Resumen

Harco, slash (boy/boy), Draco Hufflepuff.

Harry Potter y el tejón valiente II: la cámara secreta. Es el segundo año de Harry y Draco en Hogwarts y un nuevo maestro entra en escena, Gilderoy Lockhart solo parece atraer problemas. A las sombras de Voldemort, quien parece preparar su venganza al verse derrotado el año anterior.

Disclaimer

La siguiente historia compartida tiene como único fin estimular y proveer de diversión a los lectores de fanfiction, toda información dentro de la misma es de propiedad intelectual de J.K Rowling y asociados.

De ser usado de manera lucrativa las personas responsables deben asumir su responsabilidades ante las autoridades pertinentes.


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Harry Potter y el tejón valiente II: La cámara de los secretos.

Capítulo 11: Beware

Al domingo siguiente, Dobby los despertó temprano. Después de comer el desayuno, ambos siguieron al señor Malfoy que cargaba a Phoenix con cuidado, Sirius llevaría el cochecito mientras que el señor Malfoy se encargaría de llevar al pequeño bebé entre sus brazos para prevenir accidentes.

—Señor Potter, usted irá primero. —dictaminó el patriarca Malfoy, volteando en dirección del más pequeño, Draco también le observó, casi alentando su avance a la chimenea, cuando estuvo frente a ésta aceptó un pequeño pote donde habían polvos.

—¿Qué… qué es lo que tengo que hacer? —tartamudeó.

Sirius apareció por detrás del trío, Draco le observó con curiosidad, entonces el hombre se paró junto a Harry, interrumpiendo la explicación que Lucius iba a comenzar.

—Observa pequeño prongs. —indicó Sirius, entonces agarró un pellizco de los polvos brillantes, se acercó al fuego y lo arrojó a las llamas, aquello produjo un estruendo atronador, las llamas se volvieron de color verde esmeralda y se hicieron incluso más altas que él. Éste se metió a la chimenea gritando—: ¡Al callejón Diagon! —y desapareció.

Lucius entornó los ojos, acomodando al pequeño Phoenix que miraba todo con asombro, sus grandes y saltones ojos grises solo parecían querer aprender más.

—Tiene que pronunciarlo claramente, señor Potter. —dijo a Harry el señor Malfoy, mientras introducía su mano a la maceta— Debe tener cuidado de salir por la chimenea correcta.

—¿Qué? —preguntó Harry nervioso.

—Bueno, usted debe comprender, hay una cantidad tremenda de chimeneas de magos entre las que escoger, solo debe pronunciar claramente… Bien, debe seguir después de mí. Los espero junto a… Black.

Cuando el señor Malfoy arrojó los polvos al fuego solo se escuchó el chillido de asombro de Phoenix antes que desaparecieran ambos.

—Es tu turno, Harry… Cuando entres al fuego di adonde vas, mantén los codos pegados al cuerpo y los ojos cerrados… No te muevas o podrías salir en una chimenea equivocada, tampoco te asustes y vayas a salir demasiado pronto. Espera a ver a padre y al primo Sirius. —le aconsejó Draco.

Haciendo un considerable esfuerzo para acordarse de todas esas cosas, Harry cogió un pellizco de polvos flu y se acercó al fuego. Respiró hondo, arrojó los polvos a las llamas y dio unos pasos hacia delante. El fuego se percibía como una suave y cálida brisa. Abrió la boca y con nerviosismo dijo— ¡Al callejón Diagon! —

Lo primero que Harry notó fueron los suaves quejidos de Phoenix, quien ya estaba en su cochecito, al señor Malfoy y a su padrino tendiéndole una mano, la que aceptó sin dudas y a la cual se aferró con fuerza. Draco apareció por la chimenea no mucho después que él, sonriéndole con dulzura.

—¿Ves que no fue tan difícil? —dijo, Harry solo se limitó a asentir.

El señor Malfoy lideró el curioso grupo hasta la avenida.

