Lester Papadopoulos tropezó con sus propios pies y su caída (estrepitosa y humillante) al suelo fue inevitable. Hera, como era de esperarse, soltó una risilla mal disimulada. Unos asientos más allá Hermes sonrió por las desventuras de uno de sus hermanos. Hefesto se limitó a una sonrisa torcida a diferencia de las estridentes carcajadas de Ares que resonaban por cada rincón del olimpo.
El dios del inframundo suspiro con fastidio cuando su favorito y amado (mentira, eterna mentira) hermano, Zeus, frunció el entrecejo con fastidio ante la torpeza de su hijo.
¿Con qué derecho se molestaba Zeus? ¿No era acaso él quien le impuso ese castigo?
Porque su hermano podía ser el bendito rey de los dioses, pero cualquier ciego podía ver que ese castigo estaba injustificado. La situación era tan absurda…
Y si, uno de los pasatiempos favoritos de los dioses era observar a los mortales y sus entretenidas desgracias. Adivinen quien fue arrastrado por Persefone a la pequeña reunión familiar de esa tarde ¡Eso es, genios! ¡Ya adivinaron!
Will Solace apareció en escena para ayudar a su... ehm, padre. Caminando juntos a la cabaña siete, tuvieron una peculiar conversación.
— Tu novio, el hijo de mi tío Hades, tiene ojos afilados y sin color, como un cristal roto
— ¿También lo notaste? —Will sonrio, con ojos brillantes y enternecidos— Siempre he creido que los ojos de Nico son bellos
— Si, bueno —Apolo no sabía como interpretar eso. Hizo su mejor intento— Me recuerdan un poco a los ojos de mi tio, creo que son… Interesantes
— ¿Interesantes?
— Interesantes y lindos —Aclaro Apolo-Lester con algo de rubor en las mejillas
En el olimpo, Hades se atraganto con la mitad del contenido de su copa de icor.
