¡Hola! ¿Me extrañaron? Pues la verdad que yo no extrañaría a alguien que me deja esperando casi un año para renovar un capitulo jajaja… ja… ¡PERDÓN! T_T Han habido hartas cosas que me han estado manteniendo ocupado: ya acabo la carrera este año, prácticas, trabajos y un proyecto que me absorbe como un huracán repleto de buenas ideas que no dejan de fluir y plasmo en Word y dibujos siempre que puedo. En fin, supongo que nada es excusa, solo me queda pedirle las disculpas del caso y darles este capítulo, que espero sea de su agrado y disfrute.


Disclaimer: Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa


Cap 4: Spy Games

-¿Sucede algo?- preguntó la monja.- Si no supiera de caras, creo que usted me está confundiendo con alguien más.

-No, no es nada, madre.

-Ya veo. Para tal caso, espero que sepa entender mis razones para mantener oculta aquí a Margaret. Espero no sean de mucha molestia para usted.- Alphonse no dijo nada. Simplemente dio media vuelta y se dirigió hacia la entrada.- Enserio ¿No le sucede nada?

-Creo que tengo una recaída. Iré a mi habitación.

-Enviaré a una de las chicas a cuidarle. Solo espere en su habitación.- la mujer se para guiarlo, pero Alphonse la detiene con un gesto de la mano.

-Sé el camino de vuelta. Gracias.

Efectivamente, Alphonse continuó hasta su habitación y cerró la puerta. Algo dentro de él había florecido al ver el rostro de su madre en la cabeza de esa incisiva monja. Sí eso era: las jóvenes novicias, Maes y Glacier Hughes… parecía como si TODOS estuvieran apareciéndosele en frente suyo, como si de una macabra broma se tratase ¿Qué pasaba con este mundo? ¿Qué tenía en contra suya? Empezaba a creer, nuevamente, que fue una mala idea seguir a su hermano a ese nuevo mundo por el que ahora parecía sentir odio. Se paró frente al escritorio que tenía, mientras miraba hacia el jardín, donde algunas monjas seguían comiendo y otras paseaban antes de volver a la jornada. Su mirada, de repente, se nubló por el torrente cálido que salía de sus ojos junto con un dolor reprimido en lo más profundo de su alma. Alphonse no lo soportó más. Alzó los brazos, cerró los puños y los dejó caer con una fuerza indescriptible sobre el escritorio de cedro, que tembló ante la fuerza del joven. Su grito de frustración no se escuchó mucho por la gruesa puerta de su habitación ni mucho menos su silencioso llanto, el cual continuó hasta que cayó dormido.


Ok, hora de hacer un paréntesis. Hola, aquí el autor. Lamento tirarme el 3er muro así de repente, pero dado que usaré un recurso que hasta ahora no había usado me pareció plausible. Pues bien, ya pueden notar que esta escena es de un día posterior al de la mayoría de escenas del capítulo pasado. Así que, si me disculpan, retrocederemos un día para ver las cosas que se desarrollaron alrededor de la abducción de los dos jóvenes.


El día anterior, a pocos minutos de que Aoki Tsugumi y Jean Alvise Cavallaro fueran llevados a Dios sabe dónde.

A algunos metros de distancia de la casa donde se había armado un gran tumulto y donde un camión repleto de hombres vestidos en Hugo Boss negro se había detenido, dejando a los soldados bajar para buscar a algo… o a alguien. Por lo menos esa era la impresión que tenía el joven agente del OGPU, Konstantin Ivanovich, quien esperaba sentado en el Volkswagen de alquiler que estaba a nombre del hombre mayor al que le debía su vida, Sergei Vesarevich.

-Parece que se ha armado una grande ¿no lo crees?

-Te dije que era mejor no haber entrado ¿Con esto aprenderás que lo mejor es no dudar de mi experiencia, muchacho?

-No volverá a ocurrir, maestro. Lo tendré muy presente.- le respondió el joven, antiguo miembro de la desaparecida y exiliada nobleza rusa, que pudo haber sido muerto en el incidente de Ipatiev de no ser por ese mismo sujeto al que llamaba maestro. Tras algunos minutos de espera, más movimiento empieza registrarse.- ¿Qué estamos esperando ahora?

-Que se lleven a lo que sea o quienes sea que hayan causado tanto alboroto… ah, y que Izyaslava se encargué del isleño.

A poca distancia de ellos, un hombre vigilaba el vehículo: vestía un saco pardo, pantalones marrones claro y una bufanda a modo de corbata. Sobre todo el conjunto iba un sobretodo caqui y un sombrero.

-Pensar que tendría que vestirme de forma tan poco elegante para esta clase de misiones. Aun así, me intriga saber cuál es el motivo para que estos Nazis hicieran llegar a los bolcheviques con tanto retraso. – pensaba para sí mismo, mientras tomaba su café sin azúcar. Su cara de disgusto tras pasar el último sorbo denotaba cuanto extrañaba beber una buena taza de Earl Gray.- Dios ¿Cuánto tiempo planean estar allí?

-Lo suficiente hasta que yo pueda encargarme de usted, Mr. Barlow.- le responde una voz femenina, la cual le pone una Tokarev en la nuca.- Nunca pude acercarme a usted lo suficiente en todo nuestro viaje desde Rusia hasta Polonia, pero veo que por fin podemos socializar un poco.

-Veo que me ha estado observando mucho tiempo, my lady ¿Qué tengo de especial?

-Información relevante, nada más. Honestamente, no me gustan tan mayores, así que no se haga ningún tipo de ilusiones. Además, si debo agregar, mejor estaba el otro.- Geoffrey escucha este comentario con particular interés.

-¿Oh? ¿Acaso conoció algún joven amante de sangre inglesa?

-Eso no le incumbe. Ahora bien ¿Qué hace el gobierno inglés espiando acciones de espías rusos en tierras alemanas? ¿No le bastó con seguirnos todo el trayecto desde San Petersburgo?

-Oh ¿Se dio cuenta? ¿Tan evidente parezco?

-No se lo tome a mal, solo fueron corazonadas. Pero, hey, funcionaron ¿No?

-Cierto, señorita. Y creo que se merece un reconocimiento.- dijo el hombre mientras la Derringer se deslizaba hacia su mano por su manga y ponía rápidamente sus dedos sobre el percutor y el gatillo. Acto seguido, estiró el brazo hacia atrás y disparó hacia la chica sin mirarla. Una vez sintió que el cañón de la pistola rusa se separaba de su nuca, salió corriendo como alma que lleva el diablo, pero no pudo evitar sentir como un dolor agudo le había perforado el hombro: la chica había disparado al hombre antes de caer al suelo, con una pequeña pero jodidamente dolorosa bala clavada en entre el hombro y el cuello.- Maldición…- murmuró el hombre y lo volvería a repetir cuando viera a ambos rusos, alertados por el disparo, corriendo en su dirección, para socorrer a su compañera. El hombre corrió, mientras las balas de las pistolas bolcheviques volaban alrededor suyo y las maldiciones en ruso por parte de Konstantin le caían de lleno a sus tímpanos.- Alabado sea Dios por las armas de pésima facturación rusa.

-¡Que se pudran nuestros líderes por estas armas de pésima facturación!- gritaba Sergei.- Konstya ¿Cómo está Izya?

