¡Hola a todos! Seguramente alguien querra matarme luego de renovar el fic tras hartos meses de hiatus. Sí, disculpenme, pero he tenido que aprender a la mala las consecuencias de no sacar un Back up de tus archivos más importantes: mi computador se malogró el día de mi cumpleaños (en Julio) y el servicio tecnico demoró mucho en devolvermela ¿Cual fue el problema? Pues, básicamente, dos: el primero es que mi computadora se quedó en mi país, Perú, y yo me fui por motivos de estudio a Madrid, España (de hecho, estaré 4 meses en Europa); y el segundo es que TODOS mis archivos se borraron (incluyendo todo lo que había avanzado de un proyecto y TODO el capitulo que iba a traerles)... Ah, que más da. Espero que sepan disculparme y reciban este capitulo, el primero que redacto fuera de mi patria.


Disclaimer: Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa


Cap2: Der Lange weg zu Aarhus (El largo camino a Aarhus)

Prusia Oriental, República de Weimar. Algún hotel a las afueras de la ciudad de Königsberg- mañana del 9 de Mayo de 1932.

El lugar era acogedor, pobremente decorado, pero acogedor. En él, Siegfried Schneider observaba la inconsciente cara de tranquilidad de sus "presas": un joven hombre escoces que parecía superar los 19 años y una muchacha irlandesa.

-Podría tener la misma edad que mi hermana.- murmuró al ver la cara de Éadaoin. El movimiento de las sabanas llama su atención y entonces el alemán saca la mauser que tenía en su funda y apunta a la cara de Fearghus, que había despertado. Se dirige al escocés en un perfecto inglés.- Good evening, sire. How are you? You feel better than yesterday?

-Well... yeah, thanks for ask...- antes que pudiera moverse, el hombre volvió apuntar con la pistola al escocés.-Ok, just... what the hell is going on?

-Eso me gustaria saber a mí. Sabes, llevo muchos meses congelándome el culo en este lugar, vigilando una base que hasta el día de ayer creía que no tenía nada dentro, cuando podría estar tomándome unas magnificas vacaciones en algún lugar de Baviera.

-Eres alemán ¿trabajas para los nazis?

-El que hace las preguntas aquí soy yo, sire... ahora dígame ¿Que hacen un hijo de Escocia y una irlandesa en la Prusia Oriental?

-Eso... eh, creo que es un poco difícil de explicar. Pues, solo queríamos...

-¿Tener un momento a solas? Sabes, si los hubiera hallado desnudos en el bosque, esa excusa tendría más sentido. Sin embargo, hallarlos tirados junto a varias cabañas destrozadas en lo que los medios locales y pocos sobrevivientes han llamado una "planta de explotación de gas natural" no le da mucha coherencia a tu explicación.

-¿Cómo?... es decir... mire, estoy dispuesto a responder lo que sea, pero dígame ¿Es usted de Weimar o de la SS?

-Dígame usted ¿Que le parezco?

-¡Y yo que voy a saber!

-¿Es que acaso no conoce a los contactos de su compañera?

-¿Schneider?¿Es usted ESE Schneider?- el hombre sonríe ante la atarantada frase del joven.

-Supongo que debo serlo, es un apellido muy común. Pero en fin, yo soy el que hace las preguntas aquí y mejor deje de buscar su arma que está encima de esta gaveta junto a las ropas de su compañera.- le advierte señalando un mueble que tiene el alemán al costado.

-¿Usted a...?

-No, era una broma. Pero, en serio, deje de moverse, que a lo mejor solo encontrará los muslos de su compañera.- Fearghus mira a un lado y puede ver a Etain, dormida a su lado.- Descuide, cuando los encontré ninguno tenía heridas de gravedad. Como sea ¿Que fue lo que vieron?

-¿Donde?- tres disparos resonaron e impactaron arriba y por ambos lados de la cabeza del muchacho que empezó a sudar frío, sin perder su imperturbable expresión de seriedad.

-Mira mocoso, ya he cometido muchas faltas al no detener a dos espías del Reino Unido en Alemania y, mucho peor aún, ayudar a una de ellos a robar a dos ciudadanos alemanes. Así que quiero una compensación justa si no quieren morir ¿Que encontraron en esa maldita base?

-Espera, no sé de que estas...- Siegfried le tira un periódico del día anterior, en el cual se menciona el robo a dos ciudadanos que profesaban simpatía por el nazismo. El rostro del escocés cambia por uno de estupefacción y voltea a ver a su compañera que lo veía con el rabillo del ojo, para luego volver a cerrarlo y hacerse la dormida.- ¡Tú, pequeña estúpida!- le dice dándole una palmada en la cabeza, haciendo que ella se levante.- ¡Te dije que nos meterías en problemas por esta clase de cosas!

-¡Hey! Era eso o no poder tener la oportunidad de meternos a la base ¿Que era lo que querías?

-¡No terminar ni muertos ni prisioneros!

-¡Pero si no somos prisioneros de nadie! Digo, el de allí es Siegfried ¡Dile algo!- le dice la chica casi en una súplica, a lo que el alemán se encoge de hombros y responde.

-Nunca he visto a esta mujer en mi vida.

-¿¡QUÉ!?- un disparo, ahora sobre el cabezal de la cama, impacta y hace estremecer a los del MI6.