—¡Harry! ¡Harry! ¡Draco! ¡Aquí! —Harry vio a Hermione Granger en lo alto de las escaleras de Gringotts. Ella bajó corriendo a su encuentro, con su espesa cabellera castaña al viento.

—¿Vienen a Gringotts? —preguntó ella, entonces reparó en la presencia de los adultos, su rostro tornándose completamente rojo, sus modales.—Lo siento, buenos días, señor Malfoy, señor Black. —saludó con ademán de cabeza y acomodándose la espesa cabellera tras la oreja, aunque su atención se desvió rápidamente a el bebé Malfoy, quien parecía crecer a pasos agigantados.

—Buen día, señorita Granger. —saludó el señor Malfoy, no parecía perturbado por la presencia de Hermione pese a su claro disgusto por los muggles.

Sirius solo atinó a revolver los cabellos rizados de la niña, luego ayudando con magia a subir el cochecito de Phoenix por las escaleras.

—¿Habéis visto a los Weasley ya? —inquirió Hermione a Harry y a Draco mientras subían las escaleras del banco mágico.

Draco negó, el entrecejo del señor Malfoy pareció crisparse ante la mirada divertida de Harry y Sirius Black.

Claramente la familia no terminaba de agradarle, aún con el grato apoyo que la matriarca Weasley había ofrecido para el cuidado de Phoenix.

Harry iba a añadir algo hasta que reparó en los padres de Hermione, que estaban ante el mostrador que se extendía a lo largo de todo el gran salón de mármol, esperando nerviosos a su hija.

El señor Malfoy los saludó con cordialidad, Sirius fue más efusivo dando un abrazo a ambos, hay muchas veces que la personalidad afectiva de Sirius provoca estragos en Harry, él nunca estuvo acostumbrado a familiares cariñosos.

Luego de su corta visita a Gringotts, donde Harry se enteró que los Malfoy eran incluso más asquerosamente ricos de lo que él ya pensaba, el grupo se dirigió por las túnicas nuevas del trío de muchachos.

Era bastante curioso ver a Lucius Malfoy acompañado de muggles, y las personas no tardaron en comenzar un chisme.

—Black se quedará con ustedes, yo iré por algunas compras pendientes. —observó severamente a Draco y a Harry, prometiendo un doloroso castigo si se metían en algún problema, la mirada también se clavó en un alegre Sirius Black, aunque se suavizó con el rostro de Hermione Granger, sabe que la muchacha de orígenes muggles es la más sensata del grupo.— Nos veremos dentro de una hora en Flourish y Blotts para comprar vuestros libros de texto. —dictaminó.

—Disculpen mi ausencia, señores. —asintió en dirección de los Granger y empujando el cochecito se alejó de la tienda de túnicas.


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Una hora después, se encaminaban a Flourish y Blotts. No eran, ni mucho menos, los únicos que iban a la librería. Al acercarse, vieron para su sorpresa a una multitud que se apretujaba en la puerta, tratando de entrar. El motivo de tal aglomeración lo proclamaba una gran pancarta colgada de las ventanas del primer piso:

GILDEROY LOCKHART

firmará hoy ejemplares de su autobiografía

EL ENCANTADOR

de 12.30 a 16.30 horas

—¿No es Gilderoy Lockhart el escritor de la mayoría de los nuevos libros de texto? —inquirió Harry, sacando nuevamente la afamada lista de uno de sus bolsillos, Draco parecía bastante ceñudo ante el letrero.

—¡Podremos conocerle en persona! —chilló Hermione—¡Es el que ha escrito casi todos los libros de la lista!

Bueno, Hermione hizo caso omiso y se adentró a la librería, apretujándose entre brujas que parecían de edad similar a la señora Weasley, la madre de Ron.

Draco simplemente apretujó la mano de Harry, los padres de Hermione parecían bastante incómodos con la multitud y se mantuvieron fuera de la tienda junto a Sirius, al parecer el padrino de Harry no estaba para nada interesado en un montón de libros inútiles, o algo así había mascullado.

