Arco 2: Aparecen los aliados
(Parte 2, alianza divina)

Despacho de la Fuente de Todo el Mal; lugar entre dimensiones:

Lucifer entró al despacho de su Jefe y dejó la carpeta sobre su escritorio. Sin decir nada, dio una leve inclinación de cabeza y salió. El Otro, la mismísima Fuente de Todo el Mal, comenzó a revisar el documento, la lista de los universos afectados por aquella anomalía. Leyó un nombre que le llamó la atención y sonrió, vaya y él que pensaba que tendría que esperar hasta que el sujeto muriera. Sin más, se estiró perezosamente y desapareció entre las tinieblas infinitas de su despacho.

En un Reino de nombre Draconem, en un enorme Palacio, dos dragones contemplaban la vastedad de su hogar recientemente conquistado. Él, un dragón tipo aéreo con la piel rojo sangre con escamas y espinas negras; y ojos de color marrón. Ella era una dragona tipo aéreo color gris con escamas negras y ojos azules. Sus nombres eran Furia y Arquímedes; los nuevos Reyes que se habían hecho del cargo tras un brillante golpe de estado. Todo era perfecto para ambos, todo lo que habían hecho fue en nombre de su amada Diosa Lunarian; y por lo visto todo se los había recompensado.

—Dentro de nada podremos arreglar los problemas internos, esos idiotas que siguen pensando en que pueden derrocarnos. Pobrecitos, no entienden que sólo están logrando un boleto directo a la muerte; o a la esclavitud — se relamió Furia. — ¿No te parece amor?

—Sí, por fin puedo pensar en destruir a los come-hierbas; esclavizar a las Princesas y a los traidores que piensan que pueden ocultarse de mí. Dentro de muy poco mi amor, dentro de muy poco. La voluntad de Lunarian se impondrá de una vez por todas.

Una risita insolente se escuchó detrás de ellos. Ambos se volvieron mostrando los dientes, ¿quién osaba venir a molestar a sus Majestades? ¿Qué no les habían dado instrucciones específicas a sus guardias que nadie viniera a molestarlos? ¿Y el extraño osaba reírse de ellos? No sabían quién era pero iba a pagarlo muy caro, nadie interrumpía el tiempo de calidad de sus Majestades y se salía con la suya; mucho menos reírse de ellos.

De todos modos al ver al culpable no supieron cómo reaccionar. Era… ¿una especie de sombra o qué demonios? Su cuerpo era como un dragón, no había duda, pero era parecido a una sombra de un dragón, pero mucho más sólido; con dos ojos de brillante Luz Negra. ¿Luz Negra? ¿Qué demonios? Lo más perturbador de todo era que estaba sonriendo, no se veía su boca por ninguna parte pero sabían que sonreía y era perturbador.

—¡Guardias! ¡Guardias! — Gritó Arquímedes. En circunstancias normales hubiera hecho frente al maldito intruso, usaría su transformación del Titán pero la presencia del Ser le provocaba una sensación indescriptible de duda y una sombra de terror.

Sus soldados arribaron rápidos y presurosos.

—¡Mi Rey! ¿Qué le ocurre? ¿Está bien?

—¡Llévense al intruso lejos de mi vista! ¡DE INMEDIATO! — Ordenó Arquímedes.

—¿Se sienten bien sus Majestades? — Preguntó uno de los guardias mirando con temor a Arquímedes. — ¿Necesita que le traigamos un médico o un curandero?

—¿De qué hablan ahora? ¡Llévense de mi vista a este tipo! ¡AHORA MISMO!

El Ser caminó tranquilamente y atravesó a un Guardia como si nada; incluso se posicionó frente a él y se encogió de hombros apoyándose en el cuerpo del soldado y ensanchando su sonrisa; ¡demonios! ¿Qué era este sujeto?

—¿Sabes, genio? — Dijo el Ser como si nada. — Siempre me han sorprendido los mortales. Muchos de ustedes son como tú: cometen atrocidades varias como actos terroristas, secuestros, masacres varias y actos de alta traición; y si les va bien creen que son sus dioses quienes los recompensan. Amigo, el primer paso es admitir que no lo hiciste por Lunarian sino por ti. Y por cierto, no fue Lunarian la que te recompensó por tus actos, sino un servidor. No importa que jures y perjures que haces lo que haces en nombre de tus dioses, si son atrocidades quien acepta y premia lo que haces soy yo. Siempre yo.

—¿Se encuentra bien? — Preguntó de nuevo el soldado. — ¿Hago llamar a…?

