Capítulo 14. Esperanza desde casa.
Thomas Rocheford termina de guardar al último caballo en su cubil, sintiéndose satisfecho. Ya había reunido a las vacas para dejarlas en sus corrales, los terneros estaban en un sitio aparte. La cabrera se había ocupado de sus quehaceres con los animales lanudos, no obstante los más grandes son demasiado para ella. ni siquiera sabe cepillarlos como corresponde, incluso con las cabras tiene problemas, so inútil. Solo se ocupa de ser bella y mover sus torneadas caderas, modelando por su finca como si tener un cuerpo hermoso le fuese a granjear algo, y todo por ser la amante ocasional de Edward. A Thomas le da asco, tanto su actitud como ella. una plebeya ignorante que no sabe hacer su trabajo es como un potro enfermo o casi.
Se muere de hambre, pero primero tiene que alimentar a los mastines y los galgos, porque no piensa salir a hacer faena de campo con su ropa formal, quiere bañarse por fin y dejar todo ese asunto al menos por aquel día, el día de las entrevistas en los Juegos Anuales del hambre. Siempre había sido para él algo sin importancia, se presentaba en la plaza porque así tenía que ser, aplaudía, criticaba en su cabeza los trajes, odiaba los juegos, al Capitolio, a los que lloraban, y especialmente los aduladores se ganaban todo su desprecio. Hoy tiene un motivo real de inquietud, pero ayudar con la finca siempre le distrae, además de que el mundo debe seguir, los perros tienen que comer, las vacas que pastar, el excremento ha de ser recogido.
Después de terminar, el estómago le está rugiendo tanto que se siente avergonzado por la falta de tino de su cuerpo, pero no le da tantas vueltas porque tiene hambre. Cuando entra a la gran casona, un delicioso aroma a huevos con tocino flota en el aire. ¡Qué rico! Bien hecho, plebeyos, piensa. Lástima que primero tenga que bañarse, porque no comería jamás con aquel pestazo a campo o el pelo desordenado, sería una falta de decoro y de etiqueta, además solo se ha quitado las botas de trabajo, todavía lleva los pantalones y chaleco informales.
–Hijo, intenta darte prisa porque tenemos que irnos –dice su padre desde la cocina.
–Sí, tengo que bañarme todavía y todo eso –responde–: tse… hubiese terminado antes si Edward me ayudaba. Pero de nuevo se ha marchado, esa ameba inconstante y haragana.
Aynno Rocheford le observa con severidad.
–No seas tan duro con tu hermano, menos delante de los sirvientes –Reprende–: y ya sabes que Edward… bueno, él es distinto.
Con distinto, piensa Thomas, se refiere a que le gusta la cerveza, las fiestas y relacionarse con la plebe, bebiendo con ellos, jugando al ajedrez y a las cartas y apostando dinero ¡Qué horror! En un horrible bar, con sudor de plebeyo pegándose en la ropa y el pelo, de solo pensarlo Thomas siente que podría vomitar allí mismo. Y con respecto a Edward, rara vez aportaba en casa, por no decir en el negocio, y cuando para allí, es solo para incordiar a su hermano menor, que sí contribuye en el desarrollo de la finca y es un hijo ejemplar. Bueno, eso piensa él, en todo caso; lo cierto es que a Edward se le dan bien las cuentas y algo aporta, pero es mínimo en comparación a Thomas y el resto de sus hermanos, que, aunque ya no vivan en casa, ayudan a mantener el negocio a flote.
–Como digas –Thomas solo se muestra tan sumiso con su padre, porque tiene razón. Los plebeyos no tienen por qué ver las desavenencias de la gran familia, se pensarán que después pueden insultarlos, o aún peor, compararles con sus patéticas vidas conformistas.
Tiene la disposición de marcharse para darse una ducha y alistarse para la reunión de la plaza, pero Ayno lo detiene.
–¿Qué tal estás? –Pregunta, solícito.
–Tse… –contesta, esquivando el tema. No quiere hablar de ello, de las noches inquietas donde las sábanas se pegaron a su cuerpo, de los días de trabajo solitario y de las tardes de biblioteca, aburridas, sin nadie con quien discutir.
Eso ha sido lo más duro, piensa, saber que aunque es viernes, no verá a Sunny Tyson al día siguiente, apoyada contra la cerca, con sus ojos oscuros relucientes y su expresión cabizbaja, lista para un nuevo asalto con su lengua y su palabra. duele.
–Qué tal estás de verdad, hijo –Ayno le presiona. Thomas odia que le presionen, no le gusta hablar de sus sentimientos.
Pero es su padre, claro. Thomas quiere ser como Ayno Rocheford, jugado como él solo, que consiguió muchas tierras administrándolas y luego comprándolas, que aún con su sentir ante el gobierno ha conseguido tener cerrada la boca y a su familia viviendo bien. Ayno, que se lamenta todos los años de cosecha sin excepción, que saludaba a su única amiga con cordialidad… todos lo hacían en esa casa.
–Sé que volverá –dice Thomas, con tono apático–: solo me gustaría saber cómo.
Recuerda las ojeras de Fabian Galton y a Sabrina Callahan, que a veces se pasaba por casa de los Rocheford a echar carreras de caballos. Edward y ella se llevaban bien, aún con lo grande que era. Pero Sabrina no tiene esposo, ni ninguna otra familia.
–Tienes que estar preparado para todo –le dice Ayno.
Sin saber por qué, eso le hace sentir repentinamente furioso con su padre y lo que le estaba diciendo. ¿preparado para todo? ¿Qué era ese todo? No piensa prepararse para algo como ver a Sunny Tyson morir, no está en sus planes ni en su esquema. Es absurdo e inverosímil, ella, simplemente, volverá. Porque es capaz, difícilmente se hubiese fijado en ella si no lo fuera.
–Tse… padre, no seré tan cobarde como para darla por muerta –dice, con desprecio–: no pienso prepararme para nada.
Lo mira de una forma parecida a la que dedica a los plebeyos especialmente obtusos. Ayno, sacudiendo la cabeza, solo da la espalda y se aleja, pensando en lo testarudo que puede llegar a ser su hijo, más aún desde que conoció a esa señorita de los barrios bajos, que lo hizo hablar, discutir, abrirse un poco al mundo, pues Thomas había sido muy casero y solitario antes de eso. Él tampoco habría querido dar por muerto a su hermano, piensa con dolor, pero así pasó. Y cuando esa chica muera… ¿Qué pasaría con la fortaleza que estaba intentando armar su hijo si la chica muere? No quiere pensarlo, pero tiene que. Después de todo, sabe mejor que su menor y consentido lo que es perder a alguien. Tendrá que ser su sostén, piensa, aunque le partirá el corazón.
Malditos juegos del hambre, piensa Ayno. Maldita fuese también su vejez y cobardía, que le impiden hacer algo. Siente el aroma de los deliciosos huevos con tocino, mira a su cocina, donde los criados, que Thomas llama plebeyos, se afanan con la comida para la familia Rocheford. Malditos fuesen los juegos, pero ellos están bien, por suerte.
Es esa señorita quien está en los Juegos del Hambre, no su Thomas. Y le apena por ella, claro, pero es un precio que está dispuesto a pagar mil veces.
La plaza del distrito vuelve a estar llena de gente, pero se hallan cansados, Thomas lo sabe porque también se siente igual. Ha trabajado todo el día, y después de darse una ducha comió rápidamente para personarse en el lugar. Le hubiese gustado quedarse, estar a solas con la Sunny Tyson de la televisión y juzgar sin distracciones lo que los juegos estaban haciendo en ella, pero no es legal. Así que tendrá que compartir con la manga de idiotas que tiene detrás a su mejor amiga, su imagen y lo que fuese a decir.
