Hades había vuelto a sus dominios convertido un manojo de nervios y a toda prisa escapando de un fantasma invisible .
Al final, el rey del inframundo no había llegado a ver a Nico y tampoco a evaluar al tal Will Solace. Tenia la opción de haberse quedado pero luego de enterarse que el tal Will era el hijo de aquel sobrino-ex-dios suyo que se atrevió a besarlo, salio huyendo del campamento con la mirada de varios campistas sobre su cuerpo. Estaba molesto con Apollo y no creía poder tratar bien a un hijo de su sobrino luego del pequeño acontecimiento.
Seria una reunión extraña, tensa. Y Nico no se merecía que su padre se quedase viendo a su novio como si fuese a mandarlo a los campos de castigo.
El problema era con Apollo y no con el susodicho Will.
Hades era un dios griego y no veía extraño un beso entre hombres. Era, de hecho, algo bastante normal. El problema era que fue un beso, si, un beso sin su consentimiento y Apollo lo perdonase por el pensamiento.. Pero por muy torpe que el beso fuera, este le había gustado.
Persefone tenía una sonrisa perturbadora en el rostro mientras agarraba una bola de cristal que Hecate le hubiese obsequiado tiempo atrás para que viera el mundo fuera del inframundo mientras estuviera en ese lugar.
— ¿Te divertiste en el campamento, querido?
Hades tembló y recordó que en alguna etapa de su milenaria vida, Persefone regresó al inframundo terminando el verano con una extraña manía de estar relacionando en su pura mente a un dios con otro. Hades nunca olvido por varios años cuando ella le pregunto por sana curiosidad si le atraía Zeus de alguna forma.
Aquello le había revuelto el estómago.
— Sabes Hades, pienso que Apollo no seria una mala opción. Aunque ahora tenga una pinta de adolescente perdedor
— ¡Persefone!
