Gotas de vino tinto se deslizaban por sus labios a la par que Anna bebía pequeños sorbos de la copa, forzándose a pasar el agridulce sabor a tempranas horas de la mañana aun cuando su estómago no había probado nada que comer. Kristoff no había dormido en casa anoche. Y con cada ausencia ella aumentaba más su consumo de alcohol, haciendo vida en medio de los pasillos del bodegón local.

Su matrimonio tenía varios meses mal pero ella no quería admitirlo tan fácilmente. En sus ligeros estados de ebriedad se obligaba a recordar las razones por las cuales aceptó casarse en primer lugar, y los pocos minutos en los que la sobriedad y la angustia la atrapaba bebía hasta que su cuerpo estaba a punto de desfallecer debido a un coma etílico, olvidándose de sus problemas hasta que el ciclo destructivo debía de nuevo iniciar.

Recorría los pasillos de su casa arreglando hasta el más mínimo detalle, limpiando cada mota de polvo sobre el barandal de la escalera y planchando cada una de las camisas de su esposo guardadas en la habitación. Las lavaba y planchaba, lavaba y planchaba, una y otra vez hasta que notaba como la tela empezaba a desteñirse en sus bordes. No tenía nada que hacer más que evitar que las grietas de un matrimonio infeliz fuesen visibles en su casa, contando las horas hasta que Kristoff llegase a casa y volviéndolas a contar cada mañana en la espera de su ida a trabajar.

Aunque ahora la impaciencia por su llegada resultaba inútil.

Anna estaba acostumbrada a la soledad pero no por eso se hacía menos agobiante. Sin padres, sin amigos; solo una hermana con la cual le costó separarse luego de haberse casado y un esposo cuyo título ya no era digno de portar. Nunca le atrajo la maternidad y había regado de más las plantas en el pórtico para aumentar más sus ideas de no ser buena al cuidado de seres vivientes.

Bebió otro sorbo resignada, escuchando el pitido de su móvil sonar desde la otra habitación.

Elsa (10:08 am)
Adivino, ¿sigue sin llegar a casa?

Anna observó taciturna la pantalla, tratando de pensar una respuesta que no delatara el estado de su relación matrimonial.

Anna (10:10 am)
No.

Elsa (10:16 am)
Te mereces algo mejor, y no es la primera vez que te lo digo.

Sus dedos teclearon rápidamente sobre las letras, el incesante sonido era tal que tuvo que silenciar el aparato para que su cerebro no fuese a estallar.

Anna (10:18 am)
No quiero que hablemos de eso... estoy harta de tus 'te lo dije'.
¿Estás en la oficina?

Elsa (10:47 am)
Lo siento, tuve que atender varias llamadas y tengo otros documentos más que revisar.

Anna suspiró, ni para su hermana era la primera opción.

Anna (10:50 am)
Tienes que trabajar, yo te entiendo.

Elsa (11:15 am)
No quiero que pienses que no hago espacio para ti.
¿Quieres ir a cenar esta noche? No es lo mismo ver tu sonrisa en fotos que en persona.

Dudó unos instantes. Hacía mucho que no salía con alguien, pasando sus noches tirada en el sofá. Creía no tener la suficiente estabilidad emocional para alistarse y verse rodeada de extraños, drenando sus ímpetus hasta ser reducida a un ser sin emoción. Los mensajes de Elsa seguían entrando en su móvil, haciéndolo vibrar sobre el mármol del mesón.

Anna (11:26 am)
Está bien, envíame la dirección del lugar.

~•~•~•~

Todas las miradas se posaron en Anna al ingresar al lugar, caminando hasta la mesa más alejada del ventanal y esperando pacientemente por la llegada de su hermana. Su vestido era lo suficientemente corto como para que los hombres profanaran sus halagos y las mujeres empezaran a criticar su elección, sintiéndose nauseabunda ante ambas situaciones.

Hacía mucho que no salía a cenar, mucho menos a un sitio tan concurrido como este, en el que todos parecen seguir la pista de alguien, deseosos por saber cuál será su próximo error y si podrán reírse de ello.

Trató de calcular cuantas parejas estaban al borde de la ruptura como ella, el escenario la estaba volviendo loca.

No se tomó la molestia de informarle a Kristoff que llegaría tarde a casa esa noche, sabía que a él no iba a importarle o, en el más probable de los casos, no estaría siquiera allí para notar su ausencia. ¿Cuándo todo empezó a salir mal? ¿Fue luego de que Kristoff aceptara aquel empleo en el cual debía viajar por semanas o cuando él quiso convencerla de tratar de tener un bebé? Ladeó su cabeza al pensar en ambas situaciones, negando amablemente la solicitud del camarero frente a ella y anunciando que debía esperar por alguien más.

Observó la sortija en su mano izquierda, sintiéndose más miserable de lo que ya podía estar.

— Lamento la demora — la voz de Elsa le hizo reaccionar —. El tráfico es un asco a estas horas.

Dos fugaces besos en la mejilla fueron los que iniciaron el contacto entre ellas y por primera vez en años Anna sintió calidez y ternura en su piel.

— ¿Qué tal todo en el trabajo? ¿Es todo como lo pintan en La Ley y el Orden?

