Resumen
Harco, slash (boy/boy), Draco Hufflepuff.
Es la primera noche en Hogwarts de Harry, y no entiende las lágrimas del niño rubio que acaba de ser seleccionado a Hufflepuff.
Disclaimer
La siguiente historia compartida tiene como único fin estimular y proveer de diversión a los lectores de fanfiction, toda información dentro de la misma es de propiedad intelectual de J.K Rowling y asociados.
De ser usado de manera lucrativa las personas responsables deben asumir su responsabilidad ante las autoridades pertinentes.
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Harry Potter y el tejón valiente II: La cámara de los secretos
Capítulo 10: Vacaciones de verano.
—Creo que deberíamos repasarlo todo otra vez —dijo tío Vernon—. Tendremos que estar en nuestros puestos a las ocho en punto. Petunia, ¿tú estarás...?
—En el salón —respondió enseguida tía Petunia—, esperando para darles la bienvenida a nuestra casa.
—Bien, bien. ¿Y Dudley?
—Estaré esperando para abrir la puerta. —Dudley esbozó una sonrisa idiota—. ¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
—¡Les va a parecer adorable! —exclamó embelesada tía Petunia.
—Excelente, Dudley —dijo tío Vernon. A continuación, se volvió hacia Harry—. ¿Y tú?
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy —dijo Harry, con voz inexpresiva.
—Exacto —corroboró con crueldad tío Vernon—. Yo los haré pasar al salón, te los presentaré, Petunia, y les serviré algo de beber. A las ocho quince...
—Anunciaré que está lista la cena —dijo tía Petunia—. Y tú, Dudley, dirás...
—¿Me permite acompañarla al comedor, señora Mason? —dijo Dudley, ofreciendo su grueso brazo a una mujer invisible.
—¡Mi caballerito ideal! —suspiró tía Petunia.
—¿Y tú? —preguntó tío Vernon a Harry con brutalidad.
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy —recitó Harry.
—Exacto. Bien, tendríamos que tener preparados algunos cumplidos para la cena. Petunia, ¿sugieres alguno?
—Vernon me ha asegurado que es usted un jugador de golf excelente, señor Mason... Dígame dónde ha comprado ese vestido, señora Mason...
—Perfecto... ¿Dudley?
—¿Qué tal: «En el colegio nos han mandado escribir una redacción sobre nuestro héroe preferido, señor Mason, y yo la he hecho sobre usted»?
Esto fue más de lo que tía Petunia y Harry podían soportar. Tía Petunia rompió a llorar de la emoción y abrazó a su hijo, mientras Harry escondía la cabeza debajo de la mesa para que no lo vieran reírse.
—¿Y tú, niño?
Al enderezarse, Harry hizo un esfuerzo por mantener serio el semblante.
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy —repitió.
—Eso espero —dijo el tío duramente—. Los Mason no saben nada de tu existencia y seguirán sin saber nada. Al terminar la cena, tú, Petunia, volverás al salón con la señora Mason para tomar el café y yo abordaré el tema de los taladros. Con un poco de suerte, cerraremos el trato, y el contrato estará firmado antes del telediario de las diez. Y mañana mismo nos iremos a comprar un apartamento en Mallorca.
A Harry aquello no le emocionaba mucho. No creía que los Dursley fueran a quererlo más en Mallorca que en Privet Drive.
—Bien..., voy a ir a la ciudad a recoger los esmóquines para Dudley y para mí. Y tú —gruñó a Harry—, mantente fuera de la vista de tu tía mientras limpia.
Harry salió por la puerta de atrás. Era un día radiante, soleado. Cruzó el césped, se dejó caer en el banco del jardín y canturreó entre dientes: «Cumpleaños feliz..., cumpleaños feliz..., me deseo yo mismo...»
No había recibido postales ni regalos, y tendría que pasarse la noche fingiendo que no existía. Abatido, fijó la vista en el seto. Nunca se había sentido tan solo.
Antes que ninguna otra cosa de Hogwarts, antes incluso que jugar al quidditch, lo que de verdad echaba de menos era a Draco, y claro que a Hermione y los demás. Pero ellos no parecían acordarse de él. Ninguno de los dos le había escrito en todo el verano, a pesar de que Draco le había dicho que lo invitaría a pasar el verano en su casa.