—Fuera — dijo Arquímedes.

—¿Señor?

—¡QUE FUERA! ¡LARGO, DÉJENNOS EN PAZ!

Los soldados intercambiaron una mirada de preocupación pero al tener un Titán enfrente lo mejor era no provocarlo. Se fueron dejando solos a los dos dragones con el extraño, quien al ver que el soldado se fue, se apoyó contra la pared.

—¿Quién eres? ¿Cómo llegaste aquí? — Preguntó Furia con un ligero temblor en su voz.

—¿Quién soy? Eso ya lo dedujeron, puedo sentirlo. Llámenme como quieran, de todos modos los Mortales me dan cada nombrecito… he oído cosas de cosas, no me creerían. Pero bueno, vine caminando.

—Creo, Furia, que la pregunta importante aquí es, ¿qué quieres de nosotros? — Preguntó Arquímedes. — No quiero nada que ver con demonios, yo soy fiel de Lunarian.

—¿Qué no pones atención? Todo lo que tienes te lo di yo, genio. Y no soy un demonio, soy El Demonio; la razón por la que tu amada Lunarian no puede dormir por las noches. Ella y todos los Creadores Supremos.

Entonces el Ser hizo aparecer varias ventanas que mostraban a los odiados ponis; todos mostrándose asustados o discutiendo entre ellos.

—¿Qué Sparkle no era una unicornio normal? ¿Por qué tiene alas? — Preguntó Furia mirando una de las ventanas.

El Ser hizo desaparecer las ventanas como si nada.

—Conozco sus intenciones, asesinar y esclavizar a todos los ponis y demás razas, pero principalmente ponis. Ponis, ponis, ponis, ponis; ¿no es interesante? Y lo más divertido es que en ninguna de las realidades y los pobres ponis pueden defenderse solos. Si los atacas a todos a la vez, ellos solos no podrán detenerte.

Los dos dragones no entendían, ¿de qué estaba hablando este tipo?

—El multiverso se ha mezclado — dijo como si nada el Ser. — Los ponis de diferentes líneas de tiempo están todos mezclados, una pequeña gracias de uno de los dioses menores al servicio de uno de los Creadores Supremos, que de paso es mi hermano gemelo. ¿No tienen de casualidad un pariente fastidioso? Porque Él…

—¿Qué es lo que quieres? — Preguntó Furia con un ligero temblor en su voz.

El Ser ensanchó su desagradable sonrisa al máximo.

—La pregunta aquí, ¿qué es lo que quieren ustedes? Yo les ofrezco una oportunidad única: una forma de acabar y/o esclavizar a todos los ponis de esta y todas las realidades a la vez. Si deciden tomar la oportunidad bueno, mi tarjeta.

Y les dio un pedazo de cartón con sólo tres números escritos: seis-seis-seis.

—No entiendo a los Mortales, les gusta crear todo tipo de mitos alrededor de mí, ¿de dónde sacaron que ese número es el mío? Bueno, como sea, me dio risa y por eso lo uso ahora; pero sólo funciona con los que contacto en persona. En fin, piénsenlo y llámenme si se deciden; se cuidan.

Y dicho esto, el Ser se fue como vino: caminando.

Mientras tanto, en el Vacío Infinito que era el hogar de los Creadores Supremos, varios de ellos estaban tranquilamente inclinados sobre una mesa. Eran siete en total:

Slipnir, el caballo de dos cabezas y ocho patas quien por eones le sirvió al dios Odín hasta que éste cayó ante el lobo Fenrir; pero no por quedarse sin amo Slipnir se convirtió en un inútil. Impulsado con un vigor desconocido, se unió a varios Creadores en potencia para lograr crear su nuevo mundo y sus habitantes. Cada uno de ellos cooperó con algo en el mundo y le dio vida a un pueblo, en el caso de Slipnir él era el padre de todos los ponis.

A la derecha de Slipnir se encontraba Noj, un Náhualt tipo Ajmaq o Abeja quien se negó a ser el espíritu guía de un humano y se unió a la creación del nuevo mundo; convirtiéndose entonces en el señor de los Changelling.

Seguidamente se encontraba Ixchel, que al igual que Noj era una Náhualt renegada; pero ella era una Kawag, una Tortuga. Huyendo en compañía de Noj ella formó al pueblo dragón y estaba bastante satisfecha con su obra.

