XVI. Secretos

Saga Sunfury era un tipo bastante peculiar. Siempre estaba serio y era muy solitario. Pero, cómo solía suceder, las circunstancias lo habían curtido.

Después del nacimiento de los gemelos Stormrage, nacieron los gemelos Sunfury aunque en otro lugar y bastantes años después. Ninguno tenía los ojos dorados que los harían liderar al clan, pero sí habían sido bendecidos con mucha habilidad para el combate. Desde pequeños habían demostrado su valía y fueron escalando puestos dentro de su clan hasta ser piezas fundamentales.

Sin embargo, una emboscada y una traición dentro de su propio clan casi los mató. Habían sobrevivido pero eran solamente dos. Vagaron durante años, intentando sobrevivir hasta que dieron con los hermanos Stormrage. La convivencia no fue tan difícil, de hecho, se acoplaron bastante bien y les pareció que Defteros era un líder bastante competente. Sí, tenían problemas a veces, pero eran nimiedades propiciadas por la personalidad de cada uno.

Durante una misión de reconocimiento, Saga conoció a una persona bastante peculiar y llamativa, más por su actitud tan retraída que por su vestimenta u otra cosa. Él no esperaba encontrarse con una humana a esas horas, así que no pudo evitar la sorpresa que le provocó. Tuvo que detener su andar, lo que no sabía era si retirarse o acercarse. No tuvo que pensarlo demasiado pues ella se acercó.

-Hola, ¿qué eres? –preguntó la mujer, sus ojos escudriñaban el físico del varón –Jamás había visto a alguien como tú fuera de los libros.

-Soy… -¿cómo decirlo? o mejor dicho, ¿debería decirlo? La mirada curiosa empezaba a ponerlo un poco nervioso –Soy un demonio –confesó al fin. Su voz grave y un poco ronca, tembló ligeramente.

-Un demonio, ¡qué interesante! –la chica sonrió y él de inmediato se sintió aliviado.

Conversaron un poco esa noche y caminaron juntos. La plática era bastante orgánica y agradable, nada profundo, pero entretenido, o por lo menos lo suficiente para mantenerlo atento.

Los encuentros eran esporádicos, casi podía decirse que eran totalmente casualidad, pero sin falta, cada vez que se veían, caminaban juntos y conversaban. Ambos se sentían bastante cómodos con el otro y una amistad fue creciendo entre ellos.

Saga se notaba de mejor humor, algo que no pasó desapercibido a ojos de los otros tres demonios. Kanon se animó a preguntar y recibió la confesión: había conocido a una persona con la que se llevaba bastante bien. Eso sí, el secreto no debía llegar a oídos de los otros dos demonios. Al menos no hasta que estuviera bien seguro de que no sería solamente una relación pasajera. Por lo menos había sido lo suficientemente cuidadoso para no revelar que existían otros tres demonios.

Y mientras más conversaba con ella, más iba sintiéndose en confianza, más sonreía, más feliz se sentía.

-Eres mi mejor amiga –le confesó un día durante uno de sus paseos nocturnos. Se habían sentado un momento en la azotea de un edificio, desde ahí tenían una vista increíble de todo Rodorio, de parte del bosque y también se veía el Santuario.

-Eso es un alivio –respondió con una sonrisa llena de ilusión –porque tú eres el mío.

Las palabras de la mujer le arrebataron una sonrisa y pasó uno de sus brazos por los hombros de su acompañante y la atrajo hacia él en un gesto muy amigable. Tenían una dinámica casi de hermanos, pero no del todo.

-¿Cuándo la invitarás a salir? –le preguntó una tarde Kanon.

-Pues salir ya salimos.

-Ay, no me vengas –respondió el de cabellos turquesa rodando los ojos –Ya sabes a lo que me refiero.

-Pues no lo sé… Se supone que solamente somos amigos…

-¿Y? Los amigos también pueden llegar a quererse –agitó la mano derecha –Invítala al claro.

-Qué más quisiera yo –confesó –pero no puedo. No todavía, no puedo poner en riesgo al clan… Si yo la traigo, es porque será mi compañera para toda la vida.

-Al menos dime cómo es –pidió el menor de los Sunfury.

-Es preciosa –comenzó Saga –Tiene el cabello largo, es bajita pero muy fuerte. Su cuerpo, por lo poco que he visto es muy bonito… Pero sus ojos hermano –sonrió ampliamente, ilusionado –Tiene los ojos más hermosos que haya visto en la vida.

Kanon observó a su gemelo. Sabía que hablaba totalmente en serio. Estaba feliz por verlo así. Puso una mano en su hombro, ese sólo toque fue suficiente para que Saga supiera que tenía el apoyo de su hermano en su totalidad.

Guardaron el secreto lo más posible. Saga seguía viéndose a escondidas con su misteriosa amiga y Kanon lo encubría siempre, después de todo eran hermanos de sangre y el lazo que los unía era muy fuerte.

Saga miró la ciudad desde la azotea de aquel edificio. Recordaba cada detalle como si hubiera sucedido apenas unos minutos antes. Tenía la cola en enrollada en la cintura como siempre. Las alas medio plegadas y se pasaba una y otra vez la mano por el cuerno agrietado. Enseñó los dientes, enfadado consigo mismo.

