¡Hola! ¿Cómo se encuentran? Yo aquí, mal que bien en la última parte del semestre, trabajando ya y usando mi poco tiempo libre en acabar este capítulo y avanzar otros proyectos. Ya cada vez más cerca del final y del retiro, esta vez me he tomado un tiempo para pensar ¿A quién del staff voy a eliminar? Es una pregunta complicada, saben. Es decir, he puesto algunos muertos "N.N.", pero ninguno del elenco principal o de los secundarios, lo cual me llama mucho la atención (digo, al menos deberían acabar con algún daño irreparable o trauma, que se yo) pues me puse a pensar "¿Que le pasó a mi estilo de violencia gráfica detallada?"... Hasta que me acuerdo de cómo acabará la historia y se me pasa n_n. Bien, suficiente spoiler. Que empiece la función... con una pequeña variante en el formato.


Disclaimer: Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa


En algún Hospital de Aarhus, dos días después del incendio:

-Ingeborg Westermann ¿Cierto?- pregunta el doctor apenas entra a la habitación. La monja, que tenía la mandíbula rota, asiente.- Bueno días, soy el Dr. Hjalmar Kristofferssen. Vengo en remplazo del Dr. Karl, que se ha sentido indispuesto el día de hoy. Empezaré su revisión en algunos minutos.- el hombre revisa el historial clínico de la mujer.- Sabe, usted es la primera mujer que veo que es embestida por una carreta y recibe un daño tan focalizado como el que tiene. Así que, solo para asegurarme ¿Me puede decir que fue lo que pasó?- la mujer, haciendo señas, le comunica que no puede hablar, pero el joven doctor también se da cuenta que la cosa va más allá: ella no quería hablar. Rápidamente, saca un bloc de notas y se lo ofrece, junto con un bolígrafo.- Entiendo que sus hermanas están poniendo la debida denuncia legal contra aquel infeliz, pero no tiene por qué temer a represalias: así como ustedes tienen su secreto de confesión, nosotros tenemos el secreto profesional. Así que descuide hermana, su secreto estará a salvo conmigo.- la monja duda un poco, pero decide tomar la palabra del joven hombre. Tras escribir, le entrega el bloc a Hjalmar. Al poco tiempo, entra una enfermera.

-Buenos días, Dr...

-Kristoffersen.

-¿Donde está el Dr. Ubberson?

-Está indispuesto, lo estoy remplazando.

-Ah, ya veo.- dice la enfermera mientras empieza a revisar la comida de la paciente y pone todas los restos del desayuno de la señora en una bandeja. El doctor mira a la rubia enfermera, que se mueve con la velocidad y destreza dignas de una gacela.

-Por cierto ¿Qué pasó con la señora Fritsoe?

-¿La señora Fritsoe? Se enfermó y a la jefa de enfermeras no se le dio mejor idea que ponerme a mí, que recién he sido transferida aquí, que ponerme a cargo de esta paciente.

-Ya veo.

-Y... ¿Le dijo algo? Me dijeron que si pudiera, lograra que especificara más sobre su internamiento.

-Bueno, ha mencionado algo en su escrito. Al parecer fue una carreta tirada por caballos.

-Oh, supongo que eso habrá sido.- le dice ella, pero puede ver que la monja a puesto una expresión algo extrañada. El hombre parece percatarse, por lo que decide dejar el lugar.

-Así es. Habrá que tener más cuidado la siguiente vez. Bueno, en un momento empezaré con las pruebas, debo ir por el equipo, ya vuelvo.

-Lo acompaño, quizá necesite ayuda.

Ambos salen de la habitación comunal del hospital y empiezan a andar por el pasillo. No parecían haber muchos pacientes aquella mañana y el personal recién empezaba a mostrar señales de vida. La chica entonces, decide hacerle unas preguntas al joven médico.

-Entonces ¿Que cree que pueda haber sido, si no fue una carreta de caballos?

-Lo ignoro. El reporte del médico dice que hubo un golpe fuerte en la cabeza y otras laceraciones y raspones menores que corresponden al camino y las veces que su cuerpo reboto y se raspó en este.

-Y ello solo podría haber sido causado por una... eh, no sé si especularlo, pero pudo ser...

-¿Una persona? Claro, con una fuerza descomunal para casi destrozarle la quijada de un solo golpe. Pensándolo bien, creo que una mejor versión de todo esto es la de la carreta.- le explica el doctor mientras voltean por una esquina del pasillo y entran a una sección donde están a solas.

-Ya veo.- le responde la enfermera mirando hacia la única y gran ventana que había en esa parte del corredor.-Por cierto Doctor, espero que no se enoje, pero déjeme preguntarle ¿Donde aprendió a hablar danés con ese acento ruso?- el hombre se queda estupefacto ante la pregunta de la mujer, que no era otra que Elizabeth Angarhad, aunque solo por unos segundos, tras lo cual le responde, sonriente.

-Puedo asegurarle que en ningún lugar donde me enseñen a pronunciarlo con ese dejo galés tan bien camuflado, señorita del MI6.- le dice rebelándole un tercer brazo bajo la bata blanca, el cual sostenía una pistola: el brazo que mostraba era falso.- Creo que está demás decirle que si dice o intenta algo le vuelo las tripas.

-Ups... no conté con eso. Sabía que era un maestro del disfraz, pero no había previsto un brazo falso, Dr...¿Hjalmar?

-Llámeme así, ni muerto le diré mi nombre. En fin ¿Caminamos?- él va detrás de ella, sin dejar de apuntarle por debajo de la bata blanca.- Supongo que habrán descubierto algo sobre esa cosa ¿Cierto?

-No mucho.

-¿Como que cosa? Dígame nomás, cualquier información es buena.- ella se mantiene callada ante la invitación del hombre.- Hable, no tengo ningún problema en matarla aquí y huir.

-De acuerdo, no se altere. Lo que sabemos es que se trata de algún humano genéticamente alterado, una especie de superhombre.

-Sí, eso ya lo sé. Dime algo que no sepa si no quieres morir.

-Eh... pues, aparentemente es inmortal.- el joven ruso parece entonces tomar más atención a las palabras de la chica.

-¿Como así?

-¿Viste la iglesia? Aparentemente la destruyó desde adentro y logró sobrevivir a la explosión y caída de escombros ¿Que humano común podría hacer eso?

-Ninguno que yo sepa.

-Entonces ¿De qué otra forma podríamos llamarle sino? Además de ello, parece tener idea de lo que son las direcciones y otras nociones humanas.

-Explícate...

-Pues, la novicia que acompañaba a la mujer recuerda que él preguntaba por una tal "Margaret" y la llamaba "Su hermana". Además, iba vestido de negro, como uno de los miembros del Partido Nacionalsocialista. Parece que puede conseguir ropa fácilmente y de alguna forma.

-¿Puedes especificar más sobre eso?

-Eh... pues... me temo que no, gospodin.- al momento que dice esto, Roy aparece desde la esquina y propina un puñetazo al joven en la cara, lo que lo hace caer. Ella rápidamente toma la mano de la pistola y lo fuerza a soltarla, mientras que Roy lo mantiene callado con una mano y lo amenaza con un cuchillo bowie con la otra.- Justo a tiempo, vaquero.

-¿Te encuentras bien?

-Las he visto peores, pero esta vez me tomó fría.- le responde la chica, ahora más aliviada. Acto seguido, se dirige al ruso.- De acuerdo, Doctor, este es el trato: mi compañero deja de amenazarlo y usted, así como yo le he dicho lo que sé, nos dice lo propio y nos cuenta que cuernos hacen los rusos aquí ¿De acuerdo?

-¿Que hacemos en Dinamarca? ¿Por qué debería decírselo si es un país que no tiene nada que ver con ustedes?- Roy vuelve a ponerle el cuchillo en el cuello.

-No te hagas el chistoso y respóndele a la dama, niño de Siberia.- el aludido hace una cara ridícula ante el patético apodo, pero apacigua su insolente comportamiento.

-De acuerdo, de acuerdo... hablaré. Pero ¿Que quieren saber?

-Primero ¿Conoces a un italiano y a una japonesa envueltos en la explosión en Berlín?

-¿Qué? No, claro que no. Seguro fueron esos pobres diablos a los que se llevaron luego de que volara la mitad de la casa. Por lo que yo sé, seguro eran chivos expiatorios.

-Ok, suficiente con eso, cambiemos de tema ¿Que sabes de las monjas de Aarhus?

-Poco, por lo que sé todas están allí... aunque, según parece, poco después del incidente, un hombre acompañó a una de las novicias a la ciudad para que brinde declaraciones.- los espías parecen interesarse en eso.

-¿Y qué tiene eso de especial?- preguntó Roy. Konstantin sonríe.

-Que nunca fueron a declarar.

-¿Qué? Entonces ¿A dónde fueron?- pregunta ahora la mujer.

-Tomaron un barco que los llevaría a Alemania.

-Si esa cosa los sigue a ellos, entonces no se quedaran en el lugar donde desembarquen.- especula Elizabeth.

-Ella tiene razón ¿A dónde van?

-¿¡Como demonios quieres que sepa!?

-Los has estado siguiendo ¿No?-Konstatin parece incomodo con la pregunta medio ridícula del americano.

-Sí, pero no puedo interrogar a medio mundo o sacarles confesiones a patadas.- entonces Roy le pone la pistola en la sien y vuelve a hablar, esta vez más lento y en tono de amenaza.

-Pues espero que te acuerdes, por tu bien, de algún detalle ahora mismo... o le vuelo la cabeza, Doctor.- esa última línea pareció ser el acabose para el ruso.

-¿Crees que con la muerte vas a intimidarme, americano? La he visto cientos de veces, muchas más que tu, seguramente ¿Quieres matarme, idiota? De acuerdo ¡Hazlo!- le dice poniendo el cañón sobre su frente y retándolo con la mirada.-Acaba con mi miserable existencia.- Roy se queda pasmado ante la mirada desafiante del ruso. Elizabeth, entonces, hace que baje el arma.

-Roy, creo que dice la verdad. Déjalo.- luego, dirigiéndose al joven, le dice.- Si no hay más que decir respecto a eso, aclárame una cosa ¿Que es lo que quieren los bolcheviques en este asunto?

-Lo mismo que ustedes, por supuesto: Acabar con esa cosa.- dijo firmemente el ruso para que la chica no leyera la mentira en sus palabras. Ella pareció convencida.

-Ok, visto que todos perseguimos el mismo objetivo, creo que deberíamos cooperar ¿Qué le parece, joven... eh ¿Le parece si le digo Igor?

-¿Igor?- la mueca de desagrado de Konstantin parece darle risa a Elizabeth.

-La verdad que no se me ocurre ningún nombre ruso ahora.

-Como quiera.

-De acuerdo ¿Le parecería colaborar con la información que cuente respecto a la ubicación de esa cosa?

-Jajajajaja... ¿Por qué un miembro de la Unión Soviética debería cooperar con una pareja de capitalistas?- ella entonces no puede evitar sonreírle abiertamente.

-Siempre supe que era sospechoso. No tienes el rostro de ser un simple chico de los Urales, tu dentadura está bien cuidada, además hablas muy bien el danés, sin contar que también entiendes inglés y no pareces un idiota sin educación.- le dice, acercándose a él y mirándole a los ojos, haciéndole sentir que escrutaba su alma.

-¿Q-q-que quieres decir?

-Tú no eres un simple campesino salido de la nada que se hace un lugar en el partido bolchevique ¿Cierto? Tu eres... o fuiste miembro de la Nobleza Rusa ¿Verdad?- el chico se queda congelado ante la afirmación de la mujer.- Acerté ¿Cierto? Con toda seguridad puedo decir que sufriste algo peor que la muerte.

-¿Quien se supone que eres para saber todo eso?

-Una chica miembro de la baja realeza de Galés. No te prometo nada conciso, pero podría hacer algo por ti: la Familia Real Inglesa está relacionada con la Rusa, así que, probablemente, podríamos encontrar a alguno de tus familiares.- los ojos del ruso muestran duda, pero decide darse media vuelta para que no se note. Antes que esa mujer vuelva a abrir su peligrosa boca, él dice.

-Lo pensaré...- ella asiente y, mientras el joven se va alejando, le dice.- Por cierto, señorita Angharad, escuché del muchacho, el que huía con la novicia, que se dirigían hacia Austria o Checoslovaquia. Inevitablemente tendrán que pasar por una ciudad.- la chica lo mira con extrañeza y pregunta.

-¿Cual?


Cap6: Bayern (Stadt von) München

Ciudad Hanseática de Wismar- Estado de Mecklenburg-Vorpommerns- 7 de Junio de 1932-

Tras un viaje relativamente corto, aunque lleno de escalas, Alphonse y Margaret arribaron a Wismar, ciudad del Estado de Mecklenburg-Vorpommerns, al norte de Alemania. Previamente habían tenido que desembarcar en Rostock, ciudad en la que consiguieron a alguien que los llevara a donde acababan de llegar.

-Así que esto es Alemania, mi tierra natal...

-Sí. De hecho, desde que pisamos tierra estamos en ella, así que no hay que ponernos tan emotivos.

-Eso sería imposible. Digo, al no haber vivido más que algunos años aquí, no tengo ningún apego por la tierra que me vio nacer. Triste ¿No crees?- Alphonse piensa un poco en sus palabras.

-Lamentable, diría yo. Quizá si nos diéramos una pequeña vuelta por Magdeburg podrías evocar algún recuerdo de esas memorias tan difusas que tienes en tu cabeza.

-¿Y dónde queda esa ciudad?

-Al suroeste. Pero me temo que no tendremos tiempo.- le dice el Elric extendiendo un pequeño pero detallado mapa del país- El plan es este: iremos en tren hacia Berlín, desde allí nos dirigiremos a Leipzig, seguiremos bajando hasta Nürnberg y luego llegaremos a München.

