IX. Peligro

Cuando llegó a casa después de esa noche tan extraña, la mezcla de sentimientos que la embargaban era tal, que cayó rendida en la cama sin siquiera quitarse la ropa. Estaba exhausta, como si hubiera corrido un maratón. Definitivamente las cosas a veces no salían como se planeaban y, de hecho, terminaban desviándose del camino de una forma casi irónica. Su noche fue bastante inquieta.

En sus sueños, apareció Defteros por primera vez desde que se conocieron. Reconocía el claro y a él pero nada más. De hecho, era todo tan raro que por la mañana no lograba recordar nada, excepto una vaga sensación de que él había estado con ella. Lo único que sabía era que estaba cada vez más intrigada acerca de esos demonios que velaban entre las sombras por el bienestar de todos los habitantes de Rodorio.

Muy a su pesar, de nuevo el trabajo se le estaba acumulando y le fue imposible ir a verlo como habían quedado. Su mal humor causó estragos en sus actividades diarias y se desquitó con Aioria que estaba siendo bastante más molesto de lo normal. Además, pensaba que era mejor descargar su ira en él que en la clientela. Tal vez así ese griego dejara de molestarla aunque fuese un rato.

Kanon y Saga volvieron al claro. Defteros se sentía muy aliviado por el regreso de aquellos dos demonios, no se había percatado de la falta que le hacía escucharlos hasta ese momento. Él de cabellos turquesa estaba de nuevo con su usual buen humor y su curiosidad. Pero Saga estaba todavía más callado de lo normal y un poco más arisco. Sí, seguía paseándose desnudo causando pequeñas discusiones con Kanon, pero cada vez que pasaban parecía perder más y más los estribos.

Aspros ya no se marchaba tanto, aunque el moreno no estaba seguro si era debido a la discusión o simplemente no tenía otra cosa que hacer. Decidió no darle más vueltas a ese asunto y aceptar que su clan estaba de nuevo junto y podrían hacerle frente a una nueva amenaza.

-¿Estás bien? –Defteros se acercó a Saga que estaba metido en el lago –Te noto un poco… Distante –dijo a falta de una mejor palabra.

-Estoy de maravilla –respondió de inmediato. Estaba con los ojos cerrados, disfrutando del agua y los efectos relajantes que tenía en su cuerpo.

El moreno se fijó entonces en su cuerno izquierdo. Estaba agrietado y le faltaba la punta. Parecía que había sanado lo más posible pero no aguantaría otro golpe. Se preocupó. No conocía a ningún demonio que tuviera solamente un cuerno, pero había escuchado que solían perder bastante el sentido del equilibrio además de volverse sumamente vulnerables y sensibles en esa área del cuerpo.

-Si quieres hablar de lo que…

-Gracias –interrumpió –pero estoy bien. Ahora la verdad es que me gustaría mucho tener un rato de relajación e intimidad.

El moreno se levantó entonces y le dio su espacio. Sin duda aquella batalla había sido más fuerte de lo que parecía en primera instancia. Tal vez no había cobrado vidas, pero vaya que había golpeado fuerte en la moral de Saga. Resopló y volvió a su posición.

La tarde cayó al fin y Marin corrió como alma que lleva el diablo al claro. Primero se disculparía con Defteros por haber faltado a su palabra y después vería si podía tocar el tema de la amenaza, con algo de suerte estaría ahora más dispuesto a hablar. Pasó a comprar bocadillos y también un par de bebidas. Luego siguió su camino a toda velocidad.

Los pasos veloces de la pelirroja hicieron eco en el bosque causando un estado de alerta total en los cuatro demonios. Saga, por las prisas, salió del agua desnudo y solamente se preparó para defender su hogar. Estaban los cuatro en un círculo, cubriendo el perímetro, atentos.

-¡Ahí! –gritó Kanon y se lanzó al encuentro del invasor.

Estaba más que claro que no volvería a cometer el mismo error de antes. Extendió las alas, que no eran tan majestuosas como las del alfa pero vaya que impresionaban y mucho. Enseñó los colmillos.

Marin vio que un demonio parecía recibirla, ¿un abrazo? No podía ser, ¿o sí? A esas alturas ya no sabía, comenzó a meter el freno pero no a tiempo. Apareció entre los árboles a toda velocidad, sus cabellos rojos, salvajes, rebotaban por el movimiento.

-¡Defteros! –gritó ella con alegría.

-¡Te tengo! –rugió Kanon.

Las garras de Kanon se cerraron sobre el cuerpo de la pelirroja con mucha fuerza, arrancando un grito de dolor de la mujer. El de cabellos turquesa siguió apretando.

Los otros tres giraron, la voz no era la de Ice, la voz era diferente. Defteros se apresuró al ver los cabellos rojos. Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras el terror se dibujaba en ellos. Si Kanon seguía apretando, la partiría por la mitad sin dudarlo. Cuando al fin llegó a donde se encontraba el demonio más joven, lo sujetó con fuerza de los antebrazos.

-Suéltala –siseó de tal forma que el otro tuvo que obedecer sin chistar, visiblemente asustado.

Marin hubiera caído al suelo de no ser porque el demonio la sostuvo entre sus brazos con delicadeza infinita. Y fue a ella a quien le regaló la expresión de preocupación y angustia más real que jamás nadie haya visto en sus facciones. Casi abrió las alas y cubrió a la mujer con ellas pero no lo hizo.

-¿Quién demonios es ella? –preguntó Saga de mala gana. Era obvio que no era quien pensaba, pero no entendía qué hacía una humana ahí.

-Es la… "amiga" del alfa –comentó Aspros con cierta ironía –La humana que ha estado viniendo.

