GOTAS DE LLUVIA SOBRE MI CABEZA
Autora: Clumsykitty
Fandom: Marvel/DC
Género: AU -Sci-Fi/Omegaverse
Parejas: de los arcos anteriores, con una sorpresota.
Derechos: Los personajes pertenecen a Marvel, DC y los abogados. Yo solo soy un gusanito.
Advertencias: Pues esto no será agradable, hay mucho dolor, sangre, sufrimiento como lo propio de un Omegaverse. Gente mala haciendo cosas malas, tomando malísimas decisiones. Yo pensando mil locuras con eso. Este crossover es un completo gusto mío.
Para entender la historia hay que leer primero el Arco Marvel y el Arco DC. Ops.
Gracias por leerme.
Ecuación.
"Ser profundamente querido por alguien te da fortaleza, y querer profundamente a alguien te da valor."
Lao-Tsé.
Todos fueron testigos de la montaña nevada explotando, esa mancha enorme de murciélagos volando alrededor y luego una figura que salió proyectada hacia el cielo, sin entender exactamente que estaba sucediendo. Ellos mismos no podían. Separados a lo largo y ancho del territorio, algunos en el bosque del Colmenar, otros en los campos de Genosha y otros más cerca de las montañas de Nova, no tenían idea de qué estaba pasando con los demás. Arthur llegó a la playa, exhausto de haber usado su poder todo ese tiempo, entrando al bosque para auxiliar a los demás, mirando su armadura maltrecha de varios rasguños como ataques de cañón. Estaban perdiendo y de una manera poco agradable. Se encontró primero con Quill, a quien ayudó a ponerse de pie, notándolo pálido con una mano en el pecho como si le faltara el aire.
—¿Te encuentras bien?
El Omega no podía hablar, sus ojos estaban llenos de lágrimas como sus labios temblaban, sangrando preocupantemente de su brazo. Necesitaban reagruparse, pero esos dioses los estaban acribillando. Eran muy pocos Metahumanos para hacer diferencia y algo le decía que no todos estaban ya en condiciones de seguir peleando. El llanto de Quill atrajo su atención, notando que se sentaba llevando ambas manos a su vientre y meciéndose como si estuviera herido ahí. El rey de Atlantis prefirió guardar silencio ante la idea tan espantosa que cruzó por su mente al ver semejante gesto, quedándose a su lado buscando a los demás Alfas. Había intercambiado un par de palabras con Ares, quien le entregó unas armas que ahora sus Atlanteanos portaban, listos para derribar los parademonios que abundaban, más el cañón de esas armas tenía por objetivo debilitar a los dioses.
—Por los siete océanos, necesitamos ayuda.
—¡El cañón! ¡El jodido cañón! —un agotado Timothy los vio, corriendo a ellos.
—¿El cañón?
—Tony montó varios cañones como ése —señaló el joven Beta en el mirador— Todos deben apuntar hacia la nave nodriza. ¡Es la única manera de poderlos vencer! Necesitan de su fuente de poder que ella les provee a través de las Cajas Madre.
—Está en el espacio exterior, cachorro. Los cañones…
—¡Con toda potencia lo harán! —chilló Tim, con lágrimas en los ojos y temblando.
—Okay, okay, tranquilo —Arthur le abrazó, calmándolo, aunque él mismo sentía esa histeria en su sangre— Quédate con Quill, protégelo y atiende su herida. Toma esta arma. Haré que activen los cañones, ¿de acuerdo?
—… sí… perdí a Conner —sollozó el adolescente— Se lo llevó una guerrera. No sé dónde está.
—Vamos a encontrarlos a todos, pero ahora necesito que te mantengas tranquilo.