Ese 8 no le sorprendió, ni mucho menos. Edward prácticamente saltaba de alegría al ver la nota desde su casa, con la foto de Sunny en la pantalla que Thomas piensa que no le favorecía en absoluto, tenía una cara de "por favor, dejen de hacerme sufrir" que la hacía ver débil. No blasfemó cuando la vio por no ser digno de él, pero sintió verdaderas ganas. A la nota le prestó poca atención, lo sabía. No tiene claro qué hizo Sunny específicamente, quizá tiró con su onda y demostró sus habilidades de otras maneras, pero para él era evidente que destacaría si ponía su mente en ello. Su único problema era que la chica se rindiera, que dejara de luchar, pero no estaba pasando, por suerte.
Todos están en silencio en la plaza, mas el ambiente no es tan deprimente como otros años. Una de sus tributos sacó un 8, no es algo normal en el distrito 10, para colmo, se trata de la más pequeña y débil de los dos. El populacho espera algo de Sunny Tyson, la chica de dieciocho años de vestido horrible que subió aquel día, con las comisuras hacia abajo, en la cosecha, o tal vez de la reina monocroma que, montando un caballo, alzó su espada con la cara seria. Thomas, con su pelo repeinado y su traje blanco –no vestirá de negro para que la opinión pública no piense que está dándola por muerta, aquello es importante– mira solo a la enorme pantalla, hasta que esta se ilumina y el anfiteatro se deja ver.
Hefestus Fein lleva apenas dos años en el mundo del espectáculo, como anfitrión de los Juegos Anuales del hambre. La antigua entrevistadora, Afrodita Andrews, después de veintiocho años en el puesto, había decidido retirarse, y con ella el antiguo enfoque. Lev Abercowney, Christian Stark, Ray Bashet entre otros vencedores, tuvieron que soportar sus comentarios insidiosos y despectivos, la manera en que ella sacaba a flote sus puntos débiles y los humillaba en público, hasta que el Capitolio incluso se mostró descontento con esa forma de llevar tanto las entrevistas como las relaciones con los tributos. Ya están haciendo lo suficiente con ir a pelear en los Juegos del Hambre para garantizar la paz, decía la gente, con pena por ellos. No eran criminales, sino héroes, chicos que con su sacrificio impedían una nueva rebelión y una nueva guerra, y no merecían el menosprecio mientras se conocía más de ellos.
Evidentemente, Thomas sabe eso por haberlo visto en la televisión, cosa que no todos en su distrito –en realidad, muy pocos– pueden hacer. Para algunos, simplemente cambió el presentador y la forma de tratar a los tributos, enfocándoles desde el ángulo más favorable posible para que la gente empatizase. Y se moviesen las apuestas y los sentimientos de patetismo vago que los capitolinos sienten por ellos, claro. Al joven no se le pasa por alto eso ni por un segundo.
Hefestus Fein tiene su pelo recién tintado de amarillo pollito, pero su traje es tan formal como siempre. Sonríe a la multitud.
–¡Gente del anfiteatro, del Capitolio, distritos! ¡Hola! ¡Bienvenidos sean todos a la trigésima sesión de entrevistas de los Juegos anuales del hambre! –Dice, entusiasmado.
Se oyen enormes aplausos en la pantalla, si bien en el distrito 10 no lo hace nadie. Thomas solo mira hacia la parte trasera del escenario, intentando vislumbrar a los tributos, pero están tapados por una cortina. Por supuesto, piensa con desprecio, hay que mantener el misterio, aunque a él poco le importen esas cosas, ojalá la gente fuese al punto. Pero, por supuesto, esa ameba incompetente de Hefestus Fein se pone a hablar sobre los patrocinadores, apuestas, ranking de popularidad y un sinfín de otras cosas, donde por lo general solo tienen cabida los profesionales. Si bien, esta vez es un poco distinta dada la otra alianza, aquella de cinco personas que desean plantar cara a la primaria.
Sunny no está involucrada en aquel altercado. Thomas piensa que quizá él sí lo estaría en caso de encontrarse en su lugar, pero solo por un segundo, pues pronto se le viene a la cabeza que es precisamente lo que querría el Capitolio, verlos pelear los unos contra los otros, y descarta la idea de plano. Son unas amebas incapaces de pensar con criterio, unos verdaderos imbéciles. Él no lo habría hecho así, nunca, jamás, les daría en el gusto. Nunca.
Meditando sobre eso, se da cuenta de que los plebeyos han comenzado a rebullir con una moderada ansiedad. Es porque Clarissa Carmichael, del distrito 1, ha salido al escenario con un hermoso vestido color crema, adornado con diamantes, y se ha puesto a parlotear sobre su patética vida de chica pobre en el distrito 1, y acerca de Thomas no sabe ni le interesa qué rival. Mientras la oye, recuerda un cuento infantil de un espantapájaros que deseaba tener un cerebro… pues bien, la profesional es el espantapájaros pero sin ese deseo.
–Tse… –masculla, cuando por fin los tres minutos se acaban, y Clarissa, emocionada y feliz por el caluroso aplauso que le otorgaron, se marcha rumbo a su asiento–: patética y estúpida alimaña.
Hefestus bebe un poco de agua, sonriendo. A Thomas le da hambre esa acción, todavía queda queso… hmmm… mientras se deleita en el queso que podrá comer cuando llegue, porque se lo merece después de tan mortal aburrimiento cuando solo le interesa ver a una persona, el profesional del distrito 1, rubio como la luna y de ojos azules, se dirige hacia el asiento ubicado tras el anfitrión. Va sonriendo radiantemente, lleva un traje bastante parecido al de Thomas, un chaleco negro formal y una camisa debajo de color azul, y pantalones negros. Su único adorno es el pesado reloj de oro de la muñeca. Saluda con la mano al público, y con elegancia estudiada, toma asiento.
–Hola, Hefestus. Hola, Capitolio –sonríe el joven–: me gustaría decir que es un placer estar aquí… así que lo diré. Es un placer, tanto para ustedes como para mí, que esté aquí.
El público de la pantalla suelta una risa, y hasta los plebeyos manchados de barro del distrito de Thomas, lo hacen. Él no sonríe. Ese fideo engreído… ¿de qué estaba yendo? Lo recuerda bien del desfile, con su semblante serio, apático y los ojos apagados. ¿Qué había dicho Edward tan grosera y chabacanamente? ¿Qué tenía cara de hemorroides o algo así? Pues eso parece haber desaparecido, aunque superficialmente.
–¡Pues sí que es un placer! –El presentador se adapta rápidamente al ángulo que Alabaster le ofrece–: cuéntanos… ¿cómo estás?
–Entusiasmado y contento –la sonrisa es tan gigante y tan artificial, que Thomas piensa que en algún momento se le van a salir los dientes al rubio–: si supieran… muero de entusiasmo.
Las últimas tres palabras suenan casi, casi a sarcasmo. Hefestus arquea una ceja, pero Alabaster sigue manteniendo la mueca sonrisa así que el anfitrión decide darle un cable.
–¡Oh! Nosotros también, sobre todo por… y perdón que vaya al grano pero… ¡Un radiante 12! Todos nos preguntamos…
El larguirucho y delgado joven sonríe más ampliamente, si eso es posible. Thomas siente que va a vomitar si lo sigue mirando, es un falso y se nota, ¿cómo es posible que alguien se lo trague? ¿cuánto cerebro te puede faltar para que alguien sea tan incapaz de pensar?.
–Lo sé, Hefestus… y me temo que se lo seguirán preguntando hasta que llegue el día de mañana, porque, aunque quiera, nada puedo revelar –mueve la cabeza, con pesar.
El distrito 10 lo mira con desconfianza, un profesional sacando un 12 no es algo que pueda darle demasiada ventaja a la nota más alta de entre los suyos. Thomas había reflexionado a toda velocidad sobre lo que hubiese hecho esa lombriz de agua puerca para obtener tan alta calificación, sin resultado. Necesita pruebas. Necesita hechos, estudiarlo, o al menos hablar con Sunny. Se da cuenta de que eso lo desea más que nada.
