X. Decisiones
El ambiente era tenso y pesado. Defteros y Aspros estaban uno frente al otro, las alas extendidas en su totalidad y era claro que el alfa no sólo era más alto y corpulento, sino que sus alas eran visiblemente más largas, grandes e imponentes. El contraste era bastante peculiar, pero era, sin duda alguna, una imagen aterradora. Las alas de Aspros se notaban sanas, impecables, como si jamás hubieran sido utilizadas, casi brillaban, al contrario de las de Defteros que estaban desgastadas y rotas por las constantes batallas a lo largo de los años. Él, al contrario de lo que podía pensarse, era quien se lanzaba a la batalla, él lideraba, estaba al frente y lo hacía con orgullo para proteger a los suyos; lo había hecho desde que tomó posesión del cargo y no se detendría.
-Sólo les recuerdo –dijo Saga con fastidio –que si cualquiera de los levanta el puño, uno de ustedes quedará desterrado.
Las palabras del demonio que reposaba en el agua llamaron la atención de Marin, pero antes de que pudiera decir nada, Kanon ya se había adelantado a explicar.
-Es igual que en el reino animal, si alguien desafía al alfa y pierde, deberá marcharse. Las reglas son así… Sólo el más apto puede liderarnos -suspiró –Defteros es un buen líder y Aspros es un gran estratega. Una pelea entre ambos sería una tragedia.
Marin al fin dio un paso al frente que notó el demonio más joven; de inmediato usó su cola para detener su posible avance.
-Por favor, no intervengas.
-Pero…
-No es tu pelea. Podrías perjudicar a Defteros o peor aún, resultar gravemente herida –Kanon no apartaba los ojos grises de la escena. Era igual que ver un choque de trenes antes de que sucediera.
Los hermanos Stormrage no apartaban los ojos del otro. Defteros sabía que su hermano deseaba el liderazgo, pero los ocelos dorados del moreno indicaban que la posición le correspondía por derecho, que era así y no cambiaría. Qué más quisiera que Aspros hubiera nacido con los ojos del sol, creía firmemente que tenía más aptitudes para proteger al clan, pero la suerte lo había favorecido a él, no obstante, seguía siendo su hermano y sabía que su inteligencia y sus aptitudes para leer a los enemigos y trazar los mejores planes de ataque y defensa serían de ayuda, por eso le había pedido ser su segundo al mando. Defteros deseaba estar en paz con él.
Se notaba que ninguno quería dar el primer golpe pero tampoco estaban dispuestos a ceder. En pocas ocasiones se había visto que Defteros estuviera tan dubitativo y a Aspros tan decidido y furioso. Marin se reprendía mentalmente, tal vez si se hubiera guardado sus preguntas para cuando estuvieran a solas todo eso se habría evitado. Pero no había marcha atrás, ya estaba todo dicho, el daño estaba hecho.
-No deseo pelear –la voz del moreno rompió el silencio sepulcral que envolvía el bosque –Dejemos esto por la paz, Aspros.
Pero la respuesta del otro Stormrage no llegó. Se debatía internamente entre hacer caso a la voz de la razón que era su hermano o a esa otra voz que le pedía simplemente tomar lo que era suyo, lo que deseaba. La tensión creció inevitablemente ante la falta de respuesta.
¿Qué debía hacer? Era su oportunidad, sabía que podría vencer, su hermano tenía un punto débil que tal vez ni siquiera se había percatado que tenía y podría aprovecharlo. Pero lo amaba, lo quería de verdad y deseaba con todas sus fuerzas poder ayudarle a guiar a su pequeño clan. Eran familia. Su única familia de sangre. Era lo único que le quedaba.
Rugió.
Todos miraron con sorpresa como Aspros batía las alas con una ira impropia de él y luego saltaba hacia el cielo aprovechando la fuerza en sus piernas para escapar del claro. Marin había dado varios pasos hacia atrás, como queriendo buscar protección con Kanon. Saga giró dentro del agua, el cuerpo tenso y preparado para saltar. Defteros estaba quieto, los ojos fijos aún en donde segundos antes había estado su hermano.
Luego de lo que pareció una eternidad, el moreno se movió en silencio mientras ponía las alas como capa, enganchando la suerte de pinchos que tenía en la articulación de ambas alas para que no se movieran, y giraba hacia Marin, sus cabellos azul marino moviéndose con gracia, brillando sutilmente por la apagada luz que les regalaba la Luna esa noche. No dijo nada pero la pelirroja entendió que quería que lo siguiera, así que eso hizo. Los otros dos volvieron a sus actividades como si nada hubiera pasado.
Caminó detrás de Defteros, al ritmo que marcaba con su andar. Jamás lo había visto moverse tan lento. Trató de seguir mirando al frente pero seguía asustada. Escuchaba como el corazón le latía con violencia en las orejas y las lágrimas se agolpaban en sus ojos nublando su visión. Se reprendía una y otra vez en silencio, repasaba la conversación, las preguntas, volvía a recordar todo con lujo de detalle.
-"Si tan sólo no hubiera dicho esto", "Si lo hubiera cambiado por esto otro", "Si me hubiera ahorrado ésta pregunta" –pero no había vuelta atrás. Por más que lo deseara con todas sus fuerzas, ella no podía hacer retroceder el tiempo. Las cosas se habían desarrollado así. No podía seguir lamentándose, lo sabía, pero no era capaz de pensar en otra cosa.
