Capitulo 1: Von Anfang An (Desde el Comienzo)
Disclaimer: Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa
Mañana del 7 de Mayo de 1932, Imperio Alemán.
El tren que había salido desde München hacia Frankfurt am Main estaba a tan solo treinta minutos de la mentada ciudad. Alphonse ya podía ver a lo lejos los primeros edificios de la ciudad y hacía memoria para recordar el lugar de residencia de Dieter Lentz. El muchacho iba, además, pensando en la última visita que le hizo a su hermano, apenas dos días después de recibir la carta.
-Flashback-
-Así que te vas a Frankfurt…
-Sí
-Supongo entonces que aceptaste realizar el último deseo de Johannes ¿cierto?
-Sí
-Y para eso primero irás a ver a Herr Lentz ¿verdad?
-¿No puedes preguntar algo más obvio?
-¿En verdad TIENES que hacerlo? Sabes que nadie te está obligando.
-Sí, lo sé. Sé que nadie me está poniendo un arma en la cabeza, que Johannes ni se enteraría que rescaté a su hermana y que, por el contrario, podría llegar a complicarlo todo: digo, en el peor de los casos ella adoraría ser monja y me pediría que me largue y la deje continuar con su vida. Pero, francamente, creo que ella merece saber, por lo menos, la suerte de su hermano y su familia.
-Es imposible detenerte, según parece ¿Será esta otra de tus "grandes" desventuras?
-Jajaja… posiblemente. Es curioso: cada vez que viajo solo, término poniendo en peligro mi vida.
-Bueno, solo trata de no revelar tu identidad, tener tus papeles en regla y no tendrás ningún problema aquí ¿cierto?
-Sí, es verdad.
-Por cierto ¿Cómo harás para votar?
-Ni idea, pero si puedo entregar mi voto en Frankfurt, sabes que será por Von Hindenburg ¿Eh? ¿Estás son?
-Sí, son las cartas de recomendación. Llévatelas.
-Gracias, Ed.
-Fin del Flashback-
No tomó mucho tiempo para que el tren se detuviera en la estación de dicha ciudad. Frankfurt am Main, ciudad del Estado de Hesse, era ya para ese entonces una de las ciudades más prosperas de la República de Weimar, pese a que esta atravesaba un momento de crisis terrible. La ciudad rebosaba de gente, algunos nuevos y otros que ya llevaban buen tiempo allí, lejos del agitado ambiente político que se sentía en otras ciudades como München, Nürnburg o Berlin. Alphonse empezó a andar entre toda la gente que abarrotaba la estación y, una vez fuera de esta, empezó a buscar algún carro que pudiera llevarlo hasta su destino. Tuvo la fortuna de lograrlo rápidamente y, en menos de algunos minutos, ya estaba en la casa de Dieter Lentz.
-Mejor hablar de esto ahora y, ya más tarde, buscaré un hospedaje.- se dijo a si mismo mientras tocaba el timbre de aquella casa que no veía en años. La puerta salió y un hombre muy similar a Zolf J. Kimbley… técnicamente, su reflejo.- Es un placer verlo nuevamente, herr Lentz. Lamento importunarle de esta forma.- el hombre se le quedó mirando detenidamente por el lapso de medio minuto para luego preguntar.
-Eh… disculpe ¿Usted es…?- Alphonse sintió que se lo iba a tragar la tierra.
-Eh… herr Lentz… ¿no me recuerda? Soy Alphonse Elric, el que estuvo hace algunos años cuando vinimos por la llave de la casa de los Engel en München. Además, lo llamé hace unos días desde esa ciudad para decirle que quería hablarle sobre "cierto" asunto.
-Ah, joven Elric. Es un placer tenerlo aquí nuevamente. Disculpe el malentendido y pase, por favor.- ambos van a la sala de estar del hombre y este vuelve pronto con una taza de té.- Ahora ¿Qué era ese asunto que tanto le urgía?- Alphonse saca la carta y se la entrega, diciendo…
-La última voluntad de Johannes Engel.- El hombre se queda sorprendido al escuchar esto, sin embargo, se recompone y toma la carta. Tras leerla, da un suspiro y mira al muchacho a los ojos.
-Así que tú eres ¿eh? Me pregunto porque te habrá elegido a ti de entre todos sus familiares y conocidos.
-No tengo ni la más minima idea. Si cree que es una carta falsa…
-Oh, no, no. Es 100% autentica: conozco la letra del muchacho y las manos de usted no podría hacer un trabajo tan fino como las de él.- Alphonse siente un pinchazo en el estomago cuando le dice esto.- Como sea ¿Tiene idea de donde está la chica?
-En Aarhus, Dinamarca.
-¿En qué convento?- Alphonse se queda mudo.
- Aarhus es una ciudad grande y tiene varias iglesias y conventos pese a la mayoría luterana y protestante que hay en ella. En el caso de Margaret Engel, la última hija de la familia, tengo entendido que la iban a llevar primero a la Vor Frue Kirke (Iglesia de Nuestra Señora de Aarhus), pero luego se decidieron por un Convento a las afueras de la ciudad. Creo que era el Convento de Santa Ophelia de Aarhus (N/A: este convento es ficticio).
-Genial. Entonces… ¿Cómo llego?
-Haber… primero que nada, debes irte de alguna manera hacía Magdeburg, donde la familia de Johannes tenía una casa. Johannes, en una de sus últimas cartas antes de desaparecer, dijo que quien debiera sacar a su hermana del convento debería pasar primero por Magdeburg. Además, desde allí puedes tomar tranquilamente el expreso hasta Aarhus, con lo cual llegarías en algo menos de una semana.
-Guau, eso servirá bastante.
-Sin embargo, este convento es de muy difícil acceso: únicamente unos pocos privilegiados saben de la existencia del lugar. En el caso de Johannes, era la familia de su madre la que sabía de su existencia.
-Ya veo… por lo que, en resumen…
-Sí, yo no sé absolutamente nada de su ubicación exacta… salvo que está en Aarhus.- Alphonse pegó un suspiro de frustración.- Lo siento, pero seguro que encontraras más información en la casa de Magdeburg.- Alphonse únicamente responde asintiendo y bebiendo lo poco que le quedaba de té.
Canal de La Manche, cerca de la ciudad portuaria de Cherbourg-Octeville, departamento de Basse-Normandie, en ese mismo instante.
El barco estaba a tan solo minutos de amarrar en puerto y Roy Hungenford miraba desde la proa como el U.S Ferry "Lincoln" se acercaba a costas europeas. A su lado se encontraba el teniente que lo supervisaría en la misión, un sujeto alto, rubio, de porte militar y que no dejaba de fumar, habito que Roy empezaba a ver desagradable.
-Se supone que el año pasado debimos estar aquí.
-No podían evitar que lo echaras a perder con tu ridículo acento yankee afectando tu alemán.- le responde su compañero, algo malhumorado.
-No entiendo porque me asignaron contigo sabiendo que me detestas, Jhon. Por cierto ¿Por qué aceptaste trabajar conmigo?
-Dinero por supuesto: soy uno de los varios pobres diablos que vieron reducidos sus ahorros de toda la vida cuando se te ocurrió hacer la gracia de estafar a uno de los bancos más influyentes del país. Ahora tengo que recuperar por lo menos el 50% o mi esposa me mata.
-Ok, entendí.
-Lo que aún me cuesta entender es ¿Cómo es posible que no estés…?
-"¿Colgado en Sing Sing y se me haya perdonado la vida?" hombre, has hecho esa pregunta en voz alta desde que salimos de New York ¿Es que todos los irlandeses no hacen más que quejarse?- el hombre toma a Roy de la solapa.
-¿Qué sucede, Hungenford? ¿No me digas que eres de esos que se cree que por ser irlandés soy un asqueroso borracho busca pleitos?
-Bueno, lo de borracho no lo puedo admitir, pero busca pleitos creo que no estás dando exactamente un buen ejemplo.- el hombre se da cuenta de su actuar y suelta el cuello del moreno.- Deberías mantener un poco más la calma ¿sabes? De esa forma, nos descubrirán más rápido de lo que crees.
-Lo siento, toda mi vida me han estado tratando conforme al viejo estereotipo del inmigrante irlandés.
-Borracho, vividor, pleitista, vicioso, despilfarrador, profundamente católico y lleno de hijos. Sí, es algo horrible. Puedes bajar la guardia conmigo: los estereotipos me valen un rábano.- Jhon mira a su compañero con curiosidad.
-Jhon Malcolm O'Bryan. – Dice extendiéndole la mano en señal de paz.- Si queremos hacer esto bien, tendremos que cooperar, así que sin rencores.
-Dalo por hecho, Jhon.- dice respondiendo el saludo.- Roy Oliver Hungenford.- le dice presentándose, casi en el mismo instante en que la nave esta por arribar al puerto.- Parece que llegamos ¿Qué tenemos que hacer exactamente?
-¿Aquí? Nada. Únicamente desembarcar y dirigirnos a la capital del departamento de Ille de France, París. Allí debemos encontrarnos con unos agentes de la Deuxieme Bureau y del MI-6. Parece que ellos tienen más información de la que nosotros manejamos.
-Bien ¿Y cómo son estos "agentes"?
-Nos facilitaron algunas fotografías, ten.- Jhon le alcanza dos fotos, la de un hombre y una mujer.- El sujeto es Jeacques Itier Bidoq, miembro de la Deuxieme Bureau, mientras que la mujer es Elizabeth Angharad Winchester, del MI-6.- Roy mira con curiosidad la foto de la mujer.
-Esto es malo.
-¿Por qué?
-Me recuerda a una ex novia.
-Jajajajaja ¿Acaso crees en esa clase de supersticiones?
-Nunca esta demás.
-Jajajajajajajajajaja ¿Y tú fuiste quien ocasionó todo el desastre financiero mundial? Jajajajaja- Roy lo mira con calma, toma un cigarrillo, lo prende, aspira profundamente y mientras suelta el humo por la boca, responde...
-Yo no fui…
-Jajajajajaja… Espera ¿Qué?
-Pues, es una larga historia. Verás, yo…- un marinero se acerca a ellos y les anuncia.
-Señores, estamos a punto de amarrar. Les sugiero ir por sus cosas y prepararse para bajar a puerto.
-Creo que me lo explicarás más tarde. Tenemos una misión que cumplir.- le dice Jhon mientras ambos se dirigen a su camarote y se preparan para bajar del barco.
Afueras de Frankfurt am Main, 8 de Mayo de 1932- 10:00 AM
Alphonse iba por el camino que llevaba al norte, buscando una salida hacía la provincia de Hesse-Nasau en el Estado de Prusia y desde allí dirigirse hacía la provincia de Sajonia, perteneciente al mismo Estado. Por estar las elecciones técnicamente a un par de días de iniciarse, nadie pretendía viajar en carro a ningún lado y los trenes hacía Magdeburg no salían desde Frankfurt, sino desde otras ciudades, por lo que el joven alquimista tuvo que tantear a la suerte y esperar a que algún irresponsable civil que no quisiera cumplir con su deber ciudadano pasara por allí y le dé un aventón. Pero eso parecía casi imposible.
-¿Por qué he tenido que dejar la ciudad en un momento como este? Creo que mejor hubiera esperado a que acabaran las elecciones, digo, la hermana de Johannes no irá a ningún lado ¿verdad?- se preguntaba a si mismo mientras llevaba su maleta junto a él, volteando de vez en cuando para ver si venía algún carro que pudiera socorrerle. No había nada. Siguió caminando por el camino, transitado por alguno que otro ciclista o algún hombre montado sobre una carreta, que se negaban a llevar al muchacho por que no iban al mismo lugar. Finalmente, tras casi dos horas de caminata, Alphonse pudo distinguir un carro conducido por su único ocupante.- Intentemos una vez más.- Alphonse hace una seña de autoestop y el joven conductor se detiene. Alphonse se presenta.- Guten abend! Necesito ayuda: tengo la urgencia de ir hacía el norte, hacía Magdeburg. Estaría eternamente agradecido a usted si pudiera llevarme hasta allá. Por supuesto, si gusta de una paga, yo podría…- pero antes de acabar, el muchacho de cabellos pardos y ojos avellana le pregunta, con un apenas perceptible acento italiano.
-Verzeih mich, aber (perdóneme, pero...) podría repetir esa última parte: entiendo perfectamente su alemán, pero esa última parte la mencionó algo rápido.
-Ah… usted es de Italia ¿Cierto?
-Certamente.
-Oh, non ho problema: también puedo hablar en tu lengua.- le responde el alquimista mientras le vuelve a comunicar su situación. El joven parece satisfecho de haber encontrado a alguien que hable su idioma en tierras alemanas.- Entonces, me preguntaba si me podría llevar ¿sería factible?
-Certo! Suba.- Alphonse hace caso y entra en el carro descapotable.- La verdad es que tiene suerte, mi buen amigo: yo también me dirijo a esa ciudad para luego irme hacía Berlín, donde me reuniré con un grupo de trabajo.- el muchacho, antes de arrancar el motor nuevamente, extiende la mano a su acompañante.- Gian Alvise Lo Andante Napolitani, agregado de la embajada del Regno d'Italia, a su servicio.
-Anselm Kassel Salier, es un placer.- le responde.
-Es raro ver a alguien viajando un día como hoy. Digo ¿Acaso mañana no hay elecciones?
-Sí, pero tengo un asunto familiar impostergable que atender en Magdeburg, así que no podré estar para el momento de la votación. Sin embargo, no creo que hayan dudas de que Hindenburg arrasará con la contienda.- Gian arquea las cejas hacía arriba, como si hubiera sido sorprendido por aquella declaración.
-Interesante. Dime, Anselm ¿Ese es el panorama político que la mayoría de la población percibe?
-Sí. Después de todo, pese a que Hitler tiene popularidad por sus encendidos discursos, sus propuestas y hasta por la gran cantidad de miembros de la SA que maneja, no puede avasallar la trayectoria político militar de Herr Hindenburg, el gran héroe de guerra.
-Ya veo.
-Y dígame ¿Cómo van las cosas en el sur?
-Ummm… bueno, no puedo darle mayores detalles dado que solo soy un agregado al que se le ha dado esta valiosísima oportunidad por su desempeño académico. Además, no tengo mucha información sobre las noticias concernientes al norte de Italia.
-Ya veo, entonces supongo que usted debe ser del sur.
-Sí: mi padre es de Sicilia y mi madre de Nápoles. Técnicamente, pese a que estamos en el mismo país, nuestras realidades son diferentes. Es casi como si viviera en un país diferente.- el joven mira a Alphonse y decide cambiar de tema.- Pero bueno, Magdeburg no queda muy cerca, será mejor conducir hasta el siguiente pueblo y detenernos a almorzar ¿Le parece?
-No podría estar más de acuerdo.
Republica de Weimar, región de Prusia Oriental, bosque cercano a la ciudad de Königsberg – noche de ese mismo día.
El clima, si bien no era del todo agradable, se mantenía sereno cerca de la ubicación de Étain y Fearghus, quienes aguardaban sentados sobre aquel mantel de picnic, disfrutando aquella noche, aunque no de manera total: frente a ellos, más allá de algunas arboledas, se extendía una gran instalación a la que muchos denominaban como un criadero de esturiones, campamento militar o simplemente una fabrica alejada de la ciudad. Habían pasado vigilando el lugar casi dos semanas, esperando ver movimientos sospechosos, sin embargo, nada ocurría.
-¿Estás seguro que es aquí, Fearghus?
-Al cien por ciento: no puedo estar equivocado en lo más mínimo.
-Y sin embargo no hemos hecho sino pasar nuestros días en la ciudad, fingiendo ser una pareja recién casada. Creo que deberíamos movernos antes que alguien empiece a sospechar.
-Descuida: algo me dice que esta noche no tendremos que tomarnos más del tiempo necesario.
-¿Siempre sueles decir eso?
-Sabes que no. O por lo menos muy pocas veces.- responde rápidamente el muchacho, quien termina agregando.- ¿O acaso ya te aburriste de estar de misión conmigo?
-No es eso. Es solo que no sucede nada ¿No crees que sería mejor infiltrarnos?- el hombre deja a un lado los binoculares y mira a la chica de forma inquisitoria.
-¿Qué? ¡Es una posible fabrica de supersoldados, mujer! Yo simplemente no estoy dispuesto a…
-¿A que?
-A arriesgar nuestras vidas. Además, no tenemos identificaciones ni…- ella sacó un par de trajes negros de la Schutzstaffel.- Bien, ahora sí estoy sorprendido ¿De donde sacaste eso?
-Tengo contactos.
-¿Era ese tío de la Abwerh? ¿Schneider?
-Sí, parece que la gente de von Bedrow tampoco está confiada sobre este Fürher. Como sea, con esto podemos infiltrarnos como si nada.
-¿Y las documentaciones?
-También las tengo, no te preocupes.- sin embargo, su compañero insistió.
-Éadaoin: lo último que queremos es llamar la atención del enemigo.
-¿Por qué eres tan pesimista, hombre?
-No es por ser pesimista… es más por…- en ese momento comienzan a escucharse rumores dentro del campamento y mucha agitación por parte de los alemanes.- Espera ¿Qué está sucediendo?
-¿Y tu como quieres que sepa?
-¿No sabes alemán?
-No ¿Tú?
-Sí, pero hay tantas voces que apenas puedo…- un grito atronador desgarra la tranquilidad de la noche y hace que todas las demás voces del campamento se silencien. Apenas dos segundos después, una potentísima explosión hizo volar el edificio más grande del lugar, la onda de choque fue tan fuerte, que Fearghus tuvo que cubrir a Eadoin para evitar que le cayeran algunas ramas de los árboles que se desprendieron desde las copas. Eran las 8:25 PM- ¿Te encuentras bien?
-Sí, gracias. Pero ¿Qué fue eso?
-No lo sé, pero creo que ahora sí necesitaremos esos trajes.
-¿No que no querías infiltrarte?
-Hay que aprovechar la confusión: ellos aceptaran cualquier ayuda que se les presente, así que estará bien… salvo por… digo… tu sabes.- dijo él desviando su mirada hacía el voluptuoso pecho de la chica.
-¿Eh? No, no sé ¿Qué cosa?
-A lo que me refiero es a que tu fisonomía no es precisamente la de un soldado alemán ¿sabes?
-Ah, te refieres a mis pechos ¿verdad?- le pregunta al hombre mientras ella se quita la chaqueta y toma la negra del uniforme nazi.-No te preocupes: según los reportes de la Abwerh, hay varias mujeres que forman parte del partido nazi, algunas incluso sirven en las marchas propagandísticas y otras en tareas tan importantes como miembros de la SS.
-Ya veo.- le responde mientras también se quita la ropa y empieza a ponerse el uniforme de la SS, todo esto sin dejar de mirar a la chica que está apunto de quitarse su blusa.
-Discúlpame Fearghus, pero ¿Podrías mirar para otro lado? Me… avergüenzas.
-Oh… lo siento.- dijo el muchacho, desviando su mirada de la ubicación de Etain.
-No te preocupes… después de todo, ya me viste así alguna vez ¿verdad?
-Éramos apenas niños.
-Sí… que tiempos ¿eh?- ambos terminan de cambiarse y se apresuran a dirigirse al campamento.- Ok, vamos…
No tardan mucho en llegar hasta el lugar, donde un visiblemente afectado miembro de la SS los interrogo antes de su entrada. Ambos le saludan con el clásico Sieg Heil
-Guten Abend! Su identificación por favor.- ambos entregan las documentaciones.- SS-Hauptscharfürher Mark Hollander y Frau Matilda Offenbach?
-Jawhol.- dicen ambos, a lo que el oficial les responde.
-Excelente, necesitamos toda la ayuda posible. Por aquí ¡a prisa!- ambos corren y empiezan a escuchar el resonar de las MP-18 y los gritos de los oficiales. Ambos agentes del MI6 podían entender perfectamente las aterradoras voces de los soldados.
-¡Disparen! ¡Disparen si quieren vivir!
-¿¡Es que esa cosa no muere!?
-¡Entonces lanza las putas granadas!- el oficial que está guiando a los ingleses también escucha esto.
-¡Al suelo!- los tres se tiran al suelo y, tras treinta segundos, se escucha una explosión.
-¿Lo hicimos?- murmura el mismo oficial mientras mira al compañero que lanzo la granada, el mismo que cae muerto al recibir lo que parecía ser una cuchilla en la cabeza.
-Maldita sea, mataron a Rudolf.- murmura mientras se oculta y sus otros compañeros vuelven a abrir fuego hacía esa cosa.
-¿Contra que se supone que estamos peleando?
-Ni idea. Es un experimento que tenía Herr Heydrich en este remoto lugar.
-¿Un experimento? ¿Capaz de hacer pedazos todo un campamento él solo?
-Sí.- dice el hombre mientras van avanzando.- Los hombres han rumoreado que se trata de una especie de "proyecto de supersoldado", pero he escuchado a varios altos mandos que se trata de la prueba irrefutable que somos la raza Aria, la especie superior del planeta.
-Pues si se supone que es tan superior ¿Por qué nos ataca? ¿Qué no somos del mismo bando?- pregunta Éadoain. El hombre, que no dejaba de empuñar su rifle Gewehr 98, simplemente negó con la cabeza.
-Realmente no tengo idea.- acto seguido avanzó hacía una casona semi destruida donde lo siguieron los agentes británicos, mientras sus compañeros eran masacrados por esa cosa.- Todo lo que me han dicho es que, en caso de que sea liberado, debo comunicarme con la base central de la Ic-Dienst.- ambos agentes reconocen el nombre de la agencia y lo relacionan con el apellido Heydrich y terminan recordando un expediente que les mostró Barlow antes de ir: Reinhard Tristan Eugen Heydrich, líder del recientemente fundado departamento de inteligencia de la Schutzstaffel, la Ic-Dienst. El soldado devela un telégrafo.- Excelente, sigue entero.- voltea momentáneamente y le dice a Fearghus.- ¡No pierda tiempo, Herr Hollander! Necesito que me ayude a comunicarme con esta cosa, así que préndala por favor.- el escocés, algo sorprendido por el pedido, procede a activar como puede el telégrafo, tratando de no fallar en leer las inscripciones de carácter gótico del aparato y revelar su identidad. Una vez estuvo hecho, el soldado mandó un rapido mensaje que Fearghus pudo interpretar como: "libre-fuera-de-control-solicito-refuerzos".- Ahora, que Dios nos ayude.
Prinz-Albrecht-Straße, Berlín, Imperio Alemán, esa misma noche.
-Otto, saliendo ya. Si llega algún mensaje hazlos esperar hasta mañana.- dice el hombre rubio de ojos azules y sonrisa fría a quién todos conocían en el Ic-Dienst como la "Bestia Rubia" Reinhard Heydrich. Aquel que sería más tarde también llamado "El Carnicero de Moravia", estaba tomando su sombrero y gabardina ploma cuando el operador del telégrafo lo detuvo.
-Disculpe señor, pero creo que esto es sumamente importante.
-¿En serio?- Heydrich lee el mensaje y sus ojos se abren por completo y una ligera mueca, no muy diferente de una sonrisa, se asoma levemente por su mejilla izquierda.- ¿De donde es esto?
-De la base de investigaciones en Ostpreußen, Herr Heydrich.- al escuchar esto, la sonrisa que contenía el hombre se desborda en toda su cara y su entusiasmo se vuelve notorio.
-¿Tenemos línea directa con ellos?
-Ja, herr Heydrich.- la mirada azul del líder del Ic-Dienst provoca en el operador un escalofrío indescriptible.
-Comunícame con ellos.
El teléfono suena en la oficina de telégrafos del campamento que ahora ardía en llamas. El soldado, apresuradamente, pide a Fearghus que le pase el auricular, mientras que Éadoain mira, escondida, el avance destructivo de esa cosa, que parece ser capaz de crear cuchillos y explosiones… ¡De la nada! ¡Solamente usando sus manos!
-¿Qué clase de monstruo diseñaban en este lugar?- mientras ella se preguntaba esto, el soldado respondía.
-¿Hola?
-¿Base Ostpreußen? habla Heydrich.
-¿¡Herr Heydrich!? ¡Gracias al cielo! Ha pasado algo terrible…
-¿Su nombre soldado?
-¿Eh? Ah, sí, soy el SS-Obersturmfürher Ernst Schift
-Herr Schift, dígame que ha pasado.
-El sujeto de experimentación N°214, señor: se ha liberado del tanque de suspensión y se ha vuelto loco ¡Esta arrasando con todo el campamento!- en ese instante, una lanza de hierro destroza la ventana, pasando muy cerca de la cara de Fearghus y se clava entre las cejas de Ernst Schift. Étain pega un grito corto, pero fuerte. Heydrich escucha esto y una mueca de incertidumbre aparece en su rostro.
-¿Herr Schift? ¿Qué sucede allí? ¡Responda!- Fearghus responde al auricular.
-¿Hola?
-¿Schift?
-Está muerto, herr Heydrich.
-¿Con quien hablo?
-Hauptscharfürher Mark Hollander. Me acaban de transferir ¿Qué debemos hacer señor? ¡Esa cosa está fuera de control!
-¿Qué está haciendo?
-Genera explosiones y armas blancas de la nada, y parece ser inmune a las balas ¡Es imparable!- ante la sorpresa de Fearghus, del otro lado del auricular se escuchó una risotada de satisfacción- ¿Señor?
-Jajajajajajajaja…. Sí, lo sé… estábamos esperando que fuera así. Bien, herr Hollander, ha llegado el momento que usted y su compañera, la que gritó seguramente al momento que moría Schift, cumplan su deber con el Fürher y mueran con honor.
-¿Qué? ¿Pero que se supone que está diciendo? ¿Qué muera aquí?
-Naturalmente: considérelo un honor morir ante el ario más puro de todos nosotros. Nos veremos en el Valhalla, her Hollander. Sieg Heil!- tras decir esto fuertemente, Heydrich cuelga y Fearghus se queda congelado por unos instantes, tras los cuales, el grito de Éadoain lo hace reaccionar, tomar a la chica, tirarse ambos al suelo y cubrirse con una manta gruesa antes que una poderosa explosión hiciera volar la mitad de la cabina telegráfica. Antes de desmayarse por la explosión, el escocés pudo liberar su rostro de la manta y unos pedazos de madera que habían caído encima, y pudo ver la cara de aquel monstruo: un rostro limpio, pálido, cabellos largos y completamente blancos. Sus ojos verdes brillaban como las auroras boreales que alguna vez hubiera visto.
-ah… ah…- fue lo único que escapó de su garganta antes de desmayarse, abrazado con su compañera.
Bien, eso sería todo… Sí, lo sé, tanto tiempo para tan pocas páginas. A mi también me ha sorprendido. Y es que originalmente quería que esta historia sea de 20 capítulos, pero ahora tengo que comprimir todo lo que tengo en la cabeza, tratar de no excederme en lo necesario con la vía de alguno de los personajes y, además de eso, debo cargar con el peso del realismo histórico (la cual mando al demonio cuando pongo a una mujer como miembro de la SS- cosa que no se vería hasta 1942- ), lidiar con otros proyectos y, desde el último lunes, con el inicio de clases. En fin, espero que les haya gustado, ya nos leeremos en el siguiente episodio (que espero poder sacarlo a mediados de abril si es posible). Tengan una buena semana, Bye-bye!
Sobre reflejos de personajes:
Dieter Lentz = Zolf J. Kimbley (como ya se mencionó arriba)
Jhon Malcolm O'Bryan = Jean Havoc
Gian Lo Andante Napolitani = Onig Alletrop (personaje de LEP)
Reinhard Heydrich = este sujeto existió realmente (1904-1942) y en LEP lo conocemos con el nombre de Iustinianus Coptom. Es una ironía pues, mientras que allí en Amestris lo retraté como Primer Ministro, aquí era un miembro del Partido Nazi que llegaría a las altas cúpulas, siendo temido hasta por el mismo Hitler.
Por último, dado que no tengo el nombre del siguiente capitulo, los dejo con un Omake (a lo mejor lo haga en este orden: un capitulo dejo el nombre del siguiente, al que le sigue dejo un Omake y así sucesivamente):
Omake °1: Pesadillas
"Oscuridad… no hay nada ¿Estaré dormido nuevamente? En estos momentos es tan difícil saberlo. Estoy cansado… ha sido un día muy agotador… ¿Eh? ¿Ese no era…? ¿Mi nombre?... ¿Quién está allí? ¿Quién menciona mi nombre?... Resuena una y otra vez… más cerca… esa voz… la conozco… ¡LA CONOZCO!... resuena más fuerte… ¿serás…? ¿Margaret? ¿¡Margaret!? ¿Qué? ¿¡Por que gritas!? ¿¡Que sucede!? ¿¡MARGA…!?"
-¡MARGARET!- el muchacho se levanta del sofá, sorprendido por el sueño tan intenso y aterrador que ha vislumbrado. Ya eran las 8:25 PM, por lo que el sol ya se había ocultado y la habitación estaba en completa oscuridad. Afortunadamente para él, el pueblo rústico donde vivía le permitía disfrutar de la luz de las estrellas y la luna cuando no había electricidad. Ahora, por esta misma luz, podía ver su mano… la cual tras varios años por fin estaba recubierta por músculos y piel.- ¿Qué… que se supone que fue eso?
-No creo que sea buena idea preguntármelo a mí ¿sabes?- el joven se voltea y mira a quien está tras él: la muchacha morena, de piel clara y con la mano izquierda hecha de acero lo está mirando con sus ojos grises.- ¿Qué fue lo que viste?
-Nada… creo que solo fue una pesadilla.
-Ya veo…- le dice ella mientras rodea su cuello con los brazos y coloca su mentón sobre su hombro.- aún así insisto en saber, Johannes ¿Quién es Margaret?- pregunta la joven con una sonrisa cruelmente infantil, a lo que su compañero solo puede responder, con una sonrisa nerviosa debido a la situación que ahora enfrentaba y mientras veía como los filamentos rodeaban sus brazos y piernas.
-Uh… lo haré pero… Jane… ¿Podrías dejar de apretarme el cuello… y si es posible todas mis extremidades?
