Allí estaba ella, sentada a la espera de iniciar su sesión con Kai Garland, el terapeuta matrimonial que Elsa le había recomendado. Jamás creyó verse en esta situación, sintiéndose avergonzada de que su matrimonio haya tomado esta clase de rumbo. Nadie se casa para separase después, eso ella lo tenía bien claro.

Miró a su alrededor para contemplar la pequeña sala abarrotada de parejas con sus propios problemas e inseguridades. Se hubiese sentido parte del montón si no fuese por un pequeño detalle: Kristoff había rechazado rotundamente la invitación y ahora ella debía vérselas sola frente a un terapeuta que juzgará la decisión que había tomado su esposo.

Un escenario nada prometedor.

— Sra. Bjorgman, su cita espera —, la voz de la recepcionista retumbó en sus oídos, captando su atención. Aún no se acostumbraba a aquel nombre, ajeno completamente a ella y a todo su ser.

Anna se encaminó hacia su despacho, tomando asiento frente a él y buscando ignorar su mirada la mayor parte del tiempo posible. Se sentía juzgada por cada futura acción.

— Anna, ¿verdad? — ella sonrió, tomando asiento frente a él y entrelazando sus dedos en nerviosismo.

— Emmm, sí. Esa soy yo.

— Elsa me comentó que vendrías — ajustó sus gafas para ver a la pelirroja con mayor claridad —, soy terapista de parejas pero por años me desempeñé también en el ámbito individual. No puedes tratar a dos seres sin saber analizarlos uno a uno, ¿no crees?

Anna no respondió tomando la pregunta como si fuese retórica.

— Mi esposo... él no decidió venir hoy. Así que por lo visto será una consulta individual — se encogió de hombros desesperanzada.

— ¿Alguna razón que justifique su ausencia? — empezó a tomar notas en su libreta, subrayando las palabras 'relación inestable' con rotulador rojo.

— Siempre lo está. Podría desaparecer un mes y yo no me preocuparía por ello — era sorprendente lo fácil que había empezado a hablar mal de su marido —. Los primeros meses todo había sido como un cuento de hadas, luego lo ascendieron en su trabajo y las cosas comenzaron a empeorar. ¿O todo estaba roto desde el principio?

Anna ya no sabía cual era la verdad. El día de su boda Kristoff ni siquiera se tomó la molestia de ir, utilizando la excusa de una falsa llamada laboral para aparecer al tercer día con un ramo de rosas y una carta de disculpas. Anna las aceptó, como una tonta enamorada, llegando al acuerdo de casarse únicamente por civil y trabajando horas extras para pagarle a Elsa el costo que ella había asumido por todo el evento.

Elsa.

Desde que lo recordaba había estado bajo el cuidado de su hermana mayor, incluso ahora, cobrando los cheques que cada vez ella le enviaba para compensar el corto sueldo que Kristoff solía ganar. No soportaba ver a su hermana viviendo en tales condiciones, por lo que siempre le recordaba cada una de las imperfecciones de su esposo, aguardando por el glorioso día en el que finalmente se separasen.

— Así que Elsa... ¿ella es la que busca hacerte ver la realidad del asunto? — por la expresión de su rostro ya parecía conocer la respuesta.

— Sí. Ella es todo lo que tengo, siempre lo ha sido. Es abogada — dijo con desdén —, ya sabe, parte del clan de vampiros chupasangre que buscan enriquecerse con las desgracias humanas.

Ambos rieron y Anna sintió como el aire de la habitación se volvía menos tenso.

— No la culpo por querer cuidarme, pero ahora tengo 24 años y un esposo que puede hacer eso por mi. O inclusive yo misma.

— ¿Consideras que Kris, umm... Kristopher?

— Kristoff — murmuró, ¿por qué todo el mundo parecía olvidar su nombre?

— Claro, Kristoff — tachó un par de veces sus archivos —, ¿consideras que él ejerce esa función adecuadamente? Cuidarte, valorarte, hacerte sentir especial.

¿Cuidarla? La última vez tuvo que hacer frente ella sola a una falla de energía. ¿Valorarla? Sus opiniones no tenían importancia para él ¿Hacerla sentir especial? Ya no recordaba cómo era sentir el tacto de otra persona en su piel en una forma delicada y cariñosa.

Excepto aquella vez en el despacho de su hermana.

Sacudió su cabeza en una forma casi desapercibida, un simple abrazo fraternal no tenía porqué hacerla sentir de esta manera.

— Quizás, con un poco de ayuda, pueda volver a sentirme segura con él.

— Eso si acepta venir a nuestra siguiente sesión.

— Lo sé... — Anna agachó la mirada, observando la sortija dorada en su dedo anular.

Recordó aquellos momentos vividos con Kristoff antes de tomar la decisión de casarse, las citas románticas, las escapadas a la playa de fin de semana. Luego, con esfuerzo, las salidas a cenar cada vez y ahora, si tenía suerte, el poder compartir el almuerzo a su lado. Se sentía fracasada, atrapada en un matrimonio que no tenía un rumbo destinado.

— ¿Anna?

— ¿Huh? — no notó que habían transcurrido varios minutos en los que ella divagaba en sus pensamientos.

— Te pregunté si podíamos vernos la próxima semana. Con Kris... Kristoff esta vez.

— Tratare. Gracias Sr. Garland.

— Gracias a ti — Anna estrechó su mano, sonriendo para proceder a abandonar la habitación.

Observó su celular al salir del edificio, como era de esperarse Kristoff no había dado respuesta alguna a sus mensajes, a pesar de haber hecho una absurda publicación en su perfil sobre un reno que se había topado en su camino en la carretera.

Había, sin embargo, un mensaje en el tope de la pantalla. Deslizando su dedo sobre el mismo Anna introdujo su contraseña para responder.

Elsa (01:39 pm)

El apartamento se siente un poco solo hoy, ¿gustas hacerme compañía? ;)

Anna (3:07 pm)

Sabes que no tienes que preguntar dos veces.


Okayyyy, ¿existe alguien que siga esperando por actualización/leyendo esto? Espero que sí, pude hacer frente a mi bloqueo creativo y expresar mis emociones escribiendo.

Puede que para el siguiente capítulo el rating cambie a M, así como también exploremos un poco las razones por las cuales Kristoff actúa de esta manera.

Pd: si leyeron mi anterior fic, Flores en el Ático, probablemente se dieron cuenta que Kai es psicólogo en ambas historias.

Gracias por leer, dejen un review si gustan.