Seguía Moktobok, él era el mensajero de Uchulongu dios del pueblo Zulú en África. Tras fallar en su misión de avisarle a la humanidad que su dios había decidido concederles la inmortalidad, y tras su error ellos se hicieron mortales; como consecuencia huyó en el espacio vacío hasta que se le dio la oportunidad de crear su nuevo mundo. Él formó a las cebras y cuidaba de ellos desde siempre.

La siguiente era Serena, la única que nació como mortal. Ella era un búho salvaje que fue atrapada por un sacerdote de la deidad celta Aradia y fue transformada por la magia de él en una Familiar; o el contacto directo de aquel sacerdote con Aradia. Al igual que Slipnir al quedarse sin amo vagó sin rumbo hasta encontrar este proyecto de nuevo mundo al cual ella benefició creando a los grifos.

Luego venía la gran vaca primigenia, Voluspa, otra más de los que se quedaron sin amo. Ella servía al gigante Ymir ofreciéndole su leche; pero luego los dioses creados por el mismísimo gigante lo asesinaron y formaron el continente de los hombres y mujeres del norte. Voluspa se quedó sola esperando el momento correcto, y cuando sus compañeros llegaron e iniciaron el proyecto de la Creación del mundo, ella formó a los Bovinos: vacas y búfalos. Estaba satisfecha.

El último era el Minotauro, hijo de la Reina de Creta y el toro favorito del Rey de la misma isla. Al negarse el Rey a sacrificar al toro a Poseidón como dictaba la tradición él maldijo a éste haciendo que la Reina amara al toro con todo su corazón y engendrando al monstruo conocido como Minotauro. Pero la era de Minos de Creta terminó y con ella, el monstruo producto de una maldición divina se quedó vagando sin rumbo hasta que se topó con los otros Creadores y formó a un pueblo semejante a él: minotauros.

Juntos vivían disfrutando de su Amistad y una gran Armonía vigilando a sus queridas creaciones y de cuanto en cuando…

—¡Uno! — Anunció Slipnir arrojando la carta, que resultó ser un comodín por lo que Slipnir pudo soltar su última carta de inmediato. — Bueno, gané, pero antes pido color rojo.

—Bravo — dijo Noj concentrándose en su juego. — Bueno, ¿segundo lugar?

—Segundo lugar — confirmaron todos a la vez. — Te toca Noj.

—Pongo un "Mas dos" — dijo la abeja.

—¡Otro "Mas dos"! — dijo Ixchel soltando su propia carta.

—"Mas dos" — soltó Moktobok con expectativa a quién le lloverían las cartas.

Serena soltó una palabrota y tomó las seis cartas que se le venían encima; pero de inmediato puso una sonrisa maliciosa y colocó su siguiente carta:
—Siete azul.

Y así siguieron. Slipnir sólo se estiró un poco.

—Bueno señores, me avisan para que comencemos la siguiente ronda. Voy a estirar los cascos un rato.

—Okey — dijeron todos a la vez mientras seguían su juego. ¿Verdad que el Uno era muy emocionante?

Slipnir se puso a caminar con calma por el vacío sin alejarse mucho cuando reparó en dos extraños. Eran una alicornio y una dragona doradas. Como no tenía nada mejor que hacer y siempre era bueno hacer nuevos amigos, Slipnir se acercó.

—Buen día señoritas, me parece no haberlas visto antes por aquí.

Ambas se volvieron de inmediato sorprendidas por la voz desconocida. Era extraño este tipo, un gran caballo negro del tamaño de la alicornio dorada; con los ojos y las crines rojas. Pero lo perturbador eran sus dos cabezas y ocho patas.

—Disculpen si las interrumpí — dijo de nuevo Slipnir con amabilidad. — Pero al verlas me emocioné un poco, me gusta mucho conocer gente nueva.

La alicornio sacudió la cabeza con una sonrisa, esto era algo inesperado pero bueno, viviendo en un espacio infinito tampoco era algo de extrañarse.

—No te preocupes, no te preocupes — dijo ella. — Sí, siempre es bueno hacer nuevos amigos ¿verdad? Mi nombre es Artemisa y ella es mi amiga Lunarian.

La dragona hizo una leve inclinación de cabeza como saludo, cosa que Slipnir correspondió.

—Un gusto Lunarian, Artemisa. Mi nombre es Slpinir.

La dragona sonrió al igual que la alicornio.

—Un placer Slipnir, ¿de casualidad también eres un Creador Supremo? Ya sabes, porque es raro que ningún mortal venga por aquí.

—Sí que lo soy — dijo Slipnir orgulloso. — Soy el padre de todos los ponis.