-¿Estás lista? –preguntó mientras sujetaba su mano con mucho cariño.

-Lo estoy, tranquilo –aseguró y apoyó la frente en su brazo.

El de cabellos añil respiró hondo y apareció ante su clan, los dedos apretando suavemente la mano de la mujer que se encogió un poco al encontrarse con los otros tres demonios que eran tan altos como Saga. Sentía las miradas observándola con detenimiento, las orejas moviéndose, las colas también. Fue Defteros el que se acercó primero. Tragó saliva al ver a aquel demonio que se veía gigantesco.

-Ella es mi compañera –Saga se dirigió al alfa con voz firme aunque ella sabía que estaba bastante nervioso –Ella es mi compañera –repitió.

Era tan extraño llamarla así por fin. Tanto tiempo estuvo deseando poder decirlo en voz alta y ahora por fin podía. Sintió alivio pues acababa de quitarse un enorme peso de encima. Observó a su hermano que asintió y le hizo una seña discreta de aprobación. Le gustaba que todo estuviera caminando tan bien para él, para ellos.

-Bienvenida al clan –dijo Defteros con voz firme –Cuídalo bien.

Ya estaba, ella era parte de su vida de forma "oficial". Giró y la abrazó, levantándola sin esfuerzo mientras rozaba su nariz con la de ella. Su mejor amiga, su compañera, su confidente, su todo. Saga la amaba de verdad, la adoraba y ella a él. Lo sabía estaba seguro de eso.

Claro, al ser humana no podía vivir en el bosque con ellos, pero iba a verlo todos los días, dormían la siesta juntos e iban a hacer misiones de reconocimiento o se quedaban a vigilar juntos. Y a Kanon eso no le importaba, en realidad, varias veces se unió a ellos, pasaba los días con los tres sin miedo ni problema a sentirse fuera de lugar. Eran bastante inseparables, se llevaban bien. Para Kanon lo más importante era la felicidad de su hermano, pues si él estaba bien, todo iba de maravilla.

Pero cuando sucedía que tenía que irse por varios días, siempre se despedían juntando sus frentes. Sin falta, ese pequeño gesto era su forma de decirle que volvería pronto, que la llevaría siempre en la mente. Después ella lo besaba y esperaba por él.

Un día muy particular, ella no se presentó a visitarlo como siempre hacía cuando le avisaba que se iría por una larga temporada. Le pareció extraño pero decidió no pensar demasiado en eso. Ya se verían cuando volviera y tendrían una conversación larguísima entre besos y abrazos.

Cuando llegó al lugar, la devastación que encontró lo tomó por sorpresa. No entendía nada, todo estaba en llamas, todo ardía a su alrededor como si estuviera en el mismísimo infierno. El bosque en ese lugar había sido reducido a cenizas junto a sus habitantes, demonios jóvenes, de los pocos que quedaban ya. No lo creía, no podía creerlo. Entró en el bosque tratando de localizar a cualquier sobreviviente, alguien que pudiera decirle qué había sucedido, quién había profanado el bosque y había destruido la vida de tantos inocentes.

Estaba iracundo, sólo quería acabar con el responsable, deseaba hacer justicia. Desenrolló su cola, extendió las alas y profirió tal rugido que destrozó el silencio. Era su grito de guerra. Daría caza al responsable de eso. Sus ojos azul hielo brillaron con tanto coraje.

-¡Sal de tu escondite! –Gritó –¡Maldita rata! –Jamás en su vida había sentido tanta ira en su interior, tanto odio recorrer sus venas -¡Sal ahora, hijo de puta! –su voz atronadora era temible, erizaba la piel.

-¿Me llamabas?

Los ojos escarlata resplandecieron en la oscuridad.

Todo su odio fue reemplazado por confusión, dolor, decepción… traición. No podía creer lo que veía, no podía ser, eso era un error; tenía que ser un error.

Caminando hacia él venía ella, su compañera, su amor, su todo. El corazón se le hizo añicos, estaba ya terminando de romperse por dentro. Negó. Negó una y mil veces.

-¿Qué haces aquí…? –la voz se le quedó atorada en la garganta.

-Vine a hacer mi trabajo… Igual que tú.

Saga profirió tal rugido que era tan desgarrador como terrible. Y se lanzó al ataque sin pensar. Levantó los puños contra la persona que había jurado amar y proteger para toda la vida.

Exhaló con pesadez. Pasó los dedos por sus viejas cicatrices, unas que ya casi no se notaban y luego acarició casi de forma compulsiva la grieta en su cuerno. Una herida más que le había causado la mujer que amaba, que seguía amando a pesar de tanto dolor. Se sentía estúpido por seguir guardando esos sentimientos hacia ella. Deseaba odiarla… No, deseaba solamente verla como un enemigo y no como la persona que guardaba la mitad de su corazón.

Se maldijo. Hizo rechinar sus dientes y chasqueó la lengua con frustración. Pero no derramó ninguna lágrima como había jurado a su hermano cuando volvió de esa misión, cuando, herido por dentro y por fuera colapsó entre los brazos de su hermano y lloró como nunca.

-Maldito sea el día en el que te conocí, Ice…

Se dejó caer del edificio, extendió las alas y las batió con furia.