¡Hola! Esta vez la demora no ha sido mucha, pero es que el capitulo tampoco era tan largo. Claro, tampoco hay mucho que contar, simplemente comenzar a poner todo en su sitio y prepararse para cerrar el negocio, luego de tantos años metido en esto. Ah, pero qué diantres. Les dejo el capitulo.


Disclaimer:Los personajes de FMA no me pertenecen ya que son propiedad de Hiromu Arakawa


Cap 8: Rhapsodie Böhmen (Rapsodia Bohemia)

Cachtice, Checoslovaquia- tarde del 14 de Junio de 1932-

El tren que venía desde Austria se detuvo en Bratislava, pues a partir de ese trayecto no iba a pueblos pequeños como a los que ellos se dirigían, por lo que tuvieron que tirar dedo en la carretera para viajar hasta allá. Demoraron un poco más de lo que esperaban y se encontraron de la noche a la mañana en esta tierra extraña en la que, además, tenían el problema de la barrera idiomática dado que ninguno de los dos hablaba checo o eslovaco, pero se las arreglaban con el alemán que sabían. Ahora estaban allí, a pocos metros de la única clave para acabar con todo esto.

-El pueblo de Cachtice. Una localidad muy tranquila, por lo menos hasta que llegue esa cosa, pues parece que no está aquí.

-¿Como lo sabes?

-Conozco su estilo, lo más probable es que nos hubiera recibido.- el joven Elric vuelve la cabeza hacia una montaña, al noroeste.

-Y sobre esa montaña, supongo que está...

-Las ruinas del Čachtický hrad...- le responde Alphonse pausadamente.- aún quedan allí cientos de almas que no pueden dormir en paz.

-¿Como sabes eso?

-Soy algo sensible a esta clase de cosas. Que va, supongo que debe ser por lo de haber fragmentado mi alma tantas veces.- Margaret lo mira raro.

-Creo que hay cosas que aún tienes que contarme y explicarme.

-Después de buscar hospedaje y almorzar, espero.

-Me has leído la mente, alquimista.

Ambos van al pueblo y en el poco checo que aprendieron piden algo de comer en el pueblo. Tras alimentarse, descansar y hacer reconocimiento en el pueblo, ambos se dirigieron al castillo en ruinas. El desolado castillo se yergue sobre un cerro boscoso al lado del pueblo, lo que antaño constituyó un lugar de difícil acceso y fácil defensa ante los asedios. Margaret parecía fascinada.

-Este lugar seguramente debe ser considerado por lo pueblerinos como un monumento arqueológico de los defensores cristianos ante el avance otomano durante el Renacimiento.

-O un lugar maldito dada su historia.- corrige Alphonse. A la chica parece llamarle la atención esto.

-¿Cual historia?

-¿Nunca te hablé de la señora del Castillo, Erzsebet Bathory?- ella negó con la cabeza.- Resumiéndotelo en pocas palabras: fue una noble húngara que se obsesionó con la eterna juventud y, creyendo que la sangre de vírgenes doncellas jóvenes se la otorgaba, decidió sacrificar a las que trabajaban en sus castillos y otras propiedades. Cuando se acabaron, decidió contratar más, incluso hijas de la nobleza, por lo cual fue descubierta y condenada. Para cuando lo hicieron, se contabilizaba un aproximado de 630 mujeres sacrificadas.- la chica pasó saliva.

-Y... ¿En este castillo... cuantas murieron?

-Algunos cientos, supongo que más de 400 dado que era su residencia principal. Aunque creo que todas ellas hubieran muerto aquí es también algo posible. En fin, empecemos con esto, que no quiero quedarme aquí antes de que anochezca...

-¿Eh? ¿Por qué antes de que anochez...?- Alphonse decide no responderle y decide continuar.- ¡Hey, Alphonse! ¿Qué pasará al anochecer?- el murmullo de las hojas del bosque parece incomodar a la chica, así que se apresura para alcanzar al muchacho, quien ya está subiendo por la pendiente hasta la entrada en ruinas del castillo.

Las ruinas del lugar eran prueba viviente del paso del tiempo, del descuido en el que el gobierno y el temor de los pueblerinos al lugar maldito. A Alphonse pareció importarle poco eso: había traído una barra de hierro y una pala. Vio a su alrededor: la maleza del bosque, las ramas caídas y algunas rocas que quedaban fuera de su sitio servirían para su plan.

-Bien. A lo mucho tendremos lo que queda de la tarde y parte de la madrugada de hoy para acabar todo esto.- llegan hasta un nivel superior del castillo en ruinas, lo que probablemente pudo ser un salón: el alquimista midió el lugar con la mirada y, tras parase en el centro, clavó la barra sobre el suelo de tierra quemada, musgo y grava.-Empecemos.


Praga, Checoslovaquia-primeras horas del 15 de Junio de 1932-

El puente de Karel es el más antiguo y podría denominarse como el principal puente de Praga, pues conecta el Stare Mesto (Ciudad Vieja) de Praga con la Malá Strana (Barrio Pequeño) de la capital puente es conocido por la gran cantidad de estatuas que lo adornan, pero, por sobre todo, la de un Santo...

-Gian Nepomuceno...-murmura con voz destrozada el desgraciado Girolamo, que, cansado de beber en buena parte de las tabernas de Praga, ahora iba a dar con lo que le quedaban de fuerzas a ese lugar.- Ojala puedas hacer un milagro por este pobre infeliz y me des la oportunidad de salir de esta.

¿Qué le había pasado para estar en una situación tan lamentable? Hacía dos días que había llegado a Praga con la esperanza de poder acabar su misión. Se había comunicado con sus camaradas en Austria y estos le dijeron que se encontraría con uno de ellos en un restaurante del centro de la ciudad, allí le comunicaría el rumbo del grupo. Girolamo llegó a tiempo y no tuvo que esperar mucho para encontrarse con su colega. Ambos pidieron algo de la comida tradicional checa y una cerveza cada uno. Y mientras el italiano le contaba todo lo que había experimentado y visto a su colega, este seguía comiendo y bebiendo.