Arthur levantó un escudo de agua que se hizo invisible, protegiendo a los dos de la vista de los parademonios a los que se enfrentó. Necesitaba de alguien para activar los cañones como Stark sabía hacerlo, pero el aroma del Omega no estaba por ningún lado, algo que le preocupó enormemente. Tampoco detectaba la presencia de Cyborg o de Green Arrow. Con mucho esfuerzo había acabado con un dios de Nueva Génesis, casi terminando muerto por las armas de Orión. Imaginaba que todos los demás estaban así. Sus ojos detectaron una figura de los Guardianes a la que corrió, llamándole. Rocket sangraba de la cabeza, un costado y pierna, sin soltar su pesado cañón para pulverizar a los monstruos, ayudado por Groot quien se notaba ya demasiado exhausto al usar su poder.
—¡Rocket! ¡Hay que sincronizar los cañones para dispararlos a la nave en el espacio!
—¡¿Qué jodidos?! —escupió Rocket, jadeando y mirando la enorme sombra— ¡Eso es…!
—El pequeño Tim asegura que puede lograrse, pero no hallo a Stark ni a Bruce.
—Algo muy malo pasó, muy malo —la voz de Rocket tembló, tragando saliva— Algo realmente muy malo.
—¡ROCKET! ¡Eres el único con la capacidad de hacerlo en estos momentos!
—T-Tengo que ir… a-al Triskelion…
No necesitó decir más, la cantidad de agua en el Colmenar fue suficiente para el rey de Atlantis, levantando un tornado blanco que se llevó a ambos Guardianes hacia el Triskelion a gran velocidad. Ambos cayeron, rodando sobre el pavimento hecho trizas de la entrada. Groot chilló al ver el cuerpo de Banner doblado como si fuese una cuchara, sin vida. Rocket jadeó, conteniendo las ganas de vomitar, levantándose para cargar con el pequeño al interior que estaba en ruinas, partes estaban incendiadas. Miró hacia el lago notando el desastre, resistiendo llorar. Dentro encontraron a Zatanna que se levantaba prácticamente gateando. La ayudaron a ponerse de pie, escuchando de su boca lo que había sucedido hasta que perdió el conocimiento. Había rastros de sangre que no desearon preguntar a quiénes pertenecían.
—Tengo que ir… creo que aún funcionan los mandos principales.
—Los cubriré, vienen parademonios.
Rocket se arrastró con Groot hacia la sala de comandos, había sufrido algunos estragos, más los controles de los cañones estaban en línea. Comenzó a teclear, limpiándose un ojo. No sabía si Drax o Gamora habían sobrevivido cuando la Milano cayó por una bandada de parademonios y un golpe de Kalibak. Se habían separado y todo el paisaje no lucía precisamente esperanzador. Lo peor era ese hueco en su pecho que había aparecido de forma súbita, sintiendo que un niño querido estaba ausente. Groot se dejó caer en el suelo, ya no podía más. Rocket miró los controles, negando rápidamente y murmurando para sí.
—No funcionará, están demasiado alejados unos de otros, algunos ya no responden. Esto no funcionará.
—¿Qué necesitas?
—¡SOY GROOT!
Erik estaba en el marco de la puerta, pálido pero sus ojos estaban rojizos con un claro aroma a venganza inundando la habitación.
—Los cañones… si pudiéramos reunirlos… la nave de los dioses… no lo sé —jadeó Rocket, sus manos arañando el tablero de control— Por todas las estrellas, Jason…
Los dos se giraron al ventanal, observando una onda de energía multicolor caer como un manto sobre los parademonios que intentaron acercarse, desaparecieron en cenizas oscuras. Rocket tragó saliva, mirando la sangre en el cuerpo de Erik, quien asintió como si escuchara algo, girándose al Guardián.
—Prepáralos, voy a hacerlo.
Rocket sollozó, llevándose una mano al pecho. Estando más cerca de aquella costa de Genosha el sentimiento era más fuerte. Jason había muerto. Su pequeño príncipe explorador estaba muerto.
—Los voy a cortar vivos, los voy a cortar vivos… ¡VOY A CORTARLOS EN PEDAZOS MALDITOS DIOSES DE MIERDA!