Cuando Harry y Draco consiguieron al fin entrar. En el interior de la librería, una larga cola serpenteaba hasta el fondo, donde Gilderoy Lockhart estaba firmando libros. Cada uno cogió un ejemplar de los libros que le correspondían y rodearon la enorme fila para poder pagar, uniéndose al señor Malfoy que ya se encontraba esperándolos para pagar los libros de Draco, al parecer Phoenix no había podido aguantar el recorrido y había finalizado por dormirse, nada más que esperar de un bebé con un par de meses.

—Me alegra verlos en salud ejemplar. —murmuró fríamente el señor Malfoy luego de su escaneo de víbora, su mirada siempre le ha puesto los pelos de punta a Harry, el padre de Draco parece siempre esperar lo peor de su persona, como si fuera alguna clase de rey de las travesuras, papel que Harry cedía con goce a los gemelos Weasley.

Él prefería la paz que Draco le transmitía antes que una serie de bromas elaboradas.

Lamentablemente los problemas solo le seguían.

Un hombre pequeño e irritable merodeaba por allí sacando fotos con una gran cámara negra que echaba humaredas de color púrpura a cada destello cegador del flash.

—Fuera de aquí —gruñó a Ron, quien estaba junto su familia y Hermione en algún lugar de la fila—Es para el diario El Profeta.

—¡Vaya cosa! —exclamó Ron, frotándose el pie en el sitio en que el fotógrafo lo había pisado, con eso produjo que la atención de los Malfoy se enfocará en ellos, Harry agitó su mano en dirección a la familia completa, ocasionando que la señora Weasley sonriera contenta, olvidando su lugar en la fila y acercándose para atrapar en un enorme abrazo a Harry, y luego a Draco.

Le dedicó una sonrisa amable a Lucius, quien mentalmente agradeció no ser abrazado.

Gilderoy Lockhart pareció oír la algarabía y observó a la familia Weasley, a los Malfoy y luego a Harry, se fijó en él con profundidad, entonces se levantó de un salto y gritó con rotundidad—: ¿¡No será ese Harry Potter!?

La multitud se hizo a un lado, cuchicheando emocionada. Lockhart se dirigió hacia Harry y cogiéndolo del brazo lo llevó hacia delante bajo la mirada atónita de ambas familias y la de Hermione, que parecía en otro planeta por estar tan cerca de un ídolo de los libros.

La multitud aplaudió. Harry se notaba la cara encendida cuando Lockhart le estrechó la mano ante el fotógrafo, que no paraba un segundo de sacar fotos.

—Y ahora sonríe, Harry —le pidió Lockhart con su sonrisa deslumbrante— Tú y yo juntos nos merecemos la primera página.

Cuando le soltó la mano, Harry tenía los dedos entumecidos. Quiso volver con los Malfoy y los Weasley, pero Lockhart le pasó el brazo por los hombros y lo retuvo a su lado.

—Señoras y caballeros —dijo en voz alta, pidiendo silencio con un gesto de la mano—¡Éste es un gran momento! ¡El momento ideal para que les anuncie algo que he mantenido hasta ahora en secreto! Cuando el joven Harry entró hoy en Flourish y Blotts, sólo pensaba comprar mi autobiografía, que estaré muy contento de regalarle. —La multitud aplaudió de nuevo— Él no sabía —continuó Lockhart, zarandeando a Harry de tal forma que las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz— que en breve iba a recibir de mí mucho más que mi libro El encantador. Harry y sus compañeros de colegio contarán con mi presencia. ¡Sí, señoras y caballeros, tengo el gran placer y el orgullo de anunciarles que este mes de septiembre seré el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia!

La multitud aplaudió y vitoreó al mago, y Harry fue obsequiado con las obras completas de Gilderoy Lockhart. Tambaleándose un poco bajo el peso de los libros, logró abrirse camino desde la mesa de Gilderoy, en que se centraba la atención del público, hasta el fondo de la tienda, donde Ron aguardaba junto a Hermione y Draco.