-Me están siguiendo y probablemente tienen que estar muy cerca de alcanzarme. Necesito huir a Austria y una vez allí desaparecer ¿Puedo contar con que el partido me ayudará?

-Claro, puedes contar con nuestro apoyo dados tus nobles servicios.- Girolamo siente que el peso que tenía sobre sus hombros desaparecía. Ahora estaba a salvo.

-Perfecto. Ahora ¿Qué hay de las acciones contra Alemania e Italia? ¿Presentaremos una acusación formal contra ellos en la Sociedad de Naciones?- El hombre parece detenerse por un solo segundo de sus cubiertos y su comida, para luego continuar.

-Sobre eso... creo que sería mejor que lo fueras olvidando.- Girolamo iba a llevarse el vaso de cerveza a los labios, pero tuvo que dejarlo apenas escuchó esto.

-¿Cómo? ¿Estoy entendiendo que no habrán cargos contra el gobierno alemán?

-Pues... me temo que sí.- el italiano parecía un cadáver por la repentina palidez que se había apoderado de su cuerpo.- No te culpo por estar así, muchos miembros del partido reaccionaron igual e incluso se fueron a los golpes. La cuestión es que, mientras estabas camino a la frontera, nos llegó un telegrama de uno de estos... Nacionalsocialistas: un mensaje de un tal Reinhard Heydrich, por intermedio de un tal Wolfgang Tiergart. En él nos explicaban no solo su plan, sino también hacían público su deseo de hacernos participes y beneficiarios de este proyecto... si sabes a lo que me refiero, claro.- Girolamo sintió que le hervía la sangre, pero decidió contenerse. Su acompañante siguió hablando.- Lo contactamos por teléfono y, tras hablar sobre diversos temas y proyectos, hemos determinado que nuestras metas, si bien no son las mismas, son compatibles.

-Entonces... eso significa que lo que he estado padeciendo desde hace... una semana aproximadamente... todo eso es en... ¿En vano?- preguntó tratando de mantener la poca compostura que le quedaba.

-Lo lamento, Girolamo.- dijo el hombre, tras lo cual siguió comiendo y dio un largo trago de cerveza.- Pero descuida, de todas formas el partido te ocultará hasta que puedas...- antes que terminara de hablar, el italiano no solo había tirado su plato de comida al suelo, dejandolo con los cubiertos suspendidos en el aire, también le estampó un puñetazo en la cara que lo dejó en el suelo. El austriaco quedó conmocionado y sin saber que decir... cosa que Girolamo no compartía...

-Tiene cinco segundos para ¡pararse y PERDERSE!- el hombre no tuvo más opción que obedecer y se esfumó del local a los cuatro segundos. Los que habían visto la escena fueron calmados por el italiano, quien les habló en alemán para explicarles la situación. Él mismo se sentó y volvió a beber su cerveza, solo para reventar el vaso contra la mesa, preso de una ira indescriptible. En su cuenta, a la hora de irse, dejó pagada la comida de ambos y toda la vajilla rota. Sin saber a dónde ir o que hacer, Girolamo mira el sobre que le dejó el austriaco: varios cientos de coronas checoslovacas, lo cual lo hacía un hombre inesperadamente rico. Seguramente esa era la compensación económica de la que le quería hablar. De haber estado más tranquilo, Girolamo habría comprado ese mismo día una casa, abandonado el hotel de mala muerte donde se encontraba y empezar a tramitar su nacionalidad... pero la rabia y la ira estaban frescas en su memoria y decidió calmarlas entre jarras de cerveza y las piernas de algunas prostitutas checas. Pasó dos días en ese plan, hasta que se vio en esta escena, caminando sin rumbo, más de la mitad de las coronas que le dieron, de las cuales habría gastado 100,000 en vicios y las otras las habría perdido en algún descuido causado por la borrachera.

Ya era primavera, pero seguía sintiendo frío por las noches. Con el dinero que le habían dado podía aún hacer muchas cosas, pero no tenía ni las ganas ni motivos para hacer nada. Ahora solo quería volver a su cuarto de hotel hasta que se le pasara la resaca, pero los mareos no le permitían avanzar a la velocidad que él quería. Finalmente, mientras caminaba hacia la Malá Strana se tropezó y cayó sobre la estatua de Jan z Nepomuk, Santo checo, muerto según la leyenda por no querer decirle al Rey cuales eran los pecados que la reina le confiaba en sus confesiones.

-Mi esfuerzo, mi vida en riesgo... todo por nada ¿Podría empeorar esto? Seguro que sí.

Del otro lado del puente, un par de sombras se movilizaban en la oscuridad de esa madrugada de Junio. Allí iban Gian y Tsugumi, ambos cansados de tanto buscar por los alrededores de la ciudad a quien se supone que no les costaría mucho trabajo hallar. Habían arribado hacía ya dos días con Vicenzo y esperaban que encontrar a Girolamo fuese cosa de un solo día, pero ya demoraban dos días enteros, lo cual era darle oportunidad al desgraciado para que escape.

-¿Crees que sea buena idea dejar de buscarlo ahora? Si estas preocupado por mí, te voy diciendo que no me siento cansada.

-Bueno, tu no, pero yo la verdad estoy hecho polvo.- le responde Gian mientras empiezan avanzar por el puente.- Hemos ido por esta parte de la ciudad de cabo a rabo y lo menos que tenemos son pistas, pero nada concluyente.

-Estate tranquilo, Gian. Ya verás cómo nos sonríe la suerte cuando menos nos lo esperemos. Quién sabe, a lo mejor lo encontremos tratando de cruzar el puente.- le trata de consolar la chica.

-En ese caso, quizás el cuchillo que me diste pueda servir.

-¿Sabes cómo usarlo? Sabes, los cuchillos de combate japoneses no son algo que ustedes, los occidentales, sepan manejar con apenas un día de práctica.

-Pero ya verás cómo lo usaré bien si se presenta el momento.- le dice mientras siguen caminando por el puente.- Oye Tsugumi...