-Estoy bien… es solo una pequeña bala que me ha golpeado cerca del hombro.- la chica intentó levantarse, pero Konstantin la detuvo de su intento y la tomó en brazos.

-De todas formas debes ser tratada. Volvamos al hotel y tratemos esa herida.

-Espera un momento ¿Qué pasa con la misión?

-Primero es tu salud, Izya. Además, Sergei puede encargarse de vigilarlos solo.- en ese preciso instante, se escucha una explosión proveniente del lugar que estaban vigilando.

-Demonios, creo que nos acabamos de perder algo grande. Llévate a Izya al hotel y trátala como puedas. Si recurrimos a un hospital, estamos perdidos.

El joven hizo lo que le ordenó su superior, tomó el carro y salió disparado al hotel en las afueras de Berlín. La casera se mostró preocupada por la muchacha herida, pero Konstantin le calmó y le pidió que le trajera un poco de agua caliente, una toalla, alcohol, tijeras, un cuchillo, vendajes y…

-un par de cuerdas.

-¿Cuerdas? Espera ¿Para qué quieres cuerdas?- el joven no respondió, más bien le dijo…

-Bien, Izya, hora de quitarse la ropa.

-¿Qué? ¿Así, tan de repente y sin besitos?- como respuesta, el chico separó la blusa de la joven, haciendo saltar los botones de su lugar.- ¡Hey!

-Veo que la bala no mató tu sentido del humor. Eso es bueno.

Una vez la casera hubo traído los materiales, Konstya limpió la herida, desinfectó la tijera y el cuchillo y pidió a la mujer que atara ambos brazos de la chica a la cama, quedando su pecho totalmente expuesto. Hecho esto, le pidió a la mujer que sostuviera las piernas de su compañera.

-Eh… ¿Konstya? ¿Qué vas a…?- Konstantin la amordazó con la toalla y se sentó sobre su abdomen sosteniendo ambas herramientas.

-Si te duele, muerde la toalla.- el Ivanovich empezó a mover el cuchillo y las tijeras dentro de la herida, haciendo que la chica se retorciera de dolor, jalando sus brazos paralizados por las cuerdas y moviendo las piernas como lombrices, haciendo combatir a la casera que evitaba que propinara alguna peligrosa patada. Tras un esfuerzo de casi quince minutos, Konstantin logró extraer la pequeña bala de Derringer. Izyaslava, jadeante por el cansancio y el dolor, solo pudo decir.

-Que cruel eres…- él la miró: sentada sobre su propio abrigo, el cual pusieron debajo para evitar manchar la ropa de cama con sangre, sudorosa y vestida únicamente con su falda y su brassier.-…hacerle esto a tu compañera. Me las vas a pagar.- decía con fingido enojo mientras se cruzaba sobre su pecho para cubrir la herida recién curada. Era linda, como buena parte de las mujeres de su país, y mentiría si dijera que no le atraía de no ser por el hecho que le educaron haciéndole creer que todo lo que llegaba a amar moría. Según Sergei, esa era una maldición digna para alguien nacido en cuna dorada, sino ¿Por qué otra razón sus padres, hermanos, tíos y primos estaban muertos y él seguía con vida? Sus pensamientos se desvanecieron una vez se abrió la puerta de la habitación: era Sergei.- Oh, jefe ¿Qué novedades?

-Parece que algo grande se les escapó… o alguien grande.- Konstantin parece no captar lo que acaba de decir su maestro.

-No te entiendo. Explícate mejor.

-Tras las explosiones pude ver como alguien aparecía entre el humo y el fuego que se había desencadenado. Vestía únicamente unos pantalones y por su apariencia no parecía alguien común y corriente.

-¿Será ese proyecto de súper-humano del que nos han estado hablando nuestros superiores y que el otro inglés soltó la vez pasada?- pregunta ahora Izya.

-Quizás sea lo más probable.

-¿Y a donde fue, por cierto?- volvió a preguntar la mujer.

-No tengo idea.

-Entonces ¿Se acabó nuestra misión aquí?- pregunta la chica nuevamente.

-Para nada, es más, se ha puesto mejor. Si podemos atrapar a ese monstruo para la Madre Patria, los altos mandos estarán contentos y satisfechos con nosotros. Imaginen, niños, las posibilidades que nos aguardan: podríamos ser ascendidos, nombrados Héroes de la Patria, incluso tendríamos el honor de ser felicitados por el Camarada Stalin.

-Pudo con toda una guarnición de Nazis en Pomerania ¿Qué te hace pensar que nosotros tres podremos atraparlo?- alega Konstantin.

-Usaremos el factor sorpresa y un potente sedante. Esa cosa no se quedara quieta, atacará algo o a alguien de nuevo, y cuando ese momento llegue…- el muchacho termina la frase.

-Golpearemos con fuerza sobre su cuello.

-Es un buen plan. Ojala funcione o terminaremos todos muertos.- termina de decir la chica.

-Para evitar eso no hay que tomar nada a la ligera. Esta noche descansaremos y mañana por la mañana nos dirigiremos al norte. Probablemente se dirija hacia allá.

-¿Cómo sabes eso?

-Una vez estuvo fuera de la casa, miró al cielo un buen rato.- Konstantin miró con expresión de asombro a Sergei y se atrevió a tantear una posibilidad.

-Espera eso quiere decir que…

-Esa cosa sabe leer las estrellas y, aparentemente, sin que nadie se lo enseñara.


Mientras tanto, a las afueras de la casa…

Girolamo había desaparecido por completo de la escena y Vicenzo empezaba a preocuparse. Temía que sus peores temores se hubiesen cumplido en una sola noche. Lo peor de todo fue encontrar, a su regreso, que todo había empeorado: al volver encontró a algunos miembros de las SA hablando con dos consternados japoneses, mientras, algunos metros más allá, Heydrich se encontraba revisando la escena del desastre.

-Heydrich ¿Cómo es que esto ha pasado? ¿Qué ha pasado con Gian?

-El señor Cavallaro fue enviado a la comisaría para las investigaciones de rigor. Descuide, le hemos dicho a él y a la señorita Aoki que simplemente dijeran que fue una fuga de gas y que, al ser el comisario miembro del partido entendería que se trata de un motivo mucho más complejo. Serán puestos en libertad en algunas horas.

-Al parecer los japoneses no se lo toman muy bien.

-Claro que no, el honor del clan podría verse perjudicado, por eso preferirían arreglar algo antes que se hiciera público. Tratamos de decirles que sus suposiciones son infundadas pero no hacen caso.

-Ya veo. Oiga ¿ha visto a Girolamo?

-Cuando entrabamos uno de mis hombres pudo distinguir a alguien escabulléndose por los arbustos, a lo mejor era él huyendo de las explosiones ¿Por qué pregunta?

-Porque me temo que él filtraba información a alguien más.- Heydrich miró al hombre con asombro, a la vez que insultaba internamente la incredulidad de los italianos. Una voz ronca, casi gutural, salió de su garganta al momento de preguntar.

-¿Cómo dice?

-Él tenía más contactos con los austriacos de lo que habíamos pensado. Su madre era hija de una persona importante en su pueblo natal, pero parece que en el tiempo que iba a este pueblo se hizo de un círculo de corte nacionalista en Austria, algunos de los cuales tienen por objetivo lograr restaurar la gloria del Imperio Austriaco, anexionando el territorio de Venecia. Aún así, no se trata de un grupo que este en el poder, pero creo que quieren consolidar su posición en Italia para evitar sus conflictos secesionistas.- Heydrich escucha esto atentamente y decide zanjar el asunto.