—Tenlos tú—le farfulló Harry, poniendo los libros sobre las manos del Weasley—Yo compraré los míos...

Ron pareció enmudecer, Draco solo observó a Harry con cierto pesar. Aunque su mirada se centraba de vez en cuanto en el hombre que los observaba de manera continua, se removió incómodo cuando su mirada chocó con la de su futuro profesor y se acomodó más cerca de Lucius, aferrándose a su túnica y volteando su rostro hacia Phoenix y Harry que ahora estaba pagando sus libros.

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El final del verano llegó más rápido de lo que Harry habría querido. Estaba deseando volver a Hogwarts, pero por otro lado, el mes que había pasado junto a los Malfoy y su padrino había sido el más feliz de su vida. Lo que más causaba felicidad en Harry era el hecho de que nunca más tendría que volver con los Dursley, ni a la horrible alacena bajo las escaleras, su padrino se haría cargo de él desde ahora y el próximo verano se mudarían a una casa en medio del campo, era sin duda algo que anhelaba con creces.

La última noche, fueron invitados a comer en La Madriguera, sin embargo, solo asistieron Draco, Sirius y Harry. La señora Weasley hizo aparecer, por medio de un conjuro, una cena suntuosa que incluía todos los manjares favoritos de Harry y que terminó con un suculento pudín de melaza. Fred y George redondearon la noche con una exhibición de las bengalas del doctor Filibuster, y llenaron la cocina con chispas azules y rojas que rebotaban del techo a las paredes durante al menos media hora.

Cuando volvieron a la mansión Malfoy solo pudieron irse a la cama de lo cansados que estaban.

A la mañana siguiente, les llevó mucho rato ponerse en marcha. Se levantaron a primera hora, pero parecía que quedaban muchas cosas por preparar. Draco se había preocupado de empacar sus cosas el día anterior durante la mañana, por lo que solo faltaban los accesorios más comunes, era bastante favorable tener a un maniaco del orden encargándose de sus cosas, Harry sonrió, lo único que extrañaría de las vacaciones sería el compartir habitación con su rubio querubín.

El señor Malfoy los llevó a la estación en un BMW M3, Sirius parecía bastante extasiado con el coche apenas lo vio aparcado fuera de la opulenta mansión, y casi hace berrinche cuando notó que no podría conducir ya que el señor Malfoy había contratado un conductor privado. Al parecer era el coche en el que se trasladaba a través del mundo muggle cuando tenía negocios ahí. A Harry le pareció un coche espectacular y cómodo.

Llegaron a Kings Cross a las diez y media. Cruzaron la estación para hacerse con los carritos donde llevarían sus baúles, Sirius era el encargado de llevar a Phoenix, por lo que el señor Malfoy y el chófer los ayudaron a cargar sus baúles sobre los carritos. Harry ya había cogido el expreso de Hogwarts el año anterior. La dificultad estaba en llegar al andén nueve y tres cuartos, que no era visible para los ojos de los muggles. Lo que había que hacer era atravesar caminando la gruesa barrera que separaba el andén nueve del diez. No era doloroso, pero había que hacerlo con cuidado para que ningún muggle notara la desaparición.

—Pasad vosotros primero. —señaló el señor Malfoy, mientras tomaba a Phoenix de los brazos de un descuidado Sirius, temía sobre la integridad de cualquiera estando bajo supervisión del Black.

Harry armándose de valor, tomó control de su carro y se impulsó a través de la barrera, atravesándola con rapidez, Draco le siguió segundos después, ambos se sonrieron con júbilo. Su nuevo año les esperaba.

La despedida fue bastante emotiva, muchos abrazos y promesas de escribir a diario.

Se subieron al tren al encontrarse con Hermione y los tres compartieron un vagón junto a Hannah y Neville.


