VI. Demonios
La voz retumbó en todo el bosque al igual que el coletazo. Varias aves volaron de sus nidos por el miedo y otros animales se escondieron. Los pies de la joven apenas lograban verse por lo rápido que corría; parecía no estarse esforzando en lo absoluto mientras sorteaba las raíces y los troncos de los árboles que estorbaban su camino.
Defteros, Kanon y Saga escucharon la atronadora voz de la fémina, sus orejas se sacudieron y se prepararon para aguardar la inminente amenaza que se cernía sobre ellos. Defteros de inmediato bajó del árbol y se acercó al claro. Los otros dos demonios estaban ya en posición, cada uno resguardando una porción del bosque.
-Sería muy útil si Aspros estuviera aquí –comentó el alfa a los otros dos.
-Lo sería, pero no está y tenemos que resolver esto sin él –escupió Saga. Sus ojos, azules como el hielo escaneaban el terreno, ¿de dónde vendría? ¿Sería un ataque directo? Apretó los puños y enseñó los dientes.
Kanon observaba también, estaba increíblemente callado. Sus cabellos turquesa ondeaban suavemente por el viento que soplaba. Fue entonces cuando una ráfaga de viento lo hizo mirar hacia arriba sólo para encontrar una sombra negra cayendo desde el cielo encima de él. El golpe fue tan inesperado que no logró moverse a tiempo.
Ella había decidido ser un poco más impredecible y no llegar por el bosque, ya sea que estuvieran los cuatro o solamente uno, un ataque directo no era la mejor opción. Su velocidad la ayudó a impulsarse hacia el cielo en un salto impresionante, extendió las alas y bajó en picada hacia el claro. Cuando divisó a Kanon, cambió la postura y cayó con los pies por delante encima del demonio más joven. El impacto fue de tal magnitud que le sacó el aire y le rompió varias costillas. Sin embargo, apenas el de ojos grises estuvo fuera de combate por un momento, ella saltó hacia el de cabellos añil.
-¡Kanon! –gritó Saga al escuchar el ruido. Giró sobre sus talones sólo para ver a su hermano caído y algo que se movía a toda velocidad hacia él. Puso los brazos en cruz para recibir el impacto de unas piernas.
Defteros ya había girado, sus ojos dorados reconocieron al instante esa figura. Su labio superior se retrajo enseñando los relucientes y afilados dientes del líder. Un rugido nació en su interior y escapó de su boca con tanta fuerza que llenó de inmediato el bosque, hasta hacía poco sumido en un silencio sepulcral.
El moreno sujetó a la mujer por las alas con fuerza y la lanzó lejos de Saga que había tenido que extender las alas y plantar ambos pies en el pasto para no moverse de su lugar y aguantar bien el golpe. Ella chocó contra el tronco de un árbol pero sonrió de forma retorcida al ver la escena; cómo le encantaba cuando había un poco de caos y sangre. Rió entre dientes.
¿Qué haces aquí? –Defteros no apartaba sus dorados ojos de ella que se acercó a paso lento, meneando la cola en lo que parecía un gesto de diversión -¡Habla!
Ella solamente se encogió de hombros y como respuesta se lanzó al ataque, pero esquivó a Defteros y volvió a lanzarse hacia Saga que ya la esperaba. Sus puños chocaron con tanta fuerza que una onda expansiva obligó al moreno a entrecerrar los ojos. Ella agitó la cola y golpeó con decisión el suelo. Ambos enseñaron los colmillos, aunque Saga tenía el ceño fruncido, sus mirada helada estaba fija en los brillantes rubíes de la joven. Ambos seguían haciendo concentrando su fuerza en ese golpe pero ninguno retrocedía.
-¡No te acerques! –Gruñó Saga cuando notó que el alfa estaba a punto de ayudarle e inmovilizarla –Esto es entre nosotros dos –apretó la mandíbula. Las venas de sus brazos se hincharon por la fuerza que aplicaba y sintió un líquido caliente escurrir entre sus puños. No estaba seguro de quien era esa sangre pero tampoco le importaba.
La escena daba escalofríos, un par de criaturas de la noche peleando en un lugar que parecía ser un lugar divino. Las alas extendidas de ambos, las colas rígidas, los gruñidos que rompían el profundo silencio del bosque y la tenue luz de la Luna que iluminaba tímida esos dos cuerpos. Ella era bastante más baja que él, pero el poder que residía en su interior, su sola presencia la hacía parecer enorme.
Defteros había ido a socorrer a Kanon que respiraba con dificultad. Si algo tenían los demonios, era un respeto enorme hacia las batallas ajenas y creían en las luchas en igualdad de condiciones. Si alguien del clan, sin importar su rango, peleaba mano a mano, ellos lo respetaban y evitaban que terceros interrumpieran pues era considerado una falta de respeto y una muestra de debilidad, no obstante, no apartó los ojos de la escena. Sabía que ella solía sacarse trucos de la manga y no quería que Saga sucumbiera ante sus artimañas.