Saga y Kanon se miraron y entendieron entonces que ella había sido la que, tal vez sin querer, había desviado la atención de su verdadero objetivo. Saga fue a vestirse y el de cabellos turquesas se acercó con sigilo a donde se encontraba el alfa abrazando a esa humana.

-Lo lamento… -comenzó Kanon.

-Vete… -dijo Defteros en voz baja pero dura que hizo retroceder de inmediato al arrepentido demonio.

-Relájate, hermanito –intervino Aspros –No fue culpa del niño. Están todos con los nervios a flor de piel. Fue un error.

-Uno que casi le cuesta la vida a un inocente –replicó el moreno aun abrazando, protegiendo a Marin que estaba recobrando la consciencia.

-Se le advirtió que no viniera –el de cabello azabache respondió ya perdiendo la paciencia –Se le dijo que no era un lugar seguro y decidió ignorarlo. Kanon no tuvo la culpa. Estaba haciendo su trabajo –abrió las alas sin darse cuenta, tratando de eclipsar el poderío de Defteros.

Pero el moreno no pudo rechistar, su hermano tenía razón. Él le dijo varias veces que era un lugar peligroso, pero aun así estaba seguro de que, cuando lo inevitable llegara, podría protegerla. Apretó la mandíbula y atrajo un poco más a Marin a su cuerpo.

-Tranquilo, Defteros –murmuró la pelirroja posando la mano derecha en la mejilla del varón–Estoy bien…

Cuando él bajó la mirada, se encontró con los orbes azules de la pelirroja y una suave sonrisa que adornaba sus sonrosados labios; no se había percatado que tenía las mejillas salpicadas por diminutas pecas. Se sintió aliviado y le regaló una sonrisa idéntica a la de ella.

-¿Puedes moverte? –Preguntó sólo para que ella lo escuchara.

-Sí, estoy bien –repitió, aunque no hizo ningún amago de apartarse de él. Su piel era increíblemente cálida, acogedora.

Fue Defteros quien, muy a su pesar, la apartó de su cuerpo y la dejó con delicadeza en el suelo para después levantarse. Se quedó cerca de ella por si la veía tambalearse, estaba más que claro con ese gesto, que él iba a protegerla.

Marin se sacudió un poco la ropa y miró entonces con sorpresa a los tres demonios frente a ella. Abrió la boca para hablar pero no fue capaz de producir sonido alguno. Quería preguntarles sus nombres, saber más; de nuevo la curiosidad comenzaba a ser más fuerte que su dolor e integridad física.

-¿Te encuentras bien? –preguntó Kanon con voz apagada, sus ojos grises iban de ella al alfa, como queriendo saber si no estaba cometiendo de nuevo un error.

-Estoy bien, no te preocupes –aunque sus brazos, rojos por el apretón decían lo contrario.

-¿Quiénes son ustedes?

-¿De nuevo con las preguntas? –Aspros bufó, visiblemente harto por la curiosidad insaciable de aquella molesta mujer.

-Mi nombre es Kanon Sunfury y él es mi hermano –señaló al demonio de cabellos añil –Saga Sunfury –luego miró a Aspros –Y él es Aspros Stormrage.

-Espera, ¿Sunfury? ¿Stormrage? ¿Por qué tienen apellidos diferentes? Creí que eran hermanos.

-Somos hermanos por el clan, pero Aspros es mi hermano de sangre y ellos dos de igual manera –intervino Defteros –Pero los apellidos son lo de menos, nos une un deber y eso es lo que en realidad importa.

-Eso, sigan revelando información –dijo Saga que volvió a desnudarse y se metió al lago –Por eso casi nos matan.

Las palabras del demonio con ojos azules como el hielo hicieron que Marin se alarmara. Esa debía ser la amenaza de la que tanto hablaban. Eso debía ser por lo que Defteros y Aspros le advertían sin cesar que no volviera, que ese no era lugar para ella.

-¿Casi los matan? –Marin miró con angustia al alfa que miraba a Saga con el ceño fruncido, después observó a Aspros y a Kanon -¿Qué rayos está pasando? Defteros, ¿qué significa eso de que casi los matan?

-Es una cosa sin importancia –dijo el aludido sin poder borrar la expresión de su rostro.

-Yo te explicaré –se ofreció Kanon que ya recobraba su buen humor.

-¡No le explicarás nada! –bramó Aspros ya bastante harto de la situación tan extraña que se desarrollaba ante sus ojos.

-¡Eso lo decidiré yo! –rugió Defteros entonces.

-Tranquilo, Defteros –dijo Marin apoyado una mano en el brazo del alfa –No pelees con él.

-¡Confías más en esa humana que en tus hermanos! ¡Eres tú quien nos pone en peligro! –Aspros extendió las alas del color del carbón, totalmente diferentes a las de Defteros.

-¡Hago lo que creo correcto! ¡Y Marin no es una amenaza! –El moreno extendió también sus alas como respuesta a las palabras tan osadas de su hermano.

La pelirroja comenzó a sentir miedo pero no logró moverse de su lugar ni un ápice. Parecía que de pronto le habían crecido raíces en los pies que hacían imposible que se alejara. Y su desesperación creció cuando Kanon y Saga se quedaron mirando.

-¿No harás nada? –Preguntó al de cabellos turquesa con voz ahogada –Esto no está bien.

-Si ellos quieren pelear, nosotros no podemos intervenir –dijo Saga como si nada pasara, era obvio que tenía un buen oído pues había logrado escucharla.

-Son las reglas –agregó Kanon con pesar.

Marin entonces sintió un gran vacío en el estómago, ese problema se había originado por su culpa. Su cerebro comenzó a trabajar a marchas forzadas, necesitaba ayudar, solucionar el problema causado por su gran bocota pero, ¿cómo? La situación parecía tener solamente una forma de resolverse.