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A través de la confusión de los sombreros negros y puntiagudos de Hogwarts, Harry vio una larga hilera de alumnos de primer curso que, con caras asustadas, iban entrando en el comedor. Ginny Weasley, la hermana de Ron, estaba entre ellos; era fácil de distinguir por el color intenso de su pelo, que revelaba su pertenencia a la familia Weasley. Mientras tanto, la profesora McGonagall, una bruja con gafas y con el pelo recogido en un apretado moño, ponía el famoso Sombrero Seleccionador de Hogwarts sobre un taburete, delante de los recién llegados.

Sin embargo, ni él ni Hermione pudieron encontrar a Ron por ningún lado.

La selección transcurrió de manera tranquila, y cuando volvieron a la torre Gryffindor más entrada la noche pudieron entender lo que había ocurrido con su amigo.

—¿¡Qué volaste un qué!? —exclamó Hermione horrorizada, mientras observaba la herida de la ceja del pelirrojo, los gemelos tenían apariencia destartalada, y ambos se veían orgullosos de su nueva hazaña. Al parecer la barrera se había cerrado para los tres Weasley cuando estaban a punto de atravesarla, por lo que tuvieron que usar el coche encantado del señor Weasley para poder llegar a la escuela.

Harry solo los observaba con cierta admiración.

Los coches voladores solo existían en su imaginación, la magia si que es fantástica.

—¡Increíble! ¡Formidable! ¡Alucinante! —exclamaron los tres chicos con los que compartían habitación. Seamus, Dean y Neville parecían ver a Ron como un nuevo héroe y modelo a seguir, subiendo el ego y aumentando la sonrisa de autosatisfacción que portaba el pelirrojo.

Aunque Harry también admiraba su hazaña, reconocía que no estaba del todo bien, ya que había peligro de exposición de aquel mundo tan fenomenal, y ahí afuera podrían haber muchos Dursley maltratando pequeños magos, aumentar aquello solo sería provocar el fin de la magia.

Sin embargo, compartía la felicidad de su amigo. A veces era genial no ser el centro de atención un rato.

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Al día siguiente, sin embargo, las cosas no parecían ir muy bien para los tres Weasley, Hermione apenas saludó a Ron con un frío «buenos días», prueba de que aún estaba enfadada y reprochaba la aventura que éste había tenido junto a sus hermanos.

Draco apareció a su lado en un parpadeo, saludando a todos los miembros de la casa rojo y dorado, el mal humor de Hermione pareció esfumarse cuando le vio, sin duda Draco era una presencia que transmitía mucha paz. Harry se movió un poco para darle espacio y el rubio se sentó a su lado rápidamente, al otro lado de Hermione ya se estaba acomodando Hannah, a quien Neville saludó efusivamente.

Hannah y Neville parecían llevarse realmente bien.

—Ya viene el correo. —dijo la niña rubia, Neville asintió con ilusión.

—Supongo que me abuela me enviará todo lo que he olvidado —admitió Neville ligeramente avergonzada, Hannah solo rió con cierta ternura, Neville era realmente despistado.

Harry acababa de empezar sus gachas de avena cuando un centenar de lechuzas penetraron con gran estrépito en la sala, volando sobre sus cabezas, dando vueltas por la estancia y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud. Un gran paquete de forma irregular rebotó en la cabeza de Neville, y un segundo después, una cosa gris cayó sobre la taza de Hermione, salpicándolos a todos de leche y plumas.

Justo frente a Draco y Harry cayeron dos cajas de manera delicada, eran llevadas por los halcones de los Malfoy. Draco se apresuró a abrir la suya, sorprendido al ver los dulces que su madre le enviaba semanalmente, dentro de la caja habían dos cartas y un par de fotos de Phoenix, de pronto sintió la nostalgia del regazo tibio de su madre y su tierno consuelo, apretó los puños y se concentró en los momentos felices, en la linda cara de Phoenix y la mano de Harry que ahora sostenía la propia.

Draco observó a su compañero con gratitud, Harry era un buen apoyo siempre que le necesitaba, era su héroe después de todo.