No quería hablar, no quería volver a abrir la boca para saciar su curiosidad. Su impulsividad, su falta de tacto habían fragmentado a un clan que llevaba quién sabe cuántos años protegiendo a Rodorio. Iba sintiéndose cada vez más y más frustrada, enojada consigo misma.
-No fue culpa tuya –las palabras de Defteros la sacaron de sus pensamientos –No quiero que pienses que esto tuvo algo que ver contigo.
-Pero… -Marin abrió la boca, parecía que su cerebro y su boca simplemente no estaban en sintonía. Además, ¿acaso le estaba leyendo el pensamiento?
-Nada de peros –el moreno se detuvo y volteó para mirarla de frente. No habían salido aún del bosque –Lo que sucedió era algo que pasaría tarde o temprano.
-Si yo no…
Las manos de Defteros se posaron con suavidad en los hombros caídos de la pelirroja. El tacto la puso nerviosa y tuvo que morderse el labio para no llorar. No quería mostrarse vulnerable ante él, ante nadie. Tragó saliva y frunció el ceño.
-Vas a hacerme enfadar si sigues siendo tan testaruda –soltó Defteros de pronto, suspirando apenas terminó de hablar. Parecía cansado y sin ganas de discutir o lidiar con más preguntas.
-Quería ayudar…
-Lo entiendo y lo aprecio, pero hay cosas que no entiendes, que nunca entenderás.
-Entonces ayúdame a entender –alzó la voz, como si quisiera asegurarse de que sus palabras llegaran con claridad a oídos del demonio.
-Marin… Éste lugar es peligroso para ti –cuando vio que la pelirroja se disponía a protestar se apresuró a agregar –Sé que me dirás que no te importa, que seguirás viniendo porque somos tus amigos. Eres mi amiga también.
-Defteros… ¿Qué es lo que me quieres decir en realidad?
-Sólo eso –dijo agachando las orejas –No puedo prohibirte que vengas, pero debo pedirte que seas cuidadosa. No te arriesgues innecesariamente.
-Yo no… Yo jamás lo haría –repuso la pelirroja sintiéndose ligeramente ofendida.
-No está de más el consejo. Pero si algo llegase a pasar, sólo grita mi nombre o el de cualquiera de mis hermanos…
-¿No sería eso monopolizar su ayuda? –preguntó alzando una de sus rojizas cejas.
-Tienes razón. Entonces tendrás que esperar a que estemos en el lugar y momento correctos –bromeó Defteros para aligerar el ambiente.
Marin rió un poco pero seguía culpándose. Exhaló un suspiro largo, muy largo, uno que hizo que sus pulmones se vaciaran de aire en su totalidad.
El demonio y la humana estaban bastante cerca del otro, a una mano de distancia tal vez pero no parecían haberse percatado de ello, y si lo hicieron, no les importaba en lo más mínimo. Ella deseaba disculparse y él sólo quería reconfortarla. Sí, sus preguntas provocaron algo que pudo haber traído consecuencias graves para el clan, pero era algo que se veía venir. Habría pasado tarde o temprano y eso le dolía más que cualquier otra cosa. Defteros estaba muy consciente de las aspiraciones y los planes de su hermano para arrebatarle el liderazgo apenas se presentara una oportunidad, sin embargo, no imaginaba que fuese por algo tan absurdo como una humana que sólo intentaba ser amigable y ayudarlos.
-Te acompañaré a los linderos del bosque –la voz de Defteros tenía un tono muy suave –Quisiera ver que al menos logras salir a salvo de aquí.
-Sabes que no es necesario. Puedo cuidarme sola, sé el camino y…
-Yo insisto –intervino Defteros mirándola a los ojos.
-De acuerdo –la pelirroja cedió y esperó a que él marcara de nuevo el camino.
Su andar fue lento, como si quisiera alargar el momento lo más posible y ella lo dejó. No tenía prisa, de hecho, no quería volver a casa pero debía hacerlo, debía irse. Defteros se notaba cansado y no era para menos. Si tan sólo pudiera abrazarlo, decirle que todo iría bien, sin embargo, no podía. No era su deber hacerlo, no le correspondía y tomar ese atrevimiento podría torcer las cosas todavía más.
Apenas llegaron al final del bosque, Defteros se detuvo, permitiendo que las sombras cubrieran su cuerpo y le regalaran un poco de intimidad. Se hizo a un lado para dejar pasar a Marin. Sus manos se rozaron por un breve segundo y una especie de corriente eléctrica recorrió los cuerpos de ambos. Ninguno volteó.
-¿Te veré mañana? –preguntó la pelirroja casi en un murmullo ya fuera del bosque, mirando a dónde intuía estaba el demonio.
-Nos veremos mañana –respondió el demonio desde la oscuridad, observándola. La luz de la luna le otorgaba un aura casi angelical.
La realidad era que ninguno de los dos estaba seguro si ese "mañana" llegaría, si sucedería. Marin le regaló una sonrisa imperceptible antes de marcharse, protegida por la mirada de aquel hombre.