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—. ¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
Harry bufó al escuchar la voz pomposade Dudley, en su habitación, cubierto hastala frentecon sus sábanas. Entonces escuchó un suave murmullo, aquella voz suave y cantarina que encantaba a todos.
Se levantóde golpey salióde su habitacióncon cuidado, abajo se sentíanlas voces de sus tíos, tíaPetunia parecía encantadacon la maravillosa señora Mason, pero al oírla voz de ella nodudó de quiénera. Sonriócon ganas... ¿acaso... acaso veníanpor él?
—Tienen una hija muy linda... —comentó Petunia, provocando que el señor Mason fruncierael ceño.
—Es nuestro hijo... —murmuró, su vozsedosa denotandoel desprecio que sentíaante aquella aseveración, Draco solo se sonrojó, aúncon su traje, completamenteblanco, seguíapareciendo una dulce señorita.
La señora Mason solo soltó una suavey cantarina risa, su mirada dulce parecíaafiladabuscandocualquier indicio de aquella criaturita que buscaban.
Draco seguíasu mirada, tambiénbuscandoindiciosde él... ¿acasoDumbledore les habíamentido?
La conversaciónse centraba en el temadela empresa, aunque a Draco podíaimportarle menos, se levantó excusándose con querer ir al tocador, bajo la mirada embobada de Dudley, quien aúnno creíaque alguien tan hermosa pudiera ser hombre.
Draco se desvióal sentirle, aquella presencia quevolvíasus pensamientoscompletamente nulos.
—... ¿Harry? —susurró al verle de pieenla cocina.
—Draco... sabíaque eras tú...
Ambos se sostuvieron entrelos brazos, suslabios buscándosecon ternura.
Dudley, quien habíaseguidoa la bonita muchacharubia para indicarledóndequedaba el tocador, quedóhecho piedra al ver aquella escena... ¿Cómo?
—...¡Mamá!... ¡Papá!... el... ¡el fenómeno!
Vernon enrojecióde golpe, y dando zancadas se internóen lacocina, frente alas miradas perplejas de ambos rubios.
Petunia solo sonriónerviosamente antes de seguir a su marido.
—¡Suéltale! —exclamó tíoVernon, ocasionando que Harry temblara, pero no se amedrentóy siguiósosteniendo a Dracotras su cuerpo, protegiéndolede aquella persona violenta.
—...¿Harry? —la voz de laseñora Mason se escuchóen lacocina, y tanto tíoVernon como tíaPetunia quedaron congelados.
Harry dejóde temblarcuando los brazosde la mujer le rodearon en un abrazo.
—Vinimos a buscarte, pequeño... Me alegra que Draco pudieralocalizarte, no hay fotos aquí tuyas, por un momentopensé que nos equivocamos de familia.
Lucius carraspeó—: Narcissa... estás haciendoun número frente a... estas personas.
Eltono despectivo no fue ajeno para Petunia, cuya sonrisa tensa se intensificó.
—Padre. —Draco habló, entonces tomóla mano derechade Harry—. ¿Podemos irnos ya?
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Harry no volvió a pensar en los Dursley a partir de ese momento, sus rostros avergonzados fueron suficientepara él después dela reprimenda de Narcissa y el hecho que Lucius firmarael contrato con total desprecio.
Se acurrucó con Draco en el enorme sofá, hasta que sintióa un granperrosalir de la naday arrojarse contra él, lamiendosu rostrocon ganas.
Harry se preguntósi estaba tan flaco para parece un enorme hueso.
Escuchó las risas de Draco cuando el perrose desvióa porél.
—Paddy... basta, tenemos un invitado.
Y frente a losojos impresionadosde Harry, el enorme perro sobre Draco se transformóen un hombre, de cabellos negros rizadosy una sonrisa juguetona. Aunque lo que hizofruncirel ceño de Harry fueque seguíasobre Draco, aplastándolecontra el sofáy sin querer soltarle.
—Harry, él es Sirius Black... tu...
—Mi padrino. —los ojosde Harry brillaron, y aúncuando no le agradabala confianza que el hombreteníacon Draco, era suficiente para su corazóny mente infantilsaberque el hombre era familia.