Ambas chicas se levantaron de improviso, poniendo el ambiente tenso. Slipnir no entendía, pero al ser el caballo de Odín siempre estaba listo para pelear, una mala costumbre que no podía olvidarla a pesar de todo.

—¿Pretendes quitarme a mi gente entonces? — Amenazó Artemisa. — No sé quién te creas que eres, pero no te lo voy a permitir.

—Así es, Artemisa creó a los ponis con el sudor de su frente, ¿o acaso pretendías fingir ser nuestro amigo para luego arrebatarnos nuestros amados pueblos? Dime, ¿eso planeabas, Slipnir? — Se unió Lunarian transformándose de inmediato en una enorme bestia de tamaño colosal, con ojos rojos y una mirada aterradora.

—¿Modo combate? Eres igual a la gente que creó Ixchel.

Los dioses se miraron fijamente; uno sin entender, las otras dispuestas a luchar con todo lo que tenían para defender el honor de Artemisa. Fue entonces cuando Noj llegó volando.

—¡Slipniiir! ¡Slipniiiir! Ah, ya te encontré. El juego acabó, Serena está repartiendo. Y… ¿y éstas quiénes son y por qué parece que van a pelearse?

—Noj, ¿quién es el señor de los ponis? — Preguntó Slipnir sin dejar de ver a las dos diosas.

—¿Y eso a qué viene?

—¡Responde, luego te explico! ¿Quién es el señor de los ponis? — Volvió a preguntar Slipnir.

Noj iba a responder, pero un aura azul apareció de entre el vacío, tomando la forma de un alicornio macho sin rasgos definidos ni nada que lo caracterizara.

—El señor de todos los ponis soy yo — dijo el nuevo Ser. — El nombre que me ha dado mi pueblo es el de Primer Alicornio

Slipnir no dejaba de evaluar a sus oponentes. Lo último que quería era que aquello terminara en una pelea sin sentido, al ser el caballo de un dios nórdico si algo le sobraba en su historia de vida eran las peleas. Sin mencionar la guerra que su raza inició contra todas las demás. Todos se evaluaban entre sí; cuando llegaron el resto de compañeros de Slipnir y Noj, atraídos por el escándalo.

—¿Qué es lo que sucede aquí? — Exigió saber Minotauro. — ¿Qué es todo este escándalo?

—¡Este tipo pretende arrebatarme a mis pequeños ponis luego que los creara con el sudor de mi frente! — Dijo Artemisa. — No importa que nos superes en número, mis ponis jamás te adorarán a ti sobre mí y…

—Señora, con todo respeto todos vimos a Slipnir crear a los ponis, él fue el que se rompió el lomo formando a las tres razas — dijo Serena con serenidad. — No hay razón de iniciar una pelea por algo que todos sabemos que…

—¡Mienten! ¡Yo vi a Artemisa formar a los ponis! Y no me importa qué digan, ahora sólo falta que uno de ustedes diga que hizo a los dragones.

—¡Presente! — Dijo Ixchel levantando su aleta con pesadez.

Esto se ponía peor por momentos; pero Voluspa entonces se fijó en la ventana que tanto Lunarian como Artemisa observaban momentos antes.

—Perdonen la interrupción pero… ¿qué tanto estaban viendo el mundo mortal? ¿Sucedió algo malo?

Artemisa la miró de reojo.

—Pues sí, algún gracioso se ha puesto a jugar con las diferentes líneas de tiempo mezclándolas todas y los ponis se están topando con versiones de ellos mismos que…

Se hizo un silencio sepulcral.

—¡No fastidien! — Dijo Lunarina haciendo un face-claw al terminar de entender.

—Sí, ya decía yo que todo este problema no era normal — dijo Slipnir pensativo. — Mis disculpas por el malentendido, señorita Artemisa; señor Primer Alicornio. Parece que en cada una de las líneas del multiverso todos teníamos la razón.

—Honestamente es una situación tan rara que nadie podía prever algo así — murmuró el Primer Alicornio. — Igualmente ofrezco mis disculpas.

Y los ánimos comenzaron a calmarse un poco cuando arribaron nuevos extraños: enormes seres conocidos como los Titanes de la Armonía, los Supremos Creadores del Mundo:

Applelox; Titán de la Honestidad.

Butterrflix Titánide de Amabilidad.

Sparklox, Titánide de la Magia.

Diamonex, Titán de la Generosidad

Laughix, Titánide de la Risa.

Y Rainbex, Titán de la Lealtad.