Entonces ella cedió con toda la intención, algo que tomó a Saga por sorpresa pero de inmediato supo que era un truco y tomó su distancia dando un salto hacia atrás. Los ojos de la mujer centellearon y volvió a lanzarse al ataque. Hizo el amago de lanzar un puñetazo a su cara y cuando él lo esquivó y la sujetó con fuerza de la cintura ella agarró sus cuernos con firmeza. Una sonrisa llena de maldad se dibujó en sus labios y apretó.
El demonio de cabellos añil gruñó. El que lo tuviera sujeto de esa forma hacía que sus movimientos se redujeran en gran porcentaje. Y sí, podría empujarla, usar su cola, pero la conocía y no iba a soltarse de ninguna forma. Y entonces la presión en su cornamenta aumentó, sintió un tirón que le produjo escalofríos desde la coronilla hasta la punta de la cola. ¿Qué tramaba? No podía ser.
Los dedos finos pero fuertes de la mujer asieron con fuerza los cuernos de carnero. Los brazos alrededor de su cintura se cerraron más y ella apretó. Cada vez que Saga aumentaba la tensión, ella hacía lo propio, hasta que escuchó un suave "crack".
El aullido de dolor que escapó de los labios de Saga helaba la sangre. Varios hilillos de sangre aparecieron bajo su despeinado flequillo, pero no se soltó. No podía. Agitó las alas con desesperación, tal vez así ella se soltaría mas no lo hizo. Sus orejas se pintaron de un intenso color carmesí por el esfuerzo y el dolor. Sus aserrados dientes rechinaron para ahogar un gemido. Apretó el abrazo. Tal vez no era tan musculoso como Defteros pero era bastante fuerte y la presión que ejercía en el torso de la chica solamente podía compararse como el de una boa constrictor a punto de engullir a su presa. Se escucharon varios huesos crujir pero ninguno se soltaba.
Ella jadeó pero la sonrisa no se borró de sus labios. Parecía el auténtico anticristo. El dolor parecía motivarla más y apretó. El crujir de la cornamenta mezclado con los gemidos y gruñidos de dolor eran música para sus oídos, ¡qué sentimiento más bonito! ¡Cuánto le llenaba tanto caos a su alrededor!
Defteros sentía la desesperación crecer en su interior, era su deber como el alfa proteger a su clan, las reglas ya estaban de más. No podía hacer caso a unas leyes estúpidas si eso significaba perder a un miembro de su familia. Uno estaba ya en el suelo y veía al otro pelear una batalla que le podría costar más que el honor. Rugió igual que un león, extendió las majestuosas alas y se lanzó al ataque. Sus fuertes manos se posaron en los finos antebrazos de la mujer y ejerció presión. Mucha presión.
De inmediato la sonrisa de la mujer de cabellos azabache se desvaneció y frunció el ceño. La estaba obligando a soltar a su presa y lo odiaba. Se escuchó otro hueso romperse.
El demonio de cabellos añil cayó al suelo, el rostro cubierto en sangre. La mujer estaba unos metros más lejos y el alfa estaba entre ellos, respirando agitado, las alas extendidas, los labios retraídos y la dentadura expuesta.
-¡Eres un hijo de puta! -Gritó la mujer que se sostenía el brazo roto -¡Pero desearás nunca haberme hecho enfadar! –su voz iracunda se escuchó hasta la ciudad. Se arrancó la blusa con un solo brazo y comenzó a cambiar frente a Defteros.
El moreno sabía lo que se avecinaba y se preparó. No podía dar marcha atrás, sólo quedaba cuidar a su clan, su hogar y a la ciudad. Se preparó mientras su mirada dorada miraba fijamente a aquella chica tan extraña que ahora parecía estar poseída por algún ente extraño. Los recuerdos que le provocaba esa imagen eran variados pero todos dolorosos.
La mujer extendió las alas de color azabache y éstas empezaron a crecer, haciendo su cuerpo parecer desproporcionado. Un gruñido profundo escapó de su garganta mientras, con esfuerzo, comenzaba una especie de metamorfosis.
Defteros decidió entonces no esperar más, era ahora o nunca. Se lanzó contra ella de frente, iba a desgarrar ese cuerpo con sus garras, iba a destruirla ahí y ahora antes de que todo comenzara a arder. Lanzó un zarpazo contra la de ojos carmesí abriendo grandes zurcos en su pecho y haciéndola sangrar. Sin embargo, no solamente él había decidido atacar, alguien más se había lanzado contra ella entre las sombras golpeándola en el rostro de lleno con el puño. Aquello la sacó de concentración. Se veía superada y no sería capaz de luchar contra el alfa y su segundo al mando.
-¡Me la van a pagar! –amenazó antes de echar a volar lejos de ahí como pudo.
-Gracias… -dijo Defteros sin mirarlo.
-No agradezcas, hermanito.