Más columnas de agua aparecieron por diferentes puntos, acompañados de estacas de metal que saltaron sobre los parademonios y algunos de los dioses que no alcanzaron a esquivarlas. Rocket se volvió a los controles, sin dejar de llorar, pero tecleando las instrucciones con desesperación.
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Bruce despertó, parpadeando y encontrándose sujetado a una mesa metálica, sus muñecas y tobillos sujetos por grilletes que parecían salir del metal mismo. Estaba en otro sitio, muy extraño, lleno de artefactos que flotaban alrededor, pantallas con signos matemáticos. Entre esos objetos estaban las Cajas Madre brillando. Giró su rostro hacia Darkseid cuando emergió de las sombras, una armadura perfecta sin daños igual que en el resto de su cuerpo, manos tras la espalda. Probó los grilletes, pesados y fundidos con el metal sin espacio para maniobrar. La mano del gigante se posó sobre su frente, sacudiendo su cabeza en signo de rechazo, haciendo reír al dios que rodeó esa enorme mesa con pasos tranquilos, removiéndose la visera translúcida de su casco revelando por completo su piel violácea arrugada de rasgos semihumanos producto de tantas alteraciones genéticas.
—Brainiac nunca fue partidario de las irregularidades, veía en ellas solamente fallos. Cierto que el universo así no fue creado, en la perfección. Fue la entropía la que dio origen a la vida, al caos, y con ello a su equilibrio. Un lenguaje que requiere mucha dedicación. Me ha tomado muchos años el entenderlo, igual que las irregularidades. Ciudad Basura, así le llamaba Brainiac a tu hogar, Ciudad Gótica. Todo lo que no servía lo enviaba ahí en espera de usarlo más tarde o para que simplemente el curso natural de la vida se encargara. El lugar menos propicio para vivir, pero tu ancestro, Alan Wayne decidió construirse una vida. Un Alfa con muchos talentos y futuro metido en el peor de nuestros campos. Prosperó y sus genes fuertes que se saben adaptar al ambiente te fueron heredados, perfeccionados por la Caja Madre en uno de los eventos más fortuitos de la entropía.
Darkseid llegó de nuevo a él, sujetando su mentón.
—Perfeccionaste el ADN de Kal-El, pero no suficiente con eso y para fastidio de Brainiac, hiciste lo que él nunca pudo lograr: la descendencia del Elemento X. Lobezno fue de nuestros primeros éxitos, debo mencionar, desafortunadamente ese factor en su sangre impedía cualquier cruza para obtener crías con mejor ADN. Lo intentamos todo, trabajando con él fue que creamos mejores cultivos, mejores humanos que poner en nuestros campos. Él fue la razón por la que Bor decidió abandonarnos, tal vez sería educado mencionar que la muerte de Izaya fue una razón de peso. Bor no quería que sucediera algo con su descendencia como con Ares. Se marchó. Una tristeza, en fin, todos esos eventos tan irregulares a la vista de los demás, tienen perfecto sentido para mí.
La mano que sujetaba el mentón del Omega bajó a su vientre, haciéndolo retorcerse en la mesa.
—22 intentos, hasta ahí llegamos con Lobezno y el Proyecto X. Esta criatura en tu vientre será la número 23. X-23. ¿Interesante, no te parece? Lo caótico es más equilibrado una vez que vas comprendiendo el todo y no las partes. Primero me desconcertaste, pero luego entendí el por qué eras capaz de tantas cosas. Una gran pista fue ese Estado Feral que está haciendo que todos peleen unidos a pesar de sus diferencias cuando ningún otro Omega había podido lograrlo. Irregularidades, la única respuesta a la Ecuación Anti-Vida.