-Las raíces, si no se olvidan, se vuelven más fuertes. Al parecer alguien contacto al chico con las altas esferas del poder en Austria o este mismo se contactó con ellos. Bueno, lo que supongo que me quiere pedir es…

-Quiero que si alguno de sus hombres lo ve lo detenga: ponga a alguien en las casas de telégrafo o lugares donde puedan hacerse llamadas a larga distancia.

-Pondremos en todas, para evitar que pueda contactar con algún secuaz. Descuide, daré aviso a todos los militantes residentes en Berlín.

-Gracias por la ayuda.

-¿A dónde va, por cierto?

-Yo permití que esto se desencadenara: es mi turno de darle una solución, por más radical que sea.

Heydrich lo vio alejarse mientras recordaba parte de la plática. Sabía que Austria tenía problemas con ciertas provincias que querían unirse a Alemania. Si hacía que esta noticia llegara a los austriacos de boca de los alemanes y no como una amenaza, sino como una oferta de mayor poder y seguridad, estaba seguro que más grupos estarían a favor de una futura anexión con Alemania.

-Es simplemente perfecto. Quizás estos italianos no son tan inútiles después de todo.- rápidamente se sube a su Mercedes Benz en dirección a su casa, donde hace un par de llamadas a dos oficiales de la Dienst en München, a los que da instrucciones para ir a Salzburg.

La camioneta de la SA ya llevaba a los prisioneros a las afueras de Berlín, en dirección a los bosques cercanos de los pueblos de Stechlin, donde deberían ser ejecutados los dos únicos prisioneros que llevaban. Gian miraba sus manos esposadas y el piso del vehículo mientras pensaba en el inminente final que le esperaba. Podía imaginarse su cuerpo inerte siendo presa de los osos del bosque… definitivamente un final lamentable para alguien que soñaba con ser Ministro de Relaciones Exteriores, pudrirse en plata y pasar su vejez en el pueblo siciliano donde nació, quizá en compañía de la abatida jovencita que estaba a su lado y que también se pudría de miedo. Había estado recitando una y otra vez palabras en su idioma natal, pero no entendía que demonios quería decir con ello. Finalmente, se atrevió a preguntarle en italiano, para que los nazis no se enteraran.

-¿Qué estás diciendo? ¿Tus oraciones?

-Tú también deberías.- le responde ella, algo ofendida. El joven pasa saliva y vuelve a mirar al suelo.- Un Jisei no ku, un haiku que se compone en los últimos momentos de tu vida.- termina de responderle ella.

-Ah, poesía ¿De qué trata?

-No me convence aún. Busco combinar las sensaciones que los últimos acontecimientos me han producido.

-¿Algunas palabras que uses? A lo mejor puedo ayudarte.- Tras pensarlo, la chica le dijo.

-Descubrimientos. Pinos. Camino. Amor. Nostalgia. Adiós.- Gian se sonrojó al escuchar la cuarta palabra y sintió un nudo en la garganta, el cual desató para poder hablar.

-Cambiaría "Nostalgia" por "Lejos del hogar". Creo…- ella lo piensa un poco y continúa murmurando para sí. Gian vuelve a mirar al suelo y luego alza la mirada para ver a los dos guardias, quienes conversan en alemán. Trata de hablar con ellos.- ¿En serio tienen que hacernos esto? Somos representantes de nuestras naciones ¿Saben?

-Me temo que no hay de otra, mein freund. Ordenes son ordenes. Además, por su curiosidad o estupidez varios de nuestros compañeros murieron enfrentándose a esa cosa.

-Pero nosotros no hicimos nada. Si entramos allí fue porque había ruidos en aquel lugar y nos llamó la atención, eso fue todo. Somos simplemente dos personas equivocadas en el lugar equivocado.

-Así parece. De todas formas, es algo que nunca debieron presenciar, digo, no queremos que de la nada los líderes de nuestros aliados se enteraran que no dominamos por completo a nuestra arma secreta.- el joven miembro de la Schutzstaffel le ofrece un cigarrillo al italiano.- Toma, cálmate, verás que acabará pronto. Prometemos que será indoloro.-él mira a ambos, son muchachos que, si no tienen uno o dos años más que él, son de su misma edad. Viendo que no puede negociar por él, toma el cigarro y le entrega un bello reloj de oro al mismo que le ofreció.- ¿Para qué es esto?

-Por lo menos perdónenla a ella. No tienen nada que temerle, es solo una joven que quiere volver a su hogar.- le dice al oído.- ¿Puedo confiar en que la ocultarás y le facilitarás el camino a su hogar?- el joven parece dudar.- Si no te convence esto, en mis cosas hay algo más de dinero, unos 5000 marcos alemanes. Son tuyos, solo diles a mis compañeros que te envié por ellos.- el joven, viendo la desesperada súplica del muchacho, toma el reloj y le dice.

-Descuida, estará en buenas manos.

-Gracias.

Pasan algunos minutos y de repente el carro se detiene. El oficial a cargo ordena.

-Todos afuera.- los dos militantes sacan a los jóvenes y los llevan frente al comandante, quien los ilumina con una linterna.- Saben cuáles son las órdenes: acaben con ellos y coloquen los cuerpos en lugares distintos ¿De acuerdo?

-Jawohl!- responden los jóvenes, que empiezan a caminar por el oscuro bosque, mientras que el oficial se queda en la camioneta para fumarse un cigarrillo y hablar con su compañero. Finalmente, tras caminar un poco, ambos deciden que aquel es el mejor lugar. Estaban cerca de un lago, lugar donde podrían deshacerse de, al menos, uno de los dos cuerpos.

-¡DE RODILLAS!- ordena el otro. Ambos hacen caso. Ella entonces le dice en italiano.

-Creo que está algo decente ¿Quieres escucharlo?- él asiente y ella dice…

Encontré el amor

En el camino al adiós

Dormiré en los bosques

Lejos de mi hogar.

(N/A: no tengo ni la más mínima idea de cómo sonará en japonés- a lo peor suena terrible-, ni si estará bien hecho el haiku, pero en español me pareció bonito LOL)

El chico entonces se rió un poco y le sonrió.

-Quedó hermoso. Pero creo que tendrás que guardártelo para después.

-¿Por qué lo dices?- ella entonces puede notar que esa sonrisa suya no es precisamente de regocijo.- No… espera, no habrás…- entonces el joven sobornado la hace pararse.- ¿Qué sucede?

-Tu ejecución será en otro lado. Vamos.

-¡No! ¡Espera! ¡Gian!

-Sayonara, hime-sama. Daisuki desu.- le dice con una expresión que combina tristeza y felicidad. Finalmente, cuando ella se ha ido y él siente el frío de la Lugher en la nuca sabe que es su hora. Alza la mirada y pronuncia sus últimas palabras.- Il signore e il mio pastore, non manco di nulla…- tras estas palabras resonó en el bosque un disparo. Luego le siguió otro… y otros diez más… el sonido del gorgoteo de la sangre y, finalmente, silencio. Un silencio lúgubre que fue interrumpido por el ruido de la combustión de la gasolina al momento en que la camioneta se encendía y empezaba a avanzar.