–¿Pero al menos nos darás una pista? ¿por favor? ¡Es primera vez en la historia que pasa esto! –tanto el anfitrión, como el público, no pueden de la ansiedad.
–Una pista, no sé… –Reflexiona–: pero, la verdad, me motiva eso de hacer historia. Deseo poder seguir trascendiendo junto a todos ustedes, Capitolio
Dedica una amplia sonrisa, y guiña uno de sus ojos azules. Thomas, en lugar de caer rendido a sus pies, como en cierto sector del Capitolio y sus inmundos e ignorantes habitantes está pasando, lo mide con una mirada calculadora. ¿Qué pretende ese sujeto? No lo sabe, no tiene cómo saberlo, ni siquiera es su juego, pero como si lo fuera, dado que tiene importantes intereses en su desarrollo. Saber por qué ha sacado un 12 es una cuestión de mera necesidad.
–¡Oh! Podrás hacer historia cuando venzas!
–Efectivamente –Alabaster saca pecho–: es lo que pretendo hacer, con ayuda de todos ustedes. Ser inolvidable.
–Hablando de nosotros, y del Capitolio… ¿qué te ha parecido la ciudad? –Pregunta Hefestus con calidez.
–Es bonita, enorme y luminosa… aún así, extraño el hermoso río de mi distrito 1 –dice–: me podía quedar horas contemplándolo, cristalino, con piedras debajo, algunos peces….
Aunque aún tiene la sonrisa tonta y falsa en la cara, Thomas detecta la verdad en esa frase, si bien el tono romántico esté tan exagerado que resulte increíble. Ese sujeto se la pasa mirando su río. Con que haya un río en la arena y Sunny pueda tomarlo de sorpresa…
–¡Qué hermoso! –Dice Hefestus–: Y… perdón el atrevimiento, pero ¿ibas acompañado? Pregunto en honor de todos los corazones que has robado…
El público es enfocado, donde algunas pancartas están alzadas con el nombre de Alabaster rodeado de corazones, ositos, estrellas y cosas aún más indignas. Thomas ve que el joven, al observar todo eso, se estremece con idéntico asco que a él mismo le invade ante tanta cutrez.
–Si te refieres a alguna chica… no hay ninguna –Alabaster se pone serio–: solo he conocido una a la que podría llegar a considerar digna… digo no, no, no, olviden eso. Quiero decir… una chica que podría llegar a conquistar mi atribulado corazón.
–Tse… ameba imbécil –Thomas no puede evitar decirle a la pantalla, aunque él también parezca un tonto. Así, señoras y señores, es como una careta se te va al diablo.
–¡Oh, una chica! Cuent… –está diciendo Hefestus, pero un timbre corta sus palabras. Alabaster Faraday se ha quedado sin tiempo.
Como si lo estuviese persiguiendo algo, el profesional alto y delgado se pone en pie, bastante rápido, y secándose el sudor de la frente con la mano se dirige a su asiento. Lo enfocan un segundo más, su rostro vuelve a lucir serio e imperturbable, pero el sudor persiste. Sí que la fastidió, piensa Thomas, regocijado. La fastidió pero que muy bien.
Dahlia Fey y Connor Edgeworth son los profesionales favoritos este año, vuelve a informar Hefestus Fein con su acento capitolino que a Thomas le resulta tan desagradable como una coz en las joyas de la corona. Al parecer, el vencedor del distrito 2 está enamorado de la chica, o algo de ese estilo, y ella, tozuda como una mula, o más, piensa Thomas, afirma que no le importa su amor, porque había entrenado años para jugar y ganar. Thomas le pone la tributo mula de inmediato en su cabeza, con todo el desdén que guarda su enorme pecho. Connor, en cambio, habla de su alianza y cómo se erigió líder por votación, comenta sobre el séptimo miembro, el musculoso y rubio del distrito 7, a quien considera apto y competente, en fin, solo flores para la alianza profesional, lo cual le conviene hacer considerando que hay otra con intención de hacerles frente, y al final revela por qué se presentó voluntario, es por una apuesta hecha con sus hermanos mayores a la edad de quince años. El motivo, al menos a Thomas, le parece tan indefectiblemente absurdo que si pudiera, le daría a Edgeworth con el látigo que usa en el campo. Le daría tan fuerte… le llama, en su cabeza, el caballo desobediente, y se asquea profusamente de que, al final, él se ponga en pie para que la cámara exhiba sus enormes músculos.
En el distrito 3, Carole Hanlon, la peor nota, es interrogada con suavidad por Hefestus, pero ella se pone nerviosa y no consigue el ángulo de chica adorable que había intentado armar. Thomas siente una suerte de compasión desdeñosa por ella, pobre, los nervios son cosa difícil, pero es demasiado estúpida y para ello no tiene ni justificación ni perdón. Pasa tan sin pena ni gloria, que en su cabeza es la tributo tan irrelevante que ni siquiera es digna de tener apodo. Zachary, en cambio, se gana su simpatía inmediata al decir que su comida favorita es el tocino, que recién ha podido probar en el Capitolio ¡Cómo es eso posible! Thomas no puede concebir una vida sin tocino, pobre chico, al menos pudo saborear tal exquisitez antes de morir. Es inventor, y si bien tiembla como jalea, no tiene una actitud ni obsequiosa, ni zalamera ni tan aterrorizada que no pueda hablar, y los últimos segundos los dedica para saludar a su familia y amigos en casa. Thomas lo bautiza como el amigo tocino, con un sentimiento mucho menos despectivo que para los demás.
En el distrito 4, la jovencita va vestida casi en cueros, lo que no la hace sentir ni cómoda ni feliz. Es tímida, cabizbaja y parece asustada, Hefestus le toma el pelo respecto a aquello, mientras la chica habla de sus costumbres, y por un momento, Thomas ve un destello en su mirada verde, que poco tiene que ver con la timidez y el apocamiento. Su instinto y su lógica incuestionable, le advierten que tenga cuidado con ella, que Sunny tenga cuidado con ella, y lamenta haber enviado ya la carta, ¡maldición! Si no fuera contra el recato, se daría un golpe en la frente. Su carta iba llena de recomendaciones de último minuto pero esa última amenaza… a la chica, que termina con una reverencia y las mejillas arreboladas, la llama la malditaamebamentirosadoblecarateodio. Así, todo junto, sin más, y apretando los puños por la frustración espera a Ryan Connolly, quien había salido en las encuestas de no sabe quién como el más atractivo de los tributos. Con el pelo verdoso y semidesnudo, Thomas no le encuentra el chiste, su piel es demasiado bronceada, sus ojos muy verdes e idiotas, y sus palabras… no tiene otro título, Ryan Connolly, que también habla de su alianza, se gana el apodo de el imbécil y ya está.
Lisa Thunder, del distrito 5, no deja que Hefestus pregunte nada y afirma que ellos, su alianza, no piensan plantarle cara exclusivamente a los profesionales, sino que se centrarán en lograr sobrevivir, con antipatía y dureza. A Thomas le gusta esa actitud y le gusta Lisa, hasta que se pone a lloriquear y quejarse de las condiciones duras de su distrito en la televisión y acaban cortándola. Menuda idiota, insensata, estúpida y cualquier sinónimo, piensa, si había una forma de causar impacto no era esa, su mensaje acaba perdiéndose y nadie la escucha. La llama la que me gustaba hasta que ya no me gustó más. Si no tiene la inteligencia para conseguir algo, entonces que no pierda el tiempo y se lo deje a los que sí pueden. El masculino, Alan Blake, causa que le sangren los oídos por el horror contra el lenguaje que comete a cada palabra, es como si estuviese sodomizando a la forma de hablar con un montón de elementos, y le provoca darle con un diccionario en la cabeza. En cuanto al contenido, afirma que él no es rebelde como su compañera, que él solo quiere vivir, que tiene no sabe cuántos hermanos pequeños a los que tiene que mantener. ¿y qué? Piensa Thomas. ¿cómo era posible que los pobres tuviesen tantísimos hijos si los estaban dando a luz en condiciones paupérrimas? Y así mismo los crían, él no conoce a todos los pobres de su distrito –ni quiere, muchas gracias– pero sí a la familia de Sunny, esa desalmada asquerosa de su madre, ¡qué ganas de…! Si todos los pobres eran así, no tenía idea. Nunca entendería a los plebeyos y sus costumbres fuera de todo sentido común, nunca, nunca. Le llama el tributo cucaracha, porque como tal se reproducen los de su especie.