-Son muy ruidosos ¿Saben? La verdad es de que no importa el ruido que hagan, nadie los salvará: la dueña de este hospedaje sabe quién soy yo, así que no tiene ningún problema con uno o dos muertos.- el hombre vuelve a apuntar con la pistola, esta vez a Eadoaín, que es cubierta por Fearghus, solo para escuchar el golpe del percutor de la mauser, pero no la explosión que libera el tiro.- Pero parece que me he quedado sin balas, así que, por ahora, les propongo un trato: ustedes dos cooperaran con la Abwerh, compartirán con nosotros la información que hayan obtenido y nosotros, a cambio, haremos lo mismo ¿De acuerdo?- los jóvenes se miraron unos a otros a la vez, como indecisos.- No creo que sea necesario sacar la otra Mauser que tengo en la gaveta ¿Cierto?

-No era necesario decir eso ¿sabe? Está bien, será de esa forma.


Magbeburg, República de Weimar. 10 de Mayo de 1932

-¡Ah! In fine, Magdeburgo.- menciona con alivio Gian Alvise al llegar a los inicios de la ciudad germana del Estado de Brandeburg.

-Sí, finalmente.- agrega Alphonse, quien mira las casas circundantes.- Supongo que ahora sí no tendremos que dormir en pequeños pueblos de la carretera.

-Vamos hombre, que no ha sido tan malo. Además, las mujeres de ese último pueblo fueron muy amables contigo... creo que demasiado ¿Nadie te ha dicho que las mujeres se te pegan como moscas a la miel?

-Creo que me he dado cuenta. Sabes, hacía buen tiempo trabajaba como vendedor itinerante.- ante la revelación, el italiano se parte de la risa.

-Jajaja no puedo creerlo. Seguro que eras todo un conquistador ¿verdad?

-Jeje... sí, bueno, supongo...

-Pero habrás tenido problemas seguramente al cruzarte con algunas mujeres y sus hombres ¿eh?

-Em... bueno, nunca tuve muchos problemas con las mujeres... excepto esa vez en el norte, que terminé metido en una pelea de box contra un profesional (N/A: ver "Cacería de Muerdagos").

-Uh, eso debió doler seguramente. En mi caso, siempre que he tenido problemas de cualquier indole, solo he tenido que recurrir a la belleza que verás si abres la guantera.- Alphonse hace caso y saca una pistola.- Es hermosa ¿cierto? Es una Glisenti 1910, muy parecida a las Lugher ¿Que te parece?- el aleman mira el arma con cuidado, saca el cartucho, mira las balas y, también en silencio, vuelve el arma a su sitio.-¿Sucede algo, Anselm? Pareces cansado.

-No, no es cansancio. Digamos que simplemente yo no debería estar solo en esta clase de travesias ¿sabes? Siempre he estado acompañado de mi hermano o de mi novia, quien murió hace un tiempo.

-Oh... lo lamento tanto. Pero, si se trata de compañía, yo estoy aquí ¿no?

-Solo hasta Magdeburg ¿no?

-Uh... bueno, sí. Aún así, no es esa razón para que tu vida deba estar atada al pasado, el recuerdo y el duelo. Tarde o temprano tendrás que dejar ir esas sensasiones. Estoy seguro que no soy el primero que te lo dice, pero deverías ponerte en el lugar de ella ¿Crees que se sentiría bien de verte en ese estado?- Alphonse niega con la cabeza.- Entonces lo mejor es que dejes esa actitud y empieces a prepararte, seguro que lo que tengas que hacer requerirá que estes en tus capacidades.

-Sí, ciertamente. Gracias Gian, lo necesitaba.

-Jaja oye, para eso estan los amigos ¿no?

-¿Amigos?

-Si bueno, solo te conozco de hace unos días, pero ya me caes fenomenal. Es más, cuando termines lo que sea que termines de hacer¿Te parece si nos vamos a mi tierra a pasar un tiempo?

-Sí, es una oferta tentadora. Digo, siempre quise visitar Venecia.

-Es un bello lugar y una excelente opción, creeme.- el coche, en el transcurso de la conversación, había traspasado la ciudad y llegado a su destino.- Bene, parece que aquí nos separamos.

-Así parece. Gracias, mi buen amigo. Arrivederci.- el italiano estrecha su mano y le responde en su lengua.

-Auf wiedersehen!- dicho esto, pega una pisada al acelerador y desaparece entre las calles.

Ahora está el muchacho solo, nuevamente por su cuenta. La casa de los Engel en Magdeburg no era ninguna mansión, pero tampoco parecía ser una casucha: de hecho, la fachada parecía tan común como la de cualquiera de las casas que allí se encontraban.

-Será mejor hacer esto cuanto antes.- se dijo asímismo al momento en que se disponía a entrar a la residencia de la familia de su amigo.

Una vez abierta la puerta pudo sentir como si hubiera retrocedido varios años en el tiempo: parecía que nada hubiera sido movido de su sitio. Seguían ahí, en la sala del hogar y tirados por el suelo, los juguetes armables de madera con los que Johannes había estado pasando el rato, cuando apenas era un niño; un periódico viejo, abandonado sobre el sofá de Ludolf Engel, corroído por el paso del tiempo; un libro sobre la mesa de café que habría estado leyendo Agnes von Jungingen antes de tener que abandonar el hogar familiar para dirigirse a Suiza, lugar del cual nunca volverían. Alphonse sabía a donde ir: buscó cerca de una de las estanterías de finos acabados artesanales y encontró una caja. Al abrirla, una música empezó a sonar...

