de música!

Cuando la abrió sonaba una dulce melodía y dentro habían unas réplicas de ambos, un pequeño Draco sobre un columpio mientras un pequeño Harry le empujaba.

La caja es de madera blanca y suaves detalles en oro le rodean. Fuera están sus iniciales "D&H" escritas en oro.

—¡Está preciosa! Me encanta, Harry. —Draco se movió sobre la cama y acortó las distancias entre ambos para pegar sus labios a los del moreno, un beso dulce pero lleno de significado para sus mentes infantiles.

—Tú me encantas a mí... —logró balbucear Harry sin salir de su estupor.

Draco solo soltó un par de risas antes de seguir con sus regalos.

Harry abrió el siguiente paquete en su haber y encontró un jersey tejido a mano, grueso y color verde esmeralda, y una gran caja de pastel de chocolate casero.

Al parecer era de parte de la señora Weasley.

—Es muy amable de parte de la madre de Ron —dijo Harry probando el pastel,

que era delicioso.

Al parecer Draco había recibido una entrega similar.

El siguiente regalo también tenía golosinas, una gran caja de ranas de chocolate, de parte de Hermione.

Le quedaban los últimos. Harry cogió uno y notó que era muy ligero. Lo desenvolvió.

Algo fluido y de color gris plateado se deslizó hacia el suelo y se quedó brillando.

Draco se quedó mirándole con interés.

—¿Qué es?

Harry cogió el género brillante y plateado. El tocarlo producía una sensación extraña, como si fuera agua convertida en tejido.

—Es una capa invisible —pronunció Draco, con admiración—Estoy seguro... Pruébatela.

Harry se puso la capa sobre los hombros Draco lanzó un grito de júbilo.

—¡Lo es! ¡Mira abajo!

Harry se miró el torso, pero ya no estaba.

—Hay una nota...—dijo de pronto Draco.

Harry se quitó la capa y cogió la nota. La caligrafía, fina y llena de curvas, era desconocida para él.

Decía:

Tu padre dejó esto en mi poder antes de morir.

Ya es tiempo de que te sea devuelto. Utilízalo bien.

Una muy Feliz Navidad para ti.

No tenía firma.

Harry contempló la nota.

—¿Qué sucede, Harry?

—Nada —dijo Harry, se sentía muy extraño.

¿Quién le había enviado la capa? ¿Realmente había pertenecido a su padre?

Si era así era algo que atesoraría con muchas fuerzas.

Draco se movió un poco más para estrecharle en un brazo.

—Debe doler mucho no haberles conocido... Pero ahora nos tienes a nosotros, somos tu familia, todos... ¡Incluso la aterradora abuela de Neville!

Harry soltó unas amargas carcajadas. Sí, sin duda era una buena Navidad.


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La noche que volvieron a la escuela Harry se sintió realmente solo en la cama de su habitación de Gryffindor y dispuesto a buscar un refrigerio se aferró de su capa y salió por los pasillos de la escuela. Mientras iba caminando no notó como se tropezaba con una de las armaduras, ruido que alertó a la gata del celador, la señora Norris.

Corrió tanto como le dieron las piernas.

A la izquierda había una puerta entreabierta. Era su única esperanza. Se deslizó, conteniendo la respiración y tratando de no hacer ruido.

Para su alivio, entró en la habitación sin que lo notaran. Pasaron por delante de él y Harry se apoyó contra la pared, respirando profundamente, mientras escuchaba los pasos que se alejaban.

Habían estado cerca, muy cerca.

Transcurrieron unos pocos segundos antes de que se fijara en la habitación que lo había ocultado.

Parecía un aula en desuso. Las sombras de sillas y pupitres amontonados contra las paredes, una papelera invertida y apoyada contra la pared de enfrente... Había algo que parecía no pertenecer allí, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio.

Era un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras.

Tenía una inscripción grabada en la parte superior: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.

Ya no oía a Filch ni a su misteriosa gata, y Harry no tenía tanto miedo.

Se acercó al espejo, deseando mirar para no encontrar su imagen reflejada. Se detuvo frente a él.