Cerca de ese lugar se encontraban también Siegfried y sus dos prisioneros, Éadaoin y Fearghus. Habían estado siguiendo a los Nazis desde una distancia considerablemente segura… razón por la cual los perdieron de vista. El sonido de la refriega ayudo a que pudieran localizarlos… o por lo menos lo que quedaba de ellos.

-Uh, creo que llegamos algo tarde.- dijo Siegfried al enfocar la linterna al suelo, donde habían puros restos humanos desperdigados, todos tajados con increíble finura. Fearghus se acercó a los cadáveres.

-Los cadáveres corresponden a dos militantes del partido nazi. Ambos fueron muertos por armas punzo cortantes y de uno solo o tres tajos en zonas vitales.

-¿Dices que hay más de un arma homicida?- pregunta el alemán.

-En efecto. Me atrevería a decir que fueron arrojadas, aunque, a juzgar por los miembros amputados, el asesino tenía una fuerza monstruosa.- el escocés empieza a recorrer la zona.- Parece que los emboscó.

-¡Fearghus!- llama la irlandesa. El joven obedece y va donde se encuentra ella.- Hay dos muertos más.- dice señalando los cadáveres de dos jóvenes alemanes, que aún tienen incrustadas las largas cuchillas de metal en la cara.- Creo que fueron sorprendidos cuando iban a ayudar a los otros.

-Así parece.- el joven mira algo en la mano de uno de ellos: un reloj de oro.- Herr Schneider ¿Este reloj es alemán?

-Déjame ver.- Schneider la examina un poco y un momento después la devuelve al joven.- No, la manufacturación de este reloj no es tan buena como la de los alemanes. Este tiende a retrasarse 5 minutos. Sin embargo, el acabado artístico es magnífico. Como era de esperarse de un reloj italiano.

-¿Cómo sabe de donde es?

-Lleva el nombre del fabricante o el dueño en la cara interior del mismo.

-Oh, cierto. No me di cuenta.

-Y eso nos deja con una interrogante ¿Qué estaban haciendo esos dos, uno de ellos con un reloj que evidentemente no es suyo, más apartados de sus oficiales?- los tres se quedan en silencio hasta que escuchan un ruido. Siegfried saca su pistola y la apunta una maleza. Su advertencia es en alemán.- Polizei! ¡Salgan de allí, quienes quieran que sean!- las palabras en alemán resonaron en el frío bosque, sin recibir respuesta alguna.- ¡SALGAN O DISPARO!- volvió a repetir el alemán, algo ofuscado.

-Siegfried, cálmese. Creo que los asusta.

-Entonces ¿Cómo los sacamos?- tras pensarla un poco, el joven comienza a decir una misma frase en distintos idiomas.

-¡Somos de la policía! ¡Salgan, no les haremos nada!- ante las palabras en alemán, inglés y francés parecieron no responder bien, pero apenas escucharon el mensaje en italiano, una sombra se asomó por detrás de un árbol. Cuando enfocaron al lugar, allí estaba Aoki Tsugumi, temblando como un conejo que acababa de librarse de una jauría de lobos.

-Ayuda… por favor, ayúdenme.


Ludwigsfelde, Brandenburg, un par de días después,

Roy Hugerford fumaba en la tranquilidad del día, antes de tomar el desayuno junto a sus compañeros y moverse algunos kilómetros al norte, a Berlín, donde se encontrarían con su informante. El pequeño pueblo de Ludwigsfelde no quedaba tan lejos de la capital del Reich y era un buen lugar para que ese variopinto grupo de investigadores pase desapercibido. Iba por la mitad de su cigarrillo cuando baja uno de sus colegas… la que menos quería ver.

-Buenos días, Sr. Hungerford.

-Llámeme Roy, Srta. Angarad. Buenos días ¿Cómo pasó la noche?

-Entonces usted llámeme Elizabeth. Cómoda, gracias por preguntar. Definitivamente es mucho mejor que las literas del tren.

-No tiene ni que decirlo.- le responde el hombre, soltando una cortina de humo de la boca. Ella mira esto y habla.

-Sabe, hay quienes creen que el tabaco en exceso es dañino para la salud.

-¿De veras? ¿Hay estudios que respalden tal afirmación?

-Ninguna que yo sepa. Aunque hay afirmaciones muy populares: el Rey Jacobo I creía que era nocivo para los pulmones y adictivo.

-No me afecta: Soy norteamericano, debería recordar que los Reyes de Inglaterra o cualquier otra nación nos valen un carajo.

-En un plano más personal, mi abuelo, quien luchó en las Guerras del Opio, se hizo adicto al cigarrillo para no caer en la adicción al opio.

-Cayó en una adicción para no caer en otra ¿Y cómo le fue?

-Murió a los 60 años en 1880, cuando mi tío volvió de la Guerra Anglo-Zulú. Su estado era deplorable: tosía constantemente, apestaba a tabaco y sus dientes habían tomado un color raro. Empeoró cuando creyó que su primer hijo había muerto en la guerra, a manos de los africanos ¿Sabe cuál es la tradición de los Zulús al momento de la muerte?- Roy pareció no hacer caso a esta pregunta.

-Al parecer su familia ha seguido una fuerte tradición militar.- ella le siguió la corriente.

-Sí. Yo no la seguí, por obvias razones. Para nuestras familias, una mujer debe quedarse en casa, educarse como es debido y ser una buena esposa. Es una práctica que lentamente parece pasar de moda, habiendo ahora tantas escritoras, filosofas y mujeres tan reconocidas en el plano intelectual.

-Ha habido mujeres de acción en este último ciclo. Amelia Earhart, la aviadora de mi país.

-¿La que cruzó el Atlántico? Sí, por supuesto. Dicen que planea dar la vuelta al mundo.

-Y ten la seguridad que lo logrará.

-Un poco más atrás tenemos a Florence Nightingale.

-Perdone mi ignorancia, pero no sé a qué se dedica.

-Fue una enfermera e intelectual de mi país, aunque nació en lo que en ese entonces era el Gran Ducado de Toscana. Al día de hoy, muchas enfermeras toman sus enseñanzas como si de la palabra de Dios se tratase.

-Ya veo. Aún así, no veo como pueda entrar en el campo de la acción.

-Fue enfermera en la Guerra de Crimea.

-Ah, ya veo. Y por otro lado, la tenemos a usted. Joven mujer, miembro del MI6, investigando una posible conspiración de un partido de gobierno extranjero.

-Que va, solo hago mi trabajo.

-Igual que ellas y yo.- él sigue fumando hasta que se acaba el cigarrillo, depositando sus restos en un cenicero cercano.- ¿Sabes que hay para el día de hoy?

-Entiendo que me parezco a tu ex ¿Ahora también parezco tu secretaria?

-No se moleste, es solo que no lo tengo muy claro. Veremos a este tal Siegfried Schneider de la Abwehr ¿Cierto?

-Y si ya lo sabes ¿Qué sentido tiene preguntar?

-¿Cómo podemos confiar tan fácilmente en él?

-Él nos contactó: no creo que si fuera un espía nos trate de citar abiertamente ¿o sí?

-Es un razonamiento simple, pero contundente. Supongo que tienes razón.