-Espera, si vamos a Viena ¿No sería mejor cortar por Checoslovaquia? Digo, sería más práctico tomar un tren directo hacia Praga y luego otro hacia Viena ¿No?- Alphonse no puede evitar sonreír al escuchar la conjetura de la chica: se notaba que había revisado bien el mapa y los trenes de la zona.

-Cierto, pero primero quiero solucionar "cierto problema" que nos viene siguiendo desde Dinamarca. Para eso, tendré que pedirle ayuda a la única persona en quien puedo confiar plenamente.

-Tu hermano.- la cara de Alphonse toma más seriedad.

-Exacto. Es por eso que nos vamos a München. Creo que ya hablamos ayer sobre a que nos estamos enfrentando ¿Cierto?

-Flashback-

Ferry de la línea DFDS- Hace unos días atrás

Alphonse se encontraba en la cubierta del barco, mirando el va y ven de las olas del mar báltico. La noche había caído y las únicas luces que podía ver, además de las del barco, eran las de la luna, las estrellas y los pueblos en la costa de las islas cercanas. Habían tenido que hacer una serie de transbordos pero por fin se encontraban camino a Rostock, ciudad a algunos kilómetros de Wismar, la ciudad que había elegido en principio como destino principal. Le preocupaban muchas cosas: sabía que esa cosa tenía un poder sorprendente, pero le sería difícil rastrear sus pasos al estar ellos viajando por mar y, al no disponer de dinero ni de mucha inteligencia, era virtualmente imposible que los siguiera por la misma ruta. Sin embargo, algo le preocupaba...

-¿Alphonse?- la chica lo sacó de sus pensamientos.-¿Ocurre algo?

-No, nada. Solo estaba aquí disfrutando de las luces nocturnas.

-Ya veo ¿Te acompaño?- él asiente y ella se apoya sobre la baranda, igual que él.- Son hermosas.

-¿Las estrellas o los poblados iluminados de la costa?

-Ambas. Las veces que hemos hecho transbordo me tomé mi tiempo de ver alguno de los pueblos mientras te encargabas de todo, y me ha parecido encantador. No sabía que el mundo afuera era tan lindo.

-Y eso solo es un país. Hay varias otras naciones allí, cada una con gente y climas distintos... pero claro, no todo es tan bello como se pinta.- le dice primero con alegría y finalmente con cierto pesar en su voz. Ella sonríe tristemente.

-No soy tan ingenua, Alphonse.

-Por favor, dime Al. Seguro que decir mi nombre completo debe ser cansado.

-No le veo problema.

-Entonces llámame como quieras.- le responde el Elric haciendo un gesto con los hombros.

-Ok... Al ¿Ocurre algo?- Alphonse parece intrigado por la pregunta.

-¿Como qué?

-No sé. Tú me dirás. Parece que tus pensamientos están fuera del lugar donde está tu cuerpo.

-Sí, es cierto. Veo que tienes un ojo muy hábil.

-Iba a ser monja, es algo muy común que lo tenga. Bueno ¿Me contarás quien es ella?- Alphonse la mira sorprendido por un momento.

-¿Como sabes que es una mujer?

-Oh ¿Entonces sí era una mujer, eh?- le responde ella con una sonrisa agradable en el rostro.- el rostro del Elric tomó una expresión algo seria.

-Creo que no es de mis preocupaciones de las que deberíamos hablar ¿No crees?

-Ok, luego hablaremos de las tuyas. Quería saber sobre ese... hermano mío. Tu lo llamaste un clon ¿Cierto?- Alphonse asiente.- Y... ¿Siempre fue tan idiota?

-No. Sigismund fue creado para ser el soldado perfecto, una máquina de matar sin errores. Su creador, Sifridus Kroenen, quizá el hombre más cruel que haya podido conocer, experimentó y masacró pueblos enteros para poder hacerlo lo más perfecto posible... y lo logró.

-¿Cómo puedes dar fe de ello?

-A la hora de pelear o de tender emboscadas no parecía para nada alterado. Tenía sangre fría y pocos escrúpulos, además de ser inhumanamente fuerte. Lo peor de todo era su inmortalidad.

-Espera... eso quiere decir que...

-Es muy probable que esa cosa siga viva. Lo cual me parece muy raro.

-Se supone que no debería tener poderes aquí ¿Cierto?

-Así es, ya no estamos en mi mundo, por lo que debería ser un simple mortal. Aún así, es capaz de usar alquimia y regenerarse, aunque parece que el precio a pagar fue su cordura... pero eso parece que va a cambiar.

-¿Que quieres decir?

-Es una teoría, pero si Sifridus quiso mandarlo a un lugar ese hubiera sido Alemania y serviría como soldado para su Schutzstaffel. Sin embargo ¿Que hace acá, reclamándote como su hermana? Independientemente de cuándo se haya vuelto loco, Sigismund ha recuperado parte de su cordura, sabe cómo ir del Sur al Norte y, por supuesto, sabe como regresar. En pocas palabras, está volviendo a tener uso de razón.

-Entonces, si nos encontrará ¿Para qué huimos?

-Nadie dice que pueda perseguirnos para siempre ¿O sí? Nuestro rastro no es perpetuo, por eso estamos poniendo mar de por medio.- acto seguido, Alphonse da una última mirada al cielo y a las estrellas, para luego alejarse de la baranda.- Será mejor ir a dormir.

-Fin del Flashback-

-Ok, cierto. Pero considera que si hubiera una forma de rastrearnos, como los perros mediante el olfato, esta se desvanecería.

-Tú lo has dicho: si fuera un perro.- le respondió Alphonse mientras tomaba el equipaje de ambos.- Será mejor que nos demos prisa, el tren saldrá dentro de poco.

-Eso no sonó muy bien.

-Lo sé y honestamente tampoco creo que ir a München pueda ayudarnos del todo, pero ¡Hey! Vale la pena intentarlo ¿No?


Rostock Warnemünde- Estado de Mecklenburg-Vorpommerns- 8 de Junio de 1932-

Había atravesado la frontera de Dinamarca con Alemania nadando en las heladas aguas del báltico. Había atravesado ríos, bosques y granjas, todo ello a velocidades sobre humanas, haciéndose pasar por loco, como un mero espectador o un vagabundo cuando lo veían en el lugar de algún destrozo para que no sospechasen de él. Y ahora, se encontraba en el lugar hasta donde había perseguido el rastro de su hermana: por el mar, el frío y la humedad había llegado a perder la pista, pero algo en el aire ahora le decía que estaba cerca... o por lo menos que había pasado por allí.

-No puedo sentir su presencia aquí. En Wismar se sentía aún más fuerte, pero decidí seguir el rastro hasta estas playas. El rastro se hizo más débil, por lo que solo puedo deducir que arribaron a Rostock primero y después se dirigieron a Wismar.- la criatura se sentó sobre la arena y miró hacia el mar báltico frente a él. Luego, alzo la mirada al cielo.- La última vez que sentí la presencia de ambos fuertemente fue en Wismar, cerca de la estación del tren. Seguramente han decidido dirigirse a casa... a Magdeburg.- la criatura se paró y miró hacia el sur durante un breve minuto.- Será mejor dirigirme hacia allá... puedo oler el agua salada. Esta es una desembocadura, por lo que debe haber un río que nos lleva hacia el sur.-en ese momento siente como algo le golpea la espalda y voltea a mirar: en el suelo hay una pelota de cuero y frente a él una niña de apenas siete años. La criatura la mira con curiosidad y se agacha para estar a su altura.- ¿Que fue lo que pasó, pequeña?

-Disculpe, le golpeé con nuestro balón.

-Ya veo.- le dice tomando el balón y dándoselo a la niña.-Deberías tener más cuidado.- ella asiente y va a retirarse, pero él la vuelve a sujetar de la muñeca, por lo que ella voltea.- Espera... quiero preguntarte algo.-le dice con suavidad mientras con su otra mano, oculta tras su espalda, empieza a crear materia viva.- dependiendo de tu respuesta, te regalaré algo ¿Te parece?- la niña duda, pero, tras un momento, asiente con la cabeza.- Muy bien... ¿Puedes decirme que río atraviesa esta ciudad y llega al mar?- Ella hace memoria por un momento y responde.

-El Warnow.- el hombre sonríe.- ¿Gané?

-Ja, meine schatz, ganaste...- ella sonríe y un destello sale de la espalda del hombre pálido y de ojos verdes.- Déjame darte tu recompensa...


Berlín- Estado de Brandeburg- ese mismo día-

-Vaya, que el clima cada vez está más agradable.- se dice así mismo Reinhard Heydrich mientras fuma un cigarrillo y mira por la ventana el paisaje urbano de la ciudad de Berlín. Luego de un par de minutos, sacaba un reloj de bolsillo, lo consultaba y volvía seguir mirando por la ventana de su oficina. Disfrutaba de la magnífica calidad de sonido del tocadiscos que había adquirido la semana pasada. En él se reproducía un ejemplar de Der Zigeunerbaron de Johan Strauss hijo, escuchando el monologo de Kálmán Zsupán, un adinerado porquerizo gitano que se ufanaba de haber hecho su fortuna sin necesidad de saber escribir o leer. Bien por puro gusto musical o por no querer asomarse más por la ventana, el alemán decidió acompañar la voz del barítono en la última estrofa.

Jaaaaa!

Mein idealer Lebensweck

Ist Borstenvieh, ist Schweinespeck!

Ist Borstenvieh, IST SCHWEINESPECK!

Súbitamente la puerta se abre al final de esta palabra y un hombre de cortos cabellos pardo claro, tamaño promedio y contextura intermedia aparece en medio de la puerta.

-Ha llegado tan lejos en la Ic-Dienst ¿Y ahora quiere vivir engordando cerdos y haciendo tocino? El día que vaya a hacerlo, debería avisarme para ocupar su puesto.

-No se haga ilusiones, Tiergart.- le dice parándose para estrechar su mano con regocijo.

-Disculpe. No podía evitar bromear al ver lo paradójico de la escena.

-El que el personaje sea gitano no hace al cantante uno ¿no crees? Y esta es una magnífica obra del hijo de Strauss, que aunque tenga por protagonistas a seres subhumanos no hace a su arte menos apreciable.

-No me opongo.- dice el hombre con simpleza, para luego tomar seriedad en su voz y su mirada- Entonces, Herr Heydrich, me puede decir para que deseaba la presencia de este humilde servidor.- Heydrich toma un cigarrillo y se lo ofrece, pero el joven oficial lo rechaza.

-Oberscharfürher Wolfgang Tiergart, el hombre que capturó al klein Sigismund ¿Como lo hiciste?

-No fue fácil, ciertamente. Perdí muchos hombres y creo que casi me echo a llorar cuando me comunicaron que se había escapado.

-Y me temo que no fue algo casual.- Wolfgang toma mayor atención apenas le comunican esto.

-¿Que quiere decir con eso?

-Poniéndolo en términos simples, algún infeliz libero a tu presa.

-¿Fueron esos dos tortolos que mandaste a matar?

-No, ellos solo han sido la carne de cañón... y funcionó perfectamente.- dice esto último extendiendo un folder con las fichas de los fallecidos en la incursión del bosque.

-Esa cosa los siguió ¿Y cree que mató a todos?

-Solo se encontraron restos de cinco varones y muchas pisadas en las hojas muertas ,ni más ni menos. De todas formas, las huellas de Sigismund...

-Siguen directamente al norte ¿Cierto?

-Así es. Es más, por eso me encontraba revisando estos papeles que encontramos junto con el vehículo en el que llegó.- le dice Reinhard con una sonrisa de satisfacción en el rostro y mientras se los alcanza.- ¿Adivina que clase de conexión tiene con Dinamarca?

-A ver.- el joven toma los papeles: en ellos especifica quien fue el sujeto cuyos genes fueron usados para la creación del monstruo.- Johannes Engel. Aquí dice que su familia fue muerta por completo en Suiza, salvo su hermano que murió durante el Putsch.

-Eso no es del todo cierto. Costó obtenerlo, pero logré encontrar documentación del nacimiento de una hija. Hace unos días mandé a un par de sujetos a revisar una propiedad a nombre de los Engel en Magdeburg.

-Y supongo que esto fue lo que hallaron.- le dice mostrándole la foto de la familia completa.- Crees que él ha ido por ella ¿Cierto?- Tiergart señala a la niña de semanas que sostenía la madre.

-Está en su sangre. Después de todo, aunque en verdad no lo es, él cree que es su hermana. Otra cosa curiosa. Mis muchachos, cuando entraron al lugar, vieron pisadas en el piso empolvado.

-Alguien más estuvo allí ¿El mismo que lo liberó?

-No lo sé, podría ser. Así como también podría haber sido el austriaco.- El joven nazi sostiene su propia barbilla por un rato y exclama.

-Creo firmemente que el austriaco y quien lo liberó son la misa persona. Sea como sea, tenemos enemigos a ambos flancos: un grupo que quiere apoderarse de nuestra presa y otro que quiere vender el secreto a Austria. Por ello, la pregunta del millón sería ¿De quién quieres que me encargue?- Reinhard rompe a carcajadas ante la brillante deducción del hombre.

-Jajaja eres increíble, Tiergart ¿Como llegaste a esas conclusiones?

-En primer lugar porque muchos de los hechos ocurren casi paralelamente. En segundo porque en la masacre del bosque del norte han participado más de tres personas antes del reconocimiento por parte de nuestro grupo, ignoro si se tratará del mismo que estuvo en Magdeburg. Y en último lugar, porque ya empezaste a mover a tus hombres para evitar que el austriaco salga del país.- el hombre lo mira con satisfacción, por lo que Wolfgang continúa.- Por todo lo que me dice, supongo que lo que usted quiere es...

-Captúralo nuevamente, pero ve con cuidado: parece que se vuelve más peligroso con cada día que está afuera, además que sus movimientos han podido llamar la atención.

-¿Como sabe eso?

-Es una suposición. Digo ¿No lo habrían atrapado ya si siguiera siendo el mismo bruto?