— Sabes que esas series son inexactas al respecto — Elsa deslizó sus dedos por sobre el mantel -. Ningún abogado actuaría así en la corte. Qué hay de ti y Kristoff, ¿lograste hablar con él hoy?

— Pasé todas sus llamadas al contestador, y por todas me refiero a la única que se dignó a hacer en todo el día. ¿Sabes qué? No tengo muchos ánimos de hablar de eso.

Elsa observó entristecida a su hermana menor, corriendo la silla para sentarse a su lado y entrelazar sus manos en señal de cariño. Desde aquella tarde en que Anna lo presentó formalmente como su novio sabía que las cosas no iban a ir bien; no quería ser profeta de malos presagios, mucho menos cuando se trataba de la persona a quien más ella amaba, pero lo cierto es que Kristoff no mostró mucho interés como lo hizo su hermana menor, mostrándose insensible en ciertos aspectos de su relación. Anna siempre solía ir a su defensiva y cuando el día de la boda él se excusó de no poder ir, media hora antes de la ceremonia, la pelirroja tuvo que usar todo su arsenal para poder darle la razón, cegándose una vez más en su enamoramiento.

Ahora, tres años después y con una pila de problemas en su espalda, la ingenuidad parecía romperse, haciendo a Anna ser consciente de lo caótica que era la situación. En el fondo Elsa quería que su hermana encontrase la felicidad junto a alguien que realmente valiese la pena, suspirando asqueada al darse cuenta que su mente se había encargado de tergiversar sus esperanzas para que Anna encontrase en ella el amor.

Elsa amaba a su hermana, quizás más de lo que era normal.

— Así que extrañabas ver mi sonrisa, no conocía ese lado poético tuyo — ambas chicas rieron, las copas de licor sobre la mesa habían aligerado la conversación.

— Extraño tenerte en casa, eso es todo.

— Han pasado tres años, Elsa. Algún día iba a tener que dejar el nido.

— Lo sé, solo que a veces creo que sigues siendo una niña pequeña a quien debo proteger — Anna sonrió, sus mejillas ruborizándose al masticar el pequeño trozo de tarta de frambuesa en su tenedor—. Es algo tarde, ¿quieres que te lleve?

Dejó a un lado su plato para inclinarse y jugar con la trenza de su hermana mayor, sonriendo ante la expresión desconcertada de Elsa frente a su acción.

— No tengo nada esperando por mí en casa, ¿por qué no vamos a divertirnos un poco más?

~•~•~•~

Anna se sintió como una presa acorralada, insegura de cada uno de sus pensamientos y acciones. Una gota de sudor se deslizó hasta su escote cuando su hermana, no, cuando esa mujer se escabulló hacia el centro de la pista para adueñarse de ella. Sus caderas seguían lentamente el ritmo de la música, sus manos acariciaban cada centímetro de su piel. Los ojos de todo hombre y mujer puestos en Elsa, en cambio los suyos buscaban desesperadamente conectar la vista con la chica menor.

Tragó en seco al verle acercarse, presionando sus piernas para apaciguar el repentino calor entre ellas. Su corazón latió rápido al sentir como delicados dedos acariciaban su rostro, bordeándolo hasta detenerse en su barbilla, obligándole a mirar hacia arriba.

— Estos tacones me están matando — se tiró bruscamente en el asiento, inclinándose hasta reposar su cabeza en el hombro de Anna.

— Llevas el mismo outfit desde las 8 de la mañana — introdujo sus dedos en los brillantes mechones platinos junto a ella, contrastantes a su cabello enrojecido —. Necesitas cambiarte y descansar.

— Y tú debes dejar de preocuparte. ¿Cuándo fue la última vez que actuaste por instinto sin pensar en tus problemas? Sin pensar en tu casa, tu matrimonio — mejoró su compostura para murmurar directamente en el oído de Anna —, sin pensar en él.

Anna se estremeció y pudo jurar que Elsa sintió las vibraciones en su cuerpo también. Presionó su pecho delicadamente, buscando marcar distancia entre ambas de una forma sutil e inadvertida, sintiendo las palpitaciones de Elsa bajo su piel.

— Estás temblando — susurró, su voz perdiéndose entre la música del lugar.

— Hacía mucho tiempo que no me sentía así.

— ¿Cómo? — Elsa tomó su mano para acercarla.

Anna negó, incapaz de responder aquella pregunta. Se acercó a ella para apoyar su cabeza en su pecho, viéndose adormecida gracias al alcohol que había ingerido aquella noche. Se sentía como una adolescente de nuevo, callando sus problemas en bares desbordados de desconocidos y buscando consuelo en los brazos de su hermana mayor.

No pudo evitar llorar cuando recordó la soledad que debía enfrentar al llegar a casa, sintiendo como su anillo apretaba su piel y dejaba una marca imborrable en ella. Anna gimió, dejando que sus lágrimas se perdieran en sus labios y obligándose a sentir éxtasis en lugar de dolor.

— Elsa, llévame a casa — un silencio se formó entre ambas, incitándola a continuar —. A nuestra casa.


Aquí está el primer capítulo, ¿qué les parece?. Muchos me han hecho la misma pregunta y sí, en esta historia son hermanas (por lo cual Anna tiene una relación incestuosa y extra matrimonial con Elsa). Espero les guste la historia y dejen un review si quieren.