—Cachorro... yo... —el hombre se estrujaba tímidamente la túnica, mientras Draco se deslizaba bajo su cuerpo y les sonreía con ternura.
—Los dejo solos, Paddy después llevas a Harry al comedor, la cena esta por empezar.
Sirius desvió la mirada en el pequeño rubio, viéndole con una adoración que a Harry se le antojó molesta.
Al parecer su padrino había caído por la fiebre Draconiana, al igual que varios más.
Harry carraspeó.
—¿Cómo?... o sea, Remus nos habló de ti, de mis padres... pero, no entiendo... ¿Por qué te apresaron? Es injusto, ellos... mis tíos no fueron buenos, siempre deseé que alguien estuviera ahí, que me quisiera... y estabas tú, inaccesible.
Harry no logró contener las lágrimas, y se regañó, él es un niño grande, él es el héroe de Draco, a partir de ese momento él protegeríaal rubio.
Sirius estaba en condiciones parecidas, con elllanto en la garganta. Entonces apresóal más pequeñoen un abrazo. Tan parecido a James, pero con los brillantesojos verdes de Lily.
—Shh... cachorro, siempreme culparepor no habertepodido dar la infanciaque tus padres queríanpara ti. Eranmis mejores amigos, y a ti te veíacomo mi hijo. Eras un bebé precioso, tan gordito y suave. James y Lily te amaban muchísimo. Remusy yo te amamos muchísimo... Si nos permites, estaríamos tan felices si vivieras con nosotros, pensamos comprar una casa en el campo...
Harrycomenzóa sollozarmientras asentía... ¡Si! ¡Claroque si!
Media hora después, era Sirius quien guiaba a su pequeño ahijado al salón de eventos. Estaba decorado con diversos motivos, pero Harry no sabía a qué se debía, entonces comenzó a oír diversas voces cantando la canción del cumpleaños muggle y sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente. Draco y Narcissa se detuvieron frente a él alzando una tarta bastante grande, que tenía doce velas y un pequeño Harry volando en su escoba y persiguiendo la Snitch.
Sopló las velas sin pedir ningún deseo, ya tenía absolutamente todo lo que alguna vez había pedido.
Fue saludado por los Weasley encompleto, al parecer Fred y George habíanpodidotraer un retrete como regalo, pudo verlo asomarseen la mesa de regalos. Hermione y sus padres tambiénhabíanvenido, ocasionándolesonrisas, su amiga se había emocionado tanto que le aferrócon fuerza ylloró sobresu hombro.
Al parecer la ausencia de cartaserapara no soltar ningúndesliz en ellas sobre la fiesta sorpresa.
Dumbledore y todos los profesores tambiénestaban. El profesor Lupinigual estaba emocionado por vera su cachorro volverse másgrande. Lo llenaba de unregocijo casi maternal.
Narcissa con su vientre abultado a la vista, sonreíacon las lágrimasa punto.
Harryse enterómás tardeque la bella mujerestaba por dar a luz.Y sonrióimaginandoa otropequeñorubioigual de adorableque Draco.
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Fue a mediadosde agosto que elpequeño Phoenix Lucius Malfoy-Black nació, ocasionando la trágicamuerte de Narcissa Malfoy. Severus fuequiense encargóde los acontecimientos, él en conjunto de la bella mujerhabíanhecho todos los preparativos del funeral díaantes de que ésta diera a luz.
El díaque la enterraron llovió, una lluviaque se deslizabasobre lascriptas de lafamilia Malfoy de formalúgubreantelos ojos deHarry.
Y Draco, oh, su pequeño querubín.
Era sostenido con fuerza por Lucius Malfoy, cuyo rostro se veíademacradopor el impactantehecho y la profundatristeza que sentía. Ambos lloraban, era una belleza melancólica, como ángelessufriendo la peor de las maldiciones.
Siriussosteníauno de los hombros de Harry, ninguno lloraba. Remus si parecíaconmocionado, al parecer se habíanhecho buenos amigos durante el periodoescolar y el verano.