-¿Lo ve? Podemos entendernos perfectamente ¿Qué le hizo creer que mi parecido con su ex novia haría que no pudiésemos trabajar bien?- ante esa pregunta, Roy rió de una forma bastante peculiar, casi sin verdadera gracia.

-Oh, my darling, eso no es lo que me preocupa. Ambos éramos un par de zorros por lo que, al igual que usted, ella es muy lista.- dice él dando media vuelta, planeando dirigirse al comedor.

-¿Tan lista como para clavarte un puñal y dejarlo solo ante la jauría de perros?- él se detiene en seco y, lentamente, voltea a mirarla. Aunque sus ojos siguen reflejando calma, la intensidad de su mirada era fulminante. Ella no se inmutó ante ello, es más, de hecho le parecía entretenido.-Veo que pise una mina ¿cierto?- dice ella con una sonrisa, mezcla de burla y satisfacción en su rostro. Él se acerca, conteniendo la rabia que generaba su destrozado ego e iba a decir algo cuando hizo su aparición Jhon O'Bryan.

-Buenos días. Roy, Srta. Angharad ¿Desayunan?- Roy voltea, con una expresión más tranquila en su mirar.

-Buenas, Jhon. Por supuesto, estaba por proponerle eso mismo a Elizabeth.

-Magnifico ¿Qué van a ordenar?- Roy mira al techo por un momento y luego a la mujer, a sus bien formadas piernas para ser más exactos.

-Mmmm… Algunas lonjas de un buen jamón ahumado- dice mientras saca un cigarrillo y lo pone en su boca. A la chica parece hacerle gracia la elección del hombre.- Si es que hay, por supuesto.

-No creo que les falte ¿Y usted Elizabeth?- ella finge pensar un poco mientras camina para ir hacia la cocina. Finalmente, cuando pasa al lado de Roy, dice de forma contundente mientras mira de reojo a su compañero.

-Frankfurter y huevos revueltos…- Roy estaba a punto de encender el cigarro cuando la chica dice su orden.- y una taza de Earl Gray si es que no fuera mucha molestia.

-No creo que lo sea.- el hombre hace el gesto de cortesía.- Después de usted.- una vez que ella pasó a la cocina, John se le queda mirando a Roy, algo sorprendido.- ¿Pasó algo mientras yo no estaba, womanizer? Parece como si hubieras visto a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis pasar frente a ti.

-No…- respondió secamente mientras soltaba el cigarrillo, el cual había doblado sin darse cuenta una vez que la chica caminó por su lado.- Solo a uno, no a los cuatro.

El desayuno transcurrió con tranquilidad, con los agentes departiendo sobre el caso y su contacto en Alemania. Tras algunos momentos, Honoré recibió una llamada, por lo cual tuvo que retirarse brevemente, dejando atrás a los tres agentes angloparlantes.

-Y bueno ¿Me terminarás de contar?

-¿Qué cosa?

-Que fue lo que exactamente pasó, tú sabes, allí en el Wall Street.

-Ah, eso.- él mira a la chica, quien ya había dado buena cuenta de sus huevos revueltos y ahora solo tomaba su té tranquilamente.- ¿En serio tenemos que hablar de esto aquí?

-Si importuno de alguna forma, entonces yo me retiro.

-Vamos Roy, no sea aguafiestas. Ella ya sabe quién eres.

-¿Se lo contaste?

-Lo averigüe. Me dijeron que traerían un nuevo elemento, así que me pareció bastante intrigante. Me puse a leer algunas noticias y me fije en su historial luego de ser atrapado. Ingenioso, realmente. Además, recordé el caso de Vidocq, por lo que no me pareció tan extraño que algún oficial norteamericano se le diera la idea de usar a un talentoso ladrón como agente. El resto fue corroborar lo que había averiguado con su compañero.- Roy bebe el café, pero no puede evitar sonreír pese a la amargura del trago. A ella le parece ver sinceridad en la mueca.

-Gran deducción ¿Cómo lo convenciste de que hablara? ¿Usaste tus encantos?

-Aún no me he visto en la necesidad, gracias. Son preguntas simples con respuestas de "sí o no", por lo que no necesité mayores detalles. Aún así, estoy intrigada ¿Cómo fue que lo atraparon?

-Ya se hizo una idea ¿Cierto? ¿Qué le cuesta creer que no es verdad?- ella termina su té y lo mira a los ojos. Él reconoce un hambre de curiosidad en esa mirada que consume a su dueña.

-Porque la única verdad de los hechos está en dos personas: usted y quien le ayudo. Lamentablemente, esa persona no está por aquí, así que usted es lo único que nos queda, Roy.- John interrumpe con un gesto de la mano a la chica.

-No sé que se traen entre ustedes, pero te seré franco: ¿sabes que, si es verdad, con esto podrías limpiar tu nombre, Roy?- le dice John.- Hasta podrías rebajarte unos años de condena si es que te quieren volver a meter a prisión una vez acabe de todo esto.- Roy suspira brevemente.

-No soy un soplón, John.

-¿Lealtad a quien le apuñaló por la espalda? Debió quererla mucho.

-La quise como a todas. Es solo que no quiero rebajarme a su nivel.

-Entonces es de los que pone la otra mejilla ¿eh?- le responde ella acabando su té.- Una pena, me esperaba algo más inteligente de usted.- entonces ella se levanta y le susurra al oído.- De todas formas, si tanto le apena decir esto frente a su compañero, me lo puede contar en privado: a diferencia de él, no tengo porque reportarle la verdad a nadie, pues mis asuntos en Estados Unidos son inexistentes.- ella termina de decir esto y se va, dejando a ambos norteamericanos sentados. John tuvo curiosidad por un momento, pero antes que pudiera decir algo, Etenie Jourdain entró al lugar. El regordete rostro del francés expresaba una ligera alegría.

-Caballeros, vengan a la sala, debo contarles algo interesante.


El carro de los agentes empezó a moverse a la máxima velocidad permitida. Los agentes habían tomado un cambio de planes: ahora se dirigían al sureste, a la ciudad de Postdam, a donde se había movido su contacto.

-¿Qué clases de "razones fortuitas", como usted dijo, ha podido tener Schneider para semejante cambio de planes?- preguntó John

-Pues, no lo sé. Me dijo que había encontrado cosas muy interesantes. Además, habló que no podrían recurrir a un hospital de Berlín pues resultaría muy peligroso.

-¿A quién ha secuestrado?- preguntó Roy, extrañado.

-No te preguntaré como lo sabes, pues yo también lo habría supuesto. Pero más que "secuestrado", se podría decir que "encontró".- aclara el francés sin dejar de ver el camino.

Tras unos minutos más de carretera, llegan a la ciudad que antaño era considerada la segunda capital alemana, hasta el fin de la monarquía, y luego de perderse por unos minutos en la ciudad, el grupo de espías termina por encontrar la casa donde se encuentra Siegfried Schneider, quien los recibe en el portal.

-Ya era hora que llegaran ¿Qué los detuvo tanto? ¿El Palacio de Sansoucci? Sé que es muy bonito, pero…

-Que nada, es que los letreros de las calles son un asco en este lugar ¿Cómo pueden ubicarse?- pregunta Etain, algo irritado mientras todos entran a la casa.