Thomas quiere ver a Sunny, por supuesto, pero cuando aparece en la pantalla Nayerly Reyne, la chica más atractiva de la edición según las encuestas, recuerda que durante el desfile le habían impresionado desagradablemente sus lágrimas. Y ahora entiende por qué, resulta ser huérfana hace solo unos meses y encima ser cosechada. Su entrevista es muy sentida, pero escasamente aplaudida o recordada, y dado el desinterés con que se muestra el público, no hay pancartas con su nombre. Ella no tiene la culpa de ser tan desgraciada, a no ser de su debilidad al mostrarse así delante de todos, de manera que no le pone ningún mote por consideración. Marcus Armitage es otro de aquella peculiar alianza de cinco miembros, pero no se centra en hablar de ella sino de sí mismo, se destaca como alguien perseverante, optimista y con capacidad de superar obstáculos, y cuando Hefestus le pregunta sobre su albinismo, no se pronuncia. Bastante bien, piensa Thomas, mirándole. Bastante bien eso. El tributo pan poco hecho está fino ahí. No le conviene, claro, pero todo hay que decirlo. Es una buena entrevista, lo que no le gusta en lo absoluto. Detesta que el Capitolio le ponga en contra de esos chicos inocentes, pero si los compara con su mejor amiga…
A Collie Rush, del distrito 7, que viste de manera que la hace ver ruda, le preguntan sobre sus costumbres y su vida familiar. Ella tiene un novio, lo menciona constantemente, y afirma extrañarlo y quererlo mucho. Thomas piensa en Sunny, por un instante se le pasa por la mente que sería ligeramente agradable que ella le mencionase con ese brillo en los ojos por televisión, pero luego lo rechaza de plano, ¡No! ¡Qué… qué horror! Aunque suena poco convencido y avergonzado. Terminan preguntándole sobre Alexander Rheon, su compañero de distrito, que se ha unido a la alianza profesional. Ella es dura y categórica, eso le gusta. Por suerte, se dice Thomas, no la ha fastidiado como su compañera de alianza. Collie es grosera, populachera y tiene gestos que la delatan como alguien sin clase, pero le gusta en el fondo. La llama la peleona enamorada, pero con resignación porque le gustaría tener más para insultarla. Alexander Rheon ayuda a encontrarle un mejor apodo. Comienza diciendo que Collie Rush es una zorra, porque dejó que le tocara los pechos en el tren. El apodo en la cabeza del joven cambia al instante, por desgracia Collie termina siendo "la zorra", pero, claro, él jamás lo diría en voz alta. Alexander habla de su cicatriz, de cuánto quiere jugar al día siguiente en la arena, comenta vagamente sobre su distrito pero también termina halagando mucho a su alianza. Por supuesto, lo aceptaron en ella, faltaba más. Es el tributo cara de alcancía. La vista de aquella entrevista termina con las pancartas con su nombre alzadas hacia el cielo.
Mucha compasión en algunos causa el distrito 8, con una chica ciega y bajita, y un niño de doce años. Thomas nunca ha conocido a alguien ciego, y ve cómo uno de los organizadores guía a Lanna Peters hasta su asiento. Ella tiene una voz dulce, pero no es nada tímida, y expone sin temor sus debilidades y hasta llora en público. Hace énfasis en su alianza, ha conseguido camelarse con esa actitud tan asquerosa y deplorable a ambos tributos del distrito 12, y Thomas suspira de puro alivio de que no se encontrase con Sunny, la silenciosa, quien, si siguió sus instrucciones, no interactúo con los tributos. Siente tanto desprecio por las personas que se refocilan en su propio dolor, exhibiéndolo ante el mundo… la tributo despreciable es Lanna Peters. Piensa de ella, además, que es una ameba manipuladora y sin dignidad, pero lo otro queda mejor. Angus Sutherland opta por no dar pena, aunque reconoce tener miedo. Saluda a su familia, conversa un poco con Hefestus sin delatar de forma tan grave su nerviosismo pero se ve que muchas oportunidades no tiene. Thomas ni se molesta en darle un apodo, por desgracia ese chico va a morir. Lo lamenta, si no existiesen los juegos no tendría por qué pasar… pero ya que pasará, más vale que sea pronto.
Emily Felton, del distrito 9, es dulce, soñadora y tiene ojos bonitos. Thomas tiene su opinión personal acerca de los que tienen la cabeza en las nubes, tontas, poco profundas y cara de imbéciles son de las pocas cosas que podría llegar a decirse, pero la chica es simpática y lo demuestra en su entrevista, aunque se pone obsequiosa al final y eso la hace descender de la escalera que había ascendido en la cabeza de Thomas. La tributo rara la llama, y ve que hay pocas pancartas con su nombre, no es para menos ya que tiene catorce años. Más destaca Milaryon Lestrange, miembro de aquella gran alianza. Es feo como el mismísimo infierno… Thomas, por supuesto, no puede decir que él objetivamente sea atractivo, sabe que su encanto reside en su enorme intelecto y en su fortuna, además de en otras muchas virtudes que posee por haberlas trabajado, pero es que ese chico… pelo fino y castaño, nariz descomunal, rostro delgado, cuello muy largo, piel cetrina… ¿De dónde lo sacaron? Piensa, con horror. Sin embargo, eso se le olvida cuando él manifiesta tener toda la intención de matar a su compañera de distrito por una cuestión de líos con el hermano mayor de ella. el público le aplaude al final, le encuentran la razón, pero Thomas siente asco de eso. Milaryon evita hábilmente cualquier pregunta sobre la alianza, hablando de sí mismo. Es una persona sin demasiados recursos, pero que ha trabajado. Sí, piensa dar espectáculo. No, novia no tiene. Al hijo del alcalde no le sorprende en absoluto eso. Por favor, piensa mientras los tres minutos pasan, que se apresure. A nadie le importa el tributo tan feo que solo mirarlo dan ganas de morir. Por suerte, los tres minutos se acaban.
Le están sudando las manos, el corazón le late con fuerza, pero no lo demuestra, faltaba más, va contra el decoro. Pero… Sunny.
Lleva una pequeña diadema blanca en su cabeza, eso junto a los zapatos de tacón metálico y el diamante en el collar de cuero negro que ciñe su cuello es lo único blanco en su atuendo monocromo. Su vestido es negro y ajustado del pecho, y en la cintura se acampana. Llega hasta sus rodillas, dejando ver sus medias negras opacas. Sus hombros están descubiertos, solo un pequeño tirante los adorna, pero sí tiene mangas, angostas hasta el codo y amplias más abajo. Sus labios están más rojos que antes, pintados de carmín, y sus ojos delineados.
En resumen, para él está espléndida
Se sienta en el sitio junto a Hefestus Fein, luce seria, pero no triste, y eso le gusta porque ya demasiado drama se ha visto en las entrevistas.
–¡Hola, Sunny! No sabes las ganas que teníamos de conocerte –dice Hefestus, zalamero–: Y perdona que vaya al grano pero… un 8… ¡La nota más alta de entre los no profesionales!