-Es aceptable. Supongo que también querrás que cace a los "otros" perseguidores ¿no es así?- Reinhard da tres palmadas como reconocimiento al joven oficial y le pone la mano al hombro.

-Por eso te elegí para este trabajo: siempre estás un paso adelante. No tienes que preocuparte por nada más que ellos, nosotros nos encargaremos del austriaco. Oh, y una cosa más.- el hombre saca un papel de su saco y se lo ofrece.- Quiero que llames a la filial de Regensburg y des este mensaje. Diles que la orden es mía ¿sí?

-Jawolh.- Wolfgang hace un sieg heil y sale de la sala. Dentro de su cabeza empezaba a formular teorías y conclusiones, una tras otra, para determinar a lo que se enfrentaba. No demoró mucho en tener una idea más o menos clara de cómo poder actuar al momento de llegar al carro donde lo esperaba una mujer joven: tenía los cabellos cortos hasta la nuca y de un peculiar color rubio-rojizo, así como unos ojos de una tonalidad verde, medio jade.- Espero que no te hayas aburrido mucho, Jenell.

-No se preocupe, herr Tiergart, no tuve que esperar mucho.- la chica enciende el auto y ambos salen en dirección a la casa del padre de ella.- ¿Y bien? ¿Algo nuevo además del escape de nuestro "hombre"?

-Parece que más que un escape fue una "liberación". Debemos actuar rápido.- la cara de la chica muestra incomodidad.

-Ese "debemos" me suena a que nuevamente me usarás como carnada ¿No es así?

-En cierta forma.- la chica frena intempestivamente haciendo que el joven hombre casi se vaya de cara contra el parabrisas.- Hey, lo lamento, pero no es mi culpa que él sienta debilidad por las mujeres.

-Claro, dígalo porque no fue usted la que estaba en medio de ese bosque, temblando de miedo y a punto de llorar frente a ese monstruo.- el hombre le pone una mano en el hombro a su joven acompañante.

-Descuida, nada te pasará.- ella inhala y luego exhala con fuerza para luego encender nuevamente el carro.

-Por lo menos eso esperas.- le dice mientras avanza.- Ok, supongamos que debo ser la carnada ¿Por dónde planeas empezar?

-Eso estamos por averiguarlo.- el joven abre el portafolio y ve un mapa de Alemania e información de la familia.- Si está buscando a su familia, de una u otra forma querrá pasar por su hogar. Necesitamos poner gente cerca de Magdeburg.

-¿Algún lugar en especifico? No creo que use trenes, así que creo que sería mejor situarlos en los bosques.

-No es tan tonto y, según dice Reinhard, esa cosa va "evolucionando".- tras pensarlo un rato, el joven pregunta a su ayudante.- Si no recordaras a donde tienes que ir, salvo que es en dirección sur y estuvieras en la costa norte del Reich ¿A dónde irías?

-Si estuviera cerca de un estuario o desembocadura, río arriba, hacia los Alpes.

-Perfecto, porque seguramente eso estará haciendo: vamos a comunicarnos con las direcciones del partido en cada Estado, que envíen vigilantes al margen de cada río. Cualquier embarcación u hombre sospechosos nos avisarán.

-Pero hay varios ríos en Alemania ¿Cual podría ser?

-Cualquiera que lleve al centro del país o a Austria. Esos son nuestra preocupación.

-¿Como sabes que está en el norte?

-En esa dirección se movilizaba cuando lo vieron por última vez.- ella frena intempestivamente otra vez.- Oye, deja de hacer eso.

-Lo siento. Creo que debería llamar a mis padres, decirle que estén más al pendiente de mis hermanos.-le comunica ella, con el nerviosismo a flor de piel.

-¿Tenías hermanos?

-Dos menores: el segundo tiene catorce y la menor tiene siete.

-Y tu diecinueve.- Wolfgang la mira de pies a cabeza e intuye.- La menor se parece más a ti, supongo.

-Demasiado. Nos parecemos en todo, salvo en el color de ojos: los suyos son medio ambarinos.- Wolfgang empieza a imaginar a la niña y, tras mirar a Jenell por un momento, dice con una sonrisa agradable.

-Será una linda muchacha cuando crezca.

-Sí... sí que lo será.- le dice la muchacha mientras vuelve a avanzar.


Ciudad de München- Estado de Bayern- 11 de Junio de 1932-

Hans Armstark se encontraba en su oficina, dubitativo y pensando en las últimas informaciones que había obtenido en la semana. Finalmente, tras meditarlo con una taza de café, decidió tomar el teléfono y llamar a su colega en la investigación. Este no tardó en responder.

-Guten Tag ¿Con Siegfried Schneider?

-Él habla, Hans.- dijo el hombre, con voz algo áspera.

-Parece que estuvieras enfermo.

-Algo, nuestra infructuosa búsqueda de esa pareja me ha obligado a permanecer mucho tiempo fuera de casa.- le dice rememorando la huida del italiano y la japonesa, tema que casi causó un cisma entre sus compañeros.

-Lo lamento, pero son gajes del oficio.

-No tienes porque decírmelo, así que anda sin cuidado.- responde el hombre, esperando la pregunta de su amigo.

-Bueno ¿Que tienes para mí? Espero que puedas alegrarme el día.

-Suena como si te hubiera ido mal.

-Oh, han ocurrido ciertas cosas. No he podido reportarte mucho, pero son grandes novedades... salvo por la ultima parte, claro. Pero empecemos por las buenas noticias, es decir, por lo que tu tengas que decirme ¿Qué hay de nuevo allá en München?

-Pues, verás, me entrevisté nuevamente con el joven Elric.

-Ah, el famoso Edward Elric ¿Que te ha revelado ahora?

-Pues... algunas cosas un tanto preocupantes.-

-Flashback-

Tras prometer que mantendría en el anonimato la identidad suya y de su familia, Edward le contó a Armstark varias cosas sobre su mundo: sobre la alquimia, sobre la creación de Sigismund y muchas otras cosas más. Finalmente, llegó al punto en que él y su hermano tenían que hacerse cargo del athanatoi...

-Tras arribar de donde vinimos y establecerme aquí, en München, decidí retomar uno de los objetivos que teníamos yo y mi hermano al volver a Alemania: matar a "esa cosa". Sin embargo, él estaba ocupado disfrutando el poco tiempo de vida que le quedaba a su novia, por lo que decidí emprender la cacería con un grupo de hombres de confianza, dedicándole una semana al mes. Así fue durante un año, pero lo dejamos para esa navidad: tras haber recorrido más de la mitad de la República de Weimar, no hallar nada y aumentar mis responsabilidades como padre, tuve que abandonar ese pequeño proyecto y abandonarme a la idea...

-¿Qué idea?

-De que "eso" no sobrevivió al viaje interdimensional. Sabe, las posibilidades que eso ocurra no son muy bajas.

-Me temo que eso no es verdad: mi compañero me reportó hace poco que un grupo de espías britano-americanos con el que trabaja ha detectado movimiento entre los miembros del partido nazi y revelaron a ciertos emisarios extranjeros la existencia de ese "soldado perfecto".- Edward trató de disimular su preocupación, pero fue en vano. Aún así, buscó parecer lo más calmado posible.- ¿No puede darme más detalles? ¿Algo como para poder tomar la pista de esa cosa?- Edward se puso a pensar brevemente y una idea se le ocurrió de súbito... pero volvió a reconsiderarla.

-Hay una forma... pero es algo complicado decir esto.

-¿Qué cosa?

-El hombre que sirvió de modelo de esa cosa... él era un viejo conocido mío. Su nombre era Johannes Engel von Jungingen. Vivía en Magdeburg, por lo menos hasta que toda su familia fue perseguida por los nazis.

-Y... ¿Eso que tiene que ver?

-Es una teoría... quizá una posibilidad, pero si parte de su esencia está en esa criatura, entonces él... Oh, dios...- Edward se para estrepitosamente de la mesa y se coloca el abrigo a una velocidad endemoniada.

-¿Herr Elric?

-Lo siento, había olvidado algo con suma urgencia. Estaré en contacto con usted, pero si fuera posible tenga un grupo o dos listos para la acción.

-Eh... ¿Un grupo o dos de qué? Oiga, ¡Herr Elric!- el Elric no le dio tiempo para explicar la situación. Salió corriendo del lugar a una velocidad que nunca había visto en su vida.

-Fin del Flashback-

-Ya veo. Ciertamente, es preocupante. Creo que deberías hablar con él, otra vez, esta misma tarde para ver qué es lo que le preocupa tanto.

-Planeo caer en su casa a las seis de la tarde. Ahora ¿Qué es eso que tanto te ha estado molestando, Siegfried?

-Ah... como decirlo. Pruebas y testimonios de primera mano que se me escapan... como agua entre los dedos.

-Flashback- dos días atrás-

Joffrey Barlow miraba con estupor a los dos agentes gaélicos que estaban parados frente a él. No podía creer lo que le contaban ni como había sucedido: solo sabía que algo dentro de él iba a estallar. A su lado estaban los demás agentes, los norteamericanos, el alemán y el francés. Finalmente, Fearghus terminó la explicación con las excusas correspondientes.

-Este percance no es culpa más que mía...- Eadoaín intentó defenderlo.

-¡Fear..!- Barlow le hizo una señal con la mano para que se callara.

-Si hay alguien que deba ser reprendido por esto... ese soy yo.- Barlow se tomó el tabique durante unos cinco segundos para, acto seguido y con la misma mano, soltar una poderosa y sonora bofetada sobre su subordinado. El joven escocés retrocedió tres pasos antes de poder volver a enderezarse. Los demás agentes estaban perplejos y Eadoaín enfurecida.

-¡Pero cómo te atreves...!

-¡Cierra la boca, puerca irlandesa!- le grita el hombre con voz atronadora.- Si no fueras mujer estarías peor que este idiota.

-Sé que nos merecemos tus reproches ¿¡Pero tenías que esperar a que todos estén presentes para esto!? Esto es una humillación. Sabes de esto desde...

-¡Silencio!- grita nuevamente el enfurecido inglés. Elizabeth entonces interviene.

-Joffrey, cálmate.

-¿¡Como demonios quieres que me calme!? ¡Esos dos eran nuestra oportunidad perfecta para descubrir los planes de esos dementes y estos peleles lo han echado a perder por completo!

-Pueeees... eso no es del todo cierto ¿Sabes?- le dice Roy , cosa que llama la atención del británico.

-Explíquese, señor Huntington.

-Nos han contado algo que ellos sabían, información más o menos relevante, pero muy poco concluyente. Estando en el norte encontramos pistas que corroboran la historia de nuestros prisioneros.

-Pero eso no quiere decir que...

-No los persiguen a ellos, Sr. Barlow: esa cosa no los buscaba a esos dos. Es más, ellos estaban en el momento equivocado, en el lugar equivocado. Eso es lo que nos dijo nuestro contacto.

-¿Contacto?

-Uno de los rusos que perseguían. Lo encontramos en el norte.- le informa Elizabeth.

-¿Ah, sí? ¿Y dónde está?

-Lo dejamos ir.- le dicen ambos al unísono y Joffrey casi siente que su corazón paraba de latir.

-¿¡Es que acaso estoy rodeado de imbé...!?- antes que pueda acabar la frase, Roy le propina un puñetazo que casi manda al suelo al inglés.

-¿¡Puedes callarte y escuchar for a fucking first time in your fucking life!?- le grita dejando notar el acento natural de New York. Eadoaín se cubre la boca para no soltar una carcajada, ni mostrar la sonrisa que se había dibujado en su rostro.

-Gracias, Roy.- le dice Elizabeth.- En fin, como iba diciendo. Lo dejamos ir pero a cambio de una oferta que no puede rechazar.- en ese momento suena el teléfono de la casa.- Oh, ese debe ser él.- la chica contesta el teléfono- Eh, no, nosotros no queremos lo que vende. Gracias.- responde antes de colgar.- Falsa alarma. En fin, como iba diciendo, lo dejamos libre porque resulta que nuestro pequeño hombrecito de los Urales no es más que un miembro de la realeza rusa.- la cara de Barlow, contraída por el dolor, toma cierta curiosidad.

-¿Qué?¿Que fue lo que le ofreciste?

-Una mano para hallar a sus viejos conocidos. Claro, si colabora podría obtener todo lo que tuvo alguna vez hasta que los bolcheviques se lo quitaron.- le dice la noble galesa, con una sonrisa.

-Es una oferta justa.- dice el francés mientras enciende un cigarro.- Sin embargo, si no tenemos algo más que su dudosa ambición, que pudo ser borrada por el lavado de cerebro comunista, entonces no hay nada que asegure que el muchacho vaya a...- en ese instante suena el teléfono. Elizabeth contesta.

-¿Hola? Oh, justo hablábamos sobre ti ¿Qué novedades? Ah, entonces es hacia el sur ¿Eh? Quizás tu idea sobre München no estaba tan errada. Debo suponer que si estamos hablando es porque reconsideraste mi oferta ¿Cierto?... ¿Cómo? Bueno, si requieres más tiempo para pensarlo, entonces no hay problema. Solo avísame para enviar a los agentes a buscar a los tuyos ¿De acuerdo? Ok, bye.- la chica cuelga. Luego se dirige a Fearghus.- Dime ¿A dónde dijiste que se fueron esos dos?

-Seguimos su pista por toda la ciudad, un italiano y una japonesa no pueden pasar desapercibidos mucho tiempo. Los vieron tomar un tren hacia Regensburg.

-Bien, porque dicen que vieron a nuestros objetivos dirigirse a München: con algo de suerte tendrás tu tiempo de redención, Fearghus.

-Sí, miss Angarhad.- dice el escocés, aún tomándose la mejilla. Etaín lo toma desde los hombros y lo lleva a la cocina para ponerle una bolsa de hielo a su rostro. Ella los mira alejarse.

-Hacen una bonita pareja ¿No lo creen?- los cinco hombres se miran entre ellos al escuchar el comentario, y solamente Jourdain se atreve a preguntarle.

-¿A qué viene ese comentario ahora?