Tuvo que llevarse las manos a la boca para no gritar.

Giró en redondo.

El corazón le latía más furiosamente que cuando el libro había gritado... Porque no sólo se había visto en el espejo, sino que había mucha gente detrás de él.

Pero la habitación estaba vacía.

Respirando agitadamente, volvió a mirar el espejo.

Allí estaba él, reflejado, blanco y con mirada de miedo y allí, reflejados detrás de él, había al menos otros diez.

Harry miró por encima del hombro, pero no había nadie allí.

¿O también eran todos invisibles? ¿Estaba en una habitación llena de gente invisible y la trampa del espejo era que los reflejaba, invisibles o no?

Miró otra vez al espejo. Una mujer, justo detrás de su reflejo, le sonreía y agitaba la mano. Harry levantó una mano y sintió el aire que pasaba. Si ella estaba realmente allí, debía de poder tocarla, sus reflejos estaban tan cerca... Pero sólo sintió aire: ella y los otros existían sólo en el espejo.

Era una mujer muy guapa. Tenía el cabello rojo oscuro y sus ojos... «Sus ojos son como los míos», pensó Harry, acercándose un poco más al espejo. Verde brillante, exactamente la misma forma, pero entonces notó que ella estaba llorando, sonriendo y llorando al mismo tiempo.

El hombre alto, delgado y de pelo negro que estaba al lado de ella le pasó el brazo por los hombros. Llevaba gafas y el pelo muy desordenado. Y se le ponía tieso en la nuca, igual que a Harry.

Harry estaba tan cerca del espejo que su nariz casi tocaba su reflejo.

—¿Mamá? —susurró—. ¿Papá?

Entonces lo miraron, sonriendo. Y lentamente, Harry fue observando los rostros de las otras personas, y vio otro par de ojos verdes como los suyos, otras narices como la suya, incluso un hombre pequeño que parecía tener las mismas rodillas nudosas de Harry. Estaba mirando a su familia por primera vez en su vida.

Los Potter sonrieron y agitaron las manos, y Harry permaneció mirándolos anhelante, con las manos apretadas contra el espejo, como si esperara poder pasar al otro lado y alcanzarlos. En su interior sentía un poderoso dolor, mitad alegría y mitad tristeza terrible.

Aunque una presencia discordaba ahí, a su lado, tomando su mano estaba el pequeño rubio que había capturado su atención desde la tienda de túnicas en el callejón Diagon.

Con su largo cabello rubio y mejillas gorditas, Draco le miraba con atención y sonreía a Lily y a James.

No supo cuánto tiempo estuvo allí. Los reflejos no se desvanecían y Harry miraba y miraba, hasta que un ruido lejano lo hizo volver a la realidad.

No podía quedarse allí, tenía que encontrar el camino hacia el dormitorio.

Apartó los ojos de los de su madre y susurró: «Volveré».

Salió apresuradamente de la habitación.

.

—¡Te lo digo! Yo lo vi, podemos ir en un momento si quieres... Incluso tú estabas ahí, quizá tú también puedas ver a mis padres, conocer a mi madre... Ella es tan hermosa.

Draco escuchaba a Harry con atención, entonces aprovechó una distracción y se escaparon de la atención desmedida de sus amigos. Ron y Hermione discutían maneras para proteger la piedra, adicionales a las poco eficaces de los profesores.

Y cubiertos con la capa se dirigieron al pasillo del afamado espejo divino.

Cuando Draco se paró justo frente al espejo ahogó un jadeó entre sus manos. Ahí, una versión adulta de él, con el cabello tan largo hasta las caderas y de su mano una versión adulta de Harry. Rodeados de pequeños rubios y de ojos verdes y morenos de ojos grises. Tras de ellos estaban sus padres, Lucius con algunas arrugas y Narcisa con una sonrisa cariñosa mientras apoyaba una de sus manos sobre un hombro de Draco. Al lado de su padre estaba Severus, una mueca orgullosa entre tanto "mocoso". Más atrás estaban Hannah, Neville y Weasley, todos sonriendo despreocupados.