-Pavane pour una enfant défunte...- murmuró para si mismo, citando la obra de Maurice Ravel. Miro el contenido de la caja músical, la cual consistía en una carta y una foto, la última hecha con toda la familia: en ella podía verse a un joven de cabellos rubios que hubiera sido facilmente confundido con Stephen Lloyd, el aprendiz de su cuñada, otro que era claramente un joven Johannes Engel, un hombre alto y rubio se paraba tras ellos y a su lado, una mujer de tez morena, cabellos azabache y ojos claros cargaba a una pequeña de pocas semanas de nacida.- supongo que esta es la famosisima Margaret Engel. Es una pena, no tengo idea de como se verá ahora.- Alphonse deja la caja abierta para seguir escuchando un rato la música y coge la carta. El contenido parecía hecho aprisa, pero el mensaje era claro.

"Al remitente:

Antes que nada pedirte disculpas por los inconvenientes, pero, si te he elegido para realizar este favor, es porque tengo entera confianza en tu persona y sé que tu no me fallarías en hacer realidad esta petición. Quiero que vayas al templo de Santa Ofelia de Aarhus, en Dinamarca, busques a mi hermana Margaret y le cuentes lo que ha pasado a su amada familia y que, desde el momento en que presentes esta carta a la Madre Superiora, es libre de irse o quedarse allí, contando con mi autorización del único miembro de su familia nuclear sobreviviente.

El templo queda a las afueras de Aarhus, cerca de los bosques. Hay un mapa detallado para llegar allí dentro del sobre. También hay una carta para Margaret, te pediré que no la habrás y que sea ella la primera que lo lea.

Gracias por todo, Dios te bendiga

Johannes Engel von Jungingen"

Alphonse terminó de leer la carta y tomó la caja músical: sería mejor llevarsela para el viaje. Se dirigía hacía la salida cuando se detiene en seco para contemplar una vez más ese panorama tan triste y meláncolico.

-Por un momento... creí que alguién rondaba por allí.- dio una última visión e imaginó a la familia entera allí, sentados, cada uno haciendo sus cosas, volteandose para verlo a él, por tan solo unos segundos y sonreírle, como si siempre los hubiera conocido. Alphonse devolvió la sonrisa y, entonces, decidió salir de ese lugar, antes que los melancolicos recuerdos de ese hogar abandonado le volvieran a sobrecoger el corazón.


München, República de Weimar, ese mismo día.

Hans Armstark estaba pensativo. Caminaba, sumido en sus pensamientos, a través de las calles de la capital de Bavaria. Se dirigía nuevamente hacía la pastelería de Herr Stagel, en busca de algún buen aperitivo y, de preferencia, por un buen pastel de manzana. Aún estaba confuso por toda la historia que le había contado Karl Haushofer sobre el tal Hohenheim.

-Un hombre con extraños conocimientos de las ciencias perdidas del mítico mundo de Shambala, probablemente nacido allí.- murmuraba para si mismo mientras caminaba lentamente por las calles, ahora cada vez menos frías. Recordaba también la parte más extraña de todo lo que le contaba el viejo polítologo.

-Flashback- Casa de Karl Haushofer, hacía unas horas.-

-¿Fue este el lugar donde se abrió esa dichosa puerta?

-Sí.- dijo Karl.- Aquel techo era una luminosa puerta a un mundo fantastico y que, las únicas personas que lograron salir de allí, me dijeron que Frau Erhart trató de destruir.

-Dietlinde Erhart.- murmuró para si mismo Hans.- Fue hallada muerta en este mismo lugar. El asesino, Rudolf Hess, argumentó defensa propia. Dejeme decirle que las pesquisas parecían apuntar a que la escena en que hallaron el cadaver parecía montada.

-No entiendo lo que me quiere decir, Armstark.- el gigantesco hombre miró al caballero, quien tendría casi su misma altura, por lo que no pareció intimidado del todo.

-Descuide, no diré nada a la policía.- Haushofer, que entendía que la palabra de ese hombre era tan valiosa como el oro, volvió a hablar.

-Pues sí, fue montada ¿Que quería que le contaramos a los oficiales? ¿"Sí, frau Erhart salió de una enorme puerta mágica convertida en una abominable masa negra?" ¿Usted lo hubiera creído?

-Francamente, no.- Haushofer se dirigió hacía la salida del lugar, cuando Armstark le volvió a hablar.- Digame, entonces ¿Quienes son los únicos que lograron volver de... "Shambala"?- Karl volteó hacía él y, tras dar un suspiro, dijo.

-Los hijos de Hohenheim... sus nombres eran...

-Fin de Flashback-

-Edward y Alphonse Elric. Vaya apellidos más raros ¿Habrán sido ingleses?- se preguntaba asímismo. Haushofer dijo que sus paraderos eran desconocidos, por lo que no tenía idea de donde podría encontrarlos o por lo menos a uno de ellos. Hans ya estaba en la entrada de la pastelería, así que decidió dejar atrás sus pensamientos y especulaciones y concentrarse en su nueva misión: comprar el pastel.- Hallo, her Stagel!