-Leyéndolos apropiadamente, por supuesto.- el francés se traga un imbecile que estaba por saltarle de la lengua. El alemán nota la exasperación del hombre y decide zanjar el asunto.- Oh, pero perdone mis modales: Hauptmann von der Abwerh, Siegfried Schneider para servirles.

-Etenie Jourdain, de la Dexieme Bureau. Me acompañan Jhon O'Ryan y Roy Hungerford de la U.S. Army y del MI6, la señorita…- en ese momento una jovencita se lanza a los brazos de Elizabeth, quien cae de bruces, provocando que una sonrisa aparezca en los labios de Roy, quien trata de disimularla con su mirada de asombro. La joven, rubia como la agente y de una contextura atractiva, no podía dejar de lloriquear y decir "Riza" por encontrarse con la mujer, quien se quedó atónita por unos segundos.- ¿Riza?

-¿Aideen?- la muchacha, al escuchar esto, dejó de lloriquear y fulminó a Elizabeth con la mirada.- Digo, Étain ¿Qué haces aquí?

-Es una larga historia, Riza. De momento, me alegra que estés bien.

-Sabes, no es como que hubiera tenido la parte más peligrosa de toda la misión.

-Pues a nosotros nos ha ido fatal. Primero nos metimos en problemas…

-NOS METISTE en problemas, querrás decir.- corrige Fearghus apareciendo desde la cocina, mientras come una frankfurter con algunas patatas asadas.- Esta carne esta buenísima, Siegfried. Sabes, un amigo de mi padre se dedica a importar esta carne, pero tiene un pésimo proveedor ¿Quién es el carnicero de tu tía?

-Sé que dije que podían servirse lo que quisieran, pero ¿no crees que es una forma muy familiar de tratarme? Digo, acuérdense que más que mis invitados son mis prisioneros.

-¿Prisioneros? ¿Cómo es eso?- pregunta Elizabeth, a lo que Roy agrega.

-¿Esta es la casa de tu tía?

-No tenía de otra, era el lugar más rápido al que podía acudir… además, mi tía estará afuera unos días, así que no deben preocuparse por ella.

-Ok… pero bueno ¿Qué tienes para nosotros?

-Creo que antes de mostrarles a mis nuevos invitados, deben escuchar a estos dos ¿No es cierto?- la mirada del hombre hacia ambos jóvenes agentes provoca en ellos reacciones notorias: Eadoain empieza a sudar frío y Fearghus traga lentamente la carne que estaba consumiendo. Finalmente, decidieron empezar a hablar.

Así es como todos se enteran de lo que ocurrió en Prusia. Cuando hubo terminado la explicación, nadie supo que decir, no parecía siquiera posible hasta hacia unos pocos minutos ¿Un super hombre capaz de crear armas de la nada?

-¿Qué idea tan ridícula?- espetó Jourdain antes que nadie.- ¿En serio podemos creernos esa historia?

-Pues será mejor que la valla creyendo Monsieur.- dijo un hombre adulto apareciendo en el marco de la puerta de la sala. Ninguno de los agentes americanos, ni el francés lo habían visto en su vida, pero a juzgar por la cara de desgano de la irlandesa, se imaginaron que era miembro de la comisión del MI6.- Pues yo puedo atestiguar lo que ambos jóvenes acaban de asegurar.

-¿Cómo? ¿Aún vives?- le dijo Eadoain mirándolo con una mezcla de alivio y ofuscación

-Sí para su alivio, Srta. McAlexander. Aunque con una herida en el hombro de la cual aún no me recupero del todo.

-Perdón, pero ¿Quién es usted?- preguntó el francés, ante lo cual Siegfried solo atina a pararse y acercársele.

-Geoffrey Barlow, supongo. Es un gusto conocerlo, aunque me temo que llegó algo tarde. Por cierto ¿Cómo entró aquí?

-La puerta estaba sin seguro, espero me disculpe por haber irrumpido de esta manera.- dice el caballero mientras frota su fino bigote.- En fin, veo que un par de mis compañeros han estado causándole algunos problemas…- dijo mirando a Fearghus y Eadoain, quien le devolvió una mirada fulminante.- por lo que pido disculpas en nombre del MI6.

-Oye, para empezar nos habríamos ahorrado tanto trajín si no te hubieras demorado mucho en encontrar a McKe...

-Olvídate de Solomon. Está muerto.- Étain se calló en menos de un segundo al escuchar la noticia. Algo pasmada, mira a Fearghus: él y Solomon se conocían desde hacia buen tiempo.

-¿Muerto o en algún Gulag siberiano?- preguntó Stewart

-¿Hay alguna diferencia?- pero el escocés no se rindió.

-A lo mejor podría escapar.

-O a lo mejor no.- terminó por decir Barlow a quien tampoco le encantaba la idea de tener una baja en una misión que debería salir perfecta.- Sea como sea, antes de perder contacto con él pudimos enterarnos de algo parecido.

-¿Cómo supiste de su destino?

-Un trío de espías rusos ronda por Berlín. Me los encontré en el momento que la casa donde los principales miembros de la Sección de Inteligencia del partido Nazi estaban reuniéndose.

-¿Con quienes?- preguntó Elizabeth, ante lo cual Siegfried, el escocés y la irlandesa voltean en dirección a un corredor, por donde se asoma una chica morena, de piel pálida y de ojos negros. Ella, vestida con una bata, se presentó ante los agentes.

-Mi nombre es Megumi Akagi. Soy… o era la criada de un miembro importante de la embajada japonesa en el país.

-¿Enviados del Japón? Había escuchado que los alemanes y japoneses tenían buenas relaciones, pero no creí que fuera para tanto.- se preguntó Barlow en voz alta, mientras que Jhon y Roy escuchaban atentamente a la muchacha: Japón, un país en medio del Pacifico Oriental podría representar un problema para Estados Unidos si es que se desataba un conflicto.- En fin ¿Cuál es el motivo por el que se encuentra aquí?- la chica duda un poco y empieza a hablar.

-El Imperio del Japón envió un grupo de magnates y políticos para parlamentar con las diversas fuerzas políticas de Alemania y averiguar de qué forma podríamos beneficiarnos ambos países en nuestras relaciones durante el contexto de la post-guerra. Estábamos entrevistándonos con los miembros del partido Nazi cuando "eso" ocurrió.

-¿Y que fue "eso"?- y ella les contó, con algunas reservas, todo lo que había pasado.- entonces el monstruo que se les escapó en el Oeste apareció cerca a Berlín ¿Eh? Y creyeron que usted tuvo algo que ver en su nuevo escape junto con su acompañante ¿cierto?- ella asiente.- Y ¿Cómo se encuentra?- ella baja la mirada y lentamente voltea para dirigirse a su habitación.

-Síganme.- les dice con un hilillo de voz. Los agentes obedecen y llegan hasta la entrada de una habitación: allí, acostado sobre una cama y con todo el torso envuelto en vendajes, Gian Alvise se encuentra descansando, debilitado por la pérdida de sangre.- Su nombre es Giovanni Romano. No ha despertado desde ese día.

-Su acompañante fue alcanzado por dos balas en un solo día. Para hacer lo que hizo pese a sus heridas, no se le puede negar que hizo un enorme esfuerzo.- le dice Roy a la Tsugumi.

-Él no mató a nadie. Tuvimos la suerte de que "esa cosa" nos encontrara.- le responde ella entrando a la habitación y sentándose al lado del muchacho.