—Todos se ven tan felices... —murmuró Draco acercándose al espejo, sus ojos llorosos. Nunca había visto a sus padres ni a Severus sonreír así.

—¿Los ves? ¿A mis padres? —preguntó Harry, con ansiedad.

Draco negó.

—Estamos todos, tú, yo, Hannah, Hermione... ¡Incluso Weasley! Todos están tan felices, mis padres... Oh, mi madre luce tan hermosa.

Harry le apartó con cuidado pese a los quejidos del Malfoy.

Ahí, la imagen le devolvía a sus padres.

—Yo solo veo a mis padres, mi familia y a ti.

Draco suspiró exasperado, entonces levantó el rostro y leyó—: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse... Esto no es tu cara, si no, de tu corazón el deseo... ¡El espejo de Oesed! Leí de él en uno de los libros de mi casa, muestra tu máximo deseo... —su expresión enrojeció.

El deseo de su corazón es que todos fueran felices, en especial él y Harry, con muchos niños para perpetuar sus familias.

Harry tuvo la misma revelación, con tristeza, sus padres no estaban ahí, solo era un reflejo de lo que más anhelaba.

Draco le estrechó en un abrazo.

.

La tercera ocasión encontró el camino más rápidamente que las veces anteriores.

Andaba más rápido de lo que habría sido prudente, porque sabía que estaba haciendo ruido, pero no se encontró con nadie.

Y allí estaban su madre y su padre, sonriéndole otra vez, y uno de sus abuelos lo saludaba muy contento.

Harry se dejó caer al suelo para sentarse frente al espejo. Nadie iba a impedir que pasara la noche con su familia. Nadie.

Excepto...

—Entonces de vuelta otra vez, ¿no, Harry?

Harry sintió como si se le helaran las entrañas. Miró para atrás. Sentado en un pupitre, contra la pared, estaba nada menos que Albus Dumbledore.

Harry debió de haber pasado justo por su lado, y estaba tan desesperado por llegar hasta el espejo que no había notado su presencia.

—No... no lo había visto, señor.

—Es curioso lo miope que se puede volver uno al ser invisible —dijo Dumbledore, y Harry se sintió aliviado al ver que le sonreía—. Entonces — continuó Dumbledore, bajando del pupitre para sentarse en el suelo con Harry—, tú, como cientos antes que tú, has descubierto las delicias del espejo de Oesed.

—Draco me comentó como se llamaba...

—Entonces te habrás dado cuenta de lo que hace, ¿no?

—Bueno... me mostró a mi familia y...

—Y Draco le mostró como todos eran felices...

—¿Cómo lo sabe...?

—No necesito una capa para ser invisible —dijo amablemente Dumbledore—. Y ahora ¿puedes pensar qué es lo que nos muestra el espejo de Oesed a todos nosotros?

—Nos muestra lo que queremos... lo que sea que queramos...

—Sí y no —dijo con calma Dumbledore—. Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Draco, que no conoce más que la amabilidad, solo anhela que todos seamos profundamente felices. Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.

Continuó—: El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado. No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo. Ahora ¿por que no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?

Harry se puso de pie.

—Señor... profesor Dumbledore... ¿Puedo preguntarle algo?

—Es evidente que ya lo has hecho —sonrió Dumbledore—. Sin embargo, puedes hacerme una pregunta más.

—¿Qué es lo que ve, cuando se mira en el espejo?

—¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana.

Harry lo miró asombrado.

—Uno nunca tiene suficientes calcetines —explicó Dumbledore—. Ha pasado otra Navidad y no me han regalado ni un solo par. La gente sigue insistiendo en regalarme libros.

En cuanto Harry estuvo de nuevo en su cama, se le ocurrió pensar que tal vez Dumbledore no había sido sincero.

Pero es que, pensó mientras sacaba a Scabbers de su almohada, había sido una pregunta muy personal.


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Extra - La llegada a la plataforma King Cross.

Lucius y Narcisa esperaban con sus semblantes estirados, mirando con fingido desprecio a la 'chusma' que creía poder igualarse a su nivel de magnificencia. La mujer miraba anhelante a lo lejos a ratos, esperando volver a ver después de tanto tiempo a su pequeño dragón.