Unas bandas metálicas envueltas en garras de energía rodearon su cabeza sin tocarle, solamente flotando alrededor lentamente, como si aquel dios pretendiera hacerle un examen. Darkseid sonrió complacido, palmeando el vientre de Bruce para volver a tener sus manos detrás de su espalda.
—Es hora, Omega. Activa la Ecuación.
—¿Qué…?
Bruce se tensó cuando las bandas alrededor de su cabeza comenzaron a girar más rápido, provocando una vibración en su cabeza que le lastimó, al tiempo que sus ojos solamente vieron una luz blanca. De pronto fue como si ya no estuviera en aquella sala sino flotando en el espacio, observando el planeta Tierra tal como era ahora, a esa distancia percatándose de las luces de estallidos en el Triunvirato, las manchas de parademonios. Jadeó, notando que desaparecían igual que la estructura de ese continente cambiaba, volviéndose más verde y más acuático. Siempre cambiando hasta que entendió que estaba viendo un regreso al pasado una vez que la Tierra no fue otra cosa que una enorme masa de gas y polvo envueltas en un fuego que quemaba.
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Hazlo, puedes reconstruir tu vida, Omega.
La Ecuación lo puede lograr.
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Ahora estaba en un conocido callejón, de la mano de sus padres que le jalaban presurosos, cubriéndole cada uno por un flanco. Gritos, dos disparos. Thomas y Martha Wayne cayendo con un agujero en la cabeza, manchando el piso de sangre. La lluvia comenzó a caer. Bruce tomó aire, cerrando sus ojos unos segundos. Al abrirlos, era él quien estaba herido en el pecho con sus padres llorando en su rostro, su madre de pronto riendo histérica y arañándose sus labios hasta abrírselos en una horripilante mueca. Desvió su mirada, todo era más claro, pero no más agradable. Clark estaba en el suelo abrazando el cuerpo de su esposa con el cuello roto, gritando al cielo que se cubrió de una nube de radiación que barrió con todo. Nieve. Era invierno. Bruce negó al escuchar las risas de Tim, las carcajadas de Dick o los gruñidos de Jason, jugando en la nieve con su Alfa.
—Basta…
Cayó sobre un cuerpo, notando sus manos manchadas de sangre, el corazón de Kal-El dejando de latir con sus ojos azules observándole adoloridos. La lluvia cayendo sobre ellos. El Omega negó, sacudiendo aprisa su cabeza, buscando cambiar el escenario que cambió a un embarcadero, la gente llegando a la frontera de Metrópolis en busca de una nueva vida en una ciudad mejor que la suya. Clark le tendió una mano con una sonrisa tranquila, sus ojos brillantes, llenos de vida como de esperanza. Un perfecto Alfa. Bruce jadeó, viendo más imágenes pasar. El cuerpo de Jason lleno de sangre, su ataúd. Los gritos de reclamo. Todas esas noches de lluvia preguntándose hasta cuando tendría que resistir, estando tan cansado y sin esperanzas. Una mano de Logan sujetó la suya con fuerza, invitándole a su recámara para hacer el amor.
—¡BASTA!
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Activa la Ecuación.
Todo empezará de nuevo, en la forma que debe ser.
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Las imágenes fueron desapareciendo como si retrocedieran a un punto brillante que miró a la altura de sus ojos, ladeando su rostro. Había algo ahí, como un llamado, como si esa luz pequeña en medio de la oscuridad que le asfixiaba estuviera esperando a que dijera algo. No. A que sintiera algo. La promesa de una vida sin todas esas cosas que habían estado lastimándole, sin errores, remordimientos. Todos reunidos. Bruce abrió sus ojos, encontrándose en la mansión Wayne. Perfecta, llena de una luz de mediodía con el aroma de rosales entrando por las ventanas. Alfred atravesó un pasillo frente a él, llevando un servicio de té a la terraza a donde caminó, escuchando unas risas que hicieron su corazón dar un vuelco. Dick, Jason y Tim, todos unos pequeños niños correteando en el jardín al huir de un sonriente Logan que los perseguía.