-Oh, Armstark. Es bueno volver a verlo. Hace tiempo que no pasas por aquí.

-He estado ocupado con una investigación en particular.

-¿De verás? Y ahora viene por un poco de pastel de manzana ¿cierto?

-Me lee la mente, Stagel. Sí, era eso lo que quería.

-Pues tendremos que esperar a que venga Frau Kassel con los pasteles. Mientras tanto ¿Le parece si le invito una "selva negra" y una taza de café?

-Bueno, si insiste.- el hombre saca la torta del mostrador y corta un pedazo, a la vez que sirve un poco de café recién pasado.

-Y bien, Armstark ¿De que se trata ahora? ¿Espías? ¿Enemigos del Estado? ¿Comunistas?

-Es un secreto de Estado, Ulrich... aunque, sabes, a lo mejor puedas ayudarme en algo.

-Sí ¿En que?

-Estoy buscando a alguien, sabes. La última descripción que me dieron de él fue la de un joven rubio, de pelo largo, algo temperamental, no muy alto, es más, de baja estatura y de ojos algo ambarinos.

-Mmmm... no se me hace conocido ¿Cual es el nombre?

-Edward El...- antes de que pudiera terminar de decir el nombre, el ruido de la puerta abriendose y una cesta de mimbre cayendo al suelo saca a los hombres de su conversación: Era Winry Rockbell.- Elric... ¡Señorita Rockbell! Es un placer verla aquí.- la chica pareció no prestar atención al saludo del soldado, por lo que él volvió a insistir con ello.- ¿Señorita Rockbell?

-¿Eh? ¡Ah, señor Armstark! Es un gusto verlo de nuevo luego de tanto tiempo ¿Como se encuentra?

-Muy bien, gracias por preguntar. Y, si me permite agregar, mucho mejor luego de verla a usted llegar con esa delciosamente aromática cesta de mimbre ¿Allí es donde trae sus riquisimos pasteles?

-¿Eh? Jajajaja sí, claro, aquí los traigo ¿Estaba esperando por ellos?

-Naturalmente.

-Bueno, si ese es el caso, espero que Herr Stagel me permita llevarlos hasta su cocina para que pueda encargarse de ellos.

-Oh, no ¿como podría? Yo me encargaré de ello.

-No, no, creo que estaban conversando ¿cierto? No quisiera interrumpir, así que solo voy a dejar esto y me iré.-dice la chica entrando en la cocina del hombre, a lo que decide reaccionar de algún modo.

-Espera, espera, no te dejaré ir sin haberte pagado.- le dice el hombre parandose y llendo hacía la caja para sacar algo de dinero, dejando a Hans acabando su torta y su café. Ulrich no se demora nada en volver con el dinero para entregarselo a la chica apenas salga de la trastienda.- no, ciertamente no conozco al hombre, pero tiene mi palabra de que si logro saber algo le diré cuanto pueda.

-Gracias, Ulrich.- Hans deja su cuenta sobre la mesa y se pone de pie.- Espero poder encontrarlo pronto, quisiera acabar con este caso de una buena vez.

-Sabiendo como eres, Hans, seguro que lo logras. Bueno, tienes prisa hoy¿no?- el soldado asiente.- Entonces nos vemos Hans, date una vuelta por aquí más seguido.

-Nos vemos, Ulrich. Lo tendré en cuenta.- el soldado sale de la tienda y no camina más de dos cuadras cuando los pasos apresurados de Winry Rockbell lo alcanzan.- Señorita Stagel ¿Que sucede? ¿Por que va con tanta prisa?

-Quería alcanzarle.

-¿Sí? ¿Por qué?

-Para empezar, olvido sus pasteles de manzana.- le dice entregandole la cesta de mimbre con un par de pasteles, los únicos que no dejó en la tienda: al percatarse Ulrich que Hans también había pagado por los pasteles en la cantidad de su cuenta, quiso seguirlo, pero Winry se ofreció para hacerlo.- Y en un segundo plano, porque quería hablar con usted.

-¿Conmigo? Muy bien ¿Sobre que asunto?

-Ese hombre, llamado Edward Elric

Hans Armstark ahora estaba más pensativo que antes. Sus pasos lo llevaban hasta la casa que la mujer le había dicho que visitara a las 6 de la tarde de ese día. Ella, Winry Kassel, le había indicado que su esposo, Edmund, tenía información valiosa sobre el hombre que él estaba buscando. Tras caminar algunas calles más, logró encontrar la dirección. El hombre llamó a la puerta un par de veces y abrió la puerta Winry Kassel.

-Me alegra que viniera, herr Armstark.

-Gracias por a usted por la información.

-No podía evitarlo, disculpeme más bien por haber escuchado a urtadillas lo que estaban hablando usted y Ulrich.

-No hay problema, solo no se lo cuente a nadie ¿De acuerdo?- la mujer asiente mientras recoge el abrigo del hombre y lo guía hasta la sala.

-Edmund, llegó nuestro invitado.- le anuncia la chica, entrando antes que el soldado. Cuando este lo hace, puede ver al dichoso Edumnd Kassel: era un sujeto de cabellos rubios, que en esos momentos los llevaba sueltos gracias a que dos niños, bien parecidos tanto a él como a su madre, le sacaron un cinto con el que, al parecer, se los ataba; sus ojos eran de un color ambarino y vestía en la forma típica del momento. Cuando volteo a mirarlo por un momento pareció sorprenderse con su altura, cosa no muy rara, pero volvió a tornarse sereno.

-Usted debe ser Armstark. He escuchado mucho de usted por parte de mi esposa. Por favor, sientese.- el joven, pues su edad no debería ser mayor de 30 años, se bajó a uno de los niños que se colgaban sobre sus hombros y jugueteaba con su pelo y lo puso en el suelo.- ¡Winry! ¿Puedes llevarte a los niños contigo?- le decía a su mujer que se encontraba en la cocina, la que luego apareció con una bandeja que contenía dos trozos de tarta y tres tasas de té.

-Espera un momento.- ella deja la bandeja sobre la mesa y toma al otro gemelo entre sus brazos, a la vez que se sienta al lado de su esposo.

-Eh... creí que iba a ser una conversación privada.- dijo Edward.

-Quiero escuchar esto y si es posible ayudarte de alguna forma. Sabes, no esperaré a que vengan a llevarte preso por ocultar información y esa clase de cosas.

-¿Y no crees que es peor avisar de la información que tengo? ¿Que pasaría si este hombre es seguidor de Hitler?

-Soy miembro de la Abwerh y no tengo el más mínimo de simpatía por el pensamiento de Adolf Hitler.- Edward mira al hombre con cierto escepticismo.

-¿En serio? Y dígame ¿Cual es la razón por la que debería decirle la ubicación de mi buen amigo Edward?

-Deseo obtener mayores detalles sobre "cierto incidente" ocurrido en la ciudad... más específicamente, en la casa de Karl Haushofer.- Edward, que había comido un trozo del pastel, casi se atora al escuchar esto.- ¿Se encuentra bien?

-Ah, sí. Solo que recordé un poco esa historia tan alucinante que me contó Ed.- dice Edward.- Es un tanto loca ¿no cree? Mundos paralelos, armaduras vivientes, cosas negras saliendo de portales luminosos... ¿no le parece una locura?

-Ciertamente. Pero debo decirle que, si lo dice Herr Haushofer, entonces tiene mucho sentido para mí.

-Puede ser demencia senil.- Hans, por un momento, empieza a perder la paciencia ante la desconfianza del joven padre de familia y se para, haciendo que los niños se encojan de hombros y se aferren a sus padres.

-Por favor, señor Kassel. Entiendo que quiera proteger a su amigo, pero necesito su ayuda: hay altas probabilidades de que el grupo del Nacionalsocialismo estén intentando crear un super-arma a base de humanos.- Edward parece sorprendido por la revelación que le ha dado el soldado.- ahora mismo, mi compañero está investigando la zona norte del país, buscando información que pueda ayudarnos a saber qué es lo que planean los Nazis.- Edward deja a su hijo sentado junto a su esposa y también se para.

-¿A base de humanos, dice? ¿Puede usted estar seguro de ello? ¿Que respalda esa suposición suya?

-... honestamente, no la tengo.

-¿Y así planea que yo le diga lo que sé? ¿De qué le serviría? Nadie creería en usted si se basa únicamente en sus ingenuas suposiciones... o, en su defecto, en las alucinaciones seniles de un pobre viejo como Haushofer.- Armstark terminó por perder la paciencia y le lanzó un puñete a Edward, quien lo detuvo con su mano de automail.

-Puede decir lo que quiera de mi, Kassel. Pero no le permitiré hablar de herr Haushofer de una manera tan grosera.- por el furor del momento, Armstark no había sentido las tres falanges que se le habían roto por el impacto con la mano de acero de Edward, sino hasta que alejó su puño de la palma del rubio.- Ah... mis dedos.

-Jejeje... realmente es usted la persona que esperaba que fuera, herr Armstark.- le dice Edward mientras se sienta.- Lamento haber tenido que actuar de esa manera, pero me temo que no tenía más opción. Espero, entonces, que pueda escuchar lo que le diré a continuación.

-¿Qué? ¿Que se supone que es esto? Aagh...- Winry, entonces, se para y va hacía un cajón de dónde saca vendas y un ungüento.

-Su mano, herr Armstark.- el hombre le da la mano y comienza a aplicarle el ungüento sobre las falanges.- Esto calmará un poco el dolor, pero deberá ir a un médico a que le vea esos huesos.

-Gracias, frau Kassel.

-Elric...

-¿Eh?

-Así como lo escuchó: mi verdadero nombre de casada es Winry Elric, dado que la verdadera identidad de mi esposo no es otra sino que la del hombre que usted ha estado buscando, Edward Elric.- Armstark alza la mirada y ve al joven, quien le sostiene la mirada sin dejar de sostener a sus dos hijos.

Hans Armstark salió de la casa de Winry Rockbell con aún más preguntas de las que había entrado. Para empezar, estaba toda la historia que le habían contado sus anfitriones ¿Como creerla? ¿Que venían de un mundo paralelo al suyo? No creía nada y no creyó hasta que Edward Elric le mostró la razón de sus falanges rotas: todo su brazo derecho estaba hecho de acero. Es entonces que pareció creerle, a él y toda su historia, no solo la que narraba los hechos en la casa de Karl Haushofer, sino también en el otro lado del portal, en ese mundo del cual venían y la creación de unos super-soldados. Sin embargo, también estaba esa última frase que le dedicó el joven Elric al ver la esperanza en su rostro.

-"Busque pruebas concretas, pues si usted va a sus superiores con esta historia... todo habrá sido en vano."

Tras pensar un momento, Hans Armstark se dio cuenta de que era lo que necesitaba hacer, pero necesitaría la ayuda de sus superiores. Por primera vez en todo el día, lo tenía todo más claro.


Berlín, República de Weimar, 11 de Mayo de 1932

Tras un día de viaje y con un ligero inconveniente ya muy cerca de su destino, Gian Alvise llegó a Berlín. Ahora, no le quedaba más que poner rumbo a cierta dirección en la que tenía que reunirse con sus compatriotas, también representantes del Reino de Italia en Alemania. El punto de reunión era una taberna a pocas cuadras de las Puertas de Brandenburgo, la cual demoró poco en encontrar. Una vez entró a la taberna, una voz lo llamó desde lejos, en ese idioma que identificaba muy facilmente.

-"Eh! Gian! Veni qui!"- el joven siciliano se acerca a la mesa ocupada por dos italianos, quienes parecían hartos de esperarlo.- "Benvenuto a Berlino, mio amico. Perché la ritardare nel tuo viaggio?"

-"Un viaggiatore perduto"- respondió el joven a su interlocutor, un hombre poco mayor que él por unos años y de pelo negro semi-ondulado. Su acento lo delataba como un hombre de la región del Veneto- ¿Desde hace cuanto tiempo están aquí?

-Cuatro días, ragazzo. Espero que la siguiente vez no te demores tanto por ser un alma caritativa, no nos pagan por eso.- respondió el otro italiano, de cabellos largos, nariz aguileña y edad avanzada, probablemente cincuenta años. Sujetaba sobre su mano una copa de vino.

-Lo entiendo, Signore Settignano. No volverá a ocurrir.

-Espero que así sea, Cavallaro. Bueno, mejor darnos prisa: no podemos dejar esperando a nuestros anfitriones.- el sujeto se toma el vino de un trago y le entrega un bulto al joven.- Ponte esto en el baño, Girolamo y yo te esperamos aquí.- Gian no tardó nada en cambiar su ropa de viajero, por una muchísimo más formal .- Eso fue rápido. Vamos, Girolamo.

-De acuerdo.- respondió el otro, parándose de su silla.- Hey, Gian ¿Te parece si conduzco?

-He conducido desde hace semanas, creo que me vendría bien algo de descanso. Gracias, Faliero.

-Oye, no seas tan formal.- le dice el mayor de los tres, mientras le pone una mano en el hombro, en señal de amistad.- Relájate un poco, chico.

-Como digas... Vicenzo.- respondió Gian, tragándose el apellido del hombre. Los tres italianos suben al carro y Girolamo enciende el coche, el cual avanza por las calles de la capital de Brandenburg. Gian habla con sus colegas sobre su viaje, pero trata de no profundiza mucho en su acompañante, sino en las cosas que vivió junto a él.

-Jajajajaja parece que te encontraste a un buen compañero de parrandas ¿eh?

-Jeje sí, una pena que el carácter secreto de nuestra misión no me permitiera decirle mi verdadero apellido. El sujeto tiene potencial con las mujeres, aunque no es tan malicioso como para aprovecharlo.

-Entonces aprovéchalo tu, mi estimado amigo.- le dice el conductor mientras gira hacía una zona residencial de la ciudad.

-Guau, mira nada más todas esas casas.- decía el asombrado joven siciliano.- ¿Quién se supone que es nuestro anfitrión? ¿Un ministro?

-Jajaja... no, no creo que lo sea. Pero creo que es algo mucho mejor.

-¿Que puede ser mejor que un ministro?

-Un noble.- Dice Vicenzo, sin ningún tipo de ceremonia, cosa que hace que Girolamo pegue un frenazo que casi hace que sus acompañantes salgan volando hacía el parabrisas.- ¡Girolamo! ¿¡Acaso te has vuelto loco!?

-¿Dijiste un noble? ¿Qué clase de noble se atrevería a ir contra el gobierno?

-Alguien con cojones. Si no me equivoco creo que se llama Karl Friedrich Freiherr von Eberstein.

-¿Von Eberstein, eh? Su reunión será en su casa, supongo.

-En una de ellas.- vuelve a decir el hombre mayor, quien desenfunda su pistola cuando ve que Girolamo va a volver a hacer la broma del frenazo.- Inténtalo, será lo último que hagas.

-Ok, ok, no lo haré.- avanzan uno metros más y Vicenzo da la orden para detenerse.

-Aquí es, muchachos.- el portal de la casa estaba guardado por dos sujetos vestidos con camisas y pantalones pardos, pero la marca distintiva de esta ya de por si extraña vestimenta era la banda roja que llevaban cocida al brazo: allí, se podía notar un circulo blanco y, dentro de este, la esvástica inclinada, símbolo del partido nacionalsocialista alemán (NSDAP). Uno de ellos, el más alto de los dos, dejó su lugar al lado de la entrad para ponerse en el medio de esta.

-"Halt! Irhe identifikationen?- Vicenzo saca su pasaporte y sus acompañantes hacen lo mismo.- Ist gut. Kommt mit mir.- el joven avanza y los italianos lo siguen.

-Vicenzo ¿Sabes que fue Hindenburg y no Hitler el que ganó las elecciones, cierto?- le pregunta Gian a sus superior en italiano.

-Lo sé, pero von Hindenburg está viejo y cuando la edad se encargue de él, solo Hitler quedará como el candidato fuerte para ser cabeza del Estado. Además, la ideología del Duce es más acorde a la de herr Hitler.

-¿Y nuestro anfitrión está financiándolo?

-No: el dueño de la casa es el que lo está haciendo. Nuestro anfitrión esta tarde es un oficial de la más alta estima de Heinrich Himler, uno de los grandes del NSDAP.- le responde a la vez que van entrando a la casa, donde se encuentran aproximadamente una treintena de personas, algunas del partido nazi y otras de distintos rasgos culturales.

-Españoles, ingleses, checos... espera, los de ahí ¿No son chinos?- pregunta Girolamo

-No, son japoneses sino me equivoco.- responde Vicenzo mientras mira al grupo de tres hombres asiáticos y una joven mujer de sedosos cabellos negros. Gian también los miró, pero solo por un momento, pues su mirada se volvió hacía la persona más notable de la sala.

-Espero no equivocarme, pero debe ser él.- Vicenzo volteó y sonrió ante la percepción del muchacho: aquel hombre de peinado impecable, ojos azules y elegantemente vestido era Reinhard Heydrich.- No sé porqué, pero emana una clase de aura que emite respeto... y miedo.

-¡Ja! No seas cobarde, niño. O por lo menos no lo demuestres que aquí viene.- efectivamente, Heydrich se dirigía hacia ellos, haciendo palidecer al joven Gian e incluso a Girolamo. Vicenzo se mantuvo sereno y mantuvo la mirada al alemán, aunque de vez en cuando sintió ganas de bajarla.

-Supongo que ustedes deben ser los representantes del Reino de Italia.- dijo el alemán, a la vez que extendía la mano, ofreciéndosela a Vicenzo.-Soy el Director de la Ic-Dienst, Reinhard Tristan Heydrich.

-Vicenzo Ruggiero Settignano Malatesta, líder de la misión.- dice al momento de estrechar su mano y pasar a presentar a sus acompañantes.- Estos son mis acompañantes, Girolamo Ercole Faliero Jelinek, hombre de ascendencia austriaca como usted puede apreciar, y Gian Alvise Cavallaro Napolitani, un joven y talentoso muchacho del sur de nuestro país, anteriormente conocida como Reino de las Dos Sicilias.- dice esto, demostrando el verdadero apellido de su subordinado.

-Es un gusto conocerlos, caballeros. Me sorprende la juventud de sus acompañantes, Herr Settignano.

-Oh, Girolamo ya está cerca de los treinta. El más joven de esta misión es nuestro Gian Alvise.- dijo Vicenzo haciendo avanzar al joven siciliano para que saludara al Heydrich, cosa que hizo dándole la mano.

-Un joven prodigio, como bien a dicho su superior ¿cierto?

-No hice nada fuera de lo común, signore. Quizás solo me esforcé más que los demás.

-Entonces eso significaría que lo que puedas lograr aquí será para gloria tuya ¿Cierto?- preguntó mirándole inquisitivamente, produciéndole un escalofrío que recorrió todo su cuerpo a una velocidad aterradora. Calmadamente, Gian le devolvió una mirada llena de seguridad y respondió.

-Lo que logré aquí, en tierras alemanas, será para honra de mi familia y reconocimiento de mi persona: la gloria solo es digna para mi tierra.- las últimas palabras las dijo con una leve sonrisa en el rostro, la cual se contagió hacía Heydrich, quien la quebró con una estentórea carcajada que llamó la atención de todos los presentes en la sala.

-Jajajaja... me cae bien, joven Cavallaro ¿Puedo llamarlo Ritter? Creo que es nuestra variante germánica para su apellido.

-Como usted desee.- respondió sin dejar de mostrar esa sonrisa, producto de los nervios que lo poseían. Además, poco le importaba: por el carácter secreto de su misión, tendría que llevar, así como sus compañeros, hasta tres apellidos distintos, memorizados, listos para suplantar su propia identidad. No le importaba tener otro más.

-Genial, herr Ritter. Venga conmigo, quisiera que esté a mi lado para el anuncio que debo ofrecerles a todos ustedes, mis ilustres invitados.- le dijo mientras lo tomaba del hombro y lo alejaba de sus compañeros, quienes solo lo veían con una sonrisa en los labios. Girolamo, una vez Heydrich estuvo lo suficientemente lejos, miro a Vicenzo y le dijo, casi a modo de reproche.

-Es extraño que hayas dejado que el chico se quede con toda la atención de nuestro anfitrión: usualmente a ti te gusta ser el centro de atención de nuestros anfitriones.