—¡Errol! —dijo Ron, sacando por las patas a la empapada lechuza de la taza de Hermione. Errol se desplomó, sin sentido, sobre la mesa, con las patas hacia arriba y un sobre rojo y mojado en el pico.

—No te preocupes, no está muerto. —dijo Hermione, tocando a Errol con la punta del dedo.

—No es por eso... sino por esto.—Ron señalaba el sobre rojo. A Harry no le parecía que tuviera nada de particular, pero Ron y Neville lo miraban como si pudiera estallar en cualquier momento.

—¿Qué pasa? —preguntó Harry.

—Me han enviado un howler —dijo Ron con un hilo de voz.

—Será mejor que lo abras, Ron —dijo Neville, en un tímido susurro—. Si no lo hicieras, sería peor. Mi abuela una vez me envió uno, pero no lo abrí y...—tragó saliva— fue horrible.

Hannah le acarició un hombro en forma de consuelo, pobre niño.

Harry contempló los rostros aterrorizados y luego el sobre rojo.

—¿Qué es un howler? —dijo.

—Es como una carta que transmite un mensaje hablado, generalmente se usan para reprender. —le explicó rápidamente Draco, a él nunca le habían enviado uno antes, pero si había visto algunos del ministerio.

Pero Ron fijaba toda su atención en la carta, que había empezado a humear por las esquinas.

—Ábrela —urgió Neville—. Será cuestión de unos minutos.

Ron alargó una mano temblorosa, le quitó a Errol el sobre del pico con mucho cuidado y lo abrió. Neville se tapó los oídos con los dedos. Harry le imitó, ya que Draco y Hannah también lo habían hecho.

Por un momento, creyó que el sobre había estallado; en el salón se oyó un bramido tan potente que desprendió polvo del techo.

—... ROBAR EL COCHE, NO ME HABRÍA EXTRAÑADO QUE OS EXPULSARAN; ESPEREN A QUE LOS COJA, SUPONGO QUE NO HAN PARADO A PENSAR LO QUE SUFRIMOS TU PADRE Y YO CUANDO VIMOS QUE EL COCHE NO ESTABA...

Los gritos de la señora Weasley, cien veces más fuertes de lo normal, hacían tintinear los platos y las cucharas en la mesa y reverberaban en los muros de piedra de manera ensordecedora. En el salón, la gente se volvía hacia todos los lados para ver quién era el que había recibido el howler, y Ron se encogió tanto en el asiento que sólo se le podía ver la frente colorada.

Los gemelos se asomaron de sus asientos para acercarse al ruido, cada uno tomando lugar a uno de los lados de Ron y viendo el howler con real admiración, parecía que eran los únicos que disfrutaban el real espectáculo de hacer a su madre enojar.

—... ESTA NOCHE LA CARTA DE DUMBLEDORE, CREÍ QUE VUESTRO PADRE SE MORÍA DE LA VERGUENZA, NO OS HEMOS CRIADO PARA QUE SE COMPORTEN ASÍ, PODRÍAIS HABEROS MATADO...

Harry se preguntaba cuanto podría durar una de esas misivas mientras aún tenía los oídos cubiertos, el rostro de Draco parecía pálido, al parecer le había ganado un nuevo respeto a la matriarca Weasley.

—... COMPLETAMENTE DISGUSTADO, EN EL TRABAJO DE TU PADRE ESTÁN HACIENDO INDAGACIONES, TODO POR CULPA VUESTRA, Y SI VUELVEN A HACER OTRA, POR PEQUEÑA QUE SEA, OS SACAREMOS DEL COLEGIO.

Se hizo un silencio en el que resonaban aún las palabras de la carta. El sobre rojo, que había caído al suelo, ardió y se convirtió en cenizas. Ron parecía aturdido, como si un maremoto le hubiera pasado por encima. Algunos se rieron y, poco a poco, el habitual alboroto retornó al salón.