Thomas espera que la chica se abrace a sí misma, con esa postura defensiva tan típica, pero mucho debió practicar con su escolta, porque no lo hace. Tiene las piernas recatadamente cruzadas, la postura seria y ay, cómo se le lanzaría encima y le mordería la boca, hasta provocarle que gimiera su nombre…
Le late con fuerza el corazón pero se impele a calmarse. Lo importante es lo otro, piensa. El contenido, no la forma.
–Buenas noches –cuando habla, lo hace con su tono acartonado y artificial de siempre, aunque intenta sonar más alegre, como Alabaster Faraday. Thomas no sabe cuál de los dos tiene menos éxito–: Verá, Hefestus… está prohibido revelar lo que hice en mis sesiones privadas… pero fue bueno, sin dudas.
Esa seguridad sorprende agradablemente a Thomas, que por conocerla, la esperaba más derrotista.
–¡Claro que sí! Casiopea Anglevin no suele andar regalando ochos –Hefestus le toca el hombro, seguramente por el puro placer de tocarla, piensa Thomas enojado. Sunny se tensa un poquito–: pero tengo curiosidad… bueno, tengo curiosidad sobre hartas cosas pero esto… destacaste en cuanto a nota, ¿por qué no te uniste a ninguna alianza? Tenemos el reporte de que vas por libre…
–…En efecto –duda ligeramente, pero continúa–: A fuerza de ser sincera, barajé la posibilidad de conseguir una alianza, pero fue inmediatamente descartada.
–¿Por qué?
–Porque esto es como el juego de el Rey de la Colina –Responde con seguridad, haciendo que Thomas abra su boca con sorpresa–: Hay una persona en la cima, y los demás han de escalar para poder derrivarlo. Yo aún no estoy en la cima, pero debo arreglármelas para estar. Y creo… creo que es algo que debo hacer sola. Sé que… sé que mi amado estaría de acuerdo conmigo.
Eso mismo había estado pensando él cada día, todos los días, que Sunny recordara el Rey de la Colina. Para él, Thomas, los juegos del hambre eran una suerte de rey de la colina, se lo había escrito en la carta que le entregara a Fabian Galton, pero era imposible que hubiese podido leerla todavía… y ella… y su amado…
La sonrisa de Sunny es real, terrible y dolorosamente real, sus comisuras están curvadas hacia arriba y sus ojos brillan. Thomas sabe quién es su amado, claro está. Desde los quince o tal vez dieciséis que lo sabe.
–¡Tu amado! ¡Otra chica con novio! Cuenta, cuenta… –Hefestus considera que es más importante eso que la estrategia de el Rey de la Colina, al parecer. Ameba cotilla e ilusa.
–No somos novios exactamente… no obstante, yo… yo le amo. Se trata del hijo del alcalde –sonríe un poco, antes de soltar–: Thomas Rocheford…
La plaza del distrito 10, unánimemente, fija sus ojos en la parte delantera, donde la familia del alcalde está ubicada. Thomas siente los ojos de hombres, mujeres y niños en él, y trata de mantener su rostro cuidadosamente inexpresivo. Mucha gente les había visto juntos, claro está. Gente que silvaba a su paso, gente en el colegio que los observaba mientras simplemente estaban, gente que cuchicheaba cuando ambos paseaban por el distrito. Y ahora era real, thomas x Sunny era real en la cabeza de esas alimañas de distrito. ¿Por qué no sonreír? Se dice, molesto con esa aparente frialdad. Sonreír porque esa chica pequeña había sacado un 8, porque se ve absolutamente hermosa vestida de esa manera y porque, cuando volviese con su corona de vencedora, nadie los iba a separar jamás. Habían conseguido minar los extremos. Así que sonríe, saludando a la multitud. El rebaño le mira con confusión, necesitan tiempo para asimilarlo, claro.
–Sin dudas, una de las personas más inteligentes que he conocido –Contesta Sunny, a la pregunta de Hefestus que Thomas se había perdido–: Rivaliza conmigo… pero no me gana.
Thomas suelta una carcajada sincera, igual que todos en el distrito. Maldita odiosa… no iba a perder la oportunidad de demostrar su superioridad frente a él por la televisión. Ríe un poco más, importándole poco lo que piensen las ovejas despreciables.
–¡Ah, vaya! ¡sin modestia! –ríe el presentador.
–He de confiar en mis habilidades. Son estas las que me llevarán… a la cima de la colina –aclara.
Sí, por supuesto. Thomas, que había pensado que dijo lo de la inteligencia solo para burlarse de él –una de las actividades favoritas de Sunny–, ahora entiende realmente por qué. Él mismo le había dicho, en las despedidas, que resaltase sus virtudes…
–Bueno, solo te queda un minuto –Hefestus sonríe–: ¿algo que decir?
–A mi hermana, Sammy, y al resto de mi familia –su tono se hace ligeramente menos artificial–: les amo con toda la fuerza de mi alma. A Thomas…
Se pone en pie, se yergue en todo su metro con 50 de estatura y mira fijamente hacia la cámara. Se ve hermosa, deseable y dura. Tal y como le gusta.
–Estrella carmesí, hoy más roja estás –Canta, con su bello timbre de contralto. El distrito que cuchicheaba sobre ellos, se calla–: ¿Será que un sueño triste tuve ayer? Mis ojos rojos de llorar están, bebí mis lágrimas… estrella carmesí, desde el cielo ves, a mi amado busco y no lo puedo hallar. La noche entera lo has de cuidar, en mi sueño lo veré…
Su voz… la había escuchado cantar tantas veces en su lugar de siempre. Él nunca se lo pedía, ella lo hacía por su cuenta. De hecho, las canciones le parecen una forma de expresarse más digna de pájaros y menos de personas, la letra de esta, incluso, es sensiblera y melodramática, pero es suya. Y la gente está aplaudiendo en el capitolio, el timbre suena pero queda ahogado por los aplausos. Se enfoca al público, mucha gente llora. Las pancartas, tanto las que dicen Sunny Tyson –muchas más que en el desfile, aunque siguen siendo un número menor– como las que tienen otros nombres, tiemblan por la emoción de quienes las sostienen.
"Les has llegado a las amebas de un modo estiloso, sutil y directo –piensa Thomas–: nadie olvidará a la chica pobre y vestida de negro que entonó una canción para su amor. cursi, dramático y lo que quieras, pero, Sunny… pero…". Obviamente que él no lo hubiese hecho así, claro. Ambos son extremos opuestos, y sin embargo.
–¡Bueno! En caso de que tengamos a esta señorita… –Hefestus se seca las lágrimas, la voz se le entrecorta–: podremos conocer a Thomas Rocheford y felicitarlo por su acertada elección… snif… denme un minuto…
–Tse… en caso no, idiota –le comenta a la pantalla–: vendrán, eso seguro. Vendrán.
Y cuando vengan, piensa Thomas, tendrá ocasión de demostrar que es tal y como ella le describió.
El distrito vuelve a ponerse en tensión, pues solo la mitad de sus tributos se ha presentado, y con tamaño éxito. Robert Halloway, vestido en blanco y con una corbata roja, es menos sutil que su compañera, menos directo y hasta grosero. No habla ni de su mujer ni de su hija, manifiesta su desagrado ante el Capitolio y les da un mensaje bastante obsceno que se censura, pero Thomas agradece que hable bien de su compañera de distrito, aunque sea brevemente. Piensa de él que tiene cerebro de mosquito, pero, tal y como había reflexionado en la cosecha, agallas no le faltan. Le bautiza como el quejoso, pero con desinterés, se le han acabado los insultos y solo ve a su amiga, con el pelo adornado y su vestido negro y acampanado, cantando para el país entero.
Los distritos 11 y 12 no le interesan en lo más mínimo, a no ser para criticarlos, pero con el mismo desinterés, además, por muy injusto que sea ellos siempre son los primeros en morir, están famélicos y son idiotas como ratas. Cuando por fin el acto termina, a Thomas le duelen los pies de tanto soportar el peso de su cuerpo, y solo quiere volver a casa, para pensar en su amiga entre la soledad de sus cuatro paredes. Además tiene hambre.
