Cap´ítulo 02. De factores protectores.

En una de las pequeñas casas de madera en la zona pobre del distrito, casas que ni siquiera cuentan con una gallina ponedora o una vaca lechera y cuyas personas solo fungen de peones de aquellos que sí poseen granjas, viven, además de Sunny, su hermana mayor, soltera y abandonada con un hijo de tres años, evidentemente también habitante de la casa; la hermana menor de la chica, de once años, su madre y la pareja de ésta. La casa contaba con tres habitaciones, una empleada como sala y dormitorio del matrimonio, otra donde dormían las tres hermanas y el pequeño, y la última, un cuarto de baño, pobre pero aseado. A ese lugar llegó ella, cabizbaja, después de su paseo dominical. Un aroma como a vinagre la abofetea al abrir la puerta.

–¡Mocosa de mierda! –Oye la voz de su madre. La había apreciado desde lejos, pero intentó no hacerle caso hasta ahora que está en frente.

–¡Fue un accidente! ¡Perdón! –Chilla su hermanita, asustada.

–¿Qué carajo crees que vamos a tomar ahora? ¡Respóndeme! ¡Ni plata tenemos pa leche! –Sigue la mujer, enojada. Sunny puede imaginársela, en pie con el cinturón en la mano. Eso la hace reaccionar y apresurarse.

Abre la puerta de la habitación que comparte con sus hermanas, apreciando la escena con claridad. Wendy Dean, madre de Sunny, bajita, delgada al extremo y con corto pelo canoso, arrinconando contra la pared a una niña de once años que parece menor, con el pelo largo y sucio y cara de susto. Como era de esperarse, tiene el cinturón y azota con fuerza las piernas de la niña, quien grita de dolor y se encoge por el dolor y el miedo. El cinturón chasquea cuando choca contra la espalda de la pequeña y Sunny suelta un jadeo. Eso seguramente duele.

–¡Ya, déjala! –Dice, con voz que intenta parecer segura, pero se le quiebra en la última sílaba. Wendy Dean se gira para encarar a su hija mediana, mientras la pequeña llora en el suelo.

–¿Y tú dónde andabas metida esta vez? –Dice, gritando. La garganta le chasquea, al parecer lleva un buen rato haciéndolo–: Esta mocosa de mierda echó a perder la leche porque no la guardó. ¡Como si las mierdas salieran gratis! ¿Qué va a tomar ahora John?

Sunny siente un mareo, ella había comprado esa leche con su trabajo. Era la suficiente para que durase unos cuantos días y por causa de un descuido se había ido literalmente a la basura.

–Ya… diablos, Sammy, qué descuidada –No puede evitar dar la razón a su madre en eso.

–Tremenda paliza que le vo a dar –Wendy se gira para seguir con su labor–: a ver si sigue olvidándose de las cosas la condená…

–¡No, mamita! Por favor, nunca más –Sammy intenta escapar, pero la madre la agarra fuertemente del pelo largo y empieza a tirar, enrollando la mano para zarandearla.

El pánico le hormiguea en los músculos como si tuviese electricidad en ellos, pero poco le importa. Se lanza hacia delante, sujetando las delgadas manos de su madre para apartarla de Sammy. Tal es la sorpresa que Wendy Dean suelta a la menor, pues las manos de su otra hija la apretaban con fuerza.

–Basta, ya le pegaste –Ordena, pero la voz le tiembla por el miedo. La madre respira amenazadoramente y alza la mano. Pese a su acto de valentía, la chica se echa hacia atrás esperando el golpe. Lo esquiva por muy poco.

–Insolente… ¿Cómo te atreves a levantarle la mano a tu madre? –la persigue, propinándole un cinturonazo en la cara, que le cruza la mejilla en un relámpago rojo y ardiente. Solo la punta le causa que la piel se abra un poco y se inflame. Sunny, que esperaba una bofetada, se dobla por el dolor y suelta un grito.