Molly Weasley sostenía al pequeño bebé Malfoy entre sus brazos, ella también lloraba mientras su esposo abrazaba sus hombros. Ambas mujeres se habían vuelto íntimas dado el giro de los acontecimientos, y Narciso había alertado a Molly de su inminente descenso, aunque la matriarca Weasley tenía la esperanza de que las posibilidades fueran distintas.
Fue una ceremonia hermosa, pero ninguno de los Malfoy fue capaz de dar un discurso, por lo que aquel hecho fue dejado en manos de un sombrío Severus Snape.
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Fue durante una de las últimas tardes de verano que Harry conoció a Dobby.
Mientras Draco cuidaba a Phoenix, Harry había decidido ir por un par de refrigerios. Dobby parecía adorar cada pequeño paso que daba, claramente indeciso sobre su proceder respecto al pequeño héroe, Harry solo sonreía agradecido por las acciones de los demás elfos, de seguro los pasteles harían sentir mucho mejor al pequeño Malfoy.
—¿Cual es su nombre? —preguntó Harry respetuosamente.
—Dobby, señor. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico —contestó la criatura.
—Estoy encantado de conocerlo —se apresuró a añadir Harry—. Pero, en fin, parece que quiere decirme algo… ¿qué es?
—Sí, señor —contestó Dobby con franqueza—. Dobby ha querido decirle, señor..., no es fácil, señor... Dobby se pregunta por dónde empezar...
—Siéntese —dijo Harry educadamente, señalando una de las sillas que estaban a los lados de los mesones.
Para consternación suya, el elfo rompió a llorar, y además, ruidosamente.
—¡Sen-sentarme! —gimió—. Nunca, nunca en mi vida...
—Lo siento —murmuró—, no quise ofenderle.
—¡Ofender a Dobby! —repuso el elfo con voz disgustada—. A Dobby ningún mago además del amito le había pedido nunca que se sentara...
Harry indicó a Dobby la silla junto a él, y el elfo se sentó hipando. Parecía un muñeco grande y muy feo. Por fin consiguió reprimirse y se quedó con los ojos fijos en Harry, mirándole con devoción.
—Se ve que no ha conocido a muchos magos educados —dijo Harry, intentando animarle.
Dobby negó con la cabeza. A continuación, sin previo aviso, se levantó y se puso a darse golpes con la cabeza contra uno de los mesones, gritando: «¡Dobby malo! ¡Dobby malo!»
—No..., ¿qué está haciendo? —Harry dio un bufido, se acercó al elfo de un salto y tiró de él hasta devolverlo sobre una de las sillas.
—Dobby tenía que castigarse, señor —explicó el elfo, que se había quedado un poco bizco—. Dobby ha estado a punto de hablar mal de su familia, señor… De su amito Draco, que es una persona muy buena, muy dulce.
—¡Calma! Dudo que el ami— Digo, Draco, quiera verlo castigarse de una manera tan cruenta, él es una persona muy buena… Pero… ¿hay algo en lo que necesite usted ayuda?
—Harry Potter pregunta si puede ayudar a Dobby... Dobby estaba al tanto de su grandeza, señor, pero no conocía su bondad...
Harry, consciente de que se estaba ruborizando, dijo—: Sea lo que fuere lo que ha oído sobre mi grandeza, no son más que mentiras. Ni siquiera soy el primero de la clase en Hogwarts, es Hermione, ella...
—Harry Potter es humilde y modesto —dijo Dobby, respetuoso. Le resplandecían los ojos grandes y redondos—. Harry Potter no habla de su triunfo sobre El-que-no-debe-ser-nombrado.
—¿Voldemort? —preguntó Harry.
Dobby se tapó los oídos con las manos y gimió—: ¡Señor, no pronuncie ese nombre! ¡No pronuncie ese nombre!
—¡Perdón! —se apresuró a decir—. Sé de muchísima gente a la que no le gusta que se diga..., mi amigo Ron...
Dobby se inclinó hacia Harry, con los ojos tan abiertos como faros.