No pudo dar más pasos, quedándose en el marco de las puertas abiertas de par en par. Aroma de césped recién cortado, un cielo claro de nubes blancas. No pestes. No contaminación. Unos pasos detrás le hicieron volver, conteniendo su aliento al ver a sus padres con sus canas en sus cabellos caminar hacia él, Martha llevaba en brazos a una pequeña Laura que jugaba con su chupete. Su padre le dio un beso en la frente diciéndole lo orgulloso que estaba de él. El mejor Omega Wayne en toda la historia de la familia, dejándolo solo al ir a la mesita, llamando al resto de sus nietos. Tuvo que recargarse de la puerta, cuya textura fue demasiado real para ser un sueño. Bruce se estremeció, mirando hacia uno de los balcones a donde fue casi en tropezones. Mirando hacia el jardín con sus manos tras su espalda, estaba Clark Kent.
"Hey."
Sus pies se movieron solos cuando el Alfa estiró una mano hacia él con esa sonrisa que nunca olvidaría, apretándola al sentir su calidez. Clark rió, negando, acomodando sus cabellos detrás de su oreja, limpiando con sus nudillos unas lágrimas fugitivas. Bruce posó una mano temblorosa sobre su pecho, sintiendo el poderoso latido de su corazón. Levantó su mirada hacia Kent, quien acarició su rostro con ambas manos, sin perder su sonrisa.
"Vamos a estar juntos, siempre juntos. Te amo, Bruce."
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La luz titiló, esperando el llamado.
Él sabía cómo llamarla. Estaba en lo profundo de su ser.
Una Ecuación.
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Jaló aire, abriendo sus ojos a una Tierra que se desdobló como si estuviera copiándose en el espacio a una velocidad que apenas si le dejó entender qué sucedía. Fue como si cada átomo que la constituyera se separara lentamente, esperando a una nueva formación. Bruce miró la luz, recordando la escena en la mansión Wayne. Todos vivos, a salvo. Todos felices.
Volver a comenzar.
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"Recuerda, Bruce, pase lo que pase confío en ti."
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Un tramo de esa Tierra se acercó, escuchó un disparo y pensó en sus padres, pero todo cobró una forma distinta. Entonces observó a un Sheriff caer muerto por una bala en su pecho, su estrella dorada cayendo en el fango de un corral de puercos. Un hombre cayendo de rodillas con un grito de agonía. Dos rostros que conocía de sobra. Negó y la Tierra se cimbró. Tony disparó sus dos cañones contra el escudo de Steve, ambos en medio de cuerpos junto a un edificio. Bruce volvió a negar. Las campanas de la iglesia sonaron, entre pétalos blancos cayendo sobre un par de novios que salían entre aplausos que se convirtieron en armas acribillando a la pareja. Sacudió su cabeza para mirar ahora un paisaje helado, el escudo de Steve alzándose contra un Tony en el suelo que cubrió sus ojos ante el horrible golpe en su pecho. Bruce apretó sus dientes que rechinaron, escuchando el llamado de la luz.
Podía ser feliz, tenerlo todo.
A costa de la desgracia de su mejor amigo.
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Darkseid se quedó mortalmente serio cuando todos los mecanismos de la sala se detuvieron, la nave en la que se encontraban dejó de castigar con una onda de energía a la Tierra al intentar una reconstrucción a nivel molecular. Rugió, caminando hacia el Omega que se había negado a activar la Ecuación que vivía en su ADN y necesitaba de él para activarla. Aún tenía una forma de obligarlo a hacerlo, tomando una aguja fina de una jeringa con metal líquido que sin piedad clavó al vientre de Bruce, quien despertó de golpe ante el dolor sin poder pelear ante la intrusión de aquel elemento que tocó a su cachorro. El dios rió, mirándole fijamente con sus ojos brillando.
—La única manera de salvar esta criatura ahora es activando la Ecuación.