El embarazo se nota apenas, pero es cubierto con un glamour, ambos desean esperar para informárselo a Draco, al menos hasta más adelantado el curso.

Narcisa se acomodó la bufanda, que había logrado sacar una exclamación a más de uno en la plataforma, tenía los motivos de Hufflepuff.

Lucius en cambio, llevaba la corbata de la casa, que se disimulaba más pero no se perdía ante los ojos curiosos.

Era el silencioso apoyo a su pequeño retoño y que probablemente aparecería en el profeta o revistas sensacionalistas el día siguiente.

Cuando el tren arribó y ambos niños bajaron en busca de los padres del rubio se detuvieron en seco. Los ojos de Draco se humedecieron y sin contener su muestra de afecto se aferró a sus padres en un abrazo apretado.

—... Gracias. —dijo Draco entre lágrimas de puro regocijo y felicidad.

Harry logra entender apenas, pero la felicidad de Draco es la suya y sonríe.

Cuando Narcisa le extiende su mano, Harry la acepta, Draco va al otro lado de la elegante mujer.

—Mis padres, Narcisa y Lucius Malfoy. —los presentó Draco, aún con el rastro de las lagrimas— Harry Potter, madre, padre.

Harry les observó tímidamente, aunque Narcisa ya le sonreía con afecto. Obtuvo una mirada suave de Lucius y un cabeceo. Pero eso era bastante según lo que Draco le había mencionado de su padre.

Al parecer serían unas buenas navidades.

TBC


Notas de autor:

* Sus comentarios nunca me van a molestar, me gusta leer sus sugerencias y demás, pero eso no quiere decir que tomaré cada una de ellas. La historia ya está pensada de una forma y se hará así.

* Respecto al Draco Centric, él es el protagonista de la historia, indudablemente todo acaba girando en torno a él, incluso las desiciones de Harry y sus conocimientos. Si bien el título se llama Harry Potter y... Es porque está basada en la historia de los libros, Harry tiene su rol icónico pero no es el protagonista.

* No quise agregar directamente la escena de King Cross, muy fluff. Por lo que está abajo como un extra.

* También comentaron sobre la cercanía de Remus y Draco. Remus servirá como un padre para Harry, si. Pero será el mentor de Draco, le enseñara primero a él antes que a Harry, cuyos mentores son Minerva y Severus.

* Sirius también aparecerá pronto, aunque no como todos lo esperan. Se librará de Azkaban, sí, pero en la historia original su demencia no es tanta, aquí le veremos más retraído y asustado. Los dementores no son dulces carceleros y tampoco escapará, saldrá con todas las de la ley gracias al congraciado matrimonio Malfoy y sus investigaciones.

* El libro número uno tendrá pocos capítulos, a lo máximo diez u once, no estoy segura aún, pero como ya saben, el libro dos no irá, pasaremos directo al prisionero de Azkaban y el mundial de Quidditch a finales de año, el torneo de los tres magos se celebrará en el tercer curso.

* También añadiré una shipp algo crack: Cedric/Hermione, aunque no aseguro su continuidad. Otra shipp que me gusta es el Blaise/Pansy, así que a lo largo de la historia se desarrollará de forma cómica. A Ron le tengo planes amorosos, probablemente algún Hufflepuff igual de problemático que él.

* Si bien, me gusta mucho el Harry/Draco, también iré agregando tintes de Draco Bowl, es que no sé, siendo el rubio tan adorable es imposible no querer apachurrarlo y enamorarse de él, hasta yo lo haría.

* Comenten, incluso un "Sigue la historia" da ánimos, los comentarios atraen más lectores y se me hace gratificante que me lean.

* La siguiente actualización no será hasta la próxima semana, mañana vuelvo a mi casa y estaré recuperando clases y tiempo con mis amigas.

* Actualmente no tengo beta, la verdad es que tenía pero al pasar el capítulo no encontraban fallas y los subía así como estaban. Eso me molesta, necesito alguien que de verdad quiera corregir los defectos, por pequeños que sean. Envíenme un inbox si desean ayudar.

¡Saludos y gracias por comentar!