Los gemelos solo chocaron las palmas y se retiraron de la escena, hacer travesuras parecía que era su día a día.

Hermione apartó su taza y observó a Ron, que seguía encogido.

—Bueno, no sé lo que esperabas, Ron, pero tú…

—No me digas que me lo merezco. —atajó Ron.

Harry apartó su plato de gachas, realmente lamentaba que algo así estuviera sacudiendo a los Weasley, observó a Draco casi pidiéndole ayuda, el señor Malfoy tenía muchísimos contactos en el ministerio, quizá ayudar a sacar el peso de encima de los Weasley seria un buen gesto para con su amigo.

—Ni lo pienses. —cortó el rubio acomodándose el flequillo—Mi padre se negará rotundamente y ni el chantaje emocional servirá, ya sabes como es con el tema W, apenas lo soporta.

Pero Harry no tuvo demasiado tiempo para pensar en aquello, porque la profesora McGonagall recorría la mesa de Gryffindor entregando los horarios. Harry cogió el suyo y vio que tenían en primer lugar dos horas de Herbología con los de la casa de Hufflepuff. Draco se había movido junto a Hannah minutos antes para recoger sus propios horarios y volvían con felicidad, eran pocas las clases que compartían el año anterior por lo que tener una oportunidad de verse durante las clases era gratificante.

Juntos el grupo abandonó el castillo para dirigirse a los invernaderos, Ron aún parecía apesadumbrado al recibir un Howler, aunque el Howler parecía haber sido un alivio, porque Hermione ya hablaba normalmente con su amigo pelirrojo, ella pensaba que aquella misiva ya había sido suficiente castigo.

Cuando llegaron a los invernaderos vieron al resto de la clase congregada en la puerta, esperando a la profesora Sprout. Acababan de llegar cuando la vieron acercarse con paso decidido a través de la explanada, acompañada por Gilderoy Lockhart.

La profesora llevaba un montón de vendas en los brazos, que Harry observó con atención, el sauce boxeador tenía varias de sus ramas en cabestrillo.

La profesora Sprout era una bruja pequeña y rechoncha que llevaba un sombrero remendado sobre la cabellera suelta. Generalmente, sus ropas siempre estaban manchadas de tierra, y si tía Petunia hubiera visto cómo llevaba las uñas, se habría desmayado. Gilderoy Lockhart, sin embargo, iba inmaculado con su túnica amplia color turquesa y su pelo dorado que brillaba bajo un sombrero igualmente turquesa con ribetes de oro, perfectamente colocado.

La mira que les dirigió no fue algo que a Harry le haya dado buena espina, mucho menos de la manera en que observaba a Draco, percibió como el rubio se le pegó un poco más, aferrando su mano con cierto desespero, entendió que su rubio querubín tampoco se sentía a gusto frente al profesor. Quizá era algo que escribiría en su propia carta a Sirius, o compartiría en su reunión de té junto a su profesor de historia.

—¡Hola, qué hay! —saludó Lockhart, sonriendo al grupo de estudiantes—Estaba explicando a la profesora Sprout la manera en que hay que curar a un sauce boxeador. ¡Pero no quiero que penséis que sé más que ella de botánica! Lo que pasa es que en mis viajes me he encontrado varias de estas especies exóticas y...

—¡Hoy iremos al Invernadero tres, muchachos! —cortó la profesora Sprout, que parecía claramente disgustada, lo cual no concordaba en absoluto con el buen humor habitual en ella. Los murmullos de interés se alzaron, hasta ese momento solo conocían el invernadero número uno, y habían oído que en el invernadero tres habían plantas mucho más interesantes y peligrosas.

El grupo se disponía a entrar al invernadero tras la profesora Sprout, cuando Lockhart pareció detenerlos abruptamente, tomando una de las manos de Draco.

—¡Señor Malfoy! Quería hablar con usted… Profesora Sprout, no le importa si retengo a su alumno por un par de minutos, ¿verdad?