-¿Dime?- Gian miró para un lado y otro del puente, tanto a la Mala Strana como al Stare Mesto y preguntó.

-¿Qué opinas de pasar una temporada en esta ciudad? Digo, cuando todo acabe...- la chica pareció entender el punto y se adelantó a su pregunta.

-Parece un lugar muy bonito para pasar una temporada, no lo niego. Creo que podríamos pasar un par de semanas si todo sale bien.

-Es lo que yo pensaba. Luego podemos ir a Italia, conozco unos lugares que te va a encantar conocer: Venecia, Milán, Florencia, Roma... no sé por cual podríamos...- nuevamente ella se adelanta a las ilusionadas ideas del joven y lo devuelve a tierra.

-Creo que eso deberíamos verlo después de regularizar mi situación ¿no crees?

-Sí... bueno, sobre eso... pues... ¿Recuerdas que había un método para eso del que te quería hablar?- tras caminar algunos pasos, Gian se da cuenta que Tsugumi ya no está caminando a su par, sino que se ha quedo un poco rezagada. Vuelve a su lado rápidamente.- ¿Que ocurre?

-Gian... creo que eso tendrá que esperar para después.

-¿Qué? ¿Por qué?- la chica solo atina a señalarle la estatua de Jan z Nepomuk y puede ver con claridad que hay alguien tirado a sus pies... alguien perfectamente conocido para ellos dos: era Girolamo.- Ah, parece que es nuestro día de suerte.- dice Gian caminando hasta el lugar y levantando de la solapa al ebrio que se había derrumbado a los pies de la estatua del santo de Nepomuk. A su lado, estaba Tsugumi.- Come estai, traditore?- le pregunta de forma sarcástica, mientras lo empuja hacia la estatua, donde ahora se apoya torpemente.- Parece que las cosas no han salido como esperabas ¿Verdad?

-No me digas ¿Sabías lo que iba a pasar?

-¿Qué cosa pasó? Lo puedo deducir por tu cara de pocos amigos y expresión abatida ¿Te han abandonado tus aliados?

-Jajaja... sí, sí... eso es, exactamente lo que pasó. Heydrich me tendió una trampa e hizo que todos cambiaran de parecer respecto a Alemania.

-Igual que a nosotros ¿Creías acaso que podrías librarte de él luego de liberar a su juguete favorito? Has sido descuidado y actuaste guiado por el miedo, cosa que ningún traidor debería hacer.- Girolamo no respondió a aquello. Se mantuvo en silencio viendo a ambos.- Sabes a que hemos venido ¿Cierto?

-Me lo imagino, pero se me hace difícil creer que tu vayas a hacerlo.

-Luego de esa escena en München ¿En serio tienes dudas? Personalmente, no he anhelado nada más por semanas enteras. Y finalmente estás aquí, listo para justificar el que Belzebú tenga un lugar preparado para mí.- Girolamo ríe por lo bajo...

-No has matado a nadie en tu perra vida.

-Siempre hay una primera vez ¿Sabes?- la risa da lugar a una expresión de ira.

-¿A qué esperas entonces?

-¿Me vas a decir cuales fueron tus motivos para hacernos esto? ¿¡A nosotros, tus amigos y compatriotas!?

-Quizás nunca me consideré tan italiano como ustedes creían. A lo mejor porque la oportunidad de ser alguien me llegó desde más allá de las fronteras de nuestra patria ¿No te parece? Pero todo eso ya no importa...- Gian lo mira extrañado, como si no entendiera su motivo. Tsugumi, por el contrario, entiende a que se refiere: seguramente le habrían ofrecido un puesto clave de algún poderoso partido de Austria.

-Sin protección política, no estarías a salvo de la persecución política italiana ¿Cierto?- especula la chica.

-Que lista, signorina. Así es... sería cuestión de tiempo para que sea mi final.- ambos vuelven a mirar al condenado en silencio, hasta que Gian mira hacia la estatua de Juan Nepomuceno.

-Cuenta la leyenda que a Jan Nepomuki lo lanzaron desde aquí por no querer revelarle al Rey de Bohemia los secretos de su mujer, pero se especula que fue más bien por cuestiones políticas ¿No serás acaso su reencarnación?- Girolamo ríe tristemente, pero no responde.-¿Quieres comprobar si tendrás mejor suerte que él?

-Solo inténtalo...-Girolamo tenía una mano en su bolsillo interior del saco e intentó sacar de él una pistola, operación que no pudo concretar por el corte rápido y letal que le propinó Gian con el cuchillo tanto que Tsugumi le había entregado. El hilo que al poco rato se convirtió en torrente de sangre empezó a manar desde la mitad del cuello hasta el pecho. El hombre trataba de gritar, pero con las palabras se le escapaban la sangre y la vida. Girolamo se moría, y él lo sabía de sobra. No se iría, por supuesto, sin haberse vengado: trató de arrodillarse y tomar el arma, pero antes que pudiera cogerla, Tsugumi se adelantó y le puso una pistola con silenciador en la cara.

-Sayonara.- el disparo fue silencioso y penetró desde debajo del ojo derecho. La expresión de Girolamo no denotó ni felicidad ni tristeza, ni alivio ni sufrimiento... solo fue una extraña mueca de cansancio. El cadáver terminó apoyado sobre el muro bajo del puente. Antes que la chica pudiera reaccionar por su acción, Gian tomó el cadáver y, aplicando fuerza, lo alzó por sobre el muro desde donde habían arrojado a Jan de Nepomuk, yendo ahora Girolamo a parar a las aguas del Vtlava.

Súbitamente, ambos se sintieron terriblemente agotados. Era como si se hubieran puesto el peso del mundo sobre los hombros en vez de habérselo quitado. Habían acabado con la vida de un hombre... de un traidor... pero un hombre a fin de cuentas. Los ojos de Tsugumi empezaron a nublarse y ella empezó a decir en voz alta...

-Oh, madre... maté a un hombre... puse esta pistola contra su cabeza y... y...