—¡NO!
La aguja explotó, quemando la mano de Darkseid que vio un campo de energía envolver al Omega, desapareciéndolo de la nave. Rugió, adivinando lo que había sucedido y activando un portal para ir tras Bruce de vuelta a la Tierra. Se llevó una enorme sorpresa cuando un campo mental le impidió acercarse al bosque, aterrizando sobre la playa con fastidio. Aquel mutante estaba retándolo abiertamente. Entonces fue que se percató de un cambio en aquel campo de batalla, Kalibak cayó contra una montaña que se despedazó, otra figura más lo había atacado hasta dejarlo sin vida, herido por balas de radión. Otros dioses huían de aquella figura envuelta en un traje negro que se movía a una velocidad impresionante. Darkseid no dio crédito a sus ojos al ver a Clark Kent atravesar el pecho de una Furia, lanzando el cuerpo a los restantes parademonios.
Concentró los rayos Omega de sus ojos para destruir el campo, avanzando hacia el bosque para buscar la Caja Madre que estaba ayudándolos. Había pensado conservarla, pero ahora le estorbaba, con un par de saltos atravesó el territorio, entrando a la cueva donde encontró a un desorientado Bruce al que la Caja había teletransportado. Junto al Omega estaba Logan, quien se lanzó contra él en una nueva pelea. Darkseid le dejó atacar, llevándolo fuera de la cueva para contraatacar, quemándole con sus rayos neutralizando su factor de regeneración. Aquella ferocidad le impidió dominar a Logan, cuyas garras atravesaron su armadura, hiriéndole. El dios cerró sus ojos, tomando aire y luego sujetando esos puños como el acero para quitarse sus garras, alzando al mutante por encima de su cabeza, buscando algo que no tardó en encontrar mientras sus manos iban rompiendo los huesos de los brazos y piernas sujetos por ellas.
—¡Logan! ¡Logan!
El cuerpo de este fue clavado brutalmente contra una gruesa punta de tronco que deshizo su corazón. Las garras del mutante se clavaron en el pecho de Darkseid, abriendo su piel, pero dejándolo a merced de sus puñetazos contra su cráneo. Bruce rugió, al fin teniendo la vista lo suficientemente clara para apuntar su arma y disparar esa bala de radión dentro de aquella herida en el pecho del gigante, quien soltó a un moribundo Logan, mirando la energía que empezó a consumir su cuerpo. Relámpagos castigaron al dios, siendo levantado por ellos hacia Thor que lo alejó de ahí golpeándolo con rabia. Una rabia a la que se unió Clark. El arma cayó de la mano de Bruce, corriendo hacia Logan para buscar liberarlo de aquella rama con la que peleó ya sin fuerzas. Una mano cariñosa rozó su mejilla.
—Sshhh, no llores.
Ni siquiera se había percatado de ello, desesperado por liberar a su Alfa quien resbaló por el tronco, el cráneo sangrando profusamente como su pecho quemado por los rayos que impidieron su sanación. Ajenos a ellos, el cielo comenzó a dejar caer unas primeras gotas de lluvia que fueron arreciando. Bruce negó, castañeando sus dientes al ver que Logan no se recuperaba, mirándole con sus lágrimas siendo más abundantes, cayendo sobre el rostro del mutante quien negó lentamente, el metal desapareciendo para dejar solamente el hueso original de sus garras.
—No llores, bebé. Yo solo quiero sentir… las gotas de lluvia sobre mi cabeza, no tus lágrimas.
—No… noo…
—Sé… lo que deseas ser… Bruce… no lo que ellos… te hicieron…
—Logan… no, por favor… no… —Bruce sollozó, sus manos aferrándose desesperadas al mutante al susurrar las palabras que salieron a tropiezos de sus labios— T-Te amo…
Una débil risa escapó del Alfa, acariciando una mano temblorosa sobre su pecho.