-Era para bajar la tensión, monsieur.- responde la chica.- En fin, tenemos mucho por hacer, señores. Por lo pronto, creo que habrá que dirigirnos al sur ¿No creen?- todos asienten.- De acuerdo, entonces esperamos sus ordenes, Herr Schneider.- tras eso, la mujer se dirige a la cocina, dispuesta a prepararse una taza de té. Tras unos minutos de silencio, Schneider pregunta.

-¿Desde cuándo ella está al mando?- todos los cuestionados alzaron los hombros. Schneider sonríe.-Me gusta su carácter... entre otras cosas.- Roy toma un cigarrillo y lo enciende con pereza. O'Bryan parece entender que es lo que va a decir.

-Igual que tu ex ¿Cierto?

-Pero con más cojones...- tras expulsar el humo del cigarro, agrega...- tú sí me entiendes, bro.

-Fin del Flashback-

-Espero que no te dejes fascinar demasiado: las espías son mujeres terribles. Nunca sabes dónde está su lealtad.

-Que va, seguro por eso desposaste a una costurera.

-Modista, Schneider, mi esposa es modista. Es muy conveniente, sabes, casi nunca es posible encontrar ropa de mi talla.- tras dar el comentario, Armstark vuelve su cabeza hacia atrás, tratando de pensar en la situación.- Como sea, si es cierto lo que dices, entonces inevitablemente todas las piezas van a tener que converger en este mismo lugar ¿Cierto?

-Me sorprende la calma con la que lo dices, pues es precisamente lo que va a suceder.

-Seguramente por eso me dijo que debo estar preparado. Pues, de ser así, tendremos que estar listos cuanto antes. Seguro a Herr Elric le interesará escuchar esto. Es más, creo que iré ahora mismo a verle.

-Buena suerte Hans.

-Danke, Siegfried. Auf wiedersehen.- pronuncia lentamente al colgar el teléfono.

En ese mismo instante, Edward Elric realizaba una maratónica carrera desde la oficina de Hans Armstark, cerca del centro de la ciudad, hasta su casa, algo alejada de dicha zona. Sabe que cada segundo es vital, por lo que no puede esperar ningún otro medio que pueda atascarse en el tráfico de las cuatro de la tarde. Tras cruzar la pista y bajar otras tres cuadras, finalmente llega a la puerta de la casa, la cual abre con rapidez, mientras entra a la casa anunciando con voz fuerte.

-¡Winry! ¡Saca mi maleta del closet! Tomaré el siguiente tren hacia Kiel y de allí iré a Aarhus.- la chica sale de la sala, aparentemente atareada por la tetera que llevaba en la mano, con una expresión de extrañeza por el anuncio.

-¿Y cómo es que vas a viajar tan de repente?

-No hay tiempo para preguntas, mujer ¡Alphonse está en peligro!- dice Edward con seguridad. Winry, por su parte, cambia su cara de extrañeza por una de... mayor extrañeza, si es que no se le puede decir de otra forma.

-¿Como que Alphonse está en peligro? Si él justo acaba de...- en ese momento Alphonse asoma su cabeza a la recepción por la puerta de la sala...

-Eso, hermano ¿Cómo que Alphonse está en peligro si es que acaba de llegar?- el Elric que estaba a punto de dejar su sobretodo en el perchero, lo deja caer al suelo pesadamente. Mientras su mujer lo mira con una cierta ironía. El shock no dura nada y nuevamente Edward alza la voz.

-¡ALPHONSE! ¿Qué demonios haces aquí?

-Calma, calma. Verás es una historia muy larga, pero si pasas te la contaré más tranquilamente.- en ese momento se escucha un llanto dentro de la sala y una chica, cargando al menor de los gemelos, sale pidiendo ayuda.

-¡Alphonse! ¿Podrías echarme una mano con tus sobrinos? Aún no me tienen mucha confianza...- Edward mira anonadado a la chica que tiene en frente: era el vivo retrato de Johannes, pero con los cabellos más claros y los ojos pardos, color sumamente distinto al azul verdoso de su amigo. Algo de su preocupación desapareció de súbito... y una nueva sensación en él surgió. Pero decidió guardársela.- Ah, usted debe ser el hermano de Alphonse.

-Y usted la hermana de nuestro querido amigo Johannes.- le dice estirando los brazos para recibir al niño que la ex-novicia sostenía.- Edmund Kassel, un gusto conocerla.

-Edward, ella sabe todo lo que pasó. No necesitas ocultar tu nombre.

-¿En serio? Bueno, entonces me presento nuevamente: mi nombre es Edward Elric. Es un gusto conocerla...

-Margaret... Engel.- le dice ella.- Disculpe, recientemente conozco mi verdadero apellido y hace no muchos días he tenido que aprender a usarlo.

-No te preocupes, no hay prisa.- le dice tranquilamente.- Winry ¿Les has servido algo, cierto?

-En eso estaba hasta que llegaste, mein Schatz.- le dice ahora con una sonrisa igual de irónica, como si se burlara de su abrupta llegada. Él notó la burla de su esposa, a lo cual solo atinó a sentir algo de vergüenza.

-Jejeje... bueno, deja de avergonzarme. Dame eso y tranquilízalo, yo me encargo de esa tetera.- le dice mientras intercambia con su esposa al niño por la tetera.- ¿Puedes echarle una mano a Margaret mientras yo hablo con Alphonse por un momento?- ella lo mira con extrañeza, pero parece entender lo que quiere decirle.

-De acuerdo, pero dense prisa que se enfría el café.

-Ok.- Winry entra con la chica a la sala de estar y deja a los hombres en la entrada del hogar.-Entonces ¿Me estás diciendo que esta es la hermana de Johannes?

-La misma.-Edward mira en dirección a la sala de estar.

-¿Una monja?

-Novicia: la saqué del convento antes de los votos.

-Bueno, no importa. Alphonse, te iba a buscar porque empecé a recordar algunas cosas sobre Sigismund.-Alphonse parece sorprenderse con el tema, pero responde algo que precisamente Edward no quería oír.

-Es curioso: yo te vine a buscar porque, precisamente, quería consultarte algunas cosas sobre Sigismund.

-De acuerdo. Sin embargo, quisiera que fuera algo breve.

-¿Por qué?

-Te lo diré en un momento, pero primero hay que hacer que esas dos se vayan de aquí, no quisiera preocuparlas... Y creo que sé cómo hacerlo.- los hermanos entran a la sala de estar y ven a las dos chicas hablando animadamente.- Entonces, Margaret ¿Cómo estás? Alphonse me ha contado que es tu primera vez viviendo fuera del convento.

-Sería la segunda si tengo que contar los pocos meses con mi familia. Pero sí, me encuentro bien y muy sorprendida por lo que he visto hasta ahora: este país, aunque golpeado por la guerra, parece que va en camino a recuperarse.

-Aunque parece que por salir a un hueco nos vamos a meter a otro. Oh, pero no me hagas caso, eso se verá en un futuro. Ahora, entiendo que han venido por cierta información, sobre cierto sujeto... pero creo que primero debería cambiar su vestimenta, noviciaEngel.- le dice mirando sus ropas, aún de novicia.- Mi esposa podría ayudarla.- Winry parece entender la indirecta de su marido y decide no perder la oportunidad para ir de compras.

-Ok, entonces será mejor adelantarnos ¿No crees Margaret?- le dice Winry a la ex-novicia mientras la toma del brazo y la levanta del sofá. Ella, algo confusa, asiente.

-Sí, pero... ¿A dónde me llevas?- la esposa de Edward no demora en responderle.

-Bueno, ahora que no serás monja ¿No crees que deberíamos empezar por quitarte esas ropas de novicia?- acto seguido la jala hacia afuera de la casa mientras se despide de ambos hermanos.- Volvemos en un par de horas, cuídenme bien a los niños.- las chicas salen de la casa y ambos se quedan solos.

-Ok ¿Que te preocupa?- pregunta Alphonse, a lo que Edward responde.

-¿Sigismund te ha encontrado, cierto?- el menor se muestra sorprendido.

-¿Como lo sabes?

-Entonces es verdad. Me lo temía.

-Pero no creo que sea mucho problema: sigue atontado, parece un bruto que no puede decir muchas palabras.

-Los athanatoi, durante sus primeros días y antes de poder despertar, suelen ser agresivos, sádicos e irascibles ¿Recuerdas como era Lygmante al inicio de su vida?-Alphonse hace memoria sobre la chica que conociera hacía ya buen tiempo.

-Oh, rayos... Entonces, podemos deducir que...

-Sigismund se irá haciendo más inteligente con el pasar del tiempo, de eso no hay duda. Que va, como si eso fuera lo único grave con lo que tenemos que lidiar.

-¿A qué te refieres?

-He estado hablando con un hombre que está investigando los sucesos de la casa de Haushofer: sabe de Sigismund, sabe que es una posible arma del partido nacionalsocialista... y lo que es peor, tiene un amigo que le está siguiendo los pasos.

-¿Y en que es eso peor?

-Que le sigue los pasos junto a otros agentes de inteligencia de otros países.- Alphonse parece extrañado por semejante estrategia.

-Tiene que ser muy descuidado o estúpido para haberte dicho información que puede ser considerada confidencial.- Edward niega con la cabeza.

-No, yo lo he deducido por mí mismo.

-Esto no es bueno.- murmura Alphonse.- Ya de por sí era un problema que esa cosa anduviera suelta. Ahora resulta que es un arma nazi y que, para hacerlo peor, otros países están buscándolo, quien sabe para qué.

-Confío en Armstark, en su deseo de destruirlo. Pero no puedo dar fe en las intenciones de los demás.

-Necesitaremos un poco de buena suerte. Pero volvamos al problema principal: ahora que sabemos que Sigismund los está siguiendo ¿Que es lo que harán?

-Estamos pensando en irnos hacia Austria, a dejar a...- en ese momento suena el timbre, seguido por cuatro fuertes golpes a la puerta. Alphonse empezó a temer que fuera el athanatos, pero una voz sumamente familiar para él le devolvió la calma.

Herr Elric! Abra, es Armstark. Tengo noticias sumamente importantes.- Edward, aliviado también, se dirige a abrir la puerta al oficial de inteligencia. Ante la mirada perpleja de Alphonse aparece la viva imagen de Alex Louis Armstrong. Hubiera pegado un grito de entusiasmo de no haberse encontrado ya con otros reflejos y si no estuvieran una situación tan difícil.- Buenas tardes, usted debe ser el hermano de Edward, el señor Alphonse. Es un gusto conocerlo: Hans Armstark, a su servicio.

-El gusto es mío. Bien Herr Armstark, me han dicho cosas interesantes sobre nuestro problema y creo que también tenía algo que comentarnos.

-Sí. Es sobre mi compañero en Potsdam: me ha comunicado que un informante suyo les ha confirmado que esa cosa está viva y se dirige hacia el sur.

-¿Viva? ¿Fue emboscada o algo así?

-Al parecer se vio envuelto en el incendio de un convento o una iglesia en Dinamarca.- Edward mira a Alphonse como si fuera un portador de desgracias y este solo puede sonreír nerviosamente.- No tenemos más pista de que está siguiendo a un hombre y a una novicia que han huido tomando un barco hacia tierras alemanas.

-¿A qué parte del sur se supone que te dijeron?

-Hacia Austria, por lo que inevitablemente tendrán que pasar por München antes de dirigirse a Rosenheim.- Edward mira a Alphonse y este no puede hacer más que respirar sonoramente.

-Scheisse...-murmura Edward.- Parece que pronto tendremos a todos aquí mismo. Pero ni aún así podremos acabar con esa cosa.

-¿Como lo sabe?- pregunta Armstark

-Es un ser creado con alquimia: únicamente eso lo puede matar.- un silencio sepulcral se apodera de la sala. Edward se deja caer sobre el sofá y empieza a pensar.- El lugar más cercano para hacer el ritual... Armstark ¿Conoce algún castillo o palacio en Alemania que pueda tener una historia particularmente horripilante?

-No conozco, lamentablemente.- tras la declaración del hombre, Edward se mantiene en silencio por casi media hora, pensando y recordando lugares y teorías, manteniendo la mirada clavada por intervalos de tiempo en la taza de café, el pastel de manzanas que devoran Alphonse y Hans mientras se mantiene el silencio y en sus pequeños hijos que empezaban a treparse a los hombros del enorme sujeto, el cual seguramente les parecía una montaña y que los sujetaba cuando estaban por caerse. Finalmente, Edward se paró, llamando la atención de todos, inclusive de sus hijos que ni tenían idea de que hablaba su padre.

-De acuerdo... parece que no habrá otra opción que realizar el ritual en Cachtice.

-Es el único lugar en el que podemos comprobar el efecto de la puerta ¿Cierto?- preguntó Al.

-Sí. Después de todo, volvimos por allí ¿No?- la conversación es interrumpida por Armstark.

-Cachtice... ¿Eso es en Checoslovaquia, cierto?- Edward asiente.- ¿Que tiene que ver con este asunto?- Edward recordó entonces que no le había hablado de su conjetura a Armstark. Pensándolo detenidamente, no tenía porque desconfiar del hombre, hasta ahora había sido de gran utilidad para saber que había sido de Sigismund. Sin embargo, las cosas cambiaban ahora: con un grupo de diversos, agentes además de los alemanes, Edward no debía revelar tan a la ligera que lo único que podía atraer a Sigismund hacia algún lugar era la hermana de Johannes.

-Deme un momento, necesito buscar un papel para graficárselo de una forma más adecuada. Alphonse, toma a los niños, que dejen de molestar a herr Armstark.- el aludido toma a sus sobrinos y los lleva junto con él al sofá donde estaba sentado. Una vez que los niños estuvieron con su tío, Edward sacó del cajón, donde supuestamente estaba buscando el papel y el lápiz, una Lugher, dejando boquiabiertos a Armstark y a Alphonse.- Antes que pregunten, sí, está cargada.

-Herr Elric ¿De qué va todo esto?

-Es para asegurarme de sus convicciones ¿Que es lo que haría usted con esa cosa a su merced?

-¿Pero qué clase de pregunta es esa? ¡Destruirla, por supuesto!

-¿Y qué opina su compañero? ¿Qué opinan los ingleses, franceses y americanos? ¿Tendrán su misma convicción?- Armstark se queda callado, no sabe que responder.

-¿Insinúa que quieren apropiarse del arma nazi?

-¿Por qué no? Sé lo que es servir en el ejercito, Herr Armstark, no me está contando nada nuevo. Muchas veces se deben tomar decisiones más allá de tus convicciones, sino en pos de un bien mayor: eso es servir a tu patria, aunque te sea doloroso.- el soldado no puede entender el por qué de tanta duda ¿Que no habían compartido información anteriormente?

-¿Entonces para que se molestó en ayudarme siquiera? Por más que desconfíe de mis fuentes, no hay forma que yo lo traicione ¡Le he dado mi palabra de honor! ¿No le basta con ello?- Edward parece dudar un poco, pero no mueve la pistola ni un milímetro.- ¿Que es lo que le impide confiar en mí?- finalmente, tras algunos segundos, habla...

-La vida de mi hermano: quien lo siga, a él y a su acompañante, encontrará a esa cosa.

-Espere... eso quiere decir que a él lo...

-A él y a la mujer que lo acompaña los está siguiendo: Esa cosa, en cuestión de horas, estará aquí, en München. Así que responda, Herr Armstark ¿Que hará?


A varias cuadras del hogar de Edward, tanto Margaret como Winry enfrentaban el dilema de sacrificar la comodidad por el buen gusto.

-En serio, ese conjunto es bueno, pero creo que este está mucho mejor.- dice la chica mostrándole una falda y chaqueta cremas junto a una blusa de un tono azulado.

-Sí, como para andar una tarde de verano con la familia y los amigos quizás, pero no como para huir apresuradamente.

-Las faldas no te dan impedimento para correr.

-Salvo si fuiste criada en un lugar con altas reglas sobre el pudor.- le dice la ex-novicia, que vestía un pantalón pardo, una blusa blanca.- En serio, este me gusta.- Winry se toma la barbilla, como si dudara de dejar salir a la chica vestida así.- ¿Qué? Me gusta: es cómodo y cumple con la necesidad ¿cierto?

-Sí, cierto. De todas formas, pruébate un par de conjuntos más: por lo menos deberías llevar dos cambios de ropa.- la chica parece un tanto impaciente, pero obedece. Winry no puede evitar reír mientras Margaret se desbrochaba la blusa.- Jajaja... en verdad eres la hermana de tu hermano: a él también le gustaban las cosas simples.- ella se queda congelada en su lugar.- ¿Margaret?

-Dime... Winry ¿Como era él?

-¿Alphonse no te lo ha contado?- ella niega con la cabeza.

-Cosas generales, como que era un hombre noble y valiente. Me habló también de su lucha contra los inmortales y todo lo que hizo... pero quisiera saber más sobre quien era que sobre lo que él hizo ¿Que le gustaba hacer? ¿Que podía hacer?

-Apenas puedo decirte lo que he percibido de él y lo que me contaron nuestros amigos en común. Es cierto, a grandes rasgos tu hermano era un hombre noble y valiente... pero no solo eso: era apasionado a la hora de luchar, según me dijo mi esposo y como yo también lo pude notar; su sentido de justicia era tan fuerte como él mismo. Le gustaba tomar té por las tardes en la tienda de Elsie y Arzu Fabre en Ciudad Central, la ciudad donde vivió buena parte de su vida, aunque cuando visitó nuestro pueblo, Rizenbull, también le gustó y seguramente se hubiera mudado allí si hubiera tenido la oportunidad. Era todo un artista, adoraba tocar el violín, instrumento que manejaba con maestría y también, cuando pudo recordar su idioma natal, cantar una que otra cosa en esa lengua. Le gustaban los gatos, al igual que a Alphonse, adoraba a sus amigos, a Edward-quien fue su mentor- y a sus camaradas de armas, pero, por sobre todas las cosas y personas, amaba a la que, con seguridad, hubiera sido tu cuñada, Jane Fallwind.- Margaret parece interesada en esa última línea.

-¿Jane Fallwind? ¿Cómo era ella? ¿Qué le gustaba de ella?

-Una chica con carácter, inteligente, fuerte como ella misma. Era miembro de la milicia, hija de uno de los mejores detectives de la ciudad capital y aprendiz de dos grandes alquimistas: Theodore Danglars y Sinfjotli Lentz, pseudónimo que alguna vez usó tu hermano. Era hábil en la lucha y una chica, aunque en apariencia fuerte, muy sensible y devota a todos aquellos a quienes amaba... sobre todo a tu hermano. Aunque claro, alguien tan orgullosa como ella no quería admitir en un inicio esa clase de sentimientos por quien había sido su rival, pero se notaba a leguas que estaba enamorada de él. Sobre que le gustaba de ella, seguramente su actitud lo enamoró... pero tampoco hay que negar el buen cuerpo que tenía la morena.- agregó con una sonrisa.

-¿Qué pasó con él?- la expresión de Winry se tornó seria y triste.

-Por lo que vi antes de huir hacia aquí, tu hermano estaba... no, no creo que sea bueno...

-No... Alphonse me había contado un poco. Pero quisiera saber un poco más de los detalles.

-Bueno, si tanto deseas saberlo, te lo diré.- Y ella le habla de todo lo acontecido dentro de esa cueva, inclusive dando detalles que Alphonse obvió para evitar sufrimientos a la chica. Al final, ella quedó meditabunda y perpleja por lo escuchado.- Lamento no poder decirte si murió o sigue vivo.

-No... está bien con eso, gracias. Por lo menos sé que... fue un héroe ¿No?- Margaret parece emocionarse con estas palabras y casi parece quebrarse en llanto, cuando la mujer de Edward se adelanta para abrazarla.

-Sí... nuestro héroe.- le dice reconfortándola. Ya más calmada, Margaret toma el conjunto que Winry había elegido para ella.

-Mmmm... sabes, creo que podría también llevarme este.

-Maravilloso. Pero creo que aún deberíamos elegir uno más.

-¿Eh? Pero creo que así está bien.

-Créeme, un tercer conjunto no te hará mal. Además, ya no vives en el convento, no es necesario que debas llevar la misma muda de ropa todos los días ¿cierto?- le recalca Winry, pasándole dos prendas más: un vestido de una pieza y una chaqueta.

-Uh... supongo que tienes razón.- ella coge la ropa y vuelve al probador para vestirse nuevamente.- Lamento no ser tan comprensible con estas cuestiones de modas y vestimentas, pero entienda que he sido criada de una forma en que esto viene a ser una muestra de vanidad.

-No necesariamente ¿Sabes? No usas joyas ni ropas reveladoras o de material muy fino. No creo que ninguna monja te pueda criticar por vestir lo que vistes ¿O sí?

-De hecho, estoy segura que...

-Bueno, perdón, seguramente que si deben haber varias. No sabría decirte, nunca fui a un internado.

-¿Cómo percibe el mundo, Señorita Winry? ¿Cómo cree que es, a diferencia del suyo?- Winry se había estado haciendo esa pregunta una que otra vez, pero no podía pensar en mejor respuesta que la que soltó a la ex novicia.

-Diferente. Muy extraño y más complejo que el mío, aunque con los mismos problemas. Honestamente, hay días en los que creo que hubiera sido mejor haber convencido a mi esposo para no venir, pero me doy cuenta que eso es imposible. Por ahora, lo único que quiero es encontrar un buen lugar donde vivir con mi familia y criar a mis hijos en paz y tranquilidad y si ese lugar es aquí, pues por aquí nos quedaremos... así que ya sabes, siempre que quieras buscarnos, por aquí estaremos.- le dice la mujer. En ese momento, Margaret sale vestida con el conjunto señalado.- Oh, interesante...

-¿Qué cosa?

-Me acabo de dar cuenta que, vista de cierta forma, en verdad...

-¿Qué?

-En verdad eres muy parecida a Johannes. Es más, podría decir que verte así es como verlo a él vestido de mujer.- un silencio incomodo invadió el ambiente, mientras el rubor de Margaret empezó a notarse en sus mejillas.

-Mi... mi hermano... ¿El se ve-vestía de...?- Winry, de forma casi robótica y tajante, interrumpe a la joven.

-No. Olvídalo. Fue una pésima comparación. Has como si no hubiera dicho nada... jajajaja.- Tras mirarla más fijamente, decide.- No, olvídalo, ese conjunto no te va. Vamos a mi casa. a lo mejor te puedo regalar algo de lo que tengo allí.- Tras pagar lo que llevarían, las chicas se dirigieron a la puerta, solo para encontrarse con Edward, Alphonse, Armstark y los gemelos.- Mein Schatz ¿Qué haces por aquí?

-Dándote el alcance y haciendo de niñero con tu cuñado.- le dice mientras le entrega a uno de los niños.- ¿Como les fue?

-Le compré un par de conjuntos a Margaret. Creo que podrá ir bien con eso, aunque creo que podríamos elegirle algo más...

-Tendrá que ser en la casa, porque mañana mismo deben tomar un tren a Viena.

-Pero si apenas acaban de llegar...- Alphonse se adelanta a su hermano, sin dejar de sostener a su sobrino y le dice con gravedad.

-Créeme Winry, Edward tiene razón: es lo mejor para todos.- ella parece entender la gravedad de su voz como un mal augurio.

-Ya veo. Si lo dices así, entonces no hay de otra.- sin embargo, ello no haría decaer un momento especial en que toda la familia podría reunirse.- Aún así ¿Alguien tiene hambre? ¿Quieren ir a comer a algún lado?

-Precisamente por eso veníamos a buscarlas. Armstark conoce un buen lugar donde no tienen problemas aceptando niños, sabes.

-Jajaja... mi cuñado tiene una cafetería, un pequeño negocio familiar. No creo que sea mucho problema para él.- dice tomando las cosas que compraron las mujeres y dejando que Alphonse y Winry se encarguen de los niños, mientras avanzan por las calles de München, dispuestos a disfrutar de una velada amena... quizás una de las pocas que podrían disfrutar esa temporada.


Rosenheim, Estado de Bayern- 12 de Junio de 1932-

Girolamo acababa de arribar a Rosenheim tras evadir a cuantos controles de seguridad... y no nos referimos a la policía del Estado de Bayern, sino a un grupo de jóvenes militantes de las SA que patrullaban las calles y estaciones, cada uno con la misión de detener al primer ciudadano italiano adulto que encontraran con una actividad sospechosa. De haber sabido que la orden habían sido desplegados para atrapar o entorpecer el paso de Vicenzo y no de él, entonces no se estaría tomando tantos problemas.

-No creí que se fueran a tomar tan en serio todo esto. Y yo que esperaba que una vez liquidados los otros dos, no tendría mayor problema para volver a Austria.- se dice mientras se internaba en la ciudad, cuidando que no vieran su rostro. Sabiendo que probablemente habrá alguien espiando en los hoteles cercanos a la estación, se dirige al centro de la ciudad, desde donde podrá buscar las zonas menos patrulladas de la ciudad. Allí tendría que buscar un hotel y quedarse, forzosamente, por ese día: debía buscar la forma de huir de allí sin ser detectado.

Al mismo tiempo que Girolamo se establecía en la ciudad, Vicenzo se encontraba lidiando con el mismo problema que su objetivo: hacía unos pocos días esos raritos de los uniformes pardos habían intentado secuestrarlo, pero pudo librarse de ellos y dar aviso a la policía. Creía que su fortuna había cambiado, pero terminó por darse cuenta que solo había logrado llamar la atención y hacer que esos bastardos se vistieran de civiles.

-Ahora debo estar el doble de atento si no quiero que me desaparezcan. Aunque, no creo que sean tan estúpidos: por culpa de la traición de Girolamo y la fuga de Gian, ahora soy el único miembro de la misión que puede volver a Italia con un mensaje claro para Il Duce. Sino vuelve ninguno, lo más probable es que sospechen y rompan relaciones con estos nazis.

El italiano se encontraba en un café, cerca del centro del pueblo, pero lejos de su compañero traidor. Miraba a su alrededor, buscando caras conocidas y miradas sospechosas. Pudo percibir cinco.

-Debo encargarme de ellos. Por lo menos debo saber, por boca de uno, cuáles son sus instrucciones.- Se decía mientras acababa su café y pagaba la cuenta. Hecho esto, se metió entre la multitud y empezó a caminar a la par con ellos, para perderse de vista. Era arriesgado, cualquiera podría haberse metido en medio, apuñalarlo y luego irse como si nada, pero si no deseaban su muerte el no hacerlo era una clara señal de ello. Se mantuvo caminando entre la multitud, hasta que vio que podía aislar a uno de sus perseguidores para poder interrogarlo... "apropiadamente". Era este un hombre de poco menos de veinticinco años, pero de porte fuerte. Aunque más joven y notablemente fuerte, Vicenzo ya se había encargado de presas más grandes. Este no sería la excepción. Tras algunos segundos, se metió al callejón más cercano y su presa le siguió para, después de algunos minutos, saliera únicamente el italiano vestido como un miembro de las SA. Con su nuevo disfraz y sabiendo hablar el idioma en un acento neutral, el italiano no tendría que preocuparse porque lo encontraran en un buen tiempo y se dirigió hacia la estación de trenes, lugar donde, estaba seguro, podría conseguir usar un telégrafo o un teléfono, cualquier método para comunicarse con Italia sin ser localizado sería perfecto.

Tras algunos minutos de caminata, no tuvo problemas para llegar a la estación sin ser localizado. Entró y tomó un teléfono. Sabía que tenía poco tiempo: si lo seguían, seguro tenían que estar pinchando las líneas.

-Debo ser rápido.- se dijo entre dientes mientras marcaba a la operadora. La llamada demoró unos eternos diez minutos hasta que pudo ser comunicado con la oficina gubernamental de Milán.

-Pronto? Chi sei?

-Pronto, parla Vicenzo Settignano. Es urgente, necesito que me comuniquen con el cuerpo diplomático ahora mismo.

-Deberá esperar un momento, signore, la persona a cargo...

-¡No hay tiempo! Dígale que Girolamo Faliero es un traditor: trabajaba también para los austriacos. Quieren evitar que hable los miembros de este partido nazi.

-Bene, la sua situazione é molto difficile. Le informaré cuanto antes ¿Eran tres, cierto? ¿Qué noticias hay de Gian Cavallaro?

-Me dijeron que el mascalzone ese se fugó con una japonesa. Honestamente, les creería, pero por ser los mismos que me quieren desaparecer, no creo que esa haya sido la situación.

-Entonces deberíamos darlo por perdido. Descuide, le comunicaré todo cuanto me ha dicho a nuestro superior.

-Grazie.

-No hay problema ¿De donde está llamando?

-Rosenheim.

-Si no puede escapar por la frontera de Austria o Suiza, vaya a München y busque refugio en la casa de alguno de nuestros mandatarios. Seguro que... ¿Hola?- la señal se había cortado de súbito, cosa que el operador entendió como un mal presagio. No se equivocaba.

-¡Hola! ¿Operador?- al escuchar el tumulto que se armaba en la puerta, supo que es lo que estaba pasando. Sin perder tiempo, Vicenzo salió corriendo a todo lo que daban sus piernas y saltó por la ventana del lugar. Cayendo pesadamente en la acera e incorporándose como si lo siguiera el mismísimo demonio. Hubiera echado a correr a la misma velocidad de no ser porque frente a él, yendo hacia la misma estación, estaba Girolamo Faliero. Una rabia intensa se apoderó del hombre, quien no dudo en llevarse la mano hacia la espalda, que es donde tenía la pistola. El aterrado joven supo lo que le esperaba si se quedaba allí parado, pero lo mejor en ese momento era no hacer nada: no se atrevería a matarlo allí mismo... no mientras hubiera gente persiguiéndolo. En ese momento, los miembros de la SA salieron de la estación, gritando que se detenga, seguidos por algunos policías que trataban de detenerlos. Vicenzo, viendo que no tenía oportunidad de acabar con su enemigo, simplemente le sonrió y movió los labios para él. Tras ello, salió corriendo para evitar ser cogido por sus perseguidores.

Girolamo se quedó de piedra: tras haber descubierto a quien buscaban los nazis, se había animado a ir a la estación para usar el teléfono, confiado esta vez en que no estarían revisando sus llamadas, pero no contaba con encontrar a su antiguo superior allí y menos que le dejara el mensaje mudo que le dijo con el movimiento de sus labios.

-É il tuo finale, vile traditor.- dado que tenía que dirigirse a Austria, no habría mucho problema, siempre que Vicenzo no contara nada. Sin embargo, la inteligencia italiana en Austria ahora estaba notificada y tan pronto pusiera un pie en Salzburg, era cosa segura que iba a ser desaparecido al mínimo descuido. Aunque lo había dejado vivo, Vicenzo había arruinado por completo su escape por la vía rápida.-Creo que tendré que irme por Checoslovaquia después de todo.

De otro lado Vicenzo había corrido lo más que pudo, logrando meterse en una callejuela. Los había perdido.

-Bene...ah, ah... con esto creo que... está todo hecho...- el hombre de edad madura miró el lugar donde estaba y no pudo evitar pensar en que le parecía familiar.-Creo que ya he estado en este lugar.- En ese instante, un joven, con la cabeza amoratada por un formidable golpe, apareció acompañado de algunos miembros de la SA y unos oficiales de policía.

-Er ist da! ¡El infeliz que me robó mis ropas!- los policías avanzaron hacia el italiano, apuntándole con las pistolas reglamentarias.

-Está usted bajo arresto. Ponga sus manos donde podamos verlas.- Vicenzo se arrodilló y alzó las manos, convencido de que su carrera, no solamente la diplomática, sino también la de su vida, estaba echada a las manos del azar.

-Ojalá no me vaya tan mal como a Gian.- masculló para sí mismo en italiano.


Regensburg, Estado de Bayern- Ese mismo día-

Gian Alvise y Tsugumi se habían establecido en un último piso de hotel más o menos decente en la ciudad bávara de Regensburg, cerca a la frontera con Austria. La que anteriormente fuera una de las Ciudades Libres del Sacro Imperio Romano ahora no era más que una urbe industrial en desarrollo, eclipsada por la capital del Estado, München, por lo que el italiano consideró que podrían pasar un tiempo desapercibidos allí, aunque no inactivos. La vista del lugar daba al río Danubio, el cual atraviesa la ciudad y por las tardes otorgaba a sus visitantes un espectáculo hermoso.

-¿Segura que no podemos contar con tus compañeros?- preguntó intrigado el joven mientras volvía a armar la pistola tras haberle dado el mantenimiento adecuado.

-Para este momento, seguro ya están camino a Japón y en menos de una semana deben estar frente a mis padres haciendo pedazos mi reputación. No tiene caso intentar contactarlos ¿Qué hay de tu amigo, Vicenzo? ¿Cómo estás tan convencido que no se ha ido ya?

-Su cabeza pende de un hilo: si vuelve con la noticia que uno de sus colaboradores ha huido con su amante y el otro resultó ser un traidor, entonces acabará entre cinco hombres y un muro de ladrillos, si entiendes lo que digo.

-Entonces no se irá hasta haber encontrado al otro.

-A lo sumo comunicará la situación para mantener al tanto a nuestra inteligencia en Austria y Suiza, pero no se irá aún. Respecto al traidor, seguro debe estar cerca: la frontera más rápida para llegar a Austria, desde el sur, es a través de Salzburg. La única ciudad alemana que le dará cobijo será, si es tal y como yo espero, Rosenheim.

-¿No crees que puede pensar que lo siguen?

-¿El ejército alemán? No creo que les importen nuestros asuntos ¿Los Nazis? quizás, pero a largo plazo les podría convenir que él les cuente la noticia a los austriacos, por lo que no creo que lo detengan ¿Nosotros? Vicenzo con seguridad le debe estar pisando los talones, pero conociendo a Girolamo, creo que no le teme. Con toda seguridad puedo decir que si se cruzan, no dudará en intentar matarlo.

-Y a nosotros nos debe dar por muertos.

-Entiendes rápido, dulzura.- le dice dejando la pistola sobre la mesa de noche y ofreciéndole una daga.- No sé qué tan buena seas con estas cosas, pero si prefieres la pistola...

-No, esto está bien. He tenido la debida formación como para saber cómo usar un cuchillo apropiadamente.- él sonríe socarronamente.

-No creo que una daga sea algo tan simple de manejar como un cuchillo de cocina.- ella, a una velocidad sorprendente, le puso el filo del arma en la garganta.- Ok, creo que te subestimé.- ella por única respuesta le sonríe y baja el arma.- ¿Estás enojada?

-Sí, en parte.- le dice sentándose en la cama.- Es irritante pensar que por culpa de un idiota todo mi futuro se haya echado a perder.- Gian la mira: de espaldas a él, sentada sobre la cama, mirando a la ventana donde el atardecer de las 2:45 pm se refleja en las aguas del Danubio e irradiando cierta tristeza mezclada con rabia.

-¿En serio es tan malo, señorita Aoki? Si en verdad prefiere volver a su tierra y desposar a un completo desconocido para honor y gloria de su familia...- ella entiende rápidamente a dónde va el comentario.

-Ah, no, no me refería a ti. Por ese lado de las circunstancias... realmente me alegro de estar... contigo...- Él entonces aprovecha y la abraza por detrás, cubriendo sus hombros con sus brazos, que se cierran a la altura de su pecho.- ¿Eh? Ah...ah...¿Gian?

-No te preocupes por nada más entonces...- le dice al oído, mientras su pecho se pega a su espalda junto al resto de su cuerpo y sus manos van a parar al abdomen de ella.- cuando acabé con ese malnacido, te llevaré a donde sea que quieras que te lleve: de vuelta a tu hogar o, si deseas quedarte por aquí... al mío.- le susurra mientras el abrazo se torna más intenso. Ella finalmente no puede más y deja que los labios del joven, que la torturaban al rozar el pabellón de su oído, se encuentren con los suyos. No se suponía que ella debiera haber aceptado a ese extraño... pero no podía contravenir a la voluntad de su propio ser: estaba tan cansada de huir, de temer a la muerte. Ese miedo a la muerte era lo que la impulsaba a probar toda experiencia que podría prohibirle de cuajo una bala bien encajada en la cabeza, riesgo que correría incluso ahora que tendría que ser ella quien diera caza; definitivamente, quería descansar de todo eso, aunque sea en brazos de ese hombre. Tras unos segundos, ambas bocas se separan para que ella le diga solamente unas palabras.

-Solo quiero que me prometas una cosa...

-¿Qué?- pregunta mientras sus manos se dirigen hacia los botones de su blusa.

-Déjame dispararle primero.- él detiene su labor al escuchar esto y sonríe.

-Wakarimashita... ojou-sama.- fue lo único que respondió antes de volver a besarla.


Algunos kilómetros más al sur, una barcaza improvisada de troncos y maderos se deslizaba por el río Naab. En ella iba Sigismund, navegándola en aparente calma con un remo, el cual usaba a modo de timón. No lo sabía, pero estaba cerca al poblado de Deggendorf.

-¿Que ciudad será está? Definitivamente debería desembarcar por algunos minutos y preguntar...- justo en aquel momento, una figura se sitúa en medio de su curso: totalmente empapada, con el saco colgándole de un brazo, el cabello alborotado, la blusa con los botones separados. Parecía una lamentable víctima de algún grupo de depravados. Fue haciendo más lento el paso de su barca, luchando contra la corriente. Cuando está lo suficientemente cerca, ella sujeta la barca y ruega...

-Herr, por favor, ayúdeme. Me estaba dirigiendo hacia casa de una tía en Deggendorf cuando unos hombres me interceptaron para robarme... ellos iban... ellos iban a...- la chica empezó a quebrarse al recordar el momento tan horrible que se supone que pasó. Entonces, Sigismund se sentó sobre la barca e hizo que alzase la mirada hacia él: sus ojos color caramelo-ambarino, estaban a punto de soltar lágrimas.

-Y fue entonces que, para librarte de tus agresores, saltaste al río, esperando ayuda ¿Cierto?- ella asiente.- Ya veo...- el athanatoi la mira fijamente por unos instantes.-¿Dijiste que estamos cerca de Deggendorf?- ella asiente.- ¿Sabes en qué dirección está el río Isar?.

-Eso es más hacia el sur, señor.

-Ya veo ¿Sabes cómo llegar?- ella asiente.-Entiendo.- él entonces pasa sus dedos por su mejilla izquierda y su cuello, para terminar extendiéndola frente a ella. En el instante en que ella la había a tomar, él quita su mano.- Solo una pregunta más... ¿No te he visto antes?

-Señor, es la primera vez que lo veo en mi vida.

-A mi no me parece, fräulein. Podría estar seguro que alguna vez te vi junto a...- Sigismund entonces olfatea el aire y mira hacia la orilla oeste del río.- Ese hombre...- la chica mira hacia un grupo de arboles donde no se puede ver nada a simple vista.- ¡Salgan de una vez! ¡TODOS USTEDES!- grita el monstruo. Es en ese momento que Wolfgang Tiergart, acompañado por seis hombres armados se asoman por el bosque de aquel lado del río, mientras otro grupo de seis hombres se aproximan desde la orilla este.

-Astuto de tu parte Sigismund. Ignoro qué haces aquí, pero será mejor que vengas conmigo a casa ¿Te parece?

-Tú eres... ese de la otra vez. Wolfgang ¿Cierto?

-Obberscharfürher Wolfgang Tiergart, el encargado de encarcelarte una vez y, según mi jefe, el único capaz de encerrarte de nuevo.

-Y veo que no olvidaste la ultima vez: usaste a la misma señorita para intentar tenderme una emboscada.

-¿Emboscada? ¿Señorita? ¿Esa es la forma de dirigirte a tu hermana?... Johannes.- el athanatoi abre los ojos como platos al escuchar ese nombre, pero vuelve a tener su expresión neutra nuevamente.

-Debes estarte confundiendo. Johannes Engel es una existencia distinta a mí. Yo soy solamente Sigismund. Y yo...- en ese momento el remo que tenía en sus manos se "desintegra" en el aire.- No tengo hermana.

-Ya veo, entonces tendremos que recurrir a la fuerza.- el hombre da una señal y hace que los soldados apunten a la barca.

-¿En serio? ¿Planeas hacer que abran fuego y sacrificar a esta chica?

-Ella sabe nadar, no tiene porque quedarse allí.- Sin embargo, Wolfgang Tiergart se da cuenta que la muchacha no ha movido ni un solo músculo, cuando originalmente debió haber huido hacía unos minutos.- ¡Jenell! ¿Por qué no te has ido aún?

-No puedo...¡NO PUEDO HACERLO, HERR TIERGART!

-¿¡Por qué no!?- la cara de horror de la chica se hace más notoria al lanzar el grito...

-¡MORIRÉ SI ME MUEVO DE AQUÍ!

-¿¡Qué!?

-Es tal y como lo oyes, Wolfgang: mientras miraba su rostro convertí uno de sus cabellos en un filamento capaz de cortar carne y huesos. Até un extremo a su cuello y el otro a mi barca. Si el filamento se estira lo suficiente, el cuerpo de esta chica irá hasta el Danubio y su cabeza se quedará aquí.- El oficial estaba sorprendido, esa habilidad no había sido mencionada en ningún reporte y cuando lo atrapó por primera vez no la había desarrollado.- Lo que me da ventaja para tenerla no solo de escudo humano, sino para cuidar mi barca... mientras me deshago de la basura.- dice dejando la barca y parándose sobre el agua y empezando a avanzar. Wolfgang entonces ordena.

-Está fuera de la barca, abran fuego.- los soldados vacilan por un momento.

-Señor, pero ¿La hija de su mentor? Podría ser alcanzada por...- Jenell, que parece entender el porqué no han disparado aún, logra calcular el largo del filamento y distingue que puede ocultarse bajo la barca para evitar el fuego cruzado sin ser decapitada en el proceso, por lo que lo hace.

-¡Se ha ocultado, dispárenle!- los hombres abren fuego sobre la criatura que había empezado ahora a correr sobre el agua, hacia la orilla oeste. Los disparos parecían rebotar en el aire antes de impactarle.

-¿Qué demonios es eso?- antes de que pudieran seguir haciendo algo, Sigismund estira sus manos hacia los bosques y, para sorpresa de todos, emprende vuelo y se pierde en las copas de los arboles. Los hombres se quedan quietos, mirando hacia la copa de los arboles. Entonces, como salida de la nada, la voz de Sigismund suena sobre sus cabezas.

-Sabe, Herr Tiergart, en estos días que he pasado nadando en las aguas frías del norte no solamente tuve tiempo de calmar mi ardiente interior, sino de ordenar mis pensamientos y recuerdos. Tras ello, pude determinar mi propia naturaleza y cuál es mi objetivo... así como cuales son las herramientas de las que dispongo para lograrlo.- dijo esto mientras sin que ninguno de los hombres lo notara, halaba los hilos que había puesto a su alrededor: los filamentos cortaron diversas secciones de los acompañantes de Wolfgang, quien quedaría helado al sentir el viento cortarse a su alrededor para luego ver a uno de sus compañeros decapitado y sin piernas, otro con la cara partida a la altura de la quijada, otro despedazado por completo por los hilos y uno último que, estando vivo, trataba de unir su torso con sus piernas. Una sensación de terror embargo al joven oficial, pero se mantuvo firme, pues sabía que los refuerzos venían en camino, vadeando el río. Mientras tanto, trató de salir hacia la orilla, pero Sigismund se plantó delante de él, tapándole la salida al río.- Y para acabar con esta masacre, tan simple que casi parecía innecesaria, usted, el único humano capaz de recapturarme ¿Desea decir unas últimas palabras antes de cortarlo en veintisiete pedazos, como los años que tiene?- Wolfgang lo mira a los ojos, desafiante.

-Quizás creas que solo yo soy el único capaz de capturarte. Pero hay más. Verás que no te podrás librar de nosotros.

-Jajaja... que chistoso. En fin, si es todo lo que tienes que decir, entonces déjame decirte que fue un desperdicio. Adiós, Uther.

-¿Qué? ¿Uther?

-¿Eh? ¿No eres tu... Uth... Uther? Ahgg...- el athanatoi se sujeta la cabeza, claramente adolorido y molesto por algo. Baja su mano, retrocede con una clara expresión de dolor. Cuando vuelve a alzar su mirada, ahora de un color azul verdoso que luego vuelve a tornarse verde brillante, parece murmurar algunas palabras.- No... puede ser... ¿Que se supone... que es esto?- Wolfgang ve la oportunidad que esperaba y saca la pistola especial que tenía con somníferos. Para su mala suerte, Sigismund logra recuperar parte del control de su cuerpo y con un rápido movimiento de dedos logra no solo destrozar la pistola, sino también amputarle los dedos índice y pulgar al pobre infeliz.

-Aaahggg... Scheisseee!...¡Maldito seas!- gritó el joven, presa del dolor. El monstruo, demasiado confuso como para matarlo, decidió cargar hacia los hombres que vadeaban el río. Los seis lo vieron venir, pero poco pudieron hacer contra las cuchillas y los filamentos, que fueron a clavarse en las piernas de dos, dejándolos fuera de combate y despedazando a los otros cuatro, tiñendo de rojo el Naab por sus restos sangrantes. Los dos sobrevivientes lograron hacerse camino hasta la orilla donde los esperaba su líder, mientras el athanatoi liberaba a la chica de la trampa mortal que le había puesto y la subía en la barca.- ¿Sabes... cómo llegar... al río Isar? ¿Cierto?- ella, aterrada, asiente con la cabeza.-Entonces... creo que viajaremos juntos por un buen tiempo.-le dice mientras junta los filamentos y crea nuevamente el remo, listo para continuar río arriba.

Los dos únicos sobrevivientes del grupo de soldados fueron a reunirse con su oficial, quien se había arrancado la manga de su saco para atársela a los dedos.

-Obersturmfürher! Descuide, lo llevaremos a un hospital.

-Deberían preocuparse más por sus heridas ¿no creen?

-No son tan graves como las suyas, señor.- Uno de ellos se va a pedir ayuda a la carretera más cercana, mientras que el otro se queda a auxiliar a Wolfgang, que se queda mirando, absorto, el pasar del río que se ha llevado a su presa, a la hija de su mentor y los cuerpos y sangre de sus subordinados. La pregunta de su acompañante lo devuelve a la realidad.

-Señor ¿Cómo debemos proceder?- él, con la calma volviendo a su voz, aunque poseída por una decisión poco usual, pronuncia.

-Síganlo, pero no intenten nada aún.- el hombre miró sus dos dedos amputados y murmuró. ahora furiosamente, para sí mismo.- Lo capturaré vivo, así sea lo último que haga.


Eran ya las seis de la tarde y se empezaban a vislumbrar los últimos rayos del atardecer sobre el Danubio, los mismos que también caían sobre la cama de aquella habitación de hotel donde terminaban de retozar ambos jóvenes. Tsugumi estaba recostaba perezosamente sobre el pecho de Gian, quien únicamente pensaba que estaba siendo finalmente recompensado tras las tres semanas más horripilantes de su vida. En ello estaba su mente cuando la chica se separó de él y se asomó, cubriendo su pecho con una de las sábanas. Él la mira de pies a cabeza, toda su silueta siendo alumbrada por el sol del atardecer.

-Bellisimo.

-¿El atardecer? Lo sé, es hermoso.

-Eh... sí, también lo es.- le responde mientras se sienta en la cama.- Creo que esta tarde es la mejor de toda mi vida.

-Yo... no sé qué pensar. Digo... no se supone que debiera haber pasado aquí y ahora.

-No parecía que pensases eso durante la quinta vez.- ella volteó hacia él y lo fulminó con la mirada.- Ah... lo siento.

-Ah... qué sentido tiene volver ya. No podré ser una novia en mi vida.

-Y otra vez con esas expresiones.- le dice él parándose y caminando hacia ella hasta apoyar su barbilla en su hombro y rodear su abdomen con los brazos.- ¿Son todos los japoneses igual de quejumbrosos?- ella trata nuevamente de dedicarle una mirad fulminante, pero cuando lo hace, ella ve que él ni siquiera sonríe ni la mira, sino que contempla el paisaje y el atardecer sobre el Danubio.-Mira, si no podemos hacer nada para cambiar el pasado, entonces sigamos adelante, planeemos nuevas metas y objetivos, pensemos en superar esto ¿Te quejas porque no podrás ser una novia otra vez? Eso no es cierto: aún puedes ser la mía.- en este punto él la mira a los ojos y ella lo mira a él, sorprendida.- Pero necesito que seas fuerte. No puedo hacer esto solo.- Ella, tras casi un mes de vivencias terribles, vuelve a sonreírle.

-Entonces ¿Tomarás responsabilidad por lo que hemos hecho?

-Por supuesto.- Tsugumi le da un beso en la mejilla y vuelve a mirar al río.- Y luego que todo esto acabe, creo que también podríamos quedarnos aquí ¿No crees?

-Es una ciudad muy linda. Pero, si al partido nacionalsocialista le va tan bien como parece que le irá ¿No crees que eso nos convertiría en posibles blancos?

-No creo: cambiamos nuestros nombres, nos unimos a algún circulo académico y pasamos desapercibidos. Imagínate, no podría ser tan malo: trabajar los días de semana y los fines de semana y feriados podríamos pasar el día pescando o navegando en el Danubio... justo como ese...- Gian puede notar entonces que la piel de la chica se ha erizado y sus dientes tiemblan. El miedo y la desesperación se apoderan de su ser al ver a la criatura que navega sobre el río y que parece llevar un pasajero con él. El recuerdo de todo lo vivido vuelve a ella y un gritó se le hubiera escapado de no ser porque Gian le tapa la boca.- Shh... tranquila, Tsugumi.- le dice volteándose y apartándose de la ventana recostándola con él en la cama y cubriéndose ambos con las frazadas, como dos niños que se ocultan de un monstruo del armario. Lagrimas de autentico miedo empiezan a salir de los ojos de la chica. Él la abraza.-Tranquila, tranquila...- una vez se hubo calmado la chica, empezaron a hablar con más tranquilidad. El sol se acababa de poner, la oscuridad se había apoderado de la habitación. Tuvo que prender la lámpara de noche.- Ok ¿Que cuernos hace esa cosa aquí?

-No lo sé, no lo sé, no lo sé... Por cierto ¿Eso que tenía en la barca donde navegaba era un rehén?

-Creo que el hecho que ese lunático esté yendo en una barca ya es demasiado extraño ¿A dónde crees que este yendo?

-El Danubio es uno de los ríos más grandes de Europa, llegando incluso hasta el Mar Negro.

-Supongo que puede estar yendo a cualquier sitio. No creo que tengamos tan mala suerte como para que también este yendo hacia Rosenheim ¿No crees?

-Jajaja eso sí sería tener mala suerte.-dicho esto, Gian se para y empieza a vestirse.- ¿Gian? ¿Qué es lo que haremos ahora?

-Creo que lo mejor es vestirnos, salir a cenar y comprar los boletos para el primer tren de mañana.

-¿Y esa cosa? No sabemos hacia dónde va.

-Pero no por eso vamos a detenernos. Cierto, podría ir hacia Rosenheim, pero ¿Y si no? Creo que lo mejor es jugar nuestras cartas ahora.

-Si crees que es lo mejor.- le dice también vistiéndose.- Aunque creo que primero debería darme una ducha.

-Déjalo para cuando volvamos. No quiero encontrarme con que la boletería a cerrado.- le dice una vez se ha terminado de vestir y enfundado su Glisenti en el abrigo.- Así que prepárate cara mia: mañana iremos hacia München, y luego, a Rosenheim.

En ese mismo instante, mientras Sigismund seguía conduciendo el barco por el Danubio, Jenell miraba como los últimos rayos del sol desaparecían en las aguas del río. De repente, la chica se da cuenta que la criatura no dejaba de mirar hacia la ciudad.

-Oye, si no prestas atención, podríamos perder el control de la barca y ahogarnos... o digo, ahogarme.

-Lo siento. Me pareció haber escuchado algo.- cuando la oscuridad de la noche comenzaba a hacerse más profunda y las estrellas empezaban a brillar en el cielo, el monstruo le habló.- Le sugeriría que se sujetara bien de la barca, pues empezaré a conducir un poco más rápido. También le pediré que esté atenta para poder encontrar la desembocadura del Isar ¿De acuerdo?

-¿Va a llevar el bote más rápido en plena oscuridad? ¿Está loco?

-¿Dudas de mi habilidad? A estas alturas debería saber que soy más capaz que cualquier hombre que haya conocido antes.- la criatura continuaría con la travesía y al alcanzar la media noche, mientras Gian y Tsugumi dormían, Jenell y Sigismund alcanzaban la desembocadura del Isar, donde desembarcarían para descansar unas horas, antes de seguir río arriba...


Margen del río Isar, München, Estado de Bayern- 13 de Junio de 1932-

La balsa improvisada del athanatoi, acompañado por su rehén, ahora circunnavegaba el río Isar, el mismo que, algunos metros más abajo atravesaba la ciudad de...

-Esa debe ser München.

-¿Segura? Creo que dijiste eso como tres pueblos río arriba.

-Sí, bueno, lo siento, trataba de escapar. Pero esta vez es imposible que me equivoque: no hay ciudad más grande que atraviese el Isar que München.

-Perfecto...- Sigismund decidió parar a las afueras de la ciudad, en una arboleda cercana.- No creo que necesitemos la barca en un buen tiempo.- la chica le dedica una mirada interrogante a la vez que le señala sus ataduras.- Descuida, te liberaré una vez me acompañes a donde tengo que ir.

-Y ¿A qué lugar es ese?

-Ya lo veremos. No te preocupes por eso.- el athanatoi iba a avanzar, cuando se paró en seco a contemplar la ciudad. Tras unos segundos, dijo en voz baja.- He vuelto.

En ese preciso instante, Edward, Winry y los niños se encontraban en la estación despidiéndose de la pareja, quienes irían directo a Viena. Pese a que apenas había pasado un día y algunas horas con esa familia tan agradable, Margaret no parecía con ganas de irse: aún quería saber más cosas sobre la ciudad, sobre el país que estaba por dejar la cual era cuna de sus padres, quería que Winry le hablara de más cosas como la noche anterior, ahora no en una tienda de ropa, sino en la comodidad de su hogar...

-Flashback- La noche anterior

-Sí, sabía que eso te quedaría bien.- le dijo Winry a la chica una vez la vio vestida con algunas de las prendas que ella solía usar en su mundo de origen.- Es muy raro ver a una mujer usar pantalones en la ciudad, pero en el campo y otros lugares no se hace tan extraño. Lamentablemente por eso mismo no puedo usarlas muy seguido.

-No sé... parece que usted les tiene mucho apego.

-Ah, descuida, tengo otro de esos en algún lado. Puedes llevarte ese, lo necesitaras más que yo sabiendo quien es el que los persigue.- Winry toma la muda de ropa y la pone en una maleta junto con todo lo demás.

-Gracias por la ropa, Frau Winry...

-Ah, por favor, olvida el frau, con Winry basta.

-Richtig...Winry. Esto me será de mucha ayuda. Por cierto, Winry. Hay algo que quería preguntarte.

-¿Qué cosa?

-Es sobre Alphonse

-¿Qué cosa quieres saber de él?

-¿Siempre ha sido así? Digo, sé que es agradable y amable con todo el mundo, pero cuando se trata de hablar sobre el pasado tiende a retraerse ¿Por qué?

-Hay cosas de las que no nos gusta hablar. A Alphonse le cuesta hablar sobre Constance porque le recuerda el futuro perdido por el que volvió a este lugar, pero tampoco le gusta entrar en detalles respecto a Rosamund porque ella es el futuro asegurado que tendría si se quedaba allá. Quizás es por el hecho de que Ed y yo tenemos una familia ya conformada y porque él perdió dos veces la oportunidad de lograr lo mismo. Pero aún es joven y, como podrán ver, el mundo aún es muy grande para dejar que eso lo venza.

-Se nota que atraviesa un mal momento.

-Quizás vayas a ser más importante de lo que esperabas Margaret. Sé que parece que Alphonse está haciendo todo esto para protegerte, pero también deberías pensar en protegerlo a él de si mismo.

-¿A qué te refieres?

-Ese chico no rendiría sus fuerzas así de fácil, pero puede llegar a tener un momento de quiebre. Por eso, quisiera pedirte que cuides de él, mientras él cuida de ti.

-No tienes por qué preocuparte de eso.

-Nunca está demás decirlo. Oh, también creo que deberías tenerla.- ella abre un cajón y saca una pistola, una Lugher para ser más exactos.- Los cargadores los pondré en tu maleta apenas los encuentre. Creo que a ustedes les servirá más que a nosotros.- Margaret mira perpleja el arma. Es más pesada de lo que imaginaba.- Supongo que es algo raro para alguien que se preparaba para ser monja tener un arma entre sus manos. Lamento que tengas que aprender a usar esto.- Tras contemplar mejor el arma, Margaret la guarda.

-No tienes porque disculparte. Haré lo que esté en mis posibilidades. Llegaremos a donde tengamos que llegar a salvo, aunque deba ponerme agresiva.

-Jajaja... bien, entonces será mejor dejarlo todo e ir a dormir. Guardemos eso en tu bolso de mano.

-Fin de Flashback-

Mientras recordaba estas escenas, se había despedido de Edward y los niños. Finalmente, se despidió de la primera amiga que tuvo fuera de los muros del convento.

-Cuídense.

-Ustedes también. Cuida a Alphonse, por favor.

-No le quitaré los ojos de encima.

-Sé que así será. Buen viaje.- la chica, emocionada, se separa de Winry y se adelanta a Alphonse tomando las maletas y embarcando en el tren. mientras tanto, Edward se despide de su hermano.

-No debes preocuparte por nosotros. Saldremos de vacaciones hacia el norte esta misma tarde, así que vayan tranquilos y no sientan ninguna culpa ¿De acuerdo?- le dijo Ed a Alphonse.

-Solo tengan cuidado. Lamento las molestias ocasionadas.

-No fue ninguna, estate tranquilo. Además, es un gusto saber que la hermana por la que tanto se preocupó Johannes está bien ¿No crees? Él estaría feliz por esto.

-Sí, ciertamente, lo estaría.- el sonido del tren fue la señal de la separación entre los hermanos.- Será mejor ir entrando. Nos vemos.- Alphonse entra al tren y la familia toma el camino de regreso a casa.

-Y, entonces ¿A dónde nos llevarás de viaje?- le pregunta su esposa a Edward.

-Mmmm... no lo sé ¿Qué te parece Berlín? ¿O prefieres ir fuera del país?

-¿Que tal al sur? Hay un clima más cálido allí.

-¿Suiza?

-Podría ser ¿Por qué no el sur de Francia? He escuchado que la Costa Azul es un lugar hermoso.- Edward parece meditar un poco la propuesta, hasta que a Winry se le ocurre otra idea.- ¿Y si los seguimos hacia Austria?

-Tampoco es una mala idea. Pero creo que preferiría no hacerlo.- la pareja discute tranquilamente estos planes mientras van avanzando hacia su hogar.

De vuelta en la estación, un tren llegaba desde Postdam. De este bajaron cientos de pasajeros entre los que se encontraba una comitiva muy extraña: un alemán, un inglés, una irlandesa, una galesa, un escocés, un francés y dos norteamericanos bajaban juntos y contemplaban la estación de München.

-Entonces ¿Esta es la tercera ciudad más grande de la República de Weimar?- Preguntó Roy a Siegfried, quien asintió orgullosamente.

-Exacto. Y, por cierto, también es una estación enorme. Así que traten de no perderse mientras llamo a mi contacto.- les indicó a todos mientras se dirigía a la primera cabina telefónica que tuviera cerca. Una vez la hubo encontrado, llamó a Hans Armstark, quien estaba a punto de salir de su oficina.

-Armstark.

-Hallo, Hans! Espero no haberte interrumpido.

-Estaba para salir hacia la casa de Herr Elric ¿Acaban de llegar?

-Sí, aún estamos en la estación. Podemos ir y esperarte en tu oficina.

-De hecho, creo que sería mejor si conocieras al sujeto en persona. Verás, parece que se irá de viaje pronto, así que creo que lo mejor sería que lo entrevistaras, por lo menos tú.- Schneider se detiene a pensarlo brevemente, para finalmente responder.

-Seguro ¿Cual es la dirección?

Algunos minutos y varias cuadras más adelante, dos figuras se movían, como si siguieran una pista marcada en el aire hasta una determinada parte de la ciudad. Jenell Merowinger no tenía idea de a donde lo estaba llevando el olfato de su captor, pero sabía una cosa: le dolía. Todo en esa ciudad parecía traerle pésimos recuerdos ¿Algo que ver con su vida pasada o esas tonterías? Ni idea. Casi se puso como loco cuando pasó por un callejón que ella, ignoraba, fue el lugar donde ajusticiaron a Maximilien von Jungingen, hermano de Johannes. Finalmente, el rastro de olor los había traído, tras vagar por la ciudad desde las ocho de la mañana. Faltaba cerca de una hora y algunos pocos minutos para las doce cuando se detuvo frente a una puerta de roble, en un barrio tranquilo de la ciudad.

-¿Es este el lugar que estás buscando? ¿Aquí está tu hermana?

-No. Ella abandonó la ciudad temprano.

-Entonces ¿Para qué vinimos?

-Desde hace un cierto trecho hay un rastro que me está llamando la atención y que está relacionado tanto a "mi hermana" como a su guardián. Quiero saber... quiero recordar ¿A quién pertenece este aroma?

El hombre toca la puerta dos veces, tras lo cual sale a abrirle un niño que apenas tendría menos de cinco años de vida. Él mira al hombre de pálida piel, cabellos plateados y ojos verde intenso, acompañado de una muchacha pelirroja de trenzas.

-Hallo.

-Guten tag, klein kinder. Me recuerdas... a alguien.-en ese momento aparece Winry tras su hijo.

-Edwin, te he dicho mil veces que no vayas solo a abr...- iba a terminar la frase cuando alza la mirada y mira al invitado, quien la contempla con sus brillantes pupilas como si hubiera visto un alma.- ¿E-Edward? ¿Pu-pu-puedes venir aquí?- dice lenta pero sonoramente, ante lo cual el Athanatoi empieza a avanzar.-No...no... ¿Que se supone que haces aquí?

-¿Que está pasan...?- dice el Elric, pero queda igual de helado al ver al hombre parado frente a él.-¿Johannes?

-¿Johannes?¿No es acaso...?

-De hecho... soy Sigismund.- dice con claridad, aunque con un persistente dolor en su cabeza al ver caras tan conocidas.- ¿Me van a dejar entrar? ¿O deberé obligarles a que lo hagan?- la pareja se mira, miran a su hijo y vuelven a mirar al hombre. Dos segundos después, el monstruo y su guía entran a la casa, invitados por Ed y Winry.


Bien, eso fue todo. Una vez más, y creo que ya se me está haciendo costumbre, perdón por el hiatus. Esperaba acabar esto para Julio, pero me cayeron las practicas encima y ahora reparto mi tiempo en estudio, trabajo y mis hobbies... ah, qué más da, no es que falte mucho ¿No? Solo cuatro capítulos y el epílogo. Respecto a esto, por cierto... ¿Que tal estuvo este? Personalmente, espero que les haya gustado, ha sido uno de los más difíciles de hacer, pero creo que estoy llegando a una parte que aún no había planeado con mucha antelación, por lo que puede que se vengan mayores retos para mi retorcida imaginación. Espero poder hacerlo bien para poder desembocar en un final un tanto... bueno, mejor esperen a verlo. No hay spoilers, pero sí dos omakes. Disfrútenlos. Bye.


Omake 1.- Warnemünde

-Hallo?

-Mutter?

-Jenell ¿Cómo te encuentras?

-Alles gut, danke für frage. Aquí en Berlín, ayudando a Herr Tiergart.

-Gut, meine schatz! Espero que puedas aprender mucho de él.

-Siempre lo hago, madre. En unos minutos nos dirigiremos al sur, tenemos que hacer un encargo importante para el partido.

-¿Sí? Hija, sé que siempre hemos tenido una gran relación con la familia de herr Tiergart, pero déjame decirte que sus preferencias políticas nunca me parecieron del todo acertadas.

-Creo que ya tuvimos esta conversación antes.

-No me malentiendas. No voy a insistir en que dejes de ayudarle. Solo quiero que no te entrometas mucho ¿De acuerdo?

-Ok, ok, no te preocupes. Por cierto ¿cómo está Ysolde? Est sie gut?

-Sí, está bien.

-¿No le ha pasado nada?

-No, no. Hoy se cruzó con un extraño en el Warnemünde mientras jugaba pelota con sus amigos.

-¿Y qué pasó?

-Nada, le hizo una pregunta y este le dio un premio por ello.

-¿Un premio? ¿Qué premio?

Y mientras hablaban ambas mujeres, la pequeña Ysolde Merowinger jugaba tranquilamente en su alcoba junto a sus muñecas. Esta vez la protagonista de la historia que montaba era una bella doncella hecha hermosamente en hojalata y plomo... o por lo menos eso es lo que le había dicho el hombre de cabellos blancos y ojos verdes. Por un momento se detuvo en su juego y se puso a pensar.

-¿A dónde habrá ido ese señor?- se dijo en voz alta, para luego alzar los hombros y seguir con su juego.


Omake 2.- Ese ruido...

-Sabes, para enfermedades poco convencionales, lo mejor es usar métodos no convencionales ¿No lo crees?- decía Haus mientras observaba los instrumentos sobre la mesa de noche.

-Sí, entiendo... ¿Pero era necesario atarme a la cama y ponerme camisón?- preguntó Johannes, extrañado y con un humor poco agradable.

-Hey, no había una bata para pacientes, así que tuvimos que arreglarnos con lo que había. Además, a tu mujer pareció gustarle la idea.

-¡JANE!- la aludida solo pudo desviar la mirada y sonreír nerviosamente.

-Lo siento, creo que estoy desarrollando un fetiche.

-¿Y con esta me voy a casar?- pensó el aterrado chico.- ¿En serio? Digo, Haus ¿En serio esto es necesario? ¿Cómo puedes estar tan seguro que es una...? ¿cómo le llamaste?

-Sobreposición etérea de entidad animística.

-¿Estás diciendo que estoy poseído?

-Sí, es la forma simple de decirlo.- dice Haus cerrando el último botón de su sotana, tomando un crucifijo, una palma de olivo, un rosario de seis cuentas y una máscara parecida a la de los médicos de la peste medievales.- Ok, empecemos con el ritual. Mientras su novia va haciendo el circulo de sal alrededor de la cama, usted me va diciendo que es lo que siente, ve, escucha y huele ¿Alguna pregunta?

-¿De dónde demonios sacó la idea de que un ritual de exorcismo es así?- el médico lo mira con extrañeza.

-¿Exor-qué?

-Olvídelo. Acabemos con esta farsa.- Haus comienza a lanzar frases en, al menos, siete idiomas extraños y lenguas muertas, así como agua y le muestra al muchacho distintos simbolos y circulos de transmutación, que supuestamente tienen la propiedad de sacar almas ajenas del cuerpo. Por supuesto, al no tener ya más almas que la suya propia, Johannes no sentía nada.-Esto no está funcionando ¿Ya pueden desatarme? Alguien tiene que cerrar la llave de la bañera antes que rebalse.-todos los presentes se miran a sí mismos y luego miran, pasmados, al joven. -¿Qué? ¿Dije algo raro?

-¿Que tiene que ver la bañera en esto?- le pregunta Jane.

-¿Que no escuchas el ruido del agua corriendo?- le responde Johannes con cierta pesadez en su mirada.

-No- responde Haus, a lo que Johannes se siente confundido. Sin embargo, reacciona ante otro ruido.

-Espera...- tras mantener por un momento el silencio, les dice.- huele a agua... y arboles...

-Sí ¿Y qué más?

-Escucho algo... un poco tenue, pero no lejano. Es alguien hablando... cantando.

-¿Qué dice?- Johannes pronuncia, algo temeroso, lentamente las palabras que escucha...

O du wunderschöner deutscher Rhein

Du sollst ewig Deutschlands zierde sein...

En ese momento, Sigismund abrió los ojos y miró al bosque y el ruidoso fluir del río Naab a sus pies. Su prisionera y la interprete de tan bella melodía, Jenell Merowinger, lo miraba con cierta duda y temor, como esperando que tras la melodía no le viniera la muerte, pero este, al mirarla, solo pudo dedicarle una melancólica sonrisa y decirle, mientras entraban a la desembocadura del Naab en el río Danubio...

-Eso fue hermoso.- acto seguido, siguió remando, mientras que, en un mundo paralelo, el pobre infeliz que yacía atado a una cama y vestido en camisón repetía la misma frase al mismo tiempo.


Personajes incluidos:

Jenell Merowinger: Elsie Fabre

Ysolde Merowinger: Anais Fabre

Wolfgang Tiergart von Steiermark: Tristan Wiells