-Vamos, no fue para tanto, mujer, cálmate.- le dice Gian, quien, igual que ella se cae a los pies de la estatua del Nepomuceno.- jalaste el gatillo, ahora está muerto. Fin de la historia. Sucede a cada rato y en cualquier parte del mundo.- dice en un intento de hacer ver cómo común o simple lo que ambos hicieron.

-Si tanto lo es ¿Por qué estás llorando?- Gian no se había dado cuenta que el calor que sentía en las mejillas no era por la rabia o la sangre que se le subió a la cabeza al momento de matar a quien fuera su amigo y colega, sino también por lagrimas silenciosas que recorrían su rostro. Se las quitó de inmediato.- No lo odiabas del todo ¿Cierto?

-Lo odiaba... lo que no puedo comprender es por qué lo hizo.- eran las tres y algo de la mañana. No podía aún distinguirse el sol cuando pronunció estas palabras, las que precedieron a un largo silencio. Finalmente, volvió a hablar.- Si no lo mataba yo, lo hubiera hecho Vicenzo. Su destino estaba sellado.

-Sí... supongo que tienes razón. Y ahora ¿Que vamos a hacer?- Gian se mantiene en silencio, mirando el suelo y mudo como las estatuas del puente.

-No sé... ¿Qué quieres hacer?- responde tras unos minutos. Ella hace lo mismo que él, pero tras la demora su respuesta es diferente.

-Ir al hotel a dormir... y desaparecer hoy mismo de esta ciudad. Por lo menos hasta que todo se calme.- Gian mira al cielo, parecía que había pasado una hora desde que arrojaron el cadáver al río. Decidió entonces pararse y ofrecerle su mano a la chica, quien la recibió para incorporarse y empezar a caminar. Y mientras abandonaban el puente en dirección a su hotel en la Malá Strana, ignorando por completo al cuerpo del pobre desdichado que se hundía en el Vtlava y sería recuperado tres días después y varios kilómetros río abajo, Gian tomó su mano, y sin dejar de caminar, dijo parcamente...

-¿Te casarías conmigo?- ella continuó caminando y también, de la misma forma, únicamente mirándole a los ojos mientras atravesaban la puerta de Karel, respondió, con una sonrisa cansada...

-Sí no hay más opción...- Él le devuelve la misma sonrisa, mientras que continúan caminando como si fueran un par de almas en pena o meros cuerpos sin alma.

-Bien...- es lo único que salió de sus labios.


Es de mañana, algunas horas después del alba, Riza, Roy y Armstark se encontraron en la recepción del hotel donde se encontraban hospedados. La primera acababa de terminar su desayuno y se dirigió hacia el teléfono que se encontraba en la recepción del hotel, mientras Roy y Hans se iban a una estancia para revisar el mapa que habían adquirido. Ninguno de los dos había olvidado las palabras de Edward.


-Flashback -

-Esto es lo que tienen que hacer: primero que nada, saber que mi hermano llegará antes que ustedes, tendrá tiempo de preparar el terreno para encargarse de esa cosa. Saben que está siendo rastreada por el partido Nazi ¿Cierto?- ambos asienten.- Magnifico, necesitaré que se encuentren atentos.

-Pero es en Checoslovaquia ¿Que pueden hacer ellos allí?- Edward pone una sonrisa sarcástica.

-Oh, créeme Roy: nos siguieron hasta Rumania ¿Crees que no puedan hacerlo hasta Checoslovaquia?

-Ok, entonces ¿Que debemos hacer?

-Mantenerse vivos. Si es verdad lo que me dijeron, los rusos vienen con ustedes ¿Cierto?

-Sí.

-No se fíen de ellos por completo. Si fuera por mí, deberían dejar que los alemanes y rusos se acabaran entre sí. Luego de eso, mi hermano hará el resto.

-Sigo sin entender que debemos hacer...

-Muy simple, Roy: manténganse vivos y mantengan vivo a mi hermano y a la chica que va con él. De no hacerlo, no habrá forma de acabar con esa cosa ¿De acuerdo?- ambos asienten.

-Fin del Flashback-


-Parece que tendremos que llevar algo de armamento pesado ¿No cree?

-¿Sugiere algo?- pregunta el alemán de dos metros.

-Una escopeta recortada. Es fácil de llevar y es muy efectiva.

-Me temo que tengamos que usarla contra los nuestros.

-Igual yo, pero no tenemos opción.- le confiesa Roy.

-Entonces ¿Cual será nuestro plan?

-¿El plan? Esperamos a que todos crean que han capturado a esa cosa y le conseguimos tiempo al Elric para que acabe con ella. Dice que el ritual no dura más de un minuto.

-¿Y qué pasa si le ataca mientras está con el ritual?

-Tendremos que confiar en sus habilidades para defenderse. Hay algunas cosas que escapan de nuestras manos.- un silencio más o menos breve se hace en el lugar. Finalmente, Roy lo quiebra.

-¿Qué opinas de los rusos?

-No me dan confianza.- responde Armstark secamente.

-Ya somos dos.

-Y conmigo somos tres.- dice Siegfried entrando de súbito en la conversación.- Parece que les da mala espina nuestros compañeros de viaje ¿Cierto?

-Más aún sus contactos: Elizabeth está jugando con fuego y lo sabe.- aclara Roy-

-Pero no mide las consecuencias ¿Verdad?

-Exacto. No sabemos si el tal Igor, como lo llamábamos, nos fuera a obedecer si le damos pistas sobre su familia perdida en Inglaterra... y tampoco me fio que la "ayuda" que nos fuese a dar esté muy cerca de ser un intento de arrebatarnos lo que nosotros tres queremos destruir.

-¿Los tres? Sabes que puedo hablar con Malcolm ¿No?

-¿Podemos confiar en él?

-Es un buen tipo, creo que sí persigue nuestros mismos objetivos.- Alega el Mustang sobre su compañero.