-¿Suerte?

-Lo que pasó fue que estábamos a punto de ser ejecutados, cuando esa cosa apareció y mató a los altos oficiales y, después, a los ejecutores. Yo pude escapar y mi compañero, herido de bala, se hizo el muerto. Al poco tiempo, aparecieron el señor Schneider y los agentes del MI6, quienes nos rescataron.- explicó la chica con un tono muy regular, como alguien que hubiera enfrentado un trauma. Por supuesto, hubo cosas que omitió…


-Flashback- hace unas noches-

Los soldados se sintieron sobresaltados al escuchar disparos provenientes desde atrás, seguidos por gritos ahogados y el salpicar de la sangre y la carne cortada. A Gian le volvió el alma al cuerpo al notar que su columna aún no había recibido el fogonazo que acabaría con su vida. El ejecutor de Tsugumi apareció desde detrás de los arbustos, con la pistola en la mano.

-¿Qué fue eso?

-Ha venido desde la camioneta.-le responde el otro, para luego mirar al italiano.- Tu ¿Sabes algo de esto?

-No tengo la más mínima idea.- conforme los jóvenes militantes nacionalsocialistas se iban acercando más al lugar de los hechos, Gian vio que podría aprovechar para escapar. Cuando los vio lo suficientemente lejos, decidió pararse y correr hacia donde estaba la japonesa.

-¡No te muevas!-le gritó al que había sobornado, pero el compañero de este le disparó al verlo huir. Gian, alcanzado por un lado del brazo, cayó pesadamente sobre las hojas para no moverse más.- te dije que no lo hicieras. Y tú, no gastes las balas de esa manera.

-No había de otra. Bueno, qué más da, debemos…- al escuchar el rumor de los arbustos apuntaron hacia el frente.- ¡Salga o disparamos!- la respuesta vino en una cuchilla que rozó la cara de uno de ellos. Una balacera infernal se desató pero, al parecer, no lograban darle a nada.- ¿Qué pasa con estas balas?

-¡Yo que sé, sigue disparando!- dijo el otro antes de que el objetivo de sus balas diera un salto enorme y le clavara una cuchilla directo en el pecho, para luego bajarla y abrirle todo el estomago hasta la altura del coxis. El otro, aterrado, empezó a disparar, pero su arma se trabó. Intentó dar media vuelta, pero fue descuartizado de cinco certeros cuchillazos. Tsugumi había visto todo esto, oculta desde detrás de un árbol, aterrada y encogida sobre sí misma. Lo podía ver: había robado la vestimenta de sus captores y tenía, bajo la luz de la luna, unos hermosos ojos verdes, los cabellos rubios, casi plateados, parecían brillar en la oscuridad de la noche, al igual que un hilo de sangre que le corría desde la boca. Miraba a Gian, como contemplando la escena de muerte que había frente a él. Con su pie giró el cuerpo del italiano, como comprobando que estaba muerto. Pareció ver aquello pues dio media vuelta y se fue. No fue hasta escuchar sus pisadas desaparecer y luego encender el motor del carro para irse. Una vez hecho esto, recién pudo ir a ver al italiano.

-¡Gian! ¡Gian! Resiste, por favor.

-Tranquila… creo que no estoy… TAN mal…- ella intenta levantarlo.- Ahgggg…- al notar como se retuerce de dolor le mira la herida.

-La bala atravesó tu brazo, destrozó el hueso… llegó a tu torso.- dice ella al ver como de su lado sale sangre.- ¿Cómo te sientes?

-Completamente adolorido, como debe ser ¿No?

-Me refiero a si puedes respirar bien.

-Sí ¿Por qué?

-Seguramente se detuvo en la costilla, tenemos que detener el sangrado.

-Ya veo.- ambos quedaron en silencio hasta que ella volvió a hablar.

-¿Por qué hiciste eso?

-¿Qué cosa?

-Una vez que estuvimos del otro lado de los arboles, él me quitó las esposas y me dijo que corriera lo más lejos que pudiera. Supe entonces que tú habías acordado algo con él ¿Por qué lo hiciste?

-Te lo dije ¿no? ¿O acaso mi japonés es tan malo?- ella empieza a llorar, sin dejar de hacer presión en la herida.

-No seas tonto. Aunque sobreviviéramos ¿Qué futuro nos espera? No podemos volver a ningún lado ¿cierto? A mí me considerarían una cualquiera que se ha escapado con su amante y a ti seguro que te tomaran por traidor.

-No si puedo hablar con Girolamo… él entenderá.

-O te matará si puede hacerlo.

-No, no lo creo… Confía en mí, solucionaré esto. Y no importa lo que pase y si no tienes a donde ir… yo estaré para ti, siempre que lo necesites.- ella siente como su corazón se acelera al escuchar sus palabras. Con suavidad toma al joven y alza su cabeza para depositarla suavemente sobre sus piernas. Un largo silencio pasa hasta que Gian vuelve a hablar.- Tsugumi… yo…

-No digas más. Ya me ha quedado demasiado claro.-le dice acariciándole el rostro mientras que su otra mano cubre la herida.- Primero salgamos de esta y luego...- entonces el rumor de un carro y la visión de sus luces la interrumpen.- Oh, no… ¿Serán ellos?

-No lo sé.- le responde Gian, levantándose con dificultad y ahogando sus gritos de dolor. Ella lo ayuda.- Pero no quiero quedarme a averiguarlo.- ambos se meten al lugar donde a ella se la llevaron para ejecutarla. Se mantuvieron quietos y escucharon lo que hablaban en, lo que parecía ser, inglés.- Claramente no son alemanes… salvo uno, que parece tener un acento bávaro muy marcado.

-¿Qué haremos?

-Ahora necesitamos salir de aquí. No creo que estén con los Nazis, pero luego de lo de hoy, no me fío de nadie en este país.

-Entonces ¿Dejaremos que nos atrapen? Si están aquí es porque, seguramente buscaban a la partida de nazis que nos trajeron aquí. A lo mejor nos buscan a nosotros.

-O lo que sabemos… Hay que dejarnos capturar, pero oculta tu identidad, no digas quien eres realmente o creerán… que nuestros países buscan meterse en algún tipo de conflicto. Si quieren saber sobre "esa cosa", entonces diles… únicamente qué es capaz de hacer, pero no menciones nada más.

-¿Y porque mostrarnos tan cerrados?

-Si te das cuenta, no hemos traicionado a nuestros países: no tenemos porque hacerlo ahora.

Y así fue como Tsugumi salió al encuentro de Schneider y los demás.

-Fin del Flashback -


-¿Y vieron algo más, en la escena del crimen que una carnicería?- preguntó Roy a Siegfried y compañía mientras salían de la habitación para dejar descansar al joven junto a Tsugumi.

-Al parecer, y a juzgar por las huellas del carro, el objetivo se dirigió al norte, por alguna razón. No tenemos idea si planea huir del país o viajar a algún punto en específico. De todas formas, dejaré advertidos a los guardias fronterizos.

-Genial. De momento, creo que hay que ver qué es lo que podemos hacer aquí, en Alemania.

