Will Solace había llegado a conocer a diferentes personas desde el primer día que llego al campamento mestizo. También, aunque no fuese su deseo, le había tocado pasar por dos guerras, dos grandes y desastrosas guerras, que lo tuvieron ocupado demasiado tiempo.

A su vez, a causa de estas dos guerras, fue que conoció a Nico Di Angelo. Chico joven de cabello oscuro, pantalones deslavados, camiseta de The Ramones y una eterna chamarra negra de aviador.

Nico Di Angelo, el único hijo vivo de Hades dios del Inframundo.

Will de cierta forma se sintió agradecido de que su suegro decidiese tomar la apariencia de un adolescente de dieciséis años por estos días. Eso hacía más fácil poder estar sentado con él, Nico y su padre Apolo en una mesa. Solo los cuatro.

Y aunque el resto de los mortales y semidioses encontrasen ello como una situación perturbadora, Will podía apreciar una oportunidad en donde sea. Incluso allí. Una oportunidad con ventajas.

Después de todo, siendo hijo de Apolo, una de sus cosas favoritas definitivamente no era el tener que viajar hacia el inframundo para presentarse y conocer adecuadamente al padre de su novio.

Nico decía que ello no era necesario, pero Will insistía en que eso es lo que se debía de hacer.

Pero bueno, al parecer Hades había decidido dejar el Inframundo por un par de días a Persefone y le había ahorrado el viaje.

— Entonces ¿Cuánto tiempo… llevan?

Nico arqueo una de sus cejas sin dejar de masticar una hamburguesa de contrabando que los Stoll le consiguieron para el desayuno. Will, que le conocía tan bien podía leer la expresión de ¿En verdad mi padre está preguntándonos eso?

Solace sonrió ante un gesto que encontraba tierno.

— Un largo tiempo, aunque no tan largo como el tiempo en que no dejábamos de lanzarnos miradas para ver quién de los dos se confesaba primero —Nico rodo sus ojos.

— Will…

— Eres mi chico especial, solo me estoy encargando de asegurárselo a mi suegro para que él esté tranquilo.

Todos los integrantes de la cabaña de Afrodita, ninfas y algunos mestizos de otras mesas suspiraron enternecidos.

Por su parte Nico dio un gran mordisco a su hamburguesa y refunfuño un par de palabras que hicieron que el color subiese a sus mejillas. Oh, allí esta. Fue el pensamiento de Will al poder observar la forma en que su chico importante entrecerraba sus parpados y sus ojos quedaban mediamente ocultos.

Ese era Nico, su Nico. El chico que robó su corazón cuando tras finalizados los tres días obligatorios en la enfermería intento darle una sonrisa. Una sonrisa torcida y extraña.

El ritmo cardiaco de Solace se elevó por las nubes y comprendió que a partir de ese momento no conseguiría vivir sin una sonrisa de esas una vez al día. Misma sonrisa que Nico uso después de dejar la hamburguesa sobre la mesa.

Nico hizo una seña de forma disimulada y Will agradeció no tener comida dentro de su boca o seguramente se hubiese atragantado ante lo que antes no veía por estar muy ocupado apreciando los gestos de su novio.

Hades sonreía —ahora ya sabía de donde tenía Nico su sonrisa— y Apolo prácticamente babeaba sin poder quitarle la mirada de encima.

Oh. Oh por los… ¡Oh por los dioses!

— ¿Qué sucede aquí? —Meg apareció sin avisar como un fantasma detrás del antiguo dios del sol.

Apolo tosió repetidas veces y rápidamente empezó a ponerse azul. Durante del resto de ese día, el día siguiente y el siguiente a ese, se hablaría de la casi muerte del antiguo dios debido a un atragantamiento salival.