-Te sugeriría que procedas con cuidado, Roy. No sabemos de qué lado pueda estar el ejercito de tu nación. Después de todo, si bien tu eres uno de los cerebros, él es quien transmite toda la información a los altos mandos ¿No es así?- Roy asiente, por lo que Siegfried responde.- Bien, pues no sabemos si ellos cambiaron de parecer tras escuchar todo lo que se les comunica. Inténtalo, si deseas... pero ve con cautela.- los tres hombres se detienen frente a una armería, por lo que Siegfried cede el paso a sus acompañantes.- después de ustedes, caballeros.


Mientras tanto, Elizabeth seguía en el teléfono del hotel manteniendo una conversación con Konstantin.

-Muy bien, entonces debo entender que tú y tus hombres estarán en el momento indicado ¿No es así?

-No tiene porqué preocuparse, Srta. Angharad, somos profesionales en movernos en masa sin llamar la atención.

-Como esperaba de ustedes Anarquistas...

-Comunistas...

-Lo que sean, solo causan problemas.

-Fingiré que no he escuchado eso. Como sea, estaremos allí y saldremos apenas aparezcan los Nazis... si es que aparecen, claro. Si no ocurre nada como eso, ten por seguridad que estaremos para dormir a esa cosa y llevarla a Inglaterra.

-Suenas muy colaborador. Sabes, no es necesario que te expongas demasiado ayudando a llevarlo a London.- Konstantin habla con más seriedad de la normal ante este comentario

-¿Insinúas que no me llevarás a ver a mi familia, la cual supuestamente ya has localizado?

-Nunca he dicho eso.- se apresuró a calmarlo la chica. La voz del ruso se hizo menos dura.

-Bueno, entonces no será mucha molestia exigirle una prueba de que dice la verdad ¿Cierto?

-Mmmm... lo que pides es justo y no tengo problema en ofrecértelo ¿Cuál será el siguiente pueblo al que irán?

-Pardubice. Ahora nos encontramos en Hradec Kralove.

-Perfecto. Cuando llegues a Pardubice ve a la casa de correos y pregunta por la carta de Elisa Lancaster ¿De acuerdo?

-De acuerdo ¿Que se supone que encontraré allí?

-Algo que te alegrara mucho y con lo que espero pueda ganarme tu confianza. See you, Igor.- tras colgar, la chica miró los mapas que tenía delante de ella y un pequeño plano que parecía ser de un grupo de ruinas. Sus informantes le habían traído ese croquis del castillo de Cachtice y esperaba poder usarlo bien para saber donde y cuando aparecerían sus perseguidores más peligrosos.- Es un espacio muy complicado, pero por eso no creo que vayan a traer a más de diez o una docena de hombres. Con la ayuda de los Comunistas será más fácil de lo que parece.- En ese momento aparecen sus compañeros del MI6- Oh, buenos días ¿Como durmieron?

-Mejor que hace unos días, gracias.- responde Fearghus, quien observa los mapas y papeles.- ¿Que es todo eso?

-Lo que me han traído los informantes.

-Ah, te refieres al mapa del lugar ¿No es verdad?- pregunta Eadoain, ante lo cual la galesa asiente.- Magnifico. Pero... ¿Qué haremos con los demás?- Fearghus y Joffrey miran a la chica y luego a Elizabeth, quien sigue concentrada en los mapas. Sin volver la cabeza hacia su equipo, les dice...

-Descuida, ya lo tengo arreglado... por lo menos, con los Estados Unidos y Francia.

-¿Qué hay de los alemanes?- ella sonríe burlonamente.

-¿Alemanes controlando armas? ¿Eso no va contra el Tratado de Versalles, Joffrey?- el aludido sonríe ante la jugada de la mujer.

-Ciertamente, es una violación directa. Ellos no tienen vela en este entierro ni opinión que les valga.

-Entonces, significa que podemos proceder- dice Fearghus.- ¿Los comunistas serán de ayuda?

-Esperaré que se maten junto con los Nazis, de esa forma no habrá nadie que interfiera con nuestros planes.

-Eso es lo que buscamos, después de todo: si hay alguien que debe tener el control de la situación, esta vez, ese debe ser el Imperio Británico. A partir de ahora, esta parte de la misión estará bajo tu liderazgo, Elizabeth. - agregó el líder de la misión británica con orgullo.

-Es un honor. No falta mucho, con algo de suerte, en dos días estaremos acabando con todo esto.

-Pero, a todo esto ¿De veras podemos confiar en ellos?- pregunta Eadoain.- ¿Que nos asegura eso?

-Llega un momento en que tenemos que apostar y esperar que el azar se ponga de nuestro lado y es en ese momento en que decimos follow your spirit: and upon this charge,Cry God for Harry! England and Saint George!.- dijo Elizabeth mientras sonreía, frase que fue aplaudida por Joffrey. La sonrisa de ella parecía casi un gesto de burlón a la solemnidad de su compañero, mientras murmuraba sarcásticamente.

- for Harry, England and Saint George...-repite el hombre, conmovido.


Mientras esto ocurría en Praga, a algunos kilómetros de allí, Sigismund y Jenell se dirigían hacia Cachtice. Se habían detenido en un bosque cerca de la ciudad de Kutna Hora, a pocos kilómetros de la capital, Praga. Jenell había presenciado, asombrada, como su captor había creado una fogata usando únicamente algo de su sangre y maderos, mientras ponía a asar un trozo del jabalí que había descuartizado para la ocasión.

-Me sorprende que no hayas intentado huir otra vez.

-A mi no me deja de sorprender que me hayas podido capturar justo cuando estaba cerca de la Estación.

-Y en buena hora que te dejaste capturar: si hubieras corrido un poco más los filamentos te hubieran arrancado la cabeza. Sobre cómo pude localizarte... pues simplemente puedo decirte que tengo buen olfato.

-¿Para qué me necesitas? Ya sabes a donde va tu presa, ya no tienes necesidad de un guía ¿Cierto?

-Pero sí necesito de alguien que me ayude a pasar desapercibido. Pudimos movilizarnos en un auto precisamente porque estabas contigo y no solo.

-Corriendo llegarías más rápido...

-¿Y luego a quien usaría como escudo para que tu querido Hauptsturmführer no me ametralle? No te desprecies, mujer: aún tengo muchos usos para ti.

Ambos se mantuvieron en silencio por un buen rato, contemplando como la carne se cocía lentamente y la sangre y grasa se quemaban y separaban de la carne del animal.

-No entiendo mucho del tema salvo que quieres matar a tu hermana ¿Por qué?- un cierto gesto de molestia apareció en el rostro del inmortal.

-Ella no es mi hermana. No del todo.

-¿Que dices?

-Como bien sabes, soy una creación incompleta de uno de tus superiores. Él me creo, me implantó su lengua, buena parte de sus conocimientos y otras cosas, pero para darme el poder que ejercía anteriormente necesitó usar retazos de personas.

-¿Retazos de personas?

-Los pulmones de uno, la piel de otros, la sangre de algunos... buena parte de mi fue generada sacrificando partes de otros seres que ya existían. Después de todo, para obtener algo tienes que sacrificar algo de igual valor ¿no?- ella lo mira con extrañeza, como si tratara de entender su lógica.- Bueno pues, una de esas partes fue la sangre de cierto sujeto: el hermano de Agnes Engel, la chica que perseguimos.

-Sigo sin entender que tiene que ver ella aquí.

-No creo que sea muy saludable para ti saber el porqué quiero encontrarla, por lo menos no antes de comer.- le dice moviendo los pedazos de carne junto al fuego.- Pero lo que anteriormente he dicho puede decirte, en cierta forma, porque es mi hermana.

-Sí, supongo.- ambos se mantienen en silencio otra buena cantidad de minutos, hasta que Jenell se atreve a preguntar.- Y... ¿Qué obtendrás una vez que "tengas" a tu hermana?- una sonrisa malévola sale de la boca de Sigismund mientras este le alcanza uno de los pedazos de panceta de jabalí a la chica y él toma otro.

-Pues...- tras pensar un poco en sus palabras, clava sus dientes en la carne y da un gran mordisco. Mientras termina de masticar y un poco de sangre caliente del jabalí sale por su boca, este responde...- pues simplemente volveré a ser el mismo que era antes...

-¿Una bestia salvaje y descontrolada?- el athanatos ríe y vuelve a pegar un mordisco.

-Nein, mein schatz... una máquina de matar perfecta.. después de todo, para eso me crearon.- agrega antes de volver a comer un bocado u tomar otra presa.


Esa tarde, Wolfgang Tiergart se encontraba en Třebíč, a pocos minutos de la gran ciudad de Brno y a algunas 3 horas de Cachtice. Lo acompañaban una decena de hombres, algunos de los cuales ahora se encontraban ocupados tallando siete grandes piedras de 60 cm cada una. Todos estaban en un bosque cercano a la ciudad, los autos estacionados cerca de la carretera. Dentro de ellos, las armas de las que disponían: viejos rifles de la guerra pasada y varias Mauser y Lughers, listas para ser utilizadas si el momento lo ameritaba. Uno de los hombres de Wolfgang se adelantó hacia su líder.

-Herr Tiergart, estamos a poco de terminar los trabajos de tallado rúnico.- Wolfgang leía una copia del Cantar de los Nibelungos tan absortamente que simplemente hizo un gruñido como señal de afirmación.- ¿Puedo preguntar algo, Herr?

-Pregunta...

-¿Para qué estamos haciendo todo esto?- en respuesta, Wolfgang cerró el libro de golpe y le mostró la portada del libro.

-¿Has leído alguna vez esto?- él asiente.- Dime ¿Recuerdas como es que la espada de Sigmund Wolsung se quiebra durante su combate final contra el hijo del Rey Hunting?

-Pues, si mal no recuerdo, Odín mismo se presentó tras él en plena batalla e hizo que la espada del Rey de los Wölsungen chocara contra una lanza hecha del mismo material.

-Exacto. Y es exactamente lo que haremos nosotros.

-¿Cómo? Solo Dios sabe cuánto demoraremos haciendo otra de esas criaturas...

-¿Qué? Oh, no, no me malinterpretes. Lo que nosotros haremos será atraparlo, no destruirlo y será usando la misma forma con la que fue creado.- dice esto mientras que de su bolsillo saca un montón de hojas dobladas, las cuales despliega.- Estos apuntes pertenecieron a uno de mis superiores y los encontramos junto con Sigismund: son los apuntes de Sifridus Kröenen, los cuales son una gran complementación del trabajo de investigación de Dietlinde Eckart.

-¿Quiere decir que usaremos... magia?

-"Alquimia" lo llaman en Shambala.

-Disculpe si le digo esto, pero creo que ha perdido el juicio.

-Al contrario, Schütze, estoy más cuerdo de lo que nunca hubiera podido estar. Es solo que comencé a pensar que si las cosas más comunes y que funcionan para nosotros no funcionan, pues debemos darle una oportunidad a todo lo demás... incluso lo improbable.

-¿Y cómo espera poder realizar eso? No creo que en el Partido nos enseñen como usar Alquimia ¿No?

-Claro que no. Pero por lo que sabemos, hay dos personas que sí y una de ellas está al alcance de nuestra mano ¿Tiene idea de quién es?- el soldado niega, pero vuelve a replicar...

-Y tampoco creo que nos quiera ayudar de buena gana.

-Oh, claro que no le pediremos ayuda. Muy seguro estoy que, si él sabe lo mismo que yo, tratará de usar sus conocimientos para acabar con Sigismund. Y es ese momento, mein gut freund, el que usaremos en nuestro favor.

-Sigo sin tenerlo claro.- Wolfgang, harto ya de la insistencia del recluta, se pone de pie y camina hasta estar a su lado.

-Bueno... eso es algo común en la gente de poca visión, Dumkopf.- y, tras acercar su boca a su oído, le susurra.- Y por su bien, espero deje las preguntas ridículas y cuestionamientos, que a la siguiente que lo haga sin traerme una buena propuesta de "cómo podemos hacerlo si no es por esta via"... se las verá más difícil de lo que lo tenía hace un año, cuando apenas era un pobre diablo buscando porvenir ¿Entendido?- El soldado suda frío, pero contesta casi inmediatamente.

-Ja!

-Gut...-acto seguido mira su reloj de bolsillo.- Es Zeit, Kamaraden! ¿Cómo van esas piedras?

-Terminadas, Mein Herr.- El joven oficial de la SS paseó delante de las creaciones de sus compañeros: siete rocas marcadas con las runas Othila, Tyr, Nauthis, Dagaz, Is, Haganaz y Khaun, cada una de ellas acompañada por diversos talismanes rúnicos, pero predominantes estas letras. Wolfgang sonrió.

-Bien, bien... ¿Que nos dicen las gentes de los Sudetes?

-Están bajando al sur. No deberían tardar más de un día.- Wolgang sonríe ante la noticia, pero la siguiente no le hace tanta gracia.- También nos dicen que los Comunistas han llamado a reunión a algunas de sus bases por la zona.

-Mmm... ya veo.- dice Wolfgang sin quitarle los ojos de encima a las piedras.- Nuestros refuerzos llegarán entonces después que los comunistas ¿no?- el recluta asiente y Wolfgang sonríe.- De acuerdo, todo va tal y como teníamos previsto.- luego, dirigiéndose a sus hombres, anuncia.- ¡Nos vamos a Brno!


Ya estaba por anochecer en Cachtice y Alphonse empezaba a sentir ese escalofrío en los huesos que suelen sentir algunas personas cuando notan que algo raro pasa a su alrededor. El sol primaveral se ocultaba en el horizonte y ahora el suelo de tierra removida dentro del castillo en ruinas, tapado por algunos tablones viejos y maleza sobre el que estaban parados Alophonse y Margaret cada vez se vislumbraba menos.

-Será mejor irnos y confiar en que nadie arruine nuestras preparaciones.- le dice Alphonse mientras termina de poner maleza y piedras sobre el suelo. Acto seguido, baja por el camino en ruinas que da hacia la salida del castillo. Margaret lo sigue de cerca.

-Aunque nadie se atreva a pasar por aquí. Ignorando el hecho de que haya almas en pena o no, este lugar tiene algo de escalofriante. Definitivamente, no creo que nadie tenga las agallas para venir aquí.

-Salvo esas niñas que están corriendo detrás de nosotros.- Margaret voltea a una velocidad endemoniada y no ve nada.

-¡Alphonse!

-Jajajaja descuida, es una broma.

-No la vuelvas a hacer ¿De acuerdo?

-Ok, ok... pero debes saber que tendremos que venir pasado mañana a eso de las 3:15 AM.- Margaret escuchó la hora y sintió un escalofrío recorriéndole todos los vellos de su cuerpo.

-¿Qué? Alphonse, por favor ¿Tienes alguna idea de que ocurre a esa hora? Es la llamada "hora del demonio" pues es la hora contraria en que...- y mientras Margaret le explicaba todo lo que debía saber sobre ese momento en especial del día, Alphonse miró hacia los muros derruidos del castillo y vio por lo menos tres pares de círculos azules, como pequeños ojos, mirándole. Efectivamente, los había visto antes, junto a sus siluetas que no debían pasar de las de unas pequeñas de entre 14 y 8 años. Al mencionarle su presencia a Margaret, se sintieron descubiertas y huyeron al castillo y ahora vigilaban a quien podía verlas desde allí. Alphonse solo sonrió, cosa que pareció satisfacerlos, pues desaparecieron de inmediato.- ¡Hey! ¿Al? ¿Me escuchas? ¿Por qué sonríes estúpidamente hacia el castillo?

-No... No es nada.

-Ese tipo de respuestas, viniendo de ti, creo que son lo que más me da miedo en este momento.- dijo la chica mientras caminaba tomando el brazo del alquimista y caminaban en dirección al pueblo.


Y bien, eso fue todo. Espero que lo hayan disfrutado. Honestamente, no sé que más decir: acabo en dos capítulos, probablemente se alarguen innecesariamente por mi apretada agenda. Ah, me olvidaba: la frase "follow your spirit: and upon this charge,Cry God for Harry! England and Saint George!" probablemente les recuerde a la película Sherlock Holmes con Robert D. Jr. En si, la frase viene del Drama Enrique V de William Sheakespeare y es mencionado por el personaje antes del asedio de Harfleur, batalla que Enrique (o Harry, como el mismo se nombraba) perdería. En fin, veré cómo y cuándo finiquito esto. Nuevamente, gracias por leer y ya nos vemos en la siguiente. Les dejo un Spoiler.


Omake:

En la casa de Johannes, Jane discutía con Haus sobre sus... "métodos" poco ortodoxos.

-¡Debemos continuar con las investigaciones!

-Olvídalo ¿No ves como lo has dejado?- le dice mostrándole a un pobre Johannes que hacia su aparición en la sala con una profundas ojeras y el pelo revuelto, como si desde hace varias noches no la hubiera pasado bien.

-Vamos, no se ve tan mal ¿No será que acaba así luego de pasar la noche contigo?- Haus siente como su circulación arterial va bajando lentamente y mira a sus muñecas: hay filamentos apretándolas.- Ok, ok, retiro lo dicho.- los filamentos de Jane desaparecen y Johannes interviene.

-De hecho, es todo lo contario: termino tan cansado después de los tratamientos que ya no tengo ganas de...- Jane, visiblemente sonrojada, lo interrumpe.

-¿Estamos aquí para hablar de la evolución de tu salud o de nuestra vida privada?

-La verdad, no me importaría oír ambas historias.- Jane vuelve a fulminar con la mirada al médico.- De acuerdo, de acuerdo, me callo. En fin, quisiera escucharlo de boca del propio paciente ¿Tienes o no problemas con mis tra...?

-Sí, tengo serios problemas con sus tratamientos ¿En serio esta clase de cosas funcionan? Preferiría un análisis especializado a esta clase de técnicas pseudocientíficas.

-Yo les llamo "ocultistas".

-¡Como sea! ¡No sirven! Es por eso que le pedí a Jane que llamara a alguien más.- El escualido hombre se toca el pecho, fingiendo sentirse dolido por sus palabras.

-¿No confías en mis tratamientos?- Jane se apresura a contestar la pregunta.

-Los resultados no nos convencen. A lo mejor ella pueda sernos de más ayuda...- en ese momento tocan la puerta.- Debe ser ella.- la chica no demora nada en abrir la puerta y encontrarse con Arzu Mendelssen.- Gracias por venir, Arzu.

-Descuida, siempre es un gusto venir por aquí. A Mijail le encanta el ambiente, por no decir los paisajes... si entiendes lo que digo.

-Hablando de él ¿Dónde está?

-Descansando en el hotel. Está desarrollando una forma de lectura o algo así, cosas de ciegos. En fin ¿Donde está el enfermo?- Jane apunta hacia la sala.

-Sobre el sofá.

-¡Hola Johannes! Te ves terrible.- le dice la chica apenas lo ve.

-Gracias, tú sigues igual que siempre.- Haus, desde que se abrió la puerta y entró Arzu, siente ligeramente una sensación de pena.

-¿En serio? ¿Estás diciendo que mi aprendiz puede hacer un mejor trabajo que yo?

-Admítelo viejo, eres historia.- le dice la albina socarronamente.- En fin ¿Cual dices que es el problema contigo?

-Produzco materia viva hasta por los ojos, veo visiones, oigo audiciones y tu maestro me aplicó tantos tratamientos extraños que ya no sé si mis males los ocasionaron estos o nacen por otra cosa.- Arzu se pone a pensar un poco. Saca unos lentes y empieza a revisar un viejo libro que tenía con sigo. Tras unos minutos, lo cierra y concluye...

-Sí, tienes que estar endemoniado, no hay de otra ¿Ya te exorcizaron?

-¡ARZU!- Ruge Jane ante el comentario de la chica.

-Ok, ok, era una broma. Si no funcionó el exorcismo tiene que haber otra cosa más ¿Me puedes hablar de tus sueños... mientras te extraigo un poco de sangre para poder analizarla, claro está?

-Ok, de acuerdo.

-Muy bien, háblame mientras hago mi trabajo.- le dice cogiendo una jeringa, preparándola y poniéndola sobre la piel.

-Ok. Pues, verás, últimamente veo mucho a mi hermana en mis sueños. O por lo menos a alguien bien parecida a ella.

-Pregunta ¿Cómo puedes saber que es tu hermana si, según tu, no la has visto desde que tenía meses?

-Pues, porque en mis sueños la gente la llama con ese nombre.

-Ummm... ok, continúa...

-Me veo recorriendo calles de ciudades que he conocido antes. Y espera... ahora que lo recuerdo, esa ciudad la conozco bien... se llama München y ahí fue donde...- en ese momento la materia viva comienza a manar de sus ojos nuevamente.

-¡Joha...!- Arzu detiene a Jane y evita que entre en pánico.

-Claramente no siente dolor, deja que siga.

-Ahí fue... claro, allí murió Maximilien... mi hermano.

-¿Y qué haces en esa ciudad?

-Llegué en un barco junto con... ¿Elsie Fabre? O con alguien que con su mismo rostro. Como sea. Llego allí y busco una casa... allí solo está... está...¡Ah!...¡AHHG!- el dolor se manifiesta y los brazos del joven, especialmente la parte de automail recubierta por piel generada por materia viva, empiezan a manar un sudor de color rosáceo-carmesí. Los gritos obligan a actuar a Jane y a Haus, quienes mantienen a Johannes sobre el sofá y Arzu recoge muestras de su sudor.- Ahhhgggg... es... es...están...-Arzu lo toma de las solapas y acerca su cara hacia la de él.

-¿¡Quienes!? ¿¡QUIENES ESTÁN!?- Él, aguantando el dolor, deja salir en un susurro los nombres sobre el oído de Arzu y cae desmayado. Arzu, que se había arrodillado para escuchar mejor al Engel, se para y mira con estupefacción a Jane y Haus.

-¿A quienes vio?- la albina suelta la respuesta como si se tratase de una bomba.

-A Edward Elric y Winry Rockbel.

-¿¡Qué!?- grita Jane, mientras que Haus se pone a pensar un poco. Tras unos segundos, saca una deducción...

-Espera, si la pareja de los Elric está allí...

-Sabes lo que esto puede significar ¿No, Haus?- Jane toma de las solapas a la chica y la zarandea.

-¡No! ¿¡Qué demonios puede significar eso!?- Haus la separa y la tranquiliza. Arzu decide explicarle entonces...

-Significa que tu novio está teniendo una conexión extra-espacial.

-¿Qué?- Haus decide explicar más profundamente la situación.

-Es una teoría reciente. Significa que él está viendo y sintiendo lo que hace su alter-ego en otro espacio y dimensión distinta a la nuestra. En este caso, se trata de una criatura hecha con su misma sangre.

-Te refieres a...- en aquel momento las nubes taparon el sol y el rumor de los rayos empezó a resonar en la lejanía. Arzu responde con seriedad.

-Me temo que sí: a esa cosa que enviaron hace dos años al otro lado del cielo.- el silencio y la angustia se apoderaron de Jane por un momento, hasta que el sol volvió a asomarse entre las nubes.

-Pero no es nada mortal ¿Cierto?- pregunta Jane, a lo que ambos invitados responden despreocupadamente.

-Nah, a lo mucho sentirá mucho dolor, pero no morirá.

-Uff, menos mal.

Spoilers:

-Soy más de la idea de tomarnos un día, o por lo menos la mitad de eso, para planear nuestro siguiente paso.

-Los refuerzos están en camino. Mejor estar listos para cuando eso ocurra.

-¿Quieres saber qué es lo que quiero de ella? Bien, no te va a gustar escucharlo, pero así es como será.