La madre respira agitadamente, pero hace el esfuerzo por calmarse.

–¡A ver cómo conseguimos leche ahora!... –Refunfuña, aún pensando en aquello–: ¡Y te quiero lista para la cosecha que se nos hace tarde, carajo!

Dicho lo cual, cierra la puerta con un enorme portazo que hace sacudirse la humilde casa. Sunny, con lágrimas de dolor, se sienta en el colchón y se abraza las rodillas. Ni siquiera tienen hielo, es escaso en el distrito, ella incluso lo conoció en casa de los Rocheford. No tiene cómo aliviarse el escozor ardiente, las lágrimas lo empañan. Sus pequeñas manos tiemblan por la ira y la impotencia.

"me voy a ir, lo juro, un día de estos me voy, me voy, lo juro…", piensa obsesivamente, con la respiración agitada. Al mismo tiempo sabe que no será capaz, porque si se marcha, no habrá nadie que defienda a su hermana, y porque ¿de qué iba a vivir? Cualquier trabajo está limitado para ella, a excepción del pastoreo; su cerebro podría haberle granjeado otra cosa pero no tiene dinero para fungir de comerciante, ni puede trabajar en la biblioteca… aquello la hace gruñir y golpear la cama. Está atada.

Sammy la abraza, acariciando su espesa trenza negra.

–No te metas cuando la mamá me pegue, Sunny, que después la toma contigo –Susurra la niña, llorando de pena al ver la mejilla de su hermana mayor–: aparte fue mi culpa, se me olvidó guardar la leche…

Le da un beso en la cabeza, como si por un instante fuese ella la mayor y Sunny la pequeña. Eso la hace reaccionar, abrazarla de vuelta y sonreírle un poco. Una sonrisa triste, que le hace estallar de dolor la mejilla, pero lo suficiente para calmar las lágrimas de su hermanita.

–Te prometo que nos iremos de este lugar cuando tenga otras opciones de trabajo, mi amor –su tono aún tiembla por las lágrimas, pero es sincera.

–¡Tan raro que hablas! –Exclama Sammy, riendo un poquito, aunque aún llorosa–: pareces una señora rica y todo.

Sunny niega con la cabeza. Solo son los libros, por supuesto. Está tan lejos de ser rica como de conseguir un beso de Thomas Rocheford, como de encontrar un trabajo mejor a corto plazo… si se va, tendrá que ser sola. Intenta no pensar en eso, porque sabe que terminará quedándose. Jamás abandonaría a Sammy, nunca.

Al alistarse para la cosecha, siente ansiedad. Poco tiene que ver el viejo vestido color palo de rosa que había usado para las cosechas su hermana mayor y que ahora es suyo, y que no le queda del todo bien. Aquel año era su último elegible, en poco tiempo sabría si iría a morir en vivo ante todo el país o tendría la suerte de gozar de unos años más en aquel distrito. Pese a lo duro de sus circunstancias actuales, tiene ganas de leer mucho más, todo cuanto pudiera, y cuidar de Sammy, quizá besar a Thomas… cosas que no podría hacer estando muerta. Odia la idea de ir a la plaza, escuchar un discurso que evidentemente Ayno Rocheford no tenía ninguna gana de pronunciar y esperar, con las piernas temblándole, que no fuese su nombre el escogido. Tiene tantas teselas… y al año siguiente las tomaría su hermana.

"No seas autocomplaciente en tu desgracia, es patético" dice la voz de Thomas Rocheford en su cabeza, cuando se acomoda con el resto de su familia para almorzar. A ella no le parece tan patético, lo considera natural, no obstante intenta quitarlo de su mente, al menos por ahora. Su madre, nerviosa e irascible,come poco, y lo que no puede engullir lo pone en el plato de su hija mediana, la única en edad cosechable. Si tan solo fuese siempre odiosa, si se riera con crueldad cada vez que le pegaba hasta dejarla tendida en el suelo, si se tratase del ser más ruin del mundo… oh, cuán fácil sería odiarla entonces, piensa la chica, observando a su madre, preocupada. Pero Wendy Dean cree firmemente que la forma de educar a sus hijas con una vara era la acertada, y constantemente dice amarlas y hasta a veces lo demuestra. Por ende, Sunny se halla siempre en encrucijadas difíciles de sortear respecto a ella y su supuesto amor.