Salir de la plaza es un infierno. Que a una chica pobre y por lo que la gente sabe, pastora de ovejas, le guste el más gordo y engreído de los gordos y engreídos hijos del gordo y engreído alcalde, es noticia entre las amebas. Thomas escucha, con creciente horror, frases como "ta bien que la chica no sea tan linda, pero como le pue gustar ese gordo seboso", y ciertas personas comentando que ella se deja tocar por el dinero. Tamaño sermón que les da Thomas Rocheford, chasqueando la lengua, los deja callados en su sitio, tan solo una vez la pudo tocar y fue cerca del final. Ignora los otros comentarios de aquellas miserables criaturas que no tienen nada mejor que hacer que comentar sobre la vida ajena, y se marcha a su casa, rememorando una y mil veces la entrevista. Espera que Sunny pudiese leer la extensa carta que le escribiera hace unos días…
Entre otras cosas, le comentó que su hermana está bien. Recibe reportes diarios acerca de ella, no hay golpes ni falta de comida, y la niña, aunque llorosa y preocupada, está a salvo para su tranquilidad. No ha pensado en qué haría con ella si Sunny no lo logra, porque tal idea ni siquiera se le cruza por la cabeza.
Ya en su cuarto, piensa en ella todo cuanto quiere, se recrea en su deliciosa imagen en aquel vestido, fantaseando de maneras tan impropias de él que en parte se sorprende de su imaginación, pero no de lo que ella causa. Le alegra verla vestida así, él había intentado regalarle una ropa de montar, con sus botitas y todo, para cuando estuviesen en casa haciendo el ejercicio, pero ella lo rechazó. Sunny Tyson rechazaba casi cualquier ayuda, así que ya no perdía tiempo en ofrecerla, aunque tampoco es que hubiese ofrecido mucha, claro. No era de los que prodigaban sus cosas.
Pero, por lo sagrado que cuando volviera la convencería de vestirse con pequeños vestiditos cortos y negros, dejando descubiertos sus hombros, ya limpios de golpes, y usaría carmín para sus labios y tacones. También unas ligas, que él arrancaría con los dientes cuando le hiciese el amor, ella sobre él, claro. Ahora ella tendría su dinero y no se sentiría inferior por escuchar sus pocas ofertas de ayuda.
Sunny...
Obviamente que pensaba en otras cosas, pese a sus sentimientos, tenía un mundo interior tan rico como el de los otros dos, pero aquella noche previa al baño de sangre, solo ella ocupa su mente. Sabe que se salvará, no tiene miedo, solo cierta desazón.
Mira por la ventana al cielo estrellado, marte brilla, carmesí. Su corazón se llena de esperanza. Mientras Marte brille, las cosas les serán propicias.
Sunny irá hasta la cima de la colina.
Resumen de las entrevistas:
Aquí hay un resumen de las entrevistas de cada tributo, desde el primero al vigesimocuarto. A quien le interese, puede verlo. No quería que fuesen solo un número, ni en Sunny Tyson, ni en Extremos ni en mí. ¿Y ustedes?
Clarissa Carmichael, F1
Hefestus: ¡Háblanos de tu vida en la academia y tu pelea por el voluntariado! Todos queremos saber quién era esa chica a la que le lanzaste tu mirada triunfante…
Clarissa: Bueno, Hefestus… ese conflicto venía de largo. Esa lombriz… digo, Alejandría Marsh es una abusona de la academia profesional, tramposa y maniobrera, y siempre tuvimos problemas con eso porque me cargan las trampas, ¿sabes? Y como ambas tenemos dieciocho y queríamos voluntariar…
Hefestus: ¿entonces consideras que el venir aquí es una victoria por sobre esa tramposa, como dices?
Clarissa: ¡Claro que sí! Madara al final decidió que era yo la indicada, siempre cumplí bien cada tarea que se me ordenó, además la alianza no habría funcionado bien con esa. Seré rica, famosa y me podré probar a mí misma en estos juegos ¿Qué mas quiero?
Hefestus: ¿algún mensaje para Alejandría?
Clarissa: ¡Te gané, estúpida rubia cara de rata!
Alabaster Faraday, m1
Hefestus: ¡Un radiante 12! Todos nos preguntamos…
Alabaster: lo sé, Hefestus… y me temo que se lo seguirán preguntando hasta que llegue el día de mañana, porque, aunque quiera, nada puedo revelar.
Hefestus: ¿pero al menos nos darás una pista? ¿por favor? ¡Es primera vez en la historia que pasa esto!
Alabaster: Una pista, no sé… pero, la verdad, me motiva eso de hacer historia. Deseo poder seguir trascendiendo junto a todos ustedes, Capitolio (sonrisa exageradamente grande.)
Dhalia Fey, f 2
Hefestus: ¡La gente murmura, Dahlia, querida! Que Ray no te quería en los juegos porque te ama, que lo desafiaste, que fuiste tú quien le puso ambos ojos morados…
Dahlia Fey: preferiría no hablar de eso, sino de mis capacidades para jugar.
Hefestus: ¡Pero esas las podemos ver mañana! Mientras que nuestra curiosidad por tu relación con Ray Bashet…
Dahlia: soy una de sus pocas alumnas, él me entrenó desde que tenía trece años. Muchos han desertado y yo sigo aquí, seguía aunque me diera una paliza, aunque me pusiera pruebas duras, creo que he sido la única capaz de soportar el entrenamiento completo… estas fueron las marcas que me dejó su última paliza… (el público ahoga un grito al ver los brazos de Dahlia Fey, y se enfocan los ojos morados de Ray). Sus razones tendrá para no querer que voluntariase, pero soy muy sincera… no me importa. Me he entrenado durante más de siete años, incluso antes de conocerlo. No me va a detener nada… ni el amor.
Connor Edgeworth, m2
Hefestus: ¡Mira todas esas pancartas con tu nombre! La gente te adora, Connor.
Connor: sí, veo una que dice queremos con k, es raro, ¿en el Capitolio ahora lo escriben así? (la gente ríe) perdón… esto de los chistes no se me da. Pero gracias, gente. Agradezco todo su apoyo. Si lo estuviese escribiendo, agradezco lo habría escrito con k para que combine.
Hefestus: ¡A mí me pareces un chico muy divertido! Pero seguramente los chistes no es lo que mejor se te da… háblanos de ti.
Connor: Bueno, no. en realidad no debería hablar de mis armas, menos ahora tan cerca de la arena, pero tengo entrenamiento de soldado, mi meta era cumplir servicios al país y lo hubiera hecho, de no ser por esa apuesta…
Hefestus: ¿Apuesta?
Connor: sí. Hace tres años, viendo el banquete… bueno, ¿te acuerdas de la muerte tan tonta de Marcus Sword? Cayó en una trampa de la chica del 7 y murió de una forma súper estúpida. Aposté con mis hermanos mayores que podía hacerlo mejor que eso, y estuve entrenando sin descansar… cada día, todos los días. Y ahora (se pone en pie) este soy yo. Si me hubiesen visto, tres años atrás, no lo creerían.
Carole Hanlon, f3
Hefestus: Háblanos de tu prueba, querida… ¿qué sucedió? ¿por qué crees que sacaste una puntuación tan baja?
Carole: …yo… me puse nerviosa, me enredé y… pero en realidad no soy tan patosa como mi nota hizo ver. Solo me confundí. Me pasa cuando muchos… cuando muchos me miran.
Hefestus: ¡eso es tan distrito 3! Qué adorable.
Carole: …sí… supongo.
Zachary Bayer, m3
Hefestus: y cuéntanos… ¿qué es lo que más te ha gustado del Capitolio?
