Antes que nada, mis agradecimientos a kVeles, Rebe Marauder, MustafaStefanie, TsukihimePrincess, KataDH y a Guest por comentar este fic. Y mis disculpas por no actualizar desde el año pasado /3 No hay justificación alguna a ello, la falta de imaginación no lo es del todo. En verdad, en verdad los quiero a todos. Lei los reviews recién ayer y... bueno, no pude ni quise evitar escribir esto para ustedes.


Persefone uso aquella mirada. La mirada que hacía que el dios del inframundo se derritiera por ella y accediese a cada uno de sus caprichos.

Con el tiempo, Hades descubrió que aquella mirada solo significaría problemas.

No había conseguido hablar con Nico en los últimos meses y el chico no le hacía ni una visita desde su noviazgo con aquel hijo de Apolo.

El tiempo para los dioses era un pestañeo, sin embargo los meses pasados fueron lentos, especialmente lentos. Y esa lentitud fue acompañada por ansiedad y aburrimiento.

Cuando el campamento mestizo estuvo cerca de ser aplastado por una estatua de bronce de cien metros de altura, Hades decidió hacer una segunda visita olvidándose que había planeado evitar a Lester Papadopoulus los siguientes dos milenios.

Por eso no espero a que su esposa terminase de hablar.

Se apareció al lado del alto árbol de pino del campamento, ignorando por completo a Peleo el dragón, quien no dudo de mostrarle sus dientes. Estaba preocupado por Nico, tiempo era lo que no tenía para encargarse de un amenazante y poderoso dragón.

Con lo que se encontró al llegar a la enfermería fue un montón de adolescentes sufriendo un grave caso de alergia al polen. Nico estaba en una de esas camillas, inconsciente, luego de haber viajado en las sombras.

Hades suspiro, aliviado.

— Ehm…

Su hijo lucía pálido y cansado. Le ha visto en peores situaciones así que sabe que el desmayo no es algo en verdad bastante grave.

— Disculpa…

No es grave. No esta vez ¿Verdad?

— ¿Tío… Hades?

Se mordió el labio al recordar aquella vez en que se vieron durante la misión para dejar la vieja y casi olvidada estatua de Atenea en el campamento. Mierda, nunca se había preocupado tanto por uno de sus hijos en toda su existencia.

— Quizás deba de volver en otro momento…

— Te escuche la primera vez —Le gruño.

Apolo apoyo el peso de su magullado cuerpo de un pie al otro, nervioso. Will le había pedido de favor que viera el estado en que se encontraba Nico mientras él se encargaba de atender a otros campistas. No se había negado. Pero pensó en la posibilidad de hacerlo cuando descubrió al otro dios mirando con preocupación al chico que estaba en la camilla.

Nervioso a más no poder, se acerco con un paño húmedo y una recipiente con agua el cual el dios no tardo en aceptar. Apolo permaneció callado todo lo que podía mientras se dedicaba a pararse a un lado de su tío. Un tío que lucía tan joven como él, pero con una belleza mortal, arrebatadora y tenebrosa. Debería estar molesto por eso. No lo estaba.

Fue por eso que besarle meses atrás por culpa de un desafío de Meg no fue realmente un desafío.

Mentalmente, agradeció que la chica escogiese una persona al azar y señalase en cualquier dirección.

Con toda la seguridad que solía demostrar cuando fue un dios, se acercó al chico. La seguridad desapareció cuando fue capaz de verlo más de cerca para descubrir que era demasiado guapo. Demasiado. Uno no podía coquetear y robarle un beso a un chico tan atractivo.

Ya no era Apolo, no del todo. ¿En qué mundo Lester Papadopoulus iba a besar a semejante chico?

Por eso, con una inseguridad en verdad penosa, atrapo al distraído chico y le dio el peor beso de toda la historia. Afrodita seguramente se burlaría una vez volviese al olimpo. A Apolo ese fraude de beso lo perseguiría por toda su eterna vida.

En el instante mismo que el chico jadeo en medio del beso Apolo parpadeo y se separó. La sensación que lo inundo al tocar con la punta de sus dedos la tersa piel fue escalofriante. En verdad escalofriante. Y los ojos del chico eran como un cristal roto.

Iguales a los de Di Angelo.

Joder.

Oh, Joder.

Huyo. Si, señores, para los que no recuerden, Lester-Apolo huyo ese día.

Pero ahora, mientras Hades se encargaba de exprimir el paño húmedo y colocarlo sobre la frente de Nico, Apolo no era capaz de quitarle la vista de encima y comprendió —mientras sus mejillas se sonrojaban con furia— la razón por la que Will miraba siempre con ternura a su novio.