A juzgar por la cara que puso la profesora Sprout, sí le importaba, pero Lockhart añadió—: Sólo un momento. —y le cerró la puerta del invernadero en las narices.

—Señor Malfoy… Puedo llamarle Draco, ¿verdad? —dijo Lockhart, sus dientes blancos brillaban cuando movía la cabeza, la manera en que le observaba hacia temblar a Draco, no era la misma forma en que Harry lo miraba, ni algún profesor antes. Era una forma codiciosa que le hacía temblar, como si el profesor quisiera sacar provecho de él de alguna manera retorcida.

Se quedó en silencio, sin embargo, el hombre continuó—: He observado que rehuyes de mí cada vez que estoy presente… ¿Podrías decirme por qué? Mi presencia es realmente requerida a diario por las más hermosas damas, e incluso mi sonrisa ha sido galardonada por el Corazón de bruja innumerables veces, no soy alguien que pueda herirte tampoco.

Una de las manos del profesor se acomodó sobre el brazo derecho de Draco, donde ejerció una pequeña presión, inclinándose a su altura y poniendo su rostro peligrosamente cerca del más pequeño.

—Eres realmente hermoso ¿lo sabes, Draco? —el aliento del hombre golpeó el rostro de Draco como un soplo de viento gélido, heló su cuerpo por completo y le aterrorizó.

Entonces le guiñó un ojo y se alejó de él a paso seguro. Draco quedó congelado durante unos instantes, y luego, recordando la clase, abrió la puerta y entró. Su rostro debió evidenciar lo afectado que estaba, dado que la profesora Sprout detuvo su monólogo para observarle con preocupación y preguntarle si algo pasaba, Draco solo negó y se acomodó junto a Harry.

Esa clase plantaron mandrágoras.

TBC


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Notas de autor:

* ¡Aaa! Siento haber demorado tanto, pero últimamente mi vida parece ir de mal en peor, sin embargo, ahora que me estoy distrayendo de otros tópicos el escribir ha sido realmente un alivio para mi alma, por lo que las actualizaciones serán cada vez más continuas, quizá una o dos veces por semana.

* Amo las interacciones de Lucius y Sirius, es como si fueran una familia, juntos están criando a Phoenix con ayuda de Molly y Remus, aunque éste ultimo todavía no tiene como mucho mucho protagonismo, sin embargo, durante este libro comenzará a participar más, en especial durante lo más oscuro.

* Ya vemos como avanza la introducción de Lockhart en escena. He estado leyendo a Nabokov, el escritor de Lolita, para poder ambientarme en la psique de un pederasta, este personaje se me hace realmente soso en el transcurso de la historia y de no ser un libro para niños, haberle sacado provecho desde este extremo hubiese sido realmente favorable para darle una mayor relevancia a Lockhart. Pero… ¿quien es su víctima en realidad? Lockhart ama a los niños rubios, Draco es hermoso, dulce y seductor bajo sus ojos, cada gesto es una invitación para él.

Harry es una piedra en su camino, dada su cercanía con Draco, por lo que siempre dicen… Mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más cerca, ¿no?

* Uno de los personajes a los que más miedo me da tocar es Ginny, no quiero hacerle un bashing, ya que realmente no me simpatiza mucho, pero tampoco quiero hacerla ver como un villano, por lo que en esta ¿saga? de fanfiction ella no tendrá real protagonismo, ni siquiera será la poseída por el diario de nuestro querido Voldemort.

* Siento que desde el principio de la historia hasta ahora, mi narración ha mejorado bastante, no es que me haya esforzado, igual deje de escribir en el móvil para comenzar a escribir en el ordenador, por lo que los errores son menores de igual forma.

* La versión corregida de esta historia se comenzará a publicar desde febrero en Wattpad o AO3, para que estén pendientes de las notas de autor.

* Otra cosa, si desean que mejore mi ritmo de actualización… ¡Por favor, comenten! Su animo hace que mi inspiración crezca, si no veo interés, mi autoestima se va en picada.