—Dobby ha oído —dijo con voz quebrada— que Harry Potter tuvo un segundo encuentro con el Señor Tenebroso, hace sólo unas semanas..., y que
Harry asintió con la cabeza, y a Dobby se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¡Ay, señor! —exclamó, frotándose la cara con una punta del sucio almohadón que llevaba puesto—. ¡Harry Potter es valiente y arrojado! ¡Ha afrontado ya muchos peligros! Pero Dobby quiere proteger a Harry Potter, debe advertirle, aunque más tarde tenga que pillarse las orejas en la puerta del horno, que Harry Potter no debe regresar a Hogwarts… ¡Ni el amito Draco! Debe decirle…. ¡No pueden volver!
Hubo un silencio que solo era roto cuando los demás elfos movían cosas dentro de la gran cocina, algunos escuchaban con los ojos abiertos como platos, horrorizados por la conducta de Dobby… ¡Si los amos supieran!
—¿Qué-qué? —tartamudeó Harry—. Pero si tengo que regresar; el curso empieza el 1 de septiembre. Eso es lo único que me ilusiona… ¡Quiero ser un gran mago! Hogwarts es como mi hogar, todos mis amigos están ahí… Para Draco es igual, él quiere ser medimago…
—No, no, no —chilló Dobby, sacudiendo la cabeza con tanta fuerza que se daba golpes con las orejas—. Harry Potter debe estar donde no peligre su seguridad. Es demasiado importante, demasiado bueno, para que lo perdamos. Si Harry Potter y el amito Draco vuelven a Hogwarts, estarán en peligro mortal.
—¿Por qué? —preguntó Harry sorprendido, alterado por la seguridad de Draco.
—Hay una conspiración, Harry Potter. Una conspiración para hacer que este año sucedan las cosas más terribles en el Colegio Hogwarts de Magia —susurró Dobby, sintiendo un temblor repentino por todo el cuerpo—. Hace
meses que Dobby lo sabe, señor. Harry Potter no debe exponerse al peligro: ¡es demasiado importante, señor!
—¿Qué cosas terribles? —preguntó inmediatamente Harry—. ¿Quién las está tramando?
Dobby hizo un extraño ruido ahogado y acto seguido se empezó a golpear nuevamente la cabeza furiosamente contra el mesón.
—¡Está bien! —gritó Harry, sujetando al elfo del brazo para detenerlo—. No puede decirlo, lo comprendo. Pero ¿por qué ha querido usted avisarme? —Un pensamiento repentino y desagradable lo sacudió—. ¡Un momento! Esto no
tiene nada que ver con Vol..., perdón, con Quien-usted-sabe, ¿verdad? Basta con que asiente o niegue con la cabeza —añadió apresuradamente, porque Dobby ya se disponía a golpearse de nuevo contra el mesón.
Dobby movió lentamente la cabeza de lado a lado.
Draco aprovechó ese instante para asomarse a las cocinas, con Phoenix agarrado su túnica con uno de sus deditos, había estado escuchando al conversación pegado a la puerta y no había podido aguantar más los desvaríos del elfo.
—¿Por qué le dices todo eso a Harry, Dobby? Hogwarts no es peligroso, hay muchas personas ahí que lo vuelven seguro… Te ordeno que no vuelvas a interferir con nuestra ida al castillo, tu deber es cuidar a Phoenix, Harry y yo podemos cuidarnos solos. —sentenció, bajo los ojos de Harry estaba cubierto con un halo distinto, la muerte de Narcissa le había afectado bastante.
Los ojos ligeramente hinchados y hundidos, el cabello cada día más largo y la tez de un tono gris, lucía triste y demacrado pero no menos hermoso. Sus ojos brillaban de una manera especial cada vez que miraba a Phoenix, Harry se sentía celoso muchas veces, aunque sabe lo infantil que es sentir celos de un bebé.
Dobby tenía los ojos muy abiertos y estaba aterrado, aunque asintió varias veces ante las palabras de Draco, estrujándose la única prenda que lo vestía.
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—Han llegado sus cartas del colegio —dijo el señor Malfoy entregando a Harry y a Draco dos sobres idénticos de pergamino amarillento, con la dirección escrita en tinta verde.
Hubo unos minutos de silencio mientras leían las cartas. A Harry le indicaban que cogiera el tren a Hogwarts el 1 de septiembre, como de costumbre, en la estación de Kings Cross. Se adjuntaba una lista de los libros de texto que necesitaría para el curso siguiente.