—Así es… como se siente…
La cabeza de Logan cayó inclinada sobre el vientre de Bruce, con una sonrisa en su rostro que la lluvia limpió de sangre. El Omega gritó con todas sus fuerzas, meciéndolo entre sus brazos al apretarle contra su cuerpo. Con un estruendo que tuvo eco en todo el bosque, los cañones se elevaron en conjunto, disparando energía de radión contra la nave nodriza de Nueva Génesis. Arthur y Diana se unieron a Thor y Clark en el ataque conjunto contra Darkseid, cuyo cuerpo luchaba por regenerarse. El grito que llegó a oídos de Kent hizo que lanzara un alarido contra el dios, una vibración que impidió a sus átomos reunirse, momento que, tierra abajo, aprovechó Rocket como Tony para disparar sus cañones, haciendo que el gigante convulsionara y terminara destruyéndose en una esfera de energía que colapsó contra sí misma que Charles envolvió para que no lastimara a nadie. La nave de Nueva Génesis perdió su energía, dejando los trajes de los dioses restantes sin protección, debilitándolos al haber perdido su fuente de poder junto con su líder.
Steve se giró a Erik, quien miró a Thor en el cielo junto a Clark. La furia de todos esos Alfas comenzando a crear una onda de choque que destruyó en el aire a los monstruos. Estaban completamente iracundos y se lanzaron con los que aun estaban de pie hacia los dioses que cayeron débiles y temerosos. Conner con Jason por un costado, Dick con Bucky por el otro. Sam y Nathaniel uniéndose a la caravana de los Alfas que cargaron contra cada uno de ellos sin dejar uno vivo. Rocket lanzó un mensaje de alerta a Tony. La nave de Nueva Génesis iba a caer sobre la Tierra al perder poder y el control que Darkseid sobre ella ejercía. No tenían nada que la hiciera explotar en el aire antes de que tocara la atmósfera y los fragmentos destruyeran su mundo.
—¡NECESITAMOS UNA BOMBA DE ENERGÍA PURA! —aulló Rocket desde los controles a todos ellos.
Dick fue quien notó que Nathaniel se separó, notando que se dirigió hacia el caído Quinjet que, a diferencia de la Milano, aún podía volar. Frunció su ceño a punto de alertarle a los demás, girándose para hacerlo. Chocó con Bucky, quien le miró de forma extraña.
—¿Buck?
—Me hubiera gustado que fuésemos muy buenos amigos.
—¿Qué?
Bucky fue demasiado rápido, noqueando al otro Omega. Tony alcanzó al grupo, mirando el Quinjet despegar y preguntando a Rocket quien lo estaba piloteando. Nathaniel mismo respondió desde el control de la nave.
—Cinco poderosos motores de energía pura que sobrecargados son más potentes de cientos de bombas nucleares.
—¡Nathaniel estás demente! —Tony jadeó, escuchándole— ¡Nathaniel! ¡No podrás…!
—Lo sé.
—¡El piloto automático no sirve, no tendrás tiempo de salir! ¡Es que…!
—Adiós.
El pelirrojo miró hacia la Luna detrás de la enorme nave nodriza, el hogar de Nueva Génesis hasta que debieron mover su nave para atacarlos, perdiendo su posición, su invulnerabilidad. Su poder. Suspiró, apretando el control en su mano. De todos, era el que menos tenía que perder. Había visto a Bucky sonreír con Sam Wilson, tranquilo, a gusto. No era un ciego para no darse cuenta de las posibilidades que ambos tenían, la forma en que ese lindo Omega podría sanar bajo los cuidados de aquel halcón. Él solamente era un fantasma en su vida que no iba a dejarle vivir. Sonrió con ojos húmedos, sujetando el control cuando atravesó la atmósfera, estirando una mano hacia el otro volante, sin perder de vista el tablero para llevar al Quinjet justo a donde debía estrellarse para destruir la nave sin dañar la Tierra. Su mano chocó con una metálica, girándose de ojos bien abiertos sin poderlo creer al ver a su lado a Bucky ayudándolo a maniobrar.