Zachary: eto… ¡el tocino! Me encanta, es delicioso, carnoso, frito, suavecito… yo… ¡nunca lo probado! Es como si cantara en mi boca odas al sabor, cuando lo pruebo. También me gustan las luces, siempre me han gustado las luces. Aquí hay muchas, por partes todas las partes que…
Hefestus: Tranquilo, ¡No te pongas ansioso!
Zachary: ¡si no me pongo ansioso! (tiembla, y el público se ríe). El otro día inventé un ventilador que tiraba viento con aromas de diferentes comidas. Servía para darte hambre, era divertido. Yo le pondría tocino y lo olería todo día… mis amigos… mucho extraño… se llaman Matthew y Alix… (sus ojos se humedecen algo, y el público suspira enternecido). Quiero volver con ellos, también mamá con, con mamá, digo. Trato de hablar rápido para decirlo todo. Los…
Mikah Odair, f 4
Hefestus: ¿qué sentiste cuando nadie se presentó voluntaria, Mikah? Admito que me da curiosidad…
Mikah: yo… Sentí mucho miedo… entreno en la academia, sí, pero… (se abraza a sí misma, sonrojada) nunca me imaginé de verdad en los Juegos del Hambre, es difícil… pero necesito volver con mis padres y con Phoenix.
Hefestus: ¿quién es Phoenix? ¿tu novio?
Mikah: (sonrojada hasta la raíz del pelo) ¡No! Es mi hermanito, tiene once años… Finni… lo quiero mucho, le quiero mandar un besito (la gente suspira). Sé que no soy una profesional típica, pero también sé que he aprendido algunas cosas, y las voy a usar todas porque quiero volver al distrito, jiji…
Hefestus: ¡Me has picado la curiosidad! ¿cómo qué cosas?
Mikah: Pues… matar, claro…
Ryan Connolly, m4
Hefestus: Y aunque tantas pancartas femeninas digan tu nombre, por lo que nos han dicho tu corazón tiene dueña ya…
Ryan: Con Ninfa no tenemos una relación de exclusividad (sonríe, pícaro, y hay suspiros). Pero sí, claro. Es que Nin es la chica más guapa de la academia, su cara, sus pechos, y da unos latigazos que…
Hefestus: ¿Latigazos?
Ryan: No seas guarro, su arma predilecta es el látigo (risas). La mía es la lanza, soy experto lancero. Mags siempre halagó mi forma de pelear, de hecho ella es mi mentora. Mikah es buena chica y hacemos buen equipo, pero Mags me eligió, claro.
Hefestus: ¿y el resto de tu alianza, Ryan? ¿qué dices?
Ryan: son todos ***. Dahlia, Connor y Clarissa son los cerebritos, Alexander, el que incluimos como te comentó Connor, tiene sus razones de estar, Mikah y yo somos buen dúo… ****, hasta Alabaster está simpático ahora. Somos imparables. A esos que nos quieren desafiar les vamos a romper el orto.
Lisa Thunder, f5
Lisa: antes de comenzar, quiero dar un mensaje. Nosotros no nos hemos aliado para pelear en contra de los profesionales, solo lo hacemos para sobrevivir. Porque no nos parece justo que solo ellos puedan aliarse, y nos cacen y maten a todos. Por eso y nada más, estamos juntos. Así que preferiría que se dejen con sus paranoias.
Hefestus: ¡Es un contundente mensaje! Tanto como tú, Lisa. Pareces alta y bastante en forma.
Lisa: sí, porque trabajo en una fábrica por siete horas al día acarreando cosas, pero no es gran mérito. Todos estamos así en mi familia, y en el distrito. Si nos vieran… estamos fuertes los más pobres y los otros, quemados. Para que lo se…
Alan Blake, m5
Hefestus: a ver, Alan… cuéntanos un poco sobre ti, ¿qué te parece?
Alan: yo no soy rebelde como Lisa. Yo na mah quiero volver a mi casa.
Hefestus: sí, claro… comprendo que estés en esa postura, pero cuéntanos… ¿qué hay en tu casa?
Alan: mis cinco hermano. Tengo hartas teselah pa poder alimentarloh. Mi vieja no pue trabajar porque anda enferma, y ellos me necesitan. Así que no pueo andarme con que si guerra con loh profesionaleh, que si guerra con la otra alianza, que si guerra con el Capitolio. Yo nah ma tengo que volver.
Hefestus: claro, claro… tú sí has entendido el verdadero funcionamiento de los juegos, ¿no? todo se trata de volver.
Alan: sí.
Nayerly Reyne, f6
Hefestus: sé que has quedado huérfana recientemente, te ofrezco mi pésame por tu pérdida…
Nayerly: Gracias…
Hefestus: Espero no herirte… pero el Capitolio y todos queremos saber… las circunstancias que te dejaron así, si no te resulta muy doloroso contarnos…
Nayerly: sí me resulta doloroso… bueno, mis padres trabajaban en una reponedora de combustible y… un día explotó. Yo estaba en el colegio, cuando me dijeron… me di…dijeron que… (una lágrima rueda por su mejilla, y la muestran en primer plano). Que habían muerto los dos. Me derivaron al orfanato y ahora la cosecha… solo han pasado dos meses…
Hefestus: ¡Oh, lo siento! Pero… ¿has pensado que tu vida podría mejorar si ganas los juegos? Podrás tener más recursos, una nueva casa…
Nayerly: ¿Ganar…? ¿Para qué?
Marcus Armitage, M6
Hefestus: Quedamos todos sorprendidos por la revelación de Lisa, respecto a que no quieren enfrentarse a los profesionales, sino solo estar juntos para sobrevivir más. ¿qué dices a eso?
Marcus: No diré nada sobre el tema, porque me aceptaron después. Y no dejan de hablar de los profesionales… yo solo me uní a ellos porque parecen fuertes y son muchos.
Hefestus: ¿temes por tu vida en estos juegos?
Marcus: ¿Acaso debería no temer? Aquí hay gente que se lleva entrenando durante años. Yo trabajo por las tardes, cierto, pero no me han enseñado a matar. Tener miedo es lógico, dejar que me venza ya no. ha pasado con todas las dificultades que he tenido, nunca he dejado que me venza ninguna.
Hefestus: Hablando de dificultades… ¿te genera alguna dificultad el hecho de ser albino? ¿ves bien?
Marcus: No voy a responder a eso. Tanto si es así como si no, prefiero que se descubra en la arena…
Collie Rush, f7
Hefestus: ¡Dinos tu secreto, anda, Collie! ¿cómo lo haces para conservar tu cuerpo tan en forma? ¡Nos morimos de envidia por acá!
Collie: bueno… lo principal es que nunca paro quieta. Finn me dice que parezco un huracán, porque no me pueden parar. Eso… Finn es mi novio, por cierto (la gente suspira). Lo extraño mucho, y quiero volver con él.
Hefestus: ¡Otra que tiene un chico especial! Qué pena… muchos estamos sufriendo, ¿no? (suspiros del público). Y, si no me equivoco, Alexander Rheon, tu compañero…
Collie: ¡Ese idiota! Se quiso propasar conmigo en el tren, pero se lo dejé bien clarito (semblante enfurecido). Y más encima, el muy imbécil se unió a la alianza profesional, solo por saber usar el hacha…
Hefestus: ¿qué piensas de eso?
Collie: pienso que lo va a lamentar.
Alexander Rheon, m7
Alexander: quiero aprovechar de decir, ante Panem entero, que Collie Rush es una *****
Hefestus: ¡Ese lenguaje! Alexander, recuerda que hay pequeños mirando.
Alexander: sí, ya sé. Pero le toqué las tetas en el tren y le gustó, se los juro.
Hefestus: … bueno, yo… me gustaría saber otra cosa, ¿qué te hizo unirte a la alianza profesional?
Alexander: son los más fuertes, obvio, y si no me aceptaban era que estaban locos. Soy un leñador, tengo fuerza, uso el hacha y conozco plantas. ¿crees que no aceptarían a alguien como yo? Pues te diré algo, Connor estaba súper súper súper contento. Los demás también.