Después de aquella exigua comida, consistente en carne, queso y agua, marcha la familia al completo a la plaza del distrito, hasta el padrastro, taciturno y silencioso, y la hermana mayor, deprimida y hundida. Sunny les había dicho que no era necesario que le acompañasen, pero su madre le hizo callar con una seca mirada, así que no siguió protestando. Van, pues, y todos sienten el peso de que tal vez su hija pudiese irse, por mucho que el padrastro intente aligerar la tensión con comentarios sobre los vencedores o el traje del escolta. Casi al llegar a la plaza, Sammy se aferra a Sunny con las fuerzas de sus bracitos.

–Por favor, no salgas cosechada –le suplica, con lágrimas en los ojos marrones.

–No… no saldré, mi amor –promete Sunny.

Muchos chicos de dieciocho años y menos, ya están allí al llegar Sunny. Con los brazos cruzados para que el desajuste del vestido no sea tan patente a ojos curiosos, se acomoda atrás del todo. Chicas mejor alimentadas y más bonitas, cuchichean más allá, con la misma ansiedad que corroe a la plaza en pleno. Conoce de vista a algunas, pero ni la saludan ni ella hace el intento de entablar charla, tiene la boca demasiado seca y, otra vez, no sabría qué decir. Por suerte, piensa, tampoco se meten con ella, pero reflexionándolo mejor es evidente y normal, la mayoría temen ser escogidas tanto como Sunny y sería irrisorio que perdieran el tiempo con algo tan inútil como burlarse de una semejante.

La ceremonia comienza y pronto, luego del discurso del enorme y rubicundo alcalde que tanto se asemeja a su hijo menor, el horrible escolta toma el lugar abandonado. Lleva un trage extraño con lentejuelas, y una gorra con orejas de caballo. Sonríe.

–¡No perdamos el tiempecillo! Todos ya me conocen, soy Gaspar Andryushin, escolta de este hermoso distrito –Gaspar, con la cara pálida y una enorme sonrisa, se acerca a la urna–: ¡vamos a sacar un nombrecillo! Las damillas primero.

A Sunny se le contrae el estómago, ve a unos chicos arrimarse los unos a los otros, en su sector y en los demás. La mano pálida del escolta rebusca y ella piensa en todos los papelitos que tienen su nombre en él. Las manos comienzan a sudarle y solo puede pensar "por favor, no" una y otra vez.

–¡Oh! ¡La afortunada es Sunny Tyson! –Exclama el hombre, con su voz festiva–: Sunny, ¡acércate para que podamos verte!


Nota:

A quienes me estén leyendo, gracias:

Sadder: sí, Sunny ha aprendido bastante de los libros y algo podrá sacar de allí. Como te dije, su relación con Thomas tiene mucho de "es lo único que tengo" pero hay amor todo lo real que ellos puedan sentir, siendo adolescentes y tan distintos. Pero tan parecidos. También espero que tenga suerte y ya corregiré lo de los tiempos, xD.

Dani: #Thomasesimbécil xDDD te entiendo, para tu suerte saldrá bastante poco porque Sunny se irá a los juegos sin él. En este capítulo solo es mencionado, en el siguiente aparecerá pero si Sunny muere, adiós. Quizá en los últimos ocho... en fin. Sunny es una chica fuerte, soprotará lo que le tiren. ¡Graciaas!

¡Y a los que leyeron y no comentaron!

Abachos.