—¡¿Qué estás haciendo aquí?!
—Lo mismo que tú.
—¡BUCKY!
Era muy tarde para regresar ya, no tenían trajes de esa clase, ni tampoco el Quinjet podía regresar. Nathaniel jadeó, inmóvil. La nave tomó el curso ya en gravedad cero, acercándose peligrosamente hacia la de Nueva Génesis. Se levantó para tomar al joven Omega entre sus brazos, apretándole contra su pecho con el corazón latiéndole aprisa. Sus lágrimas rodaron al mirarle, temblando sin comprender, frunciendo su ceño.
—¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho?
Bucky apretó una sonrisa, dejando caer sus lágrimas. —No puedo abandonar a mi Alfa.
—¡IDIOTA! ¡MIL VECES IDIOTA! —rugió Nathaniel, besando sus labios con desesperación, sollozando— ¡Pudiste…!
—No, yo no puedo sin ti. Ya no puedo sin ti.
—¡Eres tan necio!
—Y tú tan atrevido.
El Alfa rió, llorando un poco, sacó de uno de sus bolsillos el control de los motores del Quinjet que activó para sobrecalentarlos. La oscuridad los rodeó al estar por debajo de la nave.
—Hay algo que no te dije.
—¿Qué cosa?
—Cuando estuve en Atlantis, recordé algo.
—Dime.
—Había descubierto los pasadizos secretos de Doom, sus incursiones en el Colmenar. Iba a reportarlos al Comandante Rogers… —Nathaniel lloró un poco más— Pero entonces… todo se olvidó porque a mi nariz llegó el aroma más perfecto que pude haber olfateado. Fue como si de pronto todo dejara de tener sentido y el universo se colapsara en un solo punto al que corrí con desesperación, mi vida entera dependía de ello. La respuesta a una pregunta que me había dejado un vacío. Nada más importó. Nada. Ahí estabas tú, frente a mí, mi mano atrapando tu cuello, desesperado porque había encontrado esa luz que siempre me había hecho falta.
Bucky sonrió, rodeando con sus manos el control, activando el contador.
—Me asustaste mucho.
—Ese aroma desapareció cuando yo desperté, no lo tenías. Yo lo había borrado.
—Nathaniel…
—Justo ahora, lo vuelves a tener.
El Omega levantó su vista, riendo entre lágrimas y besándole como si no hubiera un mañana. Acarició esos cabellos rojizos, tragando saliva.
—Tal vez es cierto lo que un día dijo mi padre, tal vez haya otras Tierras. Otras oportunidades.
—Entonces te buscaré.
—Siempre recordaré tus cabellos rojos.
—Y yo tus hermosos ojos azules.
—Recuerda que nuestra primera vez fue bajo la luz de la Luna.
Nathaniel asintió, besando su frente. —Siempre tendremos la Luna, amor mío.
Charles levantó un escudo al ver la brillante luz de una explosión que consumió la nave nodriza, solamente dejando caer pequeños fragmentos, muchos de ellos deshaciéndose en la atmósfera y convirtiéndose en estrellas fugaces que cruzaron el firmamento de una lluvia ligera. Tony se dejó caer, mirando hacia el suelo, enterado de que Bucky se había ido en el Quinjet con Nathaniel. Una acción del todo incomprensible, cuyas respuestas no escucharía. Steve le abrazó al escucharlo romper a llorar, no siendo el único. Charles casi gritó en los brazos de Erik, Quill en los de Thor. Arthur sujetó a Diana, mirando a Clark quien estaba serio, su vista clavada a lo lejos, perdidos más allá en el bosque, Bruce llorando la muerte de Logan.
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Habían ganado.
Pero estaba lejos de sentirse como una victoria.