Todos los presentes se prepararon para reanudar la explicación, pero por lo visto ellos ya habían escuchado suficiente; pues sabiamente se mantuvieron a distancia esperando que todo se arreglara pacíficamente entre aquellos extraños.

—Cálmense, ya oímos y ya nos enteramos de qué pasó — dijo Rianbex.

—Así que algún gracioso mezcló las líneas de tiempo y de paso nos afectó a nosotros también como daño colateral — dijo Sparklox. — Bueno, interesante cuestión. Por lo visto ninguno de nosotros estaba destinado a conocerlos a los demás sino a coexistir pacíficamente en nuestras líneas de tiempo paralelas.

—Un problema de lo más preocupante — dijo Applelox. — Pero por lo menos estamos juntos, y con un poco de ayuda podremos solucionarlo todo; y me imagino que los Mortales están haciendo otro tanto desde su lado, ¿o me equivoco?
—No, tienes razón — dijo Artemisa mirando a través de la ventana que había creado. — Ya alguien está buscando la forma de enmendarlo todo y ver en qué acaba.

—Bueno, entonces será mejor que esperemos a ver el resultado y luego intervenimos — sugirió Slipnir. — Si intervenimos directamente y todos a la vez no me quiero ni imaginar qué va a suceder.

Todos asintieron, era lo más sensato de hacer; cuando de pronto Diamonex notó algo irregular, una especie de aura muy oscura proviniendo del mundo que estaban observando. Y por lo visto Artemisa y todos los sintieron a la vez pues de inmediato se quedaron callados y se fijaron en la ventana al mundo mortal que entre Lunarian y Artemisa ampliaron para que todos pudieran apreciar lo que sucedía. Buscando, buscando, llegaron al centro de todo lo que ocurría: el Palacio de Draconem.

Y al verlo todos sintieron el mismo escalofrío.

—¿Acaso El Sujeto está interviniendo en persona? No, esto nunca son buenas noticias — murmuró Lunarian. — De hecho, son pésimas, pésimas noticias.

—¿Conocen al Sujeto? — Se extrañó Applelox. — ¡Pero no puede ser! Se supone que él es la Fuente de Todo el Mal de nuestra línea de tiempo, no la de ustedes.

—¡La nuestra! — Se defendió Moktobok estando a un paso de iniciar una nueva discusión; pero por suerte para él, El Sujeto sintió que lo observaban y les dedicó un saludo alegre, que hizo que todos se alejaran.

Un nuevo extraño se presentó ante todos. Era un tipo antropoide con cuatro alas en su espalda, rubio de ojos verdes; que traía varios papeles en las manos.

—Habían otros señores del Mal antes, pero Él no sigue las reglas divinas; ya saben, tiene esa creencia que al ser La Fuente de Todo el Mal no tiene por qué hacer lo mismo que todos nosotros. Lo que hizo fue contratarlos a todos y ahora su empresa es el primer y único monopolio del lugar entre dimensiones. ¿Qué raro, no?

—¿Y tú qué? ¿Vienes de otra línea de tiempo? — Quiso saber Butterflix.

—Sí, pero a diferencia de ustedes no soy un Creador Supremo; trabajo para él. Me llamo Gabriel, soy el secretario personal del Señor Jefazo y estoy aquí para entregarles una notificación.

Dicho esto les dio a todos un papel, un documento redactado al mejor estilo burocrático en el que explicaba que debido a la petición del reemplazo de uno de los señores del caos se había hecho una operación de mezcla de universos masiva; y que el Jefazo expresaba sus más sinceras disculpas y que todo volvería a la normalidad, que él se encargaría en persona de darle los últimos toques a la operación de limpieza una vez todo acabara. Al final todos corearon la misma pregunta:

—¿Es en serio?


Un cap dedicado más al punto de vista divino en lo que está ocurriendo en Crisis Infinita; y de paso dando varias pistas de quién es el responsable de todo. También aquí es donde presento a los antagonistas principales de la historia; pero sólo lo hago porque el autor original de la historia de Furia y Arquímedes (EL SECUESTRO DE TWILIGHT POR SCRITORE PASSIONE) dio luz verde a que alguien hiciera una secuela de su fic. Y aunque esto no es exactamente una secuela, yo tomé la invitación y ellos fueron el toque final a este proyecto que llevo planeando desde hace año y medio. Amigo PASSIONE, gracias por la luz verde.

Otro asunto es que para los dioses utilicé a los mencionados en el mismo fic del Secuestro de Twilight, un par de fics propios y por último un tumblr de lo más raro: Ask Jappleack.

Sin más: Chao; nos leemos!