-No sé ustedes, pero yo te diré que es lo que haré: debo ir al sur, a München para entrevistarme con mi compañero, herr Armstark, para contarle todo lo que hemos averiguado. Por ahora, necesitaré que alguien se quede aquí y cuide la casa junto con nuestros "invitados" ¿Les parece bien a ustedes? ¿Frau MacAlaxandair y Herr Stewart?- la irlandesa reclama al hombre.

-Pues, la verdad estaba pensando que más útiles podríamos ser allá afuera, buscando a…- pero es cortada por el escoces, quien se muestra de acuerdo con el alemán.

-Yo no le veo problema, déjenoslo a nosotros.

-Espera, Fearghus, no decidas por ti mismo…- pero Schneider ya le había tomado la palabra.

-Genial, entonces está decidido.

-Pero es que les digo que no decid...-Antes que vuelva a protestar, Fearghus explica los motivos de su decisión.

-Bueno, no hay de otra: Barlow es el único que conoce a los rusos, así que él necesariamente tiene que ir a cazarlos ¿no? Aparte, creo que no nos vendría mal un descanso.

-Es cierto, señorita McAlexander. Además, quiero que mientras estén aquí elaboren un informe sobre lo encontrado en su misión y los pormenores en esta.- Aideen reprimió sus monumentales deseos de arrancarle el bigote a mano al viejo y simplemente le respondió al escocés a regañadientes.

-De acuerdo. Lo haré, me quedaré aquí contigo.

Roy se quedó a escuchar esto y luego se dirigió a hablar, en privado, con Jhon.

-Esa japonesa oculta algo.

-¿Te parece? A mí también ¿Quizás su identidad?

-Se conduce demasiado educada como para ser una mera sirvienta, además de su fluido alemán ¿Te entrevistaste alguna vez con alguna delegación japonesa?

-No, y supongo que tu tampoco.

-Acertaste. No podemos ir por eso solamente porque seguro que nos dice que en su país hasta los sirvientes de los enviados deben tener ciertos conocimientos de lengua y comunicación.

-Entonces ¿qué? No podemos quedarnos tranquilos si es que Japón está metido en esto: tienen acceso al océano pacifico, podrían atacarnos desde la costa oeste si se hacen con un arma poderosa.

-Algo como eso requeriría un desembarco, nos daríamos cuenta antes que lo hicieran. De todas formas, por ahora dejémosla ser, debemos averiguar más sobre esa cosa por lo que, debemos decidir ¿Quién la seguirá y quien ayudará a los ingleses a encontrar a los rusos?

-Cierto ¿Quién lo hará?- pregunta Elizabeth, colándose a la conversación, dejando perplejos a los hombres.- Disculpen, me dirigía a hablar con Barlow sobre cuál iba a ser nuestro nuevo accionar, pero los escuché hablando y no pude resistirme.

-Mira Riza…- le dice Roy pero ella simplemente le dedica una mirada que él puede interpretar como "¿Cómo fue que me llamaste?" y decide corregirse.- Elizabeth… esto que estamos discutiendo tiene que ver más con la política de seguridad nacional norteamericana ¿No es cierto, Jhon?

-Pues… tiene razón. Aunque, pensándolo bien, creo que la Srta. Angharad puede proponernos algo interesante ¿no es así?

-Me alegra que usted sea más perceptivo que su compañero, Mr. O'Bryan. Ciertamente, iba a proponerle algo parecido a Geoffrey: que uno de nosotros busque a "nuestro hombre" y otro a los rusos. Creo que podríamos colaborar.

-Entiendo tu punto. Eso significa que estarías dispuesto a viajar con alguno de nosotros hasta la frontera alemana para encontrar a un monstruo capaz de despedazar hombres con relativa facilidad ¿no?

-Eso mismo, aunque no creo que se compare con lo que suelen hacerle los zulús a los muertos.- ella esperó alguna pregunta referente a este comentario, pero nadie dijo nada. Entonces, prosiguió.- De preferencia, me gustaría viajar con el que mejor alemán sepa manejar.

-Pues ese es Jhon.- dijo Hungerford rápidamente.- Toda tuya, compañero.

-De hecho, creo que ustedes dos parecen llevarse mejor. Sería mejor que fueras tú.- Roy insistió.

-Mi alemán no es tan bueno como el tuyo y lo sabes.

-¿Y? Cuanto menos alemán sepas manejar, mejor. Digo, así hay más posibilidad que pasen por una pareja de turistas angloparlantes ¿no?- ambos se miran y vuelven a mirar a Jhon.- ¿No me digan que no habían pensado en esa posibilidad?

-Ciertamente, no.- responden al unísono. Elizabeth entonces vuelve a hablar.

-Es una buena idea, algo inesperada, pero buena. Ok, my dear, nos vamos hoy día mismo en el siguiente tren hacia Kiel.

-¿No le informarás a Barlow sobre tu decisión? Claro que lo haré, pero primero iré a empacar ligero. Mejor que tu también lo hagas. Nos vemos en la Banhof-Potsdam Stadt. 2:30 pm en punto, que el tren sale a las 3:00.- Una vez ella se hubo dirigido hacia el cuarto para sacar a Eadoain y explicarle la situación, Roy le dijo a Jhon.

-Veo que aún me odias.

-¿Por qué? Te la vas a pasar bien con una belleza de Galés, womanizer. Personalmente, si no estuviera casado, hubiera aceptado.

-Tu esposa no tiene porque enterarse.

-Fingiré que no escuché eso. Ahora, vete, yo me encargaré de todo por aquí.


Tras algunos minutos de discusión en la entrada de la habitación de Gian, los agentes se trasladan a la sala, dejando a ambos prisioneros solos. Ella se sentó al borde de la cama del italiano, quien empezó a hablar.

-Veo que no les dijiste quien eras.

-Sí.

-Es lo mejor. Si hubiéramos dicho nuestra verdadera relevancia en los acontecimientos, quien sabe que nos habrían hecho o como nos habrían tratado.

-No creo que peor que los alemanes.

-De todas formas, no podemos quedarnos aquí mucho tiempo. Dame un día más para recuperarme de la herida y nos escaparemos.

-¿A dónde? No tenemos donde ir y nada nos garantiza que tu camarada nos vaya a ayudar en esto.- él sonríe, cosa que le extraña.- ¿Dije algo gracioso?

-No. Es solo que… yo que tú, no estaría tan segura.


Y bueno, aquí acaba el capitulo. Es un corte para la historia de los espías y volver, en el siguiente capítulo, con la parte de Alphonse en la historia. Bueno, fue un hiatus BASTAAAANTE largo, quizá el más largo que le habré dedicado a este proyecto. Pero hay una razón (un tanto ridícula, un tanto seria) para esto, más allá de los deberes, responsabilidades y otros proyectos: la historia se me va de la cabeza. Cada vez más siento que las ideas para este proyecto ya no me fluyen como antes y que lentamente se van apagando dentro de mí. Pero bueno, ya faltan 6 capítulos, creo que aún podré con esto y solo quisiera terminarlo para fines de este año para así dejar de tenerlos con esperas, hiatus, expectativas y demás. En fin, gracias por todo, espero que hayan disfrutado el capitulo y, una vez más, disculpas por la espera.

Apariciones de otro OC:

Konstantin "Konstya" Ivanovich: Mijail Alexanderson

Izyaslava "Izya" Vladimirova: Arzu Mendelssen

Serguei Vesariovich: Boris

Siguiente capítulo: Mein bruder der zerstörer