-Ciertamente. Considéralo como un favor para él... y, si deseas, como un acto de cobardía de mi parte.

-Créeme, hasta yo me hubiera asustado con la mirada de ese hombre. Prudencia, sería el termino más indicado para tu accionar.- Vicenzo toma una de las copas de champagne ofrecidas por los meseros y, luego de tocar brevemente los labios con la bebida, responde.

-Ojalá yo también pudiera llamarla así.- unos segundos después, el toqueteo de una cucharilla sobre una de las copas llama la atención de todos los espectadores: Heydrich, con Gian a su derecha, estaba a punto de hablarle a todos los presentes.

-Antes que nada, agradecerles, mis queridos amigos, por haberse tomado la molestia de venir hasta aquí, la humilde casa de un servidor que, gentilmente, nos ofreció usarla para esta modesta reunión. Me es de gran agrado contar con la presencia de todos ustedes, especialmente con los representantes de nuestros compatriotas en los Sudetes...- decía señalando a tres jóvenes alemanes, procedentes de Checoslovaquia.-... a la delegación del Ejercito Español, a los enviados del Imperio del Japón...- cuando mencionó esto, volvió alzar la copa, esta vez en dirección de los tres hombres y la joven asiática que los acompañaba.-... y, por supuesto, a nuestros invitados del Reino de Italia, representantes del Duce Mussolini.- Cuando decía esto, daba algunos golpecitos sobre el hombro de Gian, que observaba, algo nervioso, como todos los presentes clavaban sus ojos sobre él. A la única criatura que pudo mantenerle la mirada fue a la joven japonesa de cabellos y ojos negros, vestida con un kimono de seda purpura oscuro y una piel de armiño, regalo de Heydrich a ella, sobre sus hombros: la sorpresa de ella al ver que el italiano aún podía mantener la mirada a alguien en esa sala le hizo tener que bajar la suya cuando sus miradas se cruzaron. Gian siguió revisando las miradas de los presentes durante el segundo que Reinhard Heydrich terminaba de presentar a su delegación.- Se preguntarán el porqué de esta invitación y más aún luego de haber sido derrotados en las elecciones de hace una semana ¿cierto?- algunos asistentes asintieron.- Obviamente no es para celebrar. Ciertamente, ha sido un golpe muy duro para el partido, pero, amigos, seamos realistas: el amado Hindenburg está muy viejo y probablemente no vaya a pasar ni la mitad de su periodo para que nos enteremos de su fallecimiento; nuestro partido, ahora con presencia en el parlamento, tiene voz y voto, y, si sabemos movernos en la arena política, podremos lograr que nuestro Fürher llegue a ser Canciller. Pero claro, ustedes no están aquí para ello ¿no es así? Nuestros hermanos de los sudetes están aquí pues se les prometió una prueba para que crean en nuestra palabra ¿no es así? Así como los caballeros de España, el Japón e Italia fueron atraídos por una promesa que les ayudaría a llevar a cabo con mayor facilidad sus ambiciones sobre su propio país, sobre el Asia Continental y sobre sus antiguas colonias de Etiopía, respectivamente ¿no es cierto?- todos asintieron.- Jajajaja pues bien, debo decirles que no los decepcionaré, mis estimados invitados, pues todo lo que les he prometido reside en un único ser viviente y, si somos pacientes, podremos verlo en algunas horas o, posiblemente, el día siguiente. De momento, quisiera que me sigan al sótano de la casa, para que vean los cuadros detallados de la investigación que hemos hechos sobre nuestro "sujeto de interés."- Reinhard Heydrich empieza a avanzar y todos lo siguen en el camino hacía el sótano de la casa. Una vez allí, los invitados quedan petrificados al ver los dibujos, las anotaciones y las diversas fotos y radiografías que se mostraban en las paredes. Pero lo que más les sorprendió, fue un gran tanque de agua, dentro del cual flotaba una figura humana.

-Kodomo?- murmuró la joven japonesa, sorprendida por el espectáculo.

-¿Que hace un niño en medio del agua?-preguntó, sorprendido, Gian.- ¿Que se supone que es esto?- Heydrich, sonriendo, se voltea hacia los presentes y, con los brazos extendidos y una mirada triunfante, anuncia.

-Esto, señor Ritter, es el futuro del mundo: este, damas y caballeros, es un verdadero Ario.


Bien, eso es todo. Lamento haberme demorado tanto, pero soy un perezoso para volver a escribir de nuevo, TODO lo que ya había escrito una vez. Ah, pero bueno, espero no demorarme demasiado, aunque probablemente lo haga (digo, me disculparan, pero estoy en un país que no es el mío y, si no me invitan a viajar, a una fiesta o lo que sea, me voy a casa de unos parientes que tengo por aquí, por lo que siempre estoy en movimiento y las horas que ando en el ordenador son para trabajos de la Universidad o hacer estos proyectos), por lo que es posible que me vea sumergido en otro largo y desesperante hiatus. Ok, una vez más, lamento la demora y espero que, aunque corto, les haya gustado el capitulo.

En el orden en que aparecieron:

Girolamo Ercole Faliero Jelinek= Vercio

Vicenzo Ruggiero Setignano Malatesta= Majihal

Próximo Capitulo: Die Nonne und der Reisende