Después de leer su lista, Draco echó un vistazo a la de Harry—Han mandado todos los libros de Lockhart. El nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras debe de ser un fan suyo… Él es bastante guapo, aunque un charlatán.
Lucius no pudo estar más de acuerdo ante las palabras de su hijo, con excepción de los atributos del hombre, para el patriarca él Lockhart es una aberración.
Unos momentos después Hedwig volaba para dejar una carta junto al plato de Harry, momentos después la lechuza se volvió a marchar por la ventana, probablemente junto a las águilas y los búhos de la familia Malfoy. Harry la leyó en voz alta.
Querido Draco, y Harry, si aún estás ahí:
Espero que lo estén pasando muy bien y que ambos estén estupendamente.
He estado muy preocupada y, si ambos están bien, les ruego que me escriban lo antes posible para
contármelo.
Por supuesto, estoy muy atareada con los deberes escolares y el próximo miércoles vamos junto a los Weasley a Londres a comprar los nuevos libros.
¿Por qué no quedamos en el callejón Diagon?
Contadme todo lo que han hecho en cuanto podáis.
Un beso de Hermione.
—Bueno, no estaría mal, podríamos ir también a comprar vuestro material —dijo el señor Malfoy, notando como los elfos comenzaban a retirar la mesa, entonces se retiró con un leve asentimiento de cabeza, dejando una leve caricia en los cabellos de Draco y luego palmeando uno de los hombros de Harry, se dirigía a comprobar el estado de Phoenix probablemente, pensó Harry.
Draco suspiró a su lado, y Harry lo recargó contra sus brazos. El nuevo año escolar sin duda sería un lío para el hermano mayor de los Malfoy.
Pero Harry se aseguraría de ayudarle en todo.
Notas de autor:
* ¡Mucho tiempo! Casi un año sin actualizar tan brillante proyecto, y me disculpo, porque tenía este capítulo en el tintero pero sucedieron tantas cosas durante este periodo de tiempo que me fue imposible tener un poco de cabeza para pensar en la historia de mis pequeños bombones.
Os actualizo un poco:
- Entré a la universidad a muchos kilómetros de casa.
- Me esguince el codo derecho.
- Falleció mi padrino.
- Hubo huelga en mi universidad (de casi tres meses).
- Entre a clases hace menos de un mes y estaba llena de parciales que debía, y los que ahora tenía que dar.
¡Horrible!
* No quise ahondar demasiado en el funeral de Narcissa, si bien es uno de mis personajes favoritos en la historia, sentí que alargarlo sería demasiado relleno y poco importante.
* En este capítulo se ve como Dobby trata de alertar de algo a Harry, añadiendo también indirectamente que los Malfoy no son tan buenos con él, incluso alegando entre líneas que incluso Draco ha sido malo con él, aunque lo repara luego. Esto no es del todo mentira, ya que en la sociedad aristocrática los elfos son menos que esclavos, por lo que Draco desde pequeño fue instruido sabiendo que es mejor que ellos, es una conducta que Narcissa trató de quitar mientras él crecía y que fue logrando a la par que Lucius instruía a Draco de lo contrario. Por eso, Draco a veces es despectivo con ellos y luego se arrepiente, eso creó al dinámica de terror-amor que Dobby y los demás elfos sienten hacia él. Pero Draco nunca les ha indicado un castigo, solo es un poco "grosero".
* Lockhart será importante, o sea, tendrá su participación estelar. Y si en el libro original se desvivía por Harry, en este también se desvivirá un poco por Draco, recordemos que es casi imposible resistirse a Draco, que más que un niño parece una ninfa. Por lo que Lockhart sentirá algo más allá de la preocupación maestro-estudiante, interpretando señales de manera errónea y acomodando las cosas a su favor respecto a Harry y también a Draco. Será el villano en este libro, no dejando de lado a Voldemort también y el misterio de la cámara secreta.
* Phoenix nació y con ello trajo tristeza pero también felicidad, Draco y Lucius se desviven por él y es también una redención para la familia Malfoy, ya que Lucius obviamente no irá a los brazos de Voldemort sabiendo que pondría en peligro a Draco y a Phoenix.