Hefestus: sí, ya veo…
Alexander: y si esos otros nos la quieren jugar… van a sufrir, se los aseguro. Van a sufrir.
Lanna Peters, f8
Hefestus: Muchos soltamos un gemido de desesperación ante tu suerte, pequeña y dulce Lanna… ¿cómo lo llevas?
Lanna: mejor… antes había llorado mucho, pensé que estaba perdida y que iba a morir, pero por suerte lo llevo mejor ahora que tengo alianza.
Hefestus: ¡alianza! Otra alianza, ¡qué bien! Háblanos de eso, que no teníamos noticia.
Lanna: ¡Claro! Es que el otro día estaba triste… porque le pedí alianza a alguien pero me rechazó… fue muy fría y mala conmigo… luego se lo comenté a Karen, la chica del 12, ¡Y me dijo que me aceptaba! Así que ella, su compañero, un chico simpático que se llama Miles y yo somos aliados ahora. (sonrisa dulce)
Hefestus: Me alegra que nos lo hayan cometado…
Lanna: lo hice también para que lo sepa mi mamita… mami, estoy bien. No te… (lágrima), no te preocupes.
Angus Sutherland, m8
Hefestus: ¡Eres el bebé de la edición! ¿No te entusiasma?
Angus: …no… tengo miedo, pero haré lo que pueda.
Hefestus: ¿estás solo? ¿por qué no buscaste alianza como Lanna?
Angus: no creí que nadie me quisiera… pero no importa, creo que he aprendido un par de cosas. aprendo rápido (sonrisa). Así que eso, haré lo que pueda. Daniel me ha ayudado harto y Lanna ha sido buena. Yo creo (sonríe) que ella puede ganar. Espero que lo consiga alguien de casa.
Hefestus: ¡Pero no te dejes vencer!
Angus: si no me dejo vencer…
Emily Felton, f9
Hefestus: Ay, Emily… tus ojos son soñadores y bonitos, ¿te lo habían dicho?
Emily (sonrisa tímida): sí, mi estilista me dijo… por eso estoy vestida así, de hada de los bosques. Dice que mis ojos le inspiraron… mamá me decía que me la pasaba cazando tilingos en la pradera.
Hefestus: ¿Y eso sería…?
Emily: es como distraída… es que soy muy distraída, yo. Mi mentor tiene que chasquear los dedos para llamar mi atención y me ha prohibido desconcentrarme en el baño de sangre… como si pudiera.
Hefestus: ¿Y en qué piensas cuando estás desconectada y te distraes?
Emily: en… bueno, me da vergüenza, pero en un mundo… en un mundo mejor y más hermoso.
Milaryon Lestrange, m9
Milaryon: Preferiría que no me preguntes sobre la alianza, Hefestus… porque tengo algo bombástico que decir sobre otra cosa, y es exclusivamente sobre mí.
Hefestus: ¡Ese tono, ese tono! Empezamos fuerte. Todos queremos saber.
Milaryon: la chica que estuvo aquí recién… es la hermana menor de alguien que me acosaba en el colegio durante mucho tiempo. Tres años. (música de momento tenso).
Hefestus: ¡Noo!
Milaryon: sí… él me hizo tantas cosas horribles (compone una cara triste, transmitida a todo Panem). No me gustaría contar las cosas que me hizo… pero ahora está ahí su hermanita pequeña, no podría decir que es la luz de sus ojos pero… perdóname distrito, pero si la suerte me la puso en frente, me tengo que vengar.
(aplausos)
Sunny Tyson, f10
Sunny: estrella carmesí, hoy más roja estás,
¿Será que un sueño triste tuve ayer?
Mis ojos rojos de llorar están,
Bebí mis lágrimas…
Estrella carmesí, desde el cielo ves
A mi amado busco y no lo puedo hallar,
La noche entera lo has de cuidar,
En mi sueño lo veré…
Robert Halloway, m10
Hefestus: Un 4 no es algo que esperábamos de ti, Robert, tan grande y fuerte…
Robert: la fuerza y la grandiosidad no lo es todo. Sunny es chiquitita y mira la nota que sacó.
Hefestus: pero tú…
Robert: no me importa hablar sobre mí con personas de mi agrado, pero aquí ni tú, ni nadie me agrada. Si pudiera darles un mensaje, sería *****.
Hefestus: ¿Tienes claro que eso no te hace muy popular?
Robert: … sí, lo tengo claro. Pero… nunca voy a dejar de ser yo mismo. Seré yo, hasta el final.
Serenity Ross, f11
Serenity: corro rápido, eso es lo bueno. Creo que mientras corra lo suficientemente lejos, nadie podrá alcanzarme.
Hefestus: ¡Sí, claro! Te ves ligera y pequeñita. ¿Y crees que podrás… jugar? ¿Matar?
Serenity: No lo sé… Belladonna dice que eso no se sabe hasta que lo haces. Lo voy a intentar, claro, porque quiero volver a casa, pero…
James "Jimmy" Ender, m11
Hefestus: desde que te vi, que quería preguntarte… ¿cómo consigues ese bronceado tan espectacular, Jim?
James: quemándome en el cultivo.
Hefestus: ¡ah, claro! Jiji qé cosas digo… ¿y tu nota? ¿qué te pareció?
James: no sé leer, pero me la dijo Belladonna. No estaba contenta, pero qué más puedo hacer, hice lo que pude.
Hefestus: ¡que no sabes leer!
James: no.
Karen Tuk, f12
Hefestus: ¡Y la señorita que ha robado el corazón de todo el mundo en sus casas! ¿qué sientes al saber que eres la favorita de los distritos no profesionales?
Karen: uhm… no sé… quiero darles las gracias a todos por dejarme tan alto en las encuestas, aunque tal vez los decepcione… mi traje no estuvo tan bien, yo no sé si podré matar, no sé usar armas, soy pequeña y delgada, me pongo nerviosa por todo, hablo mucho, sonrío mucho, a veces tengo pensamientos de rabia hacia todo esto, me siento como si fuese a desbordar y tengo miedo…
Hefestus: ¡Tranquila, tranquila! Como dije antes, no te pongas ansiosa.
Karen: ¡ayy! ¡es que no puedo evitarlo! Y encima tenemos en la alianza a Lanna. Ella es genial, sacó mi misma nota, ¡Y eso que no puede ver! Yo… sé que mi abuelito y Sota estarían contentos… Sota es mi hermano. No podía dejarla sola, sé que una mala la rechazó, no voy a decir quién es pero ella sabe, ¡es una mala gente! Pero… veremos qué sale… ¡no me voy a rendir, chicas! A Lauren y Christine. ¡Nos vemos, mami! A mi mami…
Miles Near, m12
Hefestus: Yo quiero saber, el público quiere saber, ¡todos queremos saber sobre ese chico que te besó en la cosecha!
Miles: se llama Jackson. Él… bueno, él y yo comenzamos a.. ejem, ejem… vernos hace unos meses. Conozco de hierbas curativas y él, como minero, se hirió. Lo curé y… ejem, ejem… nos enamoramos.
Hefestus: ¡oh! ¡es tan hermoso! ¿Y qué decía tu familia?
Miles: Mi gemelo es mi única familia… y él se acaba de enterar (risa). Ya hablaremos de eso, si vuelvo.
Nota:
¡Ha costado! Pero aquí está el capítulo de las entrevistas. Espero que haya sido del agrado de quienes leen…
Cometí un error de cálculo, porque abrí mucho drama en la historia de Sunny y todavía debo cerrar algo antes de ir a por lanzamientos. Habrá un capítulo de relleno, bastante corto (de unas dos mil palabras) antes del capítulo sunnybaster de lanzamientos.
Adiós, reyes, reinas